19237(09-05-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República de Colombia  

       

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 19237  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 51  

         Bogotá,   D.   C.,   nueve   (09)   de   mayo   de   dos  mil  dos  (2002).   

VISTOS  

         Mediante  sentencia  del 21 de septiembre de 2000, el Juzgado Penal  del  Circuito  de  Fundación  (Magdalena)  declaró  al  señor  Miguel Obdulio  Herrera  Morales  penalmente  responsable,  como  autor, del delito de homicidio  culposo,  le  impuso las sanciones principales de 30 meses de prisión, multa de  diez  mil  pesos y prohibición de conducir vehículos por un año, la accesoria  de   interdicción   de   derechos  y  funciones  públicas  por  30  meses,  la  obligación,  junto  con  la Cooperativa Santandereana de Transportes, COPETRÁN  LIMITADA,  y  ARSENIO  FONSECA  TORRES,  de  cancelar  los  perjuicios causados,  ordenó  el  decomiso del bus de placas XKI-552, le concedió el subrogado de la  condena    condicional    y    lo    absolvió    del    cargo    de    lesiones  personales.   

         El  fallo  fue  recurrido  por  el  defensor y los apoderados de la  parte  civil  y  del tercero civilmente responsable, COPETRÁN LIMITADA, y el 13  de  junio  de  2001,  el Tribunal Superior de Santa Marta revocó la absolución  por  las  lesiones,  para  condenar  al  sindicado  por  ellas,  y  confirmó lo  restante,   modificando   la  sanción  corporal,  que  dejó  en  32  meses  de  prisión.   

         El  defensor  y  el  apoderado  del  tercero civilmente responsable  interpusieron recurso de casación.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         Aproximadamente  a  las 10 de la mañana del tres de julio de 1994,  en  la  vía  que  de  Aracataca conduce a Ciénaga (Magdalena), a la altura del  kilómetro  51+415  metros,  el  bus  de placas XKI-552, de propiedad de ARSENIO  FONSECA  TORRES, afiliado a la empresa COPETRÁN LIMITADA, que era conducido por  Miguel  Obdulio Herrera Morales, colisionó con la camioneta que iba al mando de  LUIS  RAFAEL  SOLANO SOLANO, como consecuencia de lo cual falleció el último y  resultaron  lesionados  WILLIAM  ANDRÉS  y  JOSÉ  ALFREDO  RESTREPO  URBINA  y  GRACIELA URRUTIA, pasajeros del segundo vehículo.   

         Se  inició  la  respectiva  investigación,  en cuyo desarrollo se  escuchó  en  indagatoria  al  conductor y se resolvió su situación jurídica,  para,  el  19 de agosto de 1997, proferir resolución de acusación en su contra  como    autor    de   los   delitos   de   homicidio   y   lesiones   personales  culposos.   

         El  21  de  septiembre  de  2000,  el Juzgado Penal del Circuito de  Fundación  profirió la sentencia de condena reseñada, la que, recurrida y con  las  modificaciones  citadas,  fue  confirmada por el Tribunal Superior de Santa  Marta el 13 de junio de 2001.   

LAS DEMANDAS  

         Tanto  defensor del procesado como apoderado del tercero civilmente  responsable  escribieron  lo  mismo,  aun  cuando en grupo de folios diferentes.  Basta  mirar  los  textos  para  percibir  que la redacción, las censuras y las  pretensiones  son  idénticas.  Por  ello,  la  Sala  hará  la  reseña  de sus  memoriales de manera conjunta.   

         Son   planteados  cuatro  cargos,  desarrollados  de  la  siguiente  manera:   

         1°)  La sentencia se profirió en un juicio viciado de nulidad por  cuanto  se  sancionó  al  tercero  civilmente  responsable  sin notificarle las  demandas  de  parte civil presentadas y no se observaron las reglas sustanciales  y  de  procedimiento para condenar y ordenar el pago de perjuicios, porque no se  probaron  el  daño  emergente, el lucro cesante, ni la edad de supervivencia de  la víctima.   

         2°)  El fallo violó de manera indirecta la ley por error de hecho  causado  por  falso juicio de identidad, al tergiversar el contenido del informe  y      las      fotografías      del     accidente,     porque     “entrelazados” y analizados esos documentos ofrecen  certeza  del  lugar  en  donde  colisionaron  los  carros  y  los  juzgadores se  equivocaron  en  su  valoración  y conclusiones,  pues en contra de lo que  afirman,  de  ellos  se  deduce  que quien violó las reglas de tránsito fue el  conductor  fallecido,  de  donde  se  desprende  que  aquellos  desconocieron la  lógica,   además  de  basarse  en  testimonios  sospechosos,  provenientes  de  personas  que  resultaron  afectadas. Esto, que descarta la certeza, obliga a la  absolución.   

         3°)  La  decisión violó de manera directa las normas que regulan  la  conducción  de  vehículos y los temas relacionados con autoría, concurso,  culpa,  lesiones  y homicidio culposos y dosificación punitiva, porque, probada  la  compensación  de  culpas,  no  se  absolvió  o  atenuó la sanción, ni se  exoneró de indemnizar perjuicios.   

         4°)  A través de un error de hecho por falso juicio de identidad,  se  violó  de  manera  indirecta  la  ley  sustancial en lo relacionado con los  perjuicios,  al  no practicarse prueba pericial para fijarlos ni determinarse la  supervivencia  por métodos idóneos, con lo que se incurrió en falso juicio de  existencia,  como  tampoco  se  demostró  que  el  sindicado  fuera empleado de  COPETRÁN, ni el nexo entre la víctima y la parte civil.   

         En  consecuencia,  como no se reúnen las exigencias para condenar,  los  dos  apoderados solicitan casar el fallo recurrido y, en su lugar, absolver  al procesado, o, en subsidio, disminuir notoriamente la sanción.   

CONSIDERACIONES  

     

1. Presupuestos.     

         a)  La  sentencia de segunda instancia fue proferida el 13 de junio  de  2001,  fecha  para la cual regía el Código de Procedimiento Penal de 1991,  con  las  modificaciones  que  introducidas  por  la  Ley 553 de 2000, no fueron  declaradas  inexequibles por la Corte Constitucional en su fallo C-252 del 28 de  febrero de 2001 (M. P. Carlos Gaviria Díaz).   

b)  El  artículo  1°.  de  esa  ley,  que  subrogó  el  218 del Código de Procedimiento Penal de 1991 (Decreto 2.700), en  lo   sustancial  conserva  su  vigor  y  por  ello  es  claro  que  “La   casación  procede  contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por los tribunales superiores de  distrito  judicial…en  los procesos que se hubieren adelantado por los delitos  que    tengan   señalada   pena   privativa   de   la   libertad   cuyo     máximo     exceda     de    ocho    años    …”  (destaca la Sala).   

c) No obstante, cuando el anterior requisito  no  se  cumple,  es  viable  acudir  a  la  denominada  casación discrecional o  excepcional,  evento  en el cual compete al demandante demostrar que es menester  obtener  el  pronunciamiento  de  la  Corte,  con  miras  al  desarrollo  de  la  jurisprudencia   o   a   la   conservación  o  recuperación  de  los  derechos  fundamentales.   Así   lo   dispone   el   artículo   citado,   en  su  inciso  tercero.   

d)  El tercero civilmente responsable está  legitimado    para   pretender   la   casación.   Si   lo   hace   exclusivamente    respecto    de    la  indemnización  de  los  perjuicios,  con independencia de la cantidad punitiva,  debe  sujetarse a las causales y a la cuantía previstas en materia de casación  civil.  Si  lo  hace  tanto  frente  al tema penal como al civil, le corresponde  realizarlo  en  capítulos  separados  y,  tanto  en  uno  como  en  otro  caso,  cumpliendo   con   las   exigencias  señaladas  en  los  literales  anteriores.   

     

1. Sobre la demanda del defensor.     

         Dígase:   

         a)  La  resolución  de acusación y los fallos de instancia fueron  dictados  por los delitos de homicidio y lesiones personales culposos, descritos  en  los artículos 329 y 340 del Código Penal de 1980, el primero de los cuales  señala  una  pena de prisión cuyo máximo es de seis  años,  en  tanto que el daño más grave, a voces de  la  segunda  disposición  y  del  artículo  336  del mismo estatuto, sería de  tres  años y cuatro meses.   

Desde  este punto de vista, es improcedente  la  casación  pues la pena no alcanza al mínimo sancionatorio que exige la ley  procesal  penal que, como se dijo, requiere de castigo corporal por más de ocho  años.   

b)  Tampoco  es  procedente la discrecional  pues  el  defensor  no  demostró  ni  intentó demostrar la necesidad de que la  Corte  se  ocupara del asunto para efectos del desarrollo de la jurisprudencia o  de la garantía de los derechos fundamentales.   

Así,  es  claro  que esta demanda debe ser  inadmitida.   

3.  En  cuanto  a  la  demanda  del tercero  civilmente responsable:   

a)  Aparte  de  que  sin  sentido jurídico  solicitó  la “absolución  del   procesado”  tras  querer  analizar la prueba con ese propósito, en lo relacionado con lo penal se  impone  la  inadmisión  del  libelo  por  el  requisito cuantitativo de la pena  atrás  citado debido a que, además, ni siquiera ensayó la presentación de la  demanda  en  dos capítulos totalmente independientes, uno dirigido a lo penal y  otro a lo civil. Simplemente se limitó a entremezclar cargos.   

b) También se impone la inadmisión porque  en   estricto   sentido   el   demandante   no   se  ocupó  de  los  temas  que  excepcionalmente  puede  esgrimir  en  pro  de  la  absolución del tercero, por  ejemplo  que  el  procesado  no cometió el hecho, que la conducta es atípica o  que  no  existe  plena relación de causalidad entre el comportamiento diligente  del  tercero  y  el  desplegado  por  el acusado. Como se sabe, por principio el  apoderado  del  tercero  civil  se  debe  ceñir a excluir la responsabilidad de  éste  y  no  a  ampliar su alcance a toda circunstancia que le permita poner en  tela  de  juicio la responsabilidad del procesado, salvo casos como los acabados  de anotar.    

c) Y finalmente, causa inadmisión el hecho  de  que  la  demanda  no  se  relaciona  con  las  causales establecidas para la  casación  civil,  requisito imprescindible en aquellas hipótesis en las cuales  se persigue exclusivamente la indemnización de perjuicios.   

d)  Si bien se puede admitir que el tercero  civilmente   responsable   se  halla  legitimado  para  acudir  a  la  casación  discrecional,  también  lo  es  que  como  fundamentos  de  ésta se debe   demostrar  la  violación  de garantías de tal sujeto procesal y/o la necesidad  de  desarrollar  la  jurisprudencia  frente al mismo. Esta tarea no fue cumplida  por el actor.   

Como   frente   a   ninguna  de  las  dos  pretensiones  se  reúnen los presupuestos básicos para pensar en la casación,  las  demandas  serán  inadmitidas,  conforme con el contenido del artículo 226  del  Código de Procedimiento Penal anterior, subrogado por el artículo 9º. de  la Ley 553 del año 2000.   

         

Con  fundamento  en lo expuesto, la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Inadmitir   las   demandas  de  casación  presentadas  por  el  defensor  de  Miguel  Obdulio  Herrera  Morales  y  por el  apoderado del tercero civilmente responsable.   

Esta  decisión  no admite recurso alguno.   

Comuníquese y cúmplase.  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ     ARGOTE                                                           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

                                                                                      No hay firma   

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA                        

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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