20352(11-03-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20352  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 32  

          Bogotá,   D.   C.,   once   (11)   de   marzo   del  dos  mil  tres  (2003).   

VISTOS  

          Mediante sentencia del 6 de mayo de 2002,  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Pasto  absolvió  a los señores  Ricarmo  Rodríguez  Suárez,  Luis    Alberto    Narváez    Santacruz      y     José     Luis     Narváez  Bolívar    de    los    cargos   que   les   fueron  formulados.   

          El  fiscal delegado apeló el fallo y, en decisión del 16 de agosto  del  mismo  año,  el  Tribunal  Superior  de  esa ciudad lo revocó para, en su  lugar,  declararlos  penalmente responsables, como autor el primero y cómplices  los  últimos,  del  delito  de  concusión.  En  el  mismo orden les impuso las  sanciones  de  60  y  38  meses  de  prisión,  multa de 5 y 2 salarios mínimos  legales  mensuales  e  inhabilidad  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por iguales lapsos, la obligación de indemnizar los perjuicios y les  negó la condena condicional.   

          El   defensor    del  señor  Ricarmo  Rodríguez   Suárez  acudió  a  la  casación  y  se  concedió.   La  Sala  se  pronuncia  sobre  los  presupuestos  formales  de  la  sustentación presentada.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  3 de mayo de 1998, cuando transitaba entre los sitios La Cabaña  y  San Francisco (Nariño), Rigoberto Cuarán López fue despojado del vehículo  de  su  propiedad. Días después, a través de un amigo, Rigoberto y su hermano  Ramón  fueron  contactados por “Lucho”, quien les informó que el automotor  fue  recuperado  y  que  si  le daban “una propina”, lo devolvería, para lo  cual  los relacionó con otro señor, quien, dijo, era el “fiscal” del caso.  El  último, a su vez, los contactó con un “informante”, que pidió la suma  de    $5’500.000,   que  finalmente rebajó a tres.   

          El  12  del  mismo  mes,  miembros  de  la  Policía aprehendieron a  José Luis Narváez Bolívar,  luego  de  recibir el dinero exigido. Quien dijo que era el fiscal, resultó ser  Ricarmo  Rodríguez  Suárez,  investigador  del Cuerpo Técnico de Investigación, en tanto que “Lucho” es  el    apelativo    de    Luis    Alberto    Narváez  Santacruz.   

          Adelantada  la  correspondiente  investigación,  el  20 de enero de  1999   Rodríguez  Suárez,  Narváez    Bolívar   y  Narváez  Santacruz  fueron  acusados,  el  primero  como autor y los restantes en calidad de cómplices, del  delito de concusión.   

          Proferidas  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancias, se  interpuso casación, que se concedió y fundamentó.   

LA DEMANDA  

          El apoderado formuló un cargo. Lo desarrolló así:   

          Causal   primera,   segunda   parte.  La  sentencia     violó     indirectamente,   por   error   de   hecho,  los  artículos  7 y 232 del Código de Procedimiento Penal. Dijo  que  el  fallo  de  primera instancia acertó, pues existían serias y profundas  dudas  que impedían la condena y “que no fueron suficientemente analizadas”  por el Tribunal.   

          Agregó  que  como  la  pena  prevista  en la ley “no alcanza para  demandar  en  casación”,  acudía  a  la  vía excepcional, por violación de  garantías  constitucionales  e  invocó  el  artículo  29  superior, porque se  impuso  sanción  “bajo la perspectiva de la desueta responsabilidad meramente  objetiva”,  pues se analizó “únicamente la incorrección formal del actuar  de mi defendido”, “sin examinar el concepto de culpabilidad”.   

          Solicitó   se   case   el   fallo,   para   reemplazarlo   por  uno  absolutorio.   

CONSIDERACIONES  

          1.  La  decisión  del Ad quem se profirió el 16 de agosto de 2002,  en  vigencia  del nuevo Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000), lo que  indica  que  son  las  disposiciones  de  éste  las  que  rigen  el trámite en  relación con el recurso interpuesto.   

          Su  artículo  205  dice  que  “La  casación  procede  contra las  sentencias…proferidas  en  segunda  instancia por los tribunales superiores de  distrito  judicial…,  en  los  procesos  que  se  hubieren  adelantado por los  delitos  que  tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo exceda  de ocho años”.   

          2.  La  acusación  y  la decisión de condena se profirieron por el  delito  de  concusión  previsto  en el artículo 140 del Código Penal de 1980,  modificado  por  el  21  de  la Ley 190 de 1995. Esta disposición establece una  sanción de prisión cuyo máximo es de 8 años.   

          En  tales condiciones, en contra de lo que argumentó el Tribunal al  concederlo,  no  procedía  el  recurso  extraordinario  común,  por  cuanto la  privación  de la libertad prevista por el legislador, es inferior a la que fija  el artículo 205 procesal.   

          3.  La  única posibilidad de acudir al medio de impugnación de que  se  trata,  estaba dada por el inciso tercero de la norma adjetiva, conforme con  el  cual,  “De  manera  excepcional,  la  Sala  Penal  de  la Corte Suprema de  Justicia,  discrecionalmente,  puede  admitir  la  demanda  de  casación contra  sentencias  de  segunda  instancia  distintas  a  las  arriba  mencionadas, a la  solicitud   de  cualquiera  de  los  sujetos  procesales,  cuando  lo  considere  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía de los  derechos  fundamentales”.  Así  lo  entendió  el  censor,  quien afirmó que  optaba por este trámite.   

          Esa  vía, que de manera discrecional o excepcional puede admitir la  Sala,  exige  como presupuesto de necesidad que la parte inconforme presente los  argumentos  jurídicos  a  través  de  los  cuales  demuestre  que acceder a su  postulación  sirve  para  que  la Corte se pronuncie respecto de uno de los dos  presupuestos:  para desarrollar la jurisprudencia nacional o para garantizar los  derechos  fundamentales,  en puntos no tratados, o que sea necesario aclarar por  contradictorios,  o  actualizar  por  el  transcurso  del tiempo, o que permitan  determinar el alcance de alguna disposición.   

          El  actor, al presentar su demanda, no ofreció un sustento sobre la  necesidad   del   adelanto   de   la  jurisprudencia  en  una  de  aquellas  dos  posibilidades.  Sólo  dijo  que  se infringió una garantía constitucional, en  cuanto  se  dedujo responsabilidad objetiva. Pero no desarrolló ni demostró el  enunciado.  Se  limitó  a solicitar que se dé lectura a la decisión de primer  nivel  para  encontrar  la  prueba  de  las  dudas existentes respecto de que su  asistido nunca tuvo el propósito de pedir dinero.   

          La  Sala  debe  reprochar  la actitud del señor apoderado, quien no  sólo  no  cumplió  con  la  obligación de presentar los argumentos jurídicos  para  demostrar la necesidad de desarrollar la doctrina de la Corporación, sino  que  aspira  que  ella  busque y encuentre esas razones. Su pretensión apunta a  que el juez de casación lo supla en su deber.   

          En  las  condiciones  dichas,  la Sala no puede conocer los aspectos  que,  a  juicio  del defensor, harían viable la admisión de la demanda, lo que  lleva   al   rechazo,   como   que   son  sus  estudios  los  que  habilitan  el  pronunciamiento  del Tribunal de casación en aras de determinar su procedencia,  en  el  entendido de que verifiquen que pueden servir para la doble finalidad de  unificar su doctrina y resolver el caso concreto.   

          4.  Por  lo demás, en esta sede compete comprobar la ilegalidad del  fallo  de  segunda  instancia,  lo que se logra con el señalamiento de precisos  errores  y  no  oponiéndole criterios consignados en otras providencias. A esta  tarea  no  se  aplicó  el  demandante, con lo que el lánguido escrito también  estaría llamado a la inadmisión.   

          A   pesar   de   reprochar  que  se  incurrió  en  un  error  de hecho, no especificó la especie  –existencia,  identidad,  raciocinio-  a  través  de  la  cual  se  presentó;  no determinó las pruebas  valoradas  en forma equivocada; no mencionó las disposiciones del Código Penal  objeto  de  violación;  no  realizó  el análisis integral de los elementos de  juicio  –en verdad, no hizo  ninguna  consideración- para concluir en la existencia de la duda; ni citó los  apartes del fallo que dedujeron responsabilidad objetiva.   

          Así,  se debe aplicar el artículo 213 del Código de Procedimiento  Penal,  conforme  con  el  cual,  “Si…la demanda no reúne los requisitos se  inadmitirá y se devolverá el expediente al despacho de origen”.   

          En  consecuencia,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,   

RESUELVE  

         

          Inadmitir la demanda de casación presentada.   

          Contra      esta     decisión     procede     el     recurso     de  reposición.   

          Notifíquese y cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL    HERMAN GALÁN  CASTELLANOS                

CARLOS   A.   GÁLVEZ   ARGOTE                                                JORGE    ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO             

ÉDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                                               ÁLVARO   ORLANDO  PÉREZ PINZÓN   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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