20208(05-05-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20208   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  037  

Bogotá D. C., cinco (5) de mayo de dos mil  cuatro (2004).   

V I S T O S  

Resuelve la Corte el recurso extraordinario  de  casación  interpuesto  por  el defensor de DAIRON  ANTONIO  BALLESTEROS  CASTAÑO contra la sentencia del  Tribunal  Superior  de  Medellín, proferida el 8 de marzo de 2002, por medio de  la  cual lo condenó a la pena principal de 71 meses de prisión, a la accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por el mismo lapso de la  pena  privativa  de  la  libertad  y  al pago de los perjuicios materiales, como  coautor  de  los  delitos de hurto calificado y agravado y porte ilegal de armas  de  fuego  de  defensa  personal.  Así  mismo,  lo  absolvió por el punible de  secuestro simple.   

         

H E C H O S  

El  Procurador  Delegado  los  narró de la  siguiente manera:   

“En horas de la  noche  del  17  de  marzo  de 2001, un individuo provisto  de arma de   fuego  y  el   rostro  cubierto, con  la  ayuda de una   mujer     acompañada    de    un    niño,    se   subió   al  vehículo  de  servicio  público  que  conducía José Bayron  Piedrahita  Bedoya,  lo  obligó a tomar el rumbo del sector Santa Cecilia de la  ciudad  de  Medellín,  donde  se  sumaron  otros  sujetos también armados y lo  despojaron del automotor en unos cañaduzales.   

“Posteriormente,  en  cercanías  de  la  Universidad  Nacional  miembros  de  la  Policía  interceptaron  el vehículo y  capturaron  a  Dairon  Antonio  Ballesteros  Castaño,  Carlos Alberto Marulanda  Contreras,  Alexander  Herrera Murillo, Jesús María Tobón Arboleda y el menor  Giovanni    Andrés   Chaverra   Rueda,   hallándoseles   en   su   poder   dos  escopetas   

“Por  la  colaboración  del  último  se  conoció  el  sitio  donde  se  tenía  retenido al conductor por parte de otros  sujetos y se logró su liberación. ”.   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

Con  fundamento  en el informe policial, la  Fiscalía  80  de  la  Unidad  Quinta  de  Fiscalías, el 21 de febrero de 2001,  declaró abierta la instrucción.   

Escuchados  en  indagatoria  Jesús  María  Tobón    Arboleda,   Dairon   Antonio   Ballesteros  Castaño  y  Carlos  Arturo  Marulanda  Contreras, la  situación  jurídica  se les resolvió, el 27 de febrero de 2001, con medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva  por los delitos de hurto calificado y  agravado,  secuestro  simple  y  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de defensa  personal.   

La  investigación se cerró el 19 de junio  de  2001  y,  el  16 de julio siguiente, se calificó el mérito del sumario con  resolución  de acusación en contra de los procesados y por los delitos citados  en precedencia.   

El  expediente  pasó  al  Juzgado  Décimo  Noveno  Penal del Circuito de Medellín que, luego de haber declarado la nulidad  parcial  de  lo actuado respecto de Jesús María Tobón Arboleda y celebrada la  audiencia  pública,  el  10  de  diciembre  de  2001, condenó a Carlos Alberto  Marulanda    y    a   Dairon   Antonio   Ballesteros  Castaño  a  las  penas  principales  de  71 meses de  prisión  y  multa de $14.300.000, a la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas por el mismo lapso de la pena privativa de la libertad y al  pago  de  perjuicios,  como  coautores de los delitos de secuestro simple, hurto  calificado   y   agravado   y   porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal.   

Apelado  el  fallo  por  los defensores, el  Tribunal   Superior   de  Medellín,  el  8  de  marzo  de  2002,  lo  confirmó  parcialmente,  toda  vez  que  absolvió  a  los  procesados  por  el  delito de  secuestro   simple.  Sin  embargo,  al  momento  de  redosificar  la  pena   privativa  de  la  libertad  mantuvo  los  71  meses de prisión impuestos en la  primera  instancia.  En  cuanto  a  la  pena  de  multa la revocó y rebajó los  perjuicios por razón de la citada absolución.   

Débese aclarar que la Sala, mediante fallo  de  tutela  del  18  de  julio  de  2002,  en  la  que intervinieron entre otros  Magistrados   los   doctores   Alvaro  Orlando  Pérez  Pinzón,  Herman  Galán  Castellanos,  Jorge Anibal Gómez Gallego y Edgar Lombana Trujillo, este último  en  calidad  de  ponente,  tuteló, de manera provisional, a favor del procesado  recurrente  el derecho fundamental de la prohibición de la reformatio in pejus.  De  igual  manera, dispuso que el defensor presentara la correspondiente demanda  de  casación,  habilitando  los  correspondientes  términos  para  el  efecto.   

         LA  DEMANDA  DE  CASACIÓN   

El  defensor  del  procesado  Ballesteros  Castaño,  luego  de  señalar  que  se  acoge a los lineamiento de la casación  excepcional,  acusa  al  Tribunal  de  haber  violado, de manera directa, la ley  sustancial,   por   interpretación   errónea  del  artículo  61  del  Código  Penal.   

Dice  que  no  obstante  que el juzgador de  segunda  instancia  absolvió al procesado por el delito de secuestro, le impuso  la  misma  pena que le fue fijada en la primera instancia, esto es, los 71 meses  de prisión.   

Aclara    que   cuando   el   Tribunal,  “al  abordar  el tema cuantitativo de la pena final  ordenada,  se hace como si no hubiera revocado el delito de secuestro simple. Al  procederse  de  esa  manera en la condena de segunda instancia en su resolución  comporta  de hecho la interpretación errónea del precepto legal número 61 del  C.P.     –que    en  consideración  a  los  mismos  argumentos  de  la  Sala Penal de Decisiones del  Honorable   Tribunal   Superior   de  Medellín-,  se  debió  tener  en  cuenta  –como en efecto se hizo-,  pero  se  interpretó y aplicó de forma errática. De hecho así igualmente, se  debió  rebajar  la  pena,  solamente  por  los  punibles  de  hurto calificado-  agravado  en  concurso  delictual con porte ilegal de armas de fuego. Fenómenos  que   –reiteramos-  fue  omitido     por     los     falladores    de    segunda    instancia”.   

Reitera que el juzgador de segunda instancia  no  obstante  de  haber  absuelto  a  los  procesados por la conducta punible de  secuestro  simple,  les  dejó  la  pena que fue tasada en primera instancia, es  decir,  71  meses,  lo  que sin duda condujo a la interpretación errónea de la  ley  y  a  la  vulneración  del  postulado  consagrado en el artículo 31 de la  Constitución  Política y 17 y 227 del Código de Procedimiento Penal, tal como  acertadamente  lo  dedujo  la Corte en fallo de tutela fechado el 18 de julio de  2002.   

Luego de explicar cómo debió determinarse  la  pena, de acuerdo con lo reglado en el artículo 61 del Código Penal, la que  debía  ser  de  38 meses de prisión, y de insistir que el juzgador vulneró lo  estatuido  en  el  artículo  61  del  Código  Penal, solicita a la Corte casar  parcialmente  la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  redosificar  la pena  impuesta  con  acatamiento  a  lo reglado en el artículo 31 de la Constitución  Política.   

             CONCEPTO   DEL  PROCURADOR    

         CUARTO DELEGADO PARA LA CASACION PENAL   

Después  de  informar  que  en este evento  procedía  la casación ordinaria, manifiesta que efectivamente el Tribunal hizo  más  gravosa  la situación de los procesados, toda vez que no obstante haberlo  absuelto  por  el delito de secuestro simple les dejó la misma sanción que les  fue  impuesta en primera instancia, tal como lo reconoció la Corte al fallar la  tutela interpuesta.   

A  continuación  copia  la dosificación  hecha  por  el juzgador de primera instancia en virtud al citado fallo de tutela  y   afirma   que   a   los   procesados   ya   se   le   concedió  la  libertad  condicional.   

Así  mismo, aduce que el Tribunal cometió  dos  errores  al  momento  de dosificar la pena por razón de la absolución del  punible  de secuestro simple, a saber: como fue el de tener como extremo máximo  de  la  sanción 30 años de prisión y el haber partido del segundo cuarto para  efecto     de     determinarla,     puesto    que    señaló    “simplemente  que concurrían circunstancias atenuantes y agravantes  sin  indicar  siquiera de cuáles se trataban; con ello no sólo incurrió en un  vicio   de  motivación  sino  también  de  invención  de  agravantes  que  la  resolución  de  acusación  en  manera  alguna  imputó,  ni  tampoco dedujo la  sentencia  de  primer  grado.  Esta  última,  por  el  contrario,  expresamente  señaló  que  no  existía  circunstancia  de  mayor  punibilidad acorde con el  pliego  de  cargos  y  por esa razón partió del mínimo legal previsto para la  infracción  penal de secuestro simple que estimó de mayor gravedad”.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  parcialmente  la  sentencia  impugnada  y  proceder  a  resodificar  la pena sin  violentar  lo  estatuido  en  el  artículo  31  de  la Constitución Política,  pronunciamiento    que    debe    hacerse    extensivo    al    coprocesado   no  recurrente.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  El  defensor  del procesado Ballesteros  Castaño,  al amparo del cuerpo primero de causal primera de casación, acusa al  Tribunal   de   haber  violado,  de  manera  directa,  la  ley  sustancial,  por  interpretación  errónea  del  artículo 61 del actual Código Penal, yerro que  condujo  a  que se le determinara la sanción en 71 meses de prisión, es decir,  la  misma  que  fue  impuesta por el juzgador de primer grado no obstante que al  procesado   se   le   absolvió   por   la   conducta   punible   de   secuestro  simple.   

2.  Es  verdad  que  el  libelo  presenta  defectos  técnicos  en  su  construcción,  por  cuanto, teniendo en cuenta las  argumentaciones  exhibidas  en la fundamentación de la censura, se advierte que  lo  que  está  demandando  es  la  falta  de aplicación del artículo 31 de la  Constitución  Política.  De  igual  manera, por razón del quantum punitivo no  era  procedente acudir a la casación excepcional sino a la común, toda vez que  la  pena  máxima  del  delito hurto calificado y agravado supera los 8 años de  prisión.  Sin  embargo, ello de por sí no impone que se desestime el reproche,  toda   vez  que,  como  se  dijo,  de  su  contenido  se  avizora  cuál  es  su  inconformidad,   esto  es,  la exclusión evidente del citado artículo 31,  por lo que se procederá  a su estudio.   

3. Ahora bien, en lo que atañe al fondo del  asunto,  recuérdese  que el derecho fundamental de la no reformatio in pejus no  se  circunscribe  siempre  al monto de la pena como tal, sino que también opera  en  otras  circunstancias,  como,  por  ejemplo,  cuando  en el fallo se adoptan  plurales  decisiones,  es  decir, cuando se absuelve en segunda instancia por un  cargo  y  seguidamente  se  impone  una  sanción  más  severa  en especie o en  cantidad,  o  se  revocan  beneficios  concedidos  en  la  decisión  inicial se  entiende  que  dicha  prerrogativa  fue  desconocida  por el superior, siempre y  cuando se trate de único apelante.   

En el supuesto que ocupa la atención de la  Sala,  es  claro  que el juzgador de primera instancia a efecto de determinar la  pena  y  luego  de  aclarar  que para dicha labor tendría en cuenta el derogado  Código  Penal  por  ser  una normatividad más favorable a la actual, tuvo como  delito   base   el   punible   de  secuestro  simple,  motivo  por  el  cual  la  individualizó  en 36 meses, toda vez que en el comportamiento de los procesados  no     hubo     “circunstancias     de     mayor  punibilidad”,  monto  al que le incrementó la suma  de   35  meses  “por  el  concurso  con  el  hurto  calificado  y agravado y el porte ilegal de armas, dando un total, en definitiva  y  para  cada  uno  de  ellos,  de setenta y un meses de prisión…”.   

Por   su   parte,  el  Tribunal,  en  la  redosificación  de la pena por razón de la absolución del delito de secuestro  simple,  textualmente adujo “La pena contemplada en  el  Código  Penal  de 1980, vigente al momento de los hechos, para el delito de  hurto  calificado  agravado  sin la agravante por la cuantía desechada por la a  quo,  oscilaba  entre  28  y  360 meses. Por existir circunstancias atenuantes y  agravantes  la pena debe oscilar entre los cuartos medios, esto es, entre ciento  once   (111)   meses   con   un   día   y  doscientos  setenta  y  siete  (277)  meses”.   

En consecuencia, el sentenciador de segundo  grado  vulneró  el  derecho  fundamental  de  la  no  reformatio in pejus, pues  mantuvo  la  pena  privativa  de  la  libertad  impuesta  en  primera instancia,  dándole  un  mayor rigor punitivo a los punibles de hurto calificado y agravado  y  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de defensa personal, apartándose de esa  manera  de  los criterios del juzgador de primera instancia y, consecuentemente,  haciendo más gravosa la situación de los procesados.   

Frente  a  este  tema, como lo recuerda el  Procurador  Delegado,  la  Corte  ha  dicho: “…en  verdad,  si  el  fallo  de  segunda  instancia elimina uno de los cargos por los  cuales  se  emitió  la  sentencia  de  primer  grado,  en  congruencia  con  la  resolución  de  acusación,  resulta  desconcertante  que  tal reducción de la  carga  incriminatoria  no  se  haya  traducido  en  una  disminución de la pena  principal,  máxime  si  el  cargo  detraído  era  el  más grave dentro de los  considerados  en el pliego de acusatorio… Aunque formalmente el ad quem parece  haber  adoptado un método irrefutable para tasar de nuevo la pena y situarla en  el  mismo  monto  logrado en la primera instancia, dentro de la discrecionalidad  reglada  que  rige  la materia, lo cierto es que materialmente se revela injusto  que  la  cantidad  de pena sea igual cuando apenas se aprecian dos (2) delitos y  antes  cuando  se consideraron tres (3) hechos punibles, con más veras si en el  momento  de  la  segunda  instancia  se  ha  excluido precisamente el hecho más  gravemente         sancionado”.1   

Por  consiguiente, la sentencia se casará  parcialmente  y   se  redosificará la pena impuesta a los procesados de la  siguiente manera:   

En esas condiciones, teniendo en cuenta los  lineamientos  trazados  por  la  Sala  en  sentencia  del  18  de  diciembre  de  20032  para  determinar  la  pena  del  delito  de  hurto  calificado y  agravado   y  al  verificar  el  principio  de  favorabilidad  en  punto  de  la  redosificación  de  la pena se tiene que respecto de éste punible resulta más  beneficiosa  para los procesados la punibilidad que señalaba los artículos 350  y  351  del  Decreto  100  de 1980 ( 2 años y 4 meses a 12 años), en cuanto es  inferior  a  lo  estipulado en los artículos 240 y 241 de la Ley 599 de 2000 (4  años  y  8 meses a  15 años de prisión), por cuanto hubo violencia sobre  la víctima.   

Así  mismo,  en  lo atinente al delito de  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa personal, cualquiera de los dos  estatutos  se  pueden  aplicar,  pues los dos comportan la misma penalidad, esto  es,  de  1  a  4 años (artículo 201 del Decreto 100 de 1980, modificado por el  artículo  1° del Decreto 3664 de 1986, y artículo 365 de la Ley 599 de 2000),  pues  en  el  comportamiento  de  los  procesados  no  concurren  circunstancias  específicas  de  mayor punibilidad que lleven a modificar dichos extremos de la  punición.   

Como se dijo en el fallo de tutela, cuando  la  Corte  redosificó  la  pena  de  manera  provisional,  el  delito  de hurto  calificado  y agravado constituye el punible base para individualizar la pena en  contra  de  los  procesados, pues es del mayor gravedad como enseguida se verá,  puesto  que  como  quiera  que  en  el comportamiento del procesado no concurren  circunstancias  de  mayor  punibilidad  ni se tuvieron en cuenta otros criterios  que  lleven  a partir más allá del mínimo de la sanción contemplada para las  conductas punibles.   

Respecto a los criterios para dosificar la  pena  en la Ley 599 de 2000 al delito de hurto calificado y agravado corresponde  un  primer  cuarto de movilidad entre 28 y 57 meses; el segundo entre 57 meses y  1  día  a  86 meses; el tercer cuarto entre 86 meses y 1 día y 115 meses; y el  cuarto final entre 115 meses y 1 día y 144 meses.   

Ahora bien, teniendo en cuenta que en este  asunto  no  se  dedujo circunstancia alguna de agravación punitiva genérica en  la  resolución de acusación, tal aspecto comporta, como lo ha dicho la Sala, a  que  no  haya  lugar a valoración alguna sobre el particular en el fallo, a fin  de   garantizar   el   principio   de  consonancia  entre  la  acusación  y  la  sentencia3.   

De  igual  manera, se advierte que en este  evento  concurre  la  circunstancia  de  atenuación punitiva determinada por la  buena  conducta  anterior  o  ausencia de antecedentes penales de los procesados  (artículo   64,  numeral  1°,  del  Decreto  100 de 1980 o, artículo 55,  numeral  1°,  de  la  Ley  599  de  2000).  Por consiguiente, de acuerdo con la  normatividad  vigente  el  ámbito  de  movibilidad  estará  determinado por el  primer cuarto, esto es,  entre 28 y 57 meses de prisión.   

De  otro  lado, analizado el tópico de la  dosificación  punitiva  de  conformidad  con  los  criterios establecidos en el  artículos  61 del anterior Código Penal, se tiene que el procedimiento es más  simple,   por   cuanto   el  marco  punitivo  no  está  afectado  por  factores  reales4,  puede  partirse  del  mínimo  de  la pena (28 meses) porque no  concurren   circunstancias  de  agravación  y  resultaría  también  necesario  ponderar  cuantitativamente la referida circunstancia de menor punibilidad, ello  evidencia  un  tratamiento  similar  al correspondiente para el primer cuarto de  movilidad establecido en el Código Penal vigente.   

Por ello, para efecto de establecer la pena  imponible  y  al evaluar el principio de favorabilidad de la ley, en lo atinente  a  los  procedimientos para determinar la pena, por resultar imperioso partir en  ambos  ordenamientos  del  mínimo  de  sanción  establecido para el punible de  hurto  calificado  y  agravado, esto es, 28 meses, no se advierte que uno de los  dos  resulte  más  favorable. En consecuencia, teniendo en cuenta los criterios  del  juzgador  de  primera  instancia  a aquélla suma por razón de la conducta  punible  de porte ilegal de armas de fuego de defensa personal concursante se le  aumenta 7 meses más, para un total de 35 meses de prisión.   

Por lo expuesto, resulta fácil colegir que  en  sede  del  principio  de  favorabilidad es aplicable la pena dispuesta en la  legislación  anterior  para el delito de hurto calificado y agravado. Contrario  sucede  con  el  punible  de porte ilegal de armas de fuego de defensa personal,  como  quedó  en precedencia analizado, pues se pueden aplicar cualquiera de las  dos  legislaciones  (Decreto  100  de  1980  y  Ley 599 de 2000). En cuanto a su  individualización  tampoco  importa  si su tasación se hace de conformidad con  las  reglas  del  derogado  estatuto penal o del actualmente vigente, como ya se  advirtió.   

En  definitiva,  la  pena imponible a los  procesados   Dairon  Antonio  Ballesteros  Castaño  y  Carlos Alberto Marulanda Contreras es de 35 meses  de  prisión, a este último en virtud de la extensión que se hace del fallo de  casación,  según  lo  reglado en el artículo 229 del Código de Procedimiento  Penal.  La sanción accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  (hoy  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas)  será por este mismo lapso.   

En    lo    demás,   el   fallo   se  confirma.   

Finalmente,   la  Sala  no  entrará  a  pronunciarse  en  torno  a  la  procedencia  de  la  prisión  domiciliaria y la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  toda  vez que a los  procesados,  mediante  providencia  del  12  de  mayo  de 2003, se les concedió  “la     libertad     provisional    por    pena  cumplida”.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

1.   CASAR  parcialmente    la    sentencia    impugnada.   En  consecuencia,   imponer   a  los  procesados  Dairon  Antonio   Ballesteros   Castaño  y  Carlos  Alberto  Marulanda  Contreras  la pena privativa de la libertad de 35 meses de prisión y  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por ese mismo lapso, de acuerdo con lo expuesto en la parte motiva de  esta decisión.   

2. En lo demás el fallo no sufre ninguna  modificación.   

3.  Contra  esta  decisión  no  procede  ningún recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y devuélvase al  Tribunal de origen.  Cúmplase.   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                       

Impedido   

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                       ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO   

                 Impedido   

EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO                                  ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

                 Impedido                                                                       Impedido   

MARINA  PULIDO  DE  BARÓN                           JORGE  LUIS QUINTERO  MILANÉS   

YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                                          MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1  Sentencia  del  26  de  noviembre  de 1997. M.P. Dr.  Jorge Anibal Gómez Gallego.   

2  M.P.     Dr.      Jorge     Luis    Quintero  Milanés.   

3  Ver,  entre otras, sentencia del 23 de septiembre de  2003.  M.P.  Dr.  Herman Galán Castellanos y  sentencia del 3 de diciembre  de 2003.   

4  Sentencia  del  3  de  septiembre  de 2001. M.P. Dr.  Jorge Anibal Gómez Gallego.     

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