20108(17-07-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20108  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta Nº 082  

Bogotá  D.  C., diecisiete (17) de julio del  dos mil tres (2003).   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de casación que con carácter excepcional formula la defensa contra la  sentencia   del 8 de julio del 2002, por cuyo medio el Tribunal Superior de  Cali  confirmó la dictada por el Juzgado 6º Penal del Circuito de esa ciudad a  los   señores  ORLANDO  GAMBOA  CÁRDENAS    y    ALBA    MARINA    VALENCIA   DE  MURILLO  en  la  cual  les impuso la pena principal de  prisión  por  el  término  de  catorce (14) meses de prisión, la accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso y la  obligación  de  pagar  los  perjuicios  morales ocasionados con la infracción,  como autores del delito de falso testimonio.   

HECHOS  

          La  sentencia  dictada  por  el  Tribunal Superior de Cali relata la  realidad fáctica objeto de juzgamiento así:   

          “La  abogada  María  Santos  Murillo Asprilla, instauró denuncia  penal  contra  Ángel  Rivas  Ibarguen –hoy  precluida  la  situación en su favor-, ALMA MARINA VALENCIA DE  MURILLO  y  ORLANDO  GAMBOA CÁRDENAS, por el delito de falso testimonio, ya que  las  últimas  dos  personas citadas, acudieron el 20 de diciembre de 1996, ante  el  Notario  12  del  círculo de Cali (Valle), y bajo la gravedad del juramento  declararon  hechos  que  no  les  constan,  contrario  por  tanto  a  la  verdad  histórica  y real, consistente en que el extinto abogado  Valentín Moreno  Salazar,  con  su peculio profesional, adquirió un lote de terreno y la casa de  habitación,  ubicada  actualmente  en la Cra. 6 Nº 4ª – 44 y Nº 4ª – 46 del  municipio  de  Buenaventura,  que  posteriormente se remodeló, y sobre el mismo  inmueble    se    construyó    un    edificio,   conocido   como   ‘María        Santos’,  actuando  como  administradora  la  profesional  del  derecho, quien por algún tiempo no muy bien determinado, hizo  vida marital con el abogado VALENTÍN MORENO SALAZAR.   

          “Del  mismo  modo  se afirma que la Murillo Asprilla, adquirió un  lote   de   terreno   y   sus   mejoras,   ubicado  en  el  barrio  ‘El          Jorge’,  en  la  Cra. 19 Nº 2C –    36    y    #   2C   –  38,  actualmente  denominado  barrio  ‘Lleras  Camargo’,  construcción  que  en  ningún  momento  contó  con  la  ayuda  económica  del doctor Moreno  Salazar,  de  tal modo, que los imputados faltaron a la verdad, porque no fueron  testigos  de  esos dos actos y además no los conoce o identifica como vecinos o  amigos, en los años que vivió en el municipio de Buenaventura.   

          “El  falso  testimonio  quedó absolutamente demostrado con prueba  documental, consignada en escrituras públicas.”.   

ANTECEDENTES     RELEVANTES   

          La  investigación relacionada con los hechos relatados concluyó el  12  de  julio  del  2000,  cuando  la  Fiscalía  25  seccional  de  Santiago de  Cali   profirió  acusación  contra  ALBA MARINA  VALENCIA  DE  MURILLO  y  ORLANDO GAMBOA CÁRDENAS como  presuntos responsables del delito de falso testimonio.   

          El  1º  de  diciembre  del  2000,  la  Fiscalía  Delegada  ante el  Tribunal  Superior  de  Cali  se  abstuvo  de resolver la impugnación propuesta  contra la resolución acusatoria por carencia de sustentación.   

          El  12 de abril del 2002, el Juzgado 6º Penal del Circuito de Cali,  condenó  a ALBA MARINA VALENCIA DE MURILLO y a ORLANDO  GAMBOA  CÁRDENAS a la pena principal  de catorce  (14)  meses de prisión, a la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo lapso y al pago de la indemnización de los perjuicios  morales,  como  autores  del delito de falso testimonio descrito en el artículo  172  del  Código  Penal  anterior;  así  mismo  les  concedió  la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la pena por un periodo de prueba de dos (2)  años.   

          El  8  de julio del 2002, el Tribunal Superior de Cali confirmó las  determinaciones  anteriores  en  sentencia  que  fue objeto de impugnación para  ante esta sede.   

LA DEMANDA  

          El  demandante  invoca  la  causal  primera  de casación y acusa el  fallo  de  segundo  grado  por ser violatorio de una norma de derecho sustancial  por  error  de  hecho “en la falta de apreciación de  la prueba”.   

          Asegura  el libelista que, por la vía indirecta, el Tribunal violó  los  artículos  172,  173  del  Código Penal anterior y 442 y 443 de la actual  legislación  penal  por  aplicación  indebida y los artículos 246, 247, 249 y  254 del Código de Procedimiento Penal por falta de aplicación.   

          A  título  de demostración del cargo expresa el defensor que   es   verdad  que  María  Santos  Murillo  Asprilla  y  Valentín  Moreno  Salazar  vivieron por más de veinte  años  como  marido  y  mujer  y  durante ese tiempo se levantaron las mejoras o  construcciones  mencionadas  en  terreno  de  propiedad  de  ella,  pero  que el  Tribunal   “en   su   loca   carrera”   no   aprecia,  en  primer  lugar,  que  la  señora  Murillo  Asprilla  confesó  esa relación  marital  en  declaración  que  rindió  en  el  proceso  penal adelantado en la  Fiscalía  14  seccional  de  Cali  por intento de homicidio contra Valentín  Moreno Salazar;  en segundo  lugar,  tampoco  estimó  que  en  la  sentencia  dictada por el Juzgado 10º de  familia  de  Cali  en  el  proceso  ordinario  de  unión  marital  de hecho con  liquidación  de  la sociedad, se reconoció esa relación permanente y estable;  y  por  último,  no  analizó  las  certificaciones  de existencia y estado del  proceso  de unión marital de hecho de Valentín Moreno  Salazar  contra  María  Santos  Murillo  Asprilla. De ahí concluye que no sabe  cuál es la verdad a la que se está faltando.   

          Agrega  que  “con  mentiras  y  recortes  propios  no  se puede concluir que otros mienten” por  cuanto  el Tribunal deforma los hechos sobre el supuesto de que a los procesados  se  les  atribuye  la  afirmación  según  la cual quien compró los terrenos y  construyó  con  su  propio  esfuerzo  y  peculio  fue  el  doctor  Valentín  Moreno  Salazar,  sin  tener en  cuenta  la escritura pública 6558 del 30 de diciembre de 1996 de la Notaría 12  de  Cali  mediante  la  cual  se  protocolizan  las  mejoras  para  la  sociedad  Moreno-Murillo.   

          El  recurrente  aduce que si el Tribunal hubiera apreciado la prueba  en  su conjunto como lo ordena la ley, sin deformar los hechos, por no saber con  certeza  quién  tiene  la verdad, la sentencia habría sido absolutoria y no al  contrario  lo  que es un “manifiesto error, evidente,  patente,      palpable,     claro,     notorio,     ostensible     y     además  trascendente”,  porque  sin el apoyo de todas y cada  una   de  las  pruebas  legal  y  oportunamente  aportadas  y  sin  “acomodo    de    las   circunstancias   de   hecho” no habría llegado a la conclusión que sacó.   

          Enseguida,  el  demandante  suministra como motivos para recurrir en  casación discrecional:   

          “1º.-   La  notoria  injerencia del Tribunal en el resultado  del proceso.   

          “2º.-  La  marca  histórica  de  la  resolución en pocos días,  cuando  pasan  los  meses  sin  darse pronunciamiento alguno, como en el caso de  Efraín Salinas Rojas por el presunto delito de falsedad.   

          “3º.-  El aporte jurisprudencial, sobre cómo sancionar por falso  testimonio   con   base   a  denuncia   y  procedimiento  cimentado  en  la  mentira.   

          “4º.-  Por  la defensa de los derechos fundamentales a la vida, a  la  propiedad  y  al  debido  proceso cuya violación se constata repasando todo  (sic) los autos para ver los hombres caídos y la sangre vertida.   

          “5º.-  Por  los  ataques  materiales  e inmateriales tendientes a  impedir que se conozca la verdad e infundir miedo”.   

          Para  terminar,  el  demandante solicita a la Corte que sustituya la  sentencia  del  Tribunal  Superior de Cali absolviendo de toda responsabilidad a  sus representados y que case la sentencia.   

INTERVENCIÓN DE LOS NO RECURRENTES  

          El  Procurador  Judicial  62  para  asuntos  penales advierte que el  recurrente  no  cumplió  con  la  carga procesal de exponer las razones por las  cuales  era  necesario  que  el  caso  sea conocido por la Corte. Al Tribunal le  reprocha  el  trámite  que  le  imprimió al recurso, pues ha debido enviarla a  esta  Sala  para que procediera a determinar la viabilidad del recurso, en lugar  de  concederlo y de disponer el traslado para la presentación de la demanda. En  su  opinión ese proceder constituyó una usurpación de competencia que amerita  invalidación;   tesis   que   sustenta  en  una  providencia  que  dictó  esta  corporación    el    19    de    diciembre    del   2000   con   ponencia   del  Magistrado   Nilson  Pinilla  Pinilla.   

          La    doctora   María   Santos   Murillo  Asprilla, en su condición de parte civil, solicita se  declare  inadmisible  la  demanda  de  casación  presentada  por  no reunir los  requisitos  de  ley  y,  en su defecto, que no se case la sentencia impugnada ni  sea  sustituida por cuanto los fallos de las dos instancias estuvieron ajustados  a  la  ley  y  al  derecho,  sin  que se hubieran cometido errores de hecho o de  derecho, ni se infringiera norma sustancial o procedimental alguna.   

CONSIDERACIONES  

          Antes  de estudiar si la demanda de casación presentada a nombre de  ALBA  MARINA  VALENCIA  DE  MURILLO  y  ORLANDO GAMBOA  CÁRDENAS  reúne  los  presupuestos  de  ley, la Sala  considera  conveniente reiterar cuál es el procedimiento al que se debe sujetar  el  recurso  de  casación incluido el interpuesto por la vía excepcional, pues  el  Procurador  Judicial  62  para  asuntos  penales  intervino para plantear la  nulidad de la actuación por ese motivo.   

          Es  de  advertir  que  la  providencia en que el Procurador apoya su  solicitud  contiene  argumentos  válidos  a  la luz de la legislación procesal  anterior,   cuyos   parámetros   se   vieron   modificados   con  el  fallo  de  inexequibilidad  de  algunas  de  las  disposiciones de la ley 553 del 2000, que  aparecieron reproducidas en la Ley 600 del mismo año.   

          A  consecuencia  de  los  efectos de la comentada inexequibilidad la  Sala indicó:   

“   Si   el   recurso   se   interpone  oportunamente,  el  funcionario ad quem, dentro de los tres días siguientes, al  vencimiento  de  los  quince  referidos en el numeral anterior, decide, mediante  auto  de  sustanciación  si  lo  concede  o  no,  haciéndose extensiva una tal  determinación  cuando  el  recurso  se  interponga  de  modo  excepcional, pues  indudablemente  en  ello,  las  leyes  553   y 600 de 2.000 comportaron una  modificación  en  la  medida en que establecieron que “de manera excepcional,  la  Sala  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  discrecionalmente  puede  admitir  la  demanda…”  (negrilla  fuera  de  texto),  mientras  que  el  procedimiento  derogado en ese  aspecto   enseñaba   que   la   Corte,   “puede   aceptar   un   recurso   de  casación”.   

“Por  tanto,  se  reitera, corresponde al  funcionario  de  segunda instancia conceder o no el recurso extraordinario, bien  que   se   trate   de   casación   común  o  discrecional,  mediante  auto  de  sustanciación,  pudiendo  negarse a su concesión sólo en cuanto se interponga  de  manera  extemporánea,  pues  las demás condiciones de viabilidad, salvedad  hecha  también de la presentación oportuna de la demanda, atañe analizarlas a  la  Corte  en el momento en que proceda a calificar el libelo de conformidad con  el artículo 213 de la Ley 600 de 2.000.   

“Contra esa providencia de sustanciación,  luego  del  citado  fallo de inexequibilidad, cabía el recurso de reposición y  el  de  hecho, si por alguna circunstancia el ad quem denegaba la concesión del  medio  extraordinario.  A  partir de la vigencia de la Ley 600, sólo procede en  su  contra el de reposición, según se infiere del inciso final de su artículo  210  y  de  la  exclusión  que,  en  relación  con  el de queja, se hizo en el  artículo 195.   

“ Si el recurso extraordinario se concede,  en  el  mismo  auto  el ad quem debía y debe disponer traslado de 30 días para  cada  uno  de  los recurrentes para que presenten la demanda, luego del cual, si  ésta  se  presenta  en  oportunidad  ha  de  surtirse  el traslado a los demás  sujetos  procesales,  por  el  término  de  15  días,  según  lo señalaba el  artículo 7º de la Ley 553 y establece el 211 de la Ley 600.   

“Si  la  demanda  se  presenta  fuera del  período  señalado,  el ad quem debe así declararlo en proveído contra el que  sólo  procede el recurso de reposición, según lo preceptuaba la Ley 553 en el  inciso final de su artículo 6º y prescribe el 210 de la Ley 600.   

“Concluido   dicho   trámite  ante  el  funcionario  de  segunda  instancia,  el  asunto  pasa  a  la  Corte,  donde, de  conformidad  con  el  artículo  9º  de  la  Ley  553 se calificaba la demanda,  efectuándose  actualmente  similar  procedimiento en términos del precepto 213  de  la  Ley  600.(Rad.  18.631,  auto  oct.  22/01.  M.P. Carlos Augusto Gálvez  Argote).   

         El   precedente  proveído  contiene  suficiente  ilustración  que  conduce  a afirmar que en vigencia de la Ley 600/00, es al Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  al  que  le  corresponde  conceder el recurso de casación y  surtir  los  traslados  para  la presentación de la demanda y para los alegatos  que  sobre  ella  quieren  presentar  los  no  recurrentes,  de manera que no se  atenderá   la  insinuación  del  representante  del  Ministerio  Público  que  protestó   por   el   supuesto   trámite   irregular   de  la  concesión  del  recurso.   

         En  lo  atinente  con  la admisibilidad de la demanda de casación,  conviene  recordar  que  dicha  impugnación  es extraordinaria porque la única  autoridad   con   facultad   para   resolverlo  es  el  órgano  límite  de  la  jurisdicción  penal y porque no procede respecto de todos los procesos penales,  dado  que  su  accesibilidad  está  demarcada  por la naturaleza y origen de la  decisión  atacada  y  por la gravedad del delito por el cual se procede, medida  punitivamente,  ya  que  debe tratarse de una sentencia de segundo grado dictada  por  un  Tribunal  Superior de Distrito Judicial o el Tribunal Militar, respecto  de   un   delito   cuya   pena   máxima   exceda   de   ocho   (8)   años   de  prisión.   

         Con  todo,  el  legislador  extendió  el  alcance  del  recurso de  casación  a procesos en los cuales la sentencia de segunda instancia no ha sido  dictada  por  un Tribunal Superior del Distrito Judicial ni el Tribunal Militar,  esto  es  por  los  jueces  penales  del  circuito,  especializados  o no, o por  aquellas  corporaciones  en procesos que se hubieren adelantado por delitos cuya  pena de prisión, en su máximo, no excede de ocho (8) años.   

          En  cualquiera de las dos situaciones, la demanda de casación debe  ajustarse  a  los requisitos de forma y de fondo consagrados en el artículo 212  de  la  ley  600/00,  pero  cuando se acude a la vía excepcional, el recurrente  tiene  la  carga  procesal de invocar uno de dos motivos que hacen necesario que  la  Corte dé viabilidad al recurso; sea para desarrollar la jurisprudencia, sea  para garantizar derechos fundamentales.   

          En  el  primer  caso, vale decir, cuando se invoca la necesidad del  desarrollo  jurisprudencial respecto del tema decidido en el fallo impugnado, es  responsabilidad   del   impugnante   puntualizar   los  aspectos  que  requieren  unificación,  indicando cuáles son las posiciones antagónicas o diversas, los  criterios  interpretativos  que  se  han  postulado  al resolver una determinada  situación;  o  la  necesidad de que la Corte efectúe una interpretación sobre  una  disposición  que  ofrezca  confusión,  o  porque  aparezca  indispensable  actualizar  alguna  tesis;  o porque surge un tema no analizado con anterioridad  por   la   jurisprudencia   que   resulta   de   interés  y  utilidad  para  la  administración de justicia.   

          Si  se  trata  de la vulneración de garantías fundamentales surge  la  obligación para el recurrente de plantear en forma lógica, jurídica y con  sustento  en  lo  actuado,  cómo  sucedió  el quebrantamiento de la estructura  básica  del  proceso  o la vulneración de las garantías defensivas, indicando  las  normas constitucionales que protegen el derecho cuya infracción se alega y  cómo aparece vulnerado en la sentencia.   

          En  el  libelo  que  ahora estudia la Sala, el recurrente suministra  cinco  motivos  que  en su opinión deben dar viabilidad al recurso de casación  por  la  vía excepcional, los cuales ya se transcribieron en este proveído, de  los  cuales,  los  consagrados  en  los  ordinales 1º, 2º y 5º son totalmente  ajenos  a  los  dos  motivos  a  que  se  refiere  en  inciso  3º del artículo  205.   

          El     demandante     también     menciona    el    “aporte  jurisprudencial”  cuyo  tema  de  desarrollo   sería   “cómo  sancionar  por  falso  testimonio   con   base   a   denuncia   y   procedimiento   cimentado   en   la  mentira”.  Tal  sustento  no  es  consecuente con el  motivo  invocado  puesto  que  el recurrente no presenta tesis jurisprudenciales  relacionadas  con  el  delito de falso testimonio o con las disposiciones que lo  describen,  que  requieran  ampliación o aclaración. Por toda fundamentación,  expresa  un  reproche  satírico al fallo impugnado y en esa condiciones la Sala  no  encuentra  que  en  este  proceso  haya  lugar para intervenir con el fin de  modificar  o  innovar la jurisprudencia sobre el tema del delito que fue materia  de juzgamiento.   

          Otro  motivo  aducido  por  el impugnante  es la defensa de los  derechos  fundamentales  a  la vida, a la propiedad y al debido proceso, sin que  exprese  en  concreto cómo fueron violados en el  fallo o en el decurso de  la  actuación  procesal.  Al  efecto  remite  a  la  Sala  a un “repaso”    de    los    autos    para  “ver    los    hombres   caídos   y   la   sangre  vertida”,   frase  con  la  cual  es  absolutamente  imposible  conocer  en  qué  consistió la vulneración pregonada.   

          Así  las  cosas,  en vista de que el actor no suministró el motivo  que  haría  necesaria  la  intervención  de  la Corte en sede de casación, la  respectiva demanda será inadmitida.   

          En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la  demanda  de casación  presentada  por la vía excepcional a nombre de ORLANDO  GAMBOA   CÁRDENAS  y  ALBA  MARINA  VALENCIA  DE MURILLO, por las razones expuestas  en la parte motiva.   

          Contra esta providencia no cabe recurso alguno.   

          Cópiese,    notifíquese    y    devuélvase    al    Tribunal   de  origen.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                            CARLOS   AUGUSTO   GÁLVEZ  ARGOTE   

Permiso  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                ÉDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN                          MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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