19213(21-08-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19213  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 95  

          Bogotá,  D.  C.,  veintiuno  (21)  de  agosto  del  dos  mil  tres  (2003).   

VISTOS  

          Mediante  sentencia  del 2 de agosto del  2001,  el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Pereira declaró al señor  Luis    Francisco    Betancur    Celis        penalmente        responsable,       como       coautor,  del  concurso  de  delitos  de  homicidio   agravado   y  tentativa  de  hurto  calificado agravado.  Le impuso la pena principal de 34 años  y  4  meses  de  prisión, la accesoria de interdicción   de   derechos   y   funciones   públicas   por  20  años,  la  obligación  de  indemnizar los perjuicios  causados    y    le    negó   el   derecho   a   la   condena   de   ejecución  condicional.   

          Recurrido  el  fallo  por  la defensora, el Tribunal Superior de esa  ciudad  lo  confirmó  el  5  de  octubre  del  mismo  año,  pero  redujo   la  sanción  privativa  de la libertad a 348 meses (29 años) y la de interdicción  a 10 años.   

          La  defensora  acudió a la casación. La Sala se pronuncia, una vez  recibido   el   concepto   del   Señor   Procurador   Segundo  Delegado  en  lo  Penal.   

HECHOS  

          Aproximadamente  a  las  11  de la mañana del 29 de junio del 2000,  don  Luis  Evelio  Madrid  Álvarez  conducía  el  taxi  de placas WHG-048. Fue  requerido  por cuatro hombres que ascendieron al automóvil y, cuando transitaba  por  la  zona  boscosa  de  la  vereda  “Mundo  Nuevo” de Pereira, quisieron  despojarlo  del  dinero  que  portaba.  Como opuso resistencia, los agresores le  dispararon, ocasionando su deceso.   

          La   inmediata   presencia   de   miembros   de  la  Policía  y  el  señalamiento  de  residentes  del  sector  -que  vieron huir a los asaltantes-,  condujo  a  la  captura  de  César  Augusto  Mendoza  Mendoza  y de Luis Francisco  Betancur  Celis,  quienes  aceptaron  que  iban  en el  vehículo  y  que  “optaron  por  atracar  al  taxista”. El primero dijo que  había  hecho  unos  de  los  disparos,  dirigidos contra la parte de atrás del  automotor  luego  de  que se perdiera el control del mismo y se desbordara y que  no sabe si los proyectiles alcanzaron al conductor.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

         

          Adelantada    la    correspondiente   investigación,   César  Augusto  Mendoza Mendoza solicitó  el   trámite  para  sentencia  anticipada  y  aceptó  los  cargos  formulados.   

          Posteriormente,  proferido  ya  auto de cierre de investigación, el  segundo  hizo  petición  para  los mismos efectos, pero puestas de presente las  imputaciones,  no  las  admitió.  Por  esta  razón, respecto de él el proceso  prosiguió su desarrollo dentro del rito ordinario.   

          Clausurada  de  nuevo  la  instrucción,  el  26 de octubre del 2000  Luis    Francisco    Betancur    Celis  fue  acusado  como  autor  del concurso de delitos de homicidio  agravado,  tentativa de hurto calificado agravado, porte  de  armas  de  fuego  para  defensa  personal  y daño en bien ajeno.   

          Apelada  la  decisión,  el  13  de diciembre siguiente la Fiscalía  Delegada        ante        el        Tribunal       Superior       confirmó  los  cargos  por  homicidio    agravado   y   tentativa  de hurto calificado y agravado,  a  la  vez  que  revocó los  reproches  por  porte de arma  y      daño     en     bien     ajeno.   

          Proferidas  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancias, se  interpuso casación.   

LA DEMANDA  

          La      apoderada      formuló     un  cargo,    con    fundamento   en   la   causal   primera,   cuerpo   primero,   violación   directa   -por  aplicación  indebida- de los artículos 29, 101 y 104  de  la  Ley  599  del  2000,  y  324, 349, 350 y 351 del Decreto 100 de 1980. Lo  desarrolló así:   

          1.   El   Tribunal   imputó  a  Betancur  Celis     coautoría  impropia.   Para   el   Ad  quem,  hubo  división  de  trabajo, a pesar de que el  otro    detenido    expresó    que    aquél  no  había  desplegado  ningún  comportamiento  activo.  No  obstante,  según  el  juez  colegiado  esa  actitud  era  innecesaria porque el  procesado  tenía  conocimiento  de  que  se  iba  a realizar un hurto y que sus  compañeros tenían armas.   

          Para   la   demandante   –en  cambio-,  si  su  acudido  no  participó  positivamente  en los  hechos,  “aunque  sabía  de lo que sus amigos iban a hacer…, entonces no se  puede  aplicar”  el  artículo  29  del  Código Penal, que exige que entre el  acuerdo  y  la  acción  deba  existir  una  relación concreta, que si “no se  produce,   mal   podemos  hablar  de  coautoría  y  menos  aún  de  coautoría  impropia”,  fenómeno  que, además, “no existe, es una figura desterrada de  manera  definitiva y de la cual es preciso hacer un homenaje fúnebre”. Sigue:  “Si  hay  acuerdo  y  hay  acción, vale para todos, pero si solamente sé que  ello  va  a  ocurrir”, pero no actúo, “no puede predicarse la existencia de  coautoría”.   

          2.  El  Tribunal  asumió  esa  forma  de  participación  porque el  procesado  tenía  conocimiento  de  aquello que harían sus compañeros cuando,  como  se  sabe,  nada  hizo.  Así,  incurrió  en  error  de derecho, porque el  artículo   29   del   Código   Penal   reclama   “desarrollar  la  actividad  correspondiente  a  su  función”.  Como  ésta  no  se  dio,  desapareció el  instituto,    en    cuanto   el   aporte careció de importancia, o fue nulo.   

          Solicitó  se  case  la  sentencia  y,  en  su  lugar,  se dicte una  absolutoria.   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

          El  Procurador  recomienda  a  la  Sala  no  casar la sentencia. Sus  razones son:   

          1.   La   demandante   desbordó   los  lindes  de  la  violación  directa, porque desconoció la  apreciación  probatoria  de  los  falladores. Estos partieron de que los cuatro  individuos  acordaron  atracar  al  taxista  y  que  la  actividad del sindicado  consistió  en  desplazarse  dentro del vehículo y huir del lugar, pero como el  consenso  fue  total  –y en  él     participó    Betancur    Celis-  no  era  necesario que desplegara comportamientos concretos, como  exigir el dinero o ejercer violencia con arma de fuego.   

          2.  Los  jueces  valoraron  acertadamente  la prueba para imputar la  coautoría.  Con cita de jurisprudencia de esta Sala, avala su conclusión, pues  que,  cuando  varias  personas deciden cometer un hurto y para realizarlo llevan  armas,  “están  creando un riesgo desaprobado que a todos les corresponde por  igual  en  la  medida en que la decisión de incorporar a la tarea delictiva las  armas  es  de  todos  y por lo tanto, de todos también será la responsabilidad  por  los delitos que se cometan por el uso de esas armas en desarrollo del hecho  punible convenido”.   

CONSIDERACIONES  

          La    Sala   no   casará   la   sentencia,   por   las   siguientes  razones:   

          1.  Es claro que a la construcción de la  demanda  le  faltó  la  pureza  propia  de  la  violación  directa  de  la ley  sustantiva,  pues  en  algunos  de  sus apartes la actora quiso problematizar la  asunción   que   de   los  hechos  y  de  la  prueba  hicieran  los  servidores  judiciales.    

          Pero  también  es  fácilmente  perceptible  su  finalidad:  que se  absuelva  al  procesado porque su aparición en el decurso de los hechos no tuvo  nada  que  ver con la tentativa de hurto ni con el homicidio, motivo por el cual  no  pudo  ser  coautor. Por  eso,  agrega,  fue  aplicado indebidamente el artículo 29 del Código Penal del  2000.   

          Es  cierto  que a la elaboración del cargo le faltó vigor. Pero la  idea     de     la     defensora    –coincidente  con  aquello que viene planteando desde cuando impugnó  la acusación- se detecta sin mucho esfuerzo.   

          Por  ello  la  Corte  admitió la demanda y por ello se ocupará del  tema a fondo.   

          2.  La  revisión  del expediente permite  concluir con nitidez lo ocurrido:   

          Cuatro     personas     –Francisco  Betancur  Celis, conocido como  “Milton”  o  “Clinton”;  El  “Chaqueto”; Jhon Fredy y César Augusto  Mendoza  Mendoza-  provenientes  de  Florencia  y  más cercanamente de Armenia,  carecían  de  dinero.  Por ello, y porque dos de ellas portaban armas de fuego,  acordaron  “atracar”  un  taxi.  Pidieron  una  carrera  al conducido por el  señor  Madrid Álvarez, y avanzado un terreno, en un sector boscoso, le dijeron  que  les  entregara la plata que llevara. Como no se logró, uno de los tres que  se  habían  acomodado  atrás  le  disparó,  el vehículo perdió su ruta, los  cuatro  ocupantes de inmediato se apearon y otro abrió fuego a la parte trasera  del    automotor.    Cada    uno    se    fue    por    su   lado   –se  “abrieron”- y, posteriormente,  dos de ellos fueron aprehendidos por la policía.   

          3.  Las  dos  sentencias, que constituyen  una  porque  la  de  primer  grado  fue  totalmente ratificada por la de segunda  instancia  en  cuanto  a la total responsabilidad del sindicado, fueron expresas  dogmática y probatoriamente sobre el punto. Véase:   

          a)  La  Señora  Juez 4ª. Penal del Circuito de Pereira, en estudio  muy detallado y correspondiente a las fojas judiciales, escribió:   

          “…si  LUIS  FRANCISCO  optó por abordar el taxi, después  de  conocer las intenciones delictivas de los otros tres sujetos y nada hizo por  evitar  tales hechos fue porque consintió en su realización, porque hubo en su  conducta  algo que los motivó a hacerlo y los resultados están demostrando que  no  se  ha  equivocado la señora Fiscal, para llegar a la conclusión de que si  bien  su  participación  no  fue activa o lo que es lo mismo decir, agrega este  despacho,  siguiendo la orientación de la doctrina Carrariana, si hubo de parte  de  él  ´concurrencia  de  voluntad  sin concurrencia de acción´, no podemos  afirmar  válidamente  que  es ajeno al delito, estando demostrado el propósito  que  guió  su  actuar,  su  voluntad  manifiesta  de efectuar todo el recorrido  criminal  hasta  su concreción por parte de sus tres compañeros de viaje, pues  su  pretensa  huida  y  las  manifestaciones posteriores a él contribuyen a esa  demostración…  La  voluntad  de  actuar del procesado es manifiesta y sirvió  para  dar  impulso  a  los  delitos,  fuera de que como se anunció conocía las  circunstancias     materiales    de    su    realización    que    le    fueron  comunicadas”.   

          Y    señaló    la   prueba   que   comprometía   a   Betancur Celis:   

          . Los cuatro venían de Florencia.   

          .  No  tenían  dinero,  portaban  dos  armas  de fuego y decidieron  atracar un taxista.   

          .  Los  cuatro  consintieron  sobre  aquello que pudiera suceder, es  decir, participaron de principio a fin en lo mismo.   

          .  Luego de disparar, se bajaron y “se abrieron” en búsqueda de  fuga.   

          .  En la audiencia pública declararon los agentes Valencia Torres e  Ico    Medina,    quienes    ratificaron   su   informe   inicial   –del  29  de  junio del 2000- en cuanto  los  dos  aprehendidos  habían  narrado lo ocurrido: “Milton” dijo lo mismo  que el otro: como no tenían dinero, decidieron atracar un taxista.   

          .  Y  la  prueba indiciaria: su presencia en el lugar de los hechos;  no  haber  protestado a sus compañeros por aquello que harían; la huida; y las  manifestaciones    extraprocesales   que   hiciera   a   los   agentes   de   la  policía.   

          b)  Por  su  parte, el Ad quem expresó:   

         “En  el caso subjudice el fin primordial de los implicados era el  apoderamiento  del dinero que llevaba consigo el conductor del vehículo. En esa  tarea   debían   cumplirse   varias   funciones  como  el  amedrantamiento,  la  intimidación,  la  misma  apropiación  de  la  plata,  la  vigilancia  de  las  reacciones   de  la  víctima u otras personas que de manera circunstancial  lleguen al área, y la huida con el propósito del ilícito”.   

         “LUIS  FRANCISCO  BETANCURT CELIS lo sabía, y aún así decidió  formar  parte  del  grupo  de  delincuentes.  Por  ello  puede pregonarse que su  actuación    fue    la    de    un    coautor    y   no   la   de   un   simple  cómplice…”.   

         “Es  que  el hecho de saber que en para la realización del hecho  se  llevarían  armas  de  fuego llevaba implícita la inferencia de su función  era  la de utilizarlas en el evento de que la víctima opusiera resistencia, con  peligro para su integridad física e inclusive su propia vida”.   

         “Al  procesado  no le importó, pues a sabiendas de ello decidió  hacer parte del grupo de facinerosos”.   

         “…  se  avizora  que  su intención, desde que decidió con los  demás  compañeros  parar  un  taxi, y pedirle a su conductor que los llevara a  Mundo  Nuevo,  para  allí, con el uso de sus pistolas, apoderarse de su dinero,  era  el  de  matarlo,  si  era necesario, con tal de consumar el hecho punible o  asegurar su impunidad”.   

         Y  también  examinó la prueba para condenar: la misma atendida por  el  A  quo, y especialmente  los  dichos  de  los  procesados,  así  como  los  indicios de huida, mentira y  oportunidad.   Pero,   de  otra  parte,  añadió  las  falacias  expuestas  por  Betancur   Celis:  con  el  ánimo  de  desvincularse  de sus compañeros, dijo que venía de Santo Domingo,  cuando  se  sabe  que  provenía de Los Llanos; su afirmación de que se hallaba  ebrio,   como  para  hacer  pensar  en  que  subió  al  taxi  sin  conocer  las  pretensiones   de   sus  amigos,  aseveración  desvirtuada  por  la  prueba  de  alcoholemia,  de  acuerdo  con  la cual el resultado fue negativo; la narración  que  hiciera  a  su tío en el sentido de que había sido obligado a ascender al  automotor, mientras de toda la prueba emana que no es cierto.   

         Como   se  ve,  para  la  judicatura  fue  claro  el  compromiso  de  Betancur Celis en los hechos  delictivos,   a   título   de   coautor.   

         4.  Para  la época en que sucedieron los  hechos,  regía  el  Código  Penal  de 1980, que preveía en su artículo 23 la  autoría  y,  desde  luego,  la coautoría, con estas palabras:   

         “El   que   realice  el  hecho  punible  o  determine  a  otro  a  realizarlo,  incurrirá  en  la pena prevista para la infracción”.   

        Sobre  el  punto, y en relación con ese código, la Corte ha tenido  muchas   oportunidades  de  pronunciarse.  Así,  por  ejemplo,  ha  dicho  que:   

         .  Son  coautores  quienes  a  pesar  de  haber  desempeñado  funciones  que  por  sí  mismas  no  configuran   delito,   actúan   como   copartícipes  en  una  empresa  común,  comprensiva  de  uno  o  varios  hechos  (9 de septiembre de 1980, M. P. Alfonso  Reyes Echandía).   

         .  Cuando varias personas ejecutan mancomunadamente el hecho punible  reciben    el    nombre   de   coautoras,  caso  en  el  cual  existe pluralidad de autores (11 de agosto de  1981, mismo ponente).   

         .  La  “complicidad  necesaria” no existe en el Código Penal de  1980  pero  ahora  equivale  a  autoría  (2  de  febrero  de  1983, M. P. Fabio  Calderón Botero).   

         .  Cuando  varias  personas  proceden  en  una empresa criminal, con  consciente  y voluntaria división del trabajo para la producción del resultado  típico,  todos  los  partícipes tienen la calidad de autores, así su conducta  vista  en  forma  aislada  no  permita  una subsunción en el tipo, porque todos  están  unidos  en  el  criminal  designio y actúan con conocimiento y voluntad  para  la producción del resultado comúnmente querido o, por lo menos, aceptado  como   probable   (28   de   febrero   de   1985,  M.  P.  Luis  Enrique  Aldana  Rozo).   

         .  Si  a  una  empresa criminal los intervinientes concurren armados  porque  presumen  que se les puede oponer resistencia o porque quieren intimidar  con  el  uso  de  las  armas  y como consecuencia de ello se producen lesiones u  homicidio,    todos    son    coautores  del  hurto  y de los atentados contra la  vida,  aun  cuando  no todos hayan llevado o utilizado  armas,  pues  han  participado  en  el común designio, del cual podrían surgir  esos  resultados  que,  desde  luego, han sido aceptados como probables desde el  momento  mismo  en  que  se actúa en una empresa de la cual aquellos se podían  derivar (ibídem).   

         .  Si todas las personas toman parte en la  ejecución  del  hecho  típico, responden a título de  coautoras (16 de septiembre  de 1992, M. P. Juan Manuel Torres Fresneda), etc.   

         Y  estas  palabras, así como otras de la Sala en torno al tema, que  no  han sido modificadas, fueron retomadas y resumidas de la siguiente forma por  la  Corte,  en  casación  del  12  de  septiembre  del 2002, dentro del proceso  radicado con el número 17.403:   

        ”Desde   la   expedición  del  Decreto  100  de  1980,   la  jurisprudencia  de  la Sala, de manera pacífica, dejó sentado que cuando en la  ejecución  de los tipos penales previstos en su Parte Especial intervenía más  de  una persona, era necesario acudir a los “amplificadores” relacionados en  la  General. Ello, por cuanto para imputar al sindicado la condición de autor o  cómplice  no  resultaba  indispensable  que tomara parte en la totalidad de las  fases  de  preparación o ejecución del delito, sino que era suficiente con que  existiendo  unidad  de  propósito  participara  en cualquiera de las etapas del  recorrido  criminal,  de lo cual surgía si se trataba de un colaborador o de un  autor,  condición  última  que,  a  la vez, podía ser cargada no sólo al que  cumpliera  el  acto  material, sino a quien por tener tanta responsabilidad como  éste, resultaba ser un coautor”.   

        “3…   el  concepto  de  coautor  no  constituye  una  creación  jurisprudencial,  porque si a voces del diccionario, por tal se debe entender al  “Autor  o autora con otro u otros”, es incuestionable que no se trata de una  invención,  ni  de  que la Sala legislara, porque, en ultimas, el coautor es un  autor,  sólo  que  lleva a cabo el hecho en compañía de otros. Así, es claro  que  no  hubo  omisión  legislativa  alguna  y que el artículo 23 del Estatuto  Penal  de  1980  previó, dentro del concepto de autoría, la realización de la  conducta  por  parte de una o varias personas. El sentido natural y obvio de las  palabras  no  tornaba  indispensable  que  en  la  disposición  se incluyera la  definición   de   coautor,   cuando  quiera  que  es  una  variable  de  la  de  autor”.   

        “La  Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia ha sido concreta,  explícita  y reiterada sobre el punto. Así, por ejemplo, en decisión del 9 de  septiembre de 1980, expresó:”   

        “´El  fenómeno  de la coparticipación criminal, entendido como  realización  conjunta del hecho punible, comprende la intervención de autores,  coautores   y   cómplices…Son   coautores   aquellos   autores  materiales  o  intelectuales  que  conjuntamente realizan un mismo hecho punible, ya sea porque  cada  uno  de  ellos  ejecuta  simultáneamente  con  los  otros o con inmediata  sucesividad  idéntica  conducta  típica  (Pedro,  Juan  y  Diego  hacen sendos  disparos  de  revólver  sobre  Juan  y lo matan), ora  porque  realizan  una  misma  y  compleja  operación delictiva con división de  trabajo,  de  tal  manera  que cada uno de ellos ejecuta una parte diversa de la  empresa común´”.   

        “´…serán  coautores  quienes  a  pesar  de haber desempeñado  funciones  que  por  sí  mismas  no  configuren  el  delito,  han  actuado como  copartícipes  de  una  empresa común –comprensiva  de  uno  o  varios  hechos- que, por lo mismo, a todos  pertenece  como  conjuntamente  suya” (M. P. Alfonso  Reyes Echandía) (resalta la Sala, ahora)´”.   

        “Esta  posición  de  la Corporación, expresada cuando comenzaba  la  vigencia  del  Código  Penal de 1980, ha sido mantenida y repetida en forma  unánime.  Con  el  tiempo, al primer supuesto (Pedro, Juan y Diego hacen sendos  disparos   de   revólver  sobre  un  tercero  y  lo  matan),  se  lo  denominó  “coautoría  propia”,  en tanto que al segundo (los agentes activos realizan  una  misma  actividad ilícita con reparto de tareas) se lo llamó “coautoría  impropia”,  en  atención  a  que  cada  cual  actúa  por su lado, pero todos  colaboran  con  los  demás  en el propósito común. Por esta circunstancia, se  hacía,   y   hace,   referencia  a  la  “división  funcional  de  trabajo”  (Confrontar,  por  ejemplo, la sentencia del 11 de mayo de 1994, radicado 8.513,  M. P. Guillermo Duque Ruiz)”.   

        “El  criterio no varió. Por el contrario, se insistió en que el  mismo,  a  pesar  de  la  redacción  del  artículo 23 del Decreto 100 de 1980,  estaba  incluido  dentro  de  la definición de autor. Y la descripción expresa  que  de  coautores  introdujo  el  inciso  segundo  del  artículo 29 del actual  Estatuto  represor  (Ley  599 de 2000) no permite la interpretación que intenta  la  defensa,  pues  si  la  acepción  de  coejecutores  parte y se apoya en una  pluralidad   de  autores,  el  concepto  ya  quedaba  contenido  en  la  primera  disposición”.   

        “Y  precisamente  con  recientes  palabras  de  la Corte se puede  responder a la principal preocupación del casacionista”.   

        “Dijo  la  Sala  el  11  de  julio  de  2002,  dentro del proceso  radicado con el número 11.862:”   

        “No  se  puede  ´dejar  de recordar que los actuales desarrollos  dogmáticos  y  jurisprudenciales se orientan por reconocer como característica  de   la   denominada   coautoría   impropia,   que  cada  uno  de  los  sujetos  intervinientes  en  el  hecho  punible  no  ejecutan integral y materialmente la  conducta  definida  en  el  tipo,  pero  sí  lo  hacen  prestando contribución  objetiva  a  la  consecución  del  resultado  común  en la que cada cual tiene  dominio  funcional  del  hecho  con  división  de  trabajo,  cumpliendo acuerdo  expreso  o  tácito,  y  previo  o concurrente a la comisión del hecho, sin que  para   la   atribución   de  responsabilidad  resulte  indispensable  que  cada  interviniente  lleve  a  cabo  o  ejecute  la  totalidad  del  supuesto fáctico  contenido  en  el  tipo  o  que  sólo  deba responder por el aporte realizado y  desconectado  del  plan  común,  pues  en  tal  caso, una teoría de naturaleza  objetivo  formal,  por  ende, excesivamente restrictiva, sin duda muy respetuosa  del  denominado  principio  de legalidad estricto, no logra explicar la autoría  mediata  ni  la  coautoría,  como  fenómenos  expresamente  reconocidos  en el  derecho  positivo  actual (art. 29 de la ley 599 de 2000), los cuales a pesar de  no  haber  sido normativamente previstos en la anterior codificación, no pueden  dar  lugar  a  entender  que no fueron objeto de consideración o que el sistema  construyó  un concepto de autor distinto del dogmáticamente establecido” (M.  P. Fernando Arboleda Ripoll)´”.   

         En  estas  decisiones  la  Corte  no  ha  hecho más que reiterar el  espíritu  de los juristas que confeccionaron el código mencionado, pues éstos  tuvieron  en  cuenta que siempre ha existido la preocupación por distinguir los  autores  –y coautores- de  los   cómplices.   Basta  recordar  algunas  de  las  frases  de  la  Relación  Explicativa del Proyecto que luego fuera ese código:   

        “El  capítulo  tercero  trata  lo  relativo  a la participación  criminal.  El  artículo…  define  los autores en forma clara, y en esta norma  quedan  incluidos,  desde  luego,  los  que  en  el código vigente (el de 1936,  agrega  la  Corte) se denominan ´cómplices necesarios´, puesto que si prestan  al  autor  una  ayuda  o  colaboración  sin la cual el delito no habría podido  cometerse…no  queda  duda  alguna  de  que  realizan  una  parte del tipo, una  fracción   del   hecho   punible,   y   son,   por  consiguiente,  coautores,          puesto    que    tomaron   parte   en   la   fase   ejecutiva   del  delito  (cursivas  de  la  Sala). De igual manera, se  incluyen  en  la norma los instigadores o determinadores para regular en el art.  24  (Cómplices, precisa la  Sala)  la  colaboración  que  se  realiza  en  otras  fases  menos  importantes  causalmente del proceso delictual”.   

         Es  claro,  entonces,  que  desde  hace  tiempos se tiene que si una  persona  actúa  en comunidad dentro de la ejecución  del         hecho,        es        coautora  y  no cómplice. Y que no puede  quedar exenta de responsabilidad.   

             Si    Betancur    Celis  formó  parte del grupo que cerebró y cometió los hechos; si con  las  otras  tres  personas  abordó el taxi; si dos de ellas portaban armas y el  procesado  lo  sabía;  si  estando allí, fusionado con los otros, el conductor  fue  asaltado  y  luego  víctima de disparos; si luego de abrir fuego huyó del  lugar,  como  los  otros,  no hay duda que intervino en la ideación del delito,  participó  en su ejecución  y quiso sustraerse a la persecución policial.   

         A  la  luz  del  estatuto penal anterior, entonces, fue coautor,  así  no hubiera accionado arma  alguna contra la integridad vital del señor Madrid Álvarez.   

         5. Se ha querido decir por la defensa que  superado  el  Código Penal de 1980 e iniciada la vigencia del Código Penal del  2000,  la  conclusión  es  clara  en cuanto el procesado no incurrió en delito  alguno.  Y  sin  mayor  explicación  menciona  el  artículo 29 de este último  estatuto.   

         Si  se  tiene  en cuenta que tanto la sentencia de primera instancia  como  la  de  segundo grado fueron proferidas bajo la vigencia del Código Penal  del    2000,    importa    precisar    la    situación   de   la   coautoría   en   este  nuevo  estatuto.  Dígase:   

         a)  En la exposición de motivos que el Fiscal General de la Nación  acompañó  al  Proyecto de ley por el cual se quería expedir el Código Penal,  sobre el punto se lee:   

         “Se   denomina  como  coparticipación  a  todas  las  formas  de  intervención  plúrima  en  el  delito.  Se  consagra  expresamente la autoría  mediata  y  la  coautoría  material  impropia  como modo de fortalecimiento del  principio  de  legalidad.  Se  precisa  que  la determinación y complicidad son  formas     de     la    figura    de    responsabilidad    accesoria    de    la  participación”.   

         En  ese  proyecto, ya en la propuesta de articulado, el tema aparece  regulado así:   

         “Artículo                    28.                    Copartícipes.  Son  copartícipes  los  coautores y partícipes”.   

        “Artículo   29.   Autores.  Es  autor  quien  realice   la  conducta  por  sí  mismo o  utilizando  a  otro  como  instrumento.  También  hay  autoría en los casos de  división del trabajo criminal”.   

        “El  autor  incurrirá  en  la  pena  prevista  para  la conducta  punible”.   

         

         Hasta  aquí,  ninguna  novedad.  Simplemente  se  especificó en la  última  parte del inciso 1º. del artículo 29 aquello que la jurisprudencia ya  había  sentado: la coautoría cuando hay repartición  de  funciones  entre  los  varios  conformantes  del grupo delictual.  Y  se usó la terminología que de la jurisprudencia no gustaba a  la    actora:    “se    consagra    expresamente…la    coautoría   material  impropia…”.   

         El proyecto, en lo pertinente, siguió igual.   

         b)  Ya  en la Cámara de Representantes,  elaborada   la  ponencia  para  primer  debate,  fue  presentado  un  pliego  de  modificaciones,  tal  como  se  lee en la Gaceta del Congreso No. 432, del 11 de  noviembre de 1999. Allí se observan estas explicaciones:   

         “Se  da  un  importante  avance  en  cuanto al tratamiento de los  fenómenos  de  la  participación  y  autoría,  aclarándose  aspectos que hoy  resultan  oscuros  y  por  tanto han sido duramente cuestionados. Se consagra la  figura del actuar por otro”.   

         “…      se     reemplaza     la     expresión     coautores   por   la   de  autores   porque se le ha empleado,  evidentemente,  de  forma  antitécnica: la coautoría es una de las modalidades  de autoría…”.   

         “Artículo   29.   Autores.  Es autor quien realice la conducta punible  por sí mismo o  utilizando a otro como instrumento”.   

         “Son  coautores  los que, mediando un acuerdo común, actúan con  división    del    trabajo   criminal   atendiendo   a   la   importancia   del  aporte”.   

         “En  el  inciso  primero  se  ubican  la  autoría  y la autoría  mediata;  seguidamente en la coautoría, tratada en el inciso 2º, alude tanto a  su  requisito  objetivo  como  al subjetivo, para evitar las críticas que se le  han  formulado  al  Proyecto  en  el  sentido  de que da cabida a la mal llamada  ´coautoría impropia´”.   

         “La  calificación  de  autor,  como  debe ser, queda sujeta a la  importancia  del  aporte,  puesto  que,  de  lo contrario, se equipararía con la complicidad. Se obliga en  estas    condiciones    al   funcionario   judicial   a   exponer   razonadamente  los  criterios  por  los  cuales    se    impone    una    determinada    consideración”   (cursivas de la Sala).   

         Y  así  prosiguió  el  articulado, sin variación alguna, hasta la  expedición del nuevo estatuto.   

         De  la historia reciente del fenómeno, se desprenden las siguientes  conclusiones:   

.        La        coautoría  es  una forma de autoría.   

         .  Para  que exista coautoría   se   requieren  tres  elementos:  acuerdo  común,  división  de  funciones    y    trascendencia   del   aporte   durante   la   ejecución   del  ilícito.   

         .      Para     la     determinación     de     la     coautoría  es menester analizar tanto lo  objetivo    como    lo  subjetivo  de la injerencia  de la persona en el hecho.   

         

         .   Como  según  la  importancia  del  aporte  se  distingue  entre  coautor   y  cómplice,  el  funcionario judicial debe  hacer  el  estudio  correspondiente  frente  al  caso  concreto  y  razonadamente      sustentar      su  decisión.   

         c)  De  la  lectura  del  artículo 29.2, como quedó finalmente, se  desprenden,   es   obvio,  los  mismos  requisitos:  para  afirmar  coautoría  se  necesitan acuerdo común,  división del trabajo y observación del peso del aporte.   

         Acuerdo     significa     conformidad,  asentimiento, reflexión y madurez de determinación.   

         División   quiere   decir  separación,  repartición.   

         Aportar,   derivado   de   “puerto”,  equivale  a  llegar  o  presentarse  a  un  lugar,  hacer  algo en pro de un fin  común.   

         d)   Las   anteriores  exigencias  coinciden  con  las  generalmente  adosadas,  antes  y ahora, a la coautoría,  vale  decir, acuerdo y decisión plural; sentimiento de actuar en  una  obra propia inserta en una labor global, común; comportamiento signado por  esa  directriz,  o  co-dominio del hecho; y aporte de algo importante durante la  ejecución   del   delito,   todo   ello,   desde   luego,  mirado  objetiva       y       subjetivamente.   

         Observado  el  fenómeno  de otra forma, para hablar de coautoría   son   indispensables   dos  exigencias,  una  subjetiva y  una objetiva.   

         El     aspecto    subjetivo     de    la    coautoría significa que:   

         Uno.  Los comuneros se pongan de acuerdo,  planifiquen   la   comisión   del   ilícito   y,   de   consuno,  decidan       su       perpetración.   

         Dos.   Cada  uno  de  los  comprometidos  sienta que formando parte de  una  colectividad con un propósito definido, el hecho  es     suyo,     pero     incluido     dentro  de  una  obra  mayor,  global, es  decir,  perteneciente,  imbricada,  realizada por todos los concurrentes o,  dicho     con     otras     palabras,     la     persona    debe    sentir  que cumple tareas en interdependencia funcional.   

         La  fase objetiva  comprende:   

         Uno.  El  co-dominio funcional del hecho,  entendiendo  por  tal que los varios individuos, sin sometimiento, dependencia o  subordinación  de  uno o unos de ellos a otro u otros de ellos, se dirijan a la  misma   finalidad  con  un  comportamiento  esencial,  mirado     no     en     términos     absolutos      sino      relativos.   

         Por   conducta   esencial   se  debe  entender,  primero,  que  sin ella es imposible cometer el  hecho;  o,  segundo,  que si una de las personas se opone o entra en divergencia  con  las  otras,  pueda  hacer  fracasar  el  plan,  molestarlo o variarlo en su  desarrollo;  o, tercero, que la intrusión de las personas no debe ser meramente  casual, accidental o secundaria.   

         Dos.   Aporte  significativo      durante     la     ejecución    del   hecho,   es   decir,  prestación  de  algo  trascendente  para  su comisión, servicio importante que  cada uno de los concurrentes presta a la gesta delictiva.   

         Esa   contribución   común   en   pro  del  mismo  fin  puede  ser  material    o    moral  –“espiritual”-,  por  ejemplo  cuando, en esta última hipótesis, la presencia definida de uno de los  comuneros  refuerza  o  estimula  el  cumplimiento  del plan trazado, presiona y  multiplica  las  energías  de los otros, apoya al resto, reduce las defensas de  la  víctima,  aumenta  la  intimidación  padecida  por  ésta,  incrementa  la  agresividad  de  los  otros autores o comporta una mayor seguridad para estos en  cuanto,  vgr.,  la  cantidad de sujetos intensifica el amedrantamiento que sufre  la persona objeto de la acción, etc.   

         Y  el  aporte  durante  la  ejecución del  hecho  quiere  decir  que  la  prestación que hace la  persona  debe  ocurrir,  total o parcialmente, entre el momento en que se inicia  la  realización  del  verbo rector que guía la conducta criminal y el logro de  la  consumación.  De  esta manera, el comportamiento frente a la pura ideación  delictiva   o   a   los   actos   preparatorios,   no   constituye  coautoría,    como    tampoco   aquél  subsiguiente  a  la  consumación  o  al último acto en materia de tentativa de  delito.   

         

         De regreso a las comparaciones:   

         Como  informa  el  expediente,  cuatro  personas que venían de otro  sitio,  dos  de ellas portadoras de armas de fuego, apoyadas en que carecían de  dinero,    convinieron,  en  igualdad de condiciones,  “atracar”  a  un  taxista, sin reparos  por  parte  de  ninguna  de  ellas. Hicieron el pare, abordaron el  automotor  y  adelante, en consenso, exigieron numerario al chofer. Como este no  accedió,   dos  de  los  ocupantes,  sin  oposición  alguna,  total  o parcial, de  los otros, hicieron  fuego    contra    él    y    de    inmediato   los  cuatro  descendieron  del  automotor  y  separándose,  de   común   acuerdo  “abriéndose”,     todos  emprendieron    la    huida,    no    sin    que   antes   otro   disparara   al  automóvil.   

         Como  se  establece,  la  relación  de  los  requisitos  legales en  materia  de coautoría con el  comportamiento  de  los  agresores  y,  concretamente  con  el  de  Betancur  Celis,  permite  arribar  a una  conclusión       indefectible:      este      obró      como      coautor.   

         Por  eso  tiene  toda  la  razón  el  Tribunal  cuando,  repítese,  afirma:   

         “En  el caso subjudice el fin primordial de los implicados era el  apoderamiento  del dinero que llevaba consigo el conductor del vehículo. En esa  tarea   debían   cumplirse   varias   funciones  como  el  amedrantamiento,  la  intimidación,  la  misma  apropiación  de  la  plata,  la  vigilancia  de  las  reacciones   de  la  víctima u otras personas que de manera circunstancial  lleguen al área, y la huida con el propósito del ilícito”.   

         Esta  transcripción  se  reitera  para  demostrar  cómo, aparte de  otras  manifestaciones,  el Tribunal analizó correctamente la situación que le  enseñaba  el expediente. Y cómo, razonadamente, concluyó que el procesado era  coautor.   

         De      la     complicidad   en  el  caso  concreto,  para  distinguirla  de  la  coautoría,  no se ocupa la Sala, primero  porque       reafirma       que       se       trata       de       coautoría;   y,   segundo,   porque  la  casacionista   no   dirigió   hacia   allí   el   reparo.  Simplemente  pidió  absolución.   

         Con  base  en  lo  expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         

         No casar la sentencia impugnada.   

Notifíquese y cúmplase.  

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE   

Salvamento  parcial  de  voto                                                     

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO            ÉDGAR   LOMBANA  TRUJILLO                        

Comisión de servicio  

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN             MARINA      PULIDO     DE  BARÓN                          

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS            MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

       TERESA  RUIZ  NÚÑEZ   

       Secretaria     

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