19621(23-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19621  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  106  

Bogotá D. C., veintitrés (23) de septiembre  de dos mil tres (2003).   

V    I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  HÉCTOR CAMELO.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El defensor del procesado, luego de referirse  a  los  hechos y comentar la decisión del sentenciador de segundo grado, afirma  que  acude  a  la  causal primera de que trata el artículo 207 del C. de P. P.,  como  quiera  que  en  el  decurso  del proceso se recibieron los testimonios de  Blanca  Isabel  Parra,  Juan de Jesús Rodríguez y Héctor Eliades Castellanos,  solicitados  por  el  apoderado  de  la parte civil y las declaraciones de Pablo  Emilio Cruz y Leonilde Cruz, solicitados por la defensa.   

Manifiesta  el  libelista  que  el  Tribunal  restó  mérito  probatorio  a las deponencias de los segundos, en tanto que los  consideró  sospechosos  y  con  ánimo  de favorecer la versión del lesionado,  Miguel  Sabogal  Torres,  pues  son sus empleados, es más, consigna en el fallo  que   está   en  tela  de  juicio  que  hubiesen  sido  los  primeros  testigos  presenciales de los hechos.   

Entonces,  no  obstante  que  se  les  resta  credibilidad,  considera  el  libelista  que  en  la  sentencia  se  incurre  en  manifiesta  contradicción,  en  la  medida que si en su parte motiva se llega a  ese  tipo  de  conclusiones,  no  es  coherente  que  en  la parte resolutiva se  confirme  el fallo condenatorio proferido por el juez de primera instancia al no  reconocer    la    eximente    de    responsabilidad    penal    de    legítima  defensa.   

De otra parte, afirma que cuando el Tribunal  se  refiere  a  la  declaración  del  señor  Pablo  Emilio  Cruz,  padre de la  compañera  permanente  del  procesado,  asegura  que  este  deponente  dijo que  “SABOGAL  y  RODRÍGUEZ  se  dirigieron a  la  bodega,  después  de escuchar unos  gritos”,  siendo  que  eso  no  fue  lo dicho por el  testigo  quien  afirmó  que “MIGUEL SABOGAL TORRES y  JUAN  RODRÍGUEZ  se  fueron,  lo aguaitaron (sic) que llegara a la casa y se le  dirigieron  de  la bodega a la casa juntos,  cuando  ellos  llegaron  oí  los  gritos  de auxilio”.   

Por  esta  razón,  considera  que existe un  error  de hecho, en la medida que la sentencia colocó al testigo a decir lo que  no  corresponde a la verdad, pues no es lo mismo dirigirse a la bodega que ir de  la  bodega  a  la casa. Es decir, que tergiversó la declaración y por tanto no  le  brindó  el  valor  que  la  misma  posee  en  el propósito de comprobar la  versión  del  procesado,  además de que la versión no fue tachada de falsa en  el proceso.   

Ante   esta   comprobación,   señala  el  demandante,   se   comprueba   que  lo  dicho  por  el  procesado  merece  plena  credibilidad.   

Critica igualmente la afirmación que hace el  Tribunal  con  relación  a la declaración de Leonilde Cruz por el hecho de ser  la  compañera  permanente  del procesado, lo que no comparte pues era la única  testigo  presencial  de  los  hechos  y  quien  podía  manifestar  lo que vio y  escuchó,  sin  que  se  le  pueda  restar mérito por el simple hecho de poseer  dicho vínculo.   

Por último, coloca de presente el demandante  que  la legítima defensa no fue reconocida en primera instancia con sustento en  la  declaraciones  de  Blanca  Isabel Parra, Juan de Jesús Rodríguez y Héctor  Eliades  Castellanos,  pero  como se comprueba que mintieron, que existe duda si  fueron  o no testigos de los hechos y que, por ende, no ofrecen crédito alguno,  estima    que    esa   eximente   de   responsabilidad   queda   “plenamente    demostrada”   dadas   las  lesiones  que  sufrió  el  procesado  y  que le ocasionaron incapacidad médico  legal de 40 días.   

En estas condiciones, luego de señalar como  normas  violadas,  por  el  error  de  hecho  en  que incurrió el Tribunal, los  artículos  27,  32.6,  103, 111 y 112 del C.P., solicita se case la sentencia y  se  proceda  a  dictar  el fallo absolutorio en el que se reconozca la legítima  defensa,         ordenando         consecuencialmente         su        libertad  inmediata.         

LA     CORTE  CONSIDERA   

La  demanda  de  casación presentada por el  defensor  del sentenciado, no reúne los requisitos de claridad y precisión que  para   ser   admitida   establecen   las   normas   que   regulan  la  casación  penal.   

En  la demanda, el censor formula una serie  de  cuestionamientos a la sentencia del Tribunal, el primero de los cuales es la  falta  de  coherencia  entre la parte considerativa con la resolutiva del fallo,  pues  considera  que  si durante la primera se recabó en la duda y credibilidad  de  los  testigos  Blanca Isabel Parra, Juan de Jesús  Rodríguez  y Héctor Eliades Castellanos, no entiende  cómo  no  se  revocó  el  fallo  del  a  quo  al  reconocer la presencia de la  legítima defensa, sino que lo confirmó en su integridad.   

Censura  que  mas  bien  se  asemeja  a  la  alegación  por una motivación anfibológica, contradictoria o confusa, para lo  cual  se  ha debido acudir a la causal de nulidad, pues censura la decisión por  vicio  de proceder judicial que atenta contra el debido proceso, pero que aunque  así   se   entendiese   la   propuesta,   igualmente  faltó  completud  en  la  postulación,  pues  no  dijo  cómo  esas  pruebas  incidieron  en el fallo, ni  porqué   el   restante   material   probatorio  no  servía  de  soporte  a  la  sentencia.   

Seguidamente, lo único que se revela como la  alegación  por  la  presencia  de  un error de hecho  derivado  de  la  tergiversación  probatoria (falso juicio de identidad), es la  segunda  parte  del  libelo  cuando  asegura que la declaración de Pablo Emilio  Cruz  fue  tergiversada  en  su  contenido,  sin  embargo,  para  este  tipo  de  alegaciones  no  es  suficiente  colocar de relieve alguna falta de concordancia  entre  lo  que revela la prueba y lo que dice el sentenciador que observó, sino  que  se debe demostrar la importancia y trascendencia que una tal omisión pueda  tener  al  momento  de adoptar el fallo y que de haber sido tenido en cuenta tal  como   debió  ser,  la  determinación  había  sido  contraria  a  la  que  se  llegó.   

Sin  embargo,  no  hace  esfuerzo  alguno el  censor  por  llegar a tal demostración y, por el contrario, lo que se dedica es  a  controvertir  la valoración que de esta prueba, y de los demás elementos de  convicción,  se  hizo  en la sentencia, revelando que simplemente se opone a la  credibilidad  que  se le otorgó, sin percatarse que la  discrepancia entre  el  fallador  y  el  censor  sobre  el  mérito  de  elementos de convicción no  sometidos  en  cuanto  a su valoración al método de la tarifa legal sino de la  sana  crítica,  no configura desatino demandable en casación, prevaleciendo el  criterio  del  sentenciador, por llegar la sentencia a esta sede amparada por la  doble presunción de acierto y legalidad.   

Salta  a  la  vista  el  cuestionamiento  al  mérito  probatorio, cuando por considerar que se le debe dar credibilidad a las  deponencias  de  Pablo  Cruz  (suegro del procesado) y Leonilde Cruz (compañera  permanente  del  procesado), afirma que se le debió dar aplicación a la figura  de  la  legítima  defensa,  que  como  eximente de responsabilidad llevaba a su  absolución,   lo  cual  no  es  más  que  anteponer  su  personal  conclusión  probatoria,  para  especular  con  tesis  que debieron ser ventiladas en sede de  instancias.   

Frente  a los anotados yerros de la demanda,  se  impone  su inadmisión, de acuerdo con lo que disponía el artículo 226 del  Decreto  2700 de 1991, subrogado por el 9° de la ley  553 de 2000, pues la  Corte,    en    acatamiento    al    principio    de   limitación,   no   puede  corregirlos.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R  E  S  U  E  L  V  E   

Inadmitir   la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   HÉCTOR      CAMELO.     En  consecuencia,  se declara desierto el recurso extraordinario de  casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso,  conforme  a lo que disponían los artículos 226, subrogado por el 9°  de  la  Ley 553 de 2000, y 197 del C. de P. P., (Decreto 2700 de 1991, aplicable  a este caso).   

Comuníquese y cúmplase.  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS                       CARLOS   A.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                   EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN                   MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                   MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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