19685(23-11-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  19685   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.133  

Bogotá  D.C., veintitrés (23) de noviembre  de dos mil seis (2006).   

VISTOS  

Decide  la Sala el recurso extraordinario de  casación  presentado  por  el defensor de los procesados CÉSAR AUGUSTO GALLEGO  RAMÍREZ,  EDUARDO  ORLANDO  CANO  RENDÓN,  y  JAIME HUMBERTO SÁNCHEZ GARCÍA,  contra  el  fallo  de segundo grado que el 1º de noviembre de 2001 profirió el  Tribunal  Superior  de Medellín, a través del cual confirmó el emitido por el  Juzgado  Veinticuatro  Penal  del Circuito del mismo Distrito Judicial, por cuyo  medio  los  condenó  como coautores penalmente responsables de un triple delito  de  homicidio  agravado,  homicidio  agravado  en  la  modalidad  de  tentativa,  concierto   para  delinquir  y  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

En  la  noche  del 4 de agosto de 2000 en el  sector   “La  Lágrima”  del  barrio Belén Alta Vista  de    Medellín,    miembros   de   la   banda   delincuencial   “Buena             Vista”  en retaliación por un incidente  inmediatamente   anterior   con   integrantes   de   la   banda  “Los              Chivos”  procedieron  a atacar las casas  de  familiares  de  éstos,  resultando  muertos  Gloria Isabel Villada, su hijo  Gustavo  Vélez  Villada  de  18  meses  de  edad  y  la menor Andrea Estefanía  Sepúlveda   Cano,   en   tanto   que   Oscar   Antonio   Cano   Tirado   quedó  herido.   

En  inmediaciones  del  lugar  de los hechos  fueron  capturados  CÉSAR  AUGUSTO  GALLEGO RAMÍREZ,  alias  “Chato”, EDUARDO  ORLANDO  CANO  RENDÓN,  apodado  “Gogó”,   JAIME   HUMBERTO  SÁNCHEZ  GARCÍA,  alias  “Tollino”  y  Gustavo  Adolfo  Gaviria,  apodado  “Tata”,   quienes   fueron   vinculados   mediante   indagatoria  a  la  investigación  penal  que  inició  la  Fiscalía  y  su situación  jurídica  se resolvió con medida de aseguramiento de detención  preventiva,   sin   beneficio   de   la  libertad  condicional,  como  presuntos  responsables  del  concurso  delictual  por  el triple  homicidio agravado,  homicidio  agravado  en  el grado de tentativa, concierto para delinquir y porte  ilegal de armas.   

Clausurado el ciclo instructivo, el mérito  del  sumario  se  calificó el 31 de enero de 2001 con resolución de acusación  por  los  mismos  delitos,  pero respecto de Gustavo Adolfo Gaviria sólo lo fue  por  el  ilícito de porte ilegal de armas de fuego, dado que se precluyó en su  favor  la  investigación por los comportamientos contra el bien jurídico de la  vida y el concierto para delinquir.   

En   firme   el   enjuiciatorio   con  su  confirmación  de  6  de  marzo  de  2001  por  parte  de la Unidad de Fiscalía  Delegada   ante   el   Tribunal  Superior  de  Medellín,  la  fase  del  juicio  correspondió  al  Juzgado  Veinticuatro  Penal del Circuito de la misma ciudad,  —ante la aceptación del  cargo  formulado  que  hiciera  Gustavo  Adolfo  Gaviria,  el 3 de abril de 2001  emitió   fallo   anticipado   en   el   que   lo   condenó   a   14  meses  de  prisión—  y  luego  de  celebrar  el acto público de juzgamiento respecto de los restantes enjuiciados,  mediante  sentencia  de  29  de agosto de 2001 condenó a CÉSAR AUGUSTO GALLEGO  RAMÍREZ,  EDUARDO  ORLANDO CANO RENDÓN, y JAIME HUMBERTO SÁNCHEZ GARCÍA como  coautores  del  concurso  delictual objeto de acusación, a la pena principal de  cuatrocientos  veinte  (420)  meses  de  prisión,  así  como a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término de veinte (20) años.   

Impugnado  el fallo por los enjuiciados y su  defensor  común,  el  Tribunal Superior de Medellín lo confirmó con la única  modificación  de  ajustar  la  sanción  accesoria al máximo legal de 10 años  permitido  por  el  ordenamiento bajo el cual ocurrieron los hechos (Decreto-Ley  100 de 1980).   

El  defensor de los procesados impugnó  extraordinariamente   

el fallo y presentó demandas independientes  para  cada  uno  de  ellos,  las que se declararon ajustadas a los requisitos de  forma  y  sobre  las  cuales  se  recibió el respectivo concepto del Ministerio  Público.   

LAS  DEMANDAS   

         

Ante   la  identidad  argumentativa  y  de  pretensiones  que  exhibe  el único cargo que al amparo de la causal primera de  casación  por  violación indirecta de la ley sustantiva formula el defensor en  las   tres   demandas   respectivas,   su   presentación  se  hará  de  manera  conjunta.   

Al  amparo de la causal primera de casación  postula  el  censor la violación indirecta de la ley sustancial debido al error  de  hecho  en  que  incurrió  el Tribunal que lo llevó a la infracción de los  artículos  28, 29, 103, 104, 340, 365 del nuevo Código Penal y 232 del Código  de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000).   

Funda el yerro fáctico en un falso juicio de  identidad  en  las  declaraciones de Paulo Andrés y Juan Carlos Cano Idárraga,  dado  que  no estaban en condiciones de presenciar los hechos al tratarse de una  zona  montañosa,  oscura  y  sin  alguna visibilidad, que impedía precisar que  JAIME  HUMBERTO  SÁNCHEZ  GARCÍA  tuviera  una  pistola plateada, además, por  las   contradicciones  en  que  incurren  los  atestantes,  pues el primero  sindica  de  la  muerte  de  la  menor  Andrea  Estefanía  inicialmente a alias  “Tata” y “Tollino”,    pero   luego   agrega   a  “Tomate”, “La               Pinta”,      y      “Patillón”.   

Critica  al  Tribunal  por  considerar  las  declaraciones  de  Oscar  Antonio Cano, Bernardo de Jesús Suaza, Carolina Cano,  Noralba  Cano  y  Angela María Castaño y Diego Alejandro Sánchez, que si bien  algunos  de  ellos  presenciaron hechos antecedentes por el abaleo presentado en  el    sitio    de   “Los  Chivos”,  son  testigos de  oídas   de   los   sucesos   acaecidos   en   el   sector   de  “La               Lágrima”  y   por  lo  mismo,  de  acuerdo con la sana crítica, se resiente su credibilidad.   

Para  el  censor no es cierta la afirmación  judicial  relacionada  con que el dicho de Diego Alejandro Sánchez aporta datos  de  gran valor, por cuanto coincide con lo manifestado por los procesados acerca  del     incidente     anterior     en     el     sector    de    “Los              Chivos”  de  lo  que dan cuenta también  las  declaraciones  de  María  Luz Dary Gaviria Franco, Ángela María Castaño  Herrera y Gustavo de Jesús Zuluaga Idárraga.   

Estima  que  también hay desconocimiento de  las  reglas  de  la  sana  crítica  cuando  el  Tribunal  no  les  da  poder de  convicción  a  las  indagatorias  de sus asistidos pese a la corroboración por  parte  de  Gustavo de Jesús Zuluaga Idárraga, María Luz Dary Gaviria Franco y  Diego  Alejandro  Sánchez,  y  contrariamente, toma aquellos dichos a manera de  confesión  de  su  participación en los delitos, cuando sólo admiten un cruce  de   disparos   con   la  pandilla  “Los  Chivos” en un  sector  diferente  al de “La  Lágrima”.   

   Igualmente pone de manifiesto que la  inocencia  de  sus defendidos se demuestra con la atestación del Policía Mario  Moscoso  Murillo  al  decir que requisó a JAIME HUMBERTO SÁNCHEZ GARCÍA entre  las  8:30  y  8:40,  cuando  visitaba  a  su  hijo  en el sector “Los              Chivos”,  por  lo  que resulta imposible  que  pudiera encontrarse a las nueve de la noche en el sector de “La               Lagrima”  por  no  poseer  el  don de la  ubicuidad.   

Así  mismo,  radica  un  falso  juicio de  identidad   en   la   valoración   del   indicio   de  oportunidad      para  delinquir por actuar los procesados en el sitio de los  hechos,  lo  que  para el censor no corresponde a la realidad, dado que ellos se  encontraban   en   el   sector  de  “Los    Chivos”,  cuando    los    homicidios    ocurrieron    en    el    sitio   “La               Lágrima”.   

También  en  el  indicio  de  móvil  para  delinquir estructurado por el  Tribunal   de   la   enemistad   existente   con   la  pandilla  “Los              Chivos”,  porque  según el libelista no  existe  prueba  de  tal situación y de ser cierta, a partir de su comprobación  no  podría  concluirse validamente que condujo al homicidio de los parientes de  sus    rivales,    por    contrariar   las   reglas   de   la   lógica   y   la  experiencia.   

Y   en   el   indicio   de   capacidad  moral  para  delinquir  al  ser  conocidos  los  enjuiciados como integrantes de bandas delincuenciales dedicadas  al  pillaje,  ya que para el actor no existe prueba de esa tendencia a infringir  la  ley,  ni  menos  del  concierto  para delinquir pues no hay constancia de la  existencia de otros procesos en su contra.   

Por  último  critica  las  circunstancias  posteriores  cuando  al momento de la captura los enjuiciados estaban sudorosos,  agitados  y  con  sus  ropas  sucias,  pues  para  el  impugnante ello no indica  inequívocamente    que    actuaron    en    el    sector   de   “La               Lágrima”  dado  que esas circunstancias  obedecían   al   cruce   de   disparos   minutos   antes   con  “Los              Chivos”.   

Por lo anterior, solicita a la Sala casar el  fallo  y  dictar  el  de  reemplazo  de  carácter  absolutorio  en favor de sus  representados.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación   Penal   (e)   solicita   a   la   Corte   no   casar   la  sentencia  impugnada.   

Acerca de la crítica a las declaraciones de  Paulo  Andrés  y  Juan Carlos Idárraga, que según el demandante no estaban en  condiciones  de  observar  lo  sucedido,  ni de señalar a los partícipes en el  delito,  siendo  sólo  testigos  de  oídas,  señala  la  representante  de la  Procuraduría  que  tal  postura  no  corresponde a un falso juicio de identidad  como  el  anunciado,  sino  a  un  falso  raciocinio,  sin  que tampoco anote el  libelista  qué  postulado  de las normas del sistema de apreciación probatoria  fue pretermitido.   

Precisa  que no hay una distorsión fáctica  de  las  aludidas  declaraciones,  por  cuanto  se estableció que Paulo Andrés  identificó  a  varios  de  los  bandidos, uno por su voz y otro por su apodo, y  remite  a  lo  explicitado  en  el fallo de primero grado en el que respecto del  dicho  de  los hermanos Cano Idárraga como testigos presenciales de los hechos,  si   bien   se   admitieron   contradicciones   irrelevantes,   se   encontraron  coincidencias  sobre puntos sustanciales, como en el reconocimiento de la voz de  alias  “Tollino”  cuando  llamó  al  apodado “Tata”  en  el  momento  mismo  del  ataque  con armas de fuego a su residencia, como la  similitud  en  la  descripción  de  la  ropa  usada  por  alias “Tata”.   

Concerniente   al   crédito  dado  a  las  declaraciones  de  Oscar  Antonio,  Carolina  y Noralba Cano, Bernardo de Jesús  Suaza  y  Ángela María Castaño, considerados por el defensor como testigos de  oídas,  dice  la  Procuradora  que no se detalla la tergiversación, adición o  falseamiento  de  sus atestaciones, y que simplemente la oposición radica en la  credibilidad que se les otorgó.   

Pone de resalto que el sentenciador encontró  respaldo  de  tales  declaraciones  en el dicho de los hermanos Cano Idárraga y  con  lo  acreditado  en  la  inspección  judicial  acerca  de  corta  distancia  existente  entre  los  dos  sitios  en  que  sucedieron los hechos que llevaba a  concluir  que  no  se  trató solamente de un encuentro armado entre las bandas,  sino  una  agresión  directa  y a mansalva en la que se sorprendió a víctimas  inocentes y ajenas a los grupos armados ilegales.   

Señala que el Tribunal tomó la declaración  de  Suaza  Ramírez  por su imparcialidad y confiabilidad ante la falta evidente  de interés en perjudicar a los procesados.   

En  relación  con  la declaración de Diego  Alejandro  Sánchez,  señala  la  representante  del Ministerio Público que el  a  quo  la dejó de lado por  tratarse  de un partícipe en los hechos al mostrarse amañado con el único fin  de    desvincular    a    Gustavo    Adolfo   Gaviria,   alias   “Tata”,  en tanto que el Tribunal lo cita  al    corroborar    el    incidente    en    el    lugar    de   “Los              Chivos”.   

Referente  al  reparo  sobre  la  hora de la  requisa  policial  practicada  a  JAIME  HUMBERTO  SÁNCHEZ  GARCÍA,  realza la  Delegada  que  para  el a quo  ello  no impedía que estuviera más tarde en el sitio de los homicidios, lo que  no   constituye   alguna   afrenta   contra   de   los  postulados  de  la  sana  critica.   

En lo que tiene que ver con la confesión de  los  hechos  que  según  el  Defensor  fue  tomado  de  las indagatorias de sus  representados,  destaca  la  Procuradora  que  ello  sólo  se  acotó por haber  aceptado    disparar    contra    miembros    de    la   banda   “Los              Chivos”  en el sector del mismo nombre y  sólo a tal hecho se refiere el juzgador.   

Resalta  que  de  la  circunstancia anterior  dedujo  el  Tribunal  el  indicio  de  oportunidad para  delinquir,   porque   se   acreditó   que  la  banda  “Buena    Vista”     dirigida     por     alias  “Tata“ y de la que hacen  parte   los  procesados,  realizó  un  ataque  a  la  pandilla  “Los              Chivos”,  además, el sitio donde fueron  halladas  las víctimas es cercano y se recorre a pie, los hermanos menores Cano  Idárraga  en  medio  de  los  disparos,  en  donde  resultó  herido  su padre,  escucharon  la  voz  de  alias  “Tollino”    llamando   a   “Tata”,  siendo  luego  capturados  los procesados por el otro lado del  cerro  provenientes  del  sitio  “La   Lágrima“  estando  sudorosos,  agitados  y  embarrados,  sin  que  tampoco  exista  algún  falseamiento   del   hecho  indicante  del  que  a  través  de  una  inferencia  perfectamente  válida  se afirmó que los enjuiciados estuvieron en condiciones  de cometer los comportamientos punibles.   

Sobre   el   indicio   de   móvil   para   delinquir  basado  en  la  enemistad  de  las  bandas, asevera que esta circunstancia la deriva el juzgador  de  la  aceptación  de  los  propios incriminados, del reconocimiento que Pedro  Isaías  Suaza Ramírez hizo respecto del ataque sufrido la noche de los hechos,  de  las rencillas a raíz de las denuncias que él formulara a la Policía sobre  delitos    cometido    por    integrantes    de    la    banda   “Buena             vista”, así como del testimonio de Juan  Carlos  Cano  Idárraga  al  exponer  que  por ser ellos parientes políticos de  “Los    Chivos” dado que su hermana Noralba Cano  convive  con  Bernardo  de Jesús Suaza Ramírez, provino el ataque por parte de  “Tollino”      y  “Tata”.   

En      relación    con    el    indicio   de   capacidad  moral  para   

delinquir recalca la  Procuradora  las  sindicaciones de los hermanos Cano Idárraga, Suaza Ramírez y  del  agente de Policía Mario Moscoso Murillo, según las cuales, los procesados  son  autores  de delitos contra la propiedad, la libertad y la vida, además, en  sus  indagatorias  refirieron su repertorio judicial y admitieron haberse puesto  de   acuerdo   para   ir  hasta  el  lugar  de  habitación  de  “Los              Chivos”  y  descargar  contra  ellos sus  armas de fuego sin permiso legar para portarlas.   

Por  último,  relativo  a  la circunstancia  desestimada  por el censor acerca de encontrar a los incriminados con sus ropas,  sucias,  sudorosos y agitados al momento de su captura, señala la representante  del  Ministerio  Público  que  el censor no demuestra qué postulado de la sana  crítica   fue   infringido   en   la   inferencia   empleada  para  deducir  su  participación en los hechos.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          1.        Precisión inicial   

Previo   a   estudiar el  reproche   formulado contra   el   fallo   del  Tribunal Superior de Medellín, la Sala advierte que  respecto  de  la  acción  penal  derivada  de  los  delitos  de  concierto para  delinquir  y  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal, por los cuales  fueron   acusados   CÉSAR  AUGUSTO  GALLEGO  RAMÍREZ,  EDUARDO  ORLANDO  CANO  RENDÓN,  y  JAIME HUMBERTO  SÁNCHEZ    GARCÍA,    ha    operado    el    fenómeno    jurídico    de   la  prescripción.   

Según  lo normado en el artículo 83 de la  Ley  599  de  2000  (art.  80  del  anterior Código Penal), ocurre el fenómeno  jurídico  de  la  prescripción  si  durante la etapa instructiva transcurre un  término  igual  al  máximo de la sanción privativa de la libertad establecida  en  la  ley,  pero  en  ningún  caso  puede  ser inferior a cinco (5) años, ni  superior a veinte (20) años.   

Igualmente, conforme con el artículo 86 del  nuevo  Código  Penal  (art.  84  del anterior), el término de prescripción se  interrumpe  con  la  ejecutoria  de  la  resolución  de acusación y comienza a  contarse  nuevamente  por  un  tiempo  igual  a la mitad del establecido para la  etapa  de  instrucción,  sin  que  pueda  ser  inferior  a  cinco (5) años, ni  superior a diez (10).   

En relación con el comportamiento punible de  concierto  para delinquir, el artículo 186 del anterior Código Penal (al igual  que  el  340 de la Ley 599 de 2000) establece una pena de prisión de tres (3) a  seis   (6)   años,   por  lo  tanto,  para  la  fase  investigativa  el  término  de prescripción de la acción penal es de seis (6)  años,  mientras  que  en  la  etapa  de  juzgamiento  tal lapso es de cinco (5)  años.   

De  otro lado, respecto del delito de porte  ilegal  de  armas de defensa personal, el artículo 201  del  anterior  Código  Penal (al igual que el 365 de la Ley 599 de 2000) prevé  una  pena de prisión de uno (1) a cuatro (4) años, ello implica que tanto para  la  fase  de  la instrucción, como la de juicio el término de prescripción de  la acción penal es de cinco (5) años.   

Por los mencionados comportamientos contra el  bien  jurídico  de  la  seguridad  pública se acusó a los procesados el 31 de  enero  de  2001, decisión que adquirió firmeza el 6 de marzo siguiente ante su  confirmación  por  la Unidad de Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de  Medellín,  lo  que denota que el término prescriptivo de cinco (5) años de la  acción  para ambos ilícitos se cumplió el 7 de marzo  de    2006,    circunstancia    que    así   impone  declararlo.   

Finalmente es necesario señalar que como la  prescripción  de  la  acción penal de los delitos referidos se causó después  de  la  emisión  del  fallo de segundo grado por parte del Tribunal Superior de  Medellín,  se  deberá  disponer la correspondiente cesación del procedimiento  por tales conductas en favor de los incriminados.   

         Como  la  exclusión  de  esos  ilícitos  tiene  incidencia en los  aspectos punitivos, de ello se ocupará luego la Sala.   

    

1. Del cargo     

Por   el   motivo   de   la  violación  indirecta de la ley sustancial   

debido a yerros probatorios pretende el actor  mutar el fallo condenatorio para sus defendidos.   

          De     manera    preliminar   repara    en    la  credibilidad otorgada  a   

las  declaraciones  de  Paulo Andrés y Juan  Carlos  Cano  Idárraga,  porque  las condiciones del lugar, al ser montañoso y  con   poca   visibilidad   les   impedía   percibir   el   desarrollo   de  los  acontecimientos.   

Para  el  momento  de la presentación de la  demanda   suficientemente  estaba  decantado  el  criterio  jurisprudencial  acerca  de  la  autonomía del falso raciocinio dentro de las varias modalidades  de  error  de  hecho cuando se pretermiten los postulados de la sana crítica en  la valoración probatoria.   

En  este  sentido, transforma el defensor un  aspecto  de  simple credibilidad estimada por el juzgador, para sembrar un vicio  en  la  aprehensión  probatoria, porque es claro que no se advierte distorsión  alguna  en  el  contenido  objetivo  de  las  declaraciones de los hermanos Cano  Idárraga,  ni  menos  se  evidencia  el  capricho  judicial  en su valoración.   

Es  palmario que el proceso mediante el cual  la  realidad  se  trasforma  en  conocimiento  y como éste se plasma para hacer  parte  del  trámite judicial demanda un análisis minucioso. El hecho del mundo  exterior  que  se  aprehende  por  los sentidos, una vez retenido en la memoria,  mediante  su  evocación puede ser descrito, de ahí que en la valoración de la  prueba  testifical,  según  el  sistema de apreciación racional y en las voces  del  artículo 277 del Código de Procedimiento Penal, se deban sopesar tópicos  relacionados  con  la  naturaleza del objeto percibido, al estado de sanidad del  sentido  que  intervino  para  la  percepción,  las  circunstancias espaciales,  modales  y  temporales  en  que se percibió, la personalidad del declarante, la  forma   de   expresión   y  lenguaje  empleados  en  la  narración,  y  demás  singularidades que permitan dar crédito a la misma.   

Ha  de  recordarse  que  cuando  el fallo de  primera  instancia es confirmado, las decisiones del a  quo   y   el   ad   quem  se  complementan  al  conformar  una  unidad jurídica  inescindible,   por   ello,   la   Sala  destaca  que  los  fallos  in        extenso       hicieron   el  análisis  de  las calidades personales de los deponentes, las posibilidades que  tuvieron  de  prestar  la  atención  al  momento  del  suceso,  la coherencia y  verosimilitud  de su relato, las cuales no permitían  otra interpretación  del compromiso directo de los enjuiciados en los hechos.   

De  un lado el Tribunal puso de presente el  conocimiento  previo que Paulo Andrés tenía de los bandidos, tanto por el tono  de  la  voz,  como  por  los  apodos lo que le permitió identificarlos como los  agresores  de  la  casa  en  la  que se encontraba y en donde resultó herido su  padre Oscar Antonio Caro.   

De  otro  lado,  detalladamente el juzgador  singular  sopesó  las  diferentes variables para la fiabilidad de los dichos de  los  hermanos  Cano-Idárraga,  no sólo por la ausencia de interés en mentir y  sus  condiciones subjetivas, sino por la coherencia de su discurso y sobre todo,  la   correspondencia   con  datos  objetivos  comprobables.  Así  destacó  que  resultaba  perfectamente  creíble  que Paulo Andrés reconociera el tono de voz  de          alias          “Tollino”             —que   corresponde  a  JAIME  HUMBERTO  SÁNCHEZ  GARCÍA— cuando  llamaba  al apodado “Tata”  (Gustavo  Adolfo  Gaviria)  toda  vez  que  lo  conocía  con  anterioridad y el  identificar   la   voz   es   una   posibilidad   de  diferenciar  a  los  seres  humanos.   

No  desdeñó el juzgador la inconsistencia  advertida  en  el  relatos  de  los  atestantes  al decir Paulo Andrés Cano que  presenció  cuando le disparaban a la menor Andrea Estefanía Sepúlveda, porque  de  acuerdo  con la inspección judicial que se practicó al lugar de los hechos  se  evidenció  que  ello  no era factible, sin embargo, no desechó del todo su  dicho    ya   que   la   manifestación   de   identificar   a   “Tollino”      y      “Tata”  como los agresores de su vivienda  sin     involucrar     en     tal     ataque     a     alias     “Chato”       y      “Gogó” los otros capturados evidencia su  veracidad,  pues  “si el testigo estuviera mintiendo,  nada  más  fácil  para  él que ubicar a los tres capturados en el ataque a su  casa,  pero  no,  él  se  limita  a  relatar  lo  que  en  medio  de la zozobra  percibió”.   

También   sopesó   el   fallador   las  contradicciones  en  las  declaraciones de los hermanos Cano-Idárraga acerca de  su  posición en la casa o de su presencia fuera de ella, o por la vestimenta de  los   agresores,  ya  que  Paulo  Andrés  refería  que  alias  “Tata”        y        Tollino”   tenían   gabanes   verdes,  capuchas  y  guantes negros, en tanto que Juan Carlos coincide con tales prendas  para  el  primero,  no  así para el segundo de quien dice usaba camisa blanca y  pantalón  negro, sólo que tal confusión la encontró  excusable ante las  circunstancias  en  que  se  desarrollaron  los  hechos y el natural pánico que  pudieron  padecer  en  medio de la noche, en un lugar deshabitado y sintiéndose  desprotegidos en medio de los disparos.   

En   manera  alguna  se  advierte  algún  desafuero  en  el  proceso  mental  del  Juzgador  al  valorar las declaraciones  de   Oscar  Antonio Cano, Bernardo de Jesús Suaza, Carolina Cano y Noralba  Cano,  por  cuanto  concluyó  lo  poco  que  aportaban al esclarecimiento de la  responsabilidad  de  los enjuiciados y  contrariamente ofrecían confusión  y  discrepancia  sobre  quiénes  accionaron  las armas de fuego contra la menor  Andrea  Estefanía  Sepúlveda  Cano,  pues  el  primero  refería  que los tres  procesados  dispararon,  en  tanto  que  Carolina  dice  que  quien  lo hizo fue  “Tollino” (JAIME HUMBERTO  SÁNCHEZ  GARCÍA)  y  describió  que éste vestía tennis grises, buzo azul de  rayas  amarillas  y bordes blancos, camiseta verde y blujean azul, relato que no  mereció  crédito  precisamente  por el detalle de la vestimenta al tratarse de  un rastrojo y existir poca visibilidad.   

De  pareja  manera,  no  halló el juzgador  fiabilidad  en  el dicho de Noralba Cano relacionado con que vio a los agresores  con  camuflados  y  pasamontañas,  por no guardar alguna correspondencia con la  vestimenta referida por los principales testigos.   

Fueron también racionalmente valoradas por  el  juzgador  de  primer  grado  las  declaraciones  de Angela María Castaño y  María  Luz  Dary  Gaviria  Franco,  así  como las de Diego Alejandro Sánchez,  alias  “Tomate” y Gustavo  de  Jesús Zuluaga Idárraga, apodado “La   Pinta”  o  “Tavo”, para concluir su  falta  de imparcialidad y objetividad ya que tenían el fin específico de   desvincular     a     Gustavo     Adolfo    Gaviria,    alias    “Tata”  de  los  hechos imputados, lo que  lograron.   

Así  mismo,  apegado  a  las  leyes  de la  ciencia  en  lo  que  tiene  que  ver  con  la  utilización  de  los  medios de  transporte,  la  diferencia  horaria  relacionada con la requisa que el Policía  Mario  Moscoso  le  practicó  a  JAIME HUMBERTO SÁNCHEZ, alias “Tollino”,  registrada  entre  las 8:30 y  8:40  de  la  noche,  en tanto que los homicidios sucedieron a las 9:00, para el  juzgado  no  resultó  físicamente imposible la presencia de aquel en la escena  de  los  delitos,  porque  del  sector donde fue requisado al de “La               Lágrima”  hay  unos  cinco  minutos  en  motocicleta  y  precisamente  en  ese  aparato él se movilizaba, por demás, la  hora  probable de los sucesos según la prueba testimonial fue entre 9:00 y 9:30  de la noche.   

En  este orden, son vanos los esfuerzos del  letrado  en  encontrar  la alteración del contenido material de las pruebas que  sirvieron  de  base  al  sentido  del  fallo  de condena y tampoco demuestra los  yerros   de   la   Corporación  judicial  en  el  aspecto  apreciativo  de  las  mismas.   

Sin  incurrir  en alguna tergiversación en  las   manifestaciones  de  los  procesados  en  sus  indagatorias,  el  Tribunal  aprehendió  su  dicho  y  no  lo  tomó  a  manera  de confesión en los hechos  trágicos,  como  lo señala el censor, simplemente se destacó la admisión que  hicieron  tanto  del  uso  de  las  armas,  sin  permiso  para  hacerlo,  de  su  vinculación   con   la   banda   delincuencial  y  principalmente,  del  previo  enfrentamiento     armado     con     la     pandilla     de     “Los              Chivos”,  circunstancias  de  las cuales  fundadamente  se podía deducir su accionar por el sector y el compromiso en los  delitos investigados.   

Precisamente,  también  mediante  prueba  construida  se  determinó  la  responsabilidad  de  los enjuiciados, sin que en  ellas   precise  el  censor  su  cuestionamiento  al  hecho indicante, a la  inferencia  empleada o a la valoración judicial, pues es sabido la especialidad  cuando en sede casacional se atacan los indicios.   

Se  limita  el  defensor  a  destacar  el  enfrentamiento  armado  entre  las  bandas  antecedente al desenlace fatal, pero  niega  la  presencia de sus asistidos posteriormente en el sitio “La               Lágrima”, ello con el ánimo de sembrar  incertidumbre  sobre  su responsabilidad, pero no demuestra un defecto o falsía  en   la  aprehensión  material  de  los  elementos  de  juicio  o  del  proceso  apreciatorio   conforme   al   sistema   de  la  sana  crítica  por  parte  del  juzgador.   

La  lógica del razonamiento judicial en la  prueba  circunstancial  es  palmaria  ya  que de la captura de los procesados en  inmediaciones  a  la  escena  de los delitos, con sus ropas sucias por el barro,  sudados  y  agitados edificó el indicio de oportunidad para delinquir, pues las  reglas  de  la  vida  evidentemente demuestran que luego de un hecho ilícito su  autor  huye  presuroso y agitado del lugar, máxime que aquí se trataba de zona  montañosa  que  denotaban  la necesaria presencia de barro en sus vestimentas y  principalmente  porque  se acreditó la cercanía entre los sitios es cuestión,  el cual se recorre a pie.   

También   estructuró   el  móvil  para  delinquir  en  razón  de  la  enemistad  entre  ambas  bandas  delincuenciales,  animadversión  que  no  fue  un invento judicial, sino que se estableció de la  propia  manifestación  de los enjuiciados en sus indagatorias, la admisión del  enfrentamiento  previo,  así  como  del  señalamiento  que  varios declarantes  hicieron sobre la pertenencia de aquellos a las pandillas.   

A  su  turno, se evidenció el interés por  parte  de  alias “Tata” de  callar  a  Gloria Villada por lo que conocía de la muerte de su marido y estaba  dispuesta   a   acudir   ante   las   autoridades   para  denunciar  tal  hecho,  circunstancias  que  denotaban  la  clara retaliación contra ésta y contra los  familiares    de   la   pandilla   “Los             Chivos”.   

Tampoco   fue   un  invento  judicial  lo  relacionado  con los varios hechos delictivos a los que se dedicaban las bandas,  pues  los  mismos procesados lo refieren en sus injuradas, además Pedro Isaías  Suaza  Ramírez dio cuenta de varias denuncias formuladas contra los integrantes  de   la   pandilla  “Buena  vista”,  y el agente de la  Policía  Mario  Moscoso  Murillo  también  refirió  los ilícitos por hurtos,  extorsiones   y   homicidios   predicables  de  los  integrantes  de  la  citada  banda.   

No se ocupa el recurrente de otras probanzas  que  soportaron  el fallo de condena como la declaración de Pedro Isaías Suaza  Ramírez  que  pese  a  haber  sido objeto de ataques esa noche por parte de los  miembros  de la banda “Buena  Vista”,   demostraba  su  imparcialidad  al  advertir que lo narrado es porque escuchó comentarios de que  a  la  “Tata” le habían  pagado  para que participara en los hechos, así como las otras declaraciones de  oídas  de  Efraín  Vélez  Montoya  y  Yuly  Esmeralda  Suárez  Ortíz, Lucia  Idárraga  y  Martha  Lucía  Cano Idárraga, que señalaban como autores de los  ilícitos     a    los    miembros    de    la    banda    de    “Buena             Vista”    o    de    “Tata”,   destacándose  el  dicho  de  ésta  última de que una de las víctimas, Gloria  Isabel  Villada  les  había  comentado  que  temía  por  su  vida porque alias  “Tata”  sabía  que ella  estaba   enterada   que   él   había   sido  el  autor  de  la  muerte  de  su  esposo.   

Vista así la realidad contenida en el fallo  impugnado,  se  ha de concluir que carece de fundamento la pretensión del actor  y por consiguiente la censura no debe prosperar.   

3.         Precisión final   

         

Por   efecto   de   la   declaración  de  prescripción  de la acción penal por los delitos de concierto para delinquir y  porte  ilegal  de  armas de defensa personal, se hace necesario excluirlos de la  dosificación  punitiva  fijada  para  CÉSAR  AUGUSTO GALLEGO RAMÍREZ, EDUARDO  ORLANDO  CANO RENDÓN, y JAIME HUMBERTO SÁNCHEZ GARCÍA, quienes entonces sólo  quedarán  condenados  como autores penalmente responsables del triple delito de  homicidio  agravado  en  concurso  con  el homicidio agravado en la modalidad de  tentativa.   

El  juez  singular  por razón del concurso  delictual  partió  del  homicidio  agravado  que  tiene  prevista  una  pena de  veinticinco  (25)  a  cuarenta (40) años y ubicado en el primer cuarto punitivo  de  trescientos (300) meses a trescientos cuarenta y cinco (345) meses, fijó en  este  límite  máximo la pena para ese delito, e incrementó en setenta y cinco  (75)  meses  por  los delitos concursantes, esto es, dos homicidios consumados y  uno  tentado,  el  concierto  para delinquir y el porte ilegal de armas, para un  monto definitivo de cuatrocientos veinte (420) meses de prisión.   

Como no discriminó el quantum punitivo para  cada  uno de los cinco delitos concurrentes, de manera racional se desprende que  lo  hizo  proporcionalmente  al  fijar para cada uno de ellos quince (15) meses,  por  lo tanto, al marginar los dos ilícitos cuya acción penal ha prescrito, es  decir,  treinta  (30)  meses,  la  pena  quedará  en  definitiva en trescientos  noventa (390) meses de prisión.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  SALA DE  CASACIÓN  PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.  –            DECLARAR PRESCRITAS las  acciones  penales  derivadas  de los delitos de concierto para  delinquir y porte ilegal de armas de defensa personal.   

2.-             CESAR    PROCEDIMIENTO,  en  consecuencia,  en  favor de CÉSAR  AUGUSTO  GALLEGO  RAMÍREZ,  EDUARDO  ORLANDO  CANO  RENDÓN,  y  JAIME HUMBERTO  SÁNCHEZ   GARCÍA   por  los  delitos  concierto  para  delinquir  y  porte  ilegal  de  armas  de defensa  personal.   

3.-          NO  CASAR  el  fallo  por  razón  de  los  cargos  formulados  en la demanda presentada por el  defensor  de  CÉSAR  AUGUSTO  GALLEGO RAMÍREZ, EDUARDO ORLANDO CANO RENDÓN, y  JAIME HUMBERTO SÁNCHEZ GARCÍA.   

4.-          PRECISAR  que,  por  razón  de la cesación de procedimiento aquí dispuesta, la pena principal  impuesta  a los procesados CÉSAR AUGUSTO GALLEGO RAMÍREZ, EDUARDO ORLANDO CANO  RENDÓN,  y JAIME HUMBERTO SÁNCHEZ GARCÍA como autores del concurso de delitos  por  un  triple  homicidio agravado y un homicidio agravado en la modalidad  de tentativa es de trescientos noventa (390) meses de prisión.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

Comisión de servicio  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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