19284(23-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 19284  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 106  

         

Bogotá,   D.  C.,  veintitrés  (23)  de  septiembre de dos mil tres (2003).   

V   I   S   T   O  S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda de revisión presentada por el apoderado de EDUARDO   PARRA   GARCÍA   contra   la  sentencia  proferida, el 2 de octubre de 1996, por el Tribunal Superior de Santa  Rosa  de  Viterbo, en la que al confirmar, con una modificación, la del Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Monterrey  (Casanare),  fechada el 12 de julio del  mismo año, lo condenó por el delito de homicidio agravado.   

  H   E   C   H   O  S   

El  juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“En horas de la  tarde  del  25  de agosto de 1985, los hermanos PLINIO, HERNANDO y EDUARDO PARRA  GARCÍA,  en  compañía  de  ALBERTO  ACEVEDO  CHAPARRO  y  JOSÉ  ISAAC  VEGA,  estuvieron  ingiriendo  licor,  concretamente  vino,  en  el  establecimiento de  propiedad  de  AGUSTÍN  SANABRIA  MARTÍNEZ,  ubicado en la vereda El Porvenir,  jurisdicción  de  Monterrey.  Hacia  las  tres  y  media, en momentos en que el  dueño  del  negocio  salió  del interior de la residencia hacia el sitio donde  sus  clientes departían, HERNANDO le invitó a que les aceptara un trago y como  se  negó,  en  el acto el oferente hizo uso de su arma de fuego para dispararla  directamente  contra  la humanidad de AGUSTÍN, quien herido y exclamando que no  le  dieran muerte buscó la salida hacia la calle. Sin embargo, fue objeto de 13  impactos  de  arma de fuego propiciados por los hermanos HERNANDO y EDUARDO, por  lo  que  en  cuestión  de  segundos  se  produjo  su  deceso.  Los agresores se  retiraron  momentáneamente  para  luego regresar y una vez verificado el estado  del  agredido,  emprendieron  la  huida  hasta cuando miembros del DAS Rural, en  días    posteriores,    lograron    capturarlos    en    la    población    de  Guateque”.   

L  A      D  E  M A N D  A   

En extenso, antitécnico y confuso escrito,  luego  de  transcribir  en  su  integridad  las  sentencias de primera y segunda  instancia  y de invocar la causal 1ª consagrada en el artículo 220 del Código  de   Procedimiento   Penal,   en  el  capítulo  que  denominó  “Fundamentos  de  hecho en los cuales apoyo mi solicitud”,  el  memorialista  se  dedica  a  citar  y  a  copiar  algunos  fragmentos  de  las declaraciones que en el curso de la investigación rindieron  Amparo   Rincón   Martínez,  Vilma  Margarita  Amaya  Borda,  Alberto  Acevedo  Chaparro,  Germán  Martínez  Sanabria,  José  Gerardo Alfonso Sanabria, Jaime  Gómez,  Víctor  Julio  Amaya  y  José Isaac Vela y la indagatoria de Hernando  Parra García.   

Paralelo a los citados testimonios hace unos  comentarios,   elabora   su  propia  valoración  probatoria  y  plasma  algunas  críticas, a saber:   

En cuando a las dos primeras declaraciones,  asevera:   

“La  defensa  resalta  el  hecho  cierto  de  la  ingesta  alcohólica y en ella, la mezcla de  bebidas.  Hasta  aquí  guarapo  de  panela, más vino. Más adelante honorables  Magistrados  los  autos nos dirán con certeza, que también consumieron cerveza  y  en  mi sentir cuando los llaneros beben no comen. De ahí que el licor cumpla  luego  con  su  nefasto deber…. La verdad, señores Magistrados, es que, tanto  el  testigo  Acevedo  Chaparro,  como  los Parra García, como el occiso estaban  bien bebidos”.   

En  lo  atinente  a  una  pregunta  que  el  instructor le hizo al denunciante Germán Martínez Sanabria, dice:   

“El señor Juez  de  Instrucción  en  esta  pregunta involucró a EDUARDO PARRA GARCÍA, y yo no  encuentro  la lógica de tal interrogatorio. Y aunque ha pasado mucho tiempo, yo  en  nombre  de  la justicia le suplico compulse copias para que se investigue al  señor  Juez  EDUARDO  CAMARGO ALBARRACÍN. Se me enseñó que la justicia es el  trato   igual   a   los   iguales  y  el  trato  desigual  a  los  desiguales  y  desafortunadamente  a  ésta  diligencia  de  ampliación  de  la  denuncia,  no  compareció  ,  ni  el  defensor de los PARRA GARCIA ni el Agente del Ministerio  Público.  Yo creo señor Magistrado que tal pregunta fue de mala fe”.   

Respecto de lo informado por el denunciante,  agrega:   

“Me  da  la  impresión  Honorable  Magistrado  que  a  don  GERMAN MARTÍNEZ SANABRIA le han  contado  muchas  cosas. Yo no se hasta qué punto, este ciudadano, merezca, a la  luz     de     la     sana     crítica,     alguna     credibilidad”.   

En  lo  relacionado  con la declaración de  Jaime  Gómez, la cual, en su criterio, merece atento y analítico estudio, toda  vez  que  duda  de  la real ubicación que dijo tener en el sitio de los hechos,  afirma:   

“Veamos  con  paciencia  la  versión  de  este  testigo.  Estudiémosla  con   la  mayor  lealtad.  Analicemos  con  criterio  objetivo  la  versión  y  así, Honorables  Magistrados,  encontraremos  la razón, la verdad verdadera. Se que ésta es una  acción  ante  la  Honorable  Corte  Suprema  de  Justicia.  Se  que  no  es una  apelación  de  alguna  providencia. Más, en mi sentir, es preciso resaltar que  en  este  proceso  se  violó  la  norma constitucional, al permitir que un solo  defensor  lo  fuera de cada hermano, lo que significó que necesariamente tenía  que  sacrificar  a uno y favorecer al otro, en los mismos hechos. Entro, pues, a  presentar  la  declaración  de este joven para concluir que él no vio, no pudo  ver lo que finalmente sostuvo”.   

En fin, manifiesta que a este proceso se le  “hizo   decir   lo   que   no   decía”,  toda  vez  que  del  estudio  de los citadas declaraciones se  puede  colegir  que  la única persona que le quitó la vida a Agustín Sanabria  fue  Hernando  Parra  García  y  no  su hermano Eduardo, a quien se le condenó  injustamente por un delito que cometió aquél.   

Además,  sostiene  que  está  plenamente  probado  que  su  procurado se encontraba muy embriagado, pues luego de ocurrido  el  suceso preguntaba: “¿qué pasó, qué pasó?. Y  me  muero de la pena como dicen en Bogotá, pero los sindicados PARRA GARCÍA en  el  momento  del  hecho,  por  su estado de enagenación transitoria a causa del  alcohol  no  conocían  ni comprendían la ilicitud de su comportamiento y no se  encontraban  ni  HERNANDO ni EDUARDO en capacidad para autoregularse”.   

A   continuación,  como  “FUNDAMENTOS   DE  DERECHO”,  cita  los  artículos  1°,  4°,  13, 29 Y 83 de la Constitución Política, 6°, 9°, 13,  29  y  33  del  Código  Penal y 6°, 7°, 8°, 10°, 19, 20, 75, 124, 133, 220,  221,  222,  223,  224,  225,  226,  227,  232, 234, 238, 277, 280, 283 y 287 del  Código de Procedimiento Penal.   

Como  pruebas  aporta  fotocopias  de  las  declaraciones  de Amparo Rincón Martínez, Vilma Margarita Anaya Borda, Alberto  Acevedo,  Jaime Gómez, José Isaac Vela y Víctor Julio Amaya, las indagatorias  de  los  hermanos Hernando y Eduardo Parra García, la resolución de acusación  proferida  por  la  Fiscalía  Dieciséis Seccional de Monterrey y el acta de la  diligencia de audiencia pública.   

Así  mismo, allegó al presente escrito el  respectivo  poder,  copias de las sentencias de primera y segunda instancia y la  certificación de su ejecutoria.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Una  vez más debe reiterar la Corte que la  remoción  de  la cosa juzgada sólo es posible cuando frente a la demostración  de  algunas de las causales taxativamente señaladas en la ley, se evidencia que  se cometió una injusticia.   

En    consecuencia,    la   demanda    debe    confeccionarse   con  sujeción   a   los    parámetros    legales   y   con   respeto   a   la  causal   en   que  se  apoya,  pues,   en   caso   contrario,   el  escrito   se   torna   en   un  alegato  de   instancia  y, por lo mismo, se constituye en un  desafuero   que   desnaturaliza   los  fines   de   la   revisión.   

En  el  caso  que  ocupa la atención de la  Sala,  de  la  sola  lectura  del  escrito  se  colige que el libelista no sólo  desconoce  los  soportes  filosóficos  y  doctrinales  en  que  se  ampara este  instituto,   sino   que   ignora  que  el  proceso  ya  terminó  con  sentencia  ejecutoriada  que  ha  hecho tránsito a cosa juzgada y que, por lo mismo, no se  trata  de  una  instancia  más  en la que se puedan reexaminar los elementos de  juicio  que  sirvieron  de  fundamento a una decisión que tiene el carácter de  definitiva  e  inmutable,  o debatir aspectos jurídicos procesales cumplidos en  el diligenciamiento.   

Obsérvese   cómo   el   actor,  en  los  fundamentos  de  hecho,  no  hace otra cosa que afirmar que su procurado Eduardo  Parra  García no fue la persona que cometió el delito de homicidio en Agustín  Sanabria  Martínez,  conducta punible que, en su criterio, fue realizada por su  hermano  Hernando,  o  que éstos se encontraba en estado de embriaguez, para lo  cual  dedica  su  esfuerzo  a  poner  en  tela de juicio la credibilidad que los  juzgadores   le   otorgaron   a   las  declaraciones  que  rindieron  Amparo  Rincón  Martínez,  Vilma Margarita Anaya Borda, Alberto  Acevedo,  Jaime  Gómez,  José  Isaac  Vela  y  Víctor Julio Amaya,  olvidando  que  no solo fueron dichos medios de convicción sino  otros  y  una  serie  de  indicios  que  sirvieron de apoyo al sentenciador para  concluir  en  la autoría y la responsabilidad del condenado, argumentación que  así   expuesta   no  hace  más  que  procurar  reabrir  un  debate  probatorio  finiquitado  en las instancias a través de una sentencia que ha hecho tránsito  a  cosa  juzgada  y  contraria  los  lineamientos  legales  del  instituto de la  revisión.   

Así,  entonces,  resulta  claro  que  el  accionante  no  sujetó  la  demanda  a los lineamientos de la causal primera de  revisión,  no pudiéndose olvidar, además, que sobre dicha hipótesis legal la  Sala ha dicho:   

“Si   la   acción   se   apoya  en  la  causal  primera de las previstas en el artículo 220  del  Código  de procedimiento penal, esto es, cuando el juzgador ha condenado o  impuesto  medida  de  seguridad  a  un  número  mayor  de  personas  de las que  materialmente  pudieron  haber  tomado parte en la ejecución del hecho punible,  atendiendo  la  naturaleza  de éste, sus características, y la verdad fáctica  acreditada  en  el proceso, compete al demandante demostrar que entre los hechos  acreditados  en  el  proceso  (verdad formal), y los declarados probados por los  juzgadores  en las sentencias de primera y segunda instancia (verdad declarada),  se  presenta  una discrepancia en torno al número de personas que tomaron parte  en  la  realización  de  la  conducta  típica,  bien porque ella no podía ser  realizada  sino  por  una sola persona y fueron más las condenadas, o porque se  condenó  a  un  número  mayor  de  las  que  participaron  en ella, y que esta  disconformidad    condujo    a    la   condenación   de   por   lo   menos   un  inocente.   

“Es de reiterar  que  esta  causal  no  cobija  casos  en  los  cuales  el actor, a partir de una  particular  valoración  de  las normas y de los hechos, en contraposición a lo  resuelto  en  el  fallo  objeto  de  acción, considera que el sentenciado no es  coautor  o  partícipe de una determinada conducta ilícita, ya que este tipo de  discrepancias  sólo resulta predicable de las instancias, o la casación, no de  la  revisión  en  cuya  sede  no es plausible revivir controversias fácticas o  jurídicas      ya      definidas”.1   

Como puede observarse, el actor no ciñó el  libelo  a los citados presupuestos, desviando su discurso a personales puntos de  vista   frente   a   la  forma  como  el  sentenciador  valoró  los  medios  de  prueba.   

En  esas  condiciones,  no  se admitirá la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1.  Reconocer  al  doctor  Fernando  Duarte  Cepeda  como  apoderado  del  condenado EDUARDO PARRA  GARCÍA.   

2.   INADMITIR  la demanda de revisión contra el fallo proferido, el  2  de  octubre  de  1996,  por  el  Tribunal  Superior de Santa Rosa de Viterbo,  mediante   el   cual  se  condenó  a  EDUARDO  PARRA  GARCÍA     por    el    delito    de    homicidio  agravado.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN                  MARINA   PULIDO  DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                 MAURO SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Rad.  19252,  auto  del  11  de  marzo  de  2003,  M.P.  Dr. Fernando Arboleda Ripoll.  Además,  ver,  entre  otras,  autos  del  27  de mayo de 2003, M.P. Dra. Marina  Pulido  de  Barón,  del  5  de diciembre de 2002, M.P. Dr. Jorge Aníbal Gómez  Gallego,  del 24 de julio de 2001, M.P. Dr. Carlos Augusto Gálvez Argote, y del  27 de septiembre de 2000, M.P. Dr. Álvaro Orlando Pérez Pinzón.     

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