20353(29-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20353   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 107.  

          Bogotá D.C., septiembre veintinueve de dos mil tres.   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisión formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  RUBERLEY  PEREZ  ROMAN, contra la sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal Superior de Antioquia el 14 de  agosto  de 2002, por cuyo medio modificó el fallo de primer grado en el sentido  de   condenar  a  RUBERLEY  PÉREZ  ROMÁN  a  la  pena  principal  de  25  años y 6 meses de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso, como autor penalmente responsable de los delitos  de  homicidio  doloso  agravado  y  porte  ilegal  de  armas de fuego de defensa  personal,   negándole   en   consecuencia  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución    de   la   pena,   y   condenándolo   al   pago   los   perjuicios  ocasionados.   

En  la  sentencia  de  primera  instancia,  proferida  el 14 de mayo de 2002 por el Juzgado Penal del Circuito de Titiribí,  se  lo  había  condenado  a  la  pena  principal de 34 meses de prisión y a la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo  lapso,  como autor de los delitos de homicidio culposo y porte ilegal de arma de  fuego  de  defensa  personal,  y  a  pagar solidariamente con el otro procesado,  VICTOR   GOMEZ  PEREZ,  los  perjuicios   ocasionados   con  el  delito  de  homicidio,  y  le  concedió  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena impuesta.   

LA DEMANDA  

El  defensor plantea un solo cargo contra el  fallo  de  segundo  grado  al  amparo  de  la causal primera de casación cuerpo  primero,  por  violación  directa de la ley sustancial por aplicación indebida  de  los  artículos  103  y 104 del Código Penal y exclusión del artículo 109  del mismo ordenamiento, que sustenta así:   

          “Consistió  el  error  del  fallador en  imputarle  al  acusado  RUBERLEY  PEREZ  ROMAN,  en  la sentencia de condena, un  HOMICIDIO  INTENCIONAL  AGRAVADO  ARTS.,  103 y 104 DEL C.P. Y así dosificar la  pena  en  cuantum  equivalente  a 25 años seis meses de prisión, a pesar de no  concurrir   los   presupuestos   jurídicos   para   su  derivación”.   

          Destaca  que  el  cuestionamiento  es  meramente jurídico y que por  ello  admite  “los  hechos  tal  como los planeta el  sentenciador  y  la  existencia  y  valoración  de  los  medios probatorios que  soportan la decisión final”.   

Entonces el censor indica que el ad  quem  apreció  los  hechos  de manera  diversa   a   como   fueron   asumidos   por   el   a  quo sin que se presentaran los supuestos exigidos para  que  el  comportamiento  de  RUBERLEY PEREZ  correspondiera  a un delito de homicidio doloso, habida cuenta que  la  muerte  de  la  víctima  se produjo como consecuencia de un forcejeo con el  agente del orden, al intentar eludir su aprehensión.   

          Y  agrega,  que  “siendo  ello  así, la  reacción  de  la  víctima del homicidio estuvo por fuera de la previsibilidad,  del  rondín  que  llevaba  el  arma en su mano, pues se trató de una reacción  súbita  de  la  víctima,  al  tratar  de  impedir  por  su  fuerza el proceder  policivo,  y en ese instante producir un disparo…”.   

          Indica  que  el  Tribunal  “realizó una  adecuación  típica inadecuada, que no era la llamada a prosperar en este caso,  animada  sólo  por  el  factor  objetivo de la conducta desplegada por RUBERLEY  PEREZ  ROMAN,  pero  desligada  absolutamente  de su propio y principal designio  criminal, él no quería matar”.   

          Y  concluye  finalmente  que  “cuando el  Tribunal  en su sentencia que se impugna, precisa que el resultado antijurídico  es  un HOMICIDIO AGRAVADO, en la conducta desplegada por PEREZ ROMAN, llega a un  error  de  interpretación  del  contenido subjetivo de esta conducta, porque de  acuerdo   a   la  forma  como  sucedieron  los  hechos  narrados  por  el  mismo  sentenciador  y el razonado estudio cuidadoso de la prueba aportada al plenario,  la  ubicación  correcta  de la conducta desplegada por el sujeto activo de esta  acción,  esta  (sic)  enmarcada  en  el  art. 109 de la ley 599-00, y no en los  arts. 103 y 104 ib”.   

         

Con base en lo expuesto, el censor solicita a  la   Corte   casar  parcialmente  el  fallo  atacado  y  proferir  el  que  debe  reemplazarlo  dosificando  la  pena  que  corresponda  al  delito  de  homicidio  culposo.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Tiene  dicho  la Sala que la violación directa de la ley sustancial  se  refiere  exclusivamente  al  yerro  en  que  incurre  el  juez al aplicar la  normatividad  llamada  a  regular  un  caso  concreto, delimitado por los hechos  materia  de  juzgamiento  y  se  manifiesta  a  través  de tres modalidades. La  primera  se  configura  cuando  no  se aplica la norma que corresponde porque el  juez  yerra  acerca  de  su  existencia, es la denominada falta de aplicación o  exclusión   evidente.  En  la  segunda,  el  sentenciador  efectúa  una  falsa  adecuación   de   los   hechos  probados  a  los  supuestos  que  contempla  la  disposición  y  por  ello  incurre  en aplicación indebida. En la última, los  procesos  de selección y adecuación al caso en cuestión son correctos pero al  interpretar  el precepto el juez le atribuye un sentido que no tiene o le asigna  efectos  distintos  o contrarios a su contenido que es la violación consistente  en interpretar erróneamente la ley sustancial.   

Así,  cualquiera  que  sea  la modalidad de  violación   directa   de   la   ley,   el   yerro   de   los  juzgadores  recae  indefectiblemente  en  forma  inmediata  sobre  la  normatividad,  todo  lo cual  implica  un  cuestionamiento  en un punto de derecho, sea porque se deja de lado  el  precepto  regulador de la situación concreta demostrada, porque el hecho se  adecua  a un precepto estructurado con supuestos distintos a los establecidos, o  porque  se  desborda la intelección propia de la disposición aplicable al caso  concreto;  aspecto que exige como punto de partida, la aceptación incondicional  de  una realidad fáctica ya definida e inmodificable dentro del proceso, lo que  impone  la  sujeción  del  demandante a la realidad probatoria declarada en las  instancias.   

Si  lo  que  no  se  comparte  es el resulto  fáctico  logrado por los jueces, tales desavenencias recaen sobre las pruebas y  el  ataque  deja  de  ser  directo  para  convertirse  en indirecto, dado que la  infracción  a la ley sustancial se lleva a cabo de manera mediata, a través de  la  apreciación probatoria, según la índole de los errores que en esa materia  pueden llegar a incurrir los sentenciadores.   

         

En  el caso objeto de estudio se observa que  si  bien  el  defensor  plantea  la  violación directa de la ley sustancial por  aplicación  indebida  de  los  artículos 103 y 104 del Código Penal, y pese a  que  advierte  de  manera  artificiosa que no cuestionará la valoración de las  pruebas  por  tratarse  de  un  asunto  estrictamente  jurídico  por  error  de  interpretación  que  se concretó en la indebida adecuación de la conducta, lo  cierto   es   que  en  el  desarrollo  de  su  censura  termina  reprochando  la  apreciación  que  de  los  medios probatorios realizó el Tribunal al reconocer  que  el  comportamiento  del  procesado  fue  doloso,  como  se evidencia en los  siguientes apartes del libelo.   

          Dice  el casacionista que con las pruebas recaudadas se acredita que  la  muerte  de “JUAN GUILLERMO, obedeció sin lugar a  dudas,  a una situación accidental, ocasional, circunstancial, propuesta por el  hoy  occiso  al forcejear con el agente del orden, al tratar de huir para no ser  llevado al comando de la policía”.   

          No  obstante, otra muy distinta fue la valoración que de los medios  de    prueba    realizó   el   ad   quem,  pues fue enfático en señalar que “el  solo  hecho  de  apuntar  y disparar con un arma de fuego hacia la cabeza de una  persona,  o  cualquiera  otra  región  anatómica  vital,  denota claramente la  intención  homicida  del  agresor. Y en el caso a estudio, el accionamiento del  gatillo  no pudo ser accidental, por inexperiencia del agente o en la confusión  del  forcejeo,  como  se  pretenden  (sic)  hacerlo  creer,  porque  para  el  momento  de  la  detonación la  víctima  ya  había  sido  dominada,  reducida a la impotencia, no representaba  ningún  riesgo  y  no  era menester mantener el dedo en el disparador del arma,  menos aún, apuntarle al cráneo”.   

          Por  tanto,  si  lo  que  el  defensor  plantea en su demanda es una  valoración  de  los  sucesos  en  los  que se produjo la muerte de Juan     Guillermo    López    Hincapie  sustancialmente  diversa  de  la  realizada  por  el  Tribunal  en  la sentencia  reprochada,  es  evidente que abandona el discurso propio del cargo que anuncia,  esto  es,  por  violación  directa  de  la  ley sustancial, para ingresar en la  crítica  a  la  valoración judicial de los medios de prueba, que corresponde a  la  argumentación  propia  de  la  violación  indirecta  de la ley sustancial,  confusión  que  imposibilita  a  la  Sala  declarar  ajustada  la  demanda para  franquear   el   trámite  subsiguiente,  por  virtud  del  cual  interviene  el  Ministerio  Público  a  través  de  concepto  obligatorio  previo  al fallo de  fondo.   

         

En  consecuencia, no hay duda que el disenso  del  actor  se  circunscribe a la ponderación de las pruebas, circunstancia que  no  corresponde  ventilar  en la técnica de esta impugnación extraordinaria al  amparo  de  la  violación  directa  de la ley sustancial, lo cual denota que el  libelo    acusa   una   grave   falencia   que,   per  se,  atrae  para  sí  la consecuencia prevista por el  artículo  213  del  Código de Procedimiento Penal, esto es, la declaratoria de  inadmisión.   

Resta  señalar  que la indicada falencia no  puede  en  modo  alguno  ser  subsanada  por  la  Corte,  pues ello lo impide el  principio  de  limitación  que rige el trámite casacional, por virtud del cual  la  Sala sólo puede pronunciarse sobre los aspectos específicamente propuestos  –  salvo  los  eventos  de nulidad que pueden ser oficiosamente abordados por la  Sala  –  a  condición,  claro  está,  que  la  demanda haya sido formulada con  estricto  apego  a  las  exigencias previstas en el artículo 212 del Código de  Procedimiento Penal.   

Lo anterior constituye razón suficiente para  proceder  a  la  inadmisión de la presente demanda que, como viene de verse, no  reúne  las  exigencias  formales  previstas en la citada normatividad, en tanto  que  se  trata  de  la  consecuencia  procesal prevista por el artículo 213 del  estatuto procesal penal cuando tal situación ocurre.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  presentada  por  el  defensor    de   RUBERLEY   PEREZ   ROMAN   de  conformidad  con  las  razones  consignadas  en  la  anterior  motivación.   

Contra  este auto no procede recurso alguno.   

Notifiquese y cúmplase.  

         

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                   ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN              MARINA  PULIDO    DE    BARÓN                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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