18646(05-12-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18646  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

APROBADO ACTA No. 153  

         Bogotá, D. C., cinco (05) de diciembre del dos mil dos (2002).   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  de  la demanda de  casación    excepcional   presentada   por   la   defensora   de   WILSON   RAMÍREZ   MONSALVE   contra  la  sentencia  dictada  por  el Tribunal Superior de Armenia el 29 de marzo de 2001.   

ANTECEDENTES   

          Labores  de  inteligencia  realizadas  por  el  Cuerpo  Técnico  de  Investigaciones  de  la  Fiscalía General de la Nación en la ciudad de Armenia  durante  el  mes  de  febrero de 1997, permitieron descubrir la existencia de un  grupo  de  personas  vinculadas  a  la  venta  clandestina del juego de apuestas  conocido   como   chance.   

Concluida  la instrucción, el 14 de abril de  1998  un  fiscal  seccional  de  Armenia  formuló resolución acusatoria por el  delito   de   ejercicio   ilícito   de  actividad  monopolística  de  arbitrio  rentístico,   entre  otros,  contra  WILSON  RAMÍREZ  MONSALVE,  quien  el 15 de enero de 2001 fue condenado  por  el Juzgado 1º. Penal del Circuito de la misma ciudad a la pena de 18 meses  de  prisión  y  multa  por  la  suma  de  $  860.025. equivalente a 15 salarios  mínimos diarios legales.   

          El  fallo,  impugnado  por  el  procesado  y  por  su defensora, fue  confirmado  en  su  integridad  por  el  Tribunal  Superior  de Armenia mediante  sentencia del 29 de marzo de 2001.   

          Dentro  del  término  de  ejecutoria,  la  defensora  interpuso  el  recurso  de  casación  discrecional  –habida  consideración que la cantidad máxima de pena prevista para  ese  ilícito  en el artículo 241A del anterior Código Penal era de 5 años de  prisión- y presentó la demanda correspondiente.   

  LA  DEMANDA   

          Con  invocación  de la causal primera de casación, cuerpo segundo,  la  defensora  del señor RAMÍREZ MONSALVE  le reprocha al Tribunal haber valorado equivocadamente unos medios  de  convicción  que  acreditan  la  licitud  de  la conducta del procesado y la  presencia   de   elementos   eximentes   o   por   lo  menos  atenuantes  de  la  responsabilidad.   

          Sin   ningún   orden  ni  rigor  y  acudiendo  repetidamente  a  la  transcripción  de segmentos de los estudios presentados en las instancias, dice  que  una  llamada  telefónica  que  sólo  demuestra  la calidad de vendedor de  chance  al  servicio  de una empresa legal, Apuestas Ochoa, no puede erigirse en  plena  prueba  para  dictar  sentencia  condenatoria; que no se acreditó que un  talonario    incautado    perteneciera   a   RAMÍREZ  MONSALVE;   que   la   conducta   no  es  típica  ni  antijurídica  ni  culpable;  que  no  se  practicaron  algunas pruebas y que no  existe  consonancia  entre  la  acusación y la sentencia, pues se le convocó a  juicio como cómplice y se le condenó como autor.   

          Todo  lo  anterior, concluye, demuestra la importancia de obtener un  pronunciamiento  de la Corte para que no se condene a un inocente, decisión que  sería  de  relevancia  jurídica  por  las condiciones personales que rodean al  procesado.  Por  eso  solicita,  finalmente,  que  se invalide la sentencia y se  dicte la que justamente deba reemplazarla.   

CONSIDERACIONES   

          Cuando  se  trata  de  la  casación  discrecional, el demandante no  sólo  debe  elaborar  un  estudio  que  cumpla  todos  los requisitos generales  exigidos  por  el  estatuto  procesal  –la  identificación  de  los  sujetos  procesales  y de la sentencia  demandada,  una  síntesis  de  los  hechos  materia  de  juzgamiento  y  de  la  actuación  procesal  y la enunciación de la causal y la formulación del cargo  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas que el  demandante  estime  infringidas, como lo disponía el artículo 225 del anterior  Código  de  Procedimiento Penal y también lo hace ahora el artículo 212 de la  Ley  600  de  2000-  sino  que,  además, debe cumplir la carga que le impone la  circunstancia  de  tratarse  de  un recurso cuya procedencia determina la propia  Corte  “cuando  lo considere necesario para el desarrollo de la jurisprudencia  o  la  garantía  de  los  derechos fundamentales”, según la clara preceptiva  contenida  en  el  inciso final del artículo 218 del estatuto derogado, 205 del  actual.   

          En   estos   eventos,  como  lo  ha  recalcado  la  Sala1,    “es  imperioso   para   el   actor   precisar    clara   y  nítidamente los motivos por  los  cuales  ésta  debe  intervenir,  bien con el fin de lograr el desarrollo    de    la    jurisprudencia  –por ejemplo, propiciando  un   pronunciamiento   respecto   de  determinado  tópico  jurídico,  buscando  unificación  de  posiciones,  abordando  un tema aun no elaborado o proponiendo  actualización   de   la   doctrina-,  bien  para  resguardar  los  derechos  fundamentales.  En  la  primera  hipótesis  el  demandante  debe  señalar  con  exactitud  de  qué  manera  la  decisión  pedida  conduce a la doble utilidad de solucionar el asunto analizado  y  de  servir de guía de la actividad judicial. Y en el segundo, le corresponde  esencialmente  sustentar sus aseveraciones e indicar las normas constitucionales  y/o  legales  que  protegen  el  derecho  invocado, así como la forma en que se  expresa  su  desconocimiento en el fallo recurrido (Cfr., por ejemplo, decisión  del 30 de septiembre de 1999, M. P. Fernando Arboleda Ripoll)”.   

          La  absoluta  desatención  de esta exigencia, que de ninguna manera  podría  entenderse  suplida con la simple afirmación de la impugnante sobre la  importancia  de  la  decisión  “por  las condiciones personales que rodean al  condenado”,  es suficiente para que la Sala inadmita una demanda que, de todas  maneras,  estaría  llamada  al  fracaso  debido  a  los  evidentes  defectos de  técnica  que  registra: no precisa ni suministra los elementos necesarios   para   que  la  Corte  deduzca  la  modalidad  del  yerro  que  le  atribuye  al  Ad quem en la valoración de  la  prueba, es decir, si se trata de un error de hecho o de derecho y la especie  concreta  que  a  él  condujo;  abandona por completo cualquier referencia a la  sentencia  y,  olvidando  que  en la casación se pretende realizar un juicio de  legalidad  a  ella,  se  limita a exponer sus propias apreciaciones acerca de la  prueba;  mezcla  causales  indebidamente, pues empieza invocando la primera pero  concluye  reprochando  la falta de consonancia entre la resolución acusatoria y  el  fallo,  que  debe  atacarse por la vía de la segunda; alude a la violación  del  principio  de  investigación  integral  porque  algunas  pruebas no fueron  practicadas;  reprocha que se hubiera condenado a pesar de tratarse de “hechos  que  no  constituyen  delito”,  pero  a  la  vez  reclama el reconocimiento de  “elementos  eximentes  de  responsabilidad  penal  o  por  lo  menos  frente a  complicidad, atenuante de la responsabilidad”.   

          Reitérase     que,    en    consecuencia,    la    demanda    será  inadmitida.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia   

RESUELVE  

          Inadmitir  la  demanda  de  casación presentada por la defensora de  WILSON  RAMÍREZ  MONSALVE.   

          Contra      esta     decisión     procede     el     recurso     de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                             YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto  del 18 de diciembre de 2001, radicado 17.988.     

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