19607(11-03-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19607  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 32  

          Bogotá, D. C., once de marzo de dos mil tres.   

VISTOS  

          Examina   la   Corte  la  admisibilidad  del  recurso  de  casación  discrecional  propuesto  por  el defensor del procesado HEDLER POWER TUCKLER, en  relación  con la sentencia de segundo grado proferida por el Juzgado Cuarenta y  Cuatro  Penal  del  Circuito  de  Bogotá el 30 de abril de 2002, por cuyo medio  aquél  fue  condenado a la pena principal de un (1) año de prisión y multa de  un   (1)   salario   mínimo  mensual  como  autor  responsable  del  delito  de  inasistencia alimentaria.   

         

          Se  procede de conformidad con el inciso final del artículo 205 del  Código de Procedimiento Penal.   

ANTECEDENTES   

         

1.  El  asunto  fue  tramitado  en  primera  instancia  por  el  Juzgado  Cincuenta y Cinco Penal Municipal, quien de acuerdo  con  la  sentencia  del  21  de noviembre de 2000, absolvió al procesado HEDLER  POWER  TUCKLER  de  los  cargos  que  por  el delito de inasistencia alimentaria  hiciera  en su contra la Fiscalía 25 Local de Bogotá en resolución de junio 6  del mismo año.   

2.  Apelada la decisión por el apoderado de  la  parte  civil,  el Juzgado Cuarenta y Cuatro Penal del Circuito de Bogotá la  revocó  el  30  de abril de 2002, y en su lugar condenó al procesado a la pena  principal  de  un  (1)  año  de  prisión  y  multa por el equivalente a un (1)  salario mínimo mensual como autor del referido  delito.   

2.   Dentro  del término de ejecutoria  del  fallo  de segundo grado, tanto el procesado HEDLER  POWER  TUCKLER  como su defensor interpusieron recurso  de  casación  por la vía excepcional, que fue concedido mediante auto del 9 de  octubre de 2002.   

LA    DEMANDA    DE  CASACIÓN   

Dos cargos en acápites separados formula el  defensor  del  procesado  HEDLER  POWER  TUCKLER  contra la sentencia de segundo  grado,  el  primero  al amparo de la causal primera por error en la apreciación  de  las  pruebas,  y  el  segundo,  al  amparo  de la causal tercera por haberse  dictado  la  sentencia en un juicio viciado de nulidad, cuya sustentación puede  resumirse de la siguiente manera:   

Primer  cargo   

Bajo  lo  que  denomina  “mala interpretación en la sentencia de la  segunda  instancia”, el defensor acusa al Juzgador de  segunda  instancia  de  haberse  equivocado  en  la  apreciación de las pruebas  aportadas  al  proceso, pues tanto la denunciante Olga Gutiérrez Castro como su  hija  Diana  Carolina  Power,  afirmaron  que  el  procesado  sí  aportaba  los  alimentos  en forma permanente y de acuerdo a lo que su situación económica le  permitía, de donde mal puede endilgársele una conducta dolosa.   

Tal  error  conllevó  a  que se dictara una  sentencia  contraria  al  espíritu  de  la  ley,  pues  de  una u otra forma el  procesado  cumplió  con  el pago de los alimentos debidos, como lo constató el  Juez  de  primera instancia. Por ello, agrega, la sentencia de segunda instancia  es contradictoria con las pruebas.   

En  sus  diferentes  intervenciones  POWER  TUCKLER  insistió  en el cumplimiento de sus obligaciones alimentarias, incluso  sobrepasando  su  compromiso,  pero en la sentencia impugnada tales afirmaciones  “fueron    tomadas   al   contrario”,   al   sostenerse   que   el   procesado   había   reconocido  su  incumplimiento,  lo  cual,  reitera,  no  es  cierto.  Incluso  en  la audiencia  pública  el  procesado  describió  en forma amplia los aportes y bienes que en  forma   directa   ha   dado  a  su  menor  hijo,  lo  cual  fue  respaldado  con  “abundantes     pruebas    judiciales”.   

Los  testimonios  vertidos  por los testigos  Jorge   Alberto   Gutiérrez   González,   Matilde  Garzón  y  Diego  Fernando  Rodríguez,   coinciden   en   señalar   que   el   procesado   “diariamente   compraba   alimentos   para  sus  hijos”,  como  dice demostrarlo a través de la transcripción que trae de  los apartes pertinentes de sus relatos.   

Otra  apreciación errónea se relaciona con  la  afirmación  de  que  los  Juzgados  Cuarto y Quinto de Familia ordenaron el  desalojo  del  procesado  del apartamento que comparte con su familia, cuando en  realidad  ninguna  orden  en  tal  sentido ha sido emitida por esas autoridades.   

Solicita   que   se   considere   que   la  “avalancha”  de demandas  que  ha  presentado la denunciante en contra del aquí procesado han tenido como  único   fin   impedirle   que   desarrolle   en   forma   regular  su  trabajo,  menoscabándole  su  capacidad  económica  para  que  no  pueda cumplir con sus  obligaciones familiares.   

Califica  como  una  injusticia  condenar al  padre  que  ha  cumplido  en la medida de lo posible con el sostenimiento de sus  hijos  y  cuyas  capacidades  económicas  se  han  visto limitadas por la misma  conducta  de  su  denunciante, a quien el procesado le cedió su patrimonio bajo  el  engaño  de  que  aquélla  se  encargaría  de la manutención de los hijos  menores, para luego proceder a denunciarlo penalmente.   

Concluye   el   cargo   señalando   que  “sería  muy  loable” que  la    Corte    sentara    un    precedente    jurisprudencial    “corrigiendo  el daño económico que se le ha causado al demandado y  el    enriquecimiento    ilícito   cometido   por   la   demandante”,  decretando  la   nulidad  de  lo  actuado  en  la segunda  instancia  y  de la escritura pública No. 5180 del 8 de julio de 1993, para que  el    procesado    recupere   sus   derechos   sobre   el   bien   cedido   bajo  presiones.   

   

          Segundo cargo   

          La  sentencia  se  dictó  en  un  juicio  viciado  de nulidad al no  haberse  notificado  al  defensor  del  procesado  la  concesión del recurso de  apelación  contra  la  sentencia de primera instancia, con lo cual se violó el  derecho a una defensa técnica adecuada y eficaz.    

No se requirió al abogado defensor para que  cumpliera con el encargo en el trámite de la segunda instancia.   

La Juez de segunda instancia no cumplió con  su  obligación  de  salvaguarda  de  los  derechos  del procesado, para lo cual  debió decretar oficiosamente la nulidad de la actuación.   

La  pretermisión  de la  intervención  del  defensor  en  el trámite de la segunda instancia impidió que aportara sus  argumentos  para debatir las afirmaciones mendaces de la parte civil, que fueron  tomadas  como “verdaderas”  en    el   fallo   impugnado,   con   una   equivocada   apreciación   de   las  pruebas.   

La   omisión   en  el  análisis  de  los  testimonios  que  favorecían  al  procesado,  conllevó  a la violación de los  derechos  a  la defensa y debido proceso, pues lo que se probó fue la inocencia  del procesado.   

Insiste en que hubo una errada valoración de  las  pruebas  obrantes  y que el Juzgador de segunda instancia no tuvo en cuenta  los  argumentos  de  la  defensa  que  influyeron en la decisión absolutoria de  primera instancia.   

Solicita que se decrete la nulidad de todo el  trámite  de  la  segunda  instancia por haberse adelantado en ausencia total de  defensa   técnica   y  sin  notificación  de  la  concesión  del  recurso  de  apelación,   ni  requerimiento  al  defensor  para  que  cumpliera  el  encargo  encomendado.   

Igualmente,  “que  se  estudie  la posibilidad de sentar jurisprudencia decretando la nulidad total  de  la  escritura  pública No. 5.180”, sobre la cual  la  misma Juez 44 Penal del Circuito aceptó que se encuentra viciada de nulidad  absoluta   por  adolecer  de  objeto  ilícito  y  contrariar  normas  de  orden  público.   

Finalmente, la posibilidad de “sentar   jurisprudencia   en   el   sentido   de   dictar  sentencia  absolutoria”, tomando en cuenta las declaraciones de  quienes   testificaron   que   el   “procesado   se  sobrepasaba  en  su  deberes de padre”, así como los  argumentos de la defensa.   

CONSIDERACIONES   

Tratándose  de la casación excepcional, ha  sido  insistente  la  Sala  en  señalar  que  el  demandante  tiene la carga de  expresar  el  motivo que impele a su admisión dentro de los previstos de manera  taxativa  en el inciso 3º del artículo 205 del Código de Procedimiento Penal,  esto  es cuando lo considere necesario para el desarrollo de la jurisprudencia o  la   garantía   de   los   derechos  fundamentales,  que  si  no  es  señalado  expresamente,  en  todo  caso  debe  surgir de manera nítida del contexto de la  demanda.  En  otros  términos,  le corresponde precisar si el criterio que debe  orientar  a  la Corporación está determinado por la naturaleza de la temática  abordada,  en  cuanto  contribuye  al  desarrollo de la jurisprudencia, o porque  resulta  indispensable su intervención para proteger los derechos fundamentales  ante su eventual conculcamiento.   

          En  el  caso presente, el impugnante parece invocar cada uno de los  motivos  excepcionales  que dan cabida a la discrecionalidad de la Corte para su  aceptación,  pero  no  precisa  de  manera  clara  las  razones que a su juicio  indican  la  viabilidad  de  esa impugnación extraordinaria, pues en ninguno de  los     dos     cargos     anunciados    demuestra    el    inconfor­me   una   causa  que  justifique  el  sometimiento del caso a esta sede.   

En  efecto,  los  reparos  presentados en el  cargo   primero   y   bajo   lo   que  titula  “mala  interpretación   en   la   sentencia   de   la   segunda  instancia”,  se  concretan  a  una  crítica  subjetiva  de  la valoración  probatoria  efectuada  por el fallador de segunda instancia, para concluir en la  necesidad  de  que  la Corte siente “un precedente en  jurisprudencia,  corrigiendo  el  daño  económico  que  se le ha ocasionado al  demandado     y     el     enriquecimiento     ilícito    cometido    por    la  demandante”,   pero  no  indica   si   lo   pretendido  es  fijar  el  alcance  interpretativo   de   alguna  disposición,  o  la  unificación  de  posiciones  disímiles  de  la  Corte,  o  el  pronunciamiento  sobre  un punto concreto que  jurisprudencialmente   no   ha   sido   suficientemente   desarrollado,   o   la  actualización  de  la  doctrina,  al tenor de las nuevas realidades fácticas y  jurídicas,  aspectos  sobre  los  cuales,  ha insistido la Corte, debe girar el  fundamento de este motivo excepcional.   

Si  el  demandante  omite  ese aspecto y se  limita     a    señalar    “que    sería    muy  loable”   que   la  Corte  sentara  un  precedente  jurisprudencial,  con  el  argumento de que la prueba fue erradamente analizada,  sin  precisar  los aspectos sobre los cuales la Corte deba examinar la necesidad  de  desarrollar  o modificar  su labor de intérprete de la ley, el recurso  por  la  vía  discrecional  carece  de  viabilidad,  en  cuanto  no es éste de  automática y obligada operancia.   

          Y  en  el  segundo  cargo,  aunque  el  demandante alega la supuesta  violación  de  la  garantía  fundamental  a  una  defensa  técnica adecuada y  eficaz,  para  acreditarlo  se  limitó a exponer que el juzgado de conocimiento  omitió   notificar   al  defensor  la  concesión  del  recurso  de  apelación  interpuesto  contra  la  sentencia  absolutoria,  lo  que  motivó  su  falta de  actividad  para  controvertir  las  alegaciones del apoderado de la parte civil,  omisión  que  según  el  defensor  determinó  los  supuestos  errores  en  la  apreciación   de  las  pruebas,  con  lo  cual  termina  es  exteriorizando  su  desacuerdo  con el valor otorgado por el juzgador a los medios probatorios, y en  manera   alguna   la   vulneración  del  derecho  a  la  defensa  técnica  que  inicialmente había anunciado.   

          Pero  además,  olvida  el  demandante  que  el  auto que concede el  recurso  de  apelación  no sólo es de trámite, sino posterior al traslado que  del  memorial de impugnación se hace a los no recurrentes para su controversia,  el  cual  no  se  dice obviado, por lo que la motivación del reparo que en este  caso  se  ofreció  como argumento de justificación de la casación excepcional  no   suministra  razón  valedera  y  atendible  para  dar  por  establecido  el  quebrantamiento   señalado,   hecho   sin   el  cual  no  procede  la  facultad  discrecional de la Corte para admitir el libelo.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E  :   

INADMITIR la casación discrecional propuesta  por  el  defensor  del  procesado  HEDLER POWER TUCKLER  por   las   razones   consignadas   en   la  anterior  motivación.   

Contra  la  presente  decisión  procede  el  recurso de reposición.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase al  Juzgado de origen.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            HERMAN  GÁLAN CASTELLANOS             

CARLOS        A.        GÁLVEZ  ARGOTE               JORGE                               ANÍBAL                               GÓMEZ  GALLEGO              

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO              ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

              

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Teresa Ruiz Nuñez  

Secretaria    

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