21500(25-03-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  21500   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 024.  

          Bogotá   D.C.,   marzo   veinticinco   (25)   de   dos  mil  cuatro  (2004).   

VISTOS  

          La  Sala  decide  el  recurso  de  reposición  interpuesto  por  la  defensora    de    MIRYAM   TOVAR   DURAN,  solicitada en extradición por el Gobierno de los Estados Unidos,  contra  la providencia del 4 de febrero de 2004, por cuyo medio fueron denegadas  por improcedentes las pruebas solicitadas por la defensa.   

FUNDAMENTOS   DE   LA  IMPUGNACIÓN   

Los  argumentos planteados por la impugnante  pueden ser sintetizados así:   

1.            “La Corte no  debe  limitarse a los aspectos que contiene el art. 520 del C.P.P., sino que, en  todo  momento  debe  propender  porque  a  los  Colombianos  se les respeten sus  derechos  fundamentales, dentro de los que se encuentra el de no ser juzgado dos  veces por un mismo hecho”.   

Señala,   entonces,  que  “no  se  estará  protegiendo los derechos fundamentales, si la misma  Corte  se encarga de sostener en su decisiones que no es a nuestro propio Estado  a  quien  le  corresponde  proteger  los  derechos  de  sus  propios ciudadanos,  evitando  que se decrete la extradición de una persona al exterior para que sea  allí  al  interior  del  supuesto  proceso  penal en donde se establezca si los  hechos  fueron  ya juzgados o no en Colombia y que no se está transgrediendo el  principio de non bis in ídem”.   

          Agrega   que   con   la   decisión   impugnada  se  “está  haciendo  desueto  lo  previsto  en  el  Art. 522 del C.P.P.,  según  la  cual,  en  la resolución ejecutiva puede deferirse la entrega hasta  cuando  se  le  juzgue  y  cumpla  la  pena  del  solicitado  en extradición en  Colombia”, ya que no hay momento diverso a este para  que se decrete la práctica de pruebas en tal sentido.   

          2.        Acerca  de  la  segunda  prueba  expone que la Corte “está  obligada  a establecer la validez formal de la documentación  presentada,     contiene     (sic)     como  fecha la del 24 de diciembre de 2003, fecha que para cuando ya  había  llegado  el  trámite  a  la  Corte  aún no nos encontrábamos en dicha  data”.   

          Resalta  que  no  tiene  sentido  “que se  ordene  la extradición de una persona cuyos hechos de antemano puede advertirse  que  prescribieron,  como  en   nuestro  caso, en una de las acusaciones se  expresa  que  los  hechos  ocurrieron desde 1995 a 2003, luego, todos los hechos  acontecidos  con  anterioridad  a 1997 prescribieron si tenemos en cuenta que en  el  estado  requeriente  los delitos prescriben al cabo de 5 años, término que  deja  de contabilizarse a partir del momento en que se profiere la acusación en  el exterior”.   

          Y  añade  que  en  este  asunto  se  afirma  que  la acusación fue  radicada  el  22  de mayo de 2002, pero no se sabe cuándo fue que se reunió el  Gran  Jurado,  circunstancia  que  impide  establecer a la defensa y a la Corte,  “si  autoriza  la  extradición por todos o parte de  los  cargos  que  se  mencionan  en  la  acusación  del gran jurado”.  Señala  que  “si el gran jurado no  dató  o  fechó  sus  decisiones, no resulta válido que un diplomático sea el  que  proceda  en  una  nota  verbal  a  datar o fechar tal documento”.   

          Aduce  que  “no porque un Colombiano sea  peticionado  en extradición ipso facto pierde sus derechos fundamentales, pues,  uno  de  ellos es el previsto en el art. 22 de la Const. Nal., según el cual es  el  de  la  inexistencia  de  penas  y  medidas de seguridad imprescriptibles en  Colombia”,   y   que   por   tanto  “dentro  de  la  protección  de  los  derechos  fundamentales de los  Colombianos,  indudablemente  que  se  encuentra el de no arrojar del territorio  Colombiano  a sus conciudadanos para que sean juzgados en el exterior por hechos  que      ya      se      sabe      se      encuentran     prescritos”.   

          3.        En   cuanto   se   refiere  a  la  identidad  de  la  solicitada  en  extradición,  la  defensora manifiesta que no es “lo  mismo  extraditar  a  MYRIAM  TOVAR, nacida el 9 de febrero de 1958 en el Libano  Tolima,  que extraditar a MIRYAM TOVAR, nacida el 9 de febrero de 1958 en SUAITA  SANTANDER,  a  menos  que la progenitora de mi poderdante hubiese gozado del don  de  la  ubicuidad y tuvo un parto en los dos lugares al mismo tiempo”,  y  puntualiza que “es indudable que  una  persona  llamada  MYRIAM  TOVAR,  está siendo necesitada en Estados Unidos  para  juzgarla,  pero,  hasta  hoy desconocemos cuál de las dos es realmente la  que  allí  se necesita, porque conforme al testimonio del Agente de la DEA, las  autoridades  de Estados Unidos acusaron ante el gran jurado a una MYRIAM, nacida  en  TOLIMA,  según  parece,  pero,  en  las  notas  verbales  la que se pide en  extradición   es   a   la   MIRYAM   TOVAR,   nacida  en  Santander”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

1.            Como de tiempo atrás lo ha señalado la  Corte,  el  trámite  de  extradición no corresponde a la noción de un proceso  judicial  en  el  cual  se juzgue la conducta de aquél a quien se reclama, sino  que   constituye  una  herramienta  de  cooperación  internacional  establecida  normativamente  en  una Convención, Tratado, Convenio, Acuerdo, Constitución o  ley,  según  el  caso, con el propósito de asegurar que quien ha delinquido en  un  Estado  y  se  encuentra  en  otro,  no  evada  la  acción de la justicia y  comparezca  a  responder  por  los  cargos  imputados  que  han  determinado  su  acusación, captura, detención o condena.   

A su vez, el legislador ha dispuesto que este  trámite  se  desarrolle en tres fases, la primera y la última son de carácter  administrativo  y  competen  al  Gobierno  Nacional;  la  fase  intermedia es de  índole  judicial  determinada  por  la  naturaleza  del órgano que interviene,  Corte  Suprema  de  Justicia,  no así por la condición del procedimiento, dado  que  no  se trata de un proceso judicial que deba culminar con un fallo, sino de  un   concepto  jurídico  acerca  de  la  viabilidad  de  conceder  o  negar  la  extradición  solicitada,  que  no  tiene  carácter  decisorio,  y  tanto menos  constituye  un  acto de juzgamiento en cuanto no supone ejercicio de la función  jurisdicente.   

          Es   por   lo   anterior,  que  el  derecho  al  debido  proceso  de  extradición   lo   integran   las   reglas   definidas   en   los  instrumentos  internacionales,  o  en  su  defecto,  como ocurre en este asunto, los preceptos  pertinentes  del  estatuto  procesal penal, a los cuales debe sujetarse el curso  de este trámite.   

Así las cosas, el debido proceso al que debe  ajustar  la  Corte su intervención con ocasión de la solicitud de extradición  se  encuentra regulado expresa y taxativamente en el artículo 520 de la Ley 600  de  2000,  en virtud del cual, se especifican los temas de los que debe ocuparse  al  emitir  su concepto, es decir, la validez formal de  los  documentos  presentados  por  el  país solicitante, la plena identidad del  requerido,  el  principio  de  la  doble  incriminación y la equivalencia de la  providencia  proferida  en  el  extranjero,  sin que se  incluya  de  manera alguna establecer si la acción penal se encuentra prescrita  o  si  la  conducta  ya  fue  objeto  de juzgamiento por parte de Colombia, como  equivocadamente  lo pretende la impugnante, pues ello corresponde ser dilucidado  ante las autoridades del país requirente.   

Lo expuesto no significa que durante la fase  judicial  del  trámite  que  corresponde  surtir  a  esta  Corporación no deba  garantizarse   el   cumplimiento   efectivo  de  los  derechos  constitucionales  fundamentales  de la persona solicitada, entre ellos, el debido proceso, como en  efecto  ha  ocurrido  en  el  presente  evento,  pues  a  partir  del recibo del  diligenciamiento,  se ha imprimido a la actuación el rito preestablecido en los  artículos  508  y siguientes del Código de Procedimiento Penal. Asunto diverso  es  que  la  defensora  pretenda  que  la  Corte  se arrogue competencias de las  autoridades  extranjeras,  con lo que, sin duda, violaría el debido proceso que  rige su intervención.   

De conformidad con lo anotado, es evidente la  manifiesta  confusión  de  la  impugnante sobre dos ámbitos de protección del  derecho  al  debido  proceso  de  su  representado;  el  primero,  que  rige  el  procedimiento  adelantado  por  las  autoridades  del  país  requirente,  y  el  segundo,  que corresponde a la Corte como autoridad judicial durante la fase que  le compete en este trámite.   

          Ahora  bien,  por  las  mismas razones anotadas, el ejercicio de los  derecho  de  defensa  y de contradicción de quien es solicitado en extradición  se  limita  en  este  trámite  a  solicitar pruebas o controvertir las obrantes  única  y  exclusivamente  en  punto  de los específicos temas sobre los cuales  corresponde  a  la  Corte  rendir  concepto, sin que entonces pueda ampliarse el  ejercicio  de los referidos derechos a pronunciarse sobre la prescripción de la  acción  penal  derivada  de  los  comportamientos  por los cuales se acusa a la  persona  solicitada  en extradición, o si estos ya fueron objeto de juzgamiento  por parte de funcionarios judiciales colombianos.   

          Por  lo  expuesto,  cuando  la  Sala  deniega  en  este  trámite la  práctica   de   pruebas   por   considerarlas  impertinentes,  inconducentes  o  superfluas  respecto  del  ámbito  de  su  cometido  funcional y reglado, está  sujetando  rigurosamente  su  labor  al  imperio  de la ley que rige la función  judicial  (artículo 230 de la Carta Política), sin que ello implique de manera  alguna    situación    de   indefensión   para   la   persona   requerida   en  extradición.   

          2.        La  defensora  señala  que  en  la  documentación  remitida por el  Gobierno  de  Estados  Unidos  para  solicitar  la  extradición de MIRYAM  TOVAR  DURAN  se  alude  al  24 de  diciembre   de   2003,   como   el   día   en  el  cual  el  juez  Douglas  F.  Eaton ordenó la captura de la  requerida,  “fecha que para cuando ya había llegado  el  trámite  a  la  Corte  aún no nos encontrábamos en dicha data”.   

Sobre lo anterior suficiente resulta indicar  que  el  referido error, que en efecto aparece en el folio 128 de la actuación,  no  amerita  que  se  ordene  oficiar  al Ministerio de Relaciones Exteriores de  Colombia   para   que  informe  el  nombre  de  quien  tradujo  el  indictment,  si  corresponde a la lista de  traductores  oficiales  del Ministerio, desde qué fecha se encuentra reconocido  como  tal, y escucharlo en declaración “a fin de que  explique   y   aclare   su   traducción  del  inglés  al  Español”,  pues el mismo expediente permite marginar la inconsistencia en  cuanto  señala  que  “un  nuevo  auto de detención  contra    la    señora    Tovar-Durán    por    los    cargos    anteriormente  mencionados  (la segunda acusación sustitutiva No. S2  03  CR  902  HB,  se  aclara)  fue  dictado  el  4  de  septiembre  de 2003, por orden del Magistrado Juez de los Estados Unidos Douglas  F. Eaton”.   

Así  las  cosas,  palmario  resulta que las  pruebas  solicitadas  son  manifiestamente  impertinentes  y superfluas, pues no  apuntan  a  acreditar  tema  alguno  de competencia de la Corte en su concepto y  sólo  probarían  aquello  sobre  lo  que  ya obran suficientes elementos en el  expediente,  razones  por  las  cuales  no  resulta  viable reponer la decisión  atacada en cuanto a ello hace referencia.   

          Ahora,  como  también  la  defensora  señala  que no tiene sentido  “que  se ordene la extradición de una persona cuyos  hechos    de    antemano    puede   advertirse   que   prescribieron”,  necesario  se  ofrece  señalar que tal observación no guarda  relación  alguna  con  la  providencia por cuyo medio se rechazaron las pruebas  solicitadas,  y además, no compete a la Sala pronunciarse sobre ello al momento  de rendir el concepto respectivo.   

          Similares  consideraciones pueden efectuarse en punto de la fecha en  que  fue  radicada  la acusación por el Gran Jurado, dado que tal circunstancia  resulta  por  completo  ajena  a  los precisos temas definidos por el legislador  como de competencia de la Corte en este trámite.   

          3.        Aduce  la asesora técnica de la solicitada que esta no se encuentra  debidamente  identificada  e  individualizada  en atención a que no coincide el  lugar  de  nacimiento  que  aparece  en la declaración rendida por Lisa  G.  Horwitz,  Agente  Especial de la  Administración  Antidroga  (DEA),  con  el  sitio  que  se  anota  en las Notas  Verbales,  pues  en  la primera se menciona el municipio de Líbano (Tolima), en  tanto    que    en   la   segunda   se   registra   la   localidad   de   Suaita  (Santander).   

          Al  respecto  debe  exponer  la  Sala que tanto la defensora como la  requerida  en  extradición  no  formulan reparo alguno acerca del número de la  cédula  de  ciudadanía  con  la  cual  esta  ha  sido identificada tanto en la  declaración  de  la  Agente  Especial,  como  en  las  Notas  Verbales, el cual  coincide  con  el  documento exhibido al momento de su aprehensión y al otorgar  poder  a  su  abogada, circunstancias que descartan cualquier posibilidad de una  pretendida    homonimia,   como   la   que   sin   éxito   ensaya   alegar   la  defensa.   

          Lo  cierto  es que obran en la actuación elementos suficientes para  que  la  Corte  se  pronuncie  acerca  de la plena identidad de la solicitada en  extradición,  sin  que se haga necesario solicitar a la Registraduría Nacional  del  Estado  Civil  copia  de  “todas  las  tarjetas  decadactilares  que  hayan  sido elaboradas para la expedición de la cédula de  ciudadanía  a  nombre  de  MYRIAM  TOVAR  DURAN”, ni  escuchar      en      declaración     a     Ivonne  Martínez,  Agente  Especial  de  la  Administración  Antidroga  de  los  Estados  Unidos,  y tanto menos, adelantar una diligencia de  reconocimiento  en  fila  de personas de la requerida por parte de la mencionada  funcionaria  de  la  DEA,  pues tales medios de prueba nada nuevo aportarían al  trámite.   

          Entonces,  la  Sala no repondrá la decisión atacada, habida cuenta  que  las  pruebas  con  cuya  denegación  se  encuentra  inconforme  la asesora  técnica  de la solicitada en extradición MIRYAM TOVAR  DURAN  resultan improcedentes en punto de los precisos  temas sobre los que corresponde a la Corte emitir su concepto.   

Como  en la providencia impugnada se dispuso  correr  traslado  por  el  término  de  cinco  (5)  días  a  la  solicitada en  extradición    MIRYAM    TOVAR    DURAN,  a  su  defensora y al Procurador Delegado, para que presenten sus  alegatos  previos  al  concepto de la Corte (artículo 518 del estatuto procesal  penal),  se  ordena  dar  curso  al  referido  traslado  una  vez  en firme esta  decisión.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          NO  REPONER  la  providencia  del  4  de  febrero  de  2004,  por cuyo medio esta Sala negó por improcedentes las pruebas  solicitadas   por   la   defensa   de   MIRYAM  TOVAR  DURAN,  solicitada  en extradición por el Gobierno de  los Estados Unidos de América.   

CORRER   el   traslado   dispuesto  en  la  providencia impugnada una vez en firme esta decisión.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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