20358(17-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20358  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Aprobado Acta No. 104   

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá D. C., diecisiete de septiembre de dos  mil tres.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  HUGO     HUMBERTO     MAMIAN     ORTEGA.   

Antecedentes.   

El  28  de agosto de 1999, en las horas de la  tarde,  varios  sujetos  que  se movilizaban en motocicletas interceptaron en el  perímetro  urbano  de  la  ciudad  de  Popayán,  el  vehículo  (jeep)  de  la  compañía  de  vigilancia  privada  SERVAGRO  LIMITADA,  donde  se  movilizaban  Jairo    Gustavo    Bravo    Pérez    (Supervisor   de   la  empresa)  y  Víctor  Hernán  Fajardo  (empleado  de   la firma POLLOS  CONQUISTADOR),   y   la   motocicleta   escolta,   donde  viajaban  Humberto   Daza   Hoyos   y  Tito  Yesid  Medina, y se apoderaron de la  suma  de  $51’800.000.oo que  transportaban  con  destino  a  las oficinas de BANCAFE. En el desarrollo de los  hechos    los    asaltantes    dispararon   contra   el   escolta   Tito   Yesid  Medina,  causándole  graves  heridas.    

Al  proceso  fueron  vinculados  Jairo  Gustavo  Bravo Pérez (Supervisor de  Servagro)   y   Jesús  Amaya  Castaño  (vigilante),          quienes  aceptaron  su participación en los hechos y se acogieron a  sentencia   anticipada.   También  lo  fueron  Jesús  Alfonso  Guzmán Rosero, Reinaldo Zúñiga Concha, Hugo Humberto Mamian Ortega y  Jimmy  Guzmán  Guzmán,  contra  quienes la Fiscalía  profirió  resolución de acusación por los delitos de homicidio agravado en la  modalidad  de  tentativa,  hurto  calificado agravado y porte ilegal de armas de  fuego de defensa personal (fls.659, 674, 706/2).   

Rituado  el  juicio, el Juzgado Tercero Penal  del  Circuito  de Popayán, mediante sentencia de 30 de octubre del 2001, tomó,  entre   otras,   las   siguientes   decisiones:   (1)  condenó  a  Reynaldo  Zúñiga  Concha  a  veinte (20)  años,   un   (1)   mes   y  quince  (15)  días  de  prisión,  y  Hugo   Humberto   Mamian   Ortega   a  dieciocho  (18)  años y tres (3) meses de prisión, como coautores responsables  de  los  delitos  imputados  en  la  resolución  de  acusación. (2) Condenó a  Jimmy   Guzmán  Guzmán  a  cincuenta  y  cuatro (54) meses de prisión, como coautor en el delito de hurto,  y  lo absolvió por los otros cargos. (3)  Cesó procedimiento en contra de  Jesús    Alfonso    Guzmán   Rosero   por muerte (fls.1049/2).   

Apelado  este  fallo  por  el  defensor  del  procesado  Mamian  Ortega, el  Tribunal  Superior  de  Popayán, mediante el suyo de 21 de agosto del 2002, que  ahora  el  mismo  sujeto  procesal  recurre  en  casación,  lo confirmó en los  aspectos impugnados (fls.5-32/3).   

La         demanda.   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo segundo, el recurrente plantea violación indirecta de la ley  sustancial,  por  aplicación  indebida de los artículos 22, 36, 323, 324, 350,  351  y  372  del Código Penal de 1980, y falta de aplicación del artículo 445  del  Procedimiento  Penal de 1991, debido a un error de derecho por falso juicio  de legalidad en la apreciación de algunas pruebas.   

Sostiene,  después de transcribir in extenso  fragmentos   de   los   fallos  de  instancia,  que  el  implicado  Jairo  Gustavo  Bravo  Pérez, antes de ser  escuchado  en  indagatoria,  declaró bajo juramento en varias oportunidades, en  las  cuales  fue enfático en manifestar que no estuvo en capacidad de reconocer  a  los  autores del hecho, porque  portaban viseras y cascos. Después, los  organismos  de seguridad establecieron que Bravo Pérez  había  tenido participación, junto con su compañero  de   trabajo   Jesús  Amaya  Castaño,  y    esto   determinó   su   vinculación   al   proceso   mediante  injurada.   

En    dicha    diligencia,   Bravo  Pérez  aceptó haber intervenido en  la  empresa  criminal,  y  delató  las  personas que habían participado, entre  ellas  al  señor  Rey  y al  señor  Peter, sin mencionar,  para   nada,  a   Hugo  Humberto  Mamian  Ortega.  Dijo  también  que las personas que se movilizaban en  las  motocicletas  portaban pasamontañas y cascos, lo cual lleva a concluir que  “jamás  tuvo  la  posibilidad  de  mirar el rostro de los participantes en el  lugar  de  los  hechos”.  Manifestó, igualmente, que después de la comisión  del  delito,  “se  enteró  que  la persona que lo encañonó era Rey   y  que  el  parrillero  era  el  tal  Peter  y  que  ésta  fue la  persona que le quitó el maletín al mensajero”.   

De  acuerdo con lo declarado por Bravo   Pérez   en   esta   oportunidad,  Mamian  Ortega  no pudo haber  intervenido  el  día  del  apoderamiento del dinero, porque quienes lo hicieron  fueron  El Rey y Peter.  Días después (el 7 de octubre de  1999),   Bravo  Pérez  fue  escuchado  en  ampliación  de  indagatoria,  y  es  aquí donde por primera vez  señala  a  Mamian Ortega como  la  persona  que tomó el dinero el día del atraco, y que viajaba en compañía  de  El  Rey.   El  8 de  febrero  del  2000  se  le recibe ampliación nuevamente, oportunidad en la cual  declara  que “repasando a las personas que me abordaron en el momento del robo  en  una  moto  RX  115  desconozco  el  número  de  la  placa, fueron el señor  REYNALDO   y   el   señor  MAMIAN,    el    señor  REYNALDO  venía conduciendo  la  moto,  venían  con casco pero descubiertos la cara y el señor MAMIAN  era parrillero, estas dos personas  portaban armamento corto”.   

De las citas que vienen de hacerse refulge que  las   declaraciones   de   Bravo  Pérez  no  son serias, y que su versión no ofrece motivos de credibilidad.  No  obstante ello, se le dio un valor desmesurado, en detrimento de Mamian  Ortega,  puesto que del estudio de  la  sentencia impugnada se llega a la conclusión que la decisión de condena se  sustentó   en  dicha  prueba,  “ya  que  no  existe  dentro  del  proceso  ni  declaración   de   testigo   alguno   que   comprometa  la  responsabilidad  de  Mamian,  ni la existencia de  indicio  alguno de donde se pueda derivar su participación en el hecho criminal  que pueda comprometer su inocencia”.   

No  obstante  la  errónea  valoración  del  testimonio     de    Bravo    Pérez    por  parte  del  juez de primera instancia,  lo  que indefectiblemente lleva a la conclusión de la  existencia  de  un  error  de  derecho por falso juicio de legalidad, el ad quem  “excusa  dichas circunstancia con la conclusión a que llega, cuando considera  la   declaración   de   Jairo  Gustavo  Bravo  Pérez  como    ‘seria,   vertical,   desinteresada  e  incluso  valerosa’,  en  contravía  de  otras  probanzas  obrantes  en  e  proceso  que  conducen  sin lugar a dudas al reconocimiento del  principio procesal del in dubio pro reo”.   

El artículo 294 del Código de Procedimiento  Penal  fijaba  unos  criterios  para  la apreciación del testimonio. Esta norma  (277  del  actual)  no  fue  aplicada  por los juzgadores de instancia. Esto los  llevó   a   darle  “total  credibilidad  al  dicho  del  señor  Jairo  Gustavo  Bravo Pérez, cuando por el  contrario  el  dicho de éste jamás podía gozar de dicha cualidad”. También  desconocieron  las  reglas de la experiencia, pues, de acuerdo  con éstas,  “se  torna  persona  de difícil credibilidad aquella que ha mentido en varias  oportunidades y eventualmente decide decir la verdad”.   

De  otra  parte,  la  situación  en  que  se  encontraba  Bravo  Pérez  el  día  de  los  hechos, debido al conocimiento que tenía de su ejecución, no le  permitía  tener  seguridad  sobre la identidad de las personas que intervenían  en  el  acto  criminal.  Menos  aún,  si  se  toma en cuenta que se encontraban  armados  y  vestidos  de tal manera que era muy difícil individualizarlos, como  lo  reconoce  el  propio  Tribunal  al  sostener que “obraron su suma audacia,  rapidez  y portando casos de motocicleta que impidieron su identificación, o al  menos   individualización,   para   las   personas  que  no  los  conocían  de  antemano”.  En  suma, las circunstancias en las cuales debieron ser percibidos  los  hechos,  no  eran aptas para la identificación e individualización de los  partícipes.   

Desde  el  punto de vista de su personalidad,  tampoco  Bravo Pérez amerita  crédito.  No es un testigo de fiar quien bajo la gravedad del juramento falta a  la  verdad.  “No  puede  ser  creíble el dicho de una persona que previamente  sabía  de la actividad delictual que se cometería, que iba a usufructuar de la  misma,  que  era  un  coautor pasivo del acto criminal y que para proteger a los  autores  del  crimen  guardó  silencio,  y quien solo cuando las autoridades lo  descubrieron  empezó a realizar señalamientos de las personas participantes en  la comisión del delito”.     

Por  las mismas razones, el reconocimiento en  fila  de  personas  del  procesado Hugo Humberto Mamian  Ortega  no  puede tener la trascendencia jurídica que  el  ad quem le ha dado, pues como ya se vio, “el mismo deviene de las mentiras  que   de   manera   paulatina   empezó   a  construir  el  señor  Bravo   Pérez   en   el  decurso  de  la  investigación”,  diligencia  que  se  puede  semejar a una parodia urdida con  intereses   mezquinos   del   señor   Bravo  Pérez,  quien  con total seguridad (la misma que es extraña),  identifica     a    Mimian    Ortega    como uno de los autores del ilícito.   

Dicho  reconocimiento,  aunque  tuvo visos de  aparente  legalidad,  no lo fue, porque mucho tiempo antes de su realización le  fueron  mostradas al testigo fotografías de la persona que debía reconocer. Es  lo  que  se  establece  de lo afirmado por Bravo Pérez  durante   la   diligencia   de   reconocimiento   de  Jesús    Alfonso   Guzmán   Rosero,   donde  manifiesta:  “posteriormente  en  las instalaciones del DAS  hace  ocho  (8)  días  sí  me mostraron unas fotografías y allí reconocí al  señor  Reynaldo  y al señor  Mamian”.   

Lo   anterior  significa  que  Mamian  Ortega  ya había sido ilegalmente  reconocido  por Bravo Pérez a  través  de  fotografías,  sin haber sido ordenada previamente dicha diligencia  por  parte  de  la  Fiscalía.  De  esta  prueba  no  aparece  constancia  en el  expediente.  Ello  muestra  que fue producida irregularmente, y que se practicó  con  desconocimiento  de  la  ritualidad  establecida  en  el  artículo 369 del  estatuto  procesal  penal  (sin  la  presencia  del  defensor  y  del Ministerio  Público).    Ha    de    acotarse,    complementariamente,   que   Bravo   Pérez  siempre  guardó  silencio  acerca  de  dicho  reconocimiento,  situación  de  vital importancia, porque en  tales   condiciones,   se  hacía  innecesario  el  reconocimiento  en  fila  de  personas.   

En  punto  a  la   trascendencia  de los  errores  propuestos  sostiene que la decisión de condena se soporta, según los  términos  del  fallo  de  segunda  instancia, en las declaraciones rendidas por  Jesús  Amaya  Castaño  y Jairo Gustavo Bravo Pérez.  El   primero,   nunca  ha  señalado  a  Mamian  Ortega  como partícipe del delito.  Y  el  segundo,  solo vino a hacerlo después de varias declaraciones falaces, y  de   haberlo   visto   irregularmente  a  través  de  fotografías.  En  dichas  condiciones,  la  determinación  en  grado de certeza de la responsabilidad del  procesado  Mamian  Ortega  en  los  hechos,  no  puede  persistir,  como  quiera  que  el  único  elemento  de  persuasión  existente  no  permite  estructurar  los requisitos requeridos para  proferir  una  sentencia de carácter condenatorio. Pide, en consecuencia, casar  al fallo impugnado, y en su lugar proferir decisión absolutoria.   

SE        CONSIDERA:   

La  demanda  objeto de estudio desatiende las  exigencias  de  claridad y debida fundamentación exigidos para su admisibilidad  por  el  artículo  212.3  del  Código  de  Procedimiento  Penal, y la técnica  casacional.  Dichos  desaciertos  derivan  de  varios  factores:  (1)  Falta  de  correspondencia  entre el enunciado del cargo y su desarrollo; (2) confusión de  los  conceptos  de  error de derecho por falso juicio de legalidad y de error de  hecho   por   falso   raciocinio;   y   (3)   desconocimiento  de  su  forma  de  demostración.   

Los  dos  primeros  aspectos guardan estrecha  relación  entre  sí.  La  confusión  de  índole  conceptual  entre  las  dos  categorías  de  errores mencionados, llevaron al casacionista a desarrollar una  propuesta  distinta  de  la  anunciada.  Alega que los juzgadores incurrieron en  errores  de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad  en  la apreciación del  testimonio  de Jairo Gustavo Bravo Pérez, y  el  reconocimiento  en fila de personas realizado por éste, pero  en  lugar  de  entrar a examinar los presupuestos formales legalmente requeridos  para  su  validez,  y las equivocaciones de los juzgadores en su análisis, como  correspondía hacerlo, se dedica a cuestionar su credibilidad.   

El  error  de  derecho  por  falso  juicio de  legalidad  está relacionado con la existencia o validez jurídica de la prueba.  Puede  ser  positivo o negativo. Es positivo cuando el juzgador considera que el  medio  cumple las exigencias formales legalmente requeridas para su validez, sin  llenarlas.  Es  negativo  cuando  estima  que  no  las cumple, reuniéndolas. El  juicio,  en  ambos casos, debe recaer sobre los presupuestos formales legalmente  requeridos  para  que la prueba pueda ser considerada jurídicamente válida, no  sobre  elementos  distintos,  como  su contenido material, su credibilidad, o su  eficacia   probatoria.   Estos   aspectos,   son   propios   de  otra  clase  de  yerros.   

Nada  de  ello plantea el casacionista. Ni en  relación  con  el  testimonio,  ni  respecto  del  reconocimiento  en  fila  de  personas,  pide la declaración de su inexistencia jurídica por desconocimiento  de  requisitos legales en su producción. En su lugar, cuestiona la credibilidad  de  estas  pruebas,  sobre  el  supuesto  de  que  el  declarante  es mentiroso,  planteamiento  que  daría  pie para pensar que lo realmente alegado podría ser  un  error  de  hecho  por  falso raciocinio, derivado del desconocimiento de las  reglas  de  la sana crítica en la valoración que los juzgadores hicieron de su  mérito.  Pero  esta  categoría de reparo tampoco es adecuadamente desarrollada  por el libelista.       

El  error de raciocinio, ha sido dicho por la  Corte,  se presenta cuando el juzgador desconoce de manera manifiesta las reglas  de  la  sana  crítica  en  la  valoración  del  mérito  de la prueba, o en la  obtención   de   las   inferencias   lógicas   de   carácter  probatorio.  Su  demostración,  por  tanto,  impone  acreditar  que  el análisis que los fallos  contienen  de dichos aspectos, contravienen, en forma caprichosa, los postulados  de  la lógica, las reglas de experiencia, o los principios de la ciencia, tarea  que  el  demandante  no  se  esmera  en  realizar.  Sus  alegaciones,  lejos  de  fundamentarse  en  un  análisis  serio,  de  contenido  lógico jurídico, como  correspondía  hacerlo  según  se  dejó  anotado,  descansa  en  una  crítica  abierta,  de índole eminentemente subjetiva, donde lo único que queda en claro  es  que  se encuentra inconforme con la decisión adoptada por los juzgadores de  instancia.    

Al  finalizar  su  alegato,  el  casacionista  cuestiona  la validez de un reconocimiento fotográfico por haber sido realizado  sin  la  presencia  del defensor y del representante del Ministerio Público. En  relación  con  esta prueba, basta decir que la misma, según lo expuesto por el  propio  libelista,  no hace materialmente parte del proceso, y que si lo alegado  es  que  a  pesar  de  ello,  sirvió de fundamento para la decisión de condena  (cuestión  que  el  libelista  no  afirma),  el  error  estructurado  sería de  existencia,  por  suposición,  y  no  de legalidad, porque la configuración de  este último presupone la existencia material del medio.   

Dado,  entonces, que la demanda no cumple los  presupuestos  mínimos  requeridos  para ser declarada en forma, y que la Corte,  en  virtud  del  principio de limitación que rige el recurso, no puede entrar a  suplir  sus  vacíos  o  enmendar  sus  desaciertos,  se  la  inadmitirá,  y se  declarará  desierta  la  impugnación,  de  acuerdo  con  lo establecido en los  artículos  197  del  Decreto  2700  de 1991, y 213 de la ley 600 del 2000. Esta  decisión  surte efectos a partir de su notificación, u contra ella no proceden  recursos.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R   E   S   U   E   L   V   E:   

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  a  nombre del procesado Hugo  Humberto  Mamian  Ortega.  En consecuencia, se declara  desierta la impugnación.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.  Notifíquese y devuélvase al Tribunal de origen. CUMPLASE.   

  YESID RAMIREZ BASTIDAS  

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS                CARLOS A. GALVEZ ARGOTE   

JORGE         A.         GOMEZ  GALLEGO                        EDGAR LOMBANA  TRUJILLO                         

ALVARO         O.        PEREZ  PINZON                          MARINA PULIDO DE BARON   

JORGE        L.        QUINTERO  MILANES                    MAURO SOLARTE PORTILLA   

                                                    Teresa Ruiz  Núñez   

                                                        SECRETARIA   

    

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