19683(04-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19683  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                DR.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nº: 99   

          Bogotá D.C., septiembre cuatro de dos mil tres.   

VISTOS  

Conforme  con lo reglado en el artículo 223  de  la  Ley  600 de 2000, examina la Sala de manera preliminar el aspecto formal  de  la demanda de revisión instaurada por el apoderado especial de JOSÉ      ELÍAS     GUERRA     DE     LA     ESPRIELLA, contra el fallo  proferido  por el extinto Tribunal Nacional el 30 de diciembre de 1998, mediante  el  cual  modificó  la  condena impuesta al sentenciado por un Juez Regional de  Bogotá,  fijándola  en definitiva en 72 meses de prisión y multa por valor de  $30’050.000  al  hallarlo  responsable  de  los delitos de enriquecimiento ilícito de particular, falsedad  en documento privado y estafa, en concurso.   

ANTECEDENTES   

          Por  sentencia  del 17 de abril de 1998, un Juez Regional de Bogotá  profirió    condena    de    90    meses    de   prisión   y   $30’050.000  de  multa contra JOSÉ  ELÍAS  GUERRA  DE LA ESPRIELLA como  responsable   de   las   conductas   punibles  de  enriquecimiento  ilícito  de  particular,  en  concurso  con  los  delitos  de  falsedad  y  estafa, por haber  recibido  beneficios  en  servicios  y dinero provenientes de empresas de Miguel  Rodríguez   Orejuela,   a   través  de  Julián  Murcillo  y  César  Villegas  Arciniegas.   El  Tribunal  Nacional  al  revisar  por  apelación  la  referida  determinación  la  confirmó,  modificándola  en los términos indicados en el  acápite inicial de la presente providencia.      

LA  DEMANDA   

          Al  amparo  de  lo  normado  en  el  artículo  232-3 del Código de  Procedimiento   Penal  anterior  -220  del  actual-,  aduce  el  libelista  como  fundamento  de  su  pretensión  el  hecho  de  haber  surgido como prueba  nueva  de  carácter documental la  sentencia  del  29  de  diciembre de 1998 expedida por el Tribunal Nacional, por  cuyo   medio   absolvió  a  Julián  Murcillo  Posada  por el delito de testaferrato.  El contenido y la  trascendencia  de  tal  determinación, que no fueron conocidos al tiempo de los  debates,  agrega,  “demuestra la inocencia del doctor  Guerra  de  la Espriella, dada la íntima o estrecha relación que guarda con el  caso    y   actuación   procesal   cuya   revisión   se   impetra.”   

En   aras   de  una  lógica  y  coherente  sustentación  de  la  causal  de  revisión  invocada, dice el actor proceder a  contrastar,  previa   transcripción de sus apartes pertinentes, los fallos  en  cuestión,  el  de  condena recaído sobre su asistido, y el absolutorio por  medio    del    cual   se   favoreció   a   Murcillo  Posada,  para  de  esta  manera  entrar a demostrar el  “grave yerro judicial” en  que  se  incurrió  al  declararse  penalmente  responsable  a  un  inocente, su  defendido,   en   relación   con   la   camioneta   cuya   compraventa   se  le  reprocha.   

Tras  cumplir  el  cometido  anunciado,  el  demandante  afirma que conforme a la argumentación expuesta en el aludido fallo  condenatorio,  el Tribunal confundió a EXPORT CAFÉ LTDA., verdadera empresa de  fachada  del  cartel  de  Cali de acuerdo con la reseña procesal que de ella se  hace  en  la  sentencia absolutoria en mención, con EXPOSAL LTDA., en la medida  en  que  la  primera  nada  tuvo  que  ver  con  la  referida negociación de la  camioneta  adquirida  a  la  segunda. De esta manera se tergiversó el contenido  material de la prueba.    

Del  mismo modo cabe destacar, aduce, que el  proceso  seguido contra su pupilo informa acerca del momento en que Murcillo   Posada  entra  hacer  socio  de  EXPOSAL  LTDA.  al  adquirir  acciones de la misma, lo cual acaeció cinco meses  después  de  celebrada  la  mentada negociación de la camioneta con el inicial  representante     legal    y    gerente    de    aquélla,    Fabio    Echeverri  Barragán.          

          “La  estrecha  o íntima relación de la  prueba  nueva en referencia con los hechos relativos a la compra de la camioneta  Toyota   a  la  sociedad  EXPOSAL  LTDA.  se  evidencia  con  la  aparición  de  Julián   Murcillo,  cinco  meses  después  de  la  compra,  como  socio y gerente de EXPOSAL LTDA, lo que,  dados    los    vínculos    laborales     comerciales    de   Murcillo  con  los  hermanos  Rodríguez  Orejuela,  jefes del cartel de Cali, llevó a los juzgadores de ambas instancias  a  suponer precipitadamente que EXPOSAL LTDA., era empresa de fachada del Cartel  de   Cali”,   arguye   el  libelista  a  manera  de  demostración  del  cargo.  De  ahí  que  el  Tribunal  partiendo de esta falsa  premisa,  presente  a  su  defendido como beneficiario de la supuesta empresa de  fachada  en  el  monto  que  dice  canceló  por  esa transacción, sólo porque  Julián  Murcillo poco después de la referida negociación apareció como socio  de  la  citada  empresa  y, además, porque el personaje en cuestión, según el  testimonio  de  Guillermo  Palomari,  era  empleado directo de Miguel Rodríguez  Orejuela.   

          Ese  mismo falso supuesto determinó al Tribunal Nacional a realizar  malabares       jurídico-probatorios  para  construir contingentes indicios de culpabilidad, con lo cual  pretendió  justificar  la  injusta  condena  que  se  reprocha  a  partir de la  constitución  fraudulenta de las verdaderas empresas de fachada del cuestionado  cartel  a  través de testaferros, situación que no aconteció con EXPOSAL cuya  creación  sí  tuvo  orígenes  lícitos. De igual manera, dicha Colegiatura se  equivocó  al  restarle  credibilidad  a los testimonios de Jaime Rosales, Nancy  Campo  Cárdenas,  Lucía  González y Pablo Medina, quienes dieron cuenta de la  legalidad  de  la  transacción efectuada por GUERRA DE  LA    ESPRIELLA   respecto   de   la   camioneta   en  mención.   

          Así  las  cosas,  si EXPOSAL LTDA. nunca fue empresa de fachada del  Cartel  de  Cali,  ni  Julián  Murcillo  Posada  fue testaferro de los hermanos  Rodríguez  Orejuela,  tal  como se demuestra con la sentencia absolutoria que a  favor  de aquél expidió el Tribunal Nacional y que como prueba nueva se allega  a  estas  diligencias,  la  revisión del fallo condenatorio proferido en contra  GUERRA  DE  LA  ESPRIELLA  se  impone,  dado  que  por  las referidas circunstancias los citados consanguíneos  mal  podían  favorecer  con  dádivas  al mentado ex-Parlamentario a través de  Murcillo  o  de EXPOSAL, concluye el demandante, amén de que la negociación de  la  camioneta  a  la que se contrae la sentencia censurada realmente se llevó a  cabo con Fabio Echeverri Baragán y no con Murcillo Posada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          La  acción  de  revisión procede contra sentencias que hayan hecho  tránsito  a  cosa  juzgada,  dispone  el  Art.  220 de la Ley 600 de 2000, y el  escrito  por cuyo medio se pretende su remoción debe cumplir con los requisitos  de    forma   y   contenido   relacionados   en   el   Art.   222   ibidem,  cuya  inobservancia  hace  que la  respectiva  demanda  resulte  inidónea  y por consiguiente su inadmisión es la  consecuente  declaración  que  ha  menester  hacer  a  voces  del  Art. 223 del  Estatuto Procesal Penal.   

         

Ahora,  cuando  se  trata  de  la causal 3ª  esgrimida  por  el demandante como motivo de revisión, tiene dicho la Corte que  esta  acción  no  es  una  instancia  más  a  la  cual acudir en demanda de un  reexamen  probatorio,  como  aquí  se  pretende,  puesto  que  si  el  objetivo  fundamental  de  la revisión es enmendar la injusticia material de un fallo -en  el  evento  sub lite permitir  la  demostración  de  que  se  ha  condenado  como  responsable  de un delito a  un   inocente-,  debate  como  el  que  aquí  se  plantea  atinente  a  la  pretextada   absolución   de   Julián   Murcillo   Posada  por  el  delito  de  testaferrato,  cuya  sentencia  se  aduce  como  prueba  nueva,  es por completo  extraño a la acción de revisión, como seguidamente se verá.   

         

         La  Sala  viene sosteniendo que cuando, como en el presente caso, el  soporte  de  la  pretensión  es la tercera de las causales previstas en el Art.  220  del  C. de P. Penal, ya por la aparición de hechos nuevos, ora por pruebas  de  similar  naturaleza que apuntan a acreditar la inocencia del condenado, o su  inimputabilidad,  corresponde  al  actor  probar  no  sólo  el  surgimiento  de  aquéllos  o  de  éstas,  sino,  lo  más  importante,  que el fallador no tuvo  oportunidad  de  pronunciarse  sobre  tales  elementos  de convicción, y que de  haber  sido  conocidos  u oportunamente incorporados al expediente, la solución  del   asunto   hubiera   sido   sustancialmente   distinta   y   opuesta   a  la  adoptada.   

         Prueba  nueva,  tiene  dicho  la Corte, es  aquella  que surge con posterioridad a la emisión de una sentencia condenatoria  y  por cuyo desconocimiento en los debates de instancia, el funcionario judicial  no  tuvo oportunidad de valorarla y de determinar su grado de validez y eficacia  en  relación con los hechos de los cuales conoció, bien porque se refiera a la  aparición  de  hechos nuevos  que  con  ella  pretenda establecer, o porque a pesar de su existencia previa al  fallo   adverso,  por  cualquier  circunstancia  se  pretermitió  allegarla  al  proceso,  situación  esta  que  de  no  haberse  presentado, en esencia hubiese  modificado  el juicio positivo de responsabilidad penal concretado en la condena  impartida    contra    el    procesado   -Cfr.  auto  de  noviembre  25/97,  Rdo. 12.403, M. P. Jorge Aníbal  Gómez Gallego-.   

Pues  bien,  aspectos  como  los  puestos de  presente  por  el  demandante en su libelo carecen de aquellas connotaciones, en  el  entendido de que si bien en la sentencia que hoy se allega como prueba nueva  el  juzgador  halló  no  probadas,  o por lo menos cobijadas con el manto de la  duda  razonable,  circunstancias  que  bien  pudieron  haber  dado  lugar  a  la  imputación  por  testaferrato -haber prestado sus nombres los procesados con el  propósito  de  ocultar  la  identidad de los verdaderos dueños de la empresa o  empresas  cuestionadas  por estar involucrados en actividades de narcotráfico-,  no  aconteció  lo  mismo respecto de la ilicitud de enriquecimiento ilícito en  la  cual  Julián  Murcillo  Posada  y  EXPOSAL LTDA. aparecieron comprometidos,  amén  de  que la ausencia de los elementos constitutivos de la conducta punible  de  testaferrato  exclusivamente  se predicó en relación con las transacciones  realizadas  a  través de la sociedad Colombiana de Operaciones Portuarias Ltda.  -Fls.  75  a  90 del cuaderno de anexos-.  Con ponderada sindéresis, adujo  el Tribunal en el fallo aquí allegado como supuesta prueba nueva:   

“Desde luego que  la  versión de Guillermo Alejandro Palomari González merece credibilidad, pues  como  contador  oficial  de  las empresas de los Rodríguez Orejuela, era amplio  conocedor  del  movimiento  de  sus  cuentas  corrientes  y  de las personas que  laboraban  al  servicio  de  éstos,  amén  de  que  hizo una narración clara,  detallada,  reiterativa,  lógica y coherente, la cual encontró respaldo en los  documentos      de      las      empresas      fachada      del     ‘Cartel     de     Cali’,  encontrados  extrañamente  en las  oficinas          de          ‘Exposal’, y  sobre  cuyo  origen  y  destinación  Julian  Murcillo  no pudo dar explicación  alguna.   

“(…)  

“De suerte, que  si  los diferentes medios de prueba allegados al expediente confluyen a señalar  inequívocamente  a Julian Murcillo Posada como la persona a cuyo favor empresas  del    ‘Cartel    de  Cali’  giraron numerosos  cheques  que  éste  cobró  directamente  en los bancos librados o a través de  casas  de  cambio,  sumas  de dinero que en parte ingresaron a su patrimonio y e  saldo   al  peculio  de  terceros,  obviamente  debe  soportar  la  consecuencia  jurídica de su ilícito proceder (…)”   

Consecuente   con  sus  razonamientos,  el  Tribunal  dispuso  la  extinción  de  dominio, entre otros bienes, del interés  social   que   Julián   Murcillo   Posada   tenía   en   la  sociedad  EXPOSAL  LTDA.   

Por  modo  que,  de una tal manera mal puede  aspirarse  a  la  remoción  de  una  sentencia  ejecutoriada  que  goza  de los  atributos  de  acierto y legalidad, pretendiéndose derruir su intangibilidad no  sólo  con  el  replanteamiento  de  argumentos  atinentes  a  la  inocencia del  sentenciado  ya  desechados  en  las instancias ordinarias, sino también con la  aducción  de  prueba  que ninguna capacidad tiene para quebrar la condición de  res  iudicata  que ampara al  fallo atacado.   

En consecuencia, por no cumplir el impugnante  con  la  carga  de  demostrar  los  supuestos  fáctico-jurídicos  de la causal  invocada  se  impone  la  inadmisión del libelo, conforme lo prevé el Art. 223  del  C.  de P. Penal.  A ello se procederá una vez reconocido el apoderado  a cuyo cargo estuvo la elaboración de la demanda.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

1.  Reconocer  al  abogado  Jairo  de Jesús  Querubín    Muñoz     como    defensor    del    condenado   JOSÉ  ELÍAS  GUERRA  DE  LA ESPRIELLA, en  los términos y para los efectos precisados en el poder conferido.   

2.           INADMITIR  la  demanda de revisión que en  representación   de   su   asistido  instauró  su  defensor,  conforme  a  las  motivaciones plasmadas en el cuerpo de este proveído.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

            

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS              CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO            ÉDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ  PINZÓN          MARINA  PULIDO  DE  BARÓN   

                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS               MAURO      SOLARTE  PORTILLA    

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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