17155(13-06-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República de Colombia  

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 17155  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 62  

         Bogotá,   D.   C.,   trece   (13)   de   junio   de  dos  mil  dos  (2002).   

VISTOS  

         Mediante  sentencia  del  ocho  de febrero de 1999, el Juzgado Doce  Penal   del   Circuito   de   esta   capital  declaró  al  señor  Henry   Quintero   González  penalmente  responsable,  como  autor,  de  un  concurso  de delitos de homicidio y lesiones  personales,  le  impuso las penas principales de 27 años de prisión y multa de  cuatro  mil  pesos,  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y funciones  públicas  por  diez años, la obligación de cancelar los perjuicios causados y  le negó la condena de ejecución condicional.   

         El  fallo  fue  recurrido  por  el  procesado  y  su defensor y, en  decisión  del  nueve  de  noviembre de 1999, el Tribunal Superior lo confirmó.   

         El  procesado y su apoderado interpusieron recurso de casación. La  Sala  se  pronuncia  sobre  la  demanda que el último presentó en su sustento.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         El  14  de  septiembre  de 1997, LUIS HERIBERTO MOSQUERA RUIZ, JUAN  CARLOS  OSTOS  BUITRAGO  y RUBÉN DARÍO MOSQUERA CABRERA ingresaron a un bar de  la  carrera  83  con  calle  39  C de esta ciudad, cuando, aproximadamente a las  siete  de  la  noche,  JUAN CARLOS regresó del baño y al intentar sentarse, un  hombre  que, en compañía de otros tres, se encontraba en la mesa siguiente, le  corrió  la  silla  y  lo  hizo caer, hecho que generó una discusión, a la que  siguió  una  pelea  dentro  de  la  cual  uno de los desconocidos esgrimió una  navaja,  con  la  que  causó  la  muerte al primero y lesiones a los otros dos.  Ocurrido   lo   anterior,   los  dos  agresores  salieron  a  correr  y  dos  de  ellos,   Bernardo   Hurtado   Aguirre   y  Henry  Quintero González,    fueron    aprehendidos    por    agentes    de   la   Policía  Nacional.   

         Iniciada  y  clausurada  la investigación (fl. 158, C. 1), el 5 de  enero  de  1998 se profirió resolución de acusación en contra de Quintero  González como responsable del  delito  de  homicidio  en  concurso  con  lesiones personales, y de Hurtado  Aguirre  por  el  de  homicidio  culposo   agravado  (fl.  196),  decisión  que,  recurrida  por  el  Ministerio  Público,  generó  preclusión  en favor del último, en resolución del cuatro  de  febrero  de  1998 proferida por un Fiscal Delegado ante el Tribunal (fl,. 5,  C. F. T.).   

         Luego  de  agotar  la  fase  del  juicio, el Juzgado Doce Penal del  Circuito  de  Bogotá  profirió,  el  ocho  de febrero de 1999, la sentencia de  condena  ya  reseñada  (fl.  251,  C.  2),  que, apelada, fue confirmada por el  Tribunal Superior el nueve de noviembre siguiente (fl. 56, C. T.).   

         

LA DEMANDA  

         El  defensor  plantea  un  único  cargo  al  amparo  de  la causal  primera,  cuerpo segundo, pues se violó la ley sustancial a través de un error  de   hecho   producto   de   un   falso   juicio   de   identidad,  “ya  que  el sentenciador distorsionó  los      contenidos     probatorios”,  además  de  que  se  “desecharon  las  pruebas  testimoniales que conducían a la certeza  de  la no responsabilidad”  y  se habla de indicios que no se desarrollaron. Acota que la tergiversación se  produjo  al infringir las reglas de la sana crítica, pues se concluyó en forma  “anti-lógica”   contrariando  las  normas  de  la  experiencia.   

         Debe  considerarse,  agrega, que la Fiscalía solicitó absolución  ante  la retractación de los testigos de cargo, lo cual creó una duda, sin que  pueda  desconocerse  esa nueva postura conforme a las reglas de la sana crítica  del  testimonio  que, por desconocerse, llevaron a violar el derecho de defensa.  Por  otra parte, dice, se mutiló el contenido de las versiones de JESÚS MARÍA  BARACALDO,  RUBÉN  DARÍO  MOSQUERA  y  JUAN CARLOS OSTOS, por no creérseles a  pesar  de  ser  certeros  cuando  en  la  audiencia  pública descartaron que el  procesado   cometiera  el  delito,  sin  que  se  demostrara  que  estaban  bajo  presiones;  ese  proceder  judicial  llevó a que a los testimonios “no  se  les dio el valor de la tarifa  legal”.   Como   estos  relatos  debieron  acogerse,  y  no  se  hizo,  se  presentó una desestimación  arbitraria.   

CONSIDERACIONES  

De  conformidad  con  el  artículo 226 del  Código  de  Procedimiento  Penal de 1991 (decreto 2.700), bajo cuya vigencia se  profirió  la  sentencia  de  segunda  instancia  y  se  tramitó  el recurso de  casación,  “Si la demanda  no  reúne  los requisitos, se declarará desierto el recurso y se devolverá el  proceso   al   tribunal   de   origen”.  Como,  en efecto, el libelo no satisface las exigencias formales  que establece el legislador, la Sala procederá a inadmitirlo.   

1.  Según  ordena  el  numeral tercero del  artículo  225  del  estatuto  procesal  anterior  (212 actual), la demanda debe  contener  “La causal que  se  aduzca  para  pedir  la  revocación  del  fallo, indicando en forma clara y  precisa  los  fundamentos  de ella y citando las normas que el recurrente estime  infringidas”.  Como  la  censura  propuesta carece de la inteligibilidad, fácil comprensión, concisión  y   exactitud   rigurosa   que   demanda   el  legislador,  el  rechazo  deviene  obligatorio.   

2.  El  censor  plantea un único cargo, al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo segundo, que soporta en un error   de   hecho   por   falso  juicio  de  identidad,  con  el  que  se  violó de manera indirecta la ley. Tal censura  impone  el deber de precisar los medios de prueba valorados en forma errada, con  la  demostración,  a  través  de  las  citas  textuales  respectivas,  de qué  aspectos  se  distorsionaron  en  sus alcances o se les suministraron contenidos  diferentes a los que en realidad mostraban.   

Con  nada de esto cumple la demanda que, en  forma  deshilvanada  e  incoherente,  se  limitó  a mostrar un alegato personal  sobre  la  forma  en  que, en sentir del actor, debieron valorarse los medios de  convicción,  con  la  pretensión de que la Corte se convierta en una instancia  adicional  a  las  dos  legales  que  regulan  la  Carta  y  la  ley  y,  previa  confrontación  con  los  argumentos  de los fallos de instancia, privilegie los  suyos.   

El   desarrollo   del  cargo  muestra  el  desacierto  de  su  enunciado,  como que la defensa acude, en táctica propia de  las  instancias  procesales  pero extraña al recurso extraordinario, a elaborar  un  escrito  de  libre  factura,  en  aras  de  oponer  su personal y, por ende,  subjetiva  forma  de  estimar  los  medios  de  prueba,  a  la que esbozaron los  funcionarios  de  instancia, lo cual llama al rechazo, por cuanto las decisiones  de  los  jueces llegan a esta sede precedidas de la doble presunción de acierto  y legalidad que no se desvirtúa con argumentaciones genéricas.   

3. El reproche radica exclusivamente en que  se  considera  que  el análisis probatorio debió ser realizado como lo hace el  actor.  Esto,  ni  de  lejos,  estructura  el  error que se anuncia. Además, se  incurre  en  violación  al  principio  lógico de no contradicción, puesto que  luego    de    enunciar    un    falso   juicio   de  identidad, de manera indistinta dice el actor que los  falladores   “desecharon  las   pruebas   testimoniales   que  los  conducían  a  la  certeza  de  la  no  responsabilidad”   del  sindicado.  Esta  expresión  implicaría sujetar la imputación al falso  juicio  de  existencia y no al de  identidad.  Y como de otra  parte  apunta,  a  título  de  reproche,  que  fueron  vulneradas  “las     reglas    de    la    sana  crítica”,  le competía  dirigirse    al    falso   raciocinio   y  comprobar que el juez había infringido las reglas lógicas, las  máximas  de la experiencia o los principios científicos, tarea que tampoco fue  realizada.   

4. Sobre el punto anterior, importa recabar  en  que  el  casacionista  largamente discurre en torno al desconocimiento de la  “sana  crítica”  por  parte de  los  funcionarios  judiciales.  Sin  embargo,  para  comprobar su afirmación se  reduce  a  cuestionar  las  razones  del  Tribunal  con  base  en las suyas, sin  comprobar   -como   se   dijo-  cuáles  leyes,  máximas  o  principios  fueron  desechados,  y  sin  indicar cuáles han debido ser las aplicadas en este asunto  concreto.   

         5.  Una  vez  más,  la  Sala  insiste  en  que  para  acceder a la  casación  no  basta  la  simple  enunciación  de  supuestos errores ni la mera  oposición  personal del demandante a la valoración probatoria efectuada por el  fallador.  El  recurso  extraordinario  no constituye una tercera instancia para  que  en  su  desarrollo  el libelista pueda formular de manera libre y subjetiva  los  reparos  que  a  bien tenga respecto de la estimación probatoria judicial,  máxime  si  ellos  han  sido  objeto  de  postulación  y  decisión en las dos  instancias  procesales,  puesto  que  no  se  está ante una adicional a las dos  permitidas por la Constitución y la ley procesal.   

           En  sede de  casación  no  puede acudirse a ese expediente, que desvirtúa su razón de ser,  con  el  anhelo  de abrir una inocua y nueva confrontación de los criterios del  demandante con los más autorizados del Tribunal.   

         Como  la  demanda  presenta  graves errores de técnica tanto en la  formulación  del  cargo  como  en  su  desarrollo,  no satisface los requisitos  legales  para  conocer  de  ella,  lo  cual  obliga  a  su  inadmisión  y  a la  declaratoria   de   desierto  del  recurso  de  casación,  de  acuerdo  con  lo  establecido  en  el  artículo 224 del decreto 2.700 de 1991, bajo cuya vigencia  se surtió su trámite.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

1.  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada, por no reunir los requisitos formales.   

2. Declarar desierto el recurso de casación  interpuesto  contra la sentencia del nueve de noviembre de 1999 proferida por el  Tribunal Superior de Bogotá.   

Esta  decisión  no  admite recurso alguno.   

Comuníquese y cúmplase.  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CORDOBA    POVEDA                         

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS            CARLOS A.  GALVEZ  ARGOTE                                                     

JORGE  ANÍBAL  GOMEZ  GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA                        

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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