20836(19-05-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20836   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 043.  

         

Bogotá D.C., mayo diecinueve (19) de dos mil  cuatro (2004)   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  FRANCISCO   ROMERO  TORRES,  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de  Cundinamarca  el  5  de  diciembre  de 2002, mediante la cual confirmó el fallo  dictado  por  el  Juzgado  Penal del Circuito de Gachetá el 4 de septiembre del  mismo  año,  por  cuyo  medio lo condenó como autor penalmente responsable del  concurso  de  delitos  de  homicidio  agravado en Marco  Aurelio  Romero  Rodríguez y porte ilegal de armas de  fuego de defensa personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Aproximadamente a las 6:30 de la tarde del 8  de  abril  de  2001, en un expendio de bebidas embriagantes ubicado en el sector  de  Paso  Hondo,  Vereda  la  Trinidad  del  Municipio de Guasca (Cundinamarca),  Marco    Aurelio    Romero    Rodríguez,  quien  se  encontraba ingiriendo una cerveza, fue agredido por un  individuo  que  lo  hirió  por  la  espalda con proyectiles de arma de fuego, a  causa de lo cual se produjo su deceso.   

El  homicida  huyó en dirección a Guasca y  posteriormente    se    estableció    que    se    trataba    de   FRANCISCO  ROMERO  TORRES,  con  quien  la  víctima  había tenido una discusión en un vehículo de transporte público el  mismo día de los sucesos.   

          La  Fiscalía  Seccional  de Gacheta (Cundinamarca) declaró abierta  la  instrucción  el  26  de abril de 2001, en cuyo desarrollo vinculó mediante  indagatoria   a  FRANCISCO  ROMERO  TORRES,  resolviendo  su  situación jurídica con medida de aseguramiento  de  detención  preventiva sin derecho a libertad provisional como posible autor  de los delitos de homicidio y porte ilegal de armas de fuego.   

Cerrada  la  instrucción,  el  sumario  fue  calificado  el  22  de noviembre de 2001 con resolución de acusación en contra  del  procesado  ROMERO TORRES,  como  presunto  autor  del  concurso  de  delitos  de homicidio agravado y porte  ilegal  de  armas de fuego de defensa personal. Esta decisión fue impugnada por  el   incriminado,   y  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca   la   confirmó   mediante   providencia   del   4   de  marzo  de  2002.   

          La  fase  del  juicio correspondió adelantarla al Juzgado Penal del  Circuito  de Gachetá, despacho que una vez surtido el rito pertinente profirió  fallo  el  4  de  septiembre  de  2002,  por  cuyo  medio condenó a   FRANCISCO  ROMERO  TORRES,  a  la  pena  principal  de  veinticinco  (25)  años  y  seis  (6)  meses  de  prisión, a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo tiempo, y al pago de la correspondiente indemnización  de  perjuicios  como  autor penalmente responsable de los delitos por los cuales  fue acusado.   

La  decisión  anterior fue impugnada por el  asesor  técnico  del  sindicado,  y  el  Tribunal  Superior  de Cundinamarca la  confirmó  mediante  sentencia  del  5  de  diciembre  de 2002, la cual es ahora  objeto de impugnación extraordinaria.   

LA DEMANDA  

El  defensor  postula  un  cargo  único por  violación     indirecta     de     la     ley    sustancial,    “PARTICULARMENTE   POR   CONSIGNARSE   EN   ESTAS   PROVIDENCIAS  UNA  APLICACIÓN  INDEBIDA  DEL  ARTICULO  103  Y  104 DEL CODIGO PENAL Y A SU VEZ LA  FALTA  DE APLICACIÓN DEL ARTICULO 7º DEL CODIGO DE PROCEDIMIENTO PENAL Y 29 DE  LA  CONSTITUCION  POLITICA,  A LO QUE SE LLEGO POR ERROR DE HECHO CONSISTENTE EN  FALSO  JUICIO  DE  IDENTIDAD  EN LA APRECIACIÓN DE VARIOS TESTIMONIOS, ERROR EN  CUYA  AUSENCIA  SE HUBIERA PRODUCIDO UNA SENTENCIA ABSOLUTORIA EN RECONOCIMIENTO  DE LA DUDA PROBATORIA”.   

          Para    desarrollar    el    cargo   señala   que   “dentro  del  proceso  el sindicado fue identificado por los testigos  señores  JOSE  ANGEL  ROMERO RODRIGUEZ (fl. 23. c.c.) viajaba con el hoy occiso  en  la  colectiva  y  se  dio cuenta del altercado mientras viajaban pero no del  omicida  (sic). CARLOS JULIO  PEDRAZA   RIVERA   (fl.   39   c.c.)  ‘este  señor  se  tapaba  así  bien  la  cara  con  la  ruana  y la  cachucha…  corrimos  con  el  fin  de  verle  la cara pero entonces como a una  cuadra   un  amigo  nos  llevó  a  desistir  de  la  persecusión  (sic)    y   yo   entonces   me   quedé  ahí’.  GUILLERMO  JOSE  BELTRAN   ULLOA   (fl.   69   c.c.),   lo   identificó   como  la  persona  que  tubo  (sic) discusiones en la  colectiva  con  el hoy occiso y con otras persona, pero no existe persona alguna  que  haya  identificado verdaderamente y claramente al autor del homicidio en la  persona   de  MARCO  AURELIO  ROMERO  RODRIGUEZ,  se  condena  sin  tener  plena  identificación  del  autor  material  del  homicidio, ya que tanto CARLOS JULIO  PEDRAZA  RIVERA,  como  la testigo GLORIA INES PEÑA ROZO, en ningún momento le  vieron  el  rostro  o  la  cara  al victimario. Caso en que no pueden dar fe del  verdadero  autor del homicidio en cuestión, inculpando a mi prohijado porque le  encuentran parecido con alguien”.   

Y agrega que “los  testigos  PEDRAZA  RIVERA  Y ROMERO RODRIGUEZ lo identifican en cuanto a que era  el  mismo  de  la  hoja  de  vida  recaudada en la florieteria (sic)  y el que viajaba en la colectiva no  más”.   

          Finalmente  expone  que  “no  se  logró  desvirtuar  la  presunción de inocencia que cubre a todo ciudadano contenida en  el  artículo  7º del Código de Procedimiento Penal y en el artículo 29 de la  Constitución  Nacional;  No se probó que fuera la misma persona el sindicado y  el   homicida”,   y   por   tanto,  “es  evidente que se esta (sic) lesionando  las  garantías  fundamentales de rango constitucional y  legal”.   

Con  base  en  lo  anterior, el casacionista  solicita  a  la  Corte  casar  el  fallo  atacado  y  en  su  lugar  proferir la  correspondiente  “sentencia de reemplazo”,  destacando  que  no  discute  la comisión del delito de porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Sin mayor dificultad encuentra la Sala que si  bien  el  censor  postula  el  reproche  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  por falso juicio de identidad, no emprende la  demostración del cargo de conformidad con tal planteamiento.   

En  efecto, le correspondía al casacionista  expresar  mediante  el  cotejo  objetivo de lo dicho en el medio probatorio y lo  asumido  en  el  fallo,  qué aparte de las pruebas fue omitido o añadido, qué  efectos  se  produjeron  a  partir  de  ello,  y lo más importante, cuál es la  trascendencia  del  yerro  en  la declaración de justicia contenida en la parte  resolutiva  de  la sentencia atacada, tópico que no puede ser demostrado con la  exposición  subjetiva  del  criterio  del impugnante, pues menester resulta que  materialmente  acredite  que  el  error condujo a la falta de aplicación o a la  aplicación  indebida  de  la ley sustancial en el fallo, esto es, que corregido  el  yerro,  la  prueba  debidamente valorada en conjunto con las demás modifica  sustancialmente el sentido de la decisión reprochada.   

          Como  puede  observarse,  el  censor  no  refiere  de  manera alguna  apartes  de  las pruebas que hayan sido cercenados, adicionados o tergiversados,  pues  en  manifiesto  quebranto  de  la técnica casacional pretende mediante la  crítica   vaga   e  imprecisa  del  recaudo  probatorio,  imponer  su  personal  valoración  de  las  pruebas,  desconociendo  la  dual presunción de acierto y  legalidad  del  fallo  atacado,  proceder inadmisible en este medio impugnaticio  extraordinario,  instituido  para denunciar y acreditar errores trascendentes de  los  funcionarios  judiciales  que  pudieron  haber  afectado  garantías de los  sujetos  procesales,  vulnerando directa o indirectamente normas sustanciales, o  desconociendo    las    bases    fundamentales   de   la   instrucción   o   el  juzgamiento.   

          Aunque  el  impugnante  señala  que  fue  violado  el  derecho a la  presunción  de  inocencia  de  su  defendido,  no  desarrolla labor alguna para  demostrarlo,  pues  se  limita  a  anunciarlo  y a citar las normas del estatuto  procesal  penal  y de la Carta Política que lo reconocen, circunstancia que una  vez  más  impide  a  la  Sala conocer sus argumentos y a la postre conduce a la  inadmisión del libelo.   

También  se  tiene que si el propósito del  casacionista   era   censurar   que   no   fue   reconocida   la  existencia  de  “duda  probatoria”,  no  bastaba  con  señalar  la causal primera de casación, cuerpo segundo, pues era  necesario  que  precisara  si se trató de un error de hecho por falso juicio de  existencia,  falso  juicio  de  identidad  o  falso raciocinio, o de un error de  derecho  por  falso  juicio de convicción o falso juicio de legalidad, cometido  que de ninguna manera asumió.   

Finalmente  es  necesario puntualizar que la  denuncia   de   vulneración   de  garantías  del  procesado  debía  el  actor  plantearlas  al  amparo  de  la  causal tercera de casación, asumiendo la carga  demostrativa  propia  de  tal reproche, actividad que únicamente enunció, pero  no desarrolló de manera alguna.   

Se trata de un escrito que ni siquiera puede  llamarse  con  un  cierto sentido de verdad alegato de instancia, en el cual, de  manera  descuidada,  imprecisa y desordenada se postula un solo cargo, pero bajo  su  égida,  sin  distinción  alguna, se invocan otros motivos de inconformidad  que   debían  ser  presentados  en  capítulos  separados  e  identificando  el  principal   de   los   subsidiarios,   los  cuales  tampoco  son  desarrollados,  incorrecciones  que  denotan  gravísimas  falencias  contrarias  no  solo  a la  técnica  sino  a la seriedad, cuidado y diligencia propios de este recurso, que  no en vano tiene el carácter de extraordinario.   

Lo expuesto constituye razón suficiente para  considerar  que  la  demanda  carece  de mérito para estudiarla de fondo, y por  ello   no  queda  camino  diverso  a  seguir  que  su  inadmisión,  que  es  la  consecuencia  procesal  establecida  para  estas situaciones en el artículo 213  del Código de Procedimiento Penal.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   FRANCISCO  ROMERO  TORRES, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

Comisión de servicio  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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