20175(15-09-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 20175  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

         Aprobado Acta No. 077   

Bogotá D. C., quince (15) de septiembre de  dos mil cuatro (2004).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  de  ORLANDO  PORRAS  ALARCÓN,  JAVIER  FERNANDO  DELGADO  PINILLA  y RAFAEL VERDUGO ARGUELLO, contra el fallo del 12 de  abril  de  2002,  mediante el cual el Tribunal Superior de Bucaramanga confirmó  íntegramente  la  sentencia de primera instancia dictada el 10 de septiembre de  2001  por  el  Juzgado  Quinto  Penal  del Circuito de la misma ciudad, quedando  condenados  dichos procesados y también LUIS ALBERTO OVIEDO JEREZ y MARY JAIMES  MARTÍNEZ,   en   calidad   de   coautores  de  hurto  calificado-    agravado   en   la   modalidad   de   tentativa   y  porte  ilegal  de armas de fuego de  defensa  personal,  a la pena principal de diecinueve  (19)  meses  de  prisión  cada  uno,  y les negó el subrogado de la condena de  ejecución condicional.   

MARTHA  YOLANDA  VITA fue condenada por las  mismas  conductas  punibles antes mencionadas y además, en causa acumulada, por  el  delito  de  estafa, a la  pena  principal  de  veintiséis  (26)  meses  de  prisión,  a  indemnizar  los  perjuicios  causados  con  la  infracción;  y  le fue negado el subrogado de la  condena   de   ejecución   condicional.  EDUARDO  OVIEDO  JEREZ  fue  condenado  –en  la causa acumulada-  sólo    por   el   delito   de   estafa,  a  la  pena  principal  de  un  (01)  año  de prisión, y se le  concedió la condena de ejecución condicional.   

A  todos  los  procesados  se  les  impuso  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por lapso igual al de la pena  restrictiva de la libertad.   

HECHOS  

En  desarrollo de gestiones de inteligencia  realizadas  por  el  grupo  GAULA  Antisecuestro  y  Extorsión  de  la Policía  Nacional,  Regional  Bucaramanga,  sobre  un  conjunto  de personas posiblemente  dedicadas   a  actividades  ilícitas,  se  interceptó  legalmente  una  línea  telefónica,  y  con  ello  se  descubrió  que  posiblemente  darían un golpe,  asaltando un establecimiento comercial.   

Alertado   el   Jefe   de  la  SIJIN  del  Departamento  de Policía Santander, se preparó un operativo destinado a seguir  el  movimiento de los sospechosos, desde que salieron de una residencia, durante  su  desplazamiento  en  vehículos  de  servicio público, y cuando dos de ellos  ingresaron  a  las  oficinas  de  la  empresa  Sociedad  Transportadora de Carga  Correcaminos       Limitada       –SOTRACOR  Ltda.-,  donde  fueron capturados mientras perpetraban el  asalto  los  ciudadanos  MARY  JAIMES MARTÍNEZ y ORLANDO PORRAS ALARCÓN, quien  apuntaba con una escopeta a la administradora de la empresa.   

De  igual  manera,  fueron  capturados LUIS  ALBERTO  OVIEDO  JEREZ,  quien  pretendía  huir  por la senda de un restaurante  contiguo;  JAVIER  FERNANDO DELGADO PINILLA, quien aguardaba al grupo en el taxi  de  placas  XLK-940;  y  además,  MARTHA  YOLANDA  VITA VARGAS y RAFAEL VERDUGO  ARGUELLO, cuando descendieron del taxi de placas XLE-071.   

Se recuperó dinero en efectivo en cuantía  de  $  3.760.810;  cheques  por  valor  de  $ 15.783.430, “el cual había sido  empacado  por  la  mujer en un bolso de color vinotinto con negro”1; se incautó  una  escopeta “tipo changón hechiza” calibre 16, y se inmovilizó el primer  taxi.   

LA  DEMANDA   

Dos  cargos  propone el defensor de ORLANDO  PORRAS  ALARCÓN,  JAVIER  FERNANDO  DELGADO  PINILLA  y RAFAEL VERDUGO ARGUELLO  contra  la  sentencia  del Tribunal Superior de Bucaramanga. Uno, por violación  directa  de  la ley sustancial, con fundamento en la causal primera de casación  contemplada  en  el artículo 207 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de  2000);  y  otro, con arreglo a la causal tercera ibídem, aduciendo que el fallo  proviene de un juicio viciado de nulidad.   

I. VIOLACIÓN DIRECTA DE LA LEY  

En criterio del censor, el Tribunal Superior  de  Bucaramanga  incurrió  en  violación  directa  de  la  ley sustancial, por  aplicación      indebida      de     los     artículos     22     (tentativa)     349     (hurto),      350      (hurto   calificado),  372  (agravación   por   la   cuantía)  del  Código  Penal,  Decreto  100  de 1980; y por falta de aplicación del artículo  232    (necesidad    de    la   prueba) del Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000.   

Después de referirse a los acontecimientos,  diserta  sobre  el  concepto  dogmático  de  tentativa  con apoyo en doctrina y  jurisprudencia,  para  concluir  que  ese  dispositivo  amplificador del tipo no  puede  predicarse  si  no  se  constata  que  la  conducta  puso “en   peligro  efectivamente”  el  bien  jurídico tutelado por la ley.   

En   este   caso,   dice,   no   existió  antijuridicidad  material  y,  por ende, no se dio la tentativa y la conducta es  atípica,  toda vez que los detectives de la Policía Nacional vigilaron todo el  tiempo,  desde  la  salida de la casa hasta su arribo a las oficinas de SOTRACOR  Ltda.,  de tal suerte que apenas ingresaron los implicados MARY JAIMES MARTÍNEZ  y  ORLANDO  PORRAS  ALARCÓN,  fueron neutralizados y aprehendidos; lo mismo que  aconteció  con  los  otros involucrados, que ni siquiera alcanzaron a descender  de los taxis.   

Afirma  que MARY JAIMES MARTÍNEZ y ORLANDO  PORRAS  ALARCÓN  “apenas  alcanzaron  a  entrar  y  a  pisar  el  piso de las  oficinas”,  agotándose  la  intención  de  hurtar  en  el  mero pensamiento,  máxime  que  “es  incongruente  el  cuento  de  la escopeta” que la testigo  Mónica        del        Pilar        Correa2  relata,  para  decir  que el  asaltante que ingresó sacó o esgrimió dicha arma.   

Concluye  que  el  grupo  de  implicados no  representó  peligro  ni  tuvo  la  potencialidad  real  de  poner  en riesgo el  patrimonio  de  SOTRACOR  Ltda.,  por lo cual solicita a la Corte casar el fallo  impugnado,  por  ausencia  de  antijuridicidad, y en su lugar proferir sentencia  absolutoria.   

II. DE LA NULIDAD  

El  censor propone tres motivos de nulidad  en  modo  independiente,  que  en  su  criterio  desquician  el debido proceso y  atentan contra el derecho a la defensa.   

1.  Primer  motivo  de nulidad:   

Lo  restringe  a  la  conducta ilícita de  porte   ilegal   de   armas  de  fuego  de  defensa  personal,   acotando   escuetamente  que  “no  se  encuentra      demostrada      en      autos      para      dictar     sentencia  condenatoria”.   

2. Segundo Motivo de nulidad   

El  censor  reclama  la  transgresión  al  principio  de  investigación  integral  respecto  del delito de porte ilegal de  armas,  toda  vez  que  no  se  recaudó el testimonio del agente que rindió el  informe  de  la  captura, y que el implicado ORLANDO PORRAS ALARCÓN negó en su  indagatoria    haber    portado   la   escopeta   a   que   se   refiere   dicho  informe.   

Acota  que  “la  experiencia judicial”  permite  inferir que PORRAS ALARCÓN no portaba originalmente esa arma, sino que  la  Policía Nacional la introdujo en la escena del crimen, porque la captura se  materializó  en  la  puerta  de  la  oficina  que  iba a asaltarse, sin que él  tuviera tiempo de desplegar algún movimiento.   

Es  claro,  agrega,  que  no  se  buscaron  pruebas  que favorecieran al implicado, por lo cual solicita a la Corte decretar  la nulidad de lo actuado a partir del cierre de la investigación.   

3. Tercer motivo de nulidad  

El  libelista concreta este reproche en la  ausencia  de  defensa  técnica,  dado  que  los  abogados  que  lo antecedieron  –no  precisa  cuáles-  “redujeron  toda  su  actuación  y  limitaron  toda  su  intervención  a  la  superficialidad  de  obtener  la libertad de los procesados por el sistema de la  excarcelación  por indemnización de perjuicios”; y en la audiencia pública,  el  defensor  de  PORRAS  y  VERDUGO  se resignó a la condena y sólo pidió el  subrogado, que les fue negado.   

Solicita  a la Corte decretar la nulidad a  partir del cierre de la investigación.   

CONSIDERACIONES  DE LA  SALA   

La  demanda  presentada por el defensor de  ORLANDO  PORRAS  ALARCÓN,  JAVIER  FERNANDO  DELGADO  PINILLA  y RAFAEL VERDUGO  ARGUELLO  no  satisface los requisitos formales establecidos en el artículo 207  del  Código  de  procedimiento Penal, Ley 600 de 2000, vigente al tiempo en que  se profirió el fallo. Debido a ello, será inadmitida.   

1. La admisión de la demanda de casación  está  condicionada al cumplimiento de las exigencias impuestas por el artículo  212  del  Código  de Procedimiento Penal. Tal disposición establece requisitos  meramente  enunciativos  y  otros  inherentes  a  la esencia de la impugnación.   

Dado  que  el  recurso  de casación es un  medio  extraordinario  destinado a cuestionar la estructura jurídica del fallo,  que  por  demás  viene  amparado  por  la  doble  la presunción de legalidad y  acierto,  exige  rigurosidad  en  la  observación  de  las  reglas que tocan la  esencia  de  la  impugnación,  por cuanto, en esta sede, la Sala está inhibida  para  actuar  oficiosamente,  salvo  que  advierta la presencia de una nulidad o  cuando     encuentre    que    la    sentencia    atenta    contra    garantías  fundamentales.   

En  esas  condiciones,  la actividad de la  Corte  está  circunscrita a los parámetros que le fija el demandante según la  causal  que  elige,  sin  que le sea posible a la Sala mejorar o complementar el  libelo,  pues  compete  al recurrente ser claro y preciso en la vía que invoca,  en  los  fundamentos  que la sustentan, en la citación de las normas que estima  infringidas  y en el concepto de la violación. Requisitos que debe cumplir, por  separado,  cada  vez  que  seleccione  una  de las causales. Y si acude a cargos  excluyentes,  además, es menester plantearlos en capítulos separados e indicar  cuál o cuáles tienen el carácter de subsidiarios.   

SOBRE EL CARGO POR NULIDAD  

1. Cuestiones previas  

Ha sostenido reiteradamente la Sala que el  orden  de  postulación  de los cargos en la demanda de casación se rige por el  principio  de  prioridad,  según  el  cual  es  necesario  tener  en  cuenta la  incidencia  procesal  que  la prosperidad de alguno de ellos pueda conllevar, en  atención     al     efecto     corrector     o    invalidante    del    recurso  extraordinario.   

Tal  directriz  no  se  cumplió  en  el  presente  asunto,  pese  a que se ha insistido en que, en rigor lógico, se debe  proponer  inicialmente  el  cargo  por nulidad, y si fueren plurales también se  presentarán  empezando  por  el  que  eventualmente  mayor  efecto  invalidante  produzca,  pues  si alguno llegare a demostrarse, por lo general, se devuelve la  actuación  para rehacer todo el trámite alcanzado por el vicio, lo cual impone  identificar   los   límites   de  afectación  de  cada  motivo  de  anulación  propuesto.   

2.  De  otro  lado,  se  precisa tener en  cuenta  que  si  bien  la  causal  tercera  de  casación,  vale decir cuando la  sentencia  se  haya  dictado  en  un juicio viciado de nulidad, aparentemente no  exige  en  su  redacción  formas  específicas  en  cuanto  su  proposición  y  desarrollo,  la demanda no es un escrito de libre confección, puesto que, igual  que  en  las  otras  causales,  debe ajustarse a ciertos parámetros lógicos de  modo  que se comprendan con claridad y precisión los motivos de la nulidad, las  irregularidades   sustanciales  alegadas  y  la  manera  como  se  quebranta  la  estructura   del   proceso   o   se   afectan  las  garantías  de  los  sujetos  procesales.   

En  particular,  cuando  se  denuncia  la  vulneración  del  debido  proceso, corresponde al censor determinar en cuál de  los  diferentes eslabones concatenados y subsiguientes que estructuran el debido  proceso  se  presenta  el  irremediable  defecto; por ejemplo, en la apertura de  investigación,  en la indagatoria, en la definición de situación jurídica si  a  ello hay lugar, en la clausura del ciclo instructivo, en la calificación, en  las    audiencias    preparatoria    o    pública,   o   en   los   fallos   de  instancia.   

En  punto  de  esta  causal,  corresponde  también  al  recurrente  demostrar  que  la  irregularidad  cometida durante el  desarrollo  del proceso e inadvertida en el fallo incide de tal manera, que para  remediarla  no queda ninguna alternativa distinta a invalidar las diligencias, y  por  ello  quien  así  alega debe indicar con precisión el momento procesal al  que  han  de  retrotraerse las actuaciones, una vez excluidas las alcanzadas por  los vicios.   

Ninguno  de  esos  parámetros,  como  se  verá,  fue  seguido  en el caso que se examina, en tanto la demanda se elaboró  como  un  escrito  de  libre  confección,  distante  de las exigencias técnico  jurídicas     del     recurso     extraordinario,    y    por    tanto    será  inadmitida.   

1.  Sobre el primer motivo de nulidad: el  delito de porte ilegal de armas de fuego no fue demostrado.   

Como el libelista se limitó a afirmar que  la  conducta  ilícita  de  porte ilegal de armas de  fuego  de  defensa  personal  no fue demostrada, sin  agregar  explicación  alguna,  en  realidad  no existe propiamente un cargo por  nulidad  al respecto, pues no se indica en dónde radica el defecto de garantía  o  de  estructura,  ni  a  tal  eventualidad se asignan efectos específicos, de  suerte  que en este caso, ante la ausencia de una proposición jurídica lógica  y  razonable,  la  Corporación no puede alternar en la dialéctica que comporta  el recurso extraordinario.   

2. Sobre  los  motivos  segundo  y tercero de nulidad: violación del  principio   de   investigación   integral  y  vulneración  del  derecho  a  la  defensa.   

Tampoco  por  razón de dichos motivos es  admisible  la  demanda  de  casación, en tanto no fueron sustentados conforme a  las exigencias del recurso extraordinario.   

1.  Ha  reiterado la jurisprudencia de la  Sala  de  Casación  Penal  que  si  la nulidad se vincula a la vulneración del  derecho  de defensa, porque el profesional a cargo dejó de solicitar pruebas, o  no  interpuso  los  recursos  de  ley;  o si la causa generadora de invalidez se  refiere  al desconocimiento del principio de investigación integral, porque los  funcionarios   judiciales  no  decretaron  algunas  pruebas,  para  la  correcta  formulación  de la censura corresponde al demandante ocuparse de los siguientes  aspectos:   

1.1.  Especificar  cuáles  son  aquellos  medios  probatorios  cuya  ausencia  extraña,  verbi  gratia   testimonios,   experticias,  inspecciones,  verificación de citas, etc.   

1.2  Explicar  razonadamente  que  tales  medios  de  convicción eran procedentes, por estar admitidos en la legislación  procesal  penal;  conducentes, por relacionarse directamente con el objeto de la  investigación  o  del  juzgamiento; y factibles de practicar, puesto que ni los  abogados   defensores  ni  los  funcionarios  están  obligados  a  intentar  la  realización    de    lo    que    no    es    posible   lógica,   física   ni  jurídicamente.   

1.3  En  cuanto  esté  a  su alcance, el  demandante  debe aproximarse al contenido material de las pruebas omitidas, para  brindar  a  la Sala la oportunidad de confrontar el aporte de aquellos elementos  de  convicción  con  las  motivaciones  del  fallo  y así poder concluir si en  realidad     se    han    vulnerado    las    garantías    fundamentales    del  procesado.   

1.4   Además,   es   preciso   que  el  casacionista  discierna  acerca  de  la  manera  cómo  las  pruebas  dejadas de  practicar,  por la postura negligente del antiguo defensor, o por la ausencia de  investigación  integral,  tenían  capacidad  de  incidir  favorablemente en la  situación  del  procesado,  “bien sea en cuanto al  grado  de  responsabilidad  que le fue deducido, o frente a la sanción punitiva  que  le  fue impuesta o simplemente porque el conjunto probatorio que se echa de  menos  podría  desvirtuar  razonablemente  la  existencia  del  hecho punible o  acreditar   circunstancias   de   beneficio   frente   a   la   imputación  que  soporta.”  (Sentencia  del  4  de diciembre de 2000, radicación 14.127; M.P. Dr. Carlos Eduardo Mejía  Escobar).   

Cada uno de estos tópicos debe abordarse  separadamente,  debido a que su comprobación implica desarrollo y sustentación  específicos.   

1.5  En  cuanto  a  la  trascendencia del  vacío  dejado  por la prueba cuya práctica se omitió, es preciso recordar que  la  posibilidad  de  declarar  la  nulidad  no  deriva de la prueba en sí misma  considerada,  sino  de  su confrontación lógica con las que sí fueron tenidas  en   cuenta   por   el   sentenciador   como  soporte  del  fallo,  “para  a  partir de su contraste evidenciar que las extrañadas,  de  haberse   practicado, derrumbarían la decisión, erigiéndose entonces  como  único  remedio procesal la invalidación de la actuación censurada a fin  de  que  esos elementos que se echan de menos puedan ser tenidos en cuenta en el  proceso.”  (Auto  del  12 de marzo de 2001, radicación 16.463, M.P. Dr. Jorge  Aníbal Gómez Gallego).   

1.6  Si  el  menoscabo  del  derecho a la  defensa  por  la  inactividad  de  los  abogados  se  hace consistir en no haber  interpuesto  recursos  ordinarios  contra  las  providencias,  no  es suficiente  postular  esta  frase  de  manera  genérica. Es indispensable que el demandante  individualice  las  decisiones  que  era  necesario  impugnar,  que en cada caso  identifique  los  argumentos que en su criterio podían rebatirse, y que exponga  las   razones   por   las   cuáles   la   decisión  adoptada  tenía  que  ser  sustancialmente más favorable a los intereses que representa.   

2.  En  cuanto  al  desconocimiento  del  principio  de  investigación  integral,  que  limita  al delito de porte  ilegal  de  armas,  simplemente  acusa  la  ausencia  del  testimonio  del  agente  que  rindió el informe de la  captura,  pero  no señala de qué manera esa declaración habría beneficiado a  los   implicados;   ni  indica  cuáles  pruebas  “a  favor”  era  necesario  practicar, ni con cuál finalidad.   

En  lugar  de ello, con aseveraciones por  completo  extrañas  a  la causal tercera de casación (nulidad), resalta que el  procesado  ORLANDO  PORRAS  ALARCÓN  negó haber portado la escopeta incautada,  con  lo  cual  se  traslada  inopinadamente a la crítica probatoria atacable en  casación  por  la  causal  primera;  guarda  silencio  sobre  lo  dicho  por la  administradora  del  establecimiento  comercial  en  cuanto  observó  a  aquél  llevando  consigo  el  “changón”;  y el censor, acudiendo a su imaginación  –pero  sin  respaldo-  avanza  hasta  suponer  que  la dicha arma no estaba originalmente en la escena,  sino  que  fue  incorporada  o  “cargada”  por  la  Policía Nacional con el  objetivo de perjudicar a los implicados.   

3. En cuanto a la vulneración del derecho  a  la defensa, la censura se reduce a protestar por la aparente pasividad de los  abogados  que  intervinieron  a  lo  largo  del  proceso;  no  obstante, olvidó  señalar   cuáles   pruebas   era   preciso   practicar,  omitió  indicar  las  providencias  susceptibles  de  impugnación  y  los  argumentos para atacarlas;  tampoco  informó  a  la  Corte qué se hubiese logrado en cada evento, ni   cuáles  son  las razones para inferir que la ausencia de tales pruebas y de los  recursos condujo indefectiblemente a la sentencia condenatoria.   

En  síntesis,  el  presente  asunto  la  demanda  no  profundiza;  sólo  contiene  la  afirmación  del  libelista en el  sentido  que  se ha generado una nulidad por que no se investigó integralmente,  o  por  menoscabo  del derecho a la defensa, pero omite la construcción lógica  de las premisas de las que supuestamente dimana tal conclusión.   

3.  SOBRE  LA  VIOLACIÓN  DIRECTA  DE LA  LEY   

El  libelista  centra  su  alegato  en la  inexistencia  del  injusto  de hurto, por cuanto, debido a la extrema vigilancia  policial  sobre  el  despliegue  de  los  implicados,  el patrimonio de SOTRACOR  Ltda.,  nunca  estuvo  en peligro; pero en lugar de aceptar el desarrollo de los  acontecimientos  y  la valoración de las pruebas como se hizo en el fallo, para  fincar  su  postulación  presenta  una  versión  propia de los acontecimientos  y    descalifica   a   la   principal   testigo   de   cargo   –la  administradora de esa empresa-.   

1.  Se  ha difundido en la jurisprudencia  que  si  el  censor  elige la causal primera de casación, vale decir violación  directa  de  la  ley sustancial, acepta los hechos, las pruebas y la valoración  que  de  ellas  se hizo en las instancias. No le es factible discutir cuestiones  de  facto,  toda  vez  que toda la impugnación es de estricto orden jurídico y  recae  sobre la ley sustancial, por falta de aplicación, aplicación indebida o  interpretación errónea.   

En  el  marco  del  cuerpo  primero de la  causal  primera  de  casación  es  requisito  de  lógica  insoslayable  que el  cuestionamiento  contra el fallo impugnado se desarrolle en estricto derecho, es  decir,  no  se  trata  de  una  discusión  probatoria, sino de una controversia  circunscrita   a   la  norma  penal  que  se  hizo  corresponder  a  los  hechos  probados.   

2. Si, como ocurre en el caso presente, se  cuestiona  el alcance dado por el Tribunal a los medios de convicción, del cual  dedujo  los  elementos  estructurales  de  la  tentativa de hurto, la censura se  traslada  al  terreno  de  la  valoración  probatoria  y, entonces, abandona la  lógica  propia  de la violación directa, para ubicarse en el cuerpo segundo de  la  causal  primera  de casación, vale decir, la vía indirecta de vulneración  de la ley sustancial.   

Aquella simbiosis atenta contra lógica de  la  postulación,  al  punto  de  tornarla  ininteligible,  pues si se parte del  supuesto  que  se  aceptarán  los  hechos y la valoración de las pruebas sobre  ellos,  es  evidente la contradicción cuando al mismo tiempo se protesta por el  alcance conferido a las pruebas por el Tribunal Superior.   

3.  De  acuerdo  con  lo  sostenido en la  demanda,  el grupo de implicados no representó peligro ni tuvo la potencialidad  real  de  poner en riesgo el patrimonio de SOTRACOR Ltda., porque los procesados  MARY    JAIMES    MARTÍNEZ    y   ORLANDO   PORRAS   ALARCÓN   “apenas   alcanzaron   a   entrar   y   a  pisar  el  piso  de  las  oficinas”,  porque  se  agotó  la  intención  de  hurtar  en  el  mero  pensamiento,  y  porque  “es  incongruente  el  cuento  de  la  escopeta” que la  víctima  del  asalto,  Mónica  del  Pilar  Correa3,  dice  fue  esgrimida  por  aquél.  En tales condiciones, es claro que el debate se está proponiendo en el  campo  de  lo  valorativo   y  de  la  fuerza  de  convicción o poder o de  persuasión que el Ad-quem encontró en el acopio probatorio.   

De ese modo, se abandona el cuerpo primero  de  la  causal  primera  de casación –violación  directa de la ley sustancial, y el alegato se ubica en  el  cuerpo  segundo  de  esa  causal  –violación  indirecta-,  que  ha  debido  demostrarse a través de  alguna  de  las  modalidades  de  error  de  hecho,  vale decir, falso juicio de  identidad, falso juicio de existencia, o falso raciocinio.   

Así  las  cosas,  por  este  motivo,  la  demanda no será inadmitirá.   

4. En virtud del principio de limitación  que  gobierna  el  recurso  extraordinario,  la Sala de Casación Penal no puede  complementar  la  demanda  en  ningún  aspecto, ni mejorar el planteamiento, ni  acomodarlo hasta tornarlo comprensible.   

En  ese  orden  de  ideas,  la demanda de  casación no será admitida   

En  mérito  de  lo  expuesto, la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de casación presentada por el apoderado de los procesados ORLANDO  PORRAS ALARCÓN, JAVIER FERNANDO DELGADO PINILLA y RAFAEL  VERDUGO ARGUELLO.   

Contra la presente providencia no procede  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                               ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO   

                                                                                 Impedimento   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                            ÁLVARO    O.    PÉREZ  PINZÓN   

                                                                                            Comisión      de  servicio   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                        MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  La  procesada MARY JAIMES MARTÍNEZ.   

2  Administradora de la empresa SOTRACOR Ltda.   

3  Administradora de la empresa SOTRACOR Ltda.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *