20902(21-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20902   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.025  

Bogotá  D.C.,  veintiuno (21) de febrero de  dos mil siete (2007).   

VISTOS  

Decide  la Sala el recurso extraordinario de  casación  presentado por la defensora de los procesados ELKIN ALONSO RODRÍGUEZ  LÓPEZ  o  ELKIN ALONSO GUTIÉRREZ LÓPEZ (conocido   también   con   el  nombre  de  JAMILTON  ANDRÉS  RENDÓN  CADAVID),  y  EDWIN RAMIRO  FLÓREZ  TOBÓN  contra  el  fallo  de  segundo  grado de 22 de octubre de 2002,  mediante  el  cual el Tribunal Superior de Medellín confirmó el emitido por el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito de Itagüí, por cuyo medio los condenó,  conjuntamente   con   Juan   Carlos  Ruiz  Machado,  como  coautores  penalmente  responsables  del  delito  de  homicidio  en  concurso con el de porte ilegal de  armas y la contravención especial de hurto simple.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Hacia las nueve de la noche del 2 de junio de  2001,  tres individuos se apearon de un taxi e ingresaron al bar “La  Última  Copa” ubicado en la carrera  55  con  calle  69 del barrio “El Guayabo”  en  el  municipio de Itagüí, le hurtaron un revólver a Jorge  Arturo  Cuartas  Cuartas  y luego le causaron la muerte al accionar sus armas de  fuego.   

De los anteriores hechos se sindicó a ELKIN  ALONSO   RODRÍGUEZ  LÓPEZ  o  GUTIÉRREZ  LÓPEZ (conocido  también    con    el    nombre    de   JAMILTON  ANDRÉS  RENDÓN CADAVID), EDWIN  RAMIRO  FLÓREZ  TOBÓN  y Juan Carlos Ruiz Machado, contra quienes la Fiscalía  General  de  la Nación abrió formal investigación penal, y tras vincularlos a  través     de    declaración    de    persona    ausente    su    situación  jurídica  se  resolvió con medida de aseguramiento de  detención  preventiva,  sin  el  beneficio  de  la  libertad  provisional, como  probables  responsables  del  delito de homicidio agravado en concurso con hurto  calificado y agravado y porte ilegal de armas de defensa personal.   

Clausurado el ciclo instructivo, el mérito  del  sumario  se  calificó el 23 de enero de 2002 con resolución de acusación  por  el  referido  concurso  delictual,  previsto  en  los  artículos  103, 104  numerales  4°,  6°, 7°; 239, 240 numeral 2°; 241 numeral 11, y 365 del nuevo  Código  Penal  (Ley  599  de  2000),  decisión  que  adquirió  firmeza con su  confirmación  del  11  de  marzo  siguiente por parte de la Unidad de Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Superior de Medellín.   

La fase del juicio correspondió al Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de Itagüí, despacho que luego de celebrar el acto  público  de  juzgamiento,  mediante  fallo  de  3  de  septiembre  de 2002 tras  apartarse  de  las  causales específicas de agravación y calificación tenidas  en  cuenta  en  la  acusación  para  los delitos contra la vida y el patrimonio  económico  por  cuanto carecían de suficiente argumentación, condenó a ELKIN  ALONSO     RODRÍGUEZ     LÓPEZ    o    GUTIÉRREZ  LÓPEZ (o también JAMILTON  ANDRÉS  RENDÓN CADAVID), EDWIN RAMIRO FLÓREZ TOBÓN  y  Juan  Carlos  Ruiz  Machado  como coautores del delito de homicidio simple en  concurso  con  porte  ilegal  de  armas  y  la  contravención especial de hurto  simple, a la pena principal de diecisiete (17) años de prisión.   

Impugnado el fallo por las defensoras de los  enjuiciados,  el Tribunal Superior de Medellín lo confirmó en su integridad el  22  de  octubre  de  2002,  con  la  aclaración  de  que  la  pena accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por el término de diez (10)  años  prevista  en  la  parte  considerativa  del  fallo  de primer grado, pero  omitida en la resolutiva, también debía hacerse efectiva.   

La   defensora   común  de  ELKIN  ALONSO  RODRÍGUEZ  LÓPEZ y EDWIN RAMIRO FLÓREZ TOBÓN interpuso recurso de casación,  pero  el  Tribunal  por  error  sólo  lo  concedió  el  6 de diciembre de 2002  respecto  del  primer  enjuiciado  y  presentadas  de  manera  independiente las  respectivas  demandas, incurrió la Corte en el mismo yerro al declarar ajustada  sólo  la  presentada  en nombre de ELKIN ALONSO RODRÍGUEZ LÓPEZ. (Sobre estos  yerros la Sala se ocupará en la parte considerativa)   

LAS  DEMANDAS   

Ante   la  identidad  argumentativa  y  de  pretensiones  de las demandas formuladas por la defensora común de ELKIN ALONSO  RODRÍGUEZ   LÓPEZ  o  GUTIÉRREZ  LÓPEZ  (o  también  JAMILTON  ANDRÉS  RENDÓN  CADAVID)   y   EDWIN   RAMIRO   FLÓREZ   TOBÓN,  su  presentación se hará de manera conjunta.   

Único Cargo  

Al  amparo de la causal primera de casación  la  impugnante  postula la violación indirecta de la ley sustancial debido a un  error  de  hecho  por falso raciocinio ante la infracción de los artículos 27,  32  y  254  de  la Constitución Política, 266, 277 y siguientes, 232 y 238 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  a  través  de  las  cuales  se  llegó a la  violación  de  los  artículos  103,  239  y 365 del nuevo Código Penal, y 1º  numeral 11 de la Ley 23 de 1991.   

Estima  la  defensora  que  el  Tribunal  se  apartó  de  las  reglas  de  la  sana crítica al tener como único elemento de  convicción  la atestación de Duber Mary Cadavid Acevedo, compañera permanente  de  la  víctima,  a  quien le otorgó pleno crédito, cuando además de mentir,  denotaba animadversión hacia los procesados.   

Considera  que  el juzgador dejó de lado el  análisis  de  las  declaraciones de Oscar Orlando Arias Aguilar, Ángela María  Correa,  Javier  de  Jesús  Correa  Grajales, Oscar Alfredo Correa Henao y Jhon  Jairo   Sánchez   Campiño,  todos  amigos  del  occiso,  que  contradicen  las  afirmaciones  de  la testigo único cuando refieren aspectos relacionados con la  oscuridad  del  sitio  donde  se cometió el delito, la distancia entre la parte  interior  del  bar  y  la  vía  pública, el rostro cubierto de los ejecutores,  circunstancias  que  arrojan serias dudas acerca de la individualización de los  autores.   

Pone  de  manifiesto que se acreditó que el  delito  se  cometió  a una distancia considerable del lugar donde se encontraba  la  declarante  Duber  Mary,  a lo que se debe sumar que era noche y había poca  visibilidad,  además, el susto generado en la testigo le eliminaba la capacidad  de  individualizar a los autores del hecho, por eso debió colmar los vacíos de  su  percepción  con  suposiciones dada la malquerencia revelada  hacia los  enjuiciados  al  atribuirles  pertenecer  a  una  banda que hurtaba vehículos y  extorsionaba   a   los   habitantes  del  sector  y  que  estaban  cobrando  una  “vacuna”,  hechos  estos  que  no fueron corroborados en el plenario, ni menos el relacionado con el hurto  del  revólver  del  interfecto,  ya  que  tampoco  se  acreditó  que  éste lo  portara.   

En  criterio de la libelista, además de que  no se realizó una    

investigación  integral,  el  juzgador  se  equivocó  al  concluir  que  el  móvil  del  delito  fue la venganza porque la  víctima       no      permitía      el      cobro      de      “vacunas”,  pues  en  ese  sentido  no se  probó la vinculación del occiso con la junta de acción comunal.   

Critica  la compulsación de copias ordenada  por  el  fallador  para  investigar  el  posible  delito  de falsedad de algunos  declarantes,  porque contrariamente corresponde a quienes dijeron la verdad o se  aproximaron  a  ella,  con  lo  cual  se  desconoció  la  duda  existente en el  plenario.   

De  la  misma manera, para la demandante, la  decisión  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  de  1989 en la cual se apoya el  Tribunal  para  dar sustentó al dicho del testigo único, no resulta pertinente  por  las inconsistencias de la declarante, pues mientras ella no refiere que los  ejecutores tenían capuchas, los demás testigos si lo hacen.   

En  suma, estima que el fallo se soportó en  un  testimonio  equívoco,  deficiente y  ambivalente, por ser una versión  que  carece  de  ciertos  detalles  que  no  fueron  sometidos a consideraciones  serias,  lógicas  y  fundadas  acerca  de  la  naturaleza  del hecho, a cambio,  desechó  el Tribunal pruebas de mayor connotación suasoria, desconociendo así  el  principio  de  resolución  de  duda  que  debió  aplicarse  a favor de sus  asistidos.   

Por  lo  anterior, solicita casar el fallo y  dictar   el   de   reemplazo   de   carácter   absolutorio   a   favor  de  los  enjuiciados.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

El  Procurador  Tercero  Delegado  para  la  Casación  Penal  sugiere  a la Corte no casar la sentencia impugnada por cuanto  de  su  contenido  se advierte que la decisión no sólo se soportó en el dicho  de  Duber  Mary  Cadavid  Acevedo,  sino   también en las declaraciones de  Oscar  Orlando  Arias,  Ángela  María  Correa  Gil,  Javier  de  Jesús Correa  Grajales,  Alfredo  Correa  Henao y Jhon Jairo Sánchez Capino, así como en las  indagatorias   de   ELKIN  ALONSO  GUTIÉRREZ  LÓPEZ  y  EDWIN  RAMIRO  FLÓREZ  TOBÓN.   

Estima  que  el  discurso de la libelista se  queda  en  simple crítica ante la inconformidad con la decisión judicial, pues  sólo  pretende  restarle  eficacia  probatoria  la  declaración  de Duber Mary  Cadavid  con el pretexto que se trata de un testimonio único, al reparar en que  un  mayor número de personas declararon de forma diversa con una mejor realidad  por los detalles que narran.   

Pone  de  manifiesto  el representante de la  Procuraduría  que  el  juzgador  sopesó  suficientemente el hecho referido por  algunos  declarantes  acerca  de  que  los  ejecutores  portaban  capuchas  y lo  descartó  para efectos de la duda probatoria, porque tal aseveración provenía  de   quienes  no  estuvieron  en  el  sitio  de  los  hechos,  sino  en  lugares  aledaños.   

En este orden, la afirmación de la libelista  acerca  de  que  el   

Tribunal  no  podía  estructurar la certeza  sobre  la  identidad  de  los  autores,  la  encuentra el Delegado en una simple  diferencia  de  criterios  con  al  análisis  judicial  de las pruebas, pues no  advierte  la  recurrente  una  infracción  clara a las reglas de la lógica por  parte del juzgador.   

Aduce  que las afirmaciones relacionadas con  la  oscuridad del lugar, la distancia entre la parte interior del bar y la calle  que  dificultaba  la  visibilidad  o  que los atacantes cubrían sus rostros con  pasamontañas  o  por lo menos con gorros que evitaban una observación plena de  sus  características  morfológicas  y  que  por  lo tanto la testigo no podía  señalar  su  identidad, fueron también circunstancias analizadas en los fallos  al  punto  que  para  el  juzgador la iluminación del establecimiento resultaba  adecuada  en  tanto  no  existían  defectos  técnicos  o  escasa  cantidad  de  bombillas  que  limitaran  la  visibilidad,  además,  los  otros declarantes no  relataron dificultad sobre ello.   

De  la  misma manera, para el Procurador, la  demandante  no  precisa  la  incidencia  que  pudo  tener en la fijación de los  hechos  por el juzgador lo concerniente a la distancia entre la calle y la parte  interior   del   bar,  por  lo  demás,  el  ad  quem  estableció  que los procesados no llevaban prendas en  el  rostro  a partir de las declaraciones de Oscar Orlando Arias Aguiar quien en  su  primera  versión  indicó  el  numero  de agresores y el posible móvil sin  referir  algún accesorio en la cara de los ejecutores, además, Esteban Cadavid  Echeverri  escuchó a su hija (Duber Mary) llamar a los atacantes por los apodos  o   remoquetes   (“Huevín”,   “El   tuso”  y  “Care-plancha”)  con los que se conocía a quienes  dieron muerte a Jorge Arturo Cuartas Cuartas.   

Defiende   la   consideración   judicial  relacionada  con  que  la  versión  del  rostro  cubierto  de los autores sólo  surgió  a  partir  de  la  indagatoria de ELKIN ALONSO GUTIÉRREZ LÓPEZ, quien  indicó  tener  testigos  y  entregó  una  lista  a su defensor para que fueran  citados  efectivamente  quienes refirieron el atavío que cubría la cara de los  agresores,  relatos que no merecieron algún crédito para el Tribunal por tener  origen  en  el propio sindicado que ostentaba toda la capacidad para intimidar a  los   declarantes   así   fueran   amigos   cercanos   o   familiares   de   la  víctima.   

Resalta  el  Delegado  que mereció especial  atención  para el ad quem la  particularidad  de  que la lista de testigos fuera encabezada por Ángela María  Correa  Gil  quien lideró la búsqueda de tales declarantes dada la amistad que  le  unía  con la familia de ELKIN GUTIERREZ, razón por la cual se la tuvo como  testigo sospechosa para restarle toda eficacia probatoria.   

Dice  que igual sucedió con la declaración  de  Alfredo  Correa  Henao  dada  la forma como Ángela María Correa lo abordó  para  que  declarara  sobre  los  encapuchados, partiendo de ella la iniciativa,  máxime   que   los  unía  un  vínculo  por  parentesco  de  cuarto  grado  de  consaguinidad,  situaciones que obviamente afectaban su fidelidad, espontaneidad  y veracidad.   

Igualmente subraya el análisis del Tribunal  que llevó a tener   

como deleznable la atestación de Jhon Jairo  Sánchez  Campiño,  pues  al  indicar  que  esperaba  en  el  lugar un carro de  servicio  público,  y  que  había estado desde las 7 de la noche en ese barrio  “El  Guayabo” adquiriendo  algunos  comestibles  para  llevar  a  su  casa,  no  resultaba comprensible que  residía  en  un  sitio  distante,  en  el barrio “El  Pedregal”  zona  rural del municipio de Itagüí, no  era así un sitio al que asistiera con regularidad.   

Por  último,  anota  que  al dicho de Oscar  Orlando  Arias Aguiar se le restó credibilidad ya que en la primera atestación  indicó  que  varios  muchachos descendieron de un taxi y dispararon hacia Jorge  Arturo  Cuartas,  sin  advertir en su relato la indumentaria sobre el rostro que  por   su  importancia  no  podía  pasar  desapercibida,  en  tanto  que  en  su  ampliación varió su declaración.   

Por  lo tanto, solicita el Procurador que el  cargo sea desestimado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

1. Observación inicial  

Previo  a  estudiar los reproches formulados  contra el fallo del   

Tribunal  Superior  de  Medellín,  la  Sala  advierte  que  respecto  de  la  acción  penal  derivada  de  la contravención  especial  de  hurto  simple,  conducta  por la cual fueron acusados ELKIN ALONSO  RODRÍGUEZ  LÓPEZ  (o  GUTIÉRREZ  LÓPEZ  o JAMILTON  ANDRÉS   RENDÓN  CADAVID)  y  EDWIN  RAMIRO  FLÓREZ  TOBÓN,   así   como   el  otro  procesado  no  recurrente,  Juan  Carlos  Ruiz  Machado,   ha  operado  el  fenómeno  de la prescripción en atención a que el artículo 10° de la Ley 23  de  1991  establece  que  “La  acción  originada en  proceso  contravencional  prescribe  en  dos  (2)  años contados a partir de la  realización del hecho”   

          Respecto  de  la  contravención  especial  la Sala ha precisado que  “tiene   un   lapso   prescriptivo   privilegiado,  independientemente  de  que  su  investigación y juzgamiento se adelante por el  procedimiento  especial  o  el  ordinario, en éste último caso cuando concursa  con   un   delito,   en  virtud  de  los  señalamientos  hechos  por  la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia C – 357 –  99.  Ese  régimen  privilegiado  no  puede  ser desconocido por las normas que regulan la  prescripción  de los delitos, no sólo por hacer más gravosa la situación del  procesado,  sino por el hecho de estar regulada expresamente la materia, lo cual  obliga  a enmarcar la decisión en este último ámbito jurídico en acatamiento  al     principio     de     legalidad    de    los    procedimientos”.   

          “La  legislación penal no consagró una  previsión  normativa  para las contravenciones relacionada con la interrupción  de  la  prescripción,  fenómeno  que  posibilita un nuevo conteo del término,  simplemente  limitó  su  consumación a la ocurrencia de dos extremos, la fecha  de  los  hechos  y  la  sentencia,  debiéndose  entender  que  a  partir  de su  ejecutoria  prescribe  la  pena,  para  la  que  se  estimó un término de tres  años”1.   

                                            

En  este  caso,  los  hechos datan del 2 de  junio  de  2001  y como aún la sentencia no ha alcanzado firmeza, los dos años  requeridos  para  que  opere  el  fenómeno  jurídico de la prescripción de la  acción  penal de la contravención por hurto simple se cumplieron el 3 de junio  de  2003,  luego  de que se emitiera el fallo de segundo grado (22 de octubre de  2002).   

Lo  anterior denota que la potestad punitiva  del  órgano  judicial  estatal  se extinguió sobre el referido hecho punible y  por  ello  se  impone  declararlo  a  través de la correspondiente cesación de  procedimiento.   

         Como   la   exclusión  del  referido  ilícito  patrimonial  tiene  incidencia  en  los  aspectos  punitivos,  de  ello se ocupará luego la Sala al  momento de hacer la redosificación correspondiente.   

          2. Del cargo común   

Entiende la Corte subsanado el lapsus   calami   relacionado   con  la  omisión  acerca  de  la  concesión  del  recurso  y admisión de la demanda de  casación  presentada  en  nombre  y  representación  de  EDWIN  RAMIRO FLÓREZ  TOBÓN,  en  el  entendido  que  la  misma  defensora de ELKIN ALONSO RODRÍGUEZ  LÓPEZ,  que  representa  simultáneamente  sus  intereses, no sólo impugnó el  fallo  de  segundo  grado sino que formuló de manera independiente sus libelos.  Así,  se  entrará  al análisis conjunto de ambas demandas al no advertir como  conculcado  algún  derecho  sustancial  o garantía procesal de los enjuiciados  que  ameritara la anulación procesal para efectos de la concesión del recurso.   

El  derecho  fundamental a la presunción de  inocencia  implica  no  considerar  culpable a la persona hasta que mediante una  sentencia  en  firme se declare cabalmente su responsabilidad penal. Por ser una  presunción      iuris     tamtum     puede  derruirse  mediante  prueba  de cargo que obviamente apunte a  acreditar  la  ocurrencia fáctica de la conducta y su ligazón jurídica con el  procesado.   

De tal presunción se deriva el principio de  resolución  de  duda  que  apareja  la  obligación del juzgador de absolver al  enjuiciado  cuando  al  no  tener  la  convicción  de  su  responsabilidad,  se  encuentre  ante el estado de incertidumbre, sin embargo, para las decisiones que  en  uno  u otro sentido se adopten, es deber ineludible del funcionario judicial  que  a  través  de la valoración racional de las pruebas explique la capacidad  de  convicción  razonada  científica  y  técnica  que  le ofrecen ellas en su  conjunto.   

Por lo anterior, en sede casacional es dable  el  estudio  de  la pretermisión de los postulados de la sana crítica, no para  buscar  un  parámetro  jurisprudencial  sobre una nueva valoración probatoria,  sino   para   verificar   si  la  decisión  corresponde  a  una  argumentación  estructurada  coherentemente  como  lo  enseña  la  lógica, a la forma como se  aplican  los  principios  en  un  espacio  teórico  específico,  propio  de la  observación  científica,  así  como  a  los juicios que se forman a partir de  comportamientos  sometidos a una identidad circunstancial que arrojan las reglas  de la vida.   

En  el  caso  de  la  especie, la libelista  pretende  resaltar que en contra de un solo testimonio  que  señala  a  sus  defendidos como los ejecutores del homicidio, hay un mayor  número  de  declarantes  que  por  aportar  mayores  detalles deben prevalecer,  máxime  que  refieren  el  uso  de  capuchas que impedían ver el rostro de los  autores,   lo   que  en  su  sentir  genera  duda  acerca  de  la  identidad  de  éstos.   

Pretéritas   reglas  de  valoración  del  testimonio  se  basaban  en  el principio de “testis  unus   testis   nullus”,  de  modo  que  en  medios  probatorios  tarifados  se  desechaba  el  poder suasorio del declarante único,  empero,  con  el  sistema  de la libre apreciación de las pruebas tal postulado  fue  eliminado,  ya que la veracidad no depende de la multiplicidad de testigos,  sino  de  las  condiciones  personales,  facultades  superiores de aprehensión,  recordación  y  evocación  de  la  persona,  de su ausencia de intereses en el  proceso  o   circunstancias  que afecten su imparcialidad, de las cuales se  pueda   establecer  la  correspondencia  de  su  relato  con  la  verdad  de  lo  acontecido, en aras de arribar al estado de certeza.   

          Evidentemente,    muchas   son   las    variables   que  se  deben    

analizar  para  dar crédito a la narración  del   declarante,   tanto  de  sus  condiciones  subjetivas,  intención  en  la  comparecencia   procesal,   coherencia   de   su   discurso  y  sobre  todo,  la  correspondencia  del  relato con datos objetivos comprobables, todo dentro de un  proceso   apreciativo   que  se  hace  al  tamiz  de  los  postulados  lógicos,  científicos, de la experiencia y el sentido común.   

La  defensora aduce que el sentenciador al  dibujar  los  rasgos  de verosimilitud en el dicho de Duber Mary Cadavid Acevedo  le  dio  un  valor  indebido y que por ello el fallo no podía soportarse en ese  solo  testimonio,  no  obstante,  su  planteamiento  no  corresponde a la verdad  procesal  si  se  tiene  en  cuenta que los juzgadores sopesaron otras probanzas  como  las  manifestaciones  de  Luz  Astrid  Cuartas,  hermana  del  occiso,  quien  dio  cuenta  de las amenazas de las que él venía  siendo  objeto  y  refirió  los  apodos  con  los  cuales  se  conocía  a  los  ejecutores,  así  como  también  lo manifestado por Esteban Cadavid Echeverri,  espectador  de  los  sucesos al relatar que su hija, Duber Mary reconoció a los  que le quitaron la vida a su compañero.   

Lejos de evidenciar el capricho judicial en  la  valoración  de la testigo ático que reprocha la demandante, es patente que  los   fallos,  in  extenso,  dedicaron  el  análisis a sus calidades personales, a  las  posibilidades  que  tuvo  de  prestar  la  debida  atención al momento del  suceso,  la  coherencia  y  verosimilitud  de  su relato, y ausencia de interés  deliberado   en   perjudicar  a  los  procesados,  lo  cual  no  permitía  otra  interpretación  de  cómo  sucedió  la  occisión  y  el compromiso directo de  éstos en la misma.   

Efectivamente, destacó el Tribunal  que  Duber  Mary  Cadavid  Acevedo  conocía  de  tiempo  atrás  a  los  procesados,  refiriendo  sus nombres y apodos; ELKIN RODRÍGUEZ LÓPEZ, alias “Care-plancha”,  EDWIN  FLÓREZ  TOBÓN,  alias  “Huevín”  y Juan  Carlos   Ruiz   llamado   “El  Tuso”  o   “El   de  los  peinados”,  quienes  se  dedicaban a cobrar “un  impuesto”     al     cual     se    oponía    su  compañero.   

Así   mismo,  detalló  el  ad   quem   la   manifestación  de  la  atestante  en  el  sentido  de  que  al ver la agresión de que era objeto Jorge  Arturo  Cuartas,  por  parte  de los tres sujetos, ella le replicó a ELKIN para  que  no  le  hicieran daño, incluso les lanzó un vaso con licor, motivo por el  cual  éste  le apuntó directamente con el revólver  pero no lo accionó contra ella.   

La  Sala  advierte  que  racionalmente  el  juzgador  analizó,   avanzada  la investigación, luego de la vinculación  en  calidad  de  persona  ausente  de  los  procesados,  que en la recepción de  indagatoria  de  ELKIN  ALONSO GUTIÉRREZ LÓPEZ, (una vez fue capturado el 8 de  octubre  de  2001  cuando  se  recuperada de una herida por proyectil de arma de  fuego  en  un centro hospitalario),  fue que surgió la versión del uso de  capuchas  por  parte de los ejecutores, cuando precisamente éste en la injurada  indicó  que  se  había  enterado que la muerte de Jorge Arturo Cuartas Cuartas  había  sido  a  manos  de  unas personas con el rostro cubierto, hecho del cual  adujo  tener  testigos, y si bien en la misma diligencia no aportó sus nombres,  con   posterioridad   por   intermedio  de  su  defensor  se  suministraron  las  identidades   y   direcciones   de   los   atestantes  a  fin  de  escuchar  tal  versión.   

A   partir   de   ello  la  defensa buscó soportar específicamente el   

hecho  de la cara oculta de los ejecutores,  con  la  comparecencia  de  un grupo familiar liderado por Ángela María Correa  quien  afanosamente recopiló a quienes podían sustentar tal aseveración: así  ésta  declarante  ubicó  a tres hombres que usaban pasamontañas cuando, luego  de  perpetrar  el  hecho,  pasaron  frente  de  su casa; Javier de Jesús Correa  Grajales  que  los  vio  cuando  se  bajaron  del taxi con la cara tapada, Oscar  Alfredo  Correa  Henao cuando los encapuchados pasaron en un taxi estando a poca  distancia  del  bar,  y  Oscar  Orlando  Arenas  Aguiar  los  vio  ya dentro del  bar.   

Sin  embargo, para el Juzgador tal versión  no   mereció   crédito  por  su  origen  en  uno  de  los  procesados,  cuando  contrariamente,  en  los albores de la investigación, ningún declarante había  referido  el  uso  de  tal  aditamento en el rostro en los autores, hecho que no  podía  pasar  desapercibido,  además  porque  se  acreditaron los vínculos de  amistad  o  parentesco  entre  los  atestantes  de descargo al punto que Ángela  Maria   Correa  quien  los  buscó  y  contactó  para  que  declararan  en  ese  específico  sentido  es  amiga  de  ELKIN  RODRÍGUEZ,  Javier de Jesús Correa  Grajales es su padre y Oscar Alfredo Correa Henao su primo.   

De  pareja  manera el Tribunal advirtió lo  extraño     de    que    Oscar    Orlando    Arias  Aguiar,   en  su  inicial  declaración,  en manera alguna refirió el uso de  prendas  que  ocultaran  el  rostro  de  los ejecutores del crimen y sólo en su  ampliación  posterior  lo  narró, al punto que no supo explicar al funcionario  judicial   cuando   le   hizo   ver   tal   contradicción,   el   por  qué  de  ésta.   

Para la Sala se muestra en todo su esplendor  la  racionalidad  de los juzgadores al dar credibilidad a la prueba de cargo, en  contra  de las que avalaban los dichos de los procesados porque la mendacidad de  tal  versión se corroboraba también con las manifestaciones de los enjuiciados  que negaron su conocimiento previo y el uso de sus apodos.   

En  este orden, no  se  advierte  algún desafuero en el proceso mental del Juzgador al dar crédito  a  la  deponencia  Duber  Mary  Cadavid Acevedo, compañera del interfecto quien  presenció  el  acontecer  delictivo,  ni  en  la  conclusión acerca de que los  ejecutores  no  tenían  el  rostro  cubierto,  contrario  a lo referido por los  declarantes  de  descargo,  porque  la misma declarante en posterior ampliación  aclaró  que  “Ellos  tenían  era un gorro de lana en la cabeza que no les cubría la cara, pero como  yo  los conocía a todos tres por eso supe que eran ellos, estoy segura si yo no  tuviera  la seguridad no hubiera venido acá a decirles, ellos fueron los que lo  mataron,  yo  los  vi, no es  cierto     que     estuvieran    encapuchados..,          Elkin  y  el  Tuso fueron los que entraron hasta el negocio, porque  Edwin disparaba por la ventana”   

Además,  el  Tribunal  destacó  que en el  establecimiento   había  luz  artificial,  que  facilitó  la  visibilidad,  la  declarante  conocía  a  los agresores como habitantes  del  barrio “El   Guayabo”  de  donde  se  habían  tenido   que   ir   unos   meses  atrás  por  problemas  con los vecinos  ya  que  querían  exigir  el  pago  de  dinero,  a lo  que            la           víctima,      por     ser     líder  comunal,         se         opuso.   

La  normalidad  de  las  reglas  de  la vida  permiten  dar  valor  probatorio  a  la  coherencia  de  la  narración,  porque  múltiples  hechos  violentos  como  el  investigado  suelen  ocurrir  así;  un  vehículo  utilizado  para  facilitar  la  celada  y  la  comisión, un grupo de  sujetos  que coordinan la labor hasta llevarla a feliz término y luego también  conjuntamente  huir,  por  demás, el móvil de la represalia ante la oposición  de  la  víctima  al  cobro  de  “vacunas”  o impuesto”  que  una  banda  delincuencial  quería  imponer  en el lugar, aspecto de común  ocurrencia  en  aras de tener el dominio sectorial y de infundir miedo y respeto  entre sus habitantes.   

Es  evidente  que  el  juzgador  también  acudió  a  la  prueba,  construida,  a partir de la  conducta  asumida  por  ELKIN  RODRÍGUEZ posteriormente a los hechos, cuando al  ser   capturado   presentó   otra   identificación   a  nombre  de       JAMILTON       ANDRÉS      RENDÓN      CADAVID aclarando  él  mismo  que  lo  hacía  para  ocultarse  de  la  sindicación   que   le  estaba  haciendo  la  mujer  de  Jorge  Arturo  Cuartas  Cuartas,  de ahí que se concluyera que no es normal  que  si una persona nada tiene que esconder a las autoridades, vaya a cambiar su  nombre fraguando incluso un documento público para ello.   

Por lo tanto, el  análisis  en  conjunto  de  las  pruebas le permitió al fallador establecer la  responsabilidad  de  los  procesados  en  el  homicidio  de Jorge Arturo Cuartas  Cuartas,  donde  deviene  desatinada la invocación del principio de resolución  de duda al cual acude la defensora.   

Vista así la realidad contenida en el fallo  impugnado,  se  ha  de  concluir  que  carece de fundamento la pretensión de la  impugnante y por consiguiente la censura deberá ser desestimada.   

3. Precisión final  

          Por  efecto  de la declaración de prescripción de la acción penal  derivada  de  la  contravención  especial  de  hurto  simple  se hace necesario  excluirla  de  la dosificación punitiva fijada tanto para los recurrentes ELKIN  ALONSO   RODRÍGUEZ  LÓPEZ  (o  GUTIÉRREZ  LÓPEZ  O  HAMILTON  ANDRÉS  RENDÓN  CADAVID)  y  EDWIN  TAMIRO  FLÓREZ  TOBÓN,  como  para  el no recurrente Juan Carlos Ruiz Machado, quienes  entonces  sólo  quedarán condenados como coautores penalmente responsables del  delito  de  homicidio  en  concurso  con el de porte ilegal de armas de fuego de  defensa personal.   

Al respecto, el Tribunal Superior ubicado en  el  extremo superior del primer cuarto punitivo del delito mayor de homicidio de  dieciséis  (16)  años,  aumentó  diez  (10)  meses  por  el  delito contra la  seguridad  pública  y  dos  (2)  meses  más  por  el  hecho  punible contra el  patrimonio  económico  [que  tenía prevista pena de arresto de seis (6) a doce  (12)  meses],  por  lo  tanto se deberán excluir los dos (2) meses impuestos en  razón  de  la  contravención   especial al hallarse prescrita la referida  acción  penal,  quedando  en  consecuencia  la pena en definitiva en dieciséis  (16) años, diez (10) meses de prisión para todos los procesados.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  SALA DE  CASACIÓN  PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.  –            DECLARAR PRESCRITA la  acción  penal derivada de la contravención especial de hurto  simple.   

2.-             CESAR    PROCEDIMIENTO  en  favor  de  ELKIN  ALONSO  RODRÍGUEZ  LÓPEZ  o  ELKIN  ALONSO  GUTIÉRREZ  LÓPEZ  (También  conocido  como  HAMILTON  ANDRÉS  RENDÓN CADAVID), EDWIN TAMIRO FLÓREZ TOBÓN,  al  igual  que  para  el procesado no recurrente Juan Carlos Ruiz Machado por el  hecho punible de hurto simple.   

3.-                NO   CASAR   el  fallo  por  razón  de  los  cargos  formulados  en la demanda  presentada   por   la   defensora  de  ELKIN  ALONSO  RODRÍGUEZ    LÓPEZ    o    ELKIN   ALONSO   GUTIÉRREZ   LÓPEZ   (o     HAMILTON    ANDRÉS    RENDÓN    CADAVID)      y      EDWIN      TAMIRO      FLÓREZ     TOBÓN.   

4.-          PRECISAR  que,  por  razón  de  la  cesación de procedimiento la pena principal impuesta a los  procesados  ELKIN ALONSO RODRÍGUEZ LÓPEZ o ELKIN ALONSO GUTIÉRREZ   LÓPEZ   (o  HAMILTON   ANDRÉS   RENDÓN  CADAVID),  EDWIN  TAMIRO  FLÓREZ  TOBÓN  y  Juan  Carlos  Ruiz  Machado  como  coautores del concurso de  delitos  de homicidio y porte ilegal de armas es de dieciséis (16) años y diez  (10) meses de prisión.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                           ALVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                                JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES   

YESID          RAMÍREZ  BASTIDAS                              JULIO    ENRIQUE    SOCHA   SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE  PORTILLA                                                   JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto  del 10 de agosto de 2005. Radicación 23928     

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