20802(12-08-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20802  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 92  

         Bogotá,  D.  C.,  doce  (12)   de  agosto  del  dos  mil tres  (2003).   

VISTOS  

         Mediante sentencia del 3 de octubre del  2000,  el  Juzgado  16  Penal  del  Circuito  de Bogotá declaró a los señores  Pedro Antonio Cano Manrique  e    Hipólito   Rodríguez   Rodríguez  penalmente  responsables, como coautores, del concurso de delitos  de  homicidio  agravado  y  porte  de  armas  de defensa personal. Les impuso la  sanción  principal  de  48  años  y  6  meses  de  prisión;  la  accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  10; la obligación de  indemnizar   los   perjuicios   y   les   negó   la   condena   de   ejecución  condicional.   

         El  fallo  fue apelado y confirmado por el Tribunal Superior, el 26  de  julio del 2002, previa redosificación de la pena principal, que dejó en 33  años y 6 meses de prisión.   

         El   apoderado  de  Pedro  Antonio  Cano  Manrique acudió a la casación, que se concedió. La  Sala   se   pronuncia  sobre  los  presupuestos  formales  de  la  sustentación  presentada.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         Aproximadamente  a  las  7  de la noche del 4 de junio de 1998, dos  hombres  irrumpieron  en  la  casa de la calle 64 sur número 61-84 de Bogotá y  anunciaron  que  se  trataba  de  un asalto. Ante los gritos de la niña Íngrid  Vanessa  Pacheco,  se  hicieron  presentes  José  del  Carmen  Salguero y José  Adalver  Salguero  Alfonso.  Los  agresores  dispararon  en  contra  de  los dos  últimos,  ocasionando  su deceso, y emprendieron la fuga en compañía de otros  individuos  que  los  esperaban;  entre  ellos,  uno  que  iba  al  mando de una  motocicleta.   

         Varios  miembros  de  la  Policía  que  patrullaban  el sector, al  escuchar  los  disparos,  se  hicieron presentes y localizaron el vehículo, que  era  ocupado  por  dos personas, quienes no acataron la orden de “pare” y se  cayeron,    pero    continuaron    corriendo.    Uno   de   ellos   –Pedro        Antonio       Cano  Manrique-  arrojó  un  revólver  al  suelo  y  fue  aprehendido,  sin  que  se  lograra  lo  propio  con  el  segundo. Otros agentes  capturaron   a   Eddy   Mosquera  Blanco      e      Hipólito     Rodríguez  Rodríguez,  quienes igualmente huían. Los detenidos  fueron   señalados   por   Íngrid  Vanessa  Pacheco  como  partícipes  en  el  hecho.   

         Adelantada  la  correspondiente investigación, el 1° de diciembre  de   1998   se   acusó   a   Hipólito   Rodríguez  Rodríguez   y   a  Pedro  Antonio  Cano  Manrique como coautores del concurso de  delitos   de   homicidio  y  porte  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal.  Eddy  Mosquera  Blanco fue  favorecido  con  preclusión.  La  decisión fue recurrida y ratificada, el 3 de  febrero    de    1999,    por   la   Fiscalía   Delegada   ante   el   Tribunal  Superior.   

         Proferidas  las  sentencias  de  primera  y  segunda instancias, se  acudió a la casación.   

LA DEMANDA  

         El       apoderado      de      Cano  Manrique   formuló   un   cargo,  con  base  en  la  causal    primera,   cuerpo   segundo:   violación  indirecta   del   artículo   238   del  Código  de  Procedimiento  Penal,  producto  de  un error de hecho  por     falso     raciocinio.    Lo    desarrolló  así:   

         a)  Respecto  del  testimonio  de  Íngrid  Vanessa  Pacheco, “la  prueba  reina”  de  cargo,  hubo  ausencia  de crítica, no se verificaron sus  afirmaciones,  no  se  permitió  su  controversia  porque  fue escuchada sin la  presencia  de  la  defensa,  fue sobrevalorado, no se cuestionaron sus inusuales  lenguaje  (empleó  la  palabra  “sujetos”), conocimiento de armas (dijo que  los   agresores   usaron  “revólveres”)  y  riqueza  descriptiva  (detalló  personas,  prendas  y  motocicleta),  hechos  indicativos de que su versión fue  preparada.   

         b)  La  declaración  de  la  niña  contradijo  los postulados del  sentido  común  y  la  experiencia,  en  cuanto  dijo que, previo al hecho, los  agresores  se  sentaron frente a la casa, y los delincuentes no actúan así, no  se  ponen  en  evidencia.  También se infringieron la ciencia y otros medios de  prueba,  porque  afirmó  que el vehículo era rojo y su asiento negro, en tanto  que  la  escasa  visibilidad  le impedía percatarse de esos detalles. Lo propio  sucedió  con  las leyes de la física, pues dijo que la policía se presentó a  los  5 minutos y capturó a los sindicados, y resultaba imposible que la moto se  encontrara   allí,   porque   a   máxima  velocidad  debía  estar  lejos  del  sitio.   

         c)  No  se  tuvieron  en cuenta estudios sobre el testimonio de los  niños,  que  indican  que al menos en un 40% sus declaraciones son equivocadas.  Tampoco,  que  el  dicho de la menor fue infirmado por la fiscalía, al precluir  en  favor  de Eddy Blanco, a  pesar  de que ella lo señaló. El Ad quem  desconoció  la  nulidad  del  reconocimiento que Íngrid Vanessa  hizo de los detenidos en la Estación de Policía.   

         Así,  no quedaba opción diversa a desechar esa prueba, y como los  restantes  elementos  de juicio no proporcionaban certeza de responsabilidad, se  imponía    la    absolución    ante    la    duda  existente, lo que pidió haga la Corte.   

CONSIDERACIONES  

         1.  El  artículo  213  del Código de Procedimiento Penal dice que  “Si  el demandante carece de interés o la demanda no reúne los requisitos se  inadmitirá y se devolverá el expediente al despacho de origen”.   

         La  Sala  resolverá  en  esos  términos, por cuanto el escrito no  cumplió  con  la  exigencia  técnica  del  artículo  212-3,  esto  es,  la de  presentar  “La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas que el  demandante estime infringidas”.   

         2.  El  censor  acudió  al  apartado segundo de la causal primera,  acusando  al  Tribunal  de infringir, de manera indirecta, la ley sustancial. No  obstante,     no     precisó     norma     sustantiva    alguna    objeto    de  vulneración.   

         Tampoco   relacionó   aquellas  que  ordenan  resolver  las  dudas  insalvables  en  favor  del  sujeto  pasivo  de  la acción penal, a pesar de su  argumento sobre la existencia de incertidumbre probatoria.   

         3.   No   concretó   la  equivocación,  sino  que  manifestó  su  inconformidad   con   la   eficacia  concedida  al  relato  de  la  testigo  que  –dijo-  se  tuvo  como  ”prueba reina”.   

         Las  propias  palabras  del  casacionista  desvirtúan  esta última postura: reseñó y estimó otros elementos de juicio,  como  el  informe  policivo y la declaración de un agente, que dieron cuenta de  la  captura en flagrancia del procesado, quien huía en la motocicleta y arrojó  el  arma  de  fuego.  Así,  el mismo actor puso de presente que la decisión de  condena   no   se   fundamentó  exclusivamente  en  el  único  testimonio  que  cuestionó.   

         4.  Lo  que  hizo  el  demandante  fue  contraponer  su  personal y  subjetiva  forma  de  valorar las pruebas, a la del juzgador, con la aspiración  de  que  la  Sala  se  convierta  en una tercera instancia y reabra un debate ya  superado.   

         5.  Cuando  se invoca lesión a los postulados de la sana crítica,  es  carga  de  quien  lo  hace  concretar  cuál  de sus componentes -las reglas  lógicas,  las máximas de la experiencia o los aportes científicos- fue dejado  de  lado  por  el  juzgador. También las reglas, las máximas o los aportes que  eran aplicables. Con nada de esto cumplió el impugnante.   

         6.  Bajo  el  título  de  “Ausencia  de valoración crítica del  testimonio”,   el  censor  presentó  una  queja  relativa  a  que  no se  permitió  su  controversia,  lo  que  dice  relación  con el motivo tercero de  casación,  nulidad  -en  cuanto  se  impidió  la  defensa-, y no con el errado  raciocinio.   

         7.  Lo que pretendió presentar como faltas a las normas de la sana  crítica,  sólo  son  enunciados  relativos a que el relato de la testigo se ha  debido  apreciar con cuidado, por su minoría de edad, por sus vínculos con las  víctimas,  por  su  inusual lenguaje -empleó la palabra “sujeto” (?)-, por  su    conocimiento    de    armas    –dijo   que  se  usaron  revólveres  (?)-  y  por  la  descripción  detallada que hizo de personas, prendas y motocicleta.   

         Esas   menciones,  que  ni  siquiera  constituyen  una  valoración  racional,  sino  simples  especulaciones, en modo alguno cumplen el cometido que  le  correspondía  probar:  el  irrespeto  a  las reglas de la sana crítica. No  señaló,  menos comprobó, que un postulado genérico, de conocimiento público  y  de  uso  común  por  el conglomerado, se afectara en el proceso de análisis  judicial.   

         8.  Cuando  el  casacionista anunció oposición a las “reglas de  la  experiencia,  de  la  ciencia,  de  la física y de estudios serios sobre el  testimonio  de  los niños”, de nuevo presentó su personal inteligencia sobre  la  declaración  censurada. No nominó ni demostró las normas de la práctica,  ni  las  leyes  científicas y físicas objeto de infracción. En lo relacionado  con   los  “estudios  serios”,  hizo  alusión  a  un  autor  nacional,  sin  especificar  de  dónde  tomó  la  referencia ni las bases de sus conclusiones.  Tampoco relacionó los apartes de los fallos afectados de yerros.   

         9.  No  se  puede  considerar  como  regla  de sana crítica que un  delegado  de  la  fiscalía hubiese precluido la instrucción en favor de uno de  los  procesados, como que la libertad de apreciación de los elementos de juicio  comporta,  entre otras cosas, que -para dictar sentencia- al juez no lo vinculan  ese tipo de decisiones.   

         10.  La queja sobre la nulidad de una diligencia de reconocimiento,  no   se   relaciona   con  el  falso  raciocinio  formulado  y  que  debía  ser  demostrado.   

         11.  EL  apoderado  hizo  una  reseña  de  diversas  pruebas  que,  conforme  con  su  posición,  favorecían  al acusado. Pero no aclaró si estas  fueron  o  no  apreciadas por el Tribunal y si, en caso de que lo hubiera hecho,  se trataba de una  realización equivocada.   

         En  consecuencia, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,   

RESUELVE  

         

         Inadmitir la demanda de casación presentada.   

         Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

          Notifíquese y cúmplase   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS   

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS  A.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN              MARINA  PULIDO DE BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

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