19528(20-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19528  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado acta número 102  

Bogotá,  D.C.,veinte  de  junio  de  dos mil  siete.   

La  Corte  decide  si  procede  o no resolver  situación  jurídica  en  este asunto seguido en contra del doctor LEONARDO   CAICEDO  PORTURA,  a  quien  se  imputa el supuesto delito de concusión.   

H E C H O S  

En escrito de denuncia presentado directamente  ante  la  Sala  de  Casación  Penal  de la Corte Suprema de Justicia, el señor  ENRIQUE   CASTRO   RINCÓN  manifiesta  que laboró desde el 6 de agosto de 1998 como Asesor en la Unidad de  Trabajo   Legislativo   del   ex   Representante   a   la  Cámara  LEONARDO CAICEDO PORTURA.   

Asegura  que  el  8  de  mayo  de  2000  el  Congresista  le manifestó “… que me ascendía al cargo de Asesor VIII, pero  que   la   diferencia  de  sueldo  tenía  que  pasársela  a  él  ‘porque   necesitaba  plata’.  Efectivamente  me  mostró el oficio  No.  LCP-042  fechado el día siguiente… ya firmado por él, en que solicitaba  al   Jefe   de   la  Sección  de  Registro  y  Control  de  la  H.  Cámara  de  Representantes,    mi   cambio   en   su   U.T.L.   de   Asesor   V   a   Asesor  VIII.”   

Agrega que se opuso a la indebida solicitud y  declinó  el  ascenso  en esas condiciones. “Entonces él me manifestó que si  no  aceptaba me dejaba en el mismo cargo, pero que sí quería permanecer en él  tenía  que pasarle mensualmente de mi sueldo, una cuota de quinientos mil pesos  ($500.000)…  a partir del mes en que comencé a devengar el sueldo de Asesor V  (marzo de 2000).”   

La  impresión  de  perder el empleo del cual  provenían  los  ingresos  familiares,  lo  obligaron a continuar en el cargo de  Asesor  V  que  venía  desempeñando  y  a  entregar  los  quinientos mil pesos  mensuales  exigidos  por  el Congresista, lo cual hizo hasta el mes de noviembre  de    2001    cuando    informó    al    imputado    que   no   podía   seguir  cancelándolos.   

Por  ese  motivo,  sostiene,  el sindicado le  exigió  la  renuncia,  la  cual  convino en presentar si le devolvía el dinero  indebidamente exigido.   

El 14 de diciembre de 2001, continúa, “…  el  Representante  LEONARDO  CAICEDO se presentó en mi oficina para ratificarme  que  necesitaba  mi  renuncia,  yo  le dije que me devolviera los $9’500.000  y  él  me  contestó  que  no  tenía  esa  plata.  Entonces  yo le dije que le aceptaba tres cheques, uno para  fines    de    diciembre/01   por   $3’000.000,   otro   para   fines   de   enero/02   por  $3’000.000   y  otro  por  $3’500.000  para  fines  de febrero/02, lo  cual  aceptó,  me  giró  los tres cheques con esas fechas, yo le entregué una  constancia  que  dice que el Representante Leonardo Caicedo Portura se encuentra  a  paz  y  salvo conmigo por todo concepto, y mi renuncia con fecha de ese día,  14 de diciembre de 2001.”   

Según precisa, la renuncia al cargo  no  se  le aceptó porque la Mesa Directiva de la Cámara de Representantes mediante  resolución   0224   del   5  de  febrero  de  2002  declaró  insubsistente  su  nombramiento,  y  que  el  cheque  de $3’500.000  no  pudo  hacerlo efectivo por falta de fondos en la cuenta  del Congresista.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  El  artículo  235  de  la  Constitución  Política  atribuye  a  la Corte Suprema de Justicia la función de investigar y  juzgar  a  los miembros del congreso, competencia que se extiende incluso cuando  tales  funcionarios  hubieren  cesado  en  el  ejercicio  de su cargo, siempre y  cuando  las  conductas  punibles  que  se les atribuyan tengan relación con las  funciones desempeñadas.   

El  secretario  General  de  la  Cámara  de  Representantes   certificó  para  la  actuación  que  el  doctor  LEONARDO  CAICEDO  PORTURA, se desempeñó  como  Representante  hasta  el 19 de julio de 2002 (fol. 117 c. 1). Sin embargo,  en  este  asunto conserva el fuero para la investigación y el juzgamiento en la  medida  que  la  conducta  que  se  le  atribuye  la habría ejecutado cuando se  desempeñó  como Congresista respecto de uno de los integrantes de la Unidad de  Trabajo  Legislativo  a  su  cargo,  de  donde  se infiere que el comportamiento  supuestamente  ilícito es funcional, radicando aquí la competencia de la Corte  para conocerlo.   

2.  De conformidad con el texto del artículo  354  -1 del Código de Procedimiento Penal (L. 600/00), que por lo que habrá de  indicarse  resulta  inaplicable  al presente asunto, la  situación  jurídica  debe  ser  definida en aquellos  eventos   en   que   sea   procedente   la   detención   preventiva,  es  decir,  cuando  se  procede  por  delitos  que tengan pena de  prisión  cuyo  mínimo  sea o exceda de cuatro años, o se encuentren incluidos  en  el  catálogo de conductas punibles relacionadas en el artículo 357, cuando  sobre  el sindicado pese sentencia condenatoria ejecutoriada por delito doloso o  preterintencional  sancionado  con  prisión  y  en  los  asuntos  sometidos  al  conocimiento de los jueces especializados.   

Según   los   hechos   expuestos  por  el  denunciante    el   comportamiento   que   atribuye   al   doctor   CAICEDO     PORTURA,     lo               ejecutó1      el      8  de  mayo  de  2000  cuando  le  propuso  un  ascenso  laboral  a  condición  de  que  le  entregara  la  diferencia  de  salario,  o que le diera  $500.000   mensuales   si  quería conservar el cargo que en ese momento desempeñaba.   

La  conducta  así  descrita  se adecua a la  descripción   típica   del  delito  de  concusión,  punible  en el cual incurre el servidor público que  abusando  de  su cargo o de sus funciones constriña o induzca a alguien a dar o  prometer  al  mismo  servidor  o  a un tercero, dinero o cualquier otra utilidad  indebidos, o los solicite.   

Conforme   al  artículo  140 del Decreto 100 de 1980 (modificado por  el  21 de la L. 190/95), vigente para la época de los  hechos,      el  comportamiento  señalado estaba sancionado con pena de prisión de 4 a 8 años,  multa  de  50 a 100 salarios mínimos legales mensuales vigentes e interdicción  de   derechos   y   funciones  públicas  por  término  igual  al  de  la  pena  principal.   

En  la  Ley 599 de 2000 (art. 404) ese mismo  comportamiento  aparece  conminado  con  prisión de 6 a 10 años, multa de 50 a  100  salarios  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones  públicas de 5 a 8 años.   

De  esa  manera,  no  solo  por ser la norma  vigente  en  el momento en que sucedieron los  acontecimientos,  sino porque la legislación sobreviviente se  exhibe   más  drástica,  ninguna  duda  asiste  para  concluir  que  la  norma  aplicable  en este caso es la contenida en el Código  Penal derogado.   

A primera vista, atendiendo el monto mínimo  de  la  pena  prevista  para  esa  ilicitud (4 años de prisión), conforme a la  estructura  del  proceso  penal  previsto  en  la  Ley  600 de 2000, resultaría  obligatorio,   entonces,  resolver       situación       jurídica       al      doctor      CAICEDO  PORTURA según impone   el   artículo  354-1  de  esa  normativa,   ya   que  para  la  conducta  que  se  le  atribuye  el  legislador  estableció   la   procedencia   de   la  detención  preventiva,  lo cual conduciría a examinar la presencia en la actuación de los  requisitos  formales y sustanciales de la medida de aseguramiento y a establecer  si   una   o   varias  de  las  finalidades  de  la  detención  estarían  llamadas  a  cumplirse  en  este  asunto.   

Sin  embargo,  la  Corte  considera  que esta labor no puede adelantarse   sin  antes  examinar  los  cambios  normativos que en relación con la detención  preventiva  trae  el  Nuevo  Código de Procedimiento  Penal     (Ley     906     de     2004),    pues  conforme  tiene precisado, a  pesar  de la vigencia inmediata e irretroactiva de las  normas   procesales   si  de  ellas  surgen  efectos  sustanciales    para    el    procesado,  opera  en  su  favor  el  principio  de favorabilidad  el cual obliga  al  funcionario  judicial  a  efectuar  la  correspondiente  ponderación de los  preceptos  sucesivos o coexistentes, con el propósito de seleccionar aquél que  más lo favorece.   

En esa perspectiva, resulta oportuno precisar  que  la definición de situación jurídica se concibe como la fase en la que el  funcionario  judicial  resuelve  si  debe imponer o no  medida  de  aseguramiento,  la  cual  está legalmente  destinada  a garantizar la comparecencia del sindicado  al  proceso, la ejecución de la pena privativa de la libertad o impedir su fuga  o  la  continuación  de  su actividad delictual o las labores que emprenda para  ocultar,   destruir   o  deformar  elementos  probatorios  importantes  para  la  instrucción,  o  entorpecer  la  actividad probatoria.  (Art. 355 L. 600/00).   

De  igual  modo,  importa  destacar  que  las  medidas  de  aseguramiento  se conciben como determinaciones de orden cautelar o  preventivo  destinadas  a  garantizar  el cumplimiento efectivo de la sentencia.  Son  determinaciones  que  por  petición  de  parte  o  de  oficio,  dispone la  autoridad   judicial  sobre  bienes  o  personas  con  el  fin  de  asegurar  el  cumplimiento  efectivo  de las decisiones adoptadas en el proceso, garantizar la  presencia  de  los  sujetos  procesales  y  afianzar la tranquilidad jurídica y  social         en        la        comunidad.2   

En  ese  sentido,  al  declarar  exequible el  inciso  primero del artículo 354 de la Ley 600 de 2000, la Corte Constitucional  precisó  que  las  medidas  de aseguramiento son simples formas que se utilizan  para  asegurar  el  cumplimiento y el desarrollo de la investigación y la etapa  de  juzgamiento,  de tal forma que en vez de favorecer  al  sindicado  implican  una  carga  que  lo  obligan  a  comparecer  al proceso  3.   

De todo lo anterior fluye con claridad que la  definición  de  situación  jurídica  y  la imposición de la medida detentiva  constituyen  actos  de  jurisdicción  que  afectan garantías del individuo, de  donde  surge necesario confrontar en los estatutos de procedimiento vigentes, si  alguna  de sus normas lo releva de “esa carga que lo  obliga a comparecer al proceso”.   

Según  se  indicó,  el delito por el que se  procede  tiene señalada pena de prisión cuyo mínimo es de 4 años, por lo que  de  conformidad  con  los  artículos 354-1 y 357 de la Ley 600 de 2000 debería  resolverse  situación jurídica e imponer medida de aseguramiento de detención  preventiva,  criterio  que  se mantendría de cara al texto del artículo 313 de  la  Ley  906  de  2004  de  conformidad con el cual esa misma medida procederá,  entre  otros  eventos,  frente  a  los delitos investigables de oficio cuando el  mínimo  de la pena prevista en la ley sea o exceda de  4 años de prisión.   

Pero  ocurre  que  la  nueva  legislación  a  diferencia  de la Ley 600 de 2000, no establece una sola medida de aseguramiento  ya  que  prevé  unas  privativas  de  libertad:  i)  detención  preventiva  en  establecimiento  de  reclusión  y ii) detención en la residencia del imputado,  junto  con  otras  que  no  limitan  ese  derecho  las  cuales  se  concretan en  obligaciones  o  prohibiciones  específicas:  i)  obligación de someterse a un  mecanismo  de  vigilancia  electrónica; ii) de someterse a la vigilancia de una  persona  o institución determinada; iii) la de presentarse periódicamente; iv)  la  obligación  de observar buena conducta; v) la presentación de una caución  real;  vi) la prohibición de salir del País, del lugar en el cual reside o del  ámbito  territorial  que  fije  el  juez;  vii)  la prohibición de concurrir a  determinadas  reuniones  o  lugares;  viii)  la  de comunicarse con determinadas  personas  o  con  la  víctima;  y  ix)  la  prohibición  de salir del lugar de  habitación   entre   las   6  de  la  noche  y  las  6  de  la  mañana.  (Art.  307).   

Dichas  medidas  las  decretará  el  juez de  control  de  garantías,  a  petición  del  fiscal,  cuando  de  los  elementos  materiales  probatorios  y  evidencias  físicas se pueda inferir razonablemente  que  el  imputado puede ser autor o partícipe de la conducta que se investiga y  que  la  medida  se  requiera  para  evitar  que  el imputado obstruya el debido  ejercicio  de  la  justicia,  cuando  represente peligro para la seguridad de la  sociedad  o  la víctima, o porque surja probable que no comparecerá al proceso  o incumplirá la sentencia. (Art. 308 Ib.).   

En relación con las medidas de aseguramiento  no   privativas   de   la   libertad,   el  artículo  315  del  nuevo  estatuto  procedimental,  establece  que se podrá imponer una o  varias  de  las mencionadas “Cuando se proceda por delitos cuya pena principal  no  sea  privativa  de  la  libertad,  o  por delitos querellables, o  cuando  el  mínimo  de la pena señalado en la ley no exceda de  cuatro (4) años…”   

La  Corte  tuvo  oportunidad  de  pronunciarse  frente  a  la aparente  contradicción que reflejan  los    artículos    313-2   y   315   de  la  Ley  906  de  2000, para     precisar     que  en  la  interrelación  de  esas normas  cuando  ambas  disposiciones  coinciden  en el límite punitivo de 4 años, debe  entenderse  que  prevalece  lo  normado en la segunda de las disposiciones, como  quiera  que  comporta  una  menor limitación y restricción que la primera a un  derecho  fundamental,  pues  permite  que  se imponga medida de aseguramiento no  privativa  de  libertad  a  una  pena cuyo mínimo es de 4 años, de donde surge  posible  concluir  que  la  detención  preventiva,  en  el evento del artículo  313-2,  sólo  procede  para  cuando  el  delito  tiene  una  pena  mínima  que  excede   de  4  años  de  prisión.4   

La   conclusión   anterior   aplicada  a  los asuntos que se tramitan  bajo  el  esquema de la Ley 600 de 2000, en los cuales  se  hubiera  impuesto  medida  de aseguramiento por delitos cuya pena mínima no  exceda  de  cuatro años, conduce a la revocatoria de la medida de aseguramiento  al  quedar  sentada  la  verdadera  y  real  situación benéfica que implica la  aplicación del artículo 315 de la Ley 906 de 2004.   

Pero  advierte  la  Corte  que el   carácter   benéfico   de   la  norma  debe  ir  más  allá  del  examen  destinado  a  establecer  la  procedencia  de  la  medida  de  aseguramiento  o la   revocatoria  de  la  que   se   hubiere   impuesto   por  virtud  de  los  artículos  354-1,  355  y  356  de la Ley 600 de 2000,  para  analizar directamente si resulta procedente resolver o no  situación  jurídica, ya  que  en  ese específico  acto procesal es  cuando  el funcionario decide  si  impone la medida cautelar.   

En   ese  orden  de  ideas,  si  de conformidad con el artículo 354-1 de la Ley 600 de 2000 la  situación   jurídica   debe  definirse      en      los     eventos  en  que  sea  procedente  la  detención       preventiva,       cuando    dicha   medida   no   puede  imponerse  como  en  este  caso  por  efecto  de  la  aplicación  favorable  de  una  norma  posterior,  tampoco  resulta  procedente  resolver  situación jurídica pues esta determinación está atada o depende de  la  viabilidad  de  la  detención,  de manera que lo procedente en el más puro  criterio  de favorabilidad es abstenerse de emitir la  decisión  referida.   

Así  lo  dio  a entender también la Corte  Constitucional   en   la  sentencia  C-620  de  2001  al  concluir  que:  “…  si   la   definición  de  situación  jurídica  del  sindicado  consiste  justamente  en definir si debe o no imponérsele una medida  de  aseguramiento,  es  lógico  que ésta deba realizarse cuando tal medida sea  procedente,  con el fin de determinar si, dados unos presupuestos de hecho, cabe  o  no  su imposición. De lo contrario, no tendría sentido entrar a analizar si  el  sindicado  amerita ser objeto de una detención preventiva, única medida de  aseguramiento  posible,  cuando  ni  siquiera  se cumplen los requisitos para la  imposición  de  tal  medida.  De  ahí  que  es  lógico  que  el artículo 354  demandado  haya  consagrado  que  la  definición  de  situación jurídica debe  llevarse   a   cabo   en  los  eventos  en  que  sea  procedente  la  detención  preventiva.”   

La  Corte,  entonces,  se  abstendrá  de  resolver  la situación jurídica del doctor LEONARDO  CAICEDO PORTURA.   

Por    lo    expuesto,    la      Corte      Suprema      de  Justicia,   Sala   de  Casación Penal,   

RESUELVE  

Abstenerse de resolver situación jurídica  respecto     del     doctor    LEONARDO    CAICEDO  PORTURA,   por  los  motivos  consignados  en  esta  determinación.   

Procede     recurso     de reposición.   

Notifíquese y Cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Salvamento de voto  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ             ALVARO   O.  PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                 JORGE L. QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                 JULIO SOCHA SALAMANCA   

MAURO  SOLARTE   PORTILLA               JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

1  La  descripción  típica  de este ilícito, similar en los artículos 140 D. 100/80  y  404  L.  599/00,  determina  que es un tipo de mera conducta, pues se consuma  cuando  el  funcionario  que  abusa de su cargo o de sus funciones, constriñe o  induce  a  dar  o prometer dinero u otra indebida utilidad, o simplemente cuando  los   solicita,   con   independencia   de   que   se   de  o  no  el  resultado  pretendido.   

2 Corte  Constitucional C-774-01   

3 Corte  Constitucional C-620-01   

4 Auto  del 20 de octubre de 2005. Rad. 24152.     

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