18896(21-01-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18896  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 05  

          Bogotá,   D.  C.,  veintiuno  (21)  de  enero  del  dos  mil  tres  (2003).   

VISTOS  

Superados  los  inconvenientes señalados en  oportunidades  anteriores,  la  Sala se pronuncia sobre el recurso de apelación  interpuesto  por  la  Fiscal  Cuarta  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  en contra del auto del 8 de noviembre de 2000, por medio del cual  esta  Corporación dispuso la ruptura de la unidad del proceso seguido en contra  de  los  doctores  Magaly Reales Alarcón     y     Álvaro    Enrique    López  Rivera, para que allí se siguiera el juicio contra la  primera,  enviando  copias  a  los  jueces  del circuito para que adelantaran el  relacionado con el último.   

ANTECEDENTES   

          1.  El  señor  Manuel  José  Beleño  Gómez  se  constituyó  en parte civil dentro de un proceso que  cursaba  en  la  Fiscalía  54  Seccional de Barranquilla, a cargo de la doctora  Magaly      Reales  Alarcón. A partir del 1° de  diciembre    de    1999,    su   apoderado,   el   abogado   Álvaro Enrique López Rivera,  le  insistió  en  que, para que resolviera en  forma  rápida  el  expediente,  era  necesario “ligar” a la funcionaria con  $350.000,  de  los  cuales  $50.000  serían  para su técnico, Bertha Puello de  Marrugo.  El  señor  Beleño  Gómez  acudía al despacho judicial y la doctora  Magaly le respondía que le dijera al abogado “que se  haga ver”.   

En horas de la tarde del  día  22,  se reunieron el profesional y la fiscal y, tras una requisa, en poder  de  los  dos  se  encontraron los billetes que previamente Beleño Gómez había  dado al primero.   

          2.  La  investigación  que  se  inició  con  base  en esos hechos,  culminó  con  el  calificatorio  del 23 de junio de 2000, por medio del cual la  Fiscalía  Cuarta  Delegada  ante el Tribunal acusó a los doctores Magaly  Reales  Alarcón, como responsable  de   los   delitos   de   concusión   y   cohecho   impropio,   y  Álvaro  Enrique  López  Rivera por el de  cohecho  por  dar  u  ofrecer.  La  decisión  fue apelada y confirmada, el 8 de  septiembre  siguiente,  por  la  Fiscalía  Delegada  ante  la  Corte Suprema de  Justicia,   que   la   modificó   para   imputar   a  la  doctora  Reales  Alarcón  únicamente el cargo de  concusión.   

          3.  Luego  de que el Magistrado Ponente aprehendiera el conocimiento  de  la  causa  -31  de  octubre  de  2000-,  el 8 de noviembre siguiente la Sala  dispuso  la  ruptura de la unidad procesal, con el argumento de que sólo tenía  competencia  para  juzgar a la fiscal sindicada, dado su fuero legal, no así al  abogado que carecía del mismo.   

          4.  La  Fiscal Cuarta Delegada ante la Corporación interpuso, el 20  de  noviembre, recurso principal de reposición y subsidiario de apelación, con  la  pretensión de que el juicio prosiguiera bajo una misma cuerda, toda vez que  ninguno  de  los  acusados  gozaba  de  franquicia  constitucional,  única  que  permitía   la   ruptura,   no   cuando   la  misma,  como  en  este  caso,  era  legal.   

5.  Por  auto  del  11  de julio de 2002, el  Tribunal  negó  el  recurso horizontal y concedió la alzada. Explicó que, con  independencia  de si había errado o no en la decisión impugnada, lo cierto era  que  el  artículo  92  de  la  Ley  600  de 2000 convalidaba la situación pues  incluía  como  causal  para  escindir  los  juicios  el  evento  del privilegio  legal.   

6.  En  su  condición de no recurrentes, el  doctor  López  Rivera y su  defensor  se  pronunciaron por la confirmación del auto e invocaron de la Corte  la  cesación  de  procedimiento  en  favor  del  primero,  o la declaratoria de  nulidad.   

CONSIDERACIONES  

          1.  Para  el  mes  de  noviembre  de  2000,  cuando  se profirió la  providencia  impugnada,  regía  el  Decreto 2.700 de 1991. El numeral 2° de su  artículo  71, modificado por el artículo 4° de la Ley 504 de 1999, adjudicaba  a  las  salas  penales  de decisión de los Tribunales Superiores de Distrito el  conocimiento   de   las  causas  “que  se  sigan  a  los  jueces  penales  del  circuito…,  a  los  fiscales  delegados  ante  los  juzgados…por delitos que  cometan por razón de sus funciones”.   

          Si   el   hecho   que   originó  la  acusación  contra  la  Fiscal  Magaly  Reales  Alarcón se  basaba  en  que había solicitado dinero para agilizar un trámite sometido a su  estudio  y  decisión,  no queda duda de que su conducta se ubicaba dentro de la  norma transcrita.   

          2.    Como    la   imputación   hecha   al   abogado   Álvaro  Enrique López Rivera se concreta  en  que  fue  quien  ofreció y entregó el dinero a la funcionaria, es evidente  que  su  situación  se  encuentra  vinculada,  de manera indivisible, con la de  aquella,  según  se  acepta  en  el  proceso  y  no  se discute en la decisión  recurrida  ni en la apelación. Esta circunstancia obligaba a que la conducta de  los  dos  se  investigara  y  resolviera  de manera conjunta. De no ser así, el  delito  de  cohecho  de  que  se  sindica al profesional correspondería al juez  penal  del circuito. La conexidad existente exigía un solo fallo, como ordenaba  el  artículo 89 procesal (de 1991), modificado por el artículo 13 de la Ley 81  de  1993,  y  el  conocimiento era atribuido al juez de mayor jerarquía, que lo  era el Tribunal Superior.   

          3.  La  ruptura  de  la  unidad  establecida  en  el numeral 1° del  artículo  90  del  estatuto  procesal  (14  de  la  Ley 81 de 1993), se hallaba  prevista  para  “Cuando  en  la  comisión  del  hecho  punible intervenga una  persona  para  cuyo  juzgamiento  exista  un  fuero  constitucional que implique  cambio  de  competencia”.  El  mandato,  es  claro, hacía referencia a que el  privilegio  del juez especial derivara de la Carta Política, no de la ley, y la  Constitución  no  establece reglas para el juzgamiento de fiscales y jueces del  circuito.   

          Así,   como  la  exención  del  fallador  común  la  ordenaba  el  artículo  70  procesal, la situación no estructuraba la causal de separación,  en tanto era simplemente legal.   

          4.  Alusiones  tangenciales  respecto  de  que  la  partición de la  investigación  garantizaba  el  derecho  de  defensa  del  abogado investigado,  además  de  la posibilidad de acceder a la casación, no tienen asidero alguno.  Es  claro  que el Tribunal en primera instancia, y la Sala de Casación Penal de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  en  segunda,  están obligados a respetar las  garantías  constitucionales.  Por  otra  parte, dentro de válidos criterios de  política   criminal,   el   legislador   puede   establecer   que   el  recurso  extraordinario  proceda,  no para todos, sino para determinados eventos, además  de  que  su  conocimiento  compete  a  la  misma Corporación que en este evento  fungiría  como  superior  funcional,  con  lo  cual  se  garantizaba  que ésta  revisara el asunto.   

          Eso  sucedía  en vigencia del Decreto 2.700 de 1991, lo que tornaba  imperativo  que  la  situación de la instructora y del abogado investigados por  hechos  conexos,  se resolviera en un solo proceso. Este supuesto implicaría la  revocación   de   la   decisión  impugnada,  en  cuanto  había  dispuesto  la  separación.   

          5.  Acontece,  no obstante, que desde el 25 de julio de 2001 rige la  Ley  600 de 2000, nuevo Código de Procedimiento Penal, que, respecto del asunto  debatido,  varió  el trámite. El artículo 76-2 reprodujo el mandato de que la  competencia  para  conocer  delitos  imputados  a fiscales y jueces del circuito  corresponde a los Tribunales Superiores.   

          6.  Pero  el artículo 92 dispone que “no se conservará la unidad  procesal…1.  Cuando  en  la  comisión  de  la conducta punible intervenga una  persona  para  cuyo juzgamiento exista fuero constitucional o legal que implique  cambio  de  competencia”,  esto  es, adicionó la norma derogada al introducir  dentro  de  la regla de rompimiento la hipótesis que surge cuando el privilegio  de  juez  especial  proviene de la ley, y no sólo de la Carta, como ocurría en  el anterior estatuto.   

          7.  Como  las  normas  de procedimiento son de orden público y, por  tanto,  de  cumplimiento inmediato, se tiene que si en el momento en que se debe  adoptar  esta  decisión,  existe  un  mandato legal que permite el trámite que  ordenó  el  A quo, se impone  su confirmación.   

         

          Por   último,  dígase:  las  peticiones  del  doctor  Álvaro   Enrique   López  Rivera  y  su  defensor  -en  condición de sujetos procesales no recurrentes- orientadas a que  se  disponga la cesación de procedimiento o la nulidad de lo actuado, no pueden  ser  analizadas  por la Sala, por las siguientes razones: a) No fueron motivo de  decisión  ni  de  impugnación,  lo  que  impide que la segunda instancia, cuya  competencia   es   funcional,  decida  aspectos  que  competen  al  A  quo. Hacerlo, vulneraría el postulado  de  la  doble  instancia;  b)  las  partes  que  no  impugnaron  sólo se pueden  pronunciar  coadyuvando  u  oponiéndose  a los argumentos de quien sí lo hizo,  pero  no  para  presentar  solicitudes  nuevas;  c)  la  audiencia  pública  ya  finalizó  y se está pendiente del fallo de primera instancia, que es el que se  debe  ocupar  de  postulaciones  como  las aludidas; y, d) si los no impugnantes  respaldan  la  tesis  de  la  división  de  los juicios y de que, por tanto, la  situación   del   doctor   Álvaro  Enrique  López  Rivera  se  debe decidir en investigación diversa que  adelante  otro  funcionario,  extraña que pidan la adopción de determinaciones  que,    así,    son   de   competencia   exclusiva   y   excluyente   de   otro  juzgador.   

Consecuente  con  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

         

         Confirmar la providencia apelada.   

         Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Comuníquese y cúmplase.  

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN          FERNANDO E.  ARBOLEDA     RIPOLL                      

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS   A.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE       ANÍBAL       GOMEZ  GALLEGO        ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO           

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                  YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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