20603(31-03-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20603   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 027.  

         

Bogotá D.C., marzo treinta y uno (31) de dos  mi cuatro (2004).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de los procesados  MARTIN   y   ANANIAS   ESPITIA   QUEVEDO,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  el  20 de agosto de 2002, mediante la cual  fueron  condenados  a  la  pena  principal  de catorce (14) años de prisión al  encontrarlos  responsables  en  calidad  de  coautores  del  delito de homicidio  doloso   en   Santiago  Rodríguez  Rubio,  decisión que modificó el fallo dictado el 19 de febrero de 2002  por  el  Juzgado Penal del Circuito de Chocontá, que los había absuelto por el  referido  delito  de  homicidio  y  por  el  punible de porte ilegal de armas de  defensa personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Los  hechos fueron adecuadamente sintetizados en el fallo de segundo  grado así:   

“Las  familias  Rodríguez  Rubio  y Espitia Quevedo residían en la vereda Retiro de Blancos de  Chocontá  y  entre  estas  surgieron inconvenientes que trascendieron en varias  oportunidades  a agresiones de palabra y de obra. Uno de los últimos incidentes  se  presentó  el  16  de  noviembre  de  1998 cuando miembros de los Rodríguez  pasaban  por  un  camino situado en la propiedad de los Espitia, resultando unos  heridos y otros detenidos.   

Doce  días  después,  el  28 de noviembre,  hacia  las  5  de  la  tarde,  Santiago Rodríguez Rubio salió de su residencia  hacia  Chocontá  y hacia las 6:30 fue hallado su cadáver, en el sitio conocido  como   ‘El   Alto   del  Ají’,  en  la  vía  que  conduce  de  Chocontá  a Villapinzón. La muerte sobrevino como consecuencia de  las heridas que le habían sido propinadas con arma de fuego.   

Justamente,  esa  misma  tarde, los hermanos  Ananías  y  Martín  Espitia  Quevedo  luego  de departir con unos amigos en el  casco  urbano  de  Chocontá,  regresaron a su residencia hacia la misma hora en  que  se produjo el fallecimiento de Rodríguez Rubio, por la misma carretera que  éste  utilizó  antes  del  ataque  y  pasando  por  el  mismo  lugar donde fue  encontrado su cadáver”.   

          La  Fiscalía  Seccional  de  Chocontá  dispuso  la correspondiente  investigación  previa,  y  posteriormente,  el  5  de  febrero de 1999 declaró  abierta   la  instrucción,  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria  a  MARTIN   y   ANANIAS   ESPITIA   QUEVEDO,  resolviendo  su  situación jurídica con medida de aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional como posibles  coautores  del  concurso  de  delitos  de  homicidio  y porte ilegal de armas de  defensa personal.   

Cerrada  la  instrucción,  el  sumario  fue  calificado  el  15  de  junio de 1999 con resolución de acusación en contra de  los  procesados  como presuntos coautores del concurso de delitos que motivó la  medida asegurativa.   

          La  fase  del  juicio correspondió adelantarla al Juzgado Penal del  Circuito  de  Chocontá,  despacho  que  una  vez  surtido  el  rito  pertinente  profirió  fallo  el  19  de  febrero  de  2002,  por cuyo medio absolvió a los  incriminados     MARTIN     y    ANANIAS    ESPITIA  QUEVEDO  de los delitos por los cuales fueron acusados  y les otorgó la libertad provisional.   

La  decisión  anterior fue impugnada por el  Fiscal  Seccional  de  Chocontá  y  por  el  Ministerio Público, y el Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  la revocó parcialmente, en el sentido de condenar a  los  procesados  a  la  pena  principal  de catorce (14) años de prisión, a la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por diez (10)  años  y  al  pago  de  la  correspondiente  indemnización  de perjuicios, como  coautores  penalmente  responsables  del  delito  de  homicidio  en Santiago  Rodríguez  Rubio, les revocó la  libertad  provisional  y  dispuso su captura, mediante fallo del 20 de agosto de  2002, el cual es ahora objeto de impugnación extraordinaria.   

LA DEMANDA  

El  defensor  formula  dos  cargos contra el  fallo que postula y desarrolla así:   

Primer   cargo   (principal):   Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  por  falso  juicio de  identidad.   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  primero,  el  actor considera que el fallo atacado violó de  manera  indirecta  los  artículos  103, 29, 31, 34, 35, 36, 37, 38, 44, 52, 59,  60,  61,  94,  95,  96  y  97  del Código Penal por indebida aplicación, y los  artículos  4º, 29, 228 y 230 de la Constitución Política y 1º, 6º, 13, 20,  24,  232,  233,  236,  237,  238,  264,  285,  286,  287  y  296  del Código de  Procedimiento Penal por falta de aplicación.   

          Para  demostrarlo  expone  que  el  falso  juicio  de  identidad  se  encuentra  “evidenciado en la respectiva providencia  y  ontologizado  (sic)  en la  forma  como  el Sentenciador de segunda instancia apreció la prueba indiciaria,  puesto  que  al  pronunciarse dedujo la existencia de una hipotética evidencia,  obtenida  de  la  deducción errática de las supuestas inferencias deducidas de  los  hechos,  según  el  fallador, probadas en autos, los cuales fueron tomados  como  relievantes  de  la  certeza  necesaria”  para  condenar a los procesados.   

          En  punto  del  indicio  de presencia señalado en el fallo atacado,  refiere  que  “una  cosa, es la presencia física de  una  persona  en un lugar determinado o cerca de aquel donde aconteció un hecho  delictivo,  y  otra  cosa  diferente, es que esa misma persona hubiera ejecutado  una  conducta  reprochable  como  en el caso de autos con una acción homicida y  con  el  concierto  o  acuerdo  para  su  ejecución,  con  división de trabajo  criminal  atendiendo  la  importancia  del  aporte  para  establecer la acción,  participación  y coautoría como lo establece el apartado segundo del artículo  29  del  Ordenamiento  Penal  Sustancial,  como lo consideró equivocadamente el  fallador”.   

          Y  agrega  que  el Tribunal omitió tener en cuenta que los testigos  de  cargo  carecían  “de  un  instrumento  que  les  permitiera   medir  con  exactitud  el  tiempo  en  que  los  vieron” (a los procesados, se aclara).   

          Aduce   que  en  las  actuación  no  se  demostró  “algún  acuerdo  en forma común (entre los  incriminados,   se  aclara)  para  llevar  a  cabo  el  designio  criminal,  menos  se estableció en forma precisa la hora del supuesto  ataque  al occiso; ni menos que en el sitio exacto donde apareció el cadáver y  a  la  hora  exacta  en  que  se  llevaron  a  cabo los hechos, se comprobara la  presencia  física de los acusados o de alguno de ellos, o se hubiera comprobado  tal  presencia  en  la  escena  fatal con la certeza necesaria. Pero el fallador  erradamente  identificó  tal  presencia  sin  existir pruebas de tal hecho y de  tales circunstancias”.   

          También  señala  que  al  verificar  las  razones expuestas por el  a  quo  para  absolver a los  sindicados  “es  indudable que se cae por su base lo  argüido,  deducido  y  considerado equivocadamente con inferencia de certeza en  los  hechos investigados por el Sentencidor de Segundo Grado, ya que se trata de  los  mismos  hechos  pero  de  diferentes  deducciones y apreciaciones que no se  ajustan  ni  a la lógica, ni a la razón, ni menos a la deducción a la cual se  llegó en la Sentencia Acusada”.   

          Expone  que “la conclusión inferencial a  que  llega  el  tribunal Sentenciador, dista muchísimo del criterio de verdad y  de  certeza  que  debe  ofrecer  la  prueba  indiciaria;  en  el  presente  caso  conceptualmente  se  equivoca,  puesto  que  los  hechos  indicadores  llevan  a  cualquier   desprevenido   investigador   a  deducir  con  la  misma  fuerza  de  credibilidad  que  de  ello  se  pueden sacar diferentes conclusiones, menos las  referenciadas       en       la       sentencia      sub      judice”   

          Añade  que  “en  cuanto  al  indicio de  MENTIRA  cuya  existencia  deduce  el  fallador,  es  suficiente expresar que es  errática  su  concepción  y  pugna  con  los  principios  básicos que nuestro  constituyente  instituyó  como  derechos  fundamentales; y en este caso que nos  ocupa,  el  derecho  de  defensa  instituido  en  nuestra  norma  superior en el  artículo  29  y  desarrollado  en  distintas  disposiciones legales inmersas en  nuestro Ordenamiento Procesal Penal”.   

          Sobre  el  mismo  indicio señala que pugna con lo establecido en el  artículo  33  de  la  Carta Política, dado que nadie está obligado a declarar  contra  sí  mismo,  y  por  ello,  no  puede  a  partir  de  lo  expuesto en la  indagatoria edificarse un indicio en su contra.   

          Puntualiza  el  censor  que  el  recaudo  probatorio  conduce  a una  “incertidumbre  judicial”  en   la   cual  “ningún  juzgador  debe  tomar  una  decisión   tan   radical”   como  condenar  a  los  procesados,  dado  que  “no hay prueba para sustentar  la Sentencia acusada”.   

          De  conformidad  con  lo  anotado,  el  defensor solicita a la Corte  casar  el  fallo  impugnado y en su lugar absolver a los incriminados, según lo  dispuso el a quo.   

Segundo  cargo  (subsidiario):  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por infracción de los principios de la sana  crítica.   

          Con  fundamento  en  la causal primera de casación, cuerpo primero,  el  actor  considera  que  el  fallo  atacado  violó  de  manera  indirecta los  artículos  los  artículos 103, 29, 31, 36, 37, 38, 44, 52, 59, 60, 61, 94, 95,  96  y  97  del  Código  Penal, y 1º, 6º, 13, 20, 24, 232, 233, 236, 237, 238,  264, 285, 286, 287 y 299 del Código de Procedimiento Penal.   

         Para  demostrarlo  argumenta  que  “en la  apreciación  de  los  Medios  Legales  de  convicción,  se  transgredieron los  principios  fundamentales  que  demanda  la  SANA  CRITICA  de  la  prueba  o la  PERSUACION  RACIONAL  de  la  misma, vulnerándose las reglas de la experiencia,  las  de  la  lógica  formal, trascendental y del deber ser, los postulados más  elementales  de  la  ciencia, y de la técnica jurídica, principios implacables  que  rigen  todo el análisis jurídico probatorio, en orden a la estimativa del  desarrollo  de  una  conducta  humana  antijurídica,  típica  y culpable parea  determinarla    Culpabilidad    y    señalar    la   Responsabilidad   de   los  acusados”.   

         

También manifiesta que el Tribunal dedujo la  coautoría  de  los  procesados,  sin elementos de prueba que así lo acrediten,  pues   en   la   actuación   existe  “un  manto  de  duda”,    como   lo   señaló   el   a  quo,  habida cuenta que los testigos no  establecieron  con  precisión  la hora en la cual vieron a los procesados en la  carretera,  no  se  estableció  si  la  muerte se produjo en el lugar en que se  halló  el  cadáver  o en otro sitio y a otra hora, no se  verificaron las  afirmaciones    de   Blanca   Ligia   Montenegro   de  Garzón  orientadas  a señalar que fue a otra persona  de  la  vereda  Retiro  a  quien  le  pagaron  para  que  causara  la  muerte  a  Santiago    Rodríguez,  circunstancias  que  determinaron  que  la  investigación  fuera vacilante y no  integral.   

          Con  base  en  lo  anotado,  el  censor solicita a la Corte casar el  fallo  atacado  y  en  su lugar absolver a los procesados por la “absoluta   carencia   de   pruebas”  que  conducen    a   “una   DUDA   razonable   que   los  beneficia”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Primer   cargo   (principal):   Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  por  falso  juicio de  identidad.   

Si   bien  el  casacionista  comienza  por  presentar  una  extensa lista de normas que estima violadas de manera indirecta,  olvida  que  la causal de casación invocada se refiere únicamente al quebranto  de  preceptos  de  carácter  sustancial,  y  entonces  cita  disposiciones  del  estatuto  procesal  penal,  tales  como  el  artículo  233 que se refiere a los  medios  de prueba, el 264 que señala los requisitos de los informes, el 285 que  alude  a  la  unidad  del  indicio y el 296 que dispone los apartes formales del  acta  de  diligencia  de  allanamiento  y  registro,  entre otros, equívoco que  ab  initio denota la ausencia  de técnica del libelo.   

Además,  el censor no procede a señalar de  qué  manera  fueron  violadas cada una de las normas que menciona, proceder que  no se ajusta a las exigencias de esta impugnación extraordinaria.   

Aunque en la postulación del cargo denuncia  la  presencia  de  errores  de  hecho  por  falso juicio de identidad, procede a  reprochar  de  manera  desordenada  la  prueba  indiciaria,  sin someterse a las  reglas   para   acceder   a  ello,  pues  le  correspondía  identificar  si  la  equivocación  se  cometió  respecto  de los medios demostrativos de los hechos  indicadores,   la  inferencia  lógica,  o  en  el  proceso  de valoración  conjunta  al  apreciar  su  articulación,  convergencia  y  concordancia de los  varios  indicios  entre sí, y entre éstos y las restantes pruebas, para llegar  a una conclusión fáctica desacertada.   

Si  el  error  radica en la apreciación del  hecho  indicador, dado que éste necesariamente ha de acreditarse con otro medio  de  prueba,  necesario  resulta  postular si el yerro cometido fue de hecho o de  derecho,  a  qué  expresión  corresponde y cómo alcanza demostración para el  caso.   

Y  si  el  error  se  ubica en el proceso de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del medio con el  que  se acredita el hecho indicador, y demostrar al tiempo que el juzgador en la  labor  de  asignación  de  su  mérito persuasivo se apartó de las leyes de la  ciencia,  los  principios  de  la lógica, o las reglas de experiencia, haciendo  evidente  en  qué  consiste  y  cuál  es  la operancia correcta de cada uno de  ellos, y cómo en concreto esto es desconocido.   

Si lo pretendido es denunciar error de hecho  por  falso juicio de existencia de un indicio o un conjunto de ellos, lo primero  que  debe  acreditar el censor es la existencia material en el proceso del medio  con  el  cual  se evidencia el hecho indicador, la validez de su aducción, qué  se  establece  de  él,  cuál  mérito  le  corresponde, y luego de realizar el  proceso  de  inferencia  lógica  a  partir  de  tener acreditado el hecho base,  exponer  el  indicio  que  se  estructura  sobre  él,  el valor correspondiente  siguiendo  las  reglas  de la experiencia, y su articulación y convergencia con  los  otros  indicios  o  medios  de  prueba directos1.   

Además, dada la naturaleza de este medio de  prueba,  si  el  yerro se presenta en la labor de análisis de la convergencia y  congruencia  entre  los  distintos indicios y de éstos con los demás medios, o  al  asignar la fuerza demostrativa en su valoración conjunta, es aspecto que no  puede  dejarse de precisar en la demanda, concretando el tipo de error cometido,  demostrando   que  la  inferencia  realizada  por  el  juzgador  transgrede  los  postulados  de  la  sana  crítica, y acreditando que la apreciación probatoria  que  se propone en su reemplazo, permite llegar a conclusión diversa de aquella  a  la  que  arribara  el  sentenciador,  pues  no  es de recibo en este trámite  anteponer  el  particular  punto de vista del actor al del fallador.     

No  obstante,  como  puede  observarse en el  libelo,  el  censor  no atina a identificar el objeto de su reproche respecto de  los  indicios,  y  simplemente  dirige  su  esfuerzo  a exponer su parecer sobre  puntuales   tópicos   del   fallo   que   aborda   y   abandona  sin  un  orden  definido.   

En punto del error de hecho por falso juicio  de  identidad  propuesto,  era  obligación  del demandante expresar mediante el  cotejo  objetivo  de  lo  dicho en el medio probatorio y lo asumido en el fallo,  qué  aparte de las pruebas fue omitido o añadido, qué efectos se produjeron a  partir  de ello, y lo más importante, cuál es la trascendencia del yerro en la  declaración  de  justicia  contenida  en  la  parte  resolutiva de la sentencia  atacada,  tópico  que  no puede ser demostrado con la exposición subjetiva del  criterio  del  impugnante,  pues menester resulta que materialmente acredite que  el  error  condujo  a  la falta de aplicación o a la aplicación indebida de la  ley  sustancial  en  el  fallo,  esto  es,  que  corregido  el  yerro, la prueba  debidamente  valorada  en  conjunto  con  las demás modifica sustancialmente el  sentido de la decisión reprochada.   

          Sin  embargo,  el  censor no refiere de manera alguna apartes de las  pruebas  que  hayan  sido  cercenados,  adicionados o tergiversados, dado que en  manifiesto  desconocimiento de la técnica casacional, reitera una y otra vez su  desacuerdo  con la valoración de ciertas medios probatorios, pero sin adentrase  a   demostrar   el   cargo   que   postuló,   proceder   inadmisible   en  este  procedimiento.   

A  su  vez,  también  alega que el Tribunal  erradamente  asumió  la  presencia  de los procesados en el lugar de los hechos  sin  que  existieran pruebas sobre ello, circunstancia que evidencia su ingresó  en  el  discurrir  propio  del error de hecho por falso juicio de existencia por  suposición  de  pruebas, lo cual demuestra una vez más la confusión del actor  en la postulación y demostración del cargo.   

Además  de  lo  expuesto,  el  casacionista  expresa  que  las  apreciaciones  e  inferencias del Tribunal no se ajustan a la  lógica,  argumentación  inherente  al error de hecho pro falso raciocinio, que  tampoco  postuló,  y  tanto  menos  desarrollo  de  conformidad con la técnica  casacional.   

También  el defensor señala que los medios  de  prueba  no  eran suficientes para proferir un fallo de condena, razonamiento  que  postula la existencia de duda, caso en el cual le correspondía precisar la  vía  de  su reproche, esto es, por violación directa o indirecta. Si postulaba  la   primera   era  su  deber  demostrar  que  el  fallador  reconoció  en  las  consideraciones  de  la providencia atacada la existencia de dudas trascendentes  de   imposible   eliminación   sobre  la  materialidad  de  la  conducta  o  la  responsabilidad  del  procesado,  y  pese a ello, profirió sentencia de condena  con  exclusión evidente de la disposición normativa que contiene el principio,  cuando le correspondía en consonancia con su exposición absolver.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso   juicio   de   legalidad,   acreditar  su  trascendencia  y  señalar  su  corrección; cometidos que el demandante no emprendió.   

         Igualmente,  el  impugnante refiere en punto del indicio de mentira  que  se  violaron  las  garantías  y  derechos  de sus asistidos, argumento que  debía  presentar  al amparo de causal tercera de casación, con el cumplimiento  de las reglas propias de tal censura.   

          Así  las  cosas,  las  múltiples  falencias  señaladas imponen la  inadmisión  del cargo de acuerdo con lo ordenado por el artículo 213 de la Ley  600 de 2000.   

Segundo  cargo  (subsidiario):  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por infracción de los principios de la sana  crítica.   

Al  igual  que  en  el anterior reproche, el  actor  relaciona  varias  normas  que  estima  violadas, entre las cuales indica  algunas  que no son de naturaleza sustancial, y tampoco procede a exponer de que  manera resultaron conculcadas.   

El   casacionista  postula  el  cargo  por  infracción  de  los  principios  de  la  sana  crítica,  que  en  la  técnica  casacional  corresponde  al error de hecho por falso raciocinio, caso en el cual  resultaba  imperativo  que  procediera a indicar qué dice de manera objetiva el  medio  de  prueba, qué infirió de él el juzgador, cuál mérito persuasivo le  fue  otorgado,  señalar  cuál  postulado  de  la  lógica, ley de la ciencia o  máxima  de experiencia fue desconocida, y cuál el aporte científico correcto,  la  regla  lógica apropiada, la máxima de la experiencia que debió tomarse en  consideración,  además,  demostrar  la trascendencia del error indicando cuál  debe  ser  la  apreciación correcta de la prueba o pruebas que cuestiona, y que  habría   dado   lugar   a   proferir  un  fallo  diverso  al  reprochado.    

          Como  puede  advertirse,  el  actor  no  se sujetó a ninguna de las  exigencias  de  técnica señaladas en precedencia, sino que presentó un libelo  informal   de  libre  alegación,  en  el  cual,  además,  aseveró  de  manera  insistente   que   existe   duda  razonable  sobre  la  responsabilidad  de  los  procesados,  habida  cuenta  que  no  contaron  con una investigación integral,  argumentación ajena a la censura postulada.   

          En  efecto,  si  el  propósito era acreditar la ausencia de certeza  para  condenar,  le  correspondía proceder en la forma ya señalada al analizar  el  cargo  primero  del libelo, pero si lo pretendido era denunciar el quebranto  del  principio  de  investigación integral debía acudir a la causal tercera de  casación,  con  la  obligación de precisar qué pruebas se dejaron de traer al  proceso,  cuál  era  su  contenido, que se hubiera demostrado con las mismas, y  cuál  fue  su  injerencia  en  el  fallo atacado, al punto de demostrar que con  aquellas, otro habría sido el sentido de la sentencia.   

Encuentra  la  Sala  que  a  ninguno  de los  deberes  y  exigencias técnicas indicadas se sujetó el defensor, razón por la  cual  la  postulación  del  cargo  resulta  meramente enunciativa sin demostrar  errores  en  el  fallo  objeto  de  censura,  circunstancia  que  conduce  a  su  inadmisión.   

Por  tanto,  evidente resulta que la demanda  acusa  las  graves  falencias técnicas destacadas, que no pueden en modo alguno  ser  subsanadas  por  la  Corte, pues ello lo impide el principio de limitación  que  rige  el  trámite  casacional,  imponiéndose  de  plano su inadmisión de  conformidad   con   lo   dispuesto  en  el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  las  demandas de casación   interpuestas   por   el   defensor   de  los  procesados  MARTIN   y   ANANIAS   ESPITIA   QUEVEDO, por las razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1 Cfr.  Sentencia  del  2  de  agosto  de 2001. M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll, entre  otras.     

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