20683(12-08-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20683   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 92  

Bogotá,  D.  C., doce (12) de agosto del dos  mil tres (2003).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  si  es procedente admitir la demanda de casación  que  presentó  el  defensor  de  FRANCISCO SIGIFREDO  OSORIO  ESCOBAR contra la sentencia del 31 de octubre  del   2002,   dictada   por   el   Tribunal   Superior  de  Pereira.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          En  el  mes  de  junio  de  1999,  LUZ  MARINA  CIFUENTES OROZCO le  entregó     a     FRANCISCO    SIGIFREDO    OSORIO  ESCOBAR la suma de doce millones de pesos para que le  comprara  un  vehículo  automotor  en  la ciudad de Bogotá. Como para mayo del  2000  el  señor  OSORIO no  había  cumplido el encargo ni devuelto el dinero, la señora CIFUENTES formuló  denuncia en su contra.   

          Mediante  resolución  del  20  de  noviembre  del  2001, un fiscal  seccional   de   Pereira   acusó  al  señor  OSORIO  ESCOBAR  por  el  delito  de  hurto,  agravado por la  confianza.  Por  esa ilicitud, el Juzgado Tercero Penal del Circuito de la misma  ciudad  lo  condenó a la pena de 16 meses de prisión e inhabilitación para el  ejercicio de derechos y funciones públicas por igual término.   

          La  sentencia,  apelada  por  el  defensor,  fue  confirmada por el  Tribunal Superior el 31 de octubre del 2002.   

LA DEMANDA  

          Con  apoyo  en  la  causal primera de casación, cuerpo primero, el  defensor  reprocha  la  sentencia de segunda instancia por violación directa de  la  ley  sustancial,  pues  el  fallador  se  abstuvo  de  darle  aplicación al  principio   del   in   dubio   pro   reo.   

          Afirma  que  el  procesado,  hombre  honesto y de avanzada edad, no  tenía  el  mínimo propósito de apoderarse de los dineros que se le entregaron  para  realizar  una  gestión  comercial,  pero fue perseguido precisamente como  represalia  por el incumplimiento del mandato, sin que para nada valiera la sana  explicación  que suministrara al respecto. Las versiones de la denunciante y de  su  esposo,  en cambio, son amañadas e incurren en notorias contradicciones que  hacen  de  ineludible  aplicación  el  principio  de la duda probatoria, que se  evidencia  cuando el Ad quem  alude  a  un acta de conciliación cuya exigibilidad necesariamente opera por la  vía de la jurisdicción civil.   

          Solicita  que,  en consecuencia, se case el fallo impugnado y en su  lugar  se  revoque  la  sentencia  para  que sea esa la que dirima el conflicto.   

CONSIDERACIONES  

          Como   lo   tiene   dicho   la   Sala,  el  tema  del  in  dubio  pro  reo  puede plantearse en  casación  desde  dos  perspectivas  diferentes  y,  obviamente, excluyentes: al  amparo  de la primera parte de la causal primera, esto es, violación directa de  la  ley  sustancial, caso en el cual el demandante “tiene que demostrar que en  la   sentencia  el  fallador  ha  reconocido  formalmente  la  presencia  de  la  incertidumbre  y  que,  sin  embargo,  ha condenado, con lo cual ha incurrido en  falta  de  aplicación  del  artículo  445  del  C.  de.  P.  P.”1 –que  corresponde  al  inciso 2º. del  artículo  7º.  del  actual estatuto procesal-; o invocando la segunda parte de  la  misma  causal, evento en el que “debe distinguir: si afirma que el Juez ha  errado  porque  la  sentencia reconoce la existencia de duda razonable originada  en  el haz probatorio y deja de aplicar el valor asignado por la ley, esto   es,   certeza  ( o plena prueba ) de incertidumbre, debe invocar violación  indirecta  por  error  de  derecho.  Y  si  encuentra  que  el  Juez  ignora  la  existencia   razonable  y manifiesta de la duda partiendo de las pruebas, y  que,  pese  a  ello  condena,  debe  acudir  a la violación indirecta de la ley  sustancial     por     error     de     hecho”2.   

          Fácilmente  se  advierte que la demanda presentada por el defensor  del  señor  OSORIO ESCOBAR  no  cumple con esta ineludible exigencia que la técnica casacional impone, pues  mezcla  de  manera  indebida  los  dos  sentidos de la violación al proponer la  directa,  pero  acudiendo  a  la  sustentación propia de la indirecta en cuanto  alude  a  la  deficiencia  probatoria que se deduce de los testimonios de cargo.   

Ni  aún aceptando que por equivocación se  hubiese  dicho  “directa”  donde  se quiso expresar “indirecta” podrían  entenderse  cumplidos  los  requisitos  simplemente  formales  que  permitirían  admitir  la  demanda,  en  especial  los  del numeral 3º. del artículo 212 del  Código  de  Procedimiento Penal, porque el libelista se contentó con mencionar  las  pruebas  que  supuestamente  apreció  de  manera errónea el Tribunal, sin  precisar  de  qué  clase  de yerro se trataba ni mucho menos demostrar cómo se  incurrió en el dislate.   

          En  realidad, el escrito sólo contiene la esquemática exposición  del  criterio  del  demandante,  sin  profundidad  alguna,  sin  sujeción a los  requisitos   técnico-formales   mínimos   establecidos  en  la  ley  procesal.   

En  consecuencia,  como  no  se formuló el  cargo  “indicando en forma clara y precisa sus fundamentos”, según lo exige  la norma que se acaba de mencionar, la demanda será inadmitida.   

          En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

         

RESUELVE  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de FRANCISCO  SIGIFREDO  OSORIO  ESCOBAR.  Por lo tanto, se declara  desierto  el  recurso  y  se  ordena  devolver  el  expediente  al  Tribunal  de  origen.   

          Contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Notifíquese    y  Cúmplase   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS  A.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN              MARINA  PULIDO DE BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA     RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1 Auto  del 30 de noviembre de 1999, radicado 14.535.   

2  Ibídem.     

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