20634(12-08-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20634   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 92  

Bogotá,  D.  C., doce (12) de agosto del dos  mil tres (2003).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  si  es procedente admitir la demanda de casación  que  presentó  el  defensor  de JUAN FERNANDO GALLEGO  ECHAVARRÍA contra la sentencia del 24 de octubre del  2002,  dictada  por el Tribunal Superior de Medellín.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

          En  la  mañana del 13 de agosto de 1999, instantes después de que  abandonara  la  vivienda  de  MARÍA  ALTAGRACIA  ÁLVAREZ  TABORDA en el barrio  Granizal  de Medellín, ROLANDO DE JESÚS JIMÉNEZ ZAPATA fue lesionado con arma  de  fuego  por  quien  luego  sería identificado como  JUAN  FERNANDO  GALLEGO  ECHAVARRÍA. Arrastrado hasta  un  basurero  cercano  por  los  acompañantes  de  éste,  quienes  además  se  apropiaron  de  la  bicicleta  del herido, allí fue hallado por algunos vecinos  que   lo   trasladaron   a   un   centro   hospitalario,   al   que  llegó  sin  vida.   

          La   investigación   previa  que  entonces  se  inició  permitió  identificar   al   joven   JUAN   FERNANDO   GALLEGO  ECHAVARRÍA  como el autor de los disparos mortales, a  quien,  declarado  ausente,  se  le  aseguró  con detención preventiva por los  delitos  de  homicidio  agravado,  hurto calificado y agravado y porte ilegal de  armas,  ilícitos  por  los  que  fue  acusado  mediante  providencia  del 21 de  noviembre del 2001.   

          Celebrada   la   audiencia   pública   con  la  intervención  del  procesado,  quien  se  hallaba privado de libertad en razón de otro proceso, el  Juzgado  17  Penal  del Circuito de Medellín, por sentencia del 30 de julio del  2002,  le  impuso  la  pena  de  14  años  y  6  meses de prisión por hallarlo  responsable  de  los  delitos  de  homicidio  simple y hurto simple –aunque  omitió  hacer  referencia al  atentado  patrimonial en la parte resolutiva del fallo- y lo absolvió del cargo  de  porte  ilegal  de armas de fuego. Así mismo, lo interdictó en el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  término  señalado para la pena  privativa    de    libertad    y    lo   condenó   a   pagar   los   perjuicios  causados.   

          La  sentencia,  apelada  por  el  defensor,  fue  confirmada  en su  integridad  por  el  Tribunal Superior, excepto en cuanto a los destinatarios de  la   indemnización,   que   asignó  en  beneficio  de  los  descendientes  del  fallecido.    

LA DEMANDA  

          Con  apoyo  en  la  causal primera de casación, cuerpo segundo, el  defensor   le   reprocha   al   Ad  quem  haber  incurrido  en  error de derecho, en la modalidad del falso  juicio  de  legalidad,  porque  apreció  el testimonio de ELENA RÚA MARTÍNEZ,  mencionada  en un informe de policía judicial como ELENA MARTÍNEZ, no obstante  que  en  ninguna  de las tres oportunidades en que intervino exhibió su cédula  de  ciudadanía  ni  fue  identificada  por  sus  rasgos  físicos ni se le hizo  estampar  la  huella  dactilar  en  el  acta  que recogió su versión. Por esta  razón,  se  ignora  si  quien  declaró en la investigación previa es la misma  persona  que  lo  hizo  en  las dos ocasiones siguientes, lo cual le genera gran  preocupación  al  defensor  dadas las contradicciones en que incurre la testigo  sobre  su identidad, en tanto suministra diversos nombres, distintos números de  cédula  de  ciudadanía y diferentes direcciones, amén de las inexactitudes en  que  incurre,  por  ejemplo, en cuanto al número de disparos o la zona corporal  afectada  con  alguno  de  ellos,  de  manera  que  “no  sólo  la  prueba fue  antitécnica   e   ilegalmente   recaudada  si  no  que  además  tienen  hondas  contradicciones  que  no  generan  el  grado  de  certeza  que  se necesita para  condenar”.   

          Por  esta  razón,  concluye, como “la única prueba que existe y  que  se  utilizó  para  condenar  a  mi  defendido no presta credibilidad y fue  recaudada  sin  atender  a  los requerimientos legales”, el fallo impugnado se  debe casar.   

CONSIDERACIONES  

          La  Sala inadmitirá la demanda y declarará desierto el recurso de  casación, por las siguientes razones:   

          1.  El  libelista incurre en insalvable contradicción, que por sí  sola  daría  al  traste con sus pretensiones, pues simultáneamente reprocha la  legalidad  de  la  prueba y el mérito que le asignó el Tribunal, desconociendo  que  si  se  practicó sin el lleno de los requisitos legales debía tenerse por  inexistente   y,   por   lo   tanto,   no   podía   ser   valorada  en  ningún  sentido.   

          2.  En  todo  caso, la falta de identificación de la testigo en la  forma  anhelada  por  el  demandante  –cédula   de   ciudadanía,   descripción  morfológica  o  huella  dactilar-  no  alcanza  a constituir un vicio que afecte la validez de la prueba  y,  por  lo  tanto,  el  yerro  deviene  intrascendente,  pues basta que para el  funcionario  judicial  no exista duda de que la persona que declaró es la misma  que  se  mencionó  en  el  informe de policía judicial como conocedora de unos  hechos  que habría de revelar, y que en efecto expuso, para que su identidad se  tenga por establecida.   

          En  pasada  ocasión,  dijo la Sala que “No cabe ni pensar que un  Juez  penal  no pueda escuchar a un testigo necesario a la investigación por el  sólo  hecho  de  que no tenga éste cédula de ciudadanía, o no la porte en el  momento  de  rendir  su  testimonio.  No; el Juez dispone de muchos otros medios  para     hacer     viable     la    identificación    (física,    real)    del  testigo”.1   

          También     sostuvo     que    “La    expresión    ‘Presente    e    identificado    el  testigo’  del Código de  Procedimiento  Penal  se  refiere a la individualización de la persona que va a  declarar,  con  los  datos  básicos  que  permiten  reconocerla  como  única y  diferenciarla  de  los  demás,  lo  que  incluye  normalmente  el  aporte de su  documento   oficial  de  identidad  cuando  fuere  posible  que  el  testigo  lo  exhiba”.   

(…)  

“El  Código  de  Procedimiento  Penal no  erige      en      requisito       de      validez      del   testimonio,   la exhibición    del   

documento  de  identificación  oficial  por  parte  de  la  persona  que  va  a declarar. Corresponde al funcionario judicial  adoptar  las  medidas legales que estén a su alcance, para establecer que quien  comparece   a   rendir   la  versión  solicitada  no  está  suplantando  a  un  tercero”.   

“De  acuerdo  con  el  Diccionario  de la  Lengua  Española,  de  la  Real  Academia Española, en su acepción jurídica,  identificar  significa:  “Reconocer  si  una  persona  o cosa es la misma que se  supone  o  se busca”. Ese es el sentido natural y obvio del verbo identificar en  cuanto  al  testigo de un acontecimiento con trascendencia penal se refiere, sin  que   pueda   atarse   inexorablemente   a  la  presentación  de  un  documento  específico,   porque   la   ley  no  lo  exige”.2   

          Más  recientemente  puntualizó:  “La  ley ciertamente determina  que  “presente  e  identificado  el  testigo”  (arts.  292-1 D. 2700/1991; 276-1  L.600/2000;  227 inciso 2° C. de P. C.), lo cual ha de verificar cuidadosamente  el  funcionario,  para  asegurarse  que la persona que testifica es la indicada.  Pero  no  encuentra  la  Sala que se hubiera incurrido en la irregularidad a que  alude   el  demandante,  por  no   portar  quien  declaró  la  cédula  de  identidad,  sino  sólo  un  comprobante  de  la  Registraduría,  pues  ni  los  testigos       que      no      tengan    consigo    el   documento  de   

identificación  están exentos del deber de  declarar,  ni  la  justicia  ha  de  prescindir  del allegamiento de un medio de  prueba  por  una  situación  formal  semejante”.3   

          Se  reitera,  entonces,  que  es  intrascendente para efectos de la  validez  de  la  prueba  la falta de exhibición del documento de identidad o el  error  respecto  de  su  numeración  o  la  no  inserción  en  el  acta  de la  descripción  morfológica  del  testigo  o  de  la  huella  dactilar,  pues  lo  realmente  importante  es  que,  como  lo reconoce el  demandante,  quien declaró en el proceso es la misma  persona  que  antes  les  había dado a los investigadores las informaciones que  luego ratificaría ante el fiscal.   

         

Por  carencia  de  ligamen, entonces, entre  formulación  del  cargo  y  desarrollo y fundamentación del mismo, también se  impondrá la inadmisión.   

          3.  Si  lo  que  pretendía el casacionista era censurar el mérito  que  a la prueba testimonial le dio el fallador, la que para el demandante “no  presta  credibilidad”,  será necesario recordar que, como repetidamente lo ha  dicho  la  Sala4,  la  credibilidad  no  es tema que pueda reprocharse en esta sede  con  vocación  de  prosperidad,  a  menos  que  la  valoración  hubiese estado  afectada   por   errores  de  raciocinio,  caso  en  el  cual  al  libelista  le  correspondía  señalar  y  demostrar  las transgresiones a los principios de la  lógica,  las leyes de la ciencia o las reglas de la experiencia que el Tribunal  hubiere  cometido,  aspectos  ni  siquiera  mencionados  en  la  demanda  que se  revisa.   

          En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

         

RESUELVE  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de JUAN FERNANDO  GALLEGO   ECHAVARRÍA.  Por  lo  tanto,  se  declara  desierto  el  recurso  y  se  ordena  devolver  el  expediente  al  Tribunal  de  origen.   

          Contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Notifíquese    y  Cúmplase   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS  A.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN              MARINA  PULIDO DE BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA     RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1  Sentencia  del  12  de febrero de 1991, radicado 4.865, M.P. Dr. Guillermo Duque  Ruiz.   

2  Sentencia  del  22  de  noviembre  del 2001, radicado  10.690, M. P. Édgar Lombana Trujillo.   

3  Sentencia  del  18  de  julio  del  2002,  radicado  11.766, M. P. Nilson Elías  Pinilla Pinilla.   

4 Cfr.,  por  ejemplo,  autos  del  13  y  14  de  marzo y 16 de mayo del 2000, radicados  15.878,  15.753  y 16.397, M. P. Édgar Lombana Trujillo, y del 11 de septiembre  del  2000,  radicado  15.400,  M. P. Jorge Aníbal Gómez Gallego, así como las  sentencias  del  16  y  29 de marzo del 2000, radicados 10.963 y 10.858, MM. PP.  Jorge  Aníbal  Gómez Gallego y Carlos Eduardo Mejía Escobar, en su orden, del  3  de diciembre del 2001, radicado 10.041, M. P. Jorge Enrique Córdoba Poveda y  del  19  de  diciembre  del  2001,  radicado  14.837  y  del  1  de  agosto  del  2002.     

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