21192(30-06-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21192  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                                           Magistrada  ponente:   

                                      MARINA PULIDO DE BARÓN   

Aprobado Acta N° 58  

Bogotá, D. C., junio treinta (30) de dos mil  cuatro (2004).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  JHONN   PLATA   HERNÁNDEZ,  contra  la sentencia proferida por el Tribunal Superior de Bucaramanga, por cuyo  medio  confirmó  el  fallo emitido por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de  la  misma  ciudad, mediante el cual lo condenó a la pena principal de 128 meses  de   prisión, así como a la accesoria de inhabilitación del ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso, en su condición de autor  responsable  del  delito  de  acceso  carnal  violento  en la menor Silvia    Juliana   Fragoso   Hernández.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los   hechos   tuvieron   ocurrencia   en  Bucaramanga,  en  la  mañana  del  29  de octubre de 2001, en el interior de la  residencia   habitada   por  JHONN  PLATA  HERNÁNDEZ,  ubicada  en  la urbanización Villa Rosa, quien en una  de   sus   habitaciones   accedió   carnalmente   a   la   niña   Silvia  Juliana  Fragoso  Hernández  y fue  descubierto  por  vecinos  del sector que por los gritos de dolor de la menor se  percataron  que  la mantenía desnuda en el baño, luego de lo cual dieron aviso  a  sus padres, participaron de su aprehensión  y lo pusieron a órdenes de  la policía.   

Abierta   la  instrucción,  la  Fiscalía  Seccional   de   dicha  ciudad  vinculó  mediante  indagatoria  a  JHONN   PLATA  HERNÁNDEZ,  en   cuyo  marco  profirió  en  su  contra  resolución  de  acusación  de  fecha  marzo  19  de  2002, como presunto autor  responsable  del  delito  de acceso carnal violento agravado, de conformidad con  los artículos 205 y 211 numeral 4º del estatuto penal.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de Bucaramanga, despacho que una vez  surtido  el  rito  pertinente  profirió  fallo de fecha octubre 23 de 2002, por  cuyo  medio  lo  condenó a la pena principal  de prisión de 128 meses y a  la  accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones públicas por el mismo  lapso  en  su  condición de autor penalmente responsable de la conducta punible  materia de la acusación.   

Igualmente, lo condenó a pagar los daños y  perjuicios   morales   ocasionados  con  el  delito,  los  cuales  tasó  en  el  equivalente   a   30  salarios  mínimos  legales  mensuales  en  favor  de  los  representantes  de  la menor y le negó la suspensión condicional de ejecución  de la pena.   

          Apelado  el fallo, el Tribunal de Bucaramanga mediante sentencia del  marzo  5  de  2003  lo confirmó,  decisión contra la cual el defensor del  procesado  presentó demanda de casación, lo cual entendió dicha corporación,  correspondía  a  la  manifestación  de  interponer  en  tiempo la impugnación  extraordinaria   y   la   concedió   mediante   auto   de  fecha  abril  10  de  2003.   

LA DEMANDA  

El  recurrente  formula  un  cargo contra el  fallo que postula y desarrolla así:   

          “Acuso  la  sentencia  impugnada por ser  violatoria  de la ley sustancial en forma INDIRECTA”,  manifestó   el   casacionista,   frente   a   lo  cual  indica  “como   sentido   de  la  violación,  la  errada  interpretación  o  apreciación  de  las  pruebas  mencionadas y omitida en la sentencia impugnada,  tanto  por  error de hecho como de derecho”, e invoca  la  “causal  primera, Art. 207 Numeral 1º del C. de  P.P.”,  así como la violación de los artículos 7,  232,  233,  234, 238, 249, 257, 277, 280, 282, 319 del estatuto procesal penal y  50 de la Ley 504 de 1999.   

   Aunque  en principio anunció que se  trataba  de  un  sólo  cargo, posteriormente se refirió a diversos errores que  pudieron  recaer  también  sobre  distintas  pruebas  los cuales enunció de la  siguiente manera:   

(i)  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  errores  de  hecho  por falso juicio de  identidad:   

En tal error de hecho afirma que incurrió el  ad  quem  al  tergiversar el  dictamen  rendido por forense de Medicina Legal, por que en este se concluye que  la  menor  presentaba  “Himen  semilunar íntegro”  pero  aquél  expresó  que  no podía desconocerse la  existencia   de  “himen  complaciente”.   

Por ello, sostiene que ante la existencia de  un  reconocimiento médico y el dictamen llevado a cabo por Medicina Legal, este  es  el  que  debe  prevalecer  y  no  el  primero  practicado  en la sección de  urgencias  del Hospital del Norte, por “ser la legal  y  oportuna  allegada  al  proceso  y jurídicamente favorable y aceptable a los  intereses de mi cliente”.   

En sustento, reproduce apartes del contenido  de  la  experticia, así como la afirmación del Tribunal en cuyo marco precisó  que,  aún frente a lo expuesto por el forense, esta no resultaba concluyente en  razón  a que también existen hímenes complacientes que no se destruyen con la  penetración  y  expresó  que  se  tergiversó el  contenido de la prueba,  porque  si  la  membrana  está  intacta  quiere  decir con ello que no la hubo.   

Sostuvo  el  casacionista,  entonces, que el  himen   complaciente   no  se  “destruye”,       porque       los      demás      se      “desfloran”  aún  con  una  penetración  incompleta.  Esta  no es la clase de membrana que presenta la víctima porque se  señala   en   el   dictamen   como   “semilunar  e  integro”,  de  ahí  la  errónea apreciación de la  prueba.   

          También   incurrió  en  esa  forma  de  violación  cuando  en  la  sentencia   otorga   mérito  probatorio  a  la  declaración  de  la  madre  de  Silvia  Juliana, pues esta se  limita  a decir que conoció de las circunstancias por información suministrada  por  la  menor,  de modo que no le consta si el acceso carnal ocurrió o no, con  lo   cual   se  desconocieron  “los  principios  que  gobiernan la sana crítica”.   

          La  declaratoria  de  inocencia  de  PLATA  HERNÁNDEZ  y  la  ausencia  de  confesión,  permiten  concluir  que,  igualmente, se incurre en esta clase de error al “tergiversar  y  cercenar lo manifestado por el procesado”.   

          Expresa,  entonces, que si se “inició la  penetración  y  suspendió  el  acto”  la  conducta  imputada  no  existió,  razón por la cual sostiene que, a partir del análisis  de  cada  una  de  dichas  probanzas, cuya enunciación realiza, “podemos  colegir  sin  lugar  a  dudas  que  no hubo acceso carnal o  penetración   del   miembro   viril   en  la  vagina  de  la  menor”.   

          (ii)  Violación  indirecta de la ley sustancial por error de hecho  por falso juicio de existencia.   

         Afirmó  en  relación  con  el  mismo  que  la  declaración de la  víctima  no  fue  tenida  en  cuenta  en  la sentencia y así debió hacerlo el  Tribunal,  porque  “cotejada con el dictamen médico  legal  y  lo  manifestado  por mi cliente se colige sin ninguna duda que no hubo  acceso  o  penetración  del  miembro viril en la vagina de la menor”.   

         (iii)  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por error de  derecho por falso juicio de convicción.   

         En  punto  de  este  yerro afirma que como ninguno de los policías  que  conocieron  de  los  hechos ratificó el contenido del informe, el Tribunal  desconoció  el  artículo  50  de  la  Ley  504  de  1999, según el cual tales  documentos  carecen  de  valor  probatorio si no son refrendados por quienes los  suscriben,  razón por la cual incurrió en error de derecho por falso juicio de  convicción.   

          Como   consecuencia,  solicitó  de  la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada,  “modificando  el  fallo en el sentido de  absolver” a su representado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA:   

          En  atención  a  que el impugnante plantea en la enunciación de su  censura  por  violación  indirecta de la ley sustancial la presencia de errores  de  hecho  por  falso juicio de identidad por cercenamiento y tergiversación de  pruebas,  falso juicio de existencia por omisión de un elemento de persuación,  así  como  de  yerro  de  derecho  por falso juicio de convicción, obligado se  impone  recordar  en  qué  consiste  cada  uno de estos errores y en qué forma  deben  ser  alegados  y  fundamentados  para  que  la propuesta casacional tenga  vocación de éxito.   

          Pues  bien,  el  error  de hecho por falso juicio de identidad tiene  lugar  cuando  el  juzgador  al  considerar  el  medio  de  prueba tergiversa su  contenido  cercenándolo, o adicionándolo, o distorsionándolo, caso en el cual  compete  al  actor,  mediante  el  cotejo  objetivo  de  lo  dicho  en  el medio  probatorio  y  lo  asumido  en  el  fallo,  expresar sin ambages qué aparte fue  omitido  o  añadido a la prueba, qué efectos se produjeron a partir de ello, y  lo  más  importante,  cuál es la trascendencia del yerro en la declaración de  justicia  contenida  en la parte resolutiva de la sentencia atacada, tópico que  no   puede  ser  demostrado  con  la  exposición  subjetiva  del  criterio  del  impugnante  acerca  del  valor  que  corresponde  al  medio de prueba que estima  tergiversado,  pues  menester  resulta  que  materialmente acredite que el error  condujo  a  la  falta  de  aplicación  o  a  la  aplicación indebida de la ley  sustancial  en  el fallo, esto es, que corregido el yerro, la prueba debidamente  valorada  en  conjunto  con las demás modifica sustancialmente el sentido de la  decisión                 reprochada1.   

          En  relación  con el error de hecho por falso juicio de existencia,  tiene  dicho  la  Sala  que  se  presenta  cuando  una prueba no es apreciada de  ninguna  manera,  pese a figurar en la actuación, esto es, que se estructura la  providencia  judicial con total marginación de un medio probatorio válidamente  practicado  o  aducido  al proceso, que resulta trascendente en el sentido de la  decisión;  por  tanto,  cuando se invoca esta clase de censura al demandante le  corresponde  indicar  el  medio  no  valorado,  cuál  es  la  información  que  objetivamente  brinda, qué mérito demostrativo debe serle asignado, y cómo su  estimación   conjunta  con  el  resto  de  elementos  que  integran  el  acervo  probatorio     conduce    a    trastrocar    las    conclusiones    del    fallo  censurado.   

          Asimismo,  ha expresado que se incurre en error de derecho por falso  juicio   de   convicción   cuando  existiendo  tarifa  legal  en  punto  de  la  apreciación  de las pruebas, se niega al medio demostrativo el valor que la ley  le  ha conferido o se le otorga un mérito diferente al atribuido legalmente. Al  no  existir por regla general en nuestro medio tarifa legal, no hay en principio  lugar a postular en sede de casación este error.   

          El  recurrente,  sin embargo, no atendió su obligación de formular  su  censura  con arreglo a los requisitos formales exigidos por el artículo 212  del  estatuto  procesal  penal,  razón  por la cual su inadmisión se impone de  plano  porque  es  esta  la  consecuencia  procesal  prevista  para  situaciones  similares por el artículo 213 ejusdem.   

          Las  falencias de la demanda se presentan desde la misma indicación  de  las  normas  que  considera  violadas,  porque  resulta  evidente que de las  enunciadas  sólo  los  artículos  7º  y  232, 234, 238, del estatuto procesal  penal   son  de  naturaleza  sustancial,  pero  no  precisa  el  sentido  de  la  violación,  por falta de aplicación o aplicación indebida y tampoco demuestra  que   fueron   conculcadas,  en  tanto  que  las  restantes  son  de  naturaleza  instrumental  en  la  medida en que no regulan aspectos  concernientes a la  responsabilidad,    a    la    punibilidad    ni    describen    comportamientos  delictivos.   

(i)  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  errores  de  hecho  por falso juicio de  identidad.   

En  la  fundamentación  de  su  censura  el  casacionista  planteó  que  el  Tribunal  incurrió  en la señalada violación  respecto  de  tres  elementos  de  persuasión,  esto  es,  el dictamen pericial  practicado  durante el curso del proceso a la menor por el Instituto de Medicina  Legal,  el  testimonio  de  su  señora  madre  y la indagatoria de PLATA    HERNÁNDEZ   y   su   posterior  ampliación.   

La  propuesta  casacional  del defensor, sin  embargo,  deja de lado varios aspectos cuyo estudio era necesario con miras a la  admisión  de  la  demanda  en  cuanto  invoca  la  aparente  tergiversación  o  cercenamiento del contenido de dichos elementos probatorios.   

En  relación  con  la experticia practicada  durante  el  curso  del proceso, se limita a precisar que se tergiversó porque,  no  obstante  que  el  dictamen  concluyó  que se trataba de un “himen  semilunar  íntegro”, el Tribunal  no  descartó  que se tratara de uno “complaciente”  que  no  se  destruye  con  una  penetración, pero el  recurrente  en  manera  alguna  cumplió  con  la  obligación  de  demostrar la  trascendencia  del  yerro  acusado  y, por el contrario, trata de convencer a la  Corte  del  porqué  debe  acogerse su criterio sin detenerse en el análisis de  los demás medios de prueba válidamente aportados al proceso.   

Además,  no  puede  desconocerse  que  la  afirmación  del  Tribunal respecto a que “para nadie  es  un  secreto”  la existencia de hímen denominado  “complaciente”,  constituye  expresión  emitida  con  base en la experiencia, razón por la cual  debió  invocar  posibles  errores  en  la  apreciación  de la prueba por falso  raciocinio  e  indicar  qué  dice de manera objetiva el medio, qué infirió de  él  el  juzgador,  cuál  mérito  persuasivo  le  fue otorgado, señalar cuál  postulado  de  la  lógica,  ley  de  la  ciencia  o  máxima de experiencia fue  desconocida,  y cuál el aporte científico correcto, la regla lógica apropiada  o  la máxima de la experiencia que debió tomarse en consideración, además de  demostrar   la   trascendencia   del   error,  indicando  cuál  debía  ser  la  apreciación  correcta  de  la  prueba  cuestionada  que  habría  dado  lugar a  proferir    un    fallo    diverso    al    reprochado,    labor   que   tampoco  adelantó.   

Asimismo,  aunque  el recurrente manifestó,  que  debía  estimarse  el último dictamen y no el reconocimiento realizado por  médicos  distintos a los forenses de Medicina Legal, resulta contradictoria una  tal  propuesta, porque excluyó de la demanda su contenido y las razones por las  cuales  no  resultaban  válidos  sus  resultados, en vías descubrir su mérito  probatorio  y,  frente  a  la misma, se limita a afirmar que debía ser excluido  del  universo  probatorio  porque  el  segundo  sí  es  prueba legal y oportuna  allegada al proceso.   

Es  claro  que  con  esa  presentación del  argumento  deja  a  la  Corte sin elementos claros y precisos de comparación de  las  experticias,  a  partir de los cuales pueda verificar si le asiste razón o  no  en  su  cuestionamiento  pero,  además,  desconoce  que  con  atención  al  principio  de  coherencia,  el cuestionamiento sobre la validez de la experticia  debió  formularlo  invocando la existencia de errores de hecho por falso juicio  de  legalidad, caso en el cual le correspondía indicar con precisión y nitidez  por  qué  la prueba valorada por el funcionario judicial es ilegal, cuáles son  las  normas  que  rigen  su  práctica  o  aducción,  de qué manera resultaron  violadas  y  cómo  la  apreciación  del  medio  demostrativo  ilegal condujo a  conclusiones  equívocas  y determinantes en el fallo.   

No  se  remite  a duda, en consecuencia, que  frente  a  este primer ataque la demanda presenta serias falencias técnicas que  conducen  a  su  inadmisión, porque además de no cumplir con la obligación de  demostrar  la  trascendencia  del  yerro,  lo que presentó inicialmente como un  falso  juicio  de identidad, terminó convertido en censuras determinadas por la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  errores  de hecho por falso  raciocinio  y  a  la vez de derecho por falso juicio de legalidad, desconociendo  el  principio  de  autonomía  de las causales, en tanto que si bien se trata de  errores  de  hecho  se  configuran  de  manera distinta y en punto de ello tiene  precisado  la  Sala  que  aquél,  “es  de carácter  objetivo  y  contemplativo,  hay  una tergiversación de la prueba, para hacerle  decir  algo  que  no  aparece  en  su  contenido; en el falso raciocinio, que es  apreciativo,  se  da un desconocimiento manifiesto de la sana crítica, debiendo  demostrarse  que  la inferencia no corresponde a la dictada por las reglas de la  lógica,    los   principios   de   la   ciencia,   o   las   máximas   de   la  experiencia”2.   

Igual  ocurre  en  relación  con la censura  frente  al  testimonio  de  la madre de la menor y la indagatoria del procesado,  pues  a  este  respecto  el  demandante no identifica cuáles son los apartes de  cada  una de tales intervenciones en los cuales se sustenta la tergiversación o  cercenamiento  de  dichos medios probatorios, cuál su sentido y alcance dado en  la  sentencia  y  además  la  trascendencia  del  equívoco  para desvirtuar la  presunción  de  acierto  y legalidad que ampara a la sentencia, desaciertos que  igualmente   impiden   la   admisión   de   la   demanda  con  miras  a  emitir  pronunciamiento de fondo.   

En el caso de la declaración de la madre de  la  menor,  expresa  que esta conoció las circunstancias del hecho a través de  las  referencias  dadas  por su hija, dejando la censura huérfana de desarrollo  argumentativo,  en  tanto  no  puede establecerse cuál es el alcance dado en la  sentencia  a  sus manifestaciones, amén de que plantea en principio un error de  hecho   por   falso  juicio  de  identidad,  que  luego  desarrolla  atribuyendo  desaciertos  propios  de  un  falso  raciocinio,  sin individualizar cuál es la  regla  de  la  ciencia,  principio  de  la  lógica  o máxima de la experiencia  supuestamente   desconocida  y  la  trascendencia  del  error,  lo que le correspondía hacer indicando cuál debía ser la apreciación  correcta  de  la  prueba cuestionada, que habría dado lugar a proferir un fallo  diverso al reprochado.   

El  desacierto del casacionista se extiende  igualmente  al  momento  de expresar que el Tribunal tergiversó el contenido de  la  indagatoria del procesado, pero aunque señala los apartes de dicho medio de  defensa  frente  a  los cuales existió la aludida tergiversación tampoco aquí  atiende  su  obligación  de  confrontarlos con la sentencia para identificar la  manera  como  cercenó  y,  además,  tergiversó  su  dicho y su trascendencia.   

         

         (iii)  Violación indirecta de la ley sustancial por error de hecho  por falso juicio de existencia.   

          En  referencia  a  la anunciada violación, el recurrente nuevamente  se   limita   a   enunciarlo  y  a  señalar  escuetamente  que  “esta  declaración  no es tomada en cuenta en la sentencia impugnada  y  que cotejada con el dictamen médico legal y lo manifestado por mi cliente se  colige  sin  ninguna duda que no hubo acceso o penetración del miembro viril en  la vagina de la menor”.   

          Es  evidente  que una tal manifestación, carece de precisión sobre  la  información  que  objetivamente brinda, el mérito demostrativo que, por el  contrario,  debió  asignarle el Tribunal y cómo su estimación conjunta con el  resto  de  elementos  que integran el acervo probatorio conduce a trastrocar las  conclusiones del fallo censurado.   

          Pero,   además,  desconoció  el  casacionista  que  en  tanto  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancia  constituyen una unidad jurídica  inescindible  estaba en obligación de precisar si tal exclusión se extendió a  aquella,  lo  cual  no  hizo,  pues  al  respecto  se  limitó a señalar que la  sentencia       “impugnada”      omite  la  declaración de la menor y a la vez la confrontación que  debía  hacer  con  las  premisas  del  fallo y demostrar que las mismas, por no  haberlo  tenido  en  cuenta, no pueden subsistir.    

         (iii)  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por error de  derecho por falso juicio de convicción.   

          Aquí  el  recurrente  parte  de  la base que el Tribunal tiene como  válida  la  referencia  de los policías que conocieron de los hechos cuando se  refieren   a   expresiones   vertidas  por  la  menor,  a partir de lo cual presuntamente se  desconoció  el  artículo  50  de la Ley 504 de 1999. Sin embargo, es evidente que invoca la  violación  indirecta de la ley sustancial de norma que no se encontraba vigente  al  momento  de  la  comisión  de  los  hechos  y el postulado queda en la mera  enunciación,  pues incumple nuevamente con el deber de acreditar la forma cómo  los  juzgadores  desconocieron su contenido, indicando el aparte de la sentencia  en  que  resultó  trascendente  una  afirmación  tal y el análisis remitido a  demostrar   cómo   la  abstracción  de  dicho  medio  de  prueba  generaba  la  absolución en su propuesta casacional.   

          Finalmente,  es  importante  precisar que el desarrollo posterior de  los  argumentos  de  la  demanda  están  orientados  a  que  la  Corte acoja su  particular  visión  de  los alcances de las pruebas, convirtiendo la censura en  un  alegato  de instancia, olvidando que este trámite es extraordinario, y que,  por  tanto,  no  son  de recibo las argumentaciones libres y espontáneas de los  demandantes  y  de  esa  manera  procedió  al afirmar que confrontada la prueba  “con  el dictamen médico legal y lo manifestado por  mi  cliente  se  colige  sin  ninguna duda que no hubo acceso o penetración del  miembro  viril  en la vagina de la menor”  y, de ahí, su conclusión respecto a que  la  sentencia  incurre en una “errada apreciación de  las  pruebas”, lo que pone en claro que su intención  es  la  de  sobreponer  el  criterio  personal  sobre  el de los juzgadores, con  desconocimiento  de  la  presunción  de legalidad y acierto que ampara el fallo  censurado, asunto completamente improcedente en sede de casación.   

Lo anterior constituye razón suficiente para  proceder  a  la  inadmisión  de  la  presente  demanda   por no reunir las  exigencias  formales  previstas  en  el  estatuto  procesal  penal,  tal como lo  dispone el artículo 213 de la misma codificación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   JOHNN  PLATA  HERNÁNDEZ,  por las razones  consignadas en la anterior motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

          Notifíquese y cúmplase,   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                       ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                            

Impedido  

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                                                   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                             JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS       

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                            MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Cfr.  Radicación  14297,  sentencia  de julio 24 de 2003, M.P. Doctora. Marina Pulido  de Barón.   

2  Radicación  20924,  auto  de  septiembre  4  de 2003, M.P. Doctor Jorge Aníbal  Gómez Gallego.     

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