20726(08-06-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20726  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado  acta  número  55    

Bogotá,  D.C.,  ocho  de  junio  de  dos mil  seis.    

          Decide  la Corte el recurso de casación interpuesto por el defensor  de  Guillermo  León Roldán Varela y James Domínguez  Aragón,  en  contra de la sentencia proferida el día  13  de  agosto  de  2002 por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Buga,  mediante  la cual confirmó la del Juzgado segundo penal del circuito de Tuluá,  que  condenó  a los recurrentes como autor e interviniente, respectivamente, de  los  delitos  de  peculado  por  apropiación,  peculado por aplicación oficial  diferente y falsedad en documento público.   

HECHOS  

          Así    pueden    resumirse    los    hechos    juzgados    en   las  instancias:   

          El  1o.   de enero de 1998, Gustavo Adolfo Girón se posesionó  como  alcalde  del municipio de Andalucía (Valle) y de inmediato nombró a Luis  Alvaro García, como Secretario Municipal de la misma localidad.   

          Luego  de  posesionado,  Luis  Alvaro  García  encontró múltiples  irregularidades  que se atribuyeron a la administración pasada, y en concreto a  Guillermo       Roldán       Varela,  Secretario de Tránsito de ese entonces.   

          Entre  ellas  se  destaca  la  clonación de múltiples licencias de  tránsito,  la  apropiación  de  recursos  por  valor  de 72.899.029 pesos y la  inversión  de  dineros  oficiales  para  atender necesidades no previstas en el  presupuesto por un valor de 21. 125.571 pesos.   

          En  ese  proceso  de  defraudaciones  fue  crucial  la intervención  de  James Domínguez Aragón,  un  particular  que oficiaba como si fuera servidor público, sin serlo, y quien  por  órdenes  del  Secretario  de  Tránsito se encargaba de realizar trámites  oficiales,  del  manejo  de  los  recursos  públicos y de la contabilidad de la  dependencia municipal.   

ACTUACION  PROCESAL   

          Con  base en la denuncia formulada el 8 de junio de 1998 por Gustavo  Girón  Vanderhuck,  la  fiscalía sexta delegada abrió investigación penal el  22   de   febrero   de   1999  (fs.,  56),  y  el 25 de mayo siguiente, apertura de instrucción (fs., 78).   

          El  29  de noviembre de 1999, la fiscalía escuchó en indagatoria a  Guillermo    León   Roldán   Varela   (fs.,  104),  a  quien  al  definirle  la  situación   jurídica   se   abstuvo   de  imponerle  medida  de  aseguramiento  (fs., 116).   

          El  9  de noviembre de 2000 se cerró la investigación (fs.,  183),  y  antes  de que quedara en  firme   esa   decisión,  Guillermo  Roldán  Varela  y  James  Domingo  Aragón  (fs,   183),  manifestaron su voluntad de someterse a  sentencia anticipada.   

          La   Fiscalía,   considerando   que   no   había  claridad  en  la  imputación,  mediante providencia del 5 de marzo de 2001 decretó la nulidad de  lo actuado.   

Convocó a los procesados para ampliación de  indagatoria,  y  el 20 de abril siguiente les impuso medida de aseguramiento por  la  posible  comisión  de los delitos de peculado por apropiación, falsedad en  documento  público  y  peculado por destinación oficial diferente (fs., 228).   

          El  16  de  julio  siguiente,  la  fiscalía  volvió  a  cerrar  la  investigación,  mediante  decisión  que  nuevamente  revocó  al persistir los  procesados  en  que  se le diera trámite a su solicitud de sentencia anticipada  (fs., 346).   

         

El  2  de  agosto  de  2001,  los  procesados  aceptaron  cargos  por  los  delitos  de  peculado  por  apropiación,  falsedad  ideológica   en   documento   público  y  peculado  por  destinación  oficial  diferente.   

          El  asunto  le fue asignado al juzgado segundo penal del circuito de  Tuluá,  autoridad  que  3  de  septiembre  de  2001,  condenó  a  Guillermo     León    Roldán    Varela    y    James    Domínguez  Aragón,  como autor e interviniente, respectivamente,  de  los  delitos  que  les fueron imputados, a la penas, en su orden, de 60 y 45  meses  de  prisión,  y  multa  de  48.599.353,  pesos,  para  cada uno de ellos  (fs., 403).   

          Contra  esta  decisión,  el  defensor  de  los procesados interpuso  recurso  de  apelación, discutiendo la pena que les fuera impuesta (fs., 418).   

          El  Tribunal  Superior de Buga, mediante la suya del 13 de agosto de  2002, la confirmó en su integridad.   

          El  defensor  de  los procesados interpuso el recurso extraordinario  de casación.   

DEMANDA     DE  CASACION   

          1.   Demanda  a  nombre  de  Guillermo          León          Roldán         Varela.   

         

Después  de manifestar que tiene legitimidad  para  impugnar  en  sede  extraordinaria  la  decisión de segunda instancia, el  demandante propone un cargo contra la sentencia ameritada.   

          Aduce,  con  fundamento  en  el cuerpo primero de la causal primera,  que  el  tribunal  no  aplicó los criterios de proporcionalidad y razonabilidad  que    guían   la   imposición   de   las   sanciones   penales   (artículo  3  de  la ley 599 de 2000), al  condenar  a Roldán Varela una  pena de multa por un valor mas alto del que corresponde.   

          En  ese  sentido,  destaca  que  al  dosificar  la pena de multa, el  juzgado  tuvo  en  cuenta que el valor de lo apropiado ascendía a 72.899.029 de  pesos,  monto  del  cual  descontó  una  tercera  parte por haberse sometido el  procesado a sentencia anticipada.   

          Por  esa  razón,  la  pena  de multa se fijó finalmente, para cada  procesado,   en   48.599.353  pesos,  con  lo  cual  ambos  terminarán  pagando  97.198.706  pesos, suma que por ser superior al monto de lo apropiado, desconoce  el  principio  de  proporcionalidad  establecido  en  el artículo 3 del código  penal.   

          2.   Demanda   a   nombre  de James Domínguez Aragón.   

          El  mismo  defensor,  acusa  la  sentencia  de segunda instancia por  infracción  directa  de los artículos 29 de la Constitución Política, 1, 46,  61 y 67 del decreto 100 de 1980, y  30 de la ley 599 de 1999.   

          Señala,  con  ese  fin,  que el tribunal desconoció el alcance del  artículo  30  de la ley 599 de 2000, pues si bien redujo la pena de prisión en  una  cuarta parte, como lo manda la disposición citada, no hizo lo mismo con la  pena de multa, dejándola en el mismo nivel de la del autor.   

          De  esta forma, dice, el tribunal vulneró el principio de legalidad  de  los  delitos  y  de  las  penas, al imponerle al procesado una pena de multa  superior a la que legalmente corresponde.   

CONCEPTO    DEL    PROCURADOR    CUARTO  DELEGADO   

Al  descorrer  el  traslado,  el  Ministerio  Público  señaló  que  salvo  excepciones  muy puntuales, por regla general se  requiere  impugnar la decisión de primera instancia para recurrir la de segunda  en sede de casación.   

          En  ese  orden, indica  que  si  bien  el defensor de los procesados cuestionó la punibilidad realizada  en  la  sentencia  de  instancia,  lo  hizo por razones diversas a las que ahora  aduce  en  sede de casación, pues en ese entonces discutió la pena de prisión  y  la  de  multa, al considerar que esta ha debido ser menor y corresponder a la  contemplada en el artículo 46 del decreto 100 de 1980.   

          En  consecuencia,  el  tribunal  al  decidir  el  recurso  no podía  estudiar  otras  opciones,  pues  sólo  estaba  obligado  a  pronunciarse sobre  aquellas  que  fueron  materia  de  impugnación,  de manera que la propuesta de  ahora  no  guarda  identidad  temática con la que fue objeto de controversia en  las instancias.   

          Por   lo   tanto,  a  su  juicio,  los  recurrentes  carecen  de  la  legitimidad para recurrir en sede de casación.   

          No  obstante,  aún  de  aceptarse lo contrario, la censura no puede  prosperar.   

          En  efecto,  la  pena  de  multa  tiene  como  finalidad castigar al  infractor  de  la ley y realizar como tal las funciones de prevención general y  especial  que  a  la  pena  le son inherentes. Por lo mismo, no es admisible que  para  guiar su imposición se tenga que recurrir al principio de solidaridad que  es  propio  de  instituciones civiles, como lo pretende el demandante con el fin  de  que, por fuera de la responsabilidad individual que a cada quien le compete,  se  divida  su  valor  entre  los diversos intervinientes en la ejecución de la  conducta punible.   

          En   conclusión,  la  demanda  debe  desestimarse  por  carecer  de  interés,  y casarse oficiosamente, pero solo en relación con el interviniente,  pues  si  la pena de prisión fue objeto de la disminución punitiva prevista en  el  artículo  30  del  código penal, con igual razón lo ha de ser la de multa  que le fue finalmente impuesta.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          La  Sala  estudiará los cargos propuestos en las demandas de manera  conjunta,  pues  al fin y al cabo se trata de discutir la legalidad de las penas  impuestas.   

         

Con  tal  fin  se analizará (i) el interés  para  recurrir, (ii) la punibilidad del interviniente, y (iii) la posibilidad de  casar parcialmente la sentencia.   

    

1. El Interés para recurrir     

Por  regla  general, carece de interés para  recurrir  en casación quien no impugnó la decisión de instancia, salvo que en  sede  extraordinaria  se  ataque  su validez por haberse proferido en un proceso  viciado  de  nulidad o porque se modifica la situación jurídica del procesado,  haciéndola        mas        gravosa.        1   

También  se  ha expresado que es necesario,  como   presupuesto   para   demandar  en  casación,  que  exista  en  términos  materiales,  unidad temática entre la apelación y las causales y cargos que se  aducen como fundamento del recurso extraordinario.   

En  éste sentido, la Corte ha dicho, que la  unidad  temática  no supone absoluta congruencia entre los argumentos expuestos  al  sustentar  el  recurso de apelación y los que se aducen como fundamento del  recurso  extraordinario,  sino  identidad de la pretensión, a la luz de la cual  debe analizarse si el tema objeto de impugnación es el mismo.   

Contrario  a esos supuestos, y asumiendo que  en  particular,  cuando  se  trata  de sentencias anticipadas, el procesado y su  defensor  solo  pueden  controvertir la dosificación de la pena, los mecanismos  sustitutivos  de la pena privativa de la libertad y la extinción del derecho de  dominio  sobre  bienes  (artículo 40 de la ley 600 de  2000),   el  Ministerio  Público  considera  que  el  impugnante  carece de interés para recurrir la decisión, pues aunque discutió  la  punibilidad  impuesta,  estima que las razones de antes no son las mismas de  las que hoy se aduce con idéntica finalidad.   

Esa  conclusión  corresponde  a una visión  estática  del  proceso,  según  la  cual al apelante le estaría vedado buscar  mejores  razones para exponérselas al juez de casación, con el fin de defender  una pretensión que permanece intacta.   

Desde luego que la Corte no lo cree así. Al  contrario,  siempre  que  el  recurrente  conserve  la  unidad  temática  y sea  coherente  con  la  pretensión,  puede abordar el objeto de la discusión desde  perspectivas diferentes.   

          En  ese orden, recuérdese que el defensor estimó excesivas la pena  de  prisión  y  multa  impuestas,  solo que al impugnar la decisión de primera  instancia  lo  hizo  bajo  la  consideración  de la falta de aplicación de los  artículos  46  del  decreto  100  de 1980 y 32 de la ley 190 de 1995, que en su  sentir regulaban el tema de mejor manera.   

          Ahora  alega  razones  distintas,  pues sostiene que al imponerles a  Guillermo  León  Roldán  Varela  y  James Domínguez  Aragón  la  pena  de  multa,  se  infringieron, en su  orden, los principios de proporcionalidad y de legalidad.   

          Como  se  comprende,  en  ambos casos se discute la punibilidad, las  consecuencias  que  apareja  la  ejecución de la conducta punible y su concreta  individualización,  de  manera  que  la esencia del discurso y el núcleo de la  argumentación  no  se  resienten  por  el hecho de que ahora se expongan nuevos  argumentos     que     tienen    relación    inescindible    con    la    misma  temática.   

          Al  demandante,  en consecuencia, le asiste interés y la Corte, por  lo tanto, estudiará los cargos propuestos.   

    

1. Las demandas     

          En  orden  a resolver las demandas interpuestas, la Sala lo hará de  manera    conjunta,    pues    que    en    ambos    casos   se   cuestiona   la  punibilidad.   

No  le  asiste  razón  al  recurrente  con  relación  al  cargo  propuesto en la demanda formulada a nombre de Guillermo  Roldán  Varela, pues de acuerdo  con  el  artículo 133 del decreto 100 de 1980, modificado por los artículos 18  y  19  de  la  ley  190  de  1995,  quien incurre en delito de peculado debe ser  sancionado con una pena de multa igual al valor de lo apropiado.   

          Tratándose  de  la  pena  de  multa, razón le asiste al Ministerio  Público  cuando advierte que no le es aplicable el principio de solidaridad que  se  debe  tener en cuenta cuando de una condena por perjuicios civiles se trata,  pues  la  pena  responde al desvalor de la conducta y se individualiza según el  grado  de  injusto  y  culpabilidad,  que  hacen  de la responsabilidad y de sus  consecuencias un juicio eminentemente individual.   

         

No podría decirse que la pena es excesiva, y  por  tanto  desproporcionada,  como  lo  pretende  el  censor,  pues la asignada  corresponde  a  la  lesividad  que un injusto contra la administración pública  implica  y  se constituye en una respuesta simétrica a la que una conducta como  la  juzgada  amerita,  teniendo  en  cuenta  que,  además  de  los bienes de la  administración,  se  ofende en forma grave la economía, eficacia, honestidad y  pulcritud de la administración pública.   

          El cargo, en consecuencia, no prospera.   

          No  ocurre  lo  mismo  con respecto al cargo propuesto en la demanda  formulada    a    nombre    de    James   Domínguez  Aragón, pues si bien acertó el tribunal al imponerle  una  pena  de  prisión  que  corresponde  a  su condición de interviniente, la  indebida  aplicación  de  la ley surge al haber reconocido efectos parciales al  artículo  30  del  código  penal,  en el entendido que la pena de multa debía  disminuirse  en una proporción equivalente a la cuarta parte, pues la rebaja de  pena  del  interviniente  no  está  diseñada exclusivamente con relación a la  pena de prisión.   

          La  Corte  casará  la  sentencia, y asignará la pena de multa a la  que  le  corresponde al interviniente, es decir, que a la asignada para el autor  le  disminuirá  la  cuarta  parte,  con  el  fin de aplicar debidamente, y como  corresponde,  el  artículo  30  del código penal, por lo cual la pena de multa  queda en 36.449.514.00 pesos.   

         

Decisión   

          Por  lo  expuesto,  La  Sala  de Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de Justicia, administrando  justicia en nombre de la República de Colombia y por  autoridad de la ley,   

Resuelve  

Casar  parcialmente  la sentencia de fecha y origen indicados.   

En  consecuencia,  condénase a James   Domínguez   Aragón   a  la  pena  principal de multa en cuantía de 36.449.514.00 pesos.   

En    lo   demás,   la   sentencia   se  mantiene.   

Notifíquese, Cúmplase y  devuélvase al Tribunal de origen   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ              ALFREDO    GOMEZ  QUINTERO         

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO             ALVARO  O  PEREZ  PINZON                

Permiso  

MARINA         PULIDO        DE  BARON             JORGE  QUINTERO  MILANES              

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS               JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

1 Cfr.  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sentencia  del  16  de  julio  de  2001, radicado  15488     

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