19659(16-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19659  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE E. CÓRDOBA POVEDA  

Aprobado acta N° 78  

Bogotá D. C.,  dieciséis (16) de julio  de dos mil dos (2002).   

          V I S T O S   

Resuelve la Sala la impugnación que presenta  el  doctor  Álvaro  Mendieta  Ortegón, en su condición de Fiscal 3° Delegado  ante  el  Tribunal  de Manizales, contra la decisión del pasado 30 de mayo, por  medio  de  la cual esta Corporación revocó la medida de aseguramiento impuesta  al    procesado,   doctor   MIGUEL   ÁNGEL   ESCOBAR  CARDONA, y ordenó su libertad.   

ANTECEDENTES  

1.-   Contra   el   doctor   MIGUEL  ÁNGEL  ESCOBAR CARDONA se adelanta  proceso  penal  por  hechos  sucedidos  cuando  se  desempeñaba como Fiscal 1°  Delegado    ante    los    Jueces    Penales   del   Circuito   de   La   Dorada  (Caldas).   

El  8  de  febrero de 2002, la Fiscalía 3ª  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Manizales  profirió  resolución de  acusación  contra el citado funcionario por el delito de concusión, motivo por  el  cual  prosiguió en detención domiciliaria, la que sustituyó la detención  preventiva que inicialmente se le impuso.   

Ejecutoriado el pliego de cargos, se inició  la  fase  de  juzgamiento  ante  el  Tribunal Superior de Manizales que luego de  convocar  y practicar la audiencia preparatoria, recibió solicitud del defensor  en  el  sentido de que se revocara la medida de aseguramiento, con fundamento en  la  sentencia de constitucionalidad C-774/2001, por medio de la cual se declaró  la  exequibilidad  condicionada  del  artículo 363 de la Ley 600 de 2000, y las  decisiones  de  la  Sala  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia que imponen la  obligación  de que se estudien los fines de la detención preventiva, a efectos  de establecer si es necesario o no privar de la libertad.   

2.-   Por  proveído  del  30  de  mayo  pasado,  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Manizales  accedió  a la  pretensión  del defensor, pues consideró que, en efecto, la sentencia C-774 de  2001  había  señalado  como  derrotero  para  la  imposición  de la medida de  aseguramiento  de  la detención preventiva, el estudio de los fines de la misma  para efectos de verificar su procedencia y pertinencia.   

Y  para  llegar  a la conclusión de que con  relación  al  procesado  MIGUEL ÁNGEL ESCOBAR CARDONA  no   se   cumplirían  los  fines  de  la  detención  preventiva,  al  tenor  de  lo expuesto en los artículos 3° y 355 del C. de P.  P.,  sostiene  la  Corporación  que éste se presentó voluntariamente a rendir  indagatoria  (folios  569,  577, 581 y 586 del Cuaderno 2) para lo cual tuvo que  desplazarse  de  la  ciudad  de  Medellín  a  Manizales y que se sometió a las  restricciones  propias  de  la  detención domiciliaria una vez le fue impuesta,  sin  que  se haya reportado intento alguno de fuga, ni siquiera en los dos meses  siguientes  a  la  indagatoria  y  antes  de que le fuera resuelta la situación  jurídica,  lapso en el que permaneció en libertad (folios 596 del cuaderno 2 y  865 del cuaderno 3).   

Éstos,    asevera,   son   “signos”  de  que  el procesado comparecerá al  proceso    y    al    cumplimiento    de   la   ejecución   de   una   eventual  sanción.   

Igualmente,  que  no  hay  prueba alguna que  sugiera  que  el  procesado haya tratado o tratará de distorsionar, manipular o  dificultar  el  recaudo  de  la  prueba,  máxime  si  se tiene en cuenta que es  mínima la que, decretada, hace falta por recaudar.   

Así  mismo, que la carencia de antecedentes  penales  y  su  diligencia  para  comparecer  al proceso, hacen pensar que no se  trata   de  un  “procesado  avezado  o  habitual”  que  requiera  reclusión  carcelaria,  a lo que se suma las condiciones personales y  su   preparación   profesional,   que   impiden  colegir  un  peligro  para  la  comunidad.      

En   consecuencia   revoca  la  medida  de  aseguramiento y ordena la libertad inmediata.   

3.-   Inconforme con la determinación,  el  fiscal  la  recurre,  manifestando  que  sus  argumentos  se  centran  en la  decisión  proferida  por  la  Sala  Penal  de la Corte Suprema de Justicia, que  sugieren  la  necesidad  de  estudiar  ponderada y razonablemente los requisitos  para   imponer   medida   de  aseguramiento  y,  en  el  caso  de  encontrar  la  verificación de uno de ellos, proceder en tal sentido.   

Asegura que en este caso se está frente a un  evento           de           “corrupción” en  perjuicio  de  la  administración  de  justicia,  donde  aparece que uno de los  presuntos  autores  es  un  fiscal  que  en  desempeño  de  sus  funciones y en  compañía   de   su   asistente   judicial,   al  parecer,  solicitaba  dineros  aprovechando  su  condición,  lo  cual  se  corrobora  probatoriamente  con las  interceptaciones    telefónicas,    cuyas   transcripciones   reposan   en   el  proceso.   

Éste,   sostiene  el  impugnante,  es  el  “marco       de  referencia”  que  se  debe  tener  en cuenta para el estudio de la situación, delimitado por la imputación  del  delito  de  concusión,  que  no  es  otra  cosa  que  poner  en  venta  la  administración  de  justicia,  habiéndose hecho a un lado el deber de rectitud  esperado de todo funcionario judicial.   

Por  ello,  considera  que si una persona ha  demostrado  que  no  respeta  las  obligaciones legales, se debe concluir que su  privación  de  libertad  es  necesaria  para el cumplimiento de los fines de la  detención  preventiva, sin que su presentación voluntaria a rendir indagatoria  o  el  cumplimiento  sin  reparo de la detención domiciliaria, sean suficientes  para colegir que no hay mérito para la medida.   

Si   a  lo  anterior  se  agrega  que  las  constancias  procesales  demuestran  que  al  procesado  se  le  adelantan otros  procesos  penales,  como  uno  en  Puerto  Boyacá, por el delito de aplicación  fraudulenta  de  crédito  oficialmente  regulado, en el que el 17 de octubre de  2001  se  le  profirió  resolución  de  acusación,  así  como  también  por  “otros  hechos”  sucedidos  en  la ciudad de Medellín  que atañen a   

“la incautación  de  $1.400.000.000.oo,  que  hacen  referencia  a un ´viejito´ que tenía unos  C.D.T.  y  donde  su  pudo  conocer  a través de las interceptaciones hechas al  acusado  donde  menciona que entró en negociaciones con el supuesto propietario  del  dinero  con  quien  se  permutó un terreno en el sector de San Miguel -dos  cuadras   vereda  Providencia-,  por  un  apartamento  ubicado  en  uno  de  los  municipios  de  la  zona  metropolitana -Valle del Aburrá-  y un carro, lo  que  para  ESCOBAR CARDONA fue un gran negocio, un regalo que él mismo se hizo,  como  lo  menciona en el diálogo sostenido con su ex-asistente judicial Rodrigo  …”,    “…    donde    se    menciona    una  investigación  adelantada  por  parte  de  una  de  las  Fiscalías  de primera  instancia   de   la   Unidad   Delegada   ante  el  Tribunal  de  la  ciudad  de  Medellín.”   

Por ello, no entiende cómo en la providencia  impugnada   se  dice  que  no  ha  sido  señalado  como  incurso  en  conductas  delictivas.   

Con  la  comprobación  de  que se adelantan  otros  procesos  penales  por  hechos  ilícitos  y  atendiendo  al “entorno    y    dinámica”  de  los mismos, advierte que teniendo  en  cuenta  los  fines de la pena y, particularmente, la prevención general, se  justifica  la  detención  preventiva,  “en  consideración  a  que  se  le  ha dado una lectura diferente al  proceso    que    se    adelanta    al    acusado    ya   mencionado”.   

Luego  de  transcribir  el  auto en comento,  concluye  que  posee  sólidos elementos de juicio para afirmar que la medida de  aseguramiento      en      este      caso      se     encuentra     “justificada”,   por   lo  que  debe  revocarse  la  decisión del Tribunal de Manizales.   

LA CORTE CONSIDERA  

La  decisión  adoptada  por  el  Tribunal  Superior  de  Manizales,  objeto  de  censura, será revocada por las siguientes  razones:   

Es  cierto  que  la  Corte  Constitucional  mediante  sentencia  C  -774/01,  declaró  la  exequibilidad  condicionada  del  artículo  363  del  Código  de  Procedimiento  Penal, sin embargo, de allí no  puede    colegirse   que   la   institución   de   la   detención   preventiva  desapareció.   

Por   el   contrario,   se   ratificó  su  procedencia,  acorde  con  los nuevos valores constitucionales, siempre y cuando  el  funcionario  judicial  no  solamente verifique que se reúnen los requisitos  señalados  en  la ley para su operancia (artículos 356 y 357 del C, de P. P.),  sino  que  también  establezca,  bajo  un pronóstico racional, proporcional y,  especialmente,  motivado,  que  se cumplen los fines y objetivos de la misma, es  decir,  que  el  procesado comparecerá en cualquier tiempo al proceso, bien sea  para   la  instrucción,  el  juzgamiento  o  la  ejecución  de  la  pena,  que  preservará  la prueba, esto es, no ocultará, destruirá o deformará elementos  relevantes  para  el  proceso o entorpecerá su aducción, y que no colocará en  peligro a la comunidad.   

Ante  esta  situación,  se  hace  necesario  analizar  los  efectos  de  esta  determinación  en  la  situación  concreta y  particular  del  aquí  procesado,  pero  advirtiendo que no por desvirtuarse el  cumplimiento  de  uno  de  los  fines,  se puede colegir que no es procedente la  medida.   

Así,  de  las  circunstancias  de  que  el  procesado  se  haya  presentado  voluntariamente,  no habiendo sido necesaria la  orden  de  captura  para  que  compareciera,  y  de  que  haya  cumplido con las  obligaciones  y  deberes  de  la  detención  domiciliaria,  lo único que puede  inferirse   es  que  posiblemente  comparecerá  al  proceso  y  a  la  eventual  ejecución  de  la  pena  privativa  de la libertad, es decir, que ese fin de la  detención preventiva no se cumple.   

Sin  embargo,  la  labor  del  funcionario  judicial  no puede quedarse allí, sino que es preciso evaluar los demás fines,  en  orden  a  establecer  si se cumplirían o no, bastando que uno solo de ellos  justifique la detención, para que se profiera.   

Y  es  precisamente  la  protección  a  la  comunidad,  señalada  en  el  artículo 3° del Código de Procedimiento Penal,  que  es  norma  rectora  y,  como  tal,  prevalente  e informadora del resto del  ordenamiento   jurídico-procesal,   la   que   permite   afirmar  que  se  hace  indispensable  la detención intramural, entendiendo el amparo no únicamente en  el ámbito de la prevención especial sino de la general.   

Si tenemos en cuenta la naturaleza del delito  que  se  le  imputa  al  aquí  procesado,  consistente  en  ponerle precio a la  función  de administrar justicia y en feriar la dignidad del cargo en espera de  remuneración,  nos  percataremos que se trata de una persona audaz y codiciosa,  máxime  si  se  considera  que  a pesar de que no existe en su contra sentencia  condenatoria  ejecutoriada, no es el primer proceso que se adelanta en su contra  y    en    el   que   se   requiere   su   comparecencia   ante   los   estrados  judiciales.   

Es  esa  personalidad  que  puso el afán de  lucro  por  encima  de  la  altísima   misión de administrar justicia y a  quien   no   le  importó  afectar  la  credibilidad  de  los  asociados  en  la  administración  pública  y  en  las  instituciones,  la  que lleva a la Sala a  concluir  que  la  prevención  especial y la reinserción social, solo se hacen  posibles mediante la detención intramural.   

Así  mismo,  la  gravedad,  naturaleza  y  modalidades  del  reato imputado llevan a pronosticar que si pasó por encima de  la  ley  penal,  cuando  tenía el deber especial de acatarla y de dar ejemplo a  los  demás,  no la seguirá respetando y que, por ende, pondrá en peligro a la  comunidad, al no estar en detención preventiva.   

Desde  el  punto  de vista de la prevención  general,  la  sociedad  debe  quedar  notificada  que  la  comisión  de ciertos  comportamientos,  dada  su  particular  gravedad,  merecen  ser tratados de  manera  drástica,  no  sólo para fortalecer su confianza en la prevalencia del  derecho,   desarrollar  su  actitud  de  respeto  al  ordenamiento  jurídico  y  satisfacer  su  conciencia  jurídica,  sino  porque  un  tratamiento benigno le  llevaría  el  mensaje  de que no hay proporcionalidad entre la lesión del bien  jurídico  y  sus  consecuencias  penales, esto es, que no hay justicia, con una  sensación  de  apertura a la impunidad, lo que estimularía a otros a seguir el  mal  ejemplo,  pues  tendrían la expectativa de que de ser descubiertos serían  tratados en forma benévola y con preferencia.   

No   sobra  advertir  que  a partir del  proferimiento  de la sentencia de constitucionalidad C-774/01, mencionada, ni en  este  ni  en  ningún  otro  caso  resulta  lógico  ni  procedente sustituir la  detención  preventiva  por  la domiciliaria, pues esta figura perdió su razón  de  ser,  conclusión  que emerge de la consideración de los fines buscados por  el  legislador al consagrar uno y otro instituto. En efecto, si los elementos de  convicción  que  obran  en  el  diligenciamiento  permiten  pronosticar  que el  procesado  no  va  a  eludir su comparecencia al proceso y al cumplimiento de la  pena,  ni  obstaculizará  la  actividad  probatoria, ni pondrá en peligro a la  comunidad,  lo  procedente  no será proferir medida de detención y sustituirla  por  la  domiciliaria,  sino  no  imponer  aquélla.  En  otros términos, si se  reúnen  los  requisitos  formales  y  sustanciales  exigidas para la detención  preventiva  (artículos 356 y 357 del C. de P. P.), pero no se cumplen los fines  y   objetivos   constitucional  y  legalmente  señalados  para  su  procedencia  (artículos  3°  y  355,  ibidem), esto es, si los presupuestos requeridos para  abstenerse  de  decretarla son los mismos que se necesitan para cambiarla por la  domiciliaria  (artículo  38 del C. P.), lo lógico, coherente y jurídico será  no dictarla o revocar la que estuviere vigente.   

En   síntesis,   la   única   medida  de  aseguramiento  imponible  en la actual legislación es la detención intramural,  como  quiera  que  si  el  administrador  de justicia concluye que se llenan las  exigencias  para  reemplazarla por la domiciliaria, también deberá colegir que  no puede proferir aquélla o que debe revocar la dictada.   

En  razón  y  mérito  de  lo anteriormente  expuesto,    la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

RESUELVE  

1.-   Revocar  la  decisión  objeto  de censura, quedando, por ende,  vigente   la   detención   preventiva   impuesta   al  doctor   MIGUEL ÁNGEL ESCOBAR CARDONA, al momento  de revolvérsele la situación jurídica.   

2.-   Líbrese  la  correspondiente  orden  de  captura para  hacer efectiva la detención impuesta.   

3.- Para el cumplimiento de la medida que por  este  proveído  se  impone, el procesado doctor MIGUEL  ÁNGEL  ESCOBAR  CARDONA  deberá  ser  recluido en el  establecimiento  carcelario  que  designe  la  Dirección del Instituto Nacional  Penitenciario    y   Carcelario   a   donde   se   librará   la   comunicación  correspondiente.   

Notifíquese y cúmplase.  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

Aclaración de voto  

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                            CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

CARLOS  EDUARDO MEJÍA ESCOBAR              NILSON  PINILLA     PINILLA                              

Aclaración de voto  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

ACLARACION DE VOTO  

Como en otras ocasiones lo he expuesto, no  me  parece  plausible  que  se confundan los fines de la medida de aseguramiento  con  los  que  corresponden a la pena, y que termine aquella fundamentándose en  éstos.   

No   prohijo,   en   consecuencia,   la  interpretación  según  la  cual  la protección de la comunidad como fin de la  medida  cautelar  se corresponde con los fines de prevención especial o general  de  la  pena. Contrariamente, la racionalidad instrumental de la medida cautelar  en  el  marco  de  la  investigación,  y la interpretación que de ella hace la  jurisprudencia  constitucional (C-774/01), llevan a entender que esa protección  se  refiere al hecho por el cual se adelanta el proceso, en el entendimiento que  el  infractor  no continúe delinquiendo; es decir, cometiendo el delito a pesar  de la intervención judicial.   

Hacer  derivar la imposición de la medida  de  fundamentos  y  juicios  de  pronóstico en función del cumplimiento de los  fines  de  la pena, contraviene, me parece, claros principios de operancia en la  persecución y el juzgamiento criminal.   

Ahora bien; para el caso creo pertinente la  revocatoria  por  la  que  opta la decisión motivo de esta aclaración de voto,  fundada  en  razones provinentes de la relación del procesado con los medios de  prueba  y  con  su  potencial  evasión del proceso, por lo que la imposición y  mantenimiento  de  la  medida  cautelar  que  en su contra ha sido decretada, se  amerita.   

fernando e. arboleda ripoll  

              magistrado   

fecha ut supra  

    

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