20604(08-09-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20604  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  076  

Bogotá. D. C.,  ocho (8) de septiembre  de dos mil cuatro (2004).   

V    I   S   T   O  S   

Resuelve  la  Corte  la  admisibilidad de la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre  del  procesado  WILLIAM FERNANDO GALLEGO.   

ANTECEDENTES   

1.-   Los  hechos  que  motivaron  el  presente   diligenciamiento,   fueron  resumidos  por  el  juzgador  de  segunda  instancia, de la siguiente manera:   

“Ocurrieron  en  el  vecino  municipio  de  Tuluá,  concretamente  en  el  parque  del  barrio ‘Los Chiminangos’,  el  veintitrés  (23)  de octubre de  1999, en horas de la tarde.   

“Según  el  informe  policivo  visible al  folio  7  del  cuaderno principal, el lamentable acontecimiento que hoy ocupa la  atención  de  la Sala tuvo génesis en el aleve ataque sufrido por el ciudadano  Oscar  de  Jesús  Giraldo Aristizabal, quien fue abordado por varios individuos  que  le  arrebataron  sus  pertenencias –dinero  y alhajas- pero, ante su reacción, le propinaron un disparo  a la altura del tórax, lado izquierdo, que le causó la muerte.   

“Ilustra  de  la  misma  manera la reseña  policial  aludida,  que  por  el  hecho  fue  capturado  el   joven William  Fernando  Gallego Lince, sujeto que, según testigos, tuvo papel protagónico en  el  fatal  suceso,  a  tal  punto,  que  es señalado como autor del disparo que  acabó  con  la  vida del señor Oscar de Jesús Giraldo Aristizabal”.   

2.- El Juzgado Segundo Penal del Circuito de  Tuluá,  mediante  sentencia  del  24  de  agosto  de  2000,  condenó a William  Fernando  Gallego  Lince  a  la  pena  principal  de  42 años de prisión, a la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por el lapso de 10  años  y  al  pago  de  los  perjuicios,  como autor de los delitos de homicidio  agravado,  hurto  calificado  y  agravado  y  porte  ilegal de armas de fuego de  defensa personal.   

Apelado  el  fallo  por  el  procesado,  el  Tribunal  Superior  de  Buga,  al  desatar el recurso, el 28 de mayo de 2002, lo  modificó,  pues  impuso  a  Gallego  Lince  pena privativa de la libertad de 27  años de prisión. En lo demás, lo confirmó.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  defensor, basado en el cuerpo segundo de  la  causal  primera  de  casación,  acusa  al sentenciador de haber violado, de  manera  indirecta,  “una norma derecho sustancial por  error   de   hecho   en   la   apreciación  de  prueba  testimonial”,  yerro  que  condujo  a  inaplicar el artículo 29 del anterior  Código   Penal   y  el  artículo  30,  inciso  tercero,  del  actual  estatuto  represor.   

Dice que el yerro del Tribunal consistió en  haber  seleccionado  “el  artículo  23  del antiguo  Código  Penal el cual fue derogado por el artículo 29 de la legislación penal  actualmente vigente”.   

Manifiesta  que  si  se  tiene en cuenta las  pruebas  allegadas  al  trámite, se advertirá que el procesado no obró sólo,  sino  en  compañía  “de  terceros  que  fueron sus  compañeros”.   

Asevera  que  su defendido actuó en calidad  “de  convocado al asalto de un ciudadano, a quien se  proponían  en  principio despojarlo de sus pertenencias; así mismo encontramos  la  versión  o  declaración  de  testigos que afirman que al occiso le habían  arrebatado  inicialmente  unas alhajas y que quienes con el procesado estaban en  estos  quehaceres emprendieron la huida; las manifestaciones testimoniales dicen  que  vieron  a  varios individuos en la realización del asalto que terminó con  la     vida    de    Oscar    de    Jesús    Giraldo    Aristizabal”.   

Por ello, estima que no resulta apropiado que  se diga en la sentencia que actuó en calidad de autor.   

En  acápite  que  llamó  “PRUEBA  SOBRE  LA  QUE RECAYÓ EL ERROR”,  anota  que  el  fallo  de primera instancia refiere que en el testimonio rendido  por  Héctor  Manuel Montaño se dijo que “al momento  de  los hechos él venía atrás de quien resultó muerto, habiendo visto cuando  a  éste  ‘le salieron dos  tipos   a   píe   uno   le   arrebató  el  bolso  y  el  otro  la  cadena  del  cuello”.   

Por  consiguiente,  estima  que el yerro del  juzgador  es  trascendente,  puesto  que  no  puede  desconocer  o dejar de  apreciar  las  pruebas  allegadas  al  diligenciamiento,  máxime cuando en este  supuesto  los  testigos  fueron  reiterativos  en  sostener  que vieron a varios  sujetos participar en la comisión de los hechos.   

En  consecuencia, depreca a la Sala casar la  sentencia   impugnada   y,   en   su   lugar,   dictar   la   que   en   derecho  corresponda.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Del resumen de la demanda se advierte que el  único  cargo  formulado contra la sentencia del Tribunal, carece de la claridad  y  precisión  requerida,  de  acuerdo  con  lo  estipulado en el artículo 212,  numeral 3°, del Código de Procedimiento Penal.   

En  efecto, la citada preceptiva señala que  es  deber  del  libelista  enunciar la causal y en la formulación de la censura  indicar  en  forma  clara  y  precisa sus fundamentos y las normas que se estime  infringidas,  toda  vez que la Corte, en virtud del principio de limitación que  rige a la casación, no puede entrar a complementar al demandante.   

De igual manera, recuérdese que para efecto  de  la  demostración  del  yerro  invocado,  y  tal  como se infiere del citado  numeral  3°  del  artículo  212, también se erige en una carga para el censor  evidenciar  su  trascendencia,  esto  es,  cómo de no haberse cometido el error  necesariamente  el  fallo  habría sido favorable a los intereses que representa  el  libelista,  al  punto  que se hace imperioso que la Corte proceda de acuerdo  con   lo   establecido   en  el  artículo  217  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Teniendo   en   cuenta   los   anteriores  parámetros,  en  el  supuesto que ocupa la atención de la Sala, se observa que  el   actor  no  dio  las  razones  jurídicas  por  las  cuales  considera  como  transgredidos  los  artículos 29 del Decreto 100 de 1980 y 30 del nuevo Código  Penal, por falta de aplicación.   

Así  mismo,  no señaló cuál fue el falso  juicio  que  determinó  el error de hecho. Frente a este punto, recuérdese una  vez más que este yerro lo determinan tres falso juicios, a saber:   

a)  Falso  juicio  de  existencia, cuando el  juzgador,  al  momento de valorar de manera individual y mancomunada las pruebas  supone  un  medio  de  convicción  que no obra en el diligenciamiento o excluye  uno,  que tenían la capacidad de probar circunstancias que eliminan, disminuyen  o modifican la decisión absolutoria o de condena.   

b)  Falso  juicio  de  identidad,  en el que  incurre  el  sentenciador  cuando en la apreciación de una determinada probanza  le   hace  decir  lo  que  ella  objetivamente  no  reza,  erigiéndose  en  una  tergiversación  o distorsión del contenido material del medio probatorio, bien  por  que  se le coloca a decir lo que su texto no encierra o se le hace expresar  lo que objetivamente no demuestra.   

c)  Falso  raciocinio, cuando el fallador al  momento  de  ejercitar la actividad probatoria se aparta de los postulados de la  sana  crítica,  es  decir,  de  las leyes de la lógica, de la ciencia o de las  máximas de la experiencia o del sentido común.   

Ahora  bien,  del contenido del libelo no se  puede  concluir cuál fue el falso juicio que generó el error de hecho, pues en  la  fundamentación de la censura el actor no hizo otra cosa que sostener que su  representado  no  obró  solo  en la comisión de las conductas punibles por las  que  fue condenado sino en concurso de otras personas, destacando para el efecto  la versión juramentada de Héctor Manuel Montaño.   

Dentro del entendido de que fundó la censura  por  los  cauces  del error de hecho por falso juicio de existencia por omisión  probatoria,  cuando afirma que el yerro demandado es trascendente, habida cuenta  que   se   desconocieron   o   se  dejaron  de  apreciar  pruebas  allegadas  al  diligenciamiento,   de  todos  modos  no  las  señaló  y  menos  demostró  su  trascendencia    frente    a    las    decisiones    adoptadas   en   el   fallo  atacado.   

En  esas  condiciones,  como se anunció, la  Sala indamitirá la demanda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR   la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   WILLIAM    FERNANDO    GALLEGO    LINCE.  En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                                          ÁLVARO ORLANDO PÉRE PINZÓN   

         Excusa  justificada                                                                 Comisión de servicio   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                          JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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