20594(27-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20594  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 58  

          Bogotá,  D.  C.,   veintisiete  (27)  de mayo del dos mil tres  (2003).   

VISTOS  

          Mediante  sentencia del 24 de septiembre  de  2001,  el  Juzgado 29 Penal del Circuito de Bogotá absolvió a los señores  Isabel  Martínez  Bernal  y  Abelardo  Díaz  Otero de los  cargos que les fueran formulados.   

          El  fallo  fue recurrido por el apoderado de la parte civil y, el 18  de  marzo  de 2002, el Tribunal Superior lo revocó. En su lugar, declaró a los  procesados    penalmente  responsables,   como   coautores,  del  concurso  de  delitos  de  peculado  por  apropiación,  falsedad  de  particular en documento público y uso de documento  público  falso.  Les  impuso  las sanciones de 7 años de prisión, multa de un  millón  de  pesos  e  inhabilidad  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  igual  lapso  y les negó la condena condicional. El 26 de julio  siguiente  adicionó  la  sentencia para imponerles la obligación de indemnizar  los perjuicios causados.   

          La  señora  Martínez  Bernal  y  el defensor de Díaz Otero  acudieron  a  la casación, que se concedió. La Sala se pronuncia  sobre los presupuestos formales de las sustentaciones presentadas.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  24 de agosto de 1994, a través de la orden de pago 08240201, el  Banco  de  la  República  efectuó  un  traslado  de fondos al Banco Popular de  Bogotá,   por  un  valor  de  $51.558’161.173,  para  que  fueran  distribuidos  entre las entidades allí  citadas.  El  16  de  septiembre,  Luz  Marina  Hoyos  de  Sandoval,  Jefe de la  División  de  Caja  y  Giros  del  Tesoro  Nacional,  recibió  una  llamada de  Isabel Martínez Bernal, Jefe  de   Cuentas  del  Banco  Popular,  informándole  que  al  “Fer  –Fondo    de   Educación   Regional-  Boyacá”   se   le  abonaron  $3.283’306.323.   

          Con  base en los archivos, Hoyos de Sandoval verificó que se debía  transferir,  no  esa  suma, sino $4.183’306.504.  Confrontado  el  documento  con  el  cual el Banco Popular  realizó  los pagos, se constató que la primera hoja fue adulterada, para girar  a     “Fer     Boyacá”     $900’000.000  menos  de  lo  que  correspondía, en tanto que a la cuenta  “Fer  Limitada” se depositaron $460’000.000        y        a       “Hincaur”       $440’000.00.  Ninguna  de  esas firmas, con  sede  en Villavicencio, aparecía registrada en el Tesoro Nacional y los dineros  se  consignaron  en dos cuentas, asignadas con anterioridad por el gerente de la  sucursal  Villavicencio  del  Banco  Popular,  Abelardo  Díaz  Otero.  Éstas, fueron abiertas el 25 de agosto  de  1994  con  documentos  falsos,  por  quienes  dijeron  llamarse José Alfaro  Fernández  Hincapié  y Ludy Mireya Mejía Medina. Los días 26 y 29 de agosto,  estas  personas sacaron el dinero, con cheques cuyo pago efectivo fue autorizado  por Díaz Otero.   

          Adelantada  la  correspondiente  investigación, el 16 de febrero de  2000  Isabel Martínez Bernal  y  Abelardo Díaz Otero fueron  acusados  como  autores  del  concurso  de delitos de peculado por apropiación,  falsedad  material  de  particular  en  documento  público  y  uso de documento  público falso.   

          Proferidas  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancias, se  acudió a la casación.   

LAS DEMANDAS  

En    favor    de    Isabel    Martínez  Bernal   

          Su  apoderado  formuló  un  cargo  con  apoyo  en  la  causal  tercera,  es  decir, nulidad, por  cuanto  la  sentencia del Tribunal se profirió con faltas al debido proceso. El  Ad  quem no podía dictar el  fallo  de  segunda  instancia, toda vez que la impugnación de la parte civil se  presentó  en  forma extemporánea. Con citas de la jurisprudencia de la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia, sostiene que, siendo los  términos  legales,  no  le  estaba  dado a los funcionarios ampliarlos en forma  indebida,   lo  que  sucedió  en  este  evento,  habilitándose  una  irregular  apelación,    cuando    la   decisión   de   primer   nivel   había   cobrado  ejecutoria.   

          Se   debe   anular   el   trámite   desde   la   concesión  de  la  alzada.   

En nombre de Abelardo Díaz Otero  

          Su defensor presentó 3 reproches. Los desarrolló así   

         

          Primero. Causal  primera,   cuerpo   primero.   La   sentencia  violó  directamente,  por falta de  aplicación,  la  norma  sustancial.  Discurre sobre el principio de congruencia  entre  la  acusación  y  el fallo. Se queja de que a su asistido le violaron el  debido  proceso  y  el derecho a la defensa, que fue condenado sin que existiera  prueba  de  que  se  apropió  del  dinero  y adulteró el documento. Afirma que  acepta  la  relación  de  los  hechos  del fallo, pero no la valoración de los  elementos de juicio.   

          Segundo. Causal  tercera.  Por  faltas al debido proceso y al derecho a  la   defensa   se  incurrió  en  nulidad,  por  cuanto  al  imputado  no  se  le  notificó  el inicio de la  indagación  preliminar,  fase que se prolongó más allá del límite permitido  por  la  ley.  El  sindicado  no  pudo  conocer  en  forma  oportuna las pruebas  allegadas  en su contra, presentar las que pudieran controvertirlas, ni designar  un apoderado de confianza.   

          Se  impone  invalidar  lo  actuado  a  partir  de la resolución que  ordenó el inicio de la investigación previa.   

          Tercero.  Causal  tercera  de  nulidad.  El procesado fue vinculado como  persona  ausente  “pudiendo  habérsele (escuchado en indagatoria)”, pues se  conocían  sus lugares de residencia y trabajo, sin que los defensores de oficio  designados  hubieran  actuado  con  diligencia.  Cuando  el  señor Díaz   Otero   se   presentó  en  forma  voluntaria  y  fue indagado, ya se habían recaudado todas las pruebas de cargo.   

          Pide se case el fallo y se absuelva al sindicado.   

CONSIDERACIONES  

Sobre la demanda en favor de Isabel Martínez  Bernal   

          Como  satisface  las  exigencias técnicas, se declarará ajustada a  ellas.   

          En  consecuencia,  por  la  secretaría  de  la  Sala se correrá el  traslado  previsto en el artículo 213 del Código de Procedimiento Penal,   para   que   la   Procuraduría  Delegada  en  lo  Penal  emita  su  obligatorio  concepto.   

Sobre la demanda en nombre de Abelardo Díaz  Otero   

          El  artículo  213  del  Código  de Procedimiento Penal (Ley 600 de  2000)  dice  que “Si…la demanda no reúne los requisitos se inadmitirá y se  devolverá el expediente al despacho de origen”.   

          La  Sala  resolverá  en  esos  términos,  por cuanto el escrito no  cumplió  con  la  exigencia  técnica  del  artículo  212-3,  esto  es,  la de  presentar  “La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas que el  demandante estime infringidas”.   

          1.  La casación es un medio de impugnación de carácter rogado, lo  que  comporta  que  no se puede acudir a ella con elaboraciones libres, como tal  vez   podría   hacerse   ante  las  dos  instancias  que  conforman  el  debido  proceso.   

          Lo  extraordinario  del  recurso exige del demandante que cumpla con  los   principios   que   lo   orientan.   Entre   ellos,   el   de  prioridad,  en virtud del cual, cuando el  censor  quiere  atacar  el fallo por diversas causales, debe hacerlo en un orden  lógico,  comenzando  por  aquella  de  mayor  amplitud,  a  efectos de que, por  economía  procesal,  la  Corte  la  estudie  primero,  porque  de  prosperar la  petición, resulta inoficioso ocuparse de las restantes.   

          Nada  de  eso  hizo  el  censor,  quien  acudió,  en un comienzo, a  cuestionar  la violación directa de ley sustancial y luego presentó dos cargos  de  nulidad.  Lo  obvio  era  que diera prelación a los últimos, por cuanto de  lograr  el  reenvío del trámite, la Corporación no tendría por qué ocuparse  del primer motivo.   

          2.  Otro  principio  impone  al  casacionista  que no formule cargos  excluyentes,  salvo  que  lo  haga  de manera subsidiaria. El recurrente no hizo  esta  salvedad  y,  así,  exigió,  a  través  de la causal primera, sentencia  absolutoria,  y  de  manera  simultánea, por vía de la tercera, la nulidad del  trámite.  La contradicción es evidente, por cuanto, o se respetaron las formas  del  debido  proceso  como  para  pedir  fallo  definitivo, o se faltó a ellas,  evento  en  el  cual no puede existir decisión final, pues se impone retrotraer  la   actuación   en   aras   precisamente   de   restablecer   las   garantías  vulneradas.   

          3.  En  el  primer  reparo  invocó  la violación directa de la ley  sustantiva, pero no citó la disposición vulnerada.   

          4.  Cuando  se  acude  al  apartado  primero  de  la  causal primera  –violación directa de la  ley-  al  impugnante  le  está vedado cuestionar los hechos en la forma que los  consideró   demostrados   el   Tribunal.  Por  consiguiente,  debe  admitir  la  estimación  probatoria  judicial,  por cuanto lo que motiva la inconformidad es  la aplicación errónea de la norma, no ese proceso valorativo.   

          Así  lo  afirmó  el censor, aunque en forma ilógica lo hizo en el  tercer  reproche  (que  invocó  la  nulidad). No obstante, en el desarrollo del  reparo  de  que  se  trata,  apuntó  lo  contrario:  que  no  compartía  “la  valoración  de las pruebas como lo hizo el H. Tribunal, por eso me aparto de la  posición  del  mismo”.  Este  proceder  debió  emprenderlo  por  vía  de la  violación indirecta y no de la directa.   

          5.     Dentro     de     la     primera     censura     –causal  primera,  cuerpo primero- hizo  menciones  a  la congruencia entre la acusación y el fallo y a faltas al debido  proceso  y al derecho a la defensa, que por constituir, en su orden, los motivos  segundo  y  tercero,  ha  debido  plantearlos en capítulos separados y en forma  subsidiaria.   

          6.  La  petición  única  de absolución que se elevó al final del  escrito  se  muestra  contradictoria, cuando menos respecto de los dos reproches  de nulidad.   

          7.  Quien invoca nulidad, no se puede quedar en el señalamiento del  yerro.  Debe  acreditar  la  incidencia  que  el  mismo  tuvo  en  la situación  jurídica de su asistido.   

          7.1.  En  el  segundo cargo, el demandante reclamó la invalidación  porque  no se notificó la resolución que inició la fase preliminar. No probó  la  transcendencia  de la omisión. Por el contrario, argumentó que la falencia  impidió  conocer  las  pruebas,  controvertirlas,  allegar elementos de juicio,  pero  aclaró  que  el  señor  Díaz Otero  se  presentó  voluntariamente  a  rendir  indagatoria, con lo que  demostró  que  la  falta no tuvo incidencia alguna, por cuanto que el sindicado  conocía la existencia del proceso en su contra.   

          7.2.  El  defensor  afirmó que la situación jurídica fue resuelta  el  31 de octubre de 1997, que el sindicado se presentó a la fiscalía el 15 de  diciembre  siguiente,  y que la instrucción se clausuró el 24 de mayo de 1998,  esto  es,  meses  después  de  su  comparecencia.  De  la propia demanda surge,  entonces,   que   contó   con  suficiente  tiempo  para  ejercer  los  derechos  reclamados.   

          7.3.  La imposibilidad de aportar medios de prueba, que apunta a una  agresión  al  derecho  a  la  defensa,  se  quedó en la mención. No demostró  cuáles  fueron  los  que  se  le  imposibilitó  allegar  ni cómo mejoraban la  posición del acusado.   

         8.  En  la  última  censura  alegó, como causal de nulidad, que al  imputado  se  lo  declarara  persona  ausente.  Éste  es  un mecanismo legal de  vinculación,  sin  que  la frase de que no se realizó la suficiente diligencia  para  escucharlo  en  indagatoria, cuente con respaldo, además de que el libelo  explicó  que  se  ordenó  la captura, esto es, que los organismos de seguridad  del  Estado  lo  buscaron  y  no  dieron  con  su  paradero.  Por  lo demás, el  impugnante   expresó  que,  cuando  a  bien  lo  tuvo  el  señor  Díaz  Otero, compareció a la fiscalía y  rindió   sus  descargos,  de  donde  deriva  que  sabía  que  la  justicia  lo  investigaba y que haciéndose presente sería escuchado.   

         9.  La nulidad comporta una sanción extrema, a la que sólo se debe  acudir  cuando  no  existe  otro remedio para reparar la irregularidad. En estas  condiciones,  la  invalidación  reclamada  en  el  último  cargo  no  tendría  utilidad   ni  sentido,  porque  como  emana  de  la  propia  demanda,   la  corrección  que  se pretende con ella –que se reciba indagatoria al procesado- ya se logró.   

         10.  La  tangencial  mención  a  que  los  apoderados  de oficio no  realizaron  una  labor  adecuada,  se  quedó  sin  desarrollo  ni prueba. No se  relacionaron  los  actos  positivos  de  gestión  que  hubieran podido llevar a  cabo.   

         11.  En  forma extraña, en atención a la causal tercera de nulidad  esgrimida   en  la  última  queja,  el  recurrente  aclaró  que  respetaba  la  valoración  probatoria,  porque  así  se  exige  tratándose  de la violación  directa de la ley.   

         

         En  consecuencia,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,   

RESUELVE  

         

         1.  Declarar  ajustada  a  las  exigencias  formales  la  demanda de  casación   presentada   por  el  defensor  de  Isabel  Martínez Bernal.   

         Por  la  secretaría,  córrase traslado a la Procuraduría Delegada  en lo Penal para que emita el obligatorio concepto.   

         2.  Inadmitir  la  demanda allegada por el apoderado de Abelardo Díaz Otero.   

.  

         Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

         Comuníquese y cúmplase.   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL  HERMAN  GALÁN CASTELLANOS   

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                                                JORGE    ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO   

ÉDGAR    LOMBANA  TRUJILLO           ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Comisión    de  servicio   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

TERESA RUIZ NUÑEZ  Secretaria   

    

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