20605(25-10-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20605  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  093  

         

Bogotá, D. C., veinticinco (25) de octubre  de dos mil cuatro (2004).   

V   I   S   T   O  S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda de revisión presentada por el apoderado de CARLOS   HERIBERTO   BARRETO  contra  la  sentencia  proferida,  el  14  de  abril  de  1997, por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de Cali, en la que al confirmar la del Juzgado Tercero Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  fechada  el  15  de noviembre de 1996, lo  condenó  por  el  delito  de  homicidio  agravado,  decisión que no casó esta  Corporación, según fallo del 5 de diciembre de 2002.   

  H   E   C   H   O  S   

En la sentencia de casación se sintetizaron  de la siguiente manera:   

“Aproximadamente  a  las  once  de  la mañana del 2 de octubre de 1994, en el barrio Aguacatal de  Cali,  Alejandro  Ramírez Orejuela jugaba fútbol con algunos amigos, cuando se  presentaron  GUILLERMO  FERNANDO  ORTÍZ CASTRILLÓN y CARLOS HERIBERTO BARRETO,  quienes  portando  armas de fuego lo persiguieron, causándole éste último dos  heridas,  mientras  la víctima huía para refugiarse en alguna vivienda cercana  a  la  suya.  Como  consecuencia  del ataque, Ramírez Orejuela perdió la vida;  ORTÍZ  CASTRILLÓN  esperó  a BARRETO y una vez cometió el crimen se alejaron  del  lugar,  suceso  originado  por  algunos  inconvenientes  debidos  a  que la  víctima  convivía  con  Aída  Ruth Cuéllar Oliveros, quien fuera la novia de  Guillermo   Fernando   y   por   ello   éste  lo  había  amenazado  en  varias  oportunidades”.   

L  A      D  E  M A N D  A   

Luego de identificar los sujetos procesales,  en  el  título  que  denominó “HECHOS PROCESALES Y  MATERIA  DE  JUZGAMIENTO”, el demandante transcribe  apartes  tanto  de  los  testimonios que Aída Ruth Cuéllar Oliveros y la menor  Faisuri  Ramírez,  esposa  y hermana de la víctima, respectivamente, rindieron  en  el  curso  del  proceso,  como de la indagatoria de Guillermo Fernando Ortiz  Castrillón,       a       quien       califica       como       “DETERMINADOR”    de    la   conducta  punible.   

A  continuación,  resume  el  libelista la  actuación  procesal  surtida  dentro  de  las  etapas  de la instrucción y del  juzgamiento,  haciendo  especial énfasis en las versiones rendidas dentro de la  audiencia pública.  Al respecto dice:   

“Todo se centra  en  las  declaraciones  contradictorias  de la menor Faisuri Ramírez, Aida Ruth  Cuellar  Oliveros  y  Guillermo  Fernando  Ortíz,  (…),  y  el  señor Ortíz  Castrillón,  que  por  conveniencia  de  su  defensa,  acusó al señor Barreto  pensando   que  con  dicha  actuación  se  iba  a  desvincular  del  mencionado  proceso.   Referente  a  la  menor Faisuri, esta fue manipulada, comenzando  por  que  dicha  menor  no  conocía  al  Señor  Barreto,  como  ella  misma lo  reconoce”.   

Acota que dentro de los hechos que pretende  probar  en  la  presente  acción,  se  encuentran  las declaraciones que, en su  criterio,    deben   rendir   las   personas   que   considera   “testigos     directos    de    los    insucesos”,    refiriéndose  a  María  Orfelina López Martínez, Sandra Liliana  López   y  Hernán  Arce,  quien aduce ser “el  empleador del joven Carlos Heriberto Barreto”.   

Refiere que dichas personas, temiendo alguna  clase   de   represalia   en   su   contra   por   parte   del   “verdadero  homicida”, no se presentaron  ante   los   despachos   judiciales  que  adelantaron  la  investigación  y  el  juzgamiento  con  el  fin  de  rendir  testimonio,  razón  por la cual pretende  corregir  tal situación a través de la presente acción, toda vez que aquellos  han  decidido  “colaborar con la justicia, para que  se  enmiende  el  error  cometido  al  inculpar  indebidamente  al señor Carlos  Heriberto  Barreto,  claro  está  con  las  garantías  que  el Estado esté en  disposición  de ofrecer”.   

Así mismo, considera importante que la Sala  reciba  la  declaración  de  la   señora  Mercedes  Montoya,  quien,  según  el  libelista, escuchó una supuesta conversación en la que se afirmaba  que el condenado nunca estuvo en el lugar de los hechos.   

En    el    capítulo   que   denominó  “CONSIDERACIONES DE LA PARTE ACCIONANTE”,   enumera  y  critica varios testimonios, los informes de  policía  y  unos  aspectos  sobre  las  descripciones  físicas  que  se dieron  respecto  del  presunto  homicida,  medios de prueba que sustentaron el fallo de  condena,  y al mismo tiempo resalta cómo debió llevarse a cabo una inspección  judicial que permitiera la reconstrucción de los hechos.   

Agrega  que  debido  a  la  “falta    de   integralidad”   en   la  valoración  de  la prueba, “se soportó el fallo en  falsos  testimonios  y  por  ende  se  configura  un fraude procesal”.   

Por  consiguiente,  invocando  la  causal  tercera   de   revisión,  contemplada  en  el  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  solicita  a  la  Sala  hacer comparecer a María Orfelina  López,  Sandra  Liliana González López, Mercedes Montoya, Aída Ruth Cuellar,  a  la  menor  Faisuri  Ramírez  y  a Hernán Arce con el fin de que testifiquen  acerca de la inocencia de su representado.   

De     igual     forma   solicita   se  libre  orden  de  captura  en   contra   del  señor Andrés Gruesso, “por  los  indicios graves y fehacientes, de que es el causante material y directo del  homicidio     en     la     persona     de     Alexander    Ramírez”.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

Como  lo  ha  reiterado   la    Sala    en    múltiples    ocasiones,   al   ser    probable   que  la  sentencia  condenatoria  o  absolutoria,  o  las  providencias    de    preclusión     o     cesación    de   procedimiento   que  se  encuentran ejecutoriadas no contengan la  verdad  histórica,  originándose  así  una  injusticia,  el  legislador penal  instituyó   la   acción   de   revisión  como  mecanismo   idóneo   para     remover     la     cosa     juzgada    y   declarar    sin   valor  el   fallo   objeto   de   la   acción,   dictando   la   providencia   que   corresponda  o   disponiendo  tramitar  nuevamente  el   proceso   desde   el   momento  en que se indique, según la  causal invocada y que la Corte encuentre fundada.   

Así, la remoción de la cosa juzgada sólo  es  posible  cuando  frente  a  la  demostración  de  alguna  de  las  causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  se  evidencia  que  se  cometió  una  injusticia.   

Por  lo  mismo,  la  demanda  deberá  ser  confeccionada  con sujeción a los parámetros legales y con respeto a la causal  en  que  se apoya, pues, en caso contrario, el escrito se torna en un alegato de  instancia,  lo  que  constituye  un  desafuero que desnaturaliza los fines de la  revisión y, por ende, conlleva a su inadmisión.   

En  el presente caso, la simple lectura del  libelo  pone  de  presente  que  el  demandante  no sólo desconoce los soportes  filosóficos  y doctrinales en que se ampara este instituto, sino que ignora que  el  proceso ya terminó con sentencia ejecutoriada que ha hecho tránsito a cosa  juzgada  y  que,  por  lo  mismo, no se trata de una instancia más en la que se  puedan  discutir  nuevamente  los  aspectos jurídicos o los elementos de juicio  que  sirvieron  de  fundamento  a  una  decisión  que  tiene  el  carácter  de  definitiva e inmutable.   

En  consecuencia,  toda  la  argumentación  dirigida  a  cuestionar  la  valoración  que  en  su oportunidad realizaron los  sentenciadores  de  primera y segunda instancia de los testimonios de Aída Ruth  Cuéllar  Oliveros,  Faisuri  Ramírez,  Guillermo Fernando Ortíz Castrillón y  Didier  Iván Bolaños y, por lo tanto, pretender que se admita que su defendido  no  es  autor  del  delito  de  homicidio  por el que fue condenado, no sólo no  compagina  ni  se ajusta a los presupuestos que la ley tiene precisados respecto  de   la   causal   tercera   aducida,   sino   que   es  reabrir  un  debate  ya  culminado.   

Además, no puede olvidar el demandante que,  teniendo  en  cuenta  dicha causal, tenía la obligación de aportar las pruebas  de  los  hechos  básicos de su petición, tal como lo ordena el numeral 4° del  artículo  222  del  Código  de  Procedimiento  Penal, toda vez que la Sala, al  estudiar  formalmente  la  demanda, debe cotejar los fallos de instancia con los  nuevos  elementos  de  juicio, para concluir si los mismos tienen, en principio,  la  eficacia suficiente para demostrar que se cometió una injusticia y que, por  lo    tanto,    se    justifica    el    adelantamiento   de   la   acción   de  revisión.   

Por   último,  es  conveniente  recordar  nuevamente  que  cuando  la  acción se funda en la causal tercera, es decir, la  aparición  de  hechos  o pruebas  respecto de la cuales el sentenciador no  tuvo  oportunidad  de  pronunciarse  por  no haberlas conocido, y que de haberlo  hecho   habría   llevado    definitivamente   a  la  absolución  o  a  la  declaración  de  inimputabilidad del procesado frente al acontecer fáctico por  el  que  fue condenado,  es deber  del  demandante  no   sólo  allegar  al libelo los medios de convicción en que funda su pretensión,  sino  también  demostrar  que de haber sido oportunamente conocidas en el curso  de  los  debates ordinarios del proceso, la solución del asunto habría sido la  absolución  o  la  declaración  de  inimputabilidad  del  sentenciado, dada la  contundencia demostrativa de tales pruebas.   

Así  mismo,  como  lo  ha  precisado  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  “no  se  aviene a la  naturaleza  y  alcance  de esta causal la pretensión por aducir cualquier clase  de  medio  probatorio,  sino  solamente  aquellos  que  apuntan  a establecer la  inocencia  del  procesado  o  su inimputabilidad, pues la revisión, en cuanto a  esta  causal se refiere, no ha sido instituida para dar lugar a la continuación  del  juicio que culminó con la providencia que hizo tránsito a cosa juzgada, o  revivir  el  debate  jurídico-probatorio  que  se  llevó a cabo en el fenecido  proceso,  sino  para postular, con base en la prueba ex novo, un cuestionamiento  serio  a  la  declaración  de  justicia que puso fin a la controversia procesal  mediante decisión definitiva e inmutable.   

“Por esa razón,  como  presupuesto  de  admisibilidad  del  libelo  demandatorio de la revisión,  cuando  de  la  causal tercera se trata, establece la ley la obligación para el  accionante     de     relacionar    ‘las  pruebas  que  se aportan para demostrar los hechos básicos de  la  petición’, esto es,  allegarlas  con  la  demanda  y acreditar al tiempo que tienen la virtualidad de  modificar  el  sentido  del  fallo,  es  decir,  que  reúnen  los  dos extremos  mencionados  en  precedencia:  novedad  y trascendencia, pues de no cumplir esta  carga,  ha  de  entenderse  que  lo  pretendido  es  prolongar el debate de modo  inútil  e  impertinente como si el juicio no hubiera fenecido con la ejecutoria  de  la  decisión  cuya revisión se demanda, imponiéndose, en consecuencia, la  inadmisión       del      libelo”.1   

En   consecuencia,   como   el   escrito  del accionante no cumple con las exigencia que la ley ha  impuesto  para  su admisión como demanda de revisión, conforme a lo que prevé  el artículo 223 del C. de P. Penal, se inadmitirá.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1. Reconocer al doctor Luis Alberto Morales  Ríos,  como  apoderado del condenado CARLOS HERIBERTO  BARRETO.   

2.   INADMITIR  la demanda de revisión contra el fallo proferido, el  14  de  abril  de  1997,  por  el Tribunal Superior de Cali, mediante el cual se  condenó  a  CARLOS  HERIBERTO  BARRETO  por el delito de Homicidio agravado.   

   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO                        JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

MAURO  SOLARTE  PORTILLA                             ALFONSO GÓMEZ MÉNDEZ   

                                  Conjuez             

MIGUEL   CÓRDOBA  ANGULO                  GUILLERMO   GARCÍA  GUAJE   

Conjuez  –     Excusa    justificada                                      Conjuez   

LUIS  ARNALDO  SARAZO  OVIEDO                  WILLIAM    MONROY  VICTORIA   

                  Conjuez                                Conjuez   

TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  Revisión  19252  del  11  de  marzo  de  2003,  M.  P.  Dr.  Fernando  Arboleda  Ripoll.     

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