20860(15-09-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20860  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

Aprobado Acta No. 077  

Bogotá D.C, quince (15) de septiembre de dos  mil cuatro (2004)   

                              Decide  la  Corte    la    casación   interpuesta   por   el   defensor   de   WLADIMIR  OSORIO  ROA, contra la sentencia  de  noviembre  14  de  2002  proferida  por  el  Tribunal  Superior del Distrito  Judicial  de  Ibagué,  mediante  la  cual  confirma  la  de  primera instancia,  proferida  el  11  de  julio  anterior  por  el  Juzgado  Penal  del Circuito de  Purificación,  que  lo condenó a 26 años y 2 meses de prisión, interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por un lapso igual a la pena principal, al  declararlo  responsable  por  homicidio  agravado  en  concurso con el delito de  hurto calificado y agravado.    

                            HECHOS   

                                El Tribunal  Superior  de Ibagué se refirió a los hechos que dieron origen al proceso penal  en   contra   de   WLADIMIR   OSORIO  ROA en los siguientes términos:   

                                    

El 22 de marzo de 2001 a las 8: 30 A. M., la  Fiscalía  46  Local  de  Alpujarra realizó el levantamiento del cadáver de la  señora  Laura Arcelia Roa Escobar, de 89 años de edad, en la calle 4ª No. 4 –  25,  casa  paterna de la occisa en la cual residía. En el acta, visible a folio  2  y  v.,  se  describe  herida en dorso nasal, hematoma que compromete párpado  superior  e inferior, ojo izquierdo, herida bordes regulares, lineal, longitud 2  centímetros.  En  dorso  muñeca  izquierda,  rotación externa en extremidades  inferiores.   

El protocolo de necropsia, visible a folios  42  y  ss.,  concluye:  muerte  violenta  como consecuencia de obstrucción vía  aérea  producida  por  cuerpo  extraño  (prótesis  dental  superior), además  trauma  facial,  dorso muñeca izquierda, reja costal derecha, lóbulo hepático  derecho,  producidas antes de la muerte (fol. 115),manera de la muerte violenta,  causa asfixia.   

Se  imputa la conducta (sic) a JOSÉ  WLADIMIR  OSORIO ROA, sobrino nieto  de  la  occisa.  El  principal testimonio de cargo lo suministra Isabel Cristina  Roa  de Osorio, madre del encausado y sobrina directa de la obitada, el mismo 22  de  marzo  del 2001, a las 11:00 a.m., quien dice despertar y ver un bulto sobre  el  cuerpo  de  la  tía,  luego,  abreviando,  reconoció  a  su  hijo quien la  intimidó  con un cuchillo, después de quedar inmóvil la anciana, el procesado  continuó  con  la  búsqueda  de  más elementos para su botín, para finalizar  obligando  a  su progenitora a marcharse con él (principalmente folios 9 y ss).  En  términos  coincidentes se manifiesta el implicado en sus indagatorias de 31  de  marzo de 2001 en la Fiscalía 16 Delegada ante los Circuitos de Neiva y el 5  de  abril  del  mismo  año  en  la Fiscalía Segunda Delegada ante Circuitos de  Neiva  (fols.  64  y  ss, 98 y ss, 105 y ss): se escondió para hurtar cuando su  madre  y la tía de ella dormía, estimó que la anciana moradora se despertaba,  quiso  inmovilizarla,  su  progenitora despertó y la intimidó con un cuchillo,  la  tía  abuela  del asaltante no se dejó amordazar, ni maniatar, tarde se dio  cuenta  que  la  boca  estaba  vacía  y  la  caja  dental superior obstruía la  garganta,  al  quedar  ella  quieta,  continuó con la requisa de la residencia,  para,  finalmente,  obligar  a  su  madre a que lo acompañará en su retirada”.   

                                   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

                           Con base en la  información  de  la  Policía  y  el  testimonio  rendido por LAURA ARCELIA ROA  ESCOBAR,  la  Fiscalía 46 Local de Alpujarra ordenó abrir investigación penal  en  contra  de  JOSÉ  WLADIMIR OSORIO ROA.  Oído en indagatoria, la situación jurídica le fue resuelta por  la  Fiscalía 29 Seccional de Purificación, imponiéndole detención preventiva  por    los    delitos    de    homicidio   agravado   y   hurto   calificado   y  agravado.   

                              Practicadas  algunas  pruebas  y  cerrado  el  ciclo  instructivo,  se profirió en contra de  JOSÉ     WLADIMIR    OSORIO    ROA    resolución  de  acusación  el 27 de julio de 2001, acusándolo por  los   delitos   imputados   en   la  providencia  que  le  resolvió  situación  jurídica.   

                                El Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito de Purificación, el 11 de julio de 2002 profirió  sentencia  condenatoria.  En  discrepancia  con  esta última determinación, el  defensor  apeló,  pero  el  Tribunal  la  confirmó  en fallo contra el cual la  defensa      de     OSORIO     ROA     interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  que  ocupa la  atención de la Sala.   

LA DEMANDA  

                                 Aduce  el  censor,  apoyado  en  el  numeral  1°,  cuerpo  segundo,  del artículo 207 del  Código   de   Procedimiento   Penal,  que  la  sentencia  impugnada  quebrantó  indirectamente  la ley sustancial, debido a un error manifiesto de raciocinio en  la  apreciación de la prueba, resultando indebidamente aplicados los artículos  31,   103   y   104   de   la   Ley   599   de  2000  (323  y  324  del  código  anterior).   

                                Sostiene el  procesado  que  elaboró  el  plan  de  hurtar  las joyas y las armas que sabía  existían  en  la casa de la tía abuela Laura Argelia  Roa,  quien  era cuidada por ISABEL CRISTINA ROA, para  lo  cual  se  introdujo,  sin  ser  observado, en la residencia, en las últimas  horas  de  la tarde, esperando que las moradoras se durmieran para la ejecución  del  plan concebido. Para evitar ser reconocido usó un pasamontañas y guantes.  Encontrándose  en  una  de  las habitaciones, sintió toser a la anciana, se le  acercó,  sacó  una cinta para taparle la boca y una pita para amarrarla de las  manos,  al  colocarle  la cinta la víctima se la quitó y gritó, por lo que le  tapó  la  boca, pidiéndole que se callara. Al despertarse ISABEL CRISTINA ROA,  madre  del  procesado,  se  le  abalanzó  para  quitarlo, reacción que contuvo  amenazándola  con  un  cuchillo.  Al notar que LAURA ARCELIA respiraba poco, le  retiró  la  mano  y sintió un vacío, acordándose que tenía caja, la tocó y  advirtió  que  la  prótesis estaba  atravesada en la garganta, por lo que  intentó  sacársela  pero  no  pudo,  luego  se  dio  cuenta que había muerto.  Después,   siguió   buscando,  apropiándose  de  unas  municiones  y  algunas  joyas.   

                                El juzgador  acogiendo  la  versión  del procesado concluye que la inmovilidad de la anciana  no  lo  contuvo  para  continuar enriqueciendo su botín. Agregan las instancias  que  el procesado de 27 años edad, sabía que quitarle la vida a otro es delito  y  en  este  caso estaba dispuesto a lograr el resultado delictivo, para lo cual  se  preparó  y al encontrar oposición de la víctima ejerció violencia contra  ella  sin  importarle el resultado previsible, el más probable, ante la edad de  la  anciana,  de  donde  se deduce que la muerte se ocasionó con dolo eventual.  Además,  resalta  el  fallador, que el inculpado era sabedor de que Argelia Roa  usaba  prótesis  en  la  encía  superior, la que por efecto de la violencia le  hizo  engullir  y  ante  la  muerte inminente no buscó auxilio ni desistió del  hurto,  luego la probabilidad del resultado era conocida por el encausado. En la  providencia  impugnada se aduce que, así como la mamá identificó al hijo como  asaltante  también  lo  pudo hacer la tía y mal haría el delincuente en dejar  un testigo de cargo que lo develara.   

                                El Tribunal  desconoció  el  proceso racional de la inferencia en el razonamiento lógico al  valorar  la versión del procesado, incurriendo en falso raciocinio, pues dedujo  la  existencia  del  dolo  homicida  con  base  en premisas que no daban lugar a  ello.   

                              Del hecho, de  haberse  sostenido  que  el  procesado  planeó  el hurto se infiere que meditó  sobre  la  posibilidad de la sorpresa y la resistencia. El procesado únicamente  admitió  llevar  una  cinta  para  amordazar  y  una  cuerda para maniatar a la  víctima,  de  ninguna manera admitió haber previsto que tuviera que recurrir a  sus  manos  para  taparle  la  boca  y  evitar  que  gritara,  menos  aceptó la  posibilidad  del  desplazamiento  de  la  prótesis  con efectos asfixiantes. El  inculpado  siempre  expresó  que  el  resultado  muerte  no lo quiso, tanto que  pretendió evitarlo sacándole la prótesis de la garganta.   

                                La versión  del  procesado  revela  que se hallaba dispuesto a lograr el hurto, para lo cual  previó  como  medios,  que  lo  facilitarían,  amordazar a la víctima con una  cinta,  pero  en  ningún momento admitió estar dispuesto a superar obstáculos  para  causar  el  homicidio. El error de lógica consiste en inferir de premisas  falsas la intención homicida.   

                               El procesado  pretendió  impedir  que  la víctima gritara, no causar el desplazamiento de la  prótesis  con  efecto  asfixiante. La conclusión contraria a la que arribó el  Tribunal parte de una premisa que no ha aceptado el procesado.   

                                  Para  el  Tribunal   el  procesado  obró  con  dolo  eventual  porque  el  resultado  era  previsible,  el  más  seguro, el más probable, dada la edad de la atropellada,  conclusión  que  no  se  deriva  de  la versión del procesado, porque nunca lo  previó  ni  como posible ni con alta probabilidad, la violencia que se ejerció  fue  motivada  por  el  afán  de que la anciana no gritara pero nunca quiso esa  muerte.   

                              No es cierto,  por  falta de prueba, que el procesado conocía el uso de la prótesis por parte  del  abuela  cuando  ella dormía. Pero, sea que conociera ese hecho o no, no se  puede  deducir que el procesado podía prever al presionar la encía que enviase  ese aparato hasta la laringe y produjera la asfixia.   

                             De otra parte,  el  hecho  de  no haber buscado auxilio no fue causa ni concausa de la muerte y,  de  haberlo hecho, en el momento no tenía certeza de quién era el experto para  realizar  la  maniobra  salvadora  y  tampoco  podía  asegurar  que  la persona  llegará  a  tiempo  para  impedir  la  asfixia.  El haber tratado de sacarle la  prótesis  dental  de  la  garganta  refleja  que  no  quería  la  muerte de su  tía.   

                             De la conducta  posterior  de  José  Wladimir Osorio Roa  el  Tribunal  deduce  certeza  respecto  del  dolo homicida porque  continuó  con el apoderamiento sin recato de conciencia. La falsa inferencia es  evidente  porque  el  procesado  aceptó  el  plan  del  hurto, el que varió al  despertarse  la anciana, y fue dentro del marco de éste último accionar que se  produjo  la  muerte  por  el  desplazamiento  de  la  prótesis  a  la  laringe,  situación  no  prevista  mi  querida  por el procesado. El Tribunal infirió de  manera equivocada de un hecho posterior el dolo homicida.   

                                Todo parece  indicar  y  que  no  fue  sólo  la  presión  de  la  mano  lo  que  produjo el  desplazamiento  de  la  prótesis,  sino  que  dado  el  tamaño de la misma, la  anciana  debió  abrir su boca, posiblemente para respirar mejor, y así es como  se  produce  el  traslado  de  la  ”  caja  “,  proceso  causal  desconocido por  José Wladimir Osorio, quien  se     encontró     ante     un     resultado     totalmente    imprevisto    e  imprevisible.   

                                Concluye al  recurrente  que  no  se  puede  deducir  el  dolo  homicida  ante  un  resultado  totalmente  imprevisible,  en  estas  circunstancias  lo  predicable  es un caso  fortuito o accidente.   

                              Solicita a la  Corte  casar  parcialmente  la sentencia impugnada, absolviendo al procesado por  el   delito   de   homicidio   y   dejando   subsistente   la   condena  por  el  hurto.   

                            NO RECURRENTES   

                             En el término  de  traslado  de  los  no  recurrentes,  el apoderado la parte civil, sugiere no  casar  la  demanda de casación por resultar infundados los errores atribuidos a  la  sentencia  de  segunda instancia, providencia que no es violatoria de la ley  sustancial.  Las  pruebas  aportadas  demuestran  que  la  muerte de Arcelia Roa  Escobar  fue  producto de la finalidad del procesado, por lo que el resultado le  es atribuible.   

          CONCEPTO DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

                                En concepto  del  señor  Procurador  Cuarto  Delegado  en  lo  Penal,  la  demanda carece de  vocación  de  prosperidad,  tanto por su aspecto técnico, como por lo esencial  de su pretensión.   

                                          Advierte la Delegada como deficiencias técnicas  de  la  demanda  el formular una proposición jurídica incompleta y el no haber  demostrado  la  modalidad  de  yerro  alegado,  pues incurrió en una mixtura de  afirmaciones  en  las  que  no acierta a indicar qué reglas de la sana crítica  fueron  vulneradas,  además  de  descontextualizar  las  deducciones  del  juez  plural.   

                              Dispensadas  las  deficiencias  técnicas  que  presenta  la  demanda,  los  cargos contra la  sentencia impugnada resultan infundados por las siguientes razones:   

                                Para  el  recurrente  la  muerte de su pariente se presentó de manera accidental, sin que  pueda  predicarse  dolo  en  tal  resultado  con  base  en el atentado contra el  patrimonio  económico,  aspecto  éste último que para el censor fue el único  tenido  en  cuenta para atribuirle responsabilidad al procesado por el delito de  homicidio.   

                           Los argumentos  del   ad  quem  no  están  afectados  de  falso raciocinio como de manera confusa e infundada lo postula el  actor.  La  acreditación  del  dolo se debe obtener de todos aquellos vestigios  externos,  anteriores,  concomitantes  y  posteriores, que ilustre la intención  que   tuvo   el   autor   en   relación  con  el  resultado  producido  con  su  comportamiento.   

                              En este caso,  con  la  confesión  calificada  del  acusado,  se  estableció su propósito de  cometer  el delito de hurto, para tales efectos reflexionó sobre la posibilidad  de  ser  sorprendido  y  de  que sus moradores opusieron resistencia, decidiendo  cometer  el ilícito, valiéndose para ello de medios para ocultar su identidad,  se  aparejó de herramientas para violentar los armarios, se proveyó de cinta y  una  cuerda  para  amordazar y atar y se armó con un cuchillo, lo que evidencia  estar  dispuesto  a  lograr  su finalidad sin interesarle los obstáculos que se  pudieran presentar.   

                               La necropsia  practicada  revela agresiones no sólo en la parte de la boca, lo cual comprueba  que  el sindicato quiso matar a su pariente, pues la anciana trataba de respirar  para  sobrevivir  y OSORIO ROA  se  lo impedía con violencia, al punto de desprenderle la prótesis dental y de  esta manera aceleró la muerte de la abuela.   

                                  Así  no  hubiese   sabido   el   acusado  que  la  prótesis  dental  de  la  anciana  se  desprendería,  la  sola  violencia  que  desplegó  era idónea para obtener el  resultado,  no  siendo de recibo la explicación del acusado en el sentido de no  haber  pensado en ocasionar la muerte de la octogenaria, su proceder revela otra  intención,  las  circunstancias  conducen  a  señalar  que  se  representó la  posibilidad  del  desenlace,  tanto  así  que  la  inmovilidad, la muerte de su  pariente,  advertida  por  el  acusado,  no  lo  detuvo  para  continuar  con el  apoderamiento.   

                               El discurrir  de  los  juzgadores  fue  lógico,  por  lo  tanto  no  puede  salir  airosa  la  pretensión  del  recurrente  a  través de la simple discrepancia de criterios,  desconociendo  la  valoración del ad quem.   

                                El Delegado  solicita  casar  oficiosamente la sentencia para que se restablezca la legalidad  de  la  pena  por  cuanto  que  la  interdicción derechos y funciones públicas  conforme  a la ley del hecho no podía tener una duración superior a diez años  y  sin  embargo  los  juzgadores  la  impusieron por un período igual a la pena  privativa  de libertad, esto es, 26 años y 2 meses, con flagrante violación de  las garantías constitucionales atrás precisadas.   

          CONSIDERACIONES  DE LA  CORTE   

                             

                                                    1.  El  actor  imputa al sentenciador de  segundo   grado  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  por  error  consistente  en  falso  raciocinio,  reproche  que  vincula  con  la indagatoria  rendida  por  JOSÉ  WLADIMIR  OSORIO ROA.   

                               2.  El  juicio  del  juez  a través del cual obtiene de la prueba su  alcance  tiene  como fundamento y límite la sana crítica, excepto en los casos  en que la ley lo asigna (tarifa legal).   

                  La  sana  crítica  impone al funcionario judicial valorar la prueba  contrastándola  con  los  restantes  medios, y teniendo en cuenta la naturaleza  del  objeto  percibido,  el estado de sanidad de los sentidos con los se tuvo la  percepción,  las  circunstancias  de lugar, tiempo y modo en que se percibió y  las  singularidades  que  puedan  incidir  en el alcance de la prueba examinada.   

                  El  examen  probatorio,  individual  y  de  conjunto, además de los  criterios  señalados,  acude  a  los  supuestos  lógicos, no contrarios con la  ciencia,  la  técnica  ni  con  las  reglas  de la experiencia, para inferir la  solución jurídica que la situación examinada amerita.   

                                 En consecuencia, el razonamiento para determinar  en  un proceso penal si un hecho dado ocurrió o no, y en la primer eventualidad  las   posibilidades  en  que  se  ejecutó,  solo  puede  apoyarse  en  premisas  argumentativas  que  apliquen  las  reglas de la sana crítica, en los términos  que  vienen  de explicarse, no a través de la personal forma de ver cada sujeto  la realidad procesal examinada.   

                                     3.   La   ilegalidad  pregonada  en la censura se vincula con las inferencias obtenidas a partir de la  indagatoria  de  JOSÉ WLADIMIR OSORIO ROA  para  dar  por demostrado que obró con dolo eventual al ocasionar  la muerte de su tía LAURA ARCELIA ROA ESCOBAR.   

                                       El  casacionista  ha  debido  indicar cuáles fueron los postulados de la ciencia, o  reglas  de la lógica o máximas de la experiencia desconocidos en detrimento de  la  sana  crítica  por el sentenciador al estimar el mérito de la indagatoria,  enfrentando  objetivamente  el fallo y sus argumentos probatorios para condenar,  además  de  explicar y acreditar satisfactoriamente el fundamento para llegar a  la  absolución  reclamada,  esto  es,  que  la  muerte  obedeció  a un “caso  fortuito”.   

La   demanda   es   insuficiente   en   la  demostración  del cargo, puesto que solamente aludió a unos supuestos defectos  en  la  apreciación de la prueba, sin evidenciar el desconocimiento de la regla  de   libre  apreciación  probatoria  vulnerada,  dado  que  el  raciocinio  del  recurrente  lo  que  hace  es  expresar su visión en cuanto al alcance que debe  asignarse  a  la  narración que de los hechos hace el procesado en la injurada.   

                  El  Tribunal  dedujo  la  intencionalidad homicida del procesado del  hecho  de  haber  obrado sin importarle las consecuencias que se derivaran de su  obrar,  no  obstante  la  ponderación  de  las  vicisitudes  que  se le podían  presentar  y  para  las cuales se preparó, del conocimiento que tenía respecto  de  las  condiciones  de  la  anciana, el uso de la prótesis dental, el haberle  negado  auxilio  oportunamente  habiéndose  dado  cuenta  que la abuela acusaba  dificultades  respiratorias,  el  haber  sido  descubierto  por su progenitora y  persistir  en su acción de taponamiento de la boca y de su conducta posterior a  la  muerte  de  LAURA  ARCELIA  ROA.  A  estas  apreciaciones  del  ad  quem,  les  asigna  el demandante una  orientación  que  no corresponde al otorgado en los fallos, sin demostrar yerro  manifiesto en la apreciación de la prueba.   

                  No  es  cierto  que  el  juicio  de  reproche  se  hubiese vinculado  exclusivamente  con la indagatoria, la construcción del razonamiento crítico y  el  juicio de reproche penal se apoyó en la necropsia y el testimonio de ISABEL  CRISTINA   ROA,   por   lo   que   desde   este  punto  de  vista  el  cargo  es  incompleto.   

                              Las omisiones  y deficiencias advertidas dejan el cargo como un simple enunciado.   

                             4. No obstante  los  desaciertos  técnicos  en  los  que  incurre  el  censor, el cargo resulta  infundado por las siguientes razones:   

   

                                                        4.1.  Al  agente  activo  se  atribuye  el  daño,  no  sólo  cuando  en forma directa quiere el resultado, sino igualmente  cuando  la realización de la conducta implica el riesgo de causarlo, sin que la  probable  producción  detenga  el  actuar,  con  tal  de  obtener el propósito  inicial.   

                                                        4.2.  Por  ser  el dolo una manifestación  del   fuero   interno,   puede   conocerse,   directamente   por  confesión,  o  indirectamente    por   manifestaciones   externas,   concretadas   durante   el  iter   criminis   o   con  posterioridad  a la consumación del delito. A este respecto, la decisión de la  Sala  sigue  la  línea de examinar cada caso en concreto, probatoriamente, para  establecer  si  racional y razonablemente el sujeto agente asumió como probable  o posible el resultado que jurídicamente se le recrimina.   

                                                        4.3.   Las   lesiones   descritas  en  el  protocolo  de necropsia, en el dorso nasal, párpado superior e inferior del ojo  izquierdo,  en  la  muñeca  izquierda,  las extremidades inferiores, en la reja  costal  derecha  y  lóbulo  hepático derecho, además de la obstrucción de la  vía  aérea  con  un  cuerpo  extraño,  revelan la inclemencia en la violencia  contra  una  persona  de  85  años  de  edad, realizada a la vez que pretendía  perpetrar un delito contra el patrimonio económico.   

                              La brutalidad  del  ataque  y  sus  consecuencias  nefastas  se manifestaron rápidamente en la  respiración  cortada  de  la  víctima,  la  que  advirtió  inmediatamente  el  procesado  y  a  pesar  de  ello  continuó  con  el  taponamiento  de sus vías  respiratorias.  Este  proceder  es  demostrativo  de  su  voluntad  decidida  de  causarle  daño,  en  un  contexto  en  el  que  era  previsible la muerte de la  víctima,   su  no  producción  la  dejó  librada  al  azar,  pues  dadas  las  condiciones  fisiológicas  de  LAURA ARCELIA ROA ESCOBAR no era improbable para  una persona como el procesado prever el resultado muerte.   

                                                        4.4.  Esta conducta es demostrativa de una  voluntad  e  intención  que  no  corresponden  al propósito que proclama en la  indagatoria,  de preservar la vida de su tía, bien jurídico que menosprecio al  acaballarse  sobre  la anciana para reducir al mínimo su capacidad de reacción  y   vencerla   físicamente  a  través  de  la  eliminación  de  su  capacidad  respiratoria.  El  inculpado  persistió  en  su  acción, sin importarle que la  disminución  de  los  signos vitales ponían de presente el ahogamiento, por lo  que  en sana crítica debe concluirse como lo hizo el Tribunal, que el procesado  asumió  las  consecuencias que sobrevinieran, que en este caso fue la muerte de  la abuela.   

         Un hombre  medio como el procesado, de estado mental normal, bachiller,  de  28 años de edad, casado, con tres hijos, estaba en condiciones de prever la  consecuenmcia  más elemental, lo que por experiencia humana se conoce que puede  sobrevernir  después  de  pasado algún tiempo de estar taponando la boca a una  anciana  y  observar  que la víctima “no hacía la misma fuerza ni gritaba lo  mismo”  o  “respiraba  muy  poco”,  en  relación con sus manifiestaciones  iniciales, según lo expresa en la indagatoria el procesado.   

                                                    4.5.  Las  premisas  del censor conducen a  que  para  el  dolo eventual debe existir intención de matar o herir, exigencia  que  en  concepto  de la Sala no corresponde a esta modalidad del tipo subjetivo  del  injusto,  pues el resultado en este caso constituye apenas una probabilidad  previsible  como  consecuencia  de la conducta realizada o de la creación de un  riesgo  no  permitido y por ende jurídicamente desaprobado, cuya producción el  autor  admite  si  hacer  nada por evitarlo. En este caso, la conducta peligrosa  fue  realizada por JOSE WLADIMIR OSORIO ROA, consciente de la posible y probable  asfixia  que le era consecuente.   

                        La  Sala  precisa  en  esta  ocasión  que  el  código  penal  de  2000,  introdujo   importantes  cambios  en  la constitución del dolo eventual en relación con el  código  anterior  de  1980.  En  efecto,  en el Decreto 100 de dicho año se al  definir el dolo dijo en su artículo 36:   

“Artículo  36.  Dolo.  La  conducta  es dolosa cuando el agente conoce el hecho punible y quiere  su   realización,   lo   mismo   cuando   la  acepta  previéndola al menos como posible”.   

                     

                      De  este  concepto  de  orden  legal,  se comprendió que el conocer y querer el  hecho,  comprendía tanto el dolo directo, de primer grado, como el indirecto de  segundo  grado  o  derivado,  por  sus  necesarias  consecuencias y que el sólo  conocer     (representar)     aceptando     el    evento    como    posible,  bastaba  para configurar el dolo  eventual   en  el  que  el  ejercicio  de  la  voluntad  se  manifiesta  con  la  aceptación    del   resultado.   

                     El artículo  22   de   la   codificación  actual  (ley  599  de  2000)  se  define  así  el  dolo:   

“Art.   22.  Dolo.  La  conducta es dolosa cuando el agente conoce  los  hechos  constitutivos  de  la  infracción  penal y quiere su realización.  También  es  dolosa  la conducta cuando la realización de la infracción penal  ha    sido    prevista    como   probable  y  su  no producción se deja librada al  azar”.  (Se  resalta  lo  pertinente).   

Se   advierten   entonces   las  siguiente  variaciones:   

*  La  previsión  obra ante lo probable   y   no  ante  lo  posible.   

                        *  La  producción del resultado se deja librada al azar, lo cual implica que no  es  importante para el actor aceptarlo o aprobarlo, por eso, al dejarlo al azar,  se abstiene de ejecutar acto alguno que pueda impedirlo.   

                         

                         Indudablemente,  en  lo  atinente  a la teoría del dolo eventual, el código de  1980   había   acogido   la   llamada   teoría   estricta   del   consentimiento,   (emplea  la  expresión  “la  acepta,  previéndola  como  posible”)  en  el  que  existe un énfasis del factor volitivo cuando el  autor  acepta  o  aprueba  la  realización  del  tipo,  porque  cuenta  con  el  acaecimiento          del         resultado.1   

                    El código de  2000,  en  cambio,  abandona esa afiliación teórica para adoptar la denominada  teoría  de  la  probabilidad,  en  la  que  lo  volitivo aparece bastante menguado, no así lo cognitivo que es  prevalente.  Irrelevante  la  voluntad en esta concepción del dolo eventual, su  diferencia  con  la  culpa  consciente  sería ninguna o muy sutil, salvo que en  ésta,  el  sujeto  confía en  que  no se producirá y bajo esa persuasión actúa, no así en el dolo eventual  ante  el cual, el sujeto está conforme con la realización del injusto típico,  porque al representárselo como probable, nada hace por evitarlo.   

   

                    De  otra parte, resulta destacable en el código de 2000, que lo representado no  es   lo   posible,  como  lo  estatuía  el  código  de  1980,  entendiendo  por  tal  lo  real, lo objetivo,  necesario,  (sólo  lo real es posible y algo es real, sólo si es posible) como  propiedad  del  ser,  sino lo probable,  que  es de índole gnoseológica, subjetiva conforme a la cual se  trata  de  una  consideración  aproximada  a  lo  relativo  a la creencia, a la  frecuencia,   como   magnitud  tanto  referida  a  acontecimientos  como  a  los  argumentos  o  proposiciones  argumentativas, por lo cual resultaría próxima a  una        noción        operacional.        2   

                             En este caso  concreto,  bien  sea  que se examine la conducta del procesado con la teoría de  la  posibilidad  o  de  la  probabilidad, dadas las circunstancias en las que la  conducta  se  ejecutó, de las cuales se dio cuenta en los numerales anteriores,  el homicidio le es atribuible a título de dolo eventual.   

                                                        4.6.  Los  hechos,  como  los  valora  el  Tribunal,  inequívocamente conducen a pregonar la real existencia del delito de  homicidio,   con  dolo  eventual.   De  las  pruebas   aflora  que  el  procesado  no  pudo menos que prever la asfixia, así lo dedujeron los fallos de  instancia  de la suma de circunstancias que rodearon la acción delictiva, tales  como  la  brutalidad de la acción, la región anatómica con la que se vinculó  la  acción,  su  prolongada duración, la forma ponderada como se planificó el  hecho,  el  ánimo  lucrativo  perseguido,  el  hecho  de que el asaltante fuese  identificado,  la  situación  de  indefensión  en  que se encontraba la sujeto  pasivo,  que  hacía  innecesaria  la violencia ejercida y el haber advertido la  presencia de signos inequívocos de asfixia en la víctima.   

                               4.7.   El  desistimiento  para que sea jurídicamente trascendente, debe ser, como antes se  dijo,  oportuno  y  eficaz,  esto  es, que pueda impedir la efectiva lesión del  bien   jurídicamente   tutelado,   alcance   que   en  este  caso  no  tuvo  el  arrepentimiento  tardío  del  procesado,  que  quiso revertir los efectos de su  conducta  cuando  ya estaba eliminada la vida de Laura  Arcelia Roa Escobar.   

                               

                                                4.8. Para el desencadenamiento del proceso  mortal  no  concurrió  un suceso distinto al obrar del procesado, puesto que el  desplazamiento  de  la  protesis dental fue provocado por su propia conducta. El  descenlace,   pues,   de  ninguna  manera  puede  considerarse  como  un  evento  extraordinario,   imposible   de  prever,  por  el  contrario,  previsible  como  probable,  por  lo tanto, el  caso  fortuito que plantea el recurreentre constituye una hipótesis inadmisible  en este caso.   

                                                        4.9.  El dolo de homicidio no lo dedujo el  Tribunal  del  comportamiento constitutivo del hurto calificado y agravado, como  se  infiere del análisis que acaba de hacerse, por lo que resulta equivocada la  deducción  que  en  ese  sentido  le  atribuye  el  recurrente  al ad quem.    

                                                        4.10. El demandante presentó los hechos y  las  pruebas  conforme  a sus propias inferencias, reduciendo la rebeldía a una  simple  disparidad  de  criterios con el juzgador, como lo evidencia el concepto  del Procurador Delegado y que la Sala comparte.   

                           El cargo por  lo tanto no prospera.   

                                 Casación  oficiosa.   

               La  Sala  observa  que  la  pena  accesoria  de  interdicción  de  derechos y funciones públicas, hoy denominada  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas, impuesta a  JOSÉ  WLADIMIR  OSORIO  ROA,  fue  tasada  en  la  sentencia  de  primera  instancia en 26 años y 2 meses. El  Tribunal  al  resolver  el  recurso de apelación contra la sentencia de primera  instancia,  omitió  pronunciarse  respecto  de  la  pena  accesoria, la que por  mandato  de  los artículos 44 y 52 del Decreto 100 de 1980, en concordancia con  el  artículo  3° de la Ley 365 de 1997, debe ser igual a la pena principal sin  exceder  de  diez  años,  razón  por  la  cual  se  quebrantó el principio de  legalidad,    consagrado    en    el    artículo   29   de   la   Constitución  Política.   

          La  Sala, haciendo uso de las facultades  conferidas  por  los  artículos  216  y  217  de  la  Ley 600 de 2000, acoge la  petición  de  la  Delegada,  en  el sentido de casar oficiosamente la sentencia  para  retornar  las cosas a su ámbito de legalidad, ajustando la pena accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas impuesta  a  JOSÉ WLADIMIR OSORIO ROA a  un lapso igual a 10 años.   

            

                              Los demás  aspectos  que fueron objeto de declaración en la sentencia de primera y segunda  instancia se mantienen incólumes.   

                                Precisión final.   

La  Sala  ha venido señalando que el ajuste  punitivo  que  pudiere  derivarse  de  la  aplicación  por favorabilidad de los  preceptos  de  la  ley  599 de 2000, debe ser considerado por el correspondiente  Juez  de  Ejecución  de  Penas y Medidas de Seguridad (artículo 79-7 L. 600 de  2000).   

La  presente  providencia  no admite recurso  alguno  y  como  no  sustituye  la  sentencia  recurrida,  de conformidad con el  artículo  187  del  actual  código  de  procedimiento penal (197 del anterior)  queda  ejecutoriada  el  día  en que la suscriban los magistrados de la Sala de  Casación Penal.   

                                               En  mérito  de lo expuesto la Corte Suprema de Justicia, en Sala de  Casación  Penal,  administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la Ley,   

                                                      RESUELVE   

                               

                            1. Desestimar  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  JOSÉ  WLADIMIR  OSORIO  ROA  contra  la sentencia impugnada, de fecha, origen y contenido consignados en esta  providencia.   

                                 2.      De      oficio     casar  parcialmente la sentencia proferida el 14 de noviembre  de  2002  por  el  Tribunal Superior de Ibagué, en el  sentido   de   imponer   a   JOSÉ   WLADIMIR  OSORIO  ROA  una  pena accesoria de  inhabilitación  de  derechos  y funciones públicas de 10 años, conforme a los  expuesto en la parte motiva.   

                      

                                 Cópiese,  notifíquese, cúmplase y devuélvase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

                                  

SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ                                                                    ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO                                     

EDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                                            ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

                                                                 Comisión de servicio   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                                   JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                        MAURO  SOLARTE PORTILLA   

               TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                                                             Secretaria   

         

    

1  Teoría  Jurídica  del Delito. GÓMEZ BENÍTEZ José  Manuel. Ed, Civitas.  Ps.  Ps.  209  y  ss.  Manuel  de Derecho Penal.  BUSTOS RAMÍREZ Juan. Ed.  Ariel.  Ps.  181 y ss .Considera la problemática del dolo eventual propia del a  política  criminal,  más  que de la dogmática penal. Manual de Derecho Penal.  VELÁSQUEZ C. Fernando. Ed. Temis . p.288   

2  Diccionario  de  Filosofía.  J.  FERRATER  MORA. Ed. Ariel. Tomo 3. ps. 2.848 a  2.913.     

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