21297(21-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  21297   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 042.  

          Bogotá    D.C.,   marzo   veintiuno   (21)   de   dos   mil   siete  (2007)   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia  de  fondo  sobre la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado JUAN  CARLOS  PULGARÍN GARCÍA, contra la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Antioquia  el  18  de  marzo  de 2003, confirmatoria de la dictada por el Juzgado Penal del  Circuito  de  Titiribí  el  5  de diciembre de 2002, por cuyo medio lo condenó  como  autor penalmente responsable del concurso de delitos de homicidio agravado  en  Elkin Alberto Pareja Gil  y    Juan    Camilo    Tobón   Alvarez,  tentativa de homicidio agravado en Luis  Guillermo  Sánchez Pulgarín y porte ilegal de arma de  fuego de defensa personal.   

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación  Penal  solicita  en  su concepto no casar la sentencia impugnada dado  que  el  procesado contó con la asistencia permanente de defensor, no le fueron  desconocidos  sus  derechos  fundamentales, no se presentó irregularidad alguna  de  índole  invalidatoria y los reproches que el censor presenta por errores en  la  apreciación  de  las  pruebas  corresponden  a  una  simple  disparidad  de  criterios  sobre  dicha ponderación, insuficiente para derruir las conclusiones  del fallo impugnado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Aproximadamente  a  las  4:45  de  la  mañana del 4 de diciembre de  2001,  cuando  Elkin  Alberto Pareja Gil, Juan Camilo  Tobón  Alvarez y Luis Guillermo Sánchez Pulgarín, se  encontraban   sentados   en   la   acera   de  la  esquina  del  “Puente   de   Roberto  Cacique”  en  el  municipio  de Titiribí, arribó JUAN CARLOS PULGARÍN  GARCÍA     en     compañía    de    Oscar  Antonio  Tabares Carmona y disparó  un  arma  de  fuego contra aquellos, causando la muerte instantánea al primero,  en  tanto  que el segundo falleció momentos después en el hospital a donde fue  trasladado   y   el  tercero  sobrevivió,  pese  a  haber  sido  herido  en  el  pecho.   

La Fiscalía Seccional de Titiribí declaró  abierta   la  instrucción,  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria  a  JUAN    CARLOS    PULGARÍN    GARCÍA  y  a  Oscar Antonio Tabares,   resolviéndoles   su   situación   jurídica   con   medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva sin derecho a libertad provisional como  autor  y  cómplice, respectivamente, del concurso de delitos de doble homicidio  agravado,  tentativa  de  homicidio  agravado y porte ilegal de arma de fuego de  defensa personal.   

Posteriormente, mediante providencia del 5 de  febrero  de  2002  se  dispuso  la  preclusión  de la investigación adelantada  contra   Oscar  Antonio  Tabares  Carmona.   

Cerrado  el  ciclo instructivo e interpuesto  sin   éxito  recurso  de  reposición  por  parte  de  la  defensa  contra  tal  providencia,  la  Fiscalía  calificó el mérito del sumario el 1º de abril de  2002  con  resolución de acusación en contra de JUAN  CARLOS  PULGARÍN,  como presunto autor de los delitos  que sustentaron la medida de aseguramiento.   

Impugnada  la  acusación por la defensa, la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  de  Antioquia  la confirmó  mediante resolución del 8 de mayo de 2002.   

          La  etapa  del juicio correspondió adelantarla al Juzgado Penal del  Circuito  de  Titiribí,  despacho  que una vez surtido el rito dispuesto por el  legislador,  profirió  fallo  el  5  de  diciembre  de 2002, a través del cual  condenó  al procesado a la pena principal de cuarenta (40) años de prisión, a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  veinte (20) años y al pago de la correspondiente indemnización  de  perjuicios  como autor penalmente responsable del concurso de delitos objeto  de acusación.   

Impugnado  el  fallo por el incriminado y su  defensor,  el  Tribunal  Superior  de Antioquia lo confirmó, mediante sentencia  del  18 de marzo de 2003, misma que ahora es objeto de recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por el defensor de JUAN CARLOS  PULGARÍN  GARCÍA,  quien  allegó la correspondiente  demanda  en  tiempo, la cual fue admitida por reunir las exigencias establecidas  en  el  artículo 212 de la Ley 600 de 2000. En el curso del trámite casacional  se obtuvo concepto del Ministerio Público.   

LA DEMANDA  

El impugnante plantea contra la sentencia del  Tribunal   seis cargos (uno principal y cinco subsidiarios). El primero por  vulneración  del  debido  proceso,  el  segundo  por  quebranto  del derecho de  defensa,  los  demás,  por  violación  indirecta  de  la  ley sustancial en la  apreciación de las pruebas.   

Con   el   fin  de  soslayar  repeticiones  innecesarias,  por  razones  de  método  se  optará a continuación, por hacer  referencia  a  cada  uno  de los cargos presentados por la defensa, a sintetizar  acto  seguido  el  concepto  del  Ministerio  Público sobre el particular, para  luego  exponer  los fundamentos de la decisión que habrá de adoptar la Sala en  relación con los temas propuestos por el casacionista.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA:   

1.          Primer  cargo  (principal):   Nulidad   por  violación  del  debido  proceso   

         Al   amparo   de   la   causal   tercera   de  casación,   el   censor   manifiesta   que  se  violó   el   derecho   al   debido  proceso  de  su  representado,   toda   vez   que   tanto   en   la   indagatoria   como   en  su  ampliación      se      le      exhortó a decir la verdad.   

         Añade que con el referido proceder, los  funcionarios   judiciales   quebrantaron         el         artículo   337  de  la  Ley   600  de  2000,  según  el  cual,  la  injurada  debe  ser  rendida  libre  de  todo apremio.  También  indica  que a la  postre   vulneraron   el  artículo    29    de  la          Carta          Política,  el cual  exige  la  observancia  de  la  plenitud  de  las formas propias de cada juicio,  amén de que no se tuvo en cuenta lo dispuesto por la  Corte    Constitucional    en    la    sentencia  C-621  del  4 de noviembre    de    1.998,    por    cuyo   medio   se   declaró       inexequible       la  expresión  “exhortar  a  decir  la  verdad” a los  procesados, en la diligencia de indagatoria.   

Igualmente  afirma que en escrito obrante a  folios  233  a  236,  el  mismo  acusado manifestó:          “Se  me  dijo  o  entendí   que   tenía  que  decir  la  verdad  y  que  debía contestar a  todas   las   preguntas   claramente;   no  se  me  dijo  que  podía   guardar   silencio  (…)  sino  que  tenía  que  hablar  con  la  verdad (…)     por    lo    que    me    sentí  presionado”.   

         Con  base  en  lo anterior, el recurrente  solicita  a  la  Sala casar la sentencia impugnada  a  fin  de  que  se  decrete la invalidación   de  lo  actuado  a  partir,  inclusive,  de  la  diligencia  de  indagatoria    realizada    5    de    diciembre     de     2001     y,    en  consecuencia,  se  rehaga  la  actuación.   

          Concepto del Ministerio Público   

Respecto   de  este  primer  reproche    principal    destaca    la    Delegada  que  los  argumentos  expuestos  por  el  demandante fueron  objeto  de  estudio  durante  el  trámite   de   la   actuación  por  los  funcionarios  que  conocieron  del asunto, quienes oportunamente  brindaron las respuestas  solicitadas.   

Agrega,  que  en  la  injurada  la Fiscalía  enteró   a   JUAN   CARLOS   PULGARÍN  que  podía  ejercer  su  derecho  a  la defensa, no estaba bajo  juramento,  podía guardar silencio y estaba libre de todo apremio, amén de que  formuló  los cargos en su contra de acuerdo a las previsiones de los artículos  337 y 338 del estatuto procesal penal.   

También  dice que tanto en la indagatoria  como  en sus ampliaciones, el procesado fue asistido por sus defensores, quienes  guardaron   silencio   y  no  manifestaron  de  manera  alguna  que  se  habían  quebrantado   sus   derechos.   Precisa   que  si  bien  en  el  “formato  aludido  por  el recurrente”  aparece  la  frase  “se  le exhorta, sin embargo a  decir  la verdad”, ello carece de fuerza suficiente  para  invalidar  la  actuación, pues a la par se le informó que no estaba bajo  juramento,  podía  guardar  silencio  y  su  exposición  la  rendía  libre de  apremio, era voluntaria y libre.   

Concluye,  entonces,  la  Delegada, que el  procesado  no  fue  indebidamente presionado para que dijera la verdad, al punto  que   en   su   intervención   inicial   negó   ser   el   autor   material  de los delitos de homicidio y tentativa de homicidio  que   le   fueron   imputados,  pues  fue  sólo  en  ampliación  posterior  de  tal  diligencia  que  aceptó  la  comisión  de las  mencionadas  conductas  punibles, aduciendo para ello  actuar  en  situación  de  legítima defensa, motivo  por  el  cual  considera  que  la  finalidad  de  la  indagatoria se cumplió a cabalidad.   

Igualmente  manifiesta  que  si  bien  la  injurada de JUAN  CARLOS  PULGARÍN se realizó con  posterioridad  al  fallo  C-621 de 1998 por cuyo medio fue declarada inexequible  la   exhortación   a   que   el   sindicado  dijera  la  verdad,  lo             cierto  es  que  un tal descuido en la  realización  de dicha diligencia no tiene la virtud  necesaria  para  invalidar  la actuación, con mayor  razón  si  las  preguntas que le fueron formuladas   no   permiten   advertir  la   decidida   intención   de   obtener  de  aquél la verdad, además  de  que  de conformidad con el  principio  de  la  buena  fe,  corresponde  a  los particulares decir la verdad,  sin  que ello constituya  un  apremio  o  presión  sobre  el  indagado para que se autoincrimine, pues le  asiste el derecho a guardar silencio.   

Finalmente  aduce  que  si  en  su primera  intervención    el  procesado    negó    toda    participación   en   los   hechos   investigados,  ello,   de  una  parte,  descarta   que   fuera  intimidado    y   de   otra,   permite   establecer  que  la  incorrección  fue  producto de la indebida  utilización  de  un  formato  dispuesto  previamente  para la recepción de las  injuradas.   

A  partir  de  lo  anterior,  la  Delegada  considera  que  el  cargo  no  tiene vocación de prosperidad.   

Consideraciones de la Sala  

        Ab     initio    resulta    oportuno  señalar  que  como  ya  lo  tiene  suficientemente  decantado   la   jurisprudencia  de  esta  Sala,  en  virtud  del  principio  de  trascendencia  que  gobierna  la  declaración de las  nulidades   dentro   del   proceso   penal,   para   que   proceda  la  invalidación de las actuaciones no  basta  con  que  efectivamente  haya  tenido  lugar  la incorrección  denunciada,  pues  resulta  imprescindible  evidenciar  que  su  ocurrencia    comportó   un   real   quebranto  de los derechos y garantías  de los sujetos procesales.   

Si  ello  es  así,   como   en   efecto   lo  es,  encuentra  la  Sala  que, de una parte, el defensor reconoce que el  encabezado   de   la   diligencia   de   indagatoria   que   rindió   JUAN  CARLOS  PULGARÍN corresponde a un formato preimpreso,  en  el cual se registra que se exhorta al procesado a  “decir         la        verdad”,       expresión  que  fue  declarada  inexequible  por  la  Corte Constitucional  mediante   sentencia   C-621   de   1998.   

        Y   de  otra,  se  advierte  que  en  su  intervención  inicial  del  5  de  diciembre  de  2001,  es  decir,  al  otro  día    de    cometidos    los   hechos   objeto   de   investigación,  el  sindicado  se  mostró  por  completo  ajeno  a  los  sucesos que motivaron su  aprehensión,  amén  de  que   adujo   no   haber   tenido   contacto   alguno  con  las  víctimas  de  los  delitos  investigados,  circunstancia que permite  concluir   sin   lugar   a   duda  que  la  referida  exhortación  a  decir  la  verdad  no  tuvo  incidencia  alguna  en  el  desarrollo  de  la  diligencia a  través    de    la    cual    fue   vinculado   y  ejercitó     su    derecho    a    la    defensa  material.   

        Adicional  a  lo  expuesto  se  observa que en la misma diligencia  se  dejó  constancia de  que   se   le   enteró  “que   la   indagatoria  la  rendirá  sin  juramento  y  libre  de presión  (…)  se  le entera del derecho que le asiste de no  declarar  contra  si  mismo,  ni contra sus parientes dentro del cuarto grado de  consanguinidad            (…)”,     de    todo    lo  cual  se  deduce  que  no  fue  compelido u obligado de manera  alguna  a  decir  la  verdad,  máxime si,    como    ya    se    dijo,    no  reconoció haber cometido las conductas punibles que  le fueron imputadas.   

        Resulta   curioso,   por   decir  lo  menos,  que  en  un  escrito  firmado   por  el  acusado  y  con base en el cual el recurrente sustenta su  solicitud  de  nulidad  de  la  actuación procesal,  aquél    manifieste   que   con   la   mencionada  exhortación     a    decir    la    verdad    de  sintió                presionado,  cuando  es  lo  cierto,  se  reitera,   que   en   su   intervención   inicial   negó  por  completo  su  participación    en    la    comisión      de      los      delitos      de      los      cuales   resultaron   víctimas    Elkin    Alberto    Pareja  Gil,  Juan Camilo Tobón  Alvarez  y Luis Guillermo  Sánchez Pulgarín.   

        Ahora,  en cuanto se refiere a la segunda intervención  del procesado, la cual tuvo lugar el  20  de diciembre de 2001, observa la Sala que si bien  una    vez    más   se   le   exhortó  a  decir  la  verdad,  en  dicha  diligencia  varió  por  completo  su  dicho  inicial,  para proceder a plantear una  presunta  legítima defensa de su vida, con     la    pretensión    de    conseguir    que    su   conducta   se   tuviera   como  justificada.   

        Aquí  es  pertinente señalar  que  en  la  sentencia C-621 del 4 de noviembre de 1998, por  cuyo     medio     la     Corte     Constitucional  declaró  inexequible que se exhortara al indagado a  decir    la    verdad    se   precisó:   

“La exhortación  se  convierte  en  una  forma,  sutil  pero  probablemente  efectiva -y por ello  inconstitucional-,  de obtener en la diligencia de indagatoria la confesión del  imputado.  Más todavía, en cuanto se le advierte que debe decir únicamente la  verdad,  se  excluye  su silencio y se lo insta a expresar todo cuanto sabe o le  consta,  por  lo  cual  dicho  llamado,  en boca de la autoridad que practica la  diligencia  y  que está a cargo del proceso en su etapa previa, resulta ser una  modalidad   de   incitación   asimilable  al  juramento  -que  tiene  el  mismo  propósito-  y,  por  tanto,  hace  inoficiosa la exclusión del mismo, evitando  toda  estrategia de defensa y haciendo que los hechos relevantes, aun los que no  favorecen  al  declarante,  se lleven por éste al proceso de manera inmediata y  exhaustiva,  lo  cual  riñe  abiertamente  con  la  garantía contemplada en el  artículo  29  de  la  Constitución  sobre derecho de defensa. Para la Corte es  claro  que  el  derecho de la persona a no ser obligada a autoincriminarse se ve  notoriamente  disminuido  por la prevención en comento, en evidente desacato al  artículo  33  de la Constitución Política; que el derecho de defensa, con tal  advertencia,  se  reduce  al  mínimo, en cuanto se provoca de manera forzada un  acto  de  confesión; y que la admonición misma es, de suyo, una presunción de  que  el  indagado  actuará  de  mala  fe  en  la diligencia, lo cual vulnera el  artículo  83  de  la  Carta. No es la indagatoria el  acto  procesal  indicado  para  forzar  al  imputado a que confiese o suministre  elementos  que  posteriormente  pueden  ser  usados en su contra, bajo la velada  amenaza  en  que  consiste  una  exhortación  judicial  a  decir únicamente la  verdad” (subrayas fuera de texto).   

En tal contexto, resulta innegable, que la  ya   mencionada   exhortación  a  decir  la  verdad  tampoco   cumplió  un  cometido  específico, en  especial  si  se  tiene  en  cuenta  que no conllevó  presión   indebida   o  intimidación alguna para  que      JUAN     CARLOS     PULGARÍN    se  declarara  confeso  de  los  delitos por los cuales se le sindicaba, esto es, no  concluyó       en      su      autoincriminación,   sin  la  cual,  la  irregularidad   denunciada   no   pasa   de   ser  una  incorrección  de los instructores sin incidencia ni trascendencia en punto de  los    derechos   del  procesado,  con  mayor  razón  si fue advertido que  no  estaba bajo juramento, podía guardar silencio y  su  exposición  la rendía libre de apremio, era voluntaria y libre,     debidamente    asistido    por    su    defensor.   

        Por  las  razones  expuestas,  considera  la  Sala que la censura propuesta no prospera.   

        2.                     Segundo  cargo  (primero subsidiario): Nulidad  por   violación   del  derecho de defensa   

        Con  fundamento en la causal tercera de  casación,   el   recurrente  invoca  la  violación  del  derecho  de       defensa      (material   y   técnica)  de  su representado, dado que tanto  en  su  injurada  como  en  la  ulterior  ampliación  no  le  fue  señalada la  imputación  jurídica provisional, según lo ordena el inciso 3º del artículo  338     de     la    Ley    600    de    2000    y    ha    sido    indicado de  tiempo atrás por esta Sala.   

        Puntualiza  que  en  ningún aparte de  las  referidas  diligencias  la Fiscalía concretó  de  manera  cierta  y expresa los cargos,  pues  por el contrario, simplemente  hizo  referencia  a  los mismos “en forma gaseosa y  abstracta”, sin indicar  que  se trataba de un concurso de delitos contra la vida, agravado por colocar a  las  víctimas en circunstancias de indefensión     o     inferioridad    o  aprovechándose   de  ellas,   amén  de  que  tampoco    se    dijo   que   concurría  el delito de porte ilegal de arma de fuego de defensa personal,  pese  a  lo  cual,  con  base  en  tales  conductas  delictivas   le   fue   impuesta  medida  de  aseguramiento,  se  lo   acusó  y  finalmente  se  profirió  sentencia de condena en  su           contra,           proceder          que   imposibilitó  al  procesado  el  ejercicio    de    su    derecho    a    la    defensa    material   al   rendir  indagatoria.   

También afirma  que   se   violó   el   derecho   a   la   defensa  técnica  de  JUAN CARLOS  PULGARÍN  GARCÍA, pues el defensor  que  lo  asistió  en las ya mencionadas diligencias  “no  supo e ignoró, en  aquel   momento,   de   las   imputaciones   en   concreto,   en  contra  de  su  Representado”.   

Resalta  el  censor  que  las  anteriores  incorrecciones  fueron  puestas  de  presente por el  mismo   procesado   mediante   escrito   obrante   en  la  actuación,   en   los   siguientes  términos:  “En  las  indagatorias  (…)  nunca  se  me  dijo por parte de la         Fiscalía  cuales eran los cargos en forma (…)  no   me   dijo   cuales   eran   propiamente,   los  delitos  por  lo    que    la   Fiscalía  me tenia sindicado; mucho menos que  era  por  homicidios  agravados;  (…) Tampoco se me  dijo   que   estaba   sindicado   por   el   delito  de  porte  (…)  Si  a mi me hubieran dicho esos cargos, me hubiera defendido de  los  mismos  en  las  indagatorias  (…)”.   

        Para  culminar  aduce  que las irregularidades denunciadas son tan  graves,    que    incluso   él   artículo    342    del    estatuto    procesal    penal   dispone   la  ampliación  de  la indagatoria cuando se dispone la  variación    de    la    calificación jurídica provisional.   

De  conformidad  con  lo  expuesto,  el recurrente solicita a la Sala  casar   la   sentencia  impugnada,  decretando  la  nulidad  de  toda     la     actuación  a  partir, inclusive, de la diligencia de indagatoria efectuada  5 de diciembre de 2001.   

          Concepto del Ministerio Público   

Sobre  la  argumentación  expuesta por el  censor    la    Procuradora   Delegada   manifiesta  que  no  le asiste        razón,  pues  en  la  ampliación  de  injurada se dio cumplimiento a lo  establecido   en   el   numeral   3º  del  artículo  338  de  la  Ley  600  de  2000.   

En efecto, precisa que desde el comienzo de  la  indagatoria  el Fiscal permitió que el procesado  conociera  de  manera  clara los cargos formulados en su contra, al punto que se  le    dijo    que   era   sindicado   por   los   homicidios   de   Elkin    Alberto    Pareja  y  Juan  Camilo  Tobón  Álvarez,  así como de las lesiones  que   sufrió  Luis  Guillermo  Sánchez,  imputación  que  no  resulta gaseosa como lo afirma el censor,  pues  contiene  la precisión necesaria para que la defensa ejerciera cabalmente  la  representación  de  los intereses de JUAN CARLOS  PULGARÍN.   

        Por  tanto, la Delegada asevera que el reproche no está llamado a  prosperar.   

Consideraciones de la Sala  

          Inicialmente   es  oportuno  señalar  que  en  el  ámbito  de  las  irregularidades  e  incorrecciones  que pueden presentarse dentro del desarrollo  de  un  diligenciamiento,  de  tiempo atrás ha precisado la Sala que de acuerdo  con  el  principio de trascendencia, sólo tienen virtud para configurar motivos  de  invalidación  de  lo  actuado,  aquellos  que  de  manera cierta y efectiva  comporten  un  agravio  al  derecho  de  defensa  del  incriminado,  socaven  la  estructura   del   proceso,  o  bien,  atenten  contra  las  garantías  de  los  intervinientes  en  el  trámite.  Por  tanto,  es  claro, que no toda anomalía  comporta    necesariamente    la    nulidad    parcial    o    total    de    la  actuación.   

          Acerca   de   la   temática   propuesta   por   el  casacionista  y  específicamente  en  cuanto  se  refiere al alcance del artículo 338 de la Ley  600  de  2000,  encuentra  la  Sala  que  adicional  a la imputación fáctica o  atribución  de  los hechos objeto de investigación, es menester que durante la  diligencia  de  indagatoria  la  Fiscalía  efectúe  la  imputación  jurídica  provisional,  la  cual corresponde al señalamiento dentro del estatuto penal de  la   infracción   por   la   que   –   con  base  en  las  pruebas  para  tal  momento  obrantes  en  el  diligenciamiento   –  se  procede,  normatividad  que  en  este  último  aspecto  modificó la previsión  contenida  en  el  artículo  360  del  derogado  Decreto 2700 de 1991 que sólo  exigía  “interrogar  al  imputado en relación con  los       hechos       que      originaron      su      vinculación”.   

Realizadas las anteriores precisiones observa  la  Sala  en el asunto que concita su atención que, en efecto, en la diligencia  de  indagatoria  rendida  por  JUAN  CARLOS PULGARÍN  GARCÍA,   inicialmente   se  lo  interrogó  en  los  siguientes   términos:  “Según  declaración  del  señor  LUIS  GUILLERMO  SANCHEZ  quien resultara lesionado en los hechos que se  investigan  manifiesta  que  usted  es  el  autor  del  homicidio  de  los antes  mencionados  ELKIN  ALBERTO  PAREJA  y  JUAN  CAMILO  TOBÓN  ÁLVAREZ  y de las  lesiones que sufrió él”.   

          Como  sin  dificultad  se observa de la anterior transcripciones, es  evidente   que   respecto   del   interrogatorio  formulado  por  la  Fiscalía,  JUAN   CARLOS   PULGARÍN  reconoció  que  se  le  imputaba  la  conducta  de  haber  causado  la muerte a  Elkin  Alberto  Pareja Gil y  Juan  Camilo  Tobón,  y de  haber    herido    a    Luis   Guillermo   Sánchez  Pulgarín. No obstante, fue reiterativo en negar en su  primera intervención que hubiera cometido tales comportamientos.   

Acerca  del  contenido  del  interrogatorio  durante  la diligencia de indagatoria cuando el procesado se muestra ajeno a los  hechos  al  manifestar  que  no  estuvo  presente al momento de su comisión, ha  expuesto la jurisprudencia de esta Sala:   

“Ha    de  considerarse  además  que el interrogatorio que debe desarrollar el funcionario  judicial  depende,  como es apenas obvio, de la postura que asuma el indagado en  la    diligencia,   no   de   fórmulas   abstractas   preconcebidas”.   

“Otra  cosa muy  distinta  es  que  el fiscal no hubiere insistido sobre tópicos que de antemano  se  sabía  ningún resultado positivo arrojarían, dada, se reitera, la postura  asumida  por  el  indagado  en el interrogatorio al que se le sometió, de donde  cualquier  pregunta sobre su participación en la tentativa de homicidio, a más  de  insubstancial,  resultaba inconducente atendida la persistencia de aquél en  sostener  su  coartada.  Cuando así se procede,  no  es dable aducir atentados al derecho de defensa o menoscabo de la estructura  básica  del  proceso,  con  el  expediente  de  que  quien tozudamente niega su  participación   en  los  hechos  no  fue  interrogado  en  debida  forma  sobre  ellos”1    (subrayas    fuera    de  texto).   

De  lo  anterior  puede  concluirse  que  la  Fiscalía  se  ocupó  de  interrogar  al  procesado  acerca del suceso fáctico  objeto  de  investigación  (imputación  fáctica),  obviamente,  dentro de las  posibilidades  que  la posición del indagado le permitía, dado que, como ya se  dijo,  insistió en no haber participado de manera alguna en la comisión de los  delitos objeto de investigación.   

En  cuanto  se  refiere  a  la  imputación  jurídica,  observa la Sala que en el desarrollo de la diligencia de injurada no  se  informó  al  procesado  acerca  de  las  normas  penales  que definías los  comportamientos,   es   decir,   no   le   fue   formulada   la  “imputación  jurídica provisional” como  lo exige el artículo 338 de la Ley 600 de 2000.   

          Pero,  no  obstante  ello,  es  evidente  que  si  bien tal omisión  configura  una  anomalía,  al  analizar  con  detenimiento  el  devenir  de  la  actuación  procesal  se puede establecer que la misma no se vio reflejada en un  quebranto  a  los  derechos  del  incriminado,  especialmente  del  derecho a la  defensa  que invoca el demandante, o lo que es lo mismo, no resultó sustancial,  ni  trascendente  en  la  atribución  de  responsabilidad penal contenida en el  fallo impugnado.   

En  efecto,  a través de la providencia por  cuyo  medio  se  resolvió  la situación jurídica del procesado de fecha 12 de  diciembre  de 2001, fueron precisados sin lugar a equívocos los delitos por los  que se procedía, en los siguientes términos:   

“Se le endilga a  los  procesados JUAN CARLOS PULGARÍN GARCÍA y OSCAR ANTONIO TABARES CARMONA la  comisión  de  un  delito  atentatorio  contra  la  vida  e integridad personal,  consistente  en  HOMICIDIO  AGRAVADO  y TENTATIVA DE  HOMICIDIO  AGRAVADO,  cometido  en  concurso  con  el  delito  de  PORTE ILEGAL DE ARMA DE FUEGO DE DEFENSA  PERSONAL”.   

“Obsérvese como  el  cosindicado JUAN CARLOS PULGARÍN GARCÍA, quien se encontraba en compañía  del  señor  OSCAR  ANTONIO  TABARES  CARMONA,  ambos bajo el influjo del licor,  dispara  contra la humanidad de tres jóvenes, que se encontraban sentados en el  andén  de una residencia, por el simple hecho de haberle negado un aguardiente,  ocasionando  la muerte de manera inmediata a ELKIN ALBERTO PAREJA GIL, lesionado  gravemente  al  joven  LUIS  GUILLERMO  SANCHEZ PULGARÍN, quien salvó su vida,  porque  el  procesado  salió  en  persecución de la tercera víctima, el joven  JUAN  CAMILO  TOBÓN,  quien tuvo tiempo de reaccionar y emprender la huída, no  contando  con  suerte porque el criminal lo sigue y le propina dos disparos, los  cuales  produjeron su deceso instantes después en el hospital local” (subrayas fuera de texto).   

Acerca  de  la  circunstancia de agravación  punitiva   de   los   delitos   contra   la   vida   se  precisó  en  la  misma  providencia:   

“Es evidente el  estado  de indefensión en  que  se  encontraban  las  víctimas,  quienes  de  manera  desprevenida  y  sin  imaginarse  nunca,  que  el  negarle  un  aguardiente iba a desatar la furia del  procesado,  al  punto  de  atentar  contra su vida, razón por la cual se quedan  sentados  en  la  acera de la residencia distinguida con el número 17-26, lugar  al  cual  se  dirige  el  procesado, quien de manera fría, pasmosa, calculada y  luego  de  fumarse  un  cigarrillo  les  dispara ocasionando la muerte de dos de  ellos   sin   siquiera   darles   la   oportunidad   de   defenderse”.   

          A  su  vez,  al calificar jurídicamente los comportamientos se dijo  en la providencia citada:   

“Se procede por  el  delito  que  define y sanciona el Código Penal en su libro segundo, título  I,  capítulo  segundo,  artículo 103, 104 numeral 7  bajo  el  nómen  de  HOMICIDIO  AGRAVADO, cometido en  concurso   con   las   conductas   punibles   descritas   en   el   artículo  103 y 104 numero 7, en su modalidad TENTADA,   conforme  al  artículo  27  de  la  misma  obra,  y  el  consagrado  en  el  Libro  Segundo,  Título XII, Capítulo  Segundo,   art.   365…”  (subrayas fuera de texto).   

          Con  base  en  lo  anotado,  la Fiscalía decidió imponer medida de  aseguramiento    consistente    en    detención   preventiva   a   JUAN  CARLOS  PULGARÍN como posible autor  “de   las   conductas   punibles  de  HOMICIDIO  AGRAVADO,  TENTATIVA  DE HOMICIDIO AGRAVADO  y  PORTE  ILEGAL  DE ARMA DE FUEGO DE  DEFENSA     PERSONAL”    (subrayas    fuera    de  texto).   

          El  mencionado proveído fue notificado personalmente al procesado y  al  Ministerio  Público  el  12 de diciembre de 2001 y al defensor el 14 de los  mismos  mes y año, sin que hubiera sido objeto de impugnación alguna por parte  de los sujetos procesales.   

          Posteriormente,  mediante  escrito  presentado  por  el  defensor de  JUAN  CARLOS PULGARÍN el 23  de  enero  de  2002,  por  cuyo  medió  solicitó  se  variara la calificación  jurídica, fue claro en señalar:   

“Su  despacho  consideró  que  la  medida  de  aseguramiento  procedía  por  los  punibles de  homicidio   agravado   y   tentativa  de  homicidio  agravado, la defensa en esta oportunidad y acorde con  la  prueba  recaudada,  considera,  salvo  mejor  criterio,  que respecto de los  occisos  Elkin  Alberto Pareja Gil y Juan Camilo Tobón Álvarez, estamos frente  a  un  concurso  de  homicidios  simples,  por  cuanto en mi sentir, el presunto  estado  de  indefensión que sirvió de soporte para agravar dichos punibles, se  encuentra  desvirtuado  o por lo menos deja serias dudas que se deben resolver a  favor  de  mi  pupilo, a la vez que considero respetuosamente como defensor, que  respecto  del  joven  Luis  Guillermo  Sánchez  Pulgarín,  estamos  frente aun  típico  caso  de  lesiones  personales y no frente a una tentativa de homicidio  agravado” (subrayas fuera de texto).   

Ahora,  en la decisión a través de la cual  se dio repuesta a la anterior solicitud del defensor se precisó:   

El  agresor  “se  dirige  nuevamente  donde  sus  víctimas  y  luego  de  insultarlos  (sic)  por no haberle regalado el trago  de  licor,  le  dispara  al  primero de ellos a quema ropa sin darle siquiera la  oportunidad  de que levantara su cabeza, aprovechando  de  paso  la  indefensión y el estado de inferioridad en que se encontraban sus  víctimas,  tres jóvenes sentados en la acera de una  residencia  en  horas  de  la madrugada, dominados por el efecto del licor, a la  espera  de  un  cigarrillo  de  marihuana” (subrayas  fuera de texto).   

          Para concluir se puntualiza en la referida decisión:   

“Considera  la  Fiscalía  que  en  los  hechos  investigados nos encontramos en presencia de un  concurso   de   punibles   de   HOMICIDIO  AGRAVADO,  TENTATIVA   DE   HOMICIDIO  AGRAVADO  Y  PORTE   ILEGAL   DE   ARMA   DE  FUEGO,  cometidos    por   el   señor   JUAN   CARLOS   PULGARÍN   GARCÍA” (subrayas fuera de texto).   

También  se  tiene  que,  al calificarse el  mérito  del sumario con resolución de acusación en contra del incriminado, se  señaló   expresamente  en  el  acápite  correspondiente  a  la  calificación  jurídica  provisional  que  se  trataba de los delito de homicidio, agravado en  virtud  del  numeral  7º  del  artículo 104 de la Ley 599 de 2000, dado que se  realizó  aprovechando la situación de indefensión de las víctimas, tentativa  de homicidio agravado y porte ilegal de arma de fuego.   

          Del  anterior  recuento  del  desarrollo  de  este  diligenciamiento  resulta  razonable  concluir que, si bien la Fiscalía durante la indagatoria de  JUAN    CARLOS    PULGARÍN    GARCÍA   formuló   imputación   fáctica,  igual  no  procedió  con  la  jurídica,  pero  ello  en  últimas constituyó una incorrección que carece de  virtud  para  afectar los derechos al debido proceso y defensa del incriminado o  la estructura misma del proceso.   

En  primer  término,  porque  lo  que  sin  dificultad  consigue  establecerse  es  que  desde  la resolución de situación  jurídica  se  precisó  la  imputación jurídica, en cuanto allí se indicaron  con  rigor  y  exactitud los delitos por los que se procedía, con señalamiento  claro  de  la  circunstancia de agravación específica concurrente respecto del  los  comportamientos  contra  la  vida y también se incluyó el delito de porte  ilegal  de  arma  de  fuego  de defensa personal, amén de que tal decisión fue  notificada  de  conformidad  con  los  parámetros  legales  y  ulteriormente la  resolución     de     acusación     iteró     la    mencionada    imputación  normativa.   

          Y  en  segundo  lugar,  porque  en  el escrito a través del cual la  defensa   solicitó   variar   la  calificación  jurídica  establecida  en  la  resolución  de  situación  jurídica,  el defensor puso de presente que tenía  conocimiento  de  la  imputación jurídica y contra ella dirigió sin éxito su  argumentación.   

Lo expuesto permite concluir que, contrario a  lo  expuesto  por  el  demandante,  desde la resolución de situación jurídica  proferida  el  12  de  diciembre  de  2001,  esto es, ocho (8) días después de  ocurridos  los  hechos  y materializada la aprehensión del procesado, tanto los  delitos  como  su circunstancia de agravación punitiva quedaron suficientemente  precisados,  dado  que allí se indicaron los fundamentos fácticos y normativos  para  su  aplicación,  providencia que luego de ser notificada legalmente, como  atrás  se  dijo,  no  fue  objeto  de  impugnación por parte de ninguno de los  sujetos  procesales,  lo  cual  permite concluir razonablemente que JUAN   CARLOS   PULGARÍN  GARCÍA  y  su  defensor,  sabían  exactamente  cuáles eran los hechos imputados, así como la  calificación  jurídica  provisional  de  los  mismos  sin  que,  por tanto, el  derecho  de defensa del procesado hubiera sufrido mengua alguna por razón de la  referida irregularidad.   

También  encuentra  la  Sala que si una vez  precisadas  la  imputación  fáctica  y  jurídica  a través de la resolución  mediante  la  cual  se  definió  la  situación  jurídica  del incriminado, el  defensor  solicitó sin éxito la marginación de la ya mencionada circunstancia  de  agravación de la pena, fácil resulta deducir que no se presentó quebranto  alguno   al   derecho   de  defensa  de  JUAN  CARLOS  PULGARÍN.   

          Razones   similares   pueden   aducirse  respecto  de  la  fase  del  juzgamiento,  durante  la cual no se sorprendió de manera alguna al procesado o  a  su  defensor  con la imputación jurídica de las conductas, la cual, como ya  se  dijo,  se  concretó desde cuando fue proferida la resolución de situación  jurídica  y  no  se  modificó en ninguna de las intervenciones de la Fiscalía  dentro del trámite.   

        Los  argumentos  expuestos  irrumpen  como suficientes para concluir  que,  como acertadamente lo plantea el Ministerio Público, en este asunto no se  produjo  violación de los derechos al debido proceso o a la defensa que señala  el   recurrente,   razón   por  la  cual,  esta  censura  no  está  llamada  a  prosperar.   

        3.                     Cargos  tercero,  cuarto  y  quinto  (segundo,  tercero  y cuarto subsidiarios): Violación indirecta  de la ley sustancial   

          En  atención  a  que  en  la  postulación y fundamentación de los  mencionados  reproches,  el  defensor  acude  a  la  misma  causal  y  aduce una  argumentación  semejante,  pertinente  resulta  que  tanto  su  resumen como la  síntesis  del  concepto  del  Ministerio  Público  y la decisión que sobre el  particular   adopte   la   Sala,   se  efectúen  de  manera  conjunta,  como  a  continuación se procede.   

        Con  fundamento en la causal primera de casación, cuerpo segundo,  el  impugnante  manifiesta  que  los  falladores  violaron indirectamente la ley  sustancial  al  incurrir  en  error  de  hecho por falso juicio de identidad que  condujo  a  la  falta  de aplicación del numeral 7º del artículo 32 de la Ley  599  de  2000,  toda  vez  que  su  asistido  actuó  en legítima defensa de su  vida.   

        Al  acometer  la  fundamentación de la  censura    el    recurrente    asevera      que      los     funcionarios  judiciales erraron en la  apreciación   de   los  protocolos  de  necropsia,  algunos  apartes  de los  informes  de balística y siete testimonios, respecto  de  la dirección y continuidad de los disparos, todo  lo  cual  contradice  lo  dicho por el testigo único  Luis         Guillermo        Sánchez.   

        Luego     de     transcribir     in  extenso                 fragmentos del fallo de primer grado y  señalar  reiteradamente que el juez no estuvo en el  lugar  de  los  hechos,  el casacionista afirma que en la sentencia impugnada se  incurre  en  el  error  de  aceptar que JUAN    CARLOS   PULGARÍN  disparó  contra   Elkin  Alberto  Pareja  y  Luis Guillermo  Sánchez  por el costado  derecho  mientras estos se  encontraba  sentados en la acera, sin tener en cuenta  que    de   haber   sucedido   así,   la      trayectoria     de     los  proyectiles debía ser de  arriba   hacia   abajo  y de derecha a izquierda,  pero   en   este   asunto  las  pruebas  periciales  señalan    que   la  trayectoria  fue de abajo hacia arriba y de derecha a  izquierda.   

Resalta   que   de  conformidad  con  el  testimonio   de   Luis  Guillermo   Sánchez  la  trayectoria  de  los  proyectiles  habría   sido   de   arriba   hacia   abajo   y   de   adelante   hacia  atrás,   dado   que   el   agresor  se  encontraba  de  pie  frente  a  sus  víctimas  que  estaban  sentadas  en la acera, pero  pese  a  ello,  la  prueba  pericial  señala que la  trayectoria    en    ambos   fue   de   abajo   hacia   arriba,   además   de   que   en   Elkin  se produjo de atrás  hacia  delante, “en ángulo   de   45  grados,  respecto  de  la  horizontal”.   

Indica  que  respecto    de    la   agresión   a   Camilo,   los  falladores  acogen  lo  expuesto    por    el    testigo   Luis   Guillermo  Sánchez,  en el sentido  de   que   JUAN  CARLOS  PULGARÍN  lo        persiguió   “calle   abajo,   es  decir,  en  bajada”,  disparándole,  pero  no  aprecian que si   ello   hubiera   ocurrido   así,  la    trayectoria    del    proyectil     sería     de     arriba  hacia  abajo por encontrarse el  procesado  en  un  plano  superior; sin embargo, el  dictamen   pericial   contradice   tal         declaración,   al   señalar  que  la  referida  trayectoria es de abajo hacia arriba.   

También  dice  que   los   falladores  aceptan  el  dicho  de  Luis  Guillermo    Sánchez  al  señalar que  entre los disparos contra cada una  de  las víctimas mediaron  dos   minutos,   mientras   que  siete  vecinos  del  lugar     declararon     al     unísono   que   las  detonaciones  fueron  seguidas  y            continuas,  es  decir,  sin  pausa.   

Añade  que el  a  quo, sin haber estado  en    el    lugar    de    los   hechos,   expresa  que  hubo  un  fallido  disparo  contra  CAMILO,  y  por    eso,    JUAN   CARLOS   PULGARÍN  debió  perseguirlo.   

De  lo  expuesto concluye que “Contradicen    tajantemente   las  pruebas  periciales,  tanto  al  Fallador,  como al que considera único  testigo  presencial,  en  las  trayectorias de los disparos;  además,   7   testigos  vecinos  del  lugar,  afirman  que  los  tiros  fueron  seguidos, contrario a lo  afirmado    por    a.    LUISITO   y   acogido   por   el   Despacho”.   

Por el contrario, en defensa de su asistido  expresa    que   éste  “debió    defender   su   vida   o   por   lo   menos   su   integridad,  disparándoles  a  los 3  jóvenes    desde    el   piso,   cuando   se   le  venían  encima  a  atacarlo y estando ellos  de  pie,  después de haber sido  insultado  por  negarles  un  cigarrillo  y  haberles solicitado un aguardiente;  defendiéndose,         disparándoles       con       un      revolver      que      portaba”.   

Aduce   el  casacionista   que,   a  diferencia  de  lo  expuesto  por  el  ad   quem,  la   declaración   de  Luis    Guillermo         Sánchez no  es    sincera,    coherente,    consistente,   responsiva   y   circunstanciada,  amén    de    que    no    merece   credibilidad,  pues  se  trata  de  un  testigo  sospechoso  con  interés en el resultado  del  proceso  en  su  condición  de víctima,  el  cual  expresó  durante la  audiencia   pública  su  animadversión      contra      JUAN     CARLOS  PULGARÍN.   

De    otra    parte,   el   recurrente  señala   que  los  sentenciadores  descartaron  la  presencia  de dudas respecto de la responsabilidad de  su  asistido  en  el  concurso  de  delitos por el cual se lo acusó  y  condenó, para lo cual se basaron  en      la      “prueba      reina”   que   corresponde  al    testimonio   de   Luis   Guillermo  Sánchez,  sin  tener en cuenta que se trata de un declarante contradictorio      y     mentiroso,   al   cual   se   le   otorgó  una  credibilidad  de  la  cual  carece, pues su dicho es desvirtuado por las pruebas  periciales  y siete testimonios más que obran dentro  de    la   actuación,  proceder  que  conlleva la violación indirecta de la  ley  sustancial  por falta de aplicación   del   artículo   7º   de   la   Ley   600   de   2000  y  aplicación  errónea del  artículo          232          ejusdem.   

        Asevera     el    censor    que    el    a   quo    inventó    que   el   procesado  disparó  por el costado derecho de los jóvenes,  mientras   el  dictamen  pericial  lo contradice al  señalar  que  la  trayectoria  de  los proyectiles   fue   de   izquierda  a  derecha   y   además,  el  referido  funcionario  estuvo  en condiciones de  establecer  que  las  afirmaciones  de Luis Guillermo  Sánchez  eran  contrarias   a   los   resultados   de  las  pruebas  periciales,         pues,        “según  dicha  versión  del  testigo, los disparos en los 3  jóvenes  debieron  ser  de arriba hacia abajo, pero  pericialmente  se  encuentra  demostrado,  que  fueron  de  abajo  hacia arriba;  además  en ELKIN, según  LUISITO,    la    trayectoria    debió   ser   de  adelante  hacia  atrás y  se  encuentra  probado,  que  fue  de  atrás  hacia  delante”.   

Igualmente  afirma  que  las  diferentes  intervenciones  de  Luis  Guillermo  Sánchez  se  contradicen,  en  el  sentido  de  admitir  en  unas  ocasiones   y   negar  en  otras,  que  medió   una   discusión       entre      víctimas    y    victimario   previa   a   la   agresión,     como     en     efecto     lo     declaran     Oscar        Tabares   y   Oscar  Saldarriaga.   

Concluye  el recurrente que de lo expuesto  “surgen  grandes  dudas  sobre  la  veracidad  del  testimonio  de  LUISITO,  prueba  base  de  la  sentencia, si sobre ese  testimonio existen probadas discordancias sobre la existencia  o   no   de   discusión  y  alegatos  entre  los  3  Jóvenes  y  JUAN  CARLOS;  la  posición      y      forma      de      disparar     del     procesado   y   la   continuidad   de  los   disparos,    entonces:   ¿Por   qué  acepta   en   su   totalidad   e   integridad  dicho  testimonio,  sobre  el  que  se  edificó     la    sentencia?”.   

        A   su   vez,   manifiesta   que   al   existir   dudas  sobre  la  responsabilidad  de su representado, correspondía al  Tribunal  dar  aplicación  a  los artículos    7º    y    232        del        estatuto        procesal       penal,  en  el  sentido     de     absolver    a    JUAN    CARLOS  PULGARÍN     en  aplicación     del     principio    in  dubio  pro  reo  respecto  de  los  delitos   contra   la   vida   e  integridad  personal  por  los  cuales  se  lo  acusó.   

        Con  fundamento  en  lo  anterior,  el  demandante  solicita  a la  Sala    casar    el  fallo   impugnado   para,  en  su  lugar,  proferir  sentencia  absolutoria  en  favor  de su procurado por el concurso de delitos de  homicidio   y   tentativa  de  homicidio,  reconociendo  que  actuó en legítima defensa.   

Subsidiariamente  depreca se reconozca que  JUAN          CARLOS          PULGARÍN          actuó    en   un   exceso   en   la  legítima  defensa, motivo por el cual se debe casar  la   providencia   atacada,  con  el  propósito  de  reconocer  la  disminución punitiva a la cual tiene  derecho.   

En  subsidio  de las anteriores peticiones  solicita   la   casación   de   la   sentencia  de  segundo  grado,  con  el  propósito  de que se profiera fallo de reemplazo de  índole   absolutoria   en   aplicación   del   principio   in   dubio  pro  reo,  respecto  de  los  delitos  contra  la  vida e  integridad        personal,        objeto        de        acusación.   

Concepto del Ministerio Público  

En punto de los cargos analizados de manera  conjunta   afirma  la  Delegada  que  en  todos  los  mencionados  reproches,  el  censor  considera   que   los  falladores  apreciaron  erradamente  la  declaración  de  Luis  Guillermo Sánchez,  en  cuanto  asume   que  de  conformidad  con  la  trayectoria  de los proyectiles (acreditada  a  través  de  los dictámenes de  balística)  y su continuidad, los hechos  ocurrieron  de una manera diversa a  como  fueron  declarados  en  las instancias, pues lo  cierto   es   que   el  acusado  se  limitó  a  repeler  un  ataque  contra  su  vida.   

        Sobre     tal     planteamiento    la    Delegada    asevera  que  el defensor su fundamenta  únicamente   en   sus  propias  consideraciones  a  partir  de situaciones no demostradas y alejadas  de la realidad procesal, pues  las   pruebas  técnicas  concluyeron  con  claridad  que  los  disparos  recibidos  por  las víctimas se  efectuaron  a corta distancia, según se demuestra al  aparecer  bandeleta      contusiva    con   tatuaje,   amén   de  que  en  la  diligencia  de  necropsia  de  Elkin         Pareja    se   indica   que   al   momento   de   recibir  el disparo se encontraba con la cabeza inclinada, motivo   por   el   cual   el  impacto  ingresó    por   el  occipital,  línea  media,  su trayectoria es de atrás hacia delante y sale por  la región frontal.   

Respecto  del  acta  de necropsia de Juan  Camilo  Tobón  Álvarez  señala  que  recibió  el  disparo     por    la    espalda    cuando  intentaba  alejarse  del  lugar  y  fue  perseguido  por  el  procesado,    circunstancia    corroborada    con    la    información  del  Hospital San Juan de Dios, en  la  cual  se  dice  que  presenta  un  orificio de salida en la región      de      tórax      anterior      derecho     y  superior.   

        Puntualiza  que  lo  dicho     coincide     con     la     declaración    rendida por Luis  Guillermo  Sánchez, quien  además  es  claro  al  precisar      que      la      intención  del  agresor  era matarlos, sin  que  hubiera  mediado discusión alguna y tanto menos  agresión,  todo  lo  cual  excluye  la  alegada situación de legítima defensa  invocada      por     el     defensor.   

Igualmente  aduce  que  si existieron o no  contradicciones    en    lo    expuesto   por   el  testigo  Luis  Guillermo  Sánchez      Pulgarín     en     sus   diferentes   intervenciones,   el  libelista  no  consigue  restarle  credibilidad a sus dichos, en cuanto resultan  coherentes, claros y consistentes.   

También   señala   que  el  ad   quem  encontró  razonables  los  argumentos  del  a quo al  considerar     que     los     occisos  y  Luis  Guillermo    Sánchez   se   encontraban    ingiriendo    licor    en   la  acera de la calle, cuando  llegó    el    procesado    junto    con     Oscar    Tabares  y  les  pidió  un  trago  de  aguardiente  con el propósito de  molestarlos,  razón  por  la  cual Elkin        se        lo       negó.       Posteriormente,   JUAN  CARLOS   PULGARÍN  regresó  con  su  acompañante,  prendieron   sendos   cigarrillos   y   cuando   notó   que  las  víctimas  estaban  distraídas  les  disparó,  a  Elkin  a  quemarropa  y a Juan  Camilo  Tobón por la espalda al  tratar   de   huir   de   la   agresión,   hechos  relatados  por  Luis    Guillermo   Sánchez,   quien  sobrevivió    al    ataque    de    que    también    resultó   víctima      por     parte     del  acusado.   

La  Delegada  afirma  que  si  el  censor  dice    que    los  disparos    fueron  discontinuos   como   lo   declaró  Luis  Guillermo  Sánchez,    en    contradicción    de  lo  expuesto  por  el  procesado y  otros     testigos,  quienes   aseveran   que   aquellos   fueron       discontinuos,    lo   cierto   es   que   varios   de   los   declarantes  dijeron  que  no  habían  escuchado  altercado  alguno  previo a los disparos, motivo por el cual la queja  del      demandante      no     encuentra          demostración  fáctica alguna.   

De  lo  anterior  concluye la Delegada que  dentro  de la actuación se encuentra plenamente          demostrada         la         responsabilidad  penal  del  acusado  como autor de los delitos objeto  de     investigación,    amén    de    que    el  reproche             formulado  por  el censor no consigue minar la  certeza con la que cuenta la sentencia atacada.   

        Con   base   en  los  anteriores  razonamientos,  la  Procuradora  Delegada  considera  que  los cargos analizados no deben prosperar.   

Consideraciones de la Sala   

Habida  cuenta  que  fundamentalmente  el  recurrente  alega  a  favor de su asistido que al momento de disparar en defensa  de  su  vida y su integridad, éste se encontraba en  “el   piso,   cuando   se  le  venían  encima a atacarlo y estando ellos de pie, después  de  haber sido insultado por negarles un cigarrillo y haberles  solicitado  un  aguardiente;  defendiéndose,    disparándoles   con   un  revolver       que       portaba”,   observa   la  Sala  que  en  tal  planteamiento  el  defensor  se   desentiende   por  completo  de  algunas   pruebas  obrantes  en  el  diligenciamiento.   

En  efecto, en la diligencia de necropsia  practicada  al  cadáver  de    Juan   Camilo  Tobón  Álvarez          se   registró   como  orificio  de  entrada  “De 0.7 cm de  diámetro,    en    zona    de    tórax  posterior  derecho, a 5 cm de la  línea  media y a 37 cm  del  vértex, con bandaleta contusita y con tatuaje,  hematoma     a     su    alrededor”    y    orificio    de    salida:  “De   0.2   cm  de  diámetro en región de  tórax anterior derecho y superior, segundo espacio  intercostal  derecho  por línea medio clavicular; a  11  cm  de  la  línea  media     y    34    cm    del    vértex”,  “la    trayectoria    del   proyectil   es   de  atrás   hacia   delante   y  de  abajo hacia arriba”.   

       Del  análisis de dicha prueba puede  concluirse   que   no   sería  viable  invocar  la  legítima    defensa   del   procesado   en   las  circunstancias       aducidas       por      el  recurrente,     pues     si     el     proyectil  ingresó  a  la  altura  del  tercio superior de la  espalda  de  la víctima  y  salió  por  la  parte  superior de su pecho, es  claro  que el agresor no se encontraba en un plano inferior respecto del occiso,  como  podría  ser  en  el  piso y tanto menos, que  repelió  el  supuesto  ataque    de    Juan   Camilo   Tobón            hiriéndolo       por la espalda.   

       En   cuanto   se   refiere   a   la   necropsia   practicada   al  cadáver   de   Elkin  Alberto  Pareja  Gil se  establece   que   el   orificio   de  entrada  se  produjo  por  “la    zona    occipital    en   la  línea  media  a  17 cm  del                vértex”   y   el   de   salida  por  la  “región   frontal  derecha    a    2   cm   de   la   línea   media   y   a   18   cm   del  vértex”,  de  donde  se  deduce  que  el argumento del recurrente resulta inconsistente, pues si  en   verdad   JUAN   CARLOS   PULGARÍN  hubiera  estado en el piso cuando  era   atacado   y  por  ello  disparó  contra  sus  agresores,    no    habría   conseguido   herir   a   Elkin  en la  forma indicada.   

Además,  no  sobra  señalar  que,  alegar  una circunstancia de  legítima  defensa, cuando el proyectil ingresa por  la  zona  occipital y sale por la frontal, o ingresa  por  la  espalda  y  sale  por  el  pecho,  como  lo  pretende  la  defensa  en  este  asunto, no pasa de  ser    un    razonamiento   que   desconoce   las   pruebas   obrantes   en   la  actuación  y  que  intenta  construir una realidad  procesal  diversa,  proceder insuficiente para conseguir la casación del fallo atacado.   

       Por      el     contrario,     es  claro   que  las  citadas  necropsias,        corroboran   lo   dicho   por  Luis  Guillermo  Sánchez            Pulgarín,  esto  es,  que luego de disparar  contra  Elkin  Pareja y  contra  él, JUAN CARLOS  PULGARÍN  observó   que   Juan  Camilo     Tobón  huía  del  lugar  para  salvar su vida, motivo por  cual  lo persiguió y le  disparó por la espalda.   

Sobre  el particular expuso el mencionado  declarante:   

“Cuando yo  estaba   tomando   apareció  JUAN  CARLOS  con  el  revólver  y  le  dio  un tiro a PAREJA sin decirle  nada,  cuando él llegó  sacó  el  revólver y  luego  me  dio  a  mí y  después  CAMILO trató  mal  a  JUAN  CARLOS  le  dijo  que  dejara se ser descarado hombre mal parido y  salió    corriendo    y    JUAN    CARLOS    lo  salió  persiguiendo  del  puente  de  Cacique para  abajo     como    para    el    hospital    (…)  escuché      un      solo     tiro”.   

       Adicional  a  lo  anterior, encuentra  la   Sala  que  el  mismo  acusado  en  su  segunda  intervención expuso lo siguiente:   

“Si, yo fui  quien  disparó,  pero  nunca  tuve en mi cabeza de  llegar  a  hacerlo  contra  ellos, hice eso por el motivo de que cuando ellos me  llamaron  para que yo les diera un cigarrillo, ellos  se  ofendieron  mucho porque se los negué, entonces  este  muchacho  PAREJA  empezó  a  tratarme  mal a  decirme   que  yo  era  una  gonorrea  y    ellos   se   pararon   contra  mí,   yo   les   dije  que  por  qué    me    la   estaban   montando   y   ellos   decían      que     porque  yo  trabajada y había  trabajado  con  ricos  y no tenía  con     qué     brindarles    un    cigarrillo,  también  porque  no  les quise aceptar un cacho de  marihuana  y  yo  les  dije  que  yo  con  esos  vicios  no me metía.  Ellos  me  ofrecieron  marihuana  y  por  eso más       la       pegaron       porque       yo      dizque   era   un  creído,  la  marihuana  me  la  ofreció  ELKIN   PAREJA,  LUISITO  también  me  dijo  primo  hágale  y  yo le dije  que  él  sabía que yo  con  eso  no  la  iba,  entonces  ya todos se fueron  encima  de  mí,  yo  en  medio  de la borrachera y  atacado  por  ellos  traté  de  defenderme    y    saqué   el   arma   y  comencé a disparar, no  se      a      quién     le     disparé  primero”  (subrayas  fuera de texto).   

       Más adelante en la misma diligencia  al  preguntársele “en  qué    lugar    exacto    se   encontraban   las  víctimas  y  en  qué  lugar  exacto  se  encontraban  ellos (JUAN   CARLOS  PULGARÍN        y        Oscar  Antonio  Tabares  Carmona, se  aclara)”,  contestó:   

“Al momento  de   llegar  nosotros  a  la  esquina  ellos  se  encontraban  sentados  fumando  marihuana,  me  llamaron, me pidieron el cigarrillo, les dije que no tenía, que  no  tenía  sino para pasar la noche, a mi me llamó pareja y al mismo tiempo me  ofrecieron  marihuana  y  empezaron  a  tratarme mal, a insultarme, se  paró  Elkin y se pararon los otros dos muchachos  y  me  decían que yo era un creído me trataban mal que yo era  una  gonorrea  y  se  fueron contra mí”     (subrayas     fuera    de  texto).   

Y    finalmente    señaló:   

“Cuando  todos    estaban    encima    de   mí,           todos           enmarihuanados,          como  queriendo  pegarme,  no  se  si  estarían armados, me  dijeron  que  estaban armados, yo intenté retirarme  y   ahí   empecé  a  disparar.    Cuando  empecé  a  disparar  estaba   a   uno   o   dos   metros”        (subrayas        fuera        de       texto).   

Como  viene  de  verse,  sin  dificultad  advierte  la  Sala  que en busca de sacar avante su  propuesta    casacional,    el   censor   se   aparta   por   completo   de   la  información      que      suministran      las  pruebas    obrantes   en   el   diligenciamiento,  amén  de que no se detiene a verificar lo expuesto  por   su   asistido   y,   sin  más,  sugiere  que  éste  se encontraba en el piso cuando fue agredido  por    Elkin   Alberto   Pareja   Gil,   Juan   Camilo   Tobón   Alvarez  y   Luis   Guillermo  Sánchez  Pulgarín, situación por completo ajena a  la   realidad   probatoria   y  que  ni   siquiera  fue  aducida  por  JUAN  CARLOS PULGARÍN en su defensa.   

       Oportuno   resulta   señalar  de  una  parte,  que  el  acusado  no dijo que la agresión hubiera siquiera comenzado,  pues  refirió  que  los  agresores se pararon y se le fueron encima, como si le  fueran  a  pegar  y,  de  otra,  que  estaba  a  uno  o  dos metros de aquellos,  circunstancias  que  dejan  sin  fundamento  el pretendido reconocimiento de una  situación   de   legítima  defensa  o  de  exceso  en  la  misma  respecto  de  JUAN  CARLOS PULGARÍN,  según lo alega su defensor.   

       Para  concluir  es importante destacar que en el dictamen rendido  por  el  técnico  criminalístico  de  la  Fiscalía  General  de la Nación se  concluyó  que  “los hoy occisos se encontraban de  espalda  respecto  al  agresor”,  “las  posibles  posiciones del agresor o agresores, fueron estando  de pie”.   

En   cuanto  se  refiere  al  planteamiento  del demandante referido a que no se estableció  si  los disparos fueron  continuos  como  lo  dijeron  algunos testigos o se  produjeron    de    manera    discontinua         como         lo         declaró         Luis      Guillermo     Sánchez  Pulgarín, considera la  Sala  que  ello  corresponde a una temática que en  nada   afecta   la  credibilidad  del  testimonio   de   éste,     ni     la    responsabilidad    penal    de    JUAN  CARLOS  PULGARÍN  como  autor  penalmente   responsable   de  los  delitos  por  los  cuales  se  lo  acusó  y  condenó.   

       De  conformidad con las consideraciones precedentes, no  hay  duda  que  el  impugnante  no  consiguió acreditar  que  los  falladores  erraron  en  la  apreciación de las pruebas, especialmente     en     la    declaración    de    Luis      Guillermo      Sánchez  Pulgarín, motivo        por       el       cual       la       argumentación   contenida  en  los  cargos analizados de manera conjunta, no está llamada a triunfar.   

       4.                   Sexto    cargo    (quinto    subsidiario):  Violación      indirecta     de     la     ley  sustancial      por      aplicación   indebida  del  numeral  7º  del  artículo 104 de la Ley 599 de 2000   

       A  partir  de  la  preceptiva  de la causal primera de casación,  cuerpo   segundo,   el   defensor   manifiesta   que   los  falladores  violaron  indirectamente  la  ley  sustancial (numeral 7º del  artículo   104   de   la   Ley  599  de  2000)  al  quebrantar  las  reglas  de  la sana crítica, pues  asumieron   que   los   delitos   investigados  se  cometieron aprovechando el estado de indefensión de las víctimas.   

Al  emprender  la  fundamentación  del  reproche  manifiesta  que  no  se  tuvo  en  cuenta  que el testigo Luis  Guillermo  Sánchez  puso  de  presente  el “estado de  alerta,  la  lucidez y capacidad de reacción de los  3                Jóvenes”,  pues  dijo que “se  encontraban  tomando  licor,  que  entre  ELKIN y JUAN CARLOS  existía       una       discusión,     que     él    por   lo   menos   estaba   alerta,   ya  que  narró,      según      su     propia  versión,  todo  lo  ocurrido,  que estaban tomando  aguardiente  y  todos  3,  a  la  espera  de que CAMILO, armara un cigarrillo de  marihuana  para consumirlo entre los 3. Además  de  lo anterior, manifiesta  en     forma    expresa,    la    capacidad    de  reacción,   toda  vez  que,  al  momento  de  los  disparos,     ELKIN     y     él     intentaron  pararsen                (sic).  Sobre CAMILO, vale decir que  estaba  de  pie,  además que de su probada lucidez,  no  solo  por  armar  el  cigarrillo,  increpar  a  JUAN  CARLOS,  por   el   ataque   a   sus   amigos,   sino   también    que    reaccionó,    huyendo  en    veloz    carrera    del   lugar”.   

       Agrega       que       también  debió  ponderarse  que  el  arma  utilizada no era  automática,     sino    un    revólver,    con    mayor   razón   si  “el     bando     de    las    víctimas,  superaba  ampliamente al del  agresor,   en  proporción  de  3  a  1”.   

       Concluye  de  lo  expuesto  que  erraron  los falladores al   deducir  la  referida  circunstancia  de agravación  punitiva  para  el delito de homicidio, todo lo cual se vio reflejado en la pena  impuesta.   

Con   base   en   lo  anterior,  el  defensor solicita a la Sala  casar  parcialmente  el  fallo  atacado para, en su lugar, proferir sentencia de  reemplazo  a  través  de  la cual se margine de la  condena  impuesta la circunstancia de agravación de  la     pena     derivada     del    aprovechamiento    de    la    situación    de    indefensión   de   las  víctimas.   

          Concepto del Ministerio Público   

Respecto    de    este   último    cargo    considera   la  Procuradora  Delegada  que  el  censor  no demuestra  error  alguno  en  los  falladores,  dado  que  estos  se  fundamentaron  en  la  declaración  de  una  de las víctimas que sobrevivió a la letal agresión, la  cual  suministra  de  manera concreta las circunstancias de tiempo, modo y lugar  en  las  que  se  desarrollaron  los hechos investigados, a partir de la cual se  concluye  que  el  procesado  aguardó  que las víctimas estuvieran distraídas  consumiendo licor para proceder a dispararles.   

       Por   tanto,   concluye   que   el  reproche  objeto  de  estudio  no    está    llamado    a    la    prosperidad.   

Consideraciones de la Sala  

En   el   estudio   de  esta  censura  encuentra la Sala que si  bien  el recurrente invoca la violación de las reglas de la sana crítica en la  ponderación   de   las  pruebas,  no  atina  a  especificar  cual  fue  la  ley  científica,  el principio lógico o la máxima de la experiencia con fundamento  en  la  cual  pueda  concluirse  que  no  procedía  en  este  asunto deducir la  circunstancia   de   agravación   punitiva  para  los  delitos contra la vida derivada de aprovechar el  estado de indefensión de las víctimas.   

En efecto, no resulta suficiente alegar un  “estado de alerta, la  lucidez   y   capacidad   de   reacción   de  los  3  Jóvenes”,      pues      lo  cierto  es  que  a  lo  largo del proceso, tanto la  Fiscalía como los falladores se  detuvieron    a    ponderar    que   JUAN   CARLOS  PULGARÍN     se  acercó  a  los  muchachos  que estaban consumiendo  licor    en    la    acera   y   los   sorprendió  disparándoles  con su  arma   de   fuego,  de  modo  que  no  les  brindó  oportunidad   alguna   de   repeler   el   ataque,  al  punto  que  Juan    Camilo   Tobón,    quien   intentó   huir,   fue  perseguido por el procesado hasta herirlo y causarle la muerte.   

       Ahora,     si     el     arma    no    era    automática,   es   circunstancia  que  no  influye  en  este  caso,  pues  probado  se  encuentra  que  las víctimas  estaban  ingiriendo  licor,  amén  de  estar  pendientes  de  que  uno de ellos  armara   un   cigarrillo   de   marihuana,  momento  que  aprovechó   el  acusado  para  agredirlos  y  asegurar  el  éxito   de   su   propósito criminal.   

       Tampoco   importa   si  “el  bando  de las víctimas,    superaba    ampliamente    al    del    agresor,    en  proporción     de     3     a     1”,     pues     lo    que    se  reprochó  durante  las  instancias  a JUAN       CARLOS      PULGARÍN  GARCÍA  y a la postre  dio    lugar    a   la   configuración  de  la  ya  mencionada circunstancia de agravación    punitiva,    fue    su    sorpresiva    agresión    sobre   jóvenes   inermes   y  desarmados  que  estaban  por  completo  ajenos  al ataque letal del cual fueron  víctimas, al punto, se  reitera,   que   uno   de   ellos   intentó   sin  éxito  huir,  pero el  homicida    consiguió    su   propósito.   

          Basten   las  anteriores  consideraciones  para  concluir  que  este  reproche no está llamado a prosperar.   

Con  base en lo anterior, es evidente que el  defensor   del   procesado   JUAN  CARLOS  PULGARÍN  GARCÍA  no  consiguió  demostrar  la  presencia  de  circunstancias  invalidantes de la actuación o que efectivamente los falladores  violaron  de  manera  indirecta  la  ley  sustancial,  motivo  por  el  cual, la  consecuencia  que  de  ello se deriva es que no se casará el fallo atacado como  lo solicita.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

NO   CASAR  la  sentencia recurrida.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Excusa justificada  

             

    IMPEDIDO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                       ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                         JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                         JULIO   ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                             JAVIER     ZAPATA  ORTÍZ                       

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia  del  22  de agosto de 2002. Rad. 14719. Reiterada en providencias del  12  de  diciembre  de  2002. Rad. 16539. 16 de octubre de 2003. Rad. 17746. 9 de  octubre  de  2003.  Rad.  19138  y  7  de  septiembre de 2006. Rad. 22447, entre  otras.     

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