19287(22-10-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19287  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 126  

Bogotá, D. C., veintidós (22) de octubre de  dos mil dos (2002).   

VISTOS  

Contra  el auto de julio 23 de 2002, mediante  el  cual  se  negó  la  práctica  de  las  pruebas solicitadas, el defensor de  Bernardo  Peláez  Roldán  interpuso    recurso    de   reposición.   Debe   la   Sala   pronunciarse   al  respecto.   

ANTECEDENTES  

          1.  Con  la Nota Verbal N° 1627, fechada  el  11  de  diciembre  de  2001,  el  Gobierno de los Estados Unidos de América  –por  intermedio  de  su  Embajada  en  Colombia-  solicitó  la  detención con fines de extradición del  señor  Bernardo  Peláez  Roldán,  petición que formalizó con la Nota Verbal  N°  282  del  14  de  marzo  de  2002,  luego  de que el 15 de enero de 2002 se  llevara  a cabo su captura.   

2. El Ministerio de  Justicia  y  del  Derecho,  previo  concepto de su  homólogo de Relaciones  Exteriores  sobre  la  inexistencia de convenio aplicable al caso, remitió a la  Corte  la documentación, traducida y autenticada, que le enviara la Embajada de  los Estados Unidos de América.   

3.  Dentro  del  término  de  traslado previsto en el artículo 518 del Código de Procedimiento  Penal  de 2000, el defensor del señor Peláez Roldán solicitó la práctica de  algunas   pruebas   que   la   Sala  negó  por  considerarlas  inconducentes  e  impertinentes.   

Contra esta decisión, el defensor interpuso  el   recurso   de   reposición  que  es  ahora  materia  de  decisión  por  la  Sala.   

                        LA IMPUGNACIÓN   

El  auto  mediante  el  cual  se  negó  la  práctica  de las pruebas solicitadas, debe revocarse, según el recurrente, por  las siguientes razones:   

          1.  El  señor  Peláez  Roldán  ya  fue  juzgado  por  el  delito  que  motiva  la presente solicitud de extradición. En  1983,  fue  acusado  en  los  Estados  Unidos  por  haber  cometido el delito de  conspiración  en  1976. Por razón de este hecho, estuvo detenido hasta el 8 de  diciembre  de  1983.  En  enero  de 1984, luego de haber sido dejado en libertad  bajo  fianza,  viajó  a  Colombia.  Por  esta  causa,  fue pedido nuevamente en  extradición  por  los  Estados  Unidos. En diciembre de 1985, fue capturado con  ese  fin.  Pero  el  Gobierno  Nacional  suspendió  la extradición y le abrió  investigación  en Colombia por cargos idénticos a los que habían sido materia  de juzgamiento en el país requirente.   

           En  septiembre  de 1989, fue nuevamente capturado con fines de extradición. Por los  hechos  cometidos  en 1983, fue condenado a 15 años de prisión por la Corte de  Detroit.  Pero  la  Corte de  Apelaciones le rebajó la pena a 13 años. El  21  de mayo de 1984, luego de cumplir la sentencia, fue deportado ese mismo día  a  Colombia.  Desde  junio  de 1994, no volvió a ingresar a los Estados Unidos.  Además,  por estos mismos hechos fue absuelto por el Tribunal Nacional el 20 de  diciembre de 1995.   

               Resulta  extraño,  entonces,  que  ahora  pretendan  juzgarlo por haber enviado  desde  los  Estados  Unidos  a  Colombia,  asociado  con Norberto Honorio Romero  Garavito,  ganancias  procedentes del narcotráfico durante el lapso comprendido  entre  octubre  de  1999  y agosto de 2001, apoyados en la  declaración de  Jhon  Tobón,  agente de aduanas de los Estados Unidos. Si Peláez Roldán no se  hallaba  en  esa  época  en  el  Estado solicitante, mal pudo haber cometido el  delito  en  su  territorio. Su conducta se consumó en Colombia y, por tanto, es  de  conformidad  con  las leyes del país que debe ser juzgado. De lo contrario,  Bernardo  Roldán,  si es extraditado, va a ser procesado dos veces por el mismo  hecho.   

            2. Uno de los requisitos de  la  solicitud  de extradición, lo constituye la copia del relato oficial de los  hechos  objeto de la acusación. En el expediente no obra esa diligencia. La que  se  aportó  no  es  válida. Se trata de una declaración extraprocesal rendida  por el agente de aduanas Jhon Tobón.   

          3. El concierto para lavado de activos,  es  un delito inexistente en nuestra legislación. Por tanto, la extradición no  procede.  Constituye  requisito  de  procedibilidad  el  hecho  de que el delito  cometido   en  el  exterior,  debe  tener  correspondencia  en  la  legislación  nacional.   Es   requisito   no   se   da   en   el  caso  de  Bernardo  Peláez  Roldán.   

             En  síntesis,  el  recurrente pretende demostrar que su defendido, al menos por  los  hechos  en  que  se  funda  la  solicitud  de  extradición, ya fue juzgado  parcialmente  tanto  en Colombia como Estados Unidos. En Colombia fue absuelto y  en  los  Estados  Unidos purgó una pena de ocho años de prisión. Sin embargo,  en  la  Corte  de  Ohio se decretó la nulidad del juicio, lo que no permite que  vuelva a ser juzgado por estos hechos.   

                                CONSIDERACIONES   

           Una  vez  más,  reitera  la  Corte  que su función dentro del trámite propio de la  extradición,  está delimitada en el artículo 520 del Código de Procedimiento  Penal  de  2000.  Su  labor  es  de  simple  verificación  de unos determinados  requisitos  de  forma   previstos  en  la  norma  citada. La Corte no está  facultada  para  emitir  juicios  en  torno  a  la  validez o la eficacia de las  pruebas,  el  grado  de  participación  o  la  responsabilidad  de  la persona.   

             Por  eso  no  puede  exigírsele  a la Corte que trascienda el rol funcional que  legalmente  le  ha  sido  asignado,  como lo pretende el recurrente. Su deber se  circunscribe  a  verificar,  para  emitir sobre esa base su concepto, la validez  formal  de  la documentación presentada, la demostración plena de la identidad  del   solicitado,   la   existencia   práctica   del   principio  de  la  doble  incriminación   y  la  constatación  de  la  equivalencia  de  la  resolución  proferida  en  el  extranjero  y,  cuando  fuere del caso, el cumplimiento de lo  previsto en los tratados públicos.   

            Ninguno   de   los  puntos  en  que  el  impugnante  fundamenta  el  recurso  de  reposición, le compete a la Sala dilucidarlos. Veamos:   

            1.  Su argumento central se  orienta  a  demostrar  que su defendido ya fue juzgado por los hechos que sirven  de  base  para  elevar  la  nueva solicitud de extradición. Pero resulta claro,  como  se  dijo  líneas  arriba, que a la Corte no le corresponde hacer claridad  sobre  la  ocurrencia  del  hecho,  el  lugar  de  su  realización, la forma de  participación  o  el  grado de responsabilidad del encausado. Si ya fue juzgado  por  los  hechos en que se funda la solicitud de extradición, esa circunstancia  debe probarse dentro del proceso penal propiamente dicho.   

             2.  El estimativo acerca de  la  validez  o  mérito  de  las  diligencias  recaudadas  por  las  autoridades  extranjeras,  es  tarea   exclusiva  del país que hace la solicitud. Si el  recurrente  considera  que  el  relato hecho por el agente de aduanas en torno a  las  actividades  delictivas  de Bernardo Peláez Roldán carece de validez, esa  controversia debe agitarse dentro del proceso penal respectivo.   

            3.     Sobre    la  tipificación  o  no  en  Colombia  del  “Concierto para lavar dinero”,  dígase  que  esa  labor  será  desplegada  por  la  Corte al momento de emitir  concepto,  pues  es allí donde se analiza el principio de doble incriminación.   

             4.  Si  las autoridades colombianas son  competentes  o  no,  por  razón  del factor territorial, para juzgar a Bernardo  Peláez   Roldán,   es  asunto  que  tampoco  le  corresponde  definirlo  a  la  Corte.   La  determinación  de  la competencia territorial para ejercer el  poder  punitivo,  es  una acto jurisdiccional que no le concierne a la Corte. Es  en  el  país requirente, de conformidad con sus normas internas, donde se deben  debatir,  aparte  de este tipo de problemas, los relacionados con la legalidad y  validez de las pruebas.   

Finalmente, déjesele claro al recurrente que  la  Corte  no  acude  a  “cualquier tipo de argumento o sutileza” para negar  caprichosamente  la práctica de pruebas, y que la fase judicial del trámite no  debe  desaparecer  porque  la  Corte,  por fuerza del artículo 520 del estatuto  procesal,  se  abstenga  de  dar  vía  libre  a  toda  petición de pruebas. El  impugnante  sabe  cuál  es  el  papel  de  la  Sala  en  tal tramite: ajustarse  exclusivamente  a  lo que le ordena la ley .         

                                                                                                                      

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia ,   

RESUELVE   

1.  NO  REPONER  el  auto  del 23 de julio de  2002,  mediante  el  cual fue negada la práctica de las pruebas solicitadas por  el  defensor  de Bernardo Peláez Roldán.    

2.   Dejar  el  expediente  en la Secretaría de la Sala para los efectos de los artículos 518,  inciso segundo, y 519 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

Notifíquese y cúmplase.  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                          JORGE   E.  CÓRDOBA  POVEDA             

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                                                                                  CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                          ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARINA PULIDO DE BARÓN                                 YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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