19548(21-08-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19548  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta Nº  095  

          Bogotá  D.  C.,  veintiuno (21) de agosto  del dos mil tres (2003).   

VISTOS  

          La  Corte  decide  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  la  Fiscalía  y  por  la  defensa  contra  la  sentencia  del  12 de abril de 2002,  mediante  la  cual  el Tribunal Superior de San Juan de Pasto condenó a la pena  principal  de  sesenta y cinco (65) meses de prisión, interdicción de derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso y multa equivalente a cincuenta y  cinco   (55)   salarios  mínimos  legales  mensuales  al  abogado  HÉCTOR  GUILLERMO  GÓMEZ  SANTACRUZ, como  autor  del  delito  de  concusión, en su calidad de Fiscal 17 Local, encargado,  del municipio de Tumaco.   

LOS  HECHOS   

          El  26  de  octubre  de  2001,  la  Fiscalía Sexta Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  San  Juan  de Pasto, profirió resolución de acusación  contra  el  abogado  HÉCTOR GUILLERMO GÓMEZ SANTACRUZ  como  presunto  autor  del  delito  de concusión, por  hechos  ocurridos entre los meses de diciembre de 1998 y enero de 1999, conforme  al siguiente relato:   

          “La  Sala Dual disciplinaria del Consejo Seccional de la Judicatura  de  Nariño  tuvo  a  su  cargo  investigación  disciplinaria  contra el doctor  HÉCTOR  GUILLERMO  GÓMEZ  SANTACRUZ,  y en el pliego de cargos que formuló al  investigado,  ordenó  compulsar  copias  con  destino  a  esta  Delegada,  para  averiguar   un   presunto   delito   ‘contra  la  Administración  de  Justicia’  (sic).   

         Las   copias  remitidas  contenían  las  declaraciones  de  Jhonny  Quiñones  Bagüí y Fanny Carlota Cuero Marquínez, quienes aseguran haber sido  compelidos  a  entregar  dinero  a  cambio  de la libertad de Quiñones Bagüí,  quien  junto  con  dos  individuos  más  estaba  siendo  investigado por ‘hurto  calificado  y  agravado’,  en  asunto  que  cursaba  en la Fiscalía 17 Local de  Tumaco,  en  ese  momento  a  cargo  del  doctor  GÓMEZ  SANTACRUZ, como Fiscal  encargado”.   

SENTENCIA  IMPUGNADA   

          El  Tribunal Superior de San Juan de Pasto dedujo la responsabilidad  del   abogado   HÉCTOR  GUILLERMO  GÓMEZ  SANTACRUZ  por  el  delito  de concusión, en su calidad de   Fiscal  17  Local  de  Tumaco,  encargado,  del 27 de noviembre de 1998 al 27 de  febrero  de  1999,  conforme  a  Resolución  2785  de  la  Dirección Seccional  Administrativa   y   Financiera,   de  la  prueba  testimonial  acopiada  en  la  instrucción  y  de  la actuación asumida por el procesado en el trámite de la  investigación  por  hurto  calificado y agravado al cual estaban vinculados los  señores   Jhonny  Quiñones  Bagüí,  Fabio  Hernán  Montaño Tenorio y Justo Leonardo Segura Preciado.   

          Así,  acogió  como  veraz,  por  su  trascendencia  y claridad, el  relato    de   la   señora   Fanny   Carlota   Cuero  Marquínez,  en cuanto aseguró que el 14 de diciembre  de     1998     el     Fiscal    encargado    GÓMEZ  SANTACRUZ la abordó en la calle para manifestarle que  quería   ayudarle   a  Quiñones  Bagüí,  su  compañero  sentimental,  para cuyos efectos debía conseguir  trescientos  mil  pesos  ($300.000) y llevárselos a la oficina a las ocho de la  mañana  del  día  siguiente  para  luego  darle  la salida; hecho  que la  condujo  a  visitar  al  Personero,  Álvaro Santacruz  Pesantes,  quien  en el entendido de que se trataba de  una  caución le habló de la posibilidad de una caución juratoria; sin embargo  al  revisar el expediente el representante del Ministerio Público advirtió que  se  había  ordenado  la  detención preventiva sin beneficio de excarcelación,  motivo  por  el  cual  ella  le  formuló reclamos al fiscal encargado, habiendo  recibido  de  éste  recriminaciones  porque  ante  la  voluntad  de ayudarle al  detenido,   ella   había   dado   a   conocer   lo   que   debía  mantener  en  reserva.   

          Por   otra  parte,  el  a  quo  rechaza  la  disculpa  exhibida  por  la defensa, basada en que el  doctor      GÓMEZ      SANTACRUZ     simplemente   suministró   a   la   denunciante  y  a  Nidia    Sofía    Segura,   esposa   del  detenido      Quiñones    Bagüí  una  explicación sobre la caución prendaria y la juratoria, para  el  eventual  caso de que al implicado se le concediera la libertad provisional.   

          La   rechaza   porque   la  testigo  Cuero  Marquínez  no  refiere  nada  al respecto; porque una  ilustración  de  esa  naturaleza  era  improcedente  frente  a  la  ya definida  situación    jurídica    del    capturado    Jhonny  Quiñones;  porque  de  la  caución  sólo  se habló  después  de  que se le formuló la ilícita solicitud y ella se la comunicó al  privado  de  la  libertad  y  al  Personero,  dando  lugar  a  que éste último  funcionario  introdujera  la  petición  de  libertad  provisional  con caución  juratoria,  sin  que hasta ese momento se hubiera producido conversación alguna  con el fiscal encargado sobre el tema de la caución.   

          Igualmente,  el  sentenciador de instancia se apoya en el testimonio  del  capturado  Jhonny  Quiñones  Bagüí,  en  cuanto  corrobora  los  aspectos  sustanciales  del relato de  Fanny, de los cuales enteró  a  su  esposa  Nidia  Sofía,  quien  recibió la sugerencia de un secretario de la Fiscalía de nombre Tomás,  de  solicitar  el  cambio  de  la  caución  prendaria por la juratoria, como en  efecto  ocurrió,  mediante  memorial  que el detenido envió al fiscal desde el  establecimiento  carcelario.  También toma en consideración las respuestas que  el  fiscal  encargado  le  daba  al  sometido  a  medida de aseguramiento cuando  aducía    su    inocencia,    con    expresiones   tales   como   “usted  no  quiere  colaborarle  a  uno ” o  “aquí no manda su patrón, aquí mando yo “.   

          De  la  misma  manera,  el  juez  plural  encuentra  sustento  en la  declaración   de   Nidia  Sofía  Segura,  esposa  de  Jhonny Quiñones,    como    complemento   de   la   acusación   que   Fanny  Carlota  dirigió  contra el doctor  GÓMEZ   SANTACRUZ,  cuando  relata  que  en  su  propia  oficina  el  fiscal  le dijo que tenía que traerle  doscientos  mil  pesos  para  dar  la orden de salida; y cuando ella le ofreció  cien  mil  pesos,  el  funcionario  se negó a recibirlos agregando que entonces  Jhonny  se  quedaría  donde  estaba,  siendo  que  tal  requerimiento  económico  carecía de sustento en el  proceso.   

          En  lo  que  atañe  con  el  proceder  del  funcionario acusado, el  Tribunal   Superior  de  San  Juan  de  Pasto  destaca  que  en  tres  ocasiones  consecutivas  se  negó  a  otorgar  a Jhonny Quiñones  Bagüí  la  libertad  provisional, la cual finalmente  concedió  sin  que  se hubieran modificado los supuestos fácticos y jurídicos  sobre los cuales definió la situación jurídica.   

          De  lo  anterior,  el  Tribunal  Superior  concluye  que  el acusado  decretó  la  libertad  de  Jhonny  Quiñones  Bagüí  al  sentirse  descubierto ante el Personero Delegado y  ante  la  Dirección  Administrativa  de  la  Fiscalía  y no por los argumentos  aducidos,  relativos  a la falta de recaudo de pruebas y de antecedentes penales  o a los argumentos del último defensor de los aprehendidos.   

          Se  refiere enseguida el sentenciador al  testimonio del doctor  Álvaro  Santacruz  Pesantes,  Personero  Delegado  en  lo Penal, para resaltar la información que recibió de  Fanny   Carlota  sobre  la  solicitud  de  dinero  proveniente del Fiscal, del cual entendió que se hablaba  de  una fianza relacionada con el decreto de libertad, lo que lo condujo a pedir  que fuera modificada por una caución juratoria.   

          La  Sala  Penal  de decisión que profirió la providencia impugnada  menciona  otras  declaraciones  para  poner de manifiesto que no contradicen los  testimonios    incriminatorios,    como    sucede   con   la   de   Francelina Betancourt.   

          Por  otra  parte,  de  las  versiones bajo juramento de Jaime  Alberto Lagos Hidalgo y Héctor  Samuel Delgado Trejos concluye que  el  diálogo  sobre  la  posibilidad  de la caución juratoria no existió, o si  llegó   a   presentarse,   ello   ocurrió   después   de   que   Fanny  Carlota  inocentemente  develó  el  plan delictual ante el Personero Delegado en lo Penal.   

          De  otra  parte,  el juzgador de instancia no encuentra ningún dato  que  revele  el  interés  del  técnico  judicial Luis  Tomás  Quiñones  Bermeo en pretender causar un daño  al   implicado,   pues  se  limitó  a  registrar  los  reclamos  que  formulaba  Nidia   Sofía   por   las  exigencias  de  dinero,  las  cuales  él  mismo entendió que se trataba de una  caución  prendaria  que  podía  cambiarse  por  la  juratoria  y a escuchar la  acusación  de  Fanny Carlota  sobre   la   exigencia   de   dinero   que   debía   entregar   en  efectivo  y  personalmente.   

          Con  ese  soporte  probatorio  el  Tribunal  Superior de San Juan de  Pasto  concluyó que el doctor HÉCTOR GUILLERMO GÓMEZ  SANTACRUZ es responsable a título de autor del delito  de  concusión  conforme  lo  describía  el  artículo  140  del  Código Penal  anterior,   más   favorable   al   sentenciado   frente   a   la   legislación  actual.   

          Para   dosificar   la   sanción,   el   a  quo   tomó   en  consideración  la  buena  conducta  anterior,  prescindiendo de la contabilización de otra condena proferida contra  HÉCTOR   GUILLERMO   GÓMEZ   SANTACRUZ  por hechos similares cometidos en su condición de secretario, por  no  haber  quedado  aún  en  firme. Pero, por otra parte, calificó de grave la  conducta  juzgada  en  el  presente  proceso  por  la  modalidad  de ejecución,  fundamentándose  en  esa  circunstancia  y  en  la  agravante  deducida  en  la  resolución  de  acusación  relativa a la posición distinguida del sentenciado  para  no  partir  del  mínimo  de la pena establecida en la citada disposición  para el delito cometido.   

          En  esas  condiciones,  como la duración de la pena privativa de la  libertad  oscila  entre  48  y  96  meses,  definió los cuartos así: el cuarto  mínimo  de  48  a 60 meses; el primer cuarto medio de 60 a 72 meses; el segundo  cuarto   medio   de   72   a   84  meses;  y  el  cuarto  máximo  de  84  a  96  meses.   

          Por  concurrir  una  circunstancia  atenuante  y  una  agravante, ya  puntualizadas,  individualizó  la pena dentro del primer cuarto medio, es decir  aquel  cuya duración va de 60 a 72 meses de prisión; sin embargo no adoptó el  mínimo,  sino  que  la  incrementó  en  5 meses, fijando en definitiva la pena  privativa  de  la  libertad  en  65  meses;  lapso  que  también  asignó  a la  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas. La pena de multa la fijo en  suma equivalente a 55 salarios mínimos legales mensuales.   

          Finalmente   le  negó  al  sentenciado  la  condena  de  ejecución  condicional y la prisión domiciliaria.   

          La   sentencia   de   primer   grado  ya  reseñada  fue  objeto  de  impugnación  tanto  por  parte  de la Fiscalía Sexta Delegada ante el Tribunal  Superior  de  San  Juan  de Pasto como por el defensor del procesado, conforme a  los  argumentos  que  recibirán  respuesta  en  la  parte considerativa de esta  decisión.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          De  conformidad  con  el  numeral  3 del artículo 75 del Código de  Procedimiento  Penal,  en  concordancia  con  el  numeral  2  del  artículo  76  ibídem,  compete  a la Sala  conocer  de  la apelación de la sentencia de primera instancia proferida por el  Tribunal  Superior  de  San  Juan  de  Pasto  en  contra del doctor HÉCTOR   GUILLERMO   GÓMEZ   SANTACRUZ,  procesado  en  esta  actuación  en  su condición de Fiscal 17 Local de Tumaco,  encargado.   

          1º.-  Apelación  de  la  Fiscalía Sexta Delegada ante el Tribunal  Superior de San Juan de Pasto.-   

          La  representante  del  ente acusador expone su inconformidad con el  fallo  condenatorio  objeto  del  recurso  que  se  resuelve  a  través de este  pronunciamiento,  por dos aspectos, así: a) el relacionado con la dosificación  punitiva  y b) el atinente a la omisión en prohibirle al sentenciado que ejerza  la profesión de abogado.   

          a).-  La titular de la acusación aduce que en la audiencia pública  solicitó    una    condena    severa     para   el   doctor   GÓMEZ   SANTACRUZ   atendiendo   a   las  funciones  de  la  pena,  a  que  la  forma  de ejecución del comportamiento es  censurable  moral,  ética,  material y jurídicamente y porque está acreditado  que  el  sentenciado  es  una  persona  inclinada  al  delito  por el cual se le  condena.   

          Argumenta    que    el    doctor   GÓMEZ  SANTACRUZ  fue  condenado  en primera instancia por el  Juzgado  Penal  del Circuito  de Tumaco y en segunda por el propio Tribunal  Superior  de  San Juan de Pasto por una conducta igual a la que dio lugar a este  proceso,  realizada  en  su  condición de secretario y aun cuando al momento de  llevarse  a  efecto  la  diligencia de audiencia pública, dicho fallo no había  adquirido  firmeza,  lo  que  impedía  tomarla como antecedente judicial, es un  elemento  que  ha debido tomarse en consideración para analizar la personalidad  del  implicado,  quien  tiene  la tendencia a “negociar  con  la  función de administración de justicia”, para  endurecer  la  pena y a tender a los fines de prevención general y retribución  justa,  enmarcados en la filosofía del Estado social y democrático de derecho,  conforme al principio de proporcionalidad.   

          La  recurrente  estima  que en este caso la ofensa al bien jurídico  “administración  pública” y  a  su  especie “administración de justicia”,  es máxima por cuanto el funcionario judicial debe ser paradigma  de  eticidad,  moralidad  administrativa,  honradez y honestidad, so pena de ser  incapaz   de   dispensar   justicia,   proporcionalidad,   equidad,  equilibrio,  ecuanimidad e imparcialidad.   

          Opina  la  impugnante  que  si  por el hecho punible cometido por el  doctor  GÓMEZ SANTACRUZ como  secretario  se  le  impuso una pena de prisión por el término de 72 meses, ese  nivel  debe  ser  superado  por  la  conducta  realizada  en  la  condición  de  fiscal.   

          Las  razones  anteriores  conducen  a la instructora a solicitar que  para    dosificar    la    sanción    que   debe   imponerse   a   HÉCTOR    GUILLERMO   GÓMEZ   SANTACRUZ  conforme  a los principios de proporcionalidad, retribución justa y prevención  general,  se  incremente la pena partiendo del límite superior y no del límite  inferior del primer cuarto medio.   

          A  ese respecto la Sala responde que si bien desde el punto de vista  teórico  los  argumentos  de  la  representante  del  ente  investigador pueden  resultar  perfectamente  válidos  con  respecto  a los fines de la pena y a los  principios  que  rigen  su determinación, para el asunto que ocupa la atención  de  la Sala no resultan aplicables por cuanto debe darse prelación al principio  de  favorabilidad, habida consideración que el delito de concusión por el cual  se   condena   al  abogado  HÉCTOR  GUILLERMO  GÓMEZ  SANTACRUZ   fue  cometido  bajo  la  vigencia  de  la  legislación anterior.   

          El  a quo tuvo en  cuenta  esa  circunstancia  para determinar los topes de la pena privativa de la  libertad,  como  que  los  extrajo del artículo 140 del Código Penal anterior,  modificado  por  la  ley  190 de 1995; sin embargo, olvidó que la favorabilidad  también  incluía  el sistema de dosimetría consagrado en el estatuto anterior  en  los  artículos  61  y  67,  más benigno que el de cuartos que introdujo el  artículo  60 de la ley 599 de 2000, por cuanto con el procedimiento de cuartos,  por  concurrir  una  agravante se debe partir de un tope mínimo de 60 meses. La  legislación  anterior  permite  partir  del  tope  inferior que es de 48 meses,  sobre    el    cual    se    efectúan    los   incrementos   que   se   estimen  pertinentes.   

          El  Tribunal  Superior  de  San  Juan de Pasto seleccionó el primer  cuarto  medio  como  punto de partida de la individualización de la pena que es  de  60  meses de prisión, al tomar en consideración la buena conducta anterior  y  la  posición  distinguida  del  procesado,  límite que incrementó en cinco  meses  por  la  gravedad  y  modalidades  de  la  conducta,  para  llegar  a  65  meses.   

          A  la luz de la normatividad precedente, se debe partir del término  mínimo  establecido  por el artículo 140 del Decreto 100 de 1980 que era de 48  meses,  el  cual  sería  aplicable si sólo hubiera concurrido la atenuante; no  obstante  no  es  así, pues se dedujo la agravante del numeral 11 del artículo  66,  por  la cual se incrementará el término de duración de la pena privativa  de  la libertad en seis (6) meses, además de los cinco (5) meses que conforme a  la  sentencia  impugnada corresponden a la gravedad y modalidades de la conducta  punible.   

          Lo  anterior  significa  que, antes que agravar la pena privativa de  la  libertad  impuesta al doctor HÉCTOR GUILLERMO  GÓMEZ  SANTACRUZ como autor del delito de concusión,  como  lo solicita la Fiscal Sexta Delegada ante el Tribunal Superior de San Juan  de  Pasto,  su  duración  se  reducirá  a  cincuenta  y  nueve  (59)  meses de  prisión.   

          b).-  El  segundo  motivo de apelación está dirigido a obtener que  la  Corte le dé aplicación al artículo 58 del Decreto 100 de 1980, modificado  por  el  4º de la Ley 365 de 1997, que fue ignorado por el Tribunal no obstante  que  en  la  audiencia pública y en el resumen escrito de su intervención ella  solicitó que fuera considerado.   

          Fundamenta  su  inconformidad  en el hecho de que en el nombramiento  como  secretario de la Fiscalía 17 Local de Tumaco y en el encargo como titular  de   ese   despacho,   tuvo   importancia   el   conocimiento  que  HÉCTOR  GUILLERMO  GÓMEZ  SANTACRUZ tiene  de  la  ciencia del derecho, como egresado de la Universidad de Nariño, pues la  apelante  tiene  la  convicción  de que utilizó sus conocimientos como abogado  para  agotar  la conducta punible, por ello considera que se le debe prohibir el  ejercicio  de  esa  profesión  por  el tiempo estipulado en el citado artículo  58.   

          La  Sala  tampoco  accederá a esta solicitud de la impugnante en el  entendido  de  que  la  prohibición  del  ejercicio  de una profesión no está  vinculada  a  que  el  procesado ostente conocimientos en un determinado oficio,  arte o profesión, sino al abuso de su ejercicio.   

          Si  bien  en  el  presente  asunto  se  sabe  que  para la época de  realización  de  la  conducta  el  sentenciado había terminado los estudios de  derecho  por  lo  que  podría  aducirse algún nexo entre esa ilustración y el  ilícito  proceder  por  el  cual  se le sanciona, se advierte que en esencia la  conducta  punible  se deriva de un abuso del cargo y/o de la función, como reza  la  disposición infringida, el artículo 140 del Código Penal anterior, lo que  es  distinto  de  haber  cometido  el  delito como resultado del ejercicio de la  profesión de abogado.   

          El   hecho  de  que  para  ser  fiscal  o  juez  se  requiera  tener  conocimientos  de derecho, no puede constituirse en fundamento de la aplicación  de  la  pena  accesoria que limita el ejercicio de la profesión de abogado, por  cuanto  la conducta punible no está directamente relacionada con ésta sino con  los   deberes   propios   de   la   función.   En  sentido  similar  existe  un  pronunciamiento     de     esta     corporación.1   

          Ello  significa que para la Sala, no concurre el supuesto de la pena  accesoria   cuya   aplicación   demanda  la  apelante,  por  consiguiente,  tal  pretensión será denegada.   

          2º.- Apelación de la defensa.-   

          El  apoderado  del  sentenciado  aspira  a  que  la Corte revoque la  condena  y  absuelva  a  su  patrocinado  del  cargo delictual por el cual se le  responsabiliza  penalmente  en  este  proceso.  Al efecto, plantea tres temas, a  saber.   

          a).-  El  defensor  objeta  la solicitud de la Fiscalía para que se  agrave   la  situación  del  sentenciado  prohibiéndole  el  ejercicio  de  la  abogacía,  aduciendo  argumentos de conveniencia para la rehabilitación y a la  circunstancia  de  que  el  sentenciado  no  era  titulado para la época en que  sucedieron los hechos.   

          En  el  acápite  de  respuestas  a  las  pretensiones  de la fiscal  apelante  ya  se  expusieron  las  razones  por  las  cuales  no  se accederá a  prohibirle  al  condenado  el  ejercicio de la profesión, por ello no hay lugar  para explicaciones adicionales.   

          b).-  El  impugnante  reprocha  al  Tribunal  por no haber tenido en  cuenta  la  posición  del  testigo  Alvaro  Santacruz  Pesantes   y   la   decisión  que  adoptó  la  Sala  disciplinaria del Consejo Seccional de la Judicatura.   

          En  cuanto al testimonio de quien fungía como agente del Ministerio  Público  ante la Fiscalía 17 Local de Tumaco, el recurrente primero indica que  el  sentenciador  apenas lo menciona como parte de la intervención del defensor  en  la  audiencia y le censura que no haya incluido una discusión en la cual se  diga  que  Santacruz Pesantes  “claramente  entendió  que se trataba de una fianza o  caución”.   

          En  verdad  el argumento es confuso e inocuo, pues no se advierte en  qué  puede  modificar  la  responsabilidad  de  GÓMEZ  SANTACRUZ la comprensión que el Personero Delegado en  lo   Penal   hubiera  adquirido  de  lo  que  relató  la  señora  Fanny  Carlota  Cuero  Marquínez, que es a  lo  que  parece  referirse  el  abogado. Tampoco se logra dilucidar qué alcance  tiene   la   afirmación   del  recurrente  según  la  cual  el  testimonio  de  Álvaro   Santacruz   debe  entenderse  en  forma  plena.  Por  ello,  nada  se puede corregir respecto a la  apreciación  de  dicha versión jurada, pues el impugnante no logró transmitir  su inquietud.   

          En   lo   referente  al  resultado  del  proceso  disciplinario,  el  apoderado  aduce  que  se debió tener como “fundamento  jurisprudencial” el manejo que el Consejo Seccional de  la  Judicatura  le  suministró  al  fenómeno  típico, el cual coincide con el  derecho penal.   

          Como  el  anterior,  este  es  un  argumento  que no pasa de ser una  simple  postulación  sin  ninguna  trascendencia,  como quiera que el litigante  advierte  que  no  está proponiendo la aceptación obligada de lo dispuesto por  la  autoridad  disciplinaria; sin embargo reprocha que la tesis de la atipicidad  no   se   hubiera   repetido   en   el   proceso   penal  sin  señalar  ninguna  consecuencia.   

          Concluye  este  acápite  manifestando  que  el  doctor GÓMEZ   SANTACRUZ   no  reclamó  dinero  alguno,  que el contexto de la queja se basa en supuestos, todo lo cual al menos  genera  una  duda  sobre la realidad del hecho y la existencia del tipo que debe  beneficiar  al  procesado.  Entonces  reitera  el argumento sostenido durante el  proceso  consistente  en  que  las  dos  mujeres que convivían con Jhonny  Quiñones  Bagüí entendieron mal  el proceder del funcionario, dada su situación cultural.   

          El  postulado  anterior  no  da espacio para construir una respuesta  dado  que  sólo  traduce  la  apreciación del litigante, el cual no basta para  hacer  evidente  que  la instancia se equivocó al deducir la responsabilidad de  HÉCTOR   GUILLERMO   GÓMEZ   SANTACRUZ  en  el  delito  de  concusión,  pues  diversas fueron las razones  suministradas  por  el  sentenciador  para  rechazar la disculpa ofrecida por el  condenado  para  justificar  su  ilícito proceder, el cual consistió en exigir  que  se  le  entregara  una  suma de dinero en efectivo para poner en libertad a  Jhonny Quiñónez, sin que la  defensa hubiera logrado desvirtuarlas.   

          c).-   El  titular  de  la defensa dice no compartir la certeza  que  pregona la sentencia porque los testimonios recaudados no logran explicitar  que  la  intención  de  GÓMEZ  SANTACRUZ    era   beneficiarse   de   dineros   ajenos   comprometiendo   la  administración   de   justicia,   porque   esa   es   una   conjetura   de   la  denunciante.   

            Argumenta  que  la  sentencia  encuentra en la solicitud de dinero  atribuida  al  fiscal  encargado el origen del memorial que figura en el proceso  adelantado    contra   Jhonny   Quiñones  en  donde éste manifiesta que se le ha notificado la libertad con  caución  de  $204.000;  sin embargo, para el defensor si el funcionario hubiera  querido  sesgar  su  función habría estudiado y decretado la libertad para que  el  procesado  y sus compañeras “…entiendan que se  estaba  en  el  camino  delictual planteado y, así obtener el favor económico,  porque  nadie  va a generar el temor o la fuerza moral de la concusión, negando  lo que se pretende otorgar”.   

          Para  la  Sala  el  argumento  de  la  defensa  no  pasa  de ser una  hipótesis  que no consulta la verdad procesal lograda en la investigación, por  cuanto   está   visto   que    el  procesado  utilizó  la  detención  de  Jhonny   Quiñones y su  potestad  funcional  de  conceder  o  negar la excarcelación para solicitar una  remuneración   indebida;   por   tanto,  no  es  cierto  que  para  generar  el  metus potestatis que concurre  a  configurar  el delito de concusión el funcionario debía primero decretar la  libertad  y  luego  formular  el  requerimiento  económico.  Por  el contrario,  justamente   su   negativa   informal,  es  decir  no  escrita,  a  conceder  la  excarcelación  manteniendo en vilo la libertad de locomoción del procesado que  estaba  a  su  disposición  se  constituía  en  un  factor  con  la suficiente  contundencia  para  doblegar  la  voluntad del afectado y de sus allegados a sus  innobles propósitos.   

          Para  atacar  la  contundencia  de  la  declaración de Fanny  Carlota Cuero Marquínez el apelante  aduce:   

“… el abordamiento en la calle, que como  relatamos  en audiencia, es normal en el medio pero de parte de las interesadas,  pero  aún  aceptándola  en  gracia  de  discusión, no se conduele con la otra  realidad    que    es    que    esta    se    quejaba    de   las   ‘irregularidades’  en  el  asunto  de  su  marido, que  teniendo  en  cuenta  con  su forma de proceder al llegar a la Fiscalía como lo  prueba  Jaime  Lagos  Hidalgo  y  el  mismo  Álvaro  Santacruz  Pesantes,  hace  imposible  que  cualquier frase hubiera desencadenado el metus potstatis que nos  ocupa”.   

          En  párrafo tan confuso parece que el impugnante intenta desvirtuar  el   episodio   en   el   cual   el  fiscal  encargado  abordó  a  Fanny  en la calle para solicitarle dinero  a  cambio  de  la  libertad  de  su  compañero,  para cuyos efectos acude a una  situación  distinta  cual era el supuesto comportamiento asumido por la testigo  en  las dependencias de la Fiscalía, del cual extrae una conclusión totalmente  incongruente,  la  imposibilidad  de  que ella hubiera sido presa del temor a la  autoridad que compele a actuar indebidamente.   

          En  esas condiciones, no queda claro si lo que el defensor objeta es  el  encuentro callejero aprovechado por el funcionario de entonces para formular  su  pretensión  económica  a cambio de la libertad de un detenido; o si lo que  en  su  criterio no aparece probada es la circunstancia que configuraba el temor  a  la  autoridad;  o  cuál  es la consecuencia que se ha debido extraer de  las   protestas  de  la  declarante  por  las  irregularidades  que  se  estaban  cometiendo  con  su compañero. En síntesis, son opiniones deshilvanadas que no  derrumban  la  esencia  de  los  argumentos  sobre  los  cuales  el a  quo  construyó la sentencia de condena  impugnada.   

          A  continuación,  el  apelante ensaya a atacar el indicio basado en  el   reclamo   que   el   procesado   le   habría   dirigido   a   Fannny  Carlota  por  haber  comunicado su  exigencia. El recurrente expresa:   

“Sobre   el   indicio   cifrado   como  ‘boquearle  a  todo  el  mundo’,  vemos  que  es  precisamente  lo  contrario,  cuando  se  sale  del trámite normal un proceso y  empieza  a  tener  malas  interpretaciones,  ese principio de inmediación a que  fuerza   en   Tumaco,   una  especie  de  litigio  personal  que  practican  las  interesadas,  costumbre   irregular,  se  cae  y ningún funcionario quiere  atender  a  alguien  –así  sea  para meros informes- si hace un escándalo propio de esas costumbres. Igual  sucede     con     el     señalamiento    de    un    necesario    ‘secreto’,  pues  es un dicho que ninguna otra  persona  distinta a los interesados reclama, pues esto era lo primero que debió  saber  el  Personero,  con  la seguridad que abría (sic) investigación y no se  contentaba  con  la  observación del proceso. Esa actitud no señala que el Dr.  Santacruz  Pesantes  cohoneste  con  el  funcionario,  sino  que  no había nada  preocupante”.   

          Lo  que  se puede entender de la precedente argumentación es que el  defensor  pretende  desvirtuar  que  la  petición  ilícita  formulada  por  el  funcionario   a   Fanny   Carlota   Cuero  debía  mantenerse en secreto y que este habría sido develado por  la  testigo, porque de haber existido el primero que se habría enterado habría  sido el Personero.   

          No  se  observa  lógica  en  el planteamiento de la defensa pues la  prueba  de  que el funcionario advirtió a la testigo que guardara reserva sobre  su  propuesta  indebida  no  radica  en que el Personero se enterara o no de tal  “secreto”.  Lo  que  sí  es  verdad  es  que Fanny  Carlota   enteró  al  representante  del  Ministerio  Público  de la exigencia dineraria, lo que condujo a que éste pensara en pedir  el  cambio de una caución prendaria por una juratoria y que para ello examinara  el  expediente  respectivo,  habiendo  advertido en ese momento que no se había  decretado    ninguna    libertad    provisional,    la    cual    procedió    a  invocar.   

          Por  tanto,  la verdad procesal es la reafirmada por el sentenciador  de    primera   instancia,   consistente   en   que   el   doctor   GÓMEZ  SANTACRUZ  solicitó  una  suma de  dinero  a  Fanny Cuero en una  ocasión   y   a   Nidia   Sofía  Segura   en  otra  a  cambio  de  otorgarle  la  libertad  a  Jhonny  Quiñones,  independientemente  de  que hubiera pedido reserva y ésta no se hubiera mantenido.   

          Para  terminar,  el  impugnante  rebate el supuesto de que el dinero  solicitado  indebidamente  no  tenía sustento en el proceso aduciendo que es en  ese   punto   en   donde   hubo   un  mal  entendido  porque  “…nadie   puede   obtener   un  provecho  sin  siquiera  plantear  una  posibilidad  jurídica  que  desencadene  la  urgencia  o miedo, pues negándole  todos  los planteamientos, ni por asomo conseguirá el funcionario que le den el  dinero de marras…”.   

          La  afirmación  del  recurrente sólo confirma el supuesto fáctico  del    delito    de    concusión    investigado,    pues   la   “posibilidad  jurídica”  que blandió el  procesado   frente   a   los   allegados   de   Jhonny  Quiñones  detenido  en  una  investigación  que  se  encontraba  a  su conocimiento fue nada menos que el otorgamiento de la libertad  provisional  de  ese  ciudadano  a  cambio  de  la  suma  pedida, so pena de que  permaneciera  privado  de  la  libertad  por  el  tiempo  que  pudiera  durar la  investigación.   

          Ahora  bien,  se  entiende  que  la  reiterada  renuencia del fiscal  encargado  a  conceder  la  excarcelación  de  los  aprehendidos obedecía a su  estrategia  de  obtener  la remuneración que exigía, pues si hubiera procedido  conforme  a  la  ley,  desde  el  comienzo,  habría  anulado  el instrumento de  presión al que acudió en sus requerimientos económicos.   

          En  esas  condiciones,  los  planteamientos  de la defensa no logran  desvirtuar   la  base  probatoria  que  condujo  al  a  quo a tener por demostrada la conducta ilícita por la  cual    dedujo    responsabilidad    contra    el    doctor    HÉCTOR  GUILLERMO  GÓMEZ  SANTACRUZ en su  condición  de  Fiscal  17  Local  de  Tumaco,  encargado.  De  manera  que  sus  pretensiones  deben ser rechazadas y el fallo debe recibir confirmación con las  modificaciones punitivas ya anunciadas.   

          En  mérito  de  lo expuesto la Corte Suprema de Justicia en Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

          1º.-  MODIFICAR  la  sentencia  del 12 de  abril  de  2002,  mediante  la  cual  el  Tribunal Superior de San Juan de Pasto  condenó   al   abogado   HÉCTOR   GUILLERMO  GÓMEZ  SANTACRUZ,   como  autor  del  delito  de  concusión  cometido  en  su  calidad de Fiscal 17 Local del municipio de Tumaco, encargado,  para  redosificar  las  penas  de  prisión  y  de  interdicción  de derechos y  funciones  públicas,  cuya  duración  se  reduce  de  sesenta  y  cinco (65) a  cincuenta  y  nueve  (59)  meses, sin que la variación alcance la pena de multa  cuya  cuantía se mantiene en suma equivalente a cincuenta y cinco (55) salarios  mínimos legales mensuales.   

          2º.-  NEGAR  la  imposición  de  la pena  accesoria  de  prohibición  de  ejercer  la  profesión de abogado al condenado  GÓMEZ   SANTACRUZ,   cuya  aplicación demandó la representante de la Fiscalía.   

          3º.-  CONFIRMAR  la referida sentencia en  todo lo demás que fue objeto de apelación.   

          Contra esta sentencia no procede recurso alguno.   

          Cópiese,    notifíquese    y    devuélvase    la    Tribunal   de  origen.   

YESID        RAMÍREZ   BASTIDAS   

HERMAN         GALÁN   CASTELLANOS                   CARLOS   AUGUSTO  GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE    ANÍBAL    GÓMEZ   GALLEGO                                       ÉDGAR    LOMBANA   TRUJILLO   

Comisión de servicio  

ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ   PINZÓN                      MARINA   PULIDO  DE  BARÓN   

Salvamento parcial de voto  

JORGE    LUIS    QUINTERO   MILANÉS                                       MAURO    SOLARTE   PORTILLA   

Impedido  

TERESA  RUIZ  NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Rad.  7970. Sent. 2ª inst. abril 19/93. M.P. Gustavo Gómez Velásquez     

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