18580(12-05-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  18580   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 40  

Bogotá, D. C., doce (12) de mayo del dos mil  cuatro (2004).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  si  es procedente admitir la demanda de casación  discrecional    presentada    por    el   defensor   del   doctor   JOSÉ   OVER   DUQUE  MARÍN,  contra  la  sentencia  dictada el 22 de  mayo del 2001 por el Tribunal Superior de Popayán.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

          El  27 de febrero de 1997, el doctor JOSÉ  OVER  DUQUE  MARÍN,  como apoderado del Hospital San  Juan  de  Dios  de  la  ciudad  de  Cali, instauró  demanda  ejecutiva  de  menor cuantía contra la señora  Luz  Stella  Carrillo  de  Valencia, aduciendo como título de recaudo un cheque  por  $  384.000  girado  en  septiembre  de  1996.  No advirtió el abogado, sin  embargo,  que  tres  meses  antes  había  recibido un abono por $ 400.000 de la  señora  Carrillo,  razón  por la cual el 7 de marzo de 1997 el Juzgado Primero  Civil  Municipal  de  Puerto  Tejada  libró  mandamiento  de  pago  por la suma  reclamada  por  el  demandante. De tal hecho apenas dio cuenta el 13 de marzo de  1997,  dos  días  después de haberse notificado aquel auto, motivo que estimó  suficiente  ese  despacho  para  compulsar  copias contra el doctor DUQUE  con el objeto de que se averiguara  si con su comportamiento pudo infringir la ley penal.   

          Adelantada  la  investigación,  el  11  de junio de 1999 un fiscal  seccional  de  Puerto  Tejada  formuló resolución acusatoria contra el abogado  DUQUE  MARÍN  por el delito  de  fraude  procesal,  providencia  que  fue  confirmada el 15 de septiembre del  mismo  año  por  una  fiscal  delegada  ante  el Tribunal Superior de Popayán.   

El  7 de febrero del 2001, el Juzgado Penal  del  Circuito  de  Puerto  Tejada  lo condenó a la pena principal de un año de  prisión  y  a las accesorias de interdicción de derechos y funciones públicas  y  prohibición  del  ejercicio  de  la  profesión  de  abogado,  por  el mismo  término.   La   sentencia,   impugnada   por   el   defensor   de  DUQUE   MARÍN,  fue  confirmada  en  su  integridad  por  el  Tribunal Superior de Popayán mediante fallo del 22 de mayo  del 2001.   

          Contra  esta  decisión  la  defensa  interpuso  en  oportunidad el  recurso    de    casación    excepcional,    apresurándose   el   Ad  quem  a  remitir  el expediente a la  Corte  sin  que  se  surtieran  los traslados de rigor. Por esta razón, la Sala  ordenó  en  auto del 24 de octubre del 2002 devolver el asunto al Tribunal para  que se corrigiera el defecto señalado, como en efecto se hizo.   

LA DEMANDA  

          Al  interponer  el  recurso,  el  defensor  del doctor DUQUE  MARÍN explicó, como motivo por el  cual  la  Corte  debía  revisar  en  sede  de casación la sentencia de segunda  instancia,  que  era  importante  que  la jurisprudencia se pronunciara sobre la  tipicidad  del  fraude  procesal  cuando  estuviera de por medio un error que el  abogado  ha  intentado  subsanar  dentro  del término procesal establecido para  corregir la demanda.   

          En   escrito   posterior,  invocó  como  causal  de  casación  la  violación  directa  de la ley sustancial por indebida aplicación del artículo  182  del  Código  Penal  de  1980,  que  corresponde  al 453 del actual. En ese  sentido,  dijo  que  si  el  procesado  corrigió  oportunamente  la demanda, su  comportamiento  se  ajustó a lo previsto en los artículos 89 y 331 del Código  de  Procedimiento  Civil,  de manera que no pudo tipificarse el delito de fraude  procesal,  como  erróneamente lo sostuvo el Tribunal Superior. Solicita que, en  consecuencia, se case el fallo impugnado.   

CONSIDERACIONES  

          Para  admitir  una demanda de casación discrecional o excepcional,  es  necesario  que  el  recurrente,  además  de   cumplir  las  exigencias  previstas  en el artículo 212 del Código de Procedimiento Penal, persuada a la  Corte  de la necesidad de revisar la sentencia de segunda instancia, bien porque  así  lo  exija  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  ya  porque  se precise  restablecer derechos fundamentales quebrantados con la decisión.   

          Tratándose   del  primer  aspecto,  que  fue  el  aducido  por  el  demandante, ha dicho la Sala que   

          “…  es deber del impugnante indicar si lo pretendido es fijar el  alcance  interpretativo  de alguna disposición, o la unificación de posiciones  disímiles  de  la  Corte,  o  el  pronunciamiento  sobre  un punto concreto que  jurisprudencialmente   no   ha   sido   suficientemente   desarrollado,   o   la  actualización  de  la  doctrina,  al tenor de las nuevas realidades fácticas o  jurídicas;  y,  además,  la incidencia favorable de la pretensión doctrinaria  frente  al  caso  y  la ayuda que prestaría a la actividad judicial, por trazar  derroteros   de   interpretación   con  criterio  de  autoridad”.1   

          En  este  caso,  el recurrente se limitó a decir que el tema de la  reforma  de  la  demanda  civil  frente  al delito de fraude procesal debía ser  precisado  y  desarrollado  por la jurisprudencia, puesto que si no se realizara  ese   examen   se   crearía   un   vacío   que   no  podrá  ser  llenado  por  analogía.   

          Semejante   propuesta  desatiende  las  pautas  que  se  acaban  de  reiterar,  pues no aclara suficientemente cuál es el objetivo que persigue: que  la  Corte  trate  un  tema  que  no  ha  estudiado  en el pasado; que precise la  doctrina   que   ha   construido   sobre   el  particular,  o  que  unifique  la  jurisprudencia  contradictoria  que  ha  expedido.  Tampoco informa cómo, de no  ocuparse  del  asunto,  la Corte “creará un vacío” que no habría forma de  superar.   

          La  naturaleza  rogada  del  recurso,  le  imponía  al  demandante  señalar  con  absoluta  precisión tanto lo que pretendía como el estado de la  jurisprudencia  que  estimaba  indispensable  precisar,  desarrollar o unificar,  tareas que ciertamente no acometió.   

          Y  aunque  esta razón sería suficiente para inadmitir la demanda,  agréguese  que el libelo tampoco cumple los requisitos simplemente formales que  exige el artículo 212 del estatuto procesal.   

          Adviértase,  en  este  sentido,  que  cuando  se  invoca el cuerpo  primero  de  la  causal primera de casación, el demandante no puede discutir la  valoración   de   la  prueba  realizada  por  el  Ad  quem  ni  cuestionar  la  declaración  de los hechos  consignada   en   el   fallo,   pues  toda  su  actividad  debe  estar  dirigida  exclusivamente  a  demostrar  la  equivocación  en que incurrió el Tribunal al  aplicar la normatividad al caso concreto.   

Se  trata, ha dicho la Corte, de un estudio  puramente jurídico de la sentencia, debido a que   

          “…  cualquiera  que sea la modalidad de violación directa de la  ley,  el  yerro  de  los  juzgadores  recae indefectiblemente en forma inmediata  sobre  la  normatividad,  todo lo cual implica un cuestionamiento en un punto de  derecho,  sea  porque  se  deja  de  lado el precepto regulador de la situación  concreta  demostrada,  porque  el hecho se adecua a un precepto estructurado con  supuestos  distintos  a  los  establecidos, o porque se desborda la intelección  propia   de   la   disposición  aplicable  al  caso  concreto…”2.   

          En  el  evento  que  se  examina,  es  claro  que  el  Tribunal  no  reconoció  el  supuesto  fáctico  sobre el que pretende el censor construir la  falta  de  tipicidad  –un  error  en  la  elaboración  de  la  demanda al consignar en las pretensiones el  monto total de la   

deuda-  sino  la  existencia  de  maniobras  engañosas  con las que pretendía recaudar una suma superior a la debida. Así,  la  discusión  no  se  reduce  a lo puramente jurídico, sino que desconoce los  hechos   fijados   por   el   Ad  quem  en  el  fallo,  tema  que  debía cuestionar a través de la causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  por  violación  indirecta  de la ley  sustancial.   

Tan cierto es lo anterior que el censor, en  lugar  de  referirse  a  los  hechos consignados en la sentencia para derivar de  ellos  las  consecuencias jurídicas que reclama, sostuvo insistentemente que el  doctor       DUQUE       MARÍN      “enmendó  su  omisión  o  error”,  “presentó  el  memorial  aclaratorio”  o  expresiones  semejantes que contradicen la interpretación de  los  hechos  realizada  por el Tribunal, olvidando que para aducir la violación  directa  debe  someterse a la declaración judicial, no a la apreciación propia  que de ellos formula.   

          La  inobservancia  de  la  técnica  casacional,  en cuanto implica  incumplir  las  exigencias  previstas  en  el numeral 3º. del artículo 212 del  Código  de  Procedimiento Penal, da lugar a la inadmisión de la demanda y a la  devolución  del  expediente al despacho de origen, como lo dispone el artículo  213 ibídem, y en ese sentido se pronunciará la Sala.   

              En mérito de lo expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada  por el defensor de JOSÉ OVER DUQUE MARÍN.  En  consecuencia, se ordena devolver el expediente al  Tribunal de origen.   

Contra  esta  providencia no procede ningún  recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

Comisión de servicio  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO             ALFREDO  GÓMEZ     QUINTERO                               

ÉDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                              ÁLVARO    O.    PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                              JORGE    L.    QUINTERO  MILANÉS               

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                   MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Auto  del  26  de  febrero  del  2002,  radicado  18.447, M. P. Jorge Enrique Córdoba  Poveda.   

2 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 6 de mayo del 2003,  radicado 14.899, M. P. Marina Pulido de Barón.     

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