20733(25-02-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20733  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

APROBADO ACTA No. 13  

Bogotá,  D. C., veinticinco (25) de febrero  del dos mil cuatro (2004).   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  de  la demanda de  casación    excepcional  presentada  por  el  defensor  de  ANA  MERCEDES LUQUE  CARVAJAL  contra  la  sentencia dictada por el Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Bucaramanga  el  8  de  noviembre  del  2002.   

ANTECEDENTES   

          En  junio  de  1999, Héctor Jaimes Correa, quien convivía desde el  mes     anterior     con    ANA    MERCEDES    LUQUE  CARVAJAL,  sufrió  una  trombosis  cerebral  que  de  inmediato  le  produjo,  según dictamen neuropsiquiátrico que se le practicara  finalizando  ese  año,  un  trastorno  mental  permanente.  Esta  situación al  parecer  fue  aprovechada  por  su  compañera, quien constituyó a su nombre un  certificado  de  depósito  a término con el dinero que aquél tenía invertido  en otro, hechos sucedidos el 23 de julio del citado año.   

El  1º.  de  noviembre  del 2000, un fiscal  local   de  Bucaramanga  acusó  a  la  señora  LUQUE  CARVAJAL  por  el delito de abuso de circunstancias de  inferioridad,  ilicitud  por la que fue condenada el 22 de abril del 2002 por el  Juzgado  Segundo  Penal Municipal a 12 meses de prisión, multa por valor de mil  pesos  e  interdicción  de derechos y funciones públicas por el mismo término  de  la  pena privativa de libertad. La sentencia, impugnada por el defensor, fue  confirmada  en  su  integridad  por  el  Juzgado  Tercero Penal del Circuito, en  providencia del 8 de noviembre siguiente.   

          Contra  esta  decisión,  el defensor interpuso recurso de casación  discrecional y presentó oportunamente la demanda correspondiente.   

LA DEMANDA  

          Sin  hacer  ninguna consideración previa de fondo sobre las razones  por  las cuales la Corte debía admitir excepcionalmente la demanda, el defensor  formula tres cargos contra la sentencia de segunda instancia.   

El  primero,  con  apoyo  en  la  causal primera de casación, cuerpo primero, lo hace consistir en  la  violación  directa  del  artículo  360 del Código Penal de 1980 porque la  conducta  que  describe  no  puede ser cometida sino por personas extrañas a la  sociedad  conyugal  o  a la formada entre compañeros permanentes, de quienes se  predica amor y ayuda recíproca.   

Considera  que la sentencia atacada vulneró  los  derechos fundamentales de la procesada a conformar una familia y a fijar el  domicilio,  decisiones  que  voluntariamente  y  en  estado  de  sanidad habían  adoptado  ésta y el señor Jaimes. No abusó doña ANA  MERCEDES  de  las  condiciones  de  inferioridad de su  compañero,  sino  que  por  el  contrario se comportó de manera leal y honesta  cuidando  de él en su enfermedad y sosteniéndolo con parte del dinero recibido  al  redimir el primer CDT y con los intereses que producía el nuevo certificado  expedido a su nombre.   

          Después  de  referirse  a una sentencia de casación dictada por la  Sala  Civil  de  esta Corporación sobre la unión marital de hecho, concluye el  impugnante  que  ésta  no  se  extingue  por la grave enfermedad que uno de los  compañeros  padezca,  de manera que el otro puede seguir manejando el hogar con  los dineros de aquél.   

         

Finalmente dice que el fallo es incongruente  con   los   hechos,   pues   el  Ad  quem  reconoció  que ANA MERCEDES y  Héctor  eran  pareja y que iniciaron la convivencia en el mes de  mayo  de  1999,  fecha  en  que  éste  gozaba  a  plenitud  de  sus  facultades  mentales.   

En  el  segundo  reproche,  el  demandante critica la distorsión de la  prueba  que  en  su  criterio realizó el juzgador, específicamente la versión  rendida  por la procesada y la declaración de Linda Patricia Palencia, empleada  de la cooperativa en la que se abrió el CDT.   

La  primera,  porque  no  es  cierto  que la  señora    LUQUE   hubiera  reconocido  haber  mantenido  secuestrado  al  señor  Jaimes  sino  que  debía  impedirle salir solo a la calle por los peligros que afrontaba.   

La  segunda,  porque  la  señorita Palencia  afirmó  que  el día del traspaso del título Jaimes Correa aparentaba completa  normalidad,  de manera que ni ella ni la procesada podían adivinar el estado de  locura     que     sólo     pudo     comprobarse     gracias     al    dictamen  psiquiátrico.   

          Como    la    señora   LUQUE  no admitió la delincuencia ni Linda Patricia Palencia sostuvo que  aquélla  hubiese abusado del estado de locura de Héctor Jaimes, la juez violó  el  artículo  360  del  Código  Penal  y también el 21 constitucional, porque  afectó la honra de la procesada.   

          La  tercera  censura la hizo consistir el  libelista  en la falta de apreciación i) del testimonio de Arturo Jaimes, quien  se  refirió  al  abandono de su padre y a la vida en soledad que desde entonces  mantuvo;   ii)   de   las  declaraciones  de  MERCEDES  LUQUE,  Arturo  Jaimes,  Jorge  Baño,  Jaime  Enrique  Hernández,  Yadira  Hernández  y  Hermencia Díaz, sobre la subsistencia de la  unión  marital después de la enfermedad sufrida por Héctor Jaimes; iii) de la  versión  de  la  procesada sobre la compra de bienes muebles para su hogar, con  dinero  aportado  por  su  compañero;  y,  iv) del título por ocho millones de  pesos   a   nombre   de   MERCEDES  LUQUE,   lo  que  prueba  su  honestidad  porque  si  hubiera  pretendido  apropiarse esa suma hubiera guardado el dinero en efectivo.   

          Estas  pruebas  ignoradas  por  el  fallador generaban incertidumbre  sobre  la  responsabilidad  de  la  procesada,  duda  que debió declararse a su  favor.   

          Solicita    que,    en    consecuencia,    se    case    el    fallo  recurrido.   

  CONSIDERACIONES   

          El  artículo  205 del Código de Procedimiento Penal dispone que el  recurso extraordinario de casación   

“procede contra las sentencias proferidas  en  segunda  instancia  por  los tribunales superiores de distrito judicial y el  Tribunal  Penal  Militar,  en  los  procesos  que se hubieren adelantado por los  delitos  que  tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo exceda  de  ocho  años,  aun  cuando  la  sanción  impuesta  haya  sido  una medida de  seguridad”.   

          La   misma  norma,  sin  embargo,  autoriza  a  la  Corte  para  que  discrecionalmente   pueda  admitir  una  demanda  contra  sentencia  de  segundo  grado  diferente  de  las  anteriores   –esto  es,  dictada  por  uno  de aquellos tribunales por delito cuya pena no exceda de ocho  años  o  no  sea privativa de libertad, o por un juzgado penal del circuito con  independencia  de  la  cantidad de pena señalada para el ilícito- siempre que,  además  de  los  requisitos  formales  que  consagra  el  artículo  212, i) lo  solicite  cualquiera  de  los  sujetos  procesales  -con interés para recurrir,  obviamente-  y,  ii)  la  Corte  lo considere necesario para el desarrollo de la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales.   

          Cuando  se  trata  de  este  último  evento, conocido también como  casación  discrecional  o  excepcional, no basta que el  impugnante  manifieste  su  voluntad de recurrir el fallo de segundo grado, sino  que   es   indispensable   que   persuada  a  la  Corte de la necesidad de admitir la demanda.   

          Para   esos  efectos,  como  lo  ha  recalcado  la  Sala1,   

“es  imperioso para el actor precisar           clara        y        nítidamente  los motivos por los cuales  ésta   debe   intervenir,   bien   con   el   fin  de  lograr  el  desarrollo    de    la   jurisprudencia  –por ejemplo, propiciando  un   pronunciamiento   respecto   de  determinado  tópico  jurídico,  buscando  unificación  de  posiciones,  abordando  un tema aun no elaborado o proponiendo  actualización   de   la   doctrina-,  bien  para  resguardar  los  derechos  fundamentales.  En  la primera  hipótesis  el  demandante  debe  señalar  con  exactitud  de  qué  manera  la  decisión  pedida  conduce a la doble utilidad de solucionar el asunto analizado  y  de  servir de guía de la actividad judicial. Y en el segundo, le corresponde  esencialmente  sustentar sus aseveraciones e indicar las normas constitucionales  y/o  legales  que  protegen  el  derecho  invocado, así como la forma en que se  expresa  su  desconocimiento en el fallo recurrido (Cfr., por ejemplo, decisión  del 30 de septiembre de 1999, M. P. Fernando Arboleda Ripoll)”.   

          El  demandante  no  satisfizo  esta exigencia. Aunque afirmó que la  decisión  vulneró el derecho fundamental a conformar una familia, no demostró  la  relación  causal entre el fallo y la afectación de la garantía, es decir,  cómo  impidió  la sentencia que la familia permaneciera, máxime si el proceso  se  inició  precisamente  por la denuncia que, rota la unión marital, formuló  uno  de  sus miembros contra el otro. Lo mismo cabe decir respecto del derecho a  fijar  su  domicilio,  pues  para  la fecha en que el señor Jaimes enteró a la  fiscalía  de  lo sucedido, ya había abandonado el inmueble en que residía con  la procesada.   

          Tampoco  es  atinado el tratamiento que le da al tema del desarrollo  de la jurisprudencia, pues en lugar de   

“señalar con exactitud de qué manera la  decisión  pedida  conduce a la doble utilidad de solucionar el asunto analizado  y de servir de guía a la actividad judicial”,   

como   precisó   la   Corte2, el impugnante  parece  haber  entendido, equivocadamente desde luego, que debía exponer lo que  sobre  el particular había dicho la jurisprudencia nacional. Por eso se limitó  a  transcribir una decisión de la Sala de Casación Civil fechada 20 de octubre  de  1995  sobre  la  unión marital, para preguntarse, a renglón seguido, si la  compañera  permanente  de  Héctor  Jaimes  tenía  la obligación jurídica de  abandonarlo luego de sufrir la trombosis.   

          Suficientes  estas  razones  para  inadmitir la demanda de casación  excepcional,  agréguese  que,  en todo caso, aun pasando por alto la ineludible  exigencia  omitida  por  el  censor,  el  escrito  tampoco reúne los requisitos  formales  previstos  en  el artículo 212 del estatuto procesal, particularmente  el  contenido  en  su  numeral  3º., en cuanto ordena que toda demanda contenga   

“la  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las    normas    que    el    demandante    estime    infringidas”.   

          En  este  sentido,  nótese  que el primer  cargo  carece  de  fundamentación  seria,  porque  el  demandante  no hace esfuerzo alguno para demostrar su tesis de que un cónyuge o  compañero  permanente  no puede abusar de las condiciones de inferioridad de su  pareja.   

En        el        segundo, i) resulta intrascendente que al  hecho  de  habérsele impedido al señor Jaimes salir del domicilio común se le  denomine  secuestro,  sin  ninguna  relevancia jurídica adicional, como que tal  comportamiento  no  guarda  relación  con  la  conducta  punible  imputada a la  procesada  y,  ii)  tampoco tiene incidencia o, por lo menos, no la demuestra el  recurrente,  que  la  empleada  de  la  cooperativa afirmara la aparente sanidad  mental  del  señor  Jaimes  al  momento  de  retirar el CDT, cuando en la misma  demanda se reconoce que pericialmente se estableció lo contrario.   

Y,     respecto    del    tercer  cargo, el defensor no acreditó de  qué   manera   la   prueba  supuestamente  no  apreciada  por  el  Ad  quem  influyó  en  la  decisión  de  condena,   en   tanto   el  fallador  –según  transcripción  que  se  consigna  en la demanda- no puso en  duda  la  convivencia  de Héctor Jaimes y ANA MERCEDES  LUQUE   antes,  durante  y  después  del  cobro  del  certificado;  tampoco  enseña el censor por qué haber constituido el depósito  a  nombre  propio  no revela el propósito de ésta de desposeer a aquél ni por  qué,  a  pesar  del  cambio  de titularidad del CDT, podía considerarse que el  dinero   aún   permanecía   en   la   órbita   de   disposición  del  señor  Jaimes.   

          Reitérase  entonces  que  por  ambos  aspectos,  tanto por el de la  falta    de    sustentación   sobre   la   procedencia   de   la   casación   discrecional   como  por  el  incumplimiento  de  los requisitos establecidos en el artículo 212 del estatuto  procesal, la demanda debe inadmitirse.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia   

RESUELVE  

          Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de  ANA MERCEDES LUQUE CARVAJAL.   

          Contra      esta     decisión     procede     el     recurso     de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS               JORGE  ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                                             ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN                                             MARINA  PULIDO DE BARÓN   

JORGE   L.  QUINTERO  MILANÉS               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

1 Auto  del 18 de diciembre de 2001, radicado 17.988.   

2  Ibídem.     

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