19239(20-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19239  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                                                Magistrado Ponente:   

                                                                            Dr.  YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

                                                                          Aprobado Acta  # 56   

Bogotá  D.C.,  mayo  veinte (20) de dos mil  tres (2003).   

VISTOS:  

Examina  la  Sala  la procedencia o no de la  demanda  de  revisión  presentada a través de apoderado por el condenado JAIRO  MARCIAL FRAGA ROSERO.   

ANTECEDENTES:  

Mediante  sentencia del 11 de agosto de 2000  el  Juzgado  14  Penal  del Circuito de Cali condenó al mencionado como coautor  del  delito  de hurto calificado y agravado (arts. 350-1, 351-6/9/10 y 372-1 del  C.P  de  1980),  a  la  pena  principal  de  45  meses  de prisión.  Dicha  providencia  fue  confirmada por la Sala Penal del Tribunal Superior de la misma  ciudad  el 16 de noviembre siguiente y no se interpuso contra ella el recurso de  casación,  si se tiene en cuenta el informe de la secretaría obrante a folio 9  del cuaderno de la Corte.   

LA DEMANDA:  

1.  La  causal  de  revisión  en  la  cual  se encuentra apoyada la demanda es la 3ª del artículo  220  del  Código  de Procedimiento Penal.  Advierte el apoderado, luego de  afirmar  que  quienes  cometieron  el  delito fueron LUIS WILSON CHÁVEZ ROSERO,  CARLOS  CHÁVEZ,  un  sobrino  de  éste y ARLEY GONZÁLEZ, que la actuación de  FRAGA  ROSERO  se  limitó  a  recomendar  el  parqueadero  de Fabio Muñoz para  guardar  la  mercancía  hurtada, habiéndose producido su captura en el Palacio  de   Justicia,   al   acudir   allí   voluntariamente   a   visitar   al  antes  mencionado.   

“La vinculación que se hizo a FRAGA ROSERO  –dice       el  apoderado—obedeció  a que  LUIS  WILSON  CHÁVEZ  ROSERO,  había  ido  a  la  casa  de FRAGA con el fin de  celebrar   contrato   de   venta   de  un  vehículo  taxi,  identificándose  y  coincidieron  los  apellidos  con  los  de  una  amiga de FRAGA, de nombre Mirey  Chávez,  y  en  esa  visita  se  le  preguntó  si la distinguía, manifestando  CHÁVEZ  que  era  prima  de  él, y al conversar con Mirey Chávez, LUIS WILSON  CHÁVEZ  ROSERO,  delante  de  Mirey  manifestó  que  él  tenía  facturas  de  mercancías  (baterías)  que  era habidas legalmente, y FRAGA le manifestó que  el  podía  ayudar  a vender la mercancía , y le entregó copia de las facturas  que  respaldaban la propiedad y haber sido adquiridas legítimamente, entregando  además  dos cajas de baterías como muestras, por lo cual FRAGA ROSERO ofreció  esa  mercancía,  y fue cuando Mirey Chávez, le manifestó que no le gustaba el  negocio,  por  cuanto  su  primo  CHÁVEZ  y  otros  eran delincuentes y tenían  antecedentes penales”.   

Al siguiente día CARLOS CHÁVEZ, hermano de  LUIS  WILSON CHÁVEZ, le dijo a Mirey Chávez que él y un sobrino suyo eran los  autores del asalto.   

2.   Agrega  el  demandante  que  las  pruebas  nuevas  que  surgieron después del fallo son las  versiones  “que  puedan  rendir”  Hélmer  de  Jesús  León  Monsalve, Joel  Antonio  Reyes  Zapata,  Stella  Mirey  Chávez,  el  esposo de la Subintendente  Miller   y  “dos  personas  más  conocedoras  del  caso”  cuyos  nombres  y  ubicación  serán  suministrados  por  Reyes  Zapata.   Estos tienen pleno  conocimiento  de  los hechos y de haberse conocido en tiempo sus testimonios, la  sentencia     dictada     respecto     de     su    defendido    habría    sido  absolutoria.   

A  León  Monsalve  y  a  Reyes  Zapata  los  conoció  FRAGA  ROSERO  en  la  Cárcel  de Yumbo, donde aún está recluido el  segundo.   León le mencionó que él conocía a todos los delincuentes que  participaron  en  el  atentado  y  sabía que él no tenía nada que ver; Reyes,  vinculado  al  mismo  proceso  que el anterior, le comunicó que también estaba  enterado  del hurto de las baterías y que sabía de dos personas más que   contaban  con  ese  conocimiento,  una  de  ellas  el esposo de una agente de la  policía que presta sus servicios en Yumbo.   

3.  Por  último,  invoca   el  actor  la  causal  4ª  de  revisión,  ya  que  la  sentencia  fue  consecuencia  “de una apreciación subjetiva de la Juez”, constitutiva de un  “vulgar  prevaricato”.   Lo  hace  consistir  en  el  hecho  de  que la  funcionaria,  al  referirse  a  la  personalidad de FRAGA ROSERO, señaló que a  pesar  de  haberse desempeñado como Suboficial de la Policía la condena que se  le  estaba  imponiendo  “mancha  el  espejo  de  su  vida”  y  cuestiona  su  trayectoria  “más  aún  cuando  lo  espera  un  proceso  por  el  delito  de  extorsión   que   cursa   en   la  Fiscalía  Especializada”.   Para  la  funcionaria,  entonces,  según  el  abogado, “era delito ser suboficial de la  Policía”  y una sindicación de extorsión constituía un antecedente, cuando  es sabido que sólo las sentencias lo son.   

LA SALA CONSIDERA:  

1.  La  causal  de  revisión  que  en primer lugar invoca el demandante es la 3ª del artículo 220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,   es decir “cuando después de la  sentencia  condenatoria  aparezcan  hechos nuevos o surjan pruebas, no conocidas  al  tiempo  de  los  debates,  que  establezcan la inocencia del condenado, o su  inimputabilidad”.   

“Por  hecho nuevo ha entendido la Corte, y  así  lo  ha  plasmado en numerosos pronunciamientos, todo acaecimiento o suceso  fáctico  vinculado  al  hecho  punible materia del proceso, del cual no se tuvo  conocimiento  en  ninguna  de  las etapas de la actuación judicial y que por lo  tanto  no  pudo ser controvertido.  El concepto de prueba nueva, en cambio,  hace  relación  a  un  medio  probatorio  no  incorporado  al proceso sino cuyo  surgimiento  tuvo  ocurrencia  después  de  él,  que  da  cuenta  de  un hecho  desconocido,  o  de  una  variante  sustancial  de  un  hecho  conocido  en  las  instancias  procesales,  cuyo aporte conduce a concluir, en un grado de certeza,  que se condenó a un inocente o como imputable a quien no lo era.   

“La  idea de prueba nueva, entonces, no se  limita  a  la  circunstancia  de  que  el medio probatorio no figure aportado al  proceso  cuya  revisión  se  pretende o sea posterior a la sentencia. Se exige,  además,  que la evidencia que se presenta como novedosa, de haber sido conocida  en  su  momento  por  el  juzgador   lo  habría llevado con seguridad a la  absolución  del procesado.  Eso es precisamente lo que le otorga carácter  de novedoso.   

“Así  las cosas, la prueba nueva a que se  refiere  la  causal de revisión invocada, debe ser de tal forma contundente que  haga  surgir  de  inmediato  la  idea  de  que  se condenó a un inocente o a un  inimputable         como         imputable”.1   

          2.  No  sucede  así en el caso sometido a  consideración  de  la Sala. Le bastó al demandante relacionar el nombre de dos  personas  que de casualidad coincidieron en el mismo centro de reclusión con su  defendido,  uno de los cuales, Hélmer de Jesús León Monsalve, le comentó que  él  no  tenía  nada  que  ver  en  el  hurto de los automotores; el otro, Joel  Antonio  Reyes, enterado también del hecho delictivo, simplemente “manifestó  conocer  dos  personas  más”  que  sabían  del  asunto.  A Stella Mirey  Chávez,  quien  era  la  compañera  de FRAGA ROSERO para cuando sucedieron los  hechos,  como  se  colige  de  lo  anotado  en  la página 4 de la sentencia del  Tribunal, simplemente la menciona.   

          Así  se  trate  de  testimonios  no  aportados  al  momento  de los  debates,  para la Corte carecen de la contundencia necesaria como para pensar en  la  posibilidad  de  que  se  condenó  a  un inocente y, por lo tanto, darle el  trámite  pertinente  a  la  acción  de  revisión.   En  esa medida tales  evidencias  carecen de la nota de novedad  y adicionalmente, si se tiene en  cuenta     que     lo     que     harían     los    declarantes    –como  se  colige del libelo—  sería  afirmar  que  el condenado no  cometió  el  delito de hurto, es decir respaldar la posición que asumió en el  proceso  y  que encontraron desvirtuada los juzgadores, no estarían referidas a  ningún  hecho  nuevo,  constituyéndose  así  en un pretexto para prolongar en  sede  de  revisión  el  debate  procesal, insistiendo sobre aspectos que fueron  objeto de controversia en la sentencia.    

3.  Tampoco  por  razón  de  la  causal  4ª  de revisión procede la admisión de la demanda. La  misma     contiene     como     supuesto    la    demostración,    “mediante  decisión  en firme”, que el  fallo  fue  determinado por una conducta típica del Juez o de un tercero”, lo  cual  le impone al accionante la carga de aportar copia de la decisión judicial  respectiva.   En  el  presente  caso  el  apoderado no solamente omitió el  cumplimiento  de esa exigencia sino que le pareció del caso reemplazarlo por la  afirmación  calumniosa  relativa a que la Juez de 1ª instancia incurrió en un  “vulgar  prevaricato”,  al  expresar  que  es  delito ser policía y que una  sindicación  es  un  antecedente.  Nada  parecido  dijo la funcionaria, como lo  demuestra   el   siguiente   aparte   de   la   sentencia,   referido   a  FRAGA  ROSERO:   

“No   podemos   pasar   por   alto   que  habilidosamente  manejó  los  hilos de la operación delictiva, a tiempo que no  ahorró  esfuerzos  en  entorpecer  la  investigación desde sus mismos albores,  todo  lo  cual  aunado  al  acentuado grado de culpabilidad que lo abruma por el  liderazgo  dentro  de  la  cofradía  de  sujetos,  empaña considerablemente la  procedencia  del  tal  beneficio  (condena  condicional)  y más bien desvía la  balanza  en  su contra para arribar a la ineludible conclusión que requiere sin  duda  alguna  de  los  rigores del tratamiento penitenciario, a pesar de haberse  desempeñado  como  suboficial  de  la Policía Nacional, caso que hoy mancha el  espejo  de  su  vida al ser destinatario de la sanción penal y que lo cuestiona  profundamente  sobre  la  trayectoria  de su vida, más aún cuando lo espera un  proceso  por  el delito de extorsión que cursa en la Fiscalía Especializada de  esta ciudad”.   

Es  claro,  entonces,  y  la  Corte llama la  atención  sobre  ello, que la forma como el apoderado del condenado se refirió  a  la  Juez  de  1ª  instancia  es  desobligante  y  dista  del trato comedido,  respetuoso  y  prudente  que  debe  guiar  el  buen  ejercicio  de la abogacía.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

RECONOCER al doctor  Duberney  López  Vargas como apoderado del condenado JAIRO MARCIAL FRAGA ROSERO  e  INADMITIRLE  la demanda de  revisión que presentó en su nombre.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

FERNANDO      E.      ARBOLEDA  RIPOLL                HERMAN  GALÁN CASTELLANOS            

CARLOS       AUGUSTO      GÁLVEZ  ARGOTE            JORGE     ANÍBAL    GÓMEZ  GALLEGO                      

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                      ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Comisió0n de servicio  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  .  CORTE    SUPREMA    DE    JUSTICIA.    Auto.  Revisión-15.822, Mar. 27 de  2000,      M.P.,     Dr.     CARLOS     E.    MEJÍA    ESCOBAR.     

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