20268(08-03-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20268   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

  Magistrado Ponente:  

     Dr.    JORGE   ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

  Aprobado Acta No. 16  

Bogotá,  D.C,  ocho  de  marzo  de  dos  mil  cuatro.   

V   I   S   T   O   S   

Se  pronuncia  la  Corte sobre la acción de  revisión  presentada por el apoderado de DANILO MUÑOZ  FORERO,  quien  fue  condenado  por  el delito de acto  sexual  violento agravado, según sentencias de fechas junio 1º y septiembre 11  de  2001 proferidas, en su orden, por el Juzgado 17 Penal del Circuito de Cali y  el Tribunal Superior de la misma ciudad.   

HECHOS  

          La  síntesis  que  de  los hechos hizo el Juzgado de instancia, es  del siguiente tenor:   

“A  las  9:05  de  la  noche  del  9  de  septiembre  de  2000  el  señor  Ramón  Antonio Ruiz Fonseca instaura denuncia  pena,  dando  a conocer que su menor hija de 16 años, Angie Leidy Ruiz Fonseca,  fue  sexualmente  atacada  por  varios  jóvenes,  entre  ellos  Danilo,  Carlos  Andrés,  Mauricio  y  otros  cuya identidad desconoce; afirmando que los hechos  ocurrieron  en  hora  de  la  tarde  de  ese día, en la residencia de Mauricio,  concretamente  en  el  baño, a donde la menor fue llevada amenazada con arma de  fuego,  luego  de  lo cual con un cuchillo se la lesionó en una de sus piernas.  Conducida   a  un  centro  asistencial,  desde  allí  se  le  avisó.  Finaliza  suministrando  los  nombres  y  ubicaciones  de tres de los comprometidos, todos  moradores del sector donde él reside”.   

ANTECEDENTES  

         Por  tales  hechos,  al ahora demandante en revisión DANILO MUÑOZ  FORERO,  se  le juzgó como autor del delito de acto sexual violento agravado, y  mediante  fallo  de  junio  1º de 2001 se le declaró penalmente responsable de  dicha  conducta,  fijándole  como  pena  principal  la  de  6  años 8 meses de  prisión  y  la  accesoria  de  interdicción  en  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo término, según sentencia proferida por el  Juzgado     17    Penal    del    Circuito    de    Cali.    Recurri­do  el fallo por la defensora, desató  el  recurso  el  Tribunal  Superior  de  la  misma ciudad, que mediante fallo de  septiembre    11   de   2001,   confir­mó la condena impuesta.   

LA DEMANDA  

         La  acción  de revisión se promueve al amparo de las causales 3a.  y    4a.    del    artículo    220    del    Código   de   Procedi­miento Penal, cuyo pretendido sustento  puede resumirse de la siguiente manera:   

        Causal tercera:   

         El  instructor  omitió  realizar una investigación integral, como  le   obligaba   la   ley  procesal  penal,  pues  no  estableció  el  grado  de  intoxicación  en  que se encontraba DANILO MUÑOZ al momento en que realizó la  conducta  punible,  ya  que  “podía  llegar  a una  situación  de INIMPUTABILIDAD TRANSITORIA”, lo cual  era  de  vital  importancia  para  determinar si se imponían penas o medidas de  seguridad.   

         Dicha  omisión,  agrega,  incidió  en el trámite de la sentencia  anticipada  a  que se sometió el ahora condenado, pues el defensor no advirtió  las  consecuencias  que  dicho  acto  de  aceptación de cargos le traería a su  representado,  quien  no  contó  con una real asesoría frente al punto, ni fue  autónomo en esa determinación.   

         Sostiene  que  no hubo una correcta adecuación jurídica del caso,  pues  de  acuerdo  con lo expuesto por la ofendida, su representado no incurrió  en el acto sexual violento que se le endilgó.   

          El  fallo  condenatorio  no contiene “una  normal  motivación”  porque no consideró que tanto  el  sujeto  activo  como el pasivo de la conducta, se encontraban bajo trastorno  mental  transitorio  por  el  consumo  de estupefacientes y licor. La condena se  sustenta  en  hipótesis, porque en ningún momento hubo acoplamiento carnal con  la  ofendida,  quien  prestó  su  consentimiento,  queriendo y consintiendo los  actos de sus amigos.   

          El  examen médico a la menor dio razón  de  una  desfloración  antigua  y  no  se advirtieron signos de violencia en su  cuerpo,  salvo  “el  chuzón  que le propinó Carlos  Andrés  Guzmán”, dictamen que no tiene virtualidad  probatoria evidente como para deducir el delito imputado.   

          Causal cuarta:   

          Según  el  actor,  el  fallo demandado fue determinado por conducta  típica  de  un tercero, en este caso de su defensor, quien ante la negativa que  expresó  su  mandante para aceptar los cargos, insistió de manera pertinaz sin  advertirle  al  procesado  de las consecuencias del acto, razón por la cual esa  aceptación no fue libre y consciente.   

          Si  no hubiera sido por la insistencia del defensor, no habría sido  posible  comprobar los hechos y ante la “falta de toda certidumbre respecto de  los  elementos  que constituían la modalidad objetiva, se imponía concluir que  el  requisito  básico  de  la  plena  prueba  del  cuerpo  del delito no era de  cantidad    y    contenido   como   para   proferir   un   juicio   certero   de  responsabilidad”.   

          De  los testimonios obrantes no se deduce la culpabilidad de MUÑOZ,  sino  simples  predicamentos  de  eventualidades que hacían improbable y apenas  presumible  ese  aspecto  de  la  responsabilidad,  lo  cual descartaba la plena  prueba o certeza para condenar.   

          Culmina  solicitando  que  se  revise  la sentencia y en su lugar se  profiera el fallo que en derecho corresponda.   

          Como  pruebas,  solicita que se decrete el testimonio de la víctima  Angie Leydi Ruiz Mosquera.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         Con  total  desapego  de  los presupuestos que la ley exige para que  una  demanda en forma haga viable la revisión que se impetra, pretende el actor  remover  el  carácter  de  cosa  juzgada  que  ostenta  el fallo acusado, pues,  enunciando   invocar  las  causales  3a.  y  4a.  del  artículo  220  del  Código  de Procedi­miento    Penal,    desemboca   en   la  sustentación   de   los  cargos  alegando  yerros  judiciales  propios  de  ser  ventilados  en  sede  de  casación  al  cuestionar  la prueba que fue objeto de  evaluación  en las instancias, y aduciendo supuestos vicios resquebrajadores de  la estructura del proceso.   

          En  efecto,  en multiplicidad de ocasiones ha sostenido la Corte que  la  responsabilidad  de  un  condenado puede dar lugar a la acción de revisión  sólo  en  aquellos  eventos en que se demuestra que han surgido hechos nuevos o  pruebas,  no  conocidas  al momento de los debates, que establezcan la inocencia  del  condenado,  o  su  inimputabilidad, o cuando mediante decisión en firme se  demuestre  que  la sentencia objeto de revisión, se profirió a expensas de una  acción  delictiva  del fallador o de un tercero, o porque dicho pronunciamiento  fue determinado por prueba falsa.   

         

          Dichos  requisitos  estuvieron  lejos  de  ser  satisfechos  por  el  actor.   En  ningún  instante  hizo  relación  a  algún hecho o medio de  convicción   novedosos.   Sólo  se  limitó  a  criticar  que  no  se  hubiese  determinado  el  grado  de  intoxicación  en que supuestamente se encontraba el  ahora  condenado  para  el  momento  de  los hechos, y a concluir, apoyado en su  propia  valoración de lo ocurrido, que el condenado probablemente se encontraba  en  un  estado de trastorno mental transitorio, para, a renglón seguido, aducir  que  aquél  no cometió el delito que se le imputó, o que el mismo no existió  porque  de  acuerdo  con  el examen médico practicado a la menor ofendida, esta  presentaba una “desfloración antigua”.   

          Igualmente   resulta  un  despropósito  la  pretensión  del  actor  cuando,  so  pretexto  de la acción de revisión, pretende el reconocimiento de  un  supuesto atentado contra el principio de investigación integral por haberse  omitido   las   pruebas   encaminadas  a  demostrar  la  inimputabilidad  de  su  representado,   que  podrían  variar  el  sentido  del  fallo,  pues,  dada  la  naturaleza   del   extraordinario   instrumento  procesal  que  no  autoriza  el  desarrollo  de  una  tal  actividad  a través de la apertura de un nuevo debate  probatorio,  el  remedio procesal en dicho evento lo constituiría el recurso de  casación.   

          Y  en  cuanto  a la causal cuarta, se limita a señalar que el fallo  condenatorio   fue   determinado   por   la   conducta   del   defensor,   quien  equivocadamente  aconsejó  a  DANILO  MUÑOZ  para que aceptara los cargos y se  acogiera  de  tal  forma  a  los  beneficios  de  una  sentencia anticipada, sin  advertirle  sobre  las  graves  consecuencias que ello le acarrearía, argumento  del  que en realidad jamás podrá inferirse el supuesto fáctico exigido por la  citada  causal para hacer viable la acción de revisión por haberse establecido  que  el fallo fue determinado por una conducta típica del juez o de un tercero,  puesto  que  para  que  opere  dicha  causal,  como  la misma norma lo estipula,  necesario      hubiera      sido     demostrar,     mediante     “sentencia  en  firme”,  que  el defensor  incurrió  en  un delito al actuar en la forma en que lo hizo, acreditación que  en  el  evento sub lite brilla  por su ausencia.   

         

          En  ese  orden  de  ideas,  fallidos  como  se tienen en el evento a  examen  los  presupuestos  formales que para tener como idónea la demanda exige  el  artículo  222  del  Código  Procesal  Penal, y por contera hacer viable la  acción de revisión impetrada, se impone su rechazo.   

             

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

R E S U E L V E  

          1.-  Reconocer  al doctor Fernando Saavedra  Chaux   como   defensor  del  condenado  DANILO  MUÑOZ  FORERO, en los términos y  para los efectos precisados en el poder conferido.   

2.-   Rechazar  la  demanda  de  revisión  que en representación del  mencionado  reo  instauró  su  defensor,  por  las  razones  consignadas  en la  anterior motivación.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS     JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                EDGAR         LOMBANA  TRUJILLO               

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN              MARINA PULIDO DE BARÓN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS            MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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