20245(13-04-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20245  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  024  

Bogotá  D.  C., trece (13) de abril de dos  mil cinco (2005).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  JORGE ISAURO ROJAS PARRADO.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.      Los   hechos   fueron  sintetizados   por   el   juzgador   de   segunda   instancia  de  la  siguiente  manera:   

“El señor DAVID  SÁNCHEZ  TORRES,  personero  del  municipio de Cachipay (Cundinamarca), para el  año  de  1998,  puso en conocimiento de las autoridades respectivas las posible  irregularidades  presentadas en los contratos de obra pública números 009-97 y  010-97  suscritos el 19 de noviembre de 1997, cuyo objeto era el mejoramiento de  la  vía Peña Negra – San  Javier,  toda  vez  que  el  burgomaestre JORGE ISAURO  ROJAS  PARRADO  suscribió  los contratos 009 de 1997  con  el  ingeniero  HENRY ROPDRÍGUEZ por valor de $21.398.750, adicionado el 28  de  diciembre  de  1997  por  la  suma  de  $10.493.750,  sumando  un  total  de  $31.892.500,  y  el  010  de  1997,  por medio de contratación directa, cuando,  según    la    ley,    se   requería   de   licitación   pública”.   

2.   El  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Facatativá,  mediante  sentencia  fechada  el 9 de abril de 2002,  condenó  a  Jorge  Isauro  Rojas Parrado  a  las  penas  principales  de  4  años de prisión, multa de 10  salarios  mínimos  legales  mensuales  e  interdicción de derechos y funciones  públicas  por  1  año,  como  autor del delito de contrato sin cumplimiento de  requisitos legales.   

3.   Apelado  el fallo por el defensor  del  procesado, el Tribunal Superior de Cundinamarca, el 23 de julio de 2002, lo  confirmó  integralmente.  Contra esta determinación, el citado profesional del  derecho interpuso el recurso extraordinario de casación.   

LA     DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El   defensor  del  procesado  Rojas  Parrado,  al  amparo del cuerpo  primero  de  la  causal  primera  de  casación,  acusa al sentenciador de haber  incurrido  en  violación  directa  de  la ley, por interpretación errónea del  artículo 146 del Código Penal de 1980.   

Afirma  que  el  Tribunal  “actuó  equivocadamente  al  interpretar erróneamente el artículo  146  del  Decreto  100  de  1980,  al  aplicarse  indebidamente  el  ingrediente  subjetivo incluido en dicho artículo”.   

Luego  de  transcribir unos párrafos de la  sentencia  impugnada,  sostiene  que si bien es cierto que para que se tipifique  el  delito  de  celebración  indebida de contratos no se requiere la obtención  efectiva   del   propósito   ilícito,   pues  basta  el  sólo  propósito  de  pretenderlo,  también  lo  es  que  “no  se  puede  extender  dicha  interpretación  hasta  el  punto  de objetivamente predicar el  propósito  del aprovechamiento ilícito para sí, para el contratista o para un  tercero  por  el  solo  hecho  de  la  adjudicación directa del contrato sin la  celebración  de licitación pública”, toda vez que  para  que  se  configure  este ilícito se requiere, a la luz del Decreto 100 de  1980,  no  “solamente  demostrar la conducta dolosa  del  agente  sino  que  además  debe  probar  plenamente  la  concurrencia  del  ingrediente  subjetivo, es decir el provecho o la intención del aprovechamiento  ilícito”.   

Asevera el libelista que los siguientes son  los  requisitos  que  la  citada  preceptiva  contempla para la tipificación de  dicho  delito:  i)  la  tramitación, celebración o liquidación de un contrato  administrativo  sin  el  cumplimiento  pleno  de las exigencias legales, ii) que  dicha  actuación  sea  proferida  por  un  servidor  público  por  razón  del  ejercicio  de  sus  funciones,  iii)  que  el  servidor  público busque obtener  provecho  ilícito  para sí, para el contratista o para un tercero y iv) que se  demuestre plenamente la culpabilidad dolosa del actor.   

En  esas  condiciones,  dice  que  para  la  configuración  del  multicitado  delito  no  basta  la  simple inobservancia de  cualquiera  de  los  requisitos  de  obligatorio cumplimiento establecidos en la  ley,  sino que “además se demuestre la culpabilidad  dolosa  y el elemento subjetivo consistente en el propósito de obtener provecho  ilícito”.   

Después  de  citar unas jurisprudencias de  esta Corporación concluye:   

“Se debe probar  sin  que  haya  lugar  a dudas el querer del servidor público. Es decir se debe  demostrar  que  se  está  privilegiando  el  interés  particular  del servidor  público,  del  contratista o de un tercero sobre el interés general de toda la  sociedad.  Pero no se trata de cualquier interés, sino que el provecho debe ser  ilícito,  porque  así  lo exige la ley penal, por lo tanto si existe solamente  un  interés  indebido,  sin que llegue a ser ilícito no se configura el delito  del artículo 146”.   

A  continuación,  el  actor  dedica  unas  líneas  a  plasmar  la  definición  semántica  de  ilicitud,  concepto que le  permite  colegir  que  el  Tribunal  incurrió  en  interpretación errónea del  artículo  146  al  pretender  pregonar tal ilicitud por el solo hecho de que el  procesado   tramitó   un   contrato  “obviando  la  licitación pública”.   

Reitera   que  condenar  a  su  procurado  “sin que se evidencie el quebrantamiento del citado  ingrediente   subjetivo”,  implicaría  llegar  al  absurdo  de  castigarlo  por  haber  logrado  el beneficio de los administrados,  situación  que  conllevaría  a  la  aplicación de la responsabilidad objetiva  proscrita en nuestro ordenamiento.   

De  otro  lado,  deja  en  claro  que nunca  afirmó  que  el  fraccionamiento  de los contratos estuviese permitido, pues es  evidente  que  la  Ley  80  de  1993, de manera implícita y en cumplimiento del  principio  de  transparencia,  lo prohibió, motivo por el cual considera que de  manera   equivocada  el  Tribunal  puso  en  su  boca  afirmaciones  que  no  ha  hecho.   

Por  lo tanto, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en su lugar, absuelva a Jorge Isauro Rojas Parrado del  delito  de  celebración  de  contrato  sin  el  cumplimiento  de los requisitos  legales.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

La  demanda  de casación presentada por el  defensor   del   sentenciado   Jorge   Isauro  Rojas  Parrado   no  reúne  los  requisitos  de  claridad,  precisión  y coherencia que para ser admitida establecen las normas que regulan  la casación.   

En  efecto, ha señalado insistentemente la  jurisprudencia  de  la Corte que cuando se invoca el cuerpo primero de la causal  primera  de  casación,  esto  es,  violación  directa de la ley sustancial, el  libelista  no  puede  discutir  la  valoración  de  la  prueba realizada por el  sentenciador  ni  cuestionar  la  declaración  de  los  hechos consignada en el  fallo,  pues toda su actividad debe estar dirigida exclusivamente a demostrar la  equivocación  en  que  incurrió el Tribunal al aplicar la normatividad al caso  concreto.   

Se   trata,   entonces,   de  un  estudio  estrictamente      jurídico,     toda     vez     que      “cualquiera  que  sea  la modalidad de violación directa de la ley,  el  yerro  de los juzgadores recae indefectiblemente en forma inmediata sobre la  normatividad,  todo  lo  cual implica un cuestionamiento en un punto de derecho,  sea  porque  se  deja  de  lado  el precepto regulador de la situación concreta  demostrada,  porque  el hecho se adecua a un precepto estructurado con supuestos  distintos  a los establecidos, o porque se desborda la intelección propia de la  disposición         aplicable        al        caso        concreto…”.1   

Y  cuando  se  trata  de  la última de las  citadas   modalidades   de   la  violación  de  la  ley  sustancial,  esto  es,  interpretación  errónea,  significa que el proceso de selección y adecuación  al  caso  en  cuestión  es  correcto pero al interpretar el precepto el juez le  atribuye  un  sentido  que no tiene o le asigna efectos distintos o contrarios a  su  contenido,  lo  que  implica  que  el yerro recae indefectiblemente en forma  inmediata  sobre  la  normatividad,  todo  lo  cual impone un cuestionamiento en  derecho  y,  al  mismo  tiempo, como se indicó, la aceptación incondicional de  una   realidad   fáctica  ya  definida  e  inmodificable  dentro  del  proceso,  imponiéndose  la sujeción del demandante a la realidad probatoria declarada en  las instancias.   

Tales  delineamientos  técnicos  no fueron  observados  por el actor, pues si bien funda el reproche bajo la modalidad de la  interpretación  errónea  del  artículo  146 del Decreto 100 de 1980, de todos  modos  desvió  la  censura  hacia los linderos de la violación indirecta de la  ley  sustancial,  pues  en espera de que centrara su argumentación a demostrar,  en  el  ámbito  estrictamente  jurídico,  cómo el juzgador le otorgó a dicha  preceptiva   un  alcance  que  no  contempla,  en  especial  a  lo  atinente  al  “elemento subjetivo consistente en el propósito de  obtener  provecho  ilícito”,  se dedicó a afirmar  que  dicho  elemento  “se  debe probar sin que haya  lugar  a dudas”, o que resulta un absurdo condenar a  un    sindicado   sin   que   “se   evidencie   el  quebrantamiento          del          ingrediente          subjetivo”.   

Si  el  actor  no  compartía  el resultado  fáctico  logrado  por  los  jueces,  por  cuanto  que  debían  “demostrar   la   culpabilidad   dolosa   y  el  elemento  subjetivo  consistente   en   el   propósito   de  obtener  provecho  ilícito”,  es  claro, entonces, que tales desavenencias recaen sobre las  pruebas,  motivo  por  el cual el ataque deja de ser directo para convertirse en  indirecto  y,  por  lo  mismo,  debió  centrar  el  reproche  a  través  de la  apreciación  probatoria,  según  la  índole de los errores que en esa materia  hubiesen podido incurrir los sentenciadores.   

Ahora  bien,  si en gracia de discusión se  aceptara  que  la argumentación del demandante se delineó exclusivamente en el  ámbito  de la mencionada interpretación errónea del artículo 146 del Código  Penal  de 1980, de todos modos el cargo lo dejó en el simple enunciado, pues no  ilustró  a  la  Corte  en  qué  consistió  la  errada  hermenéutica  que  el  sentenciador  le otorgó a dicha preceptiva, cuál era su correcto entendimiento  y  cómo  de  haberse  interpretado  de  manera  acertada  el fallo habría sido  favorable a los intereses jurídicos de su defendido.   

En esas condiciones, al no reunir la demanda  los presupuestos de claridad y precisión, la Corte la inadmitirá.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte  Suprema  de Justicia, Sala  de  Casación Penal, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la Ley,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de  JORGE  ISAURO  ROJAS  PARRADO.  En  consecuencia, se  declara   desierto   el   recurso   extraordinario   de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                              HERMAN  GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                                                 EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                             

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                 JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                                 MAURO  SOLARTE PORTILLA   

No hay firma  

                                TERESA      RUÍZ  NÚÑEZ   

                             Secretaria     

1 Rad.  14899,  sentencia del 6 de mayo de 2003, M.P. Dra. Marina Pulido de Barón, Rad.  18580,  auto  del  12  de mayo de 2004, M.P. Dr. Álvaro Orlando Pérez Pinzón,  entre otros.     

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