20747(03-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20747   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 98  

Bogotá,  D.C, tres de septiembre de dos mil  tres.   

V   I   S   T   O   S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la demanda de casación que por la vía excepcional ha presentado el  defensor  del  procesado  RUBILO  GERARDO MUÑOZ ÑAÑEZ, contra la sentencia de  segundo  grado  de  fecha  noviembre  18  de  2002,  por  cuyo medio el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Popayán  confirmó parcialmente el fallo  proferido  por el Juzgado Tercero Penal del Circuito de la misma ciudad el 18 de  julio  de  2002,  dejando en firme la condena impuesta al procesado en cita tras  hallarlo  autor  responsable del doble delito de fraude procesal, por el cual se  le  fijó  una  pena  principal  de  13  meses  de  prisión,  revocando la  impuesta    por    el    concurso   de   delitos   de   estafa   en   grado   de  tentativa.   

LA  DEMANDA   

          En     un    primer    capítulo    que    titula    “presupuestos   especiales   para   la  viabilidad  de  la  casación  excepcional”,  el  defensor  del  procesado  MUÑOZ  ÑAÑEZ  dice  acudir  a  las  dos  razones  establecidas  en  el inciso 3º del  artículo  205  del  Código de Procedimiento Penal para la procedibilidad de la  casación   por   esta   vía   excepcional,   que   sustenta  de  la  siguiente  manera:   

          En  cuanto  hace  con  el  desarrollo de la  jurisprudencia,  estima  necesario  que  la  Corte  se  pronuncie  sobre  el  tema  no suficientemente aclarado del concurso aparente de  tipos  y  concretamente  si el uso natural de un documento privado presuntamente  falso  en  una  acción  judicial como recaudo ejecutivo, puede generar concurso  real  entre  falsedad documental y fraude procesal, o si se trata de un concurso  aparente.   

          Aunque  existen  algunos  pronunciamientos  sobre  este  específico  tema,  los  mismos  no  son numerosos ni recientes, haciéndose necesario que la  Corte  actualice  sus conceptos sobre el punto para dinamizar la jurisprudencia,  máxime    cuando    doctrinariamente    se   dan   soluciones   disímiles   al  caso.   

          En  cuanto  a  la garantía de los derechos  fundamentales,  sostiene  que  la  sentencia impugnada  vulnera  el  debido  proceso,  porque  al pronunciarse sobre el delito de fraude  procesal   omitió   cualquier   motivación   tendiente  a  demostrar  su  real  ocurrencia,  pasando  por  alto  los  alegatos que sobre la materia presentó la  defensa.   

          Asumiendo  el  aspecto  formal  de  la  demanda, formula tres cargos  contra  la sentencia impugnada, los dos primeros al amparo de la causal primera,  y,  el  último  al  amparo  de  la tercera, cuyo sustento puede resumirse de la  siguiente manera:   

          Primer y segundo cargo   

            La  sentencia  es  violatoria de la ley sustancial por aplicación  indebida del artículo 182 del Código Penal de 1980.   

          Como  lo ha sostenido en el curso del proceso y lo reitera ahora, en  el  presente  caso no se tipificó el delito de fraude procesal, pues el uso que  su  representado  le  dio  a  los  dos  títulos  valores falsos (el pagaré por  $4.000.000  y  el  cheque  No.  7280952  por  $2.000.000) fue el “indicado  o  normal”, al utilizarse para  instaurar  una acción civil en procura de satisfacer las presuntas obligaciones  económicas,  constituyéndose  en  el  medio para obtener un provecho ilícito.   

          No  obstante,  los  Fiscales  del caso consideraron viable dar a ese  comportamiento  una  doble  significación  jurídica  optando por considerar el  concurso  entre  la falsedad y el fraude procesal, y ante la prescripción de la  primera  entidad  delictual  sobrevivió  la  segunda,  la  que a su vez se hizo  concursar con un delito de estafa en grado de tentativa.   

          Tal  aserto,  agrega,  no  puede  aceptarse  porque  es un imposible  jurídico  pretender  que coexistan dos fraudes cuando la falsedad fue el único  medio  fraudulento desarrollado con la finalidad plasmada en la norma, no siendo  factible incriminar doblemente una misma conducta.   

          La  posición  insistente de la defensa se deriva de la observación  de  que  en  el  uso  de  los  documentos  falsos no se perfila acción alguna o  aditamento adicional que sirva para edificar el fraude procesal.   

          Y  si  se  asumiera  que  se dio un concurso aparente de tipos, debe  acudirse  a  los  principios que regulan su solución para aceptar que el delito  prevalente  es  el  de la falsedad, ya se opte por aplicar la subsidiaridad o la  consunción,  solución  que  incluso  fue  aceptada por uno de los Fiscales que  instruyó  el  caso,  pero  al  observar  que  las  falsedades habían prescrito  decidió  afirmar  que  continuaba  vigente  el  fraude,  conceptualización que  rigió el proceso.   

            Los  comportamientos  falsarios  del  procesado  MUÑOZ ÑAÑEZ se  consumaron  cuando acudiendo a la vía judicial hizo uso de dos títulos valores  aparentemente  emitidos  por  Mauricio  Urrutia  Flecher.  Entonces,  agrega, la  adecuación  típica  de  la  conducta  tiene  entidad  desde  ese  momento y en  atención  a  que  no  hubo  otro  despliegue  del procesado, no se vislumbra la  posibilidad  de  adjuntarle  el  fraude  a  la  falsedad,  como  mal lo hicieron  fiscales y juzgadores de instancia.   

          Si  en  gracia  de discusión se aceptara la coexistencia del fraude  procesal,  prescritas  las  falsedades, la misma suerte debió correr el fraude,  pues    desaparecido    el    delito   principal,   también   desaparecía   el  subsidiario.   

          Pero  si  lo  pretendido  en  la  acusación  y las sentencias es la  existencia  de  un  concurso real entre falsedad y fraude procesal, recuerda que  la doctrina dominante niega esa posibilidad.   

          Bajo    lo    que    titula    “segundo  cargo”,  dice  plantear  como  complemento del cargo  precedente  la  falta  de  aplicación  de  las  normas  que han debido guiar al  Tribunal  en  su  decisión, así los artículos 2º, 36, 247 y 445 del anterior  Código  de  Procedimiento Penal, dispositivos que de haber sido observados para  resolver  el  caso  habrían  permitido  al  Tribunal  optar  por  un  fallo  de  absolución, ante la inexistencia del delito de fraude procesal.   

          Finaliza  solicitando  que  se  case  la  sentencia y se dicte la de  sustitución que lógicamente debe ser absolutoria.   

          Tercer cargo   

          Invocando  la  causal  tercera,  acusa  la  sentencia  recurrida  de  haberse  dictado  en  un  juicio  viciado  de  nulidad, el que dice propone como  subsidiario  porque  para  su  representado  tiene  un  mayor significado el ser  absuelto que favorecido con una nulidad del proceso.   

          En  orden a la fundamentación del reproche alega que las sentencias  de  primera  y  segunda  instancia no tuvieron una debida motivación, porque en  ellas no se dio respuesta a las argumentaciones de la defensa.   

          La  falta  de motivación partió desde la resolución de acusación  y  en  la  argumentación traída en la sentencia de primera instancia, que cita  textualmente,   no  se  expresa  una  debida  contestación  a  las  inquietudes  planteadas,   sino   que   da   por   establecido   el   fraude  “sin   examinar   la   existencia  procesal,  ni  tomar  una  postura  inteligente  frente  a  las lucubraciones de quien representaba los intereses de  RUBILO GERARDO MUÑOZ ÑAÑEZ”.   

        En  igual  omisión  incurre el Tribunal, pues a pesar de descartar la prescripción  del  fraude procesal, no se discierne con razón sobre la real existencia de esa  ilicitud,  ni menos se hace mención de los reproches de la defensa, consignados  en el escrito de impugnación.   

             La  omisión  demandada contradice frontalmente el artículo  29  de  la  Carta Política y los artículos 13, inciso 2º y 232 del Código de  Procedimiento Penal y afecta el derecho de defensa.   

          Concluye  el  cargo  solicitando  que  se  declare  la nulidad de la  actuación  surtida  a partir de la resolución de acusación del 11 de enero de  2000,   y   consecuentemente   se   declare   la  prescripción  de  la  acción  penal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         De  cara  al primer planteamiento ofrecido por el censor como razón  del  recurso de casación por la vía discrecional, fundamentado en la necesidad  de  un  pronunciamiento  de la Sala sobre el concurso  “aparente” de tipos que  se  presenta  entre  la  falsedad  documental y el fraude procesal, bastará con  responder  que  el  tema  propuesto  ha  sido  claramente  desarrollado  por  la  jurisprudencia  de  esta Corte, sin que la supuesta falta de precisión sobre el  matiz  que interesa al impugnante de cabida a inferir que hay algún aspecto que  en  concreto  reste por desarrollar en ese campo. Así, por ejemplo, en el fallo  de  casación  de  enero  28  de 1999, con ponencia del Magistrado Edgar Lombana  Trujillo, dijo la Sala:   

“La razón por  la  cual  esa  hipótesis  pierde toda consistencia, se encuentra en el hecho de  que  el  fenómeno del aparente concurso de tipos penales parte de una unidad de  acción  que se ajusta a varias descripciones típicas de las cuales una sola de  ellas  le es aplicable, a condición de que se cumplan las otras exigencias como  son,  que  esa  acción  tenga  una  única  finalidad  y que lesione o ponga en  peligro  un  solo  bien  jurídico.  En este caso, aún cuando la libelista solo  alude  a  la  falsificación de la letra de cambio y su utilización cumplida en  el  proceso  de  ejecución,  es  evidente que ese no fue el único hecho por el  cual  su  protegido  fue  condenado  por  los  delitos  de falsedad en documento  privado  y  fraude  procesal,  y de esa manera, ante una pluralidad de acciones,  desaparece  el  supuesto básico que permitiría pensar en la tesis del aparente  concurso  de  tipos,  por  cuanto,  frente a varias acciones, es evidente que se  produzca la adecuación a diversas descripciones típicas.   

“Por  lo  demás,  bajo  la  concepción  expuesta  en  el  libelo, tampoco se dan los restantes elementos que concurren a  estructurar  el  fenómeno  de  interpretación  legal  denominado,  entre otras  nominaciones,  como  aparente  concurso  de tipos, pues en la falsificación del  título  valor  se advierte la finalidad de crear una obligación inexistente; y  en    su   cobro   judicial,   el   objetivo   era   engañar   al   funcionario  judicial.   

“Así  mismo,  se observa que el proceder  del  implicado significó la vulneración de dos bienes jurídicos distintos; el  primero  el  de la fe pública, por cuanto resultó traicionada la confiabilidad  del  conglomerado  social sobre la veracidad con que son extendidos los títulos  valores;  y  a la vez se lesionó a la administración de justicia, en la medida  en  que  se  le  condujo a declarar una verdad procesal distante de la realidad,  rompiendo  los principios de verdad, equidad y justicia que a través de ella se  garantizan.   

“Finalmente,  se  debe  reiterar  que  la  alocución  “uso” que el artículo 221 del Código Penal impone como segundo  acto  que  estructura  la  falsedad  de  documento privado, no alude a cualquier  empleo   que  se  pueda  dar  al  escrito  alterado,  sino  estrictamente  a  la  utilización  que  le  es  propia. La letra de cambio es un título valor y como  tal,  constituye  la  prueba  de existencia de una obligación; por tanto, está  destinado  a  ser  intercambiado  por el valor que representa a su presentación  ante  el  legítimo  tenedor, sea que se trate de su girador o de un tercero que  lo haya adquirido en cualquier negociación.   

“Eso  significa  que cuando, como en este  caso,  se  presenta  el  título  para  su cobro judicial se le está justamente  dando  el  uso  inherente  a  su  naturaleza  (uso  jurídico)  y  que  describe  típicamente   el   artículo  221  citado,  de  donde  no  queda  duda  que  la  falsificación  de la letra de cambio y su utilización para promover un proceso  de  ejecución, involucra dos acciones jurídicamente relevantes para el derecho  penal”.   

                   Cuando   la   impugnación  extraordinaria  se  concreta  por  vía  excepcional  para  el  desarrollo de la  jurispru­dencia, no basta  con  que  el  impugnante advierta que a su juicio se requiere retomar un tema en  búsqueda  de precisión, ampliación o ratificación de los criterios, sino que  el  esfuerzo  debe  concentrarse  en señalar ante todo los aspectos errátiles,  oscuros  o  carentes  de  un  debido  desarrollo, cuando no las consecuencias de  agravio  o  de  injusticia que una interpretación primera haya podido suscitar,  todo  lo  cual  implica  la  necesidad  de  indicar  con  toda clari­dad  y  precisión en qué consiste el  pronunciamiento o las variaciones a las cuales se aspira.   

                     Como  el  demandante  en  este  caso  apenas  se  ocupa  de  señalar  su posición que no  confronta  con  la decantada jurisprudencia de esta Corte, de la que ni siquiera  se  ocupa de citar, el recurso por la vía discrecional carece de viabilidad, en  cuanto no es éste de automática y obligada operancia.    

Igual de frágil se muestra el argumento que  toca  con el amparo de garantías constitucionales, pues a este respecto propone  el  impugnante  que  las  sentencias de primera y segunda instancia omitieron la  debida  motivación  en  relación  con  los  presupuestos  del delito de fraude  procesal,  pero  no  ilustra  lealmente  a  la  Corte  sobre  la  integridad del  contenido   de   los   fallos  de  instancia,  que  conforman  una  unidad  jurídica  inescindible, la cual apunta a considerarlos como  uno solo en todo lo que no sea contrario.   

Cuando se plantea  la  violación  del  debido proceso por defectos de motivación de la sentencia,  ha  dicho la Corte, se impone para el demandante la obligación de demostrar una  cualquiera  de  las  siguientes  hipótesis:  Que  el fallo carece totalmente de  motivación;  que  siendo  motivado,  es  dilógico  o  ambivalente;  o,  que su  motivación  es  incompleta, cometido que sólo se cumple después de contrastar  el   contenido   integral   de  los  fallos  de  primera  y  segunda  instancia.   

Pero  además, no  es  lo  mismo  que una decisión judicial adolezca de defectos de motivación, a  que  la misma no cumpla con las expectativas del sujeto  procesal,  que  la  tilda  de  inadecuada  o  desacertada  en su fundamentación  fáctica,  jurídica  o probatoria, hipótesis que se refleja precisamente en el  ataque    elevado    por    el    demandante    en    este   asunto.    

         En  efecto, la única cita textual que se trae del fallo de segunda  instancia,  en  la  que se afirma que los procesados incurrieron en el delito de  fraude  procesal  “desde  el  momento  mismo  de la  presentación  de  la  demanda ejecutiva, cuando indujeron en error a los jueces  civiles  del  circuito  para  obtener  el pago de dicha obligación. Los citados  jueces  dictaron  mandamiento de pago, produjeron otras decisiones y en últimas  pusieron  en  funcionamiento  el  aparato judicial afectando desde luego con ese  comportamiento  el  patrimonio económico de (…). Hay concurso entre el fraude  procesal  y el conato de estafa, pues se pretendió la obtención de un provecho  ilícito,  induciendo  en  error al funcionario judicial en la obtención de una  providencia   que   facilitara   la   realización  de  su  designio…”,  deja  en  evidencia  que  la  sentencia  sí  contiene una  motivación  adecuada  frente a la configuración del delito de fraude procesal,  a  la  cual  pretende  oponer  el  demandante  sus  propias consideraciones, sin  especificar    cuáles    fueron    las    alegaciones   que   se   dejaron   de  contestar.     

          La  casación  discrecional  sólo  se  justifica por la urgencia de  proteger  los  derechos  fundamentales  conculcados,  si  el  daño  se  pone en  evidencia  con  la  sola  indicación  descriptiva  de  las  razones  en  que se  sustenta.   Pero   los   giros   de   fundamentación  por  meras  discrepancias  valorativas,  no  pueden  ser  argumento  suficiente para reclamar una casación  sujeta a tan singulares necesidades.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la   demanda   de   casación  discrecional  presentada  por  el  defensor  del procesado RUBILO GERARDO MUÑOZ  ÑAÑEZ, por las razones consignadas en la anterior motivación.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Juzgado de origen.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS              CARLOS                                 A.                                GÁLVEZ  ARGOTE                   

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO           EDGAR  LOMBANA  TRUJILLO               

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN              MARINA PULIDO DE BARÓN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS            MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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