18561(09-04-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18561  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  FERNANDO  E.  ARBOLEDA RIPOLL   

Aprobado acta No. 39  

Bogotá,  D.  C., nueve de abril del año dos  mil dos.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  las  demandas  de casación presentadas por los defensores de los procesados  ARIEL CESAR ECHEVERRI GOMEZ, CHRISTIAN ECHEVERRI GOMEZ  y    STELLA    ECHEVERRI  GOMEZ.   

Antecedentes.-  

1.-  Los  hechos,  ocurridos  en la ciudad de  Manizales, fueron declarados por el ad quem de la manera siguiente:   

“La señora Mélida  Echeverri  Mejía,  mediante  escritura  pública No. 339 de febrero 27 de 1989,  corrida  en  la notaría primera de esta ciudad, dijo dar en venta a la sociedad  Echeverri  Gómez  Hermanos y Cía Ltda, las acciones y derechos que ella tenía  en  los predios denominados Curubital, los Limos y Palocoposo de la comprensión  territorial  de  Salamina. Venta simulada que pretendía doblegar la voluntad de  su  hermana  Inés Amparo Echeverri Mejía que no quería venderle a aquella, su  parte  en  los  mismos  predios. Una vez obtenido este objetivo, se anularía la  escritura  y  se  le  restituiría sus cuotas a la señora Mélida. Sucedió que  Inés  Amparo  vendió  sus  cuotas, conforme a escritura pública No. 190 de la  notaría  Unica  de  Salamina  fechada  el  3  de  marzo  de  1990. Sin embargo,  contrariando  lo  pactado  la sociedad Echeverri Gómez Hermanos y Cía Ltda, en  reunión  de socios acordó vender los derechos que la señora Mélida tenía en  los   anotados   predios,   a  los  socios  Ariel  César,  Estella  y  Cristian  Echeverri   Gómez,  según  escritura  pública  No.  2278  de la notaría  primera  de  Manizales,  del  21 de septiembre de 1992. De esta manera se burló  del  convenio  inicial  de anular la escritura ficticia, negándose rotundamente  los  ahora  procesados  a  devolverle  a la señora Mélida Echeverri Mejía sus  cuotas pro indiviso que posee en los anunciados predios.   

“Decidió,  entonces,  la  señora  Mélida Echeverri Mejía, instaurar demanda ordinaria de  acción  de simulación, que correspondió al Juzgado Tercero Civil del Circuito  de  esta ciudad. En curso el correspondiente proceso orientado a la declaración  de  simulación absoluta del contrato contenido en la Escritura Pública No. 339  del  27 de febrero de 1989, el señor Ariel César Echeverri Gómez convenció a  su  tía  Mélida  para  que  desistiera  de aquella acción, bajo la promesa de  volver  las  cosas  al  estado  anterior,  esto es la restitución de las cuotas  partes  aludidas.  Este  documento  fue  presentado  ante el señor Juez Tercero  Civil    del   Circuito   que   lo   admitió   y   ordenó   el   archivo   del  proceso.   

“Tampoco esta vez  los  encausados  cumplieron su promesa, la señora Mélida Echeverri Mejía, por  conducto  de  abogado, quiso tener prueba del hecho narrado y para ello formuló  interrogatorio  de  parte  a los acá acusados Ariel César, Estella y Cristian,  quienes negaron a pie juntilla la negociación ficticia.   

“Formuló entonces,  denuncia  penal  la  nombrada  señora. Averiguación que calificada  en su  mérito  probatorio (enero 5 de 1998) concluyó con resolución de acusación en  contra  de  los  sindicados Ariel César, Estella y Cristian, como coautores del  concurso   de   hechos   punibles   de   Estafa,   Fraude   Procesal   y   Falso  Testimonio”.   

La  etapa  del  juicio  la asumió el Juzgado  séptimo  penal  del circuito Manizales (fl. 755 cno. 2), autoridad que llevó a  cabo  la  vista  pública (fls. 1030 y ss. cno 3), y el catorce de noviembre del  año  dos  mil  puso  fin a la instancia condenando a los procesados a las penas  principales  de  catorce  (14)  meses  de prisión y multa en cuantía de un mil  pesos,  y  la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por  término   igual  al  de  la  privación  de  la  libertad,  a  consecuencia  de  declararlos  penalmente  responsables del concurso de delitos de estafa y fraude  procesal  imputado  en  el pliego enjuiciatorio, al tiempo que los absolvió del  delito  de  falso testimonio (fls. 1062 y ss. cno. 3), mediante sentencia que el  catorce  de marzo de dos mil uno el Tribunal superior adicionó en el sentido de  condenar  a  los  procesados por el delito de falso testimonio, individualizando  para  todos  ellos  la  pena  privativa  de libertad en dieciséis (16) meses de  prisión  y  la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por  igual  término,  y  confirmó  en  sus  restantes partes, al conocer en segunda  instancia  por  vía  de apelación interpuesta por la defensa y el apoderado de  la parte civil (fls. 1339 y ss. cno. 3).   

   

Contra   este  fallo,  en  oportunidad  los  defensores  interpusieron  recurso extraordinario de casación (fls. 1374 y 1377  cno.  3),  el  que fue concedido por el ad quem (fls. 1378 cno. 3), y dentro del  término  legal  presentaron  las  correspondientes  demandas de casación (fls.  1384  y  ss.  y 1486 y ss. cno. 3) sobre cuya admisibilidad se pronuncia la  Corte.   

          Las demandas.-   

1.-  A  nombre  del  procesado  ARIEL  CESAR  ECHEVERRI GOMEZ.   

Luego  de  identificar la sentencia objeto de  casación  y  los  sujetos  procesales,  sintetizar  los  hechos  y  resumir  la  actuación  llevada  a  cabo  en  las instancias, con apoyo en la causal primera  tres   cargos   se   postulan  por  el  demandante   contra  el  fallo  del  Tribunal.   

1.1.   En  el  primero  de  ellos  denuncia  violación      indirecta      de     la     ley     sustancial     “por apreciación errónea de la prueba,  derivada    de    error    de    hecho”.    “Como  consecuencia  del  mencionado  error  de  hecho, se vulneró en forma directa el  artículo  302  del Código de procedimiento penal de 1991, y en forma indirecta  se  violó  tanto  el  artículo  445 del referido estatuto procedimental penal,  como  la  ley sustancial por aplicación indebida de los artículos 2, 182 y 356  del  Código  Penal -este último modificado por el artículo 17 de la ley 23 de  1991-”.   

En  relación  con  el  delito  de  estafa,  manifiesta  que  “el error  del  ad  quem,  recae  sobre  el  valor  asignado a las pruebas y al concurso de  indicios   a   que   se   hace   referencia   en   la   sentencia   materia  del  recurso”.   

1.1.1.- Considera que de la prueba testimonial  recaudada  se  establece que no hubo engaño por parte de los procesados, pues a  partir  de  lo  declarado  por José Taborda Restrepo infiere que lo relativo al  inconveniente  con  Amparo  para vender la finca no fue ninguna artimaña ideada  por los procesados, sino una exigencia de aquella.   

Luego   de   reproducir  un  aparte  de  la  declaración  de  Hernando Valencia Rincón, sostiene el casacionista que Amparo  estaba  reacia  a  venderle  a  su  hermana  Mélida,  pero  tampoco deseaba que  extraños  hicieran  negocio con la hacienda, lo que motivó la intervención de  los  implicados  por  insinuación de Rogelio. Anota, además, que José Taborda  Restrepo  y  Hernando  Valencia  incurren  en  contradicción,  pues mientras el  primero  señala  que  ARIEL  CESAR quería comprar la finca, el otro indica que  Mélida  pretendía  adquirir, por intermedio de sus sobrinos, la parte del bien  perteneciente a su hermana.   

Trae  a  colación  algunos  apartes  de  lo  declarado  por  José  Rogelio  Echeverri  Mejía  y Mélida Echeverri Mejía, y  afirma  que  fue  de ellos de quien partió la idea de la venta simulada, lo que  demuestra  que  no  existió  engaño  por parte de los procesados y descarta la  tipicidad   de   la   estafa,   pues   “hipotéticamente,  el no devolver un bien transferido simuladamente,  no   constituye   la  anotada  ilicitud”,  ya que mientras Rogelio manifiesta haber estado autorizado por su  hermana  para  efectuar  el  negocio  a quien explicó de qué se trataba éste,  Mélida,  por  su  parte,  sostiene no saber en qué consistía la transacción.   

Estas “flagrantes  contradicciones e incoherencias, fueron dejadas de lado,  como        si        nada        significaran       probatoriamente”  para  la  fiscalía,  el juzgado y el  tribunal,   máxime  si  es  la  propia  Inés  Amparo  Echeverri  Mejía  quien  “le da un rotundo mentís a  su  querido  hermano  ROGELIO,  y  la  verdad  no  sale  muy  bien  parado de la  intervención  de  ésta”.  Sin  embargo,  dicho  testimonio  fue desfigurado por el tribunal y terminó por  convertirse  en  la  pieza  que  confirmaba  la  culpabilidad  de  los  hermanos  ECHEVERRI  GOMEZ,  quienes han aducido que se trató de una transacción real en  la que cumplieron su parte del trato.   

1.1.2.-  Sostiene  el  casacionista  que  la  compraventa  fue real, pues como aparece consignado en la cláusula cuarta de la  escritura,  el precio fijado fue de seis millones ciento cincuenta mil pesos que  se  pagó  en  efectivo  a José Rogelio, conforme éste lo declara en documento  autenticado  ante  la  Notaría  primera de Manizales aunque después se niega a  reconocerlo  en  cuanto  a  su  contenido y a cuya manifestación el Tribunal se  refiere  como  si la firma hubiera sido inducida, pero sin contar con prueba que  respalde     su     apreciación.     Por     esto     considera    “que lo anterior no es otra cosa que una  conjetura,  lo  que  en  derecho penal significa, la inversión del principio de  favorabilidad  y de la carga de la prueba, ya que en este caso sencillamente, se  está     presumiendo    en    contra”,  pues  además  dicho  documento  no  fue  objetado  por  la parte  civil.   

1.1.3.-  Afirma  asimismo que, contrario a lo  declarado  por  el  Tribunal,  lo pagado por el inmueble comprendió también el  ganado   existente  en  él,  ya  que  los  procesados  no  sólo  contaban  con  disponibilidad  de  dinero  en  efectivo  para  ello,  como  se acredita con sus  declaraciones  de  renta, sino con el respaldo económico de su progenitora, por  lo  cual  no resulta extraño sostener que para firmar la escritura 339 tuvieran  en su poder la suma de $6.150.000.00.   

Además,  en el documento firmado por Rogelio  se  indica que recibió tal pago a nombre de Mélida, y en la audiencia pública  se  allegó un escrito firmado por Mélida, Ariel Cesar y Stella, referente a la  liquidación  del ganado, acompañado de las fotocopias de los cheques girados a  la señora Echeverri Mejía debidamente endosados por ella.   

Esta  prueba  documental,  a  criterio  del  recurrente,  acredita  que además de la cancelación de los predios rurales, se  cubrió  el  valor relativo a los semovientes. Sin embargo, en las sentencias de  primera  y  segunda  instancia  se  censura el hecho de haberse presentado tales  documentos  en  la  etapa final del proceso, pero sin explicar si es que carecen  de   valor,   o  fueron  allegados  irregularmente,  o  en  forma  inoportuna  o  extemporánea.  Además,  la autenticidad de dichos instrumentos no fue objetada  por   la   fiscalía   o   la   parte   civil    y   menos  se  ordenó  su  cotejo.               

Tampoco  mereció  pronunciamiento  de  los  juzgadores  el comprobante de egreso aportado en la audiencia pública, suscrito  por  Mélida  Echeverri  relativo  a la cancelación del precio estipulado en la  escritura pública número 229 del 27 de febrero de 1989.   

Y  en  cuanto  a  la ampliación del dictamen  pericial  rendido  por  el  C.T.I. observa el casacionista que no existe desfase  contable,  “o mucho menos se  demostró   imposibilidad   de   que   lograran   contar   con   ese  dinero  en  efectivo”.   

1.1.4.-  Sostiene el actor que la compraventa  se  llevó  a  cabo  por  un  precio  razonable,  pues  lo  sostenido en sentido  contrario  por  Rogelio,  Hernando  Valencia Rincón y Aristóbulo Ruiz Murillo,  aparece  desvirtuado por el hecho de que Amparo Echeverri Mejía hubiere vendido  el  porcentaje  que  tenía  de  la  propiedad  en  la  suma  de cuatro millones  doscientos  mil pesos, como también por el dictamen rendido por el señor Oscar  Llano Betancourt.   

1.1.5.- Explica que después de haber firmado  la  escritura  pública  339 del 27 de febrero de 1989, el 3 de enero de 1990 la  señora  Mélida Echeverri y el señor Ariel Cesar Echeverri Gómez suscribieron  otra  que  modificó  y aclaró aquella, lo que desvirtúa que se tratara de una  venta simulada.   

1.1.6.- Considera el casacionista que luego de  firmada  la  escritura  existió  entrega material del bien como lo expuso Ariel  Cesar  Echeverri en la audiencia pública, lo cual no es desvirtuado por ningún  medio  probatorio,  pues  además si se hubiese tratado de una venta fingida, no  se podría explicar que también se vendiera el ganado.   

Por esto, continúa, desde el momento mismo en  que  se  firma  la  escritura, los hermanos Echeverri Gómez comenzaron a actuar  como  propietarios sin limitación alguna, al punto que liquidaron y contrataron  trabajadores   por   su  cuenta,  realizaron  mejoras,  introdujeron  ganado,  y  adquirieron           parte          del          que          allí          se  encontraba.                 

                   

1.1.7.-   En  lo  que  tiene  que  ver  con  “la  renuncia  de  Rogelio  como    administrador    de    Mélida”  el  impugnante  considera  ilógico que ante ese hecho la ofendida  pretendiera  obtener  un  préstamo  al  Banco  Cafetero  a  fin de adquirir los  derechos radicados en cabeza de su hermana Amparo.   

1.1.8.-  Respecto  de  la  carta enviada a la  señora  Mélida  Echeverri  por  el abogado Rafael Aurelio Calderón Marulanda,  considera   el  impugnante  que  de  haber  mediado  engaño  para  realizar  la  transacción,  dicho  profesional no hubiera conceptuado sobre la posibilidad de  iniciar  proceso  de  simulación,  sino  que  habría  recomendado  iniciar sin  tardanza un proceso penal.    

1.1.9.-  Sostiene  que  Mélida  y  Rogelio  Echeverri  han  pretendido hacer creer que luego de la firma de la escritura 339  se  dio en arrendamiento el inmueble a un canon mensual de $220.000.oo, a fin de  acreditar  la  simulación de la compraventa. No obstante, en el proceso no obra  ningún  contrato  sobre  el  particular,  y  además  la  ofendida  incurre  en  contradicciones  en  cuanto a la duración y el monto pactado, lo que indica que  dicho  contrato  nunca  existió;  menos  aún  si  se  toma en cuenta que no se  inició proceso de lanzamiento contra los arrendatarios.   

1.1.10.-  Cuestiona  que  en  el  dictamen de  siquiatría  forense  se  hubiese rebasado el objeto del concepto sobre la salud  mental  de  la  señora  Mélida al momento de suscribir las escrituras, pues el  perito  se  dedicó  a  evaluar  su  personalidad  y se inmiscuyó en el aspecto  probatorio  de  competencia exclusiva del juzgador. Sin embargo, en la sentencia  ameritada se hizo eco de dicho medio de convicción.   

1.1.11.-  En lo relativo a la compra de otros  lotes  de  terreno  por  parte de los acusados, sostiene el libelista que si los  hermanos  Echeverri  Gómez  tenían interés en la compra global del predio, no  por  ello  puede deducirse que la negociación con Mélida fue algo turbio, sino  que,  por  el  contrario “si  el  propósito era la obtención del total de los bienes inmuebles en cuestión,  entonces  con  mayor  razón  tenían  que  hacer todo, dentro del más estricto  marco   de   la   legalidad,  ya  que  de  lo  contrario,  cualquier  conato  de  irregularidad,  en  alguna  de  las múltiples compras, daría al traste con los  otros              negocios”.   

1.1.12.-  En  relación  con  la “prueba  sobre  la  que  recae  el error  -fraude   procesal-”  ,  a  partir  de  lo  declarado  por  Mélida  Echeverri  y  Orlando  Antonio  Cuadros  Osorio,   sostiene  el impugnante que aquella incurre en contradicciones en  lo  relativo  a  las  circunstancias  en que tuvo lugar el desistimiento sin que  logre  explicarse  cómo  es  que  a  pesar de manifestar no saber lo que había  firmado, hubiere ocultado ese hecho a su hermano Rogelio.   

1.1.13.- Contrario a lo declarado en el fallo,  considera  lícito  que en cualquier momento una de las partes pueda desistir de  sus   pretensiones   aún   sin   conocimiento  de  su  apoderado.  “Por  lo  tanto,  la  señora  MELIDA se  limitó  a ejercer un derecho que tenía, como titular del derecho en litigio; y  bien  pudo ejercerlo a través de su abogado, o directamente, como efectivamente  lo  hizo, siendo ello una vía legal y totalmente ajustada a derecho”.   

1.1.14.-   Califica   como   “duras”  las  expresiones  utilizadas  por  el  juzgador  en  relación  con el comportamiento de los procesados para obtener la  firma  del  documento  de  desistimiento  del  proceso  de  simulación, pues de  acuerdo  con  el  dictamen  de  Medicina  Legal  la  señora Mélida no presenta  ningún     trastorno     mental,    “y  si  llevaba  ya  cuatro  años  suplicando  que le devolvieran la  escritura,  si ese supuesto negocio le había ocasionado todo tipo de perjuicios  económicos  (relata  hasta  deudas  con  los  proveedores  de alimentos), cómo  entonces,  luego  de estas amargas vicisitudes, ante una llamada, e hipotéticas  presiones  verbales  en un club social, firma de nuevo un documento sin tener en  cuenta    su    contenido,    sin    saber   de   qué   se   trata?”,  pues  tampoco señala cuáles fueron  las  promesas que se le hicieron, en qué tiempo se harían efectivas, la razón  por  la  cual no exigió su cumplimiento y sólo acude a la justicia una vez que  su    hermano    se    entera    de   haber   desistido   de   la   reclamación  judicial.   

1.1.15.-  Sostiene  que  Mélida  Echeverri  mintió  cuando  negó haber firmado el documento de desistimiento, pues no solo  firmó  sino que procedió a la autenticación de su firma en una notaría, como  se  comprueba  con el análisis grafológico practicado el 7 de febrero de 2000,  lo que pone en tela de juicio su credibilidad.   

1.1.16.-  Mélida  Echeverri ha sostenido que  para  firmar  el documento de desistimiento se reunió con Ariel Cesar y Stella.  Sin  embargo,  esta última negó haber viajado a Salamina como en igual sentido  es  desvirtuado por su hermano y por el hecho de que aquella hubiere autenticado  su   firma   tres  días  después  en  la  Notaría  primera  del  círculo  de  Manizales.   

1.1.17.- A criterio del demandante, el Juzgado  tercero  civil  del  circuito  de  Manizales  no  fue  objeto de fraude procesal  alguno,  pues  para lograr el desistimiento se allegó un documento auténtico y  con  el lleno de los requisitos exigidos en la ley, siendo esta la razón por la  que  se  le  dio  trámite  y  se ordenó archivar las diligencias. Y aún en el  evento  que  los  procesados  hubieren  adquirido alguna obligación con Mélida  Echeverri,  a  cambio  de  que  ésta  firmara y aceptara el desistimiento, y no  obstante  hubieren  incumplido,  ello  no  constituye  fraude procesal ya que la  justicia  no  fue  engañada  pues  todo  quedó  en  un  acuerdo privado de las  partes.   

Concluye entonces la censura, sosteniendo que  “aquí  se  ha  presentado  tergiversación  de la prueba testimonial, haciéndole decir lo que en verdad no  se  predica,  se  cambió  su  contenido,  como  es el caso de las ya detalladas  declaraciones  de  MELIDA,  AMPARO  y  ROGELIO,  y  en  general  de los testigos  relacionados  y criticados; las conclusiones del H. Tribunal sobre este aspecto,  vertidas  en la sentencia confutada, son radicalmente contrarias a la lógica, y  a      la      realidad     procesal”.   

Agrega  que  en el fallo objeto de la demanda  “no  existe  un  análisis  integral  de  las  probanzas  en  general,  parcialmente  se  traen  a cuento en  disfavor  de  los  procesados;  y en el caso concreto del recibo firmado por don  ROGELIO   donde   consta   el  pago  de  los  lotes  vendidos  por  su  hermana,  sencillamente  se  desconoce  su  valor,  sin  explicarse  por  qué”.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita de la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada,  y  absolver a los doctores Ariel Cesar,  Stella  y  Christian  Echeveri  Gómez  por  los  delitos  de  estafa  y  fraude  procesal.   

1.2.-   El  segundo  cargo  lo  formula  el  casacionista     “con  fundamento  en lo dispuesto en el inciso primero, numeral primero, del artículo  220  del  Código  de  procedimiento  penal,  por  error  de derecho”.   

Sostiene  al efecto que los procesados fueron  citados  a  absolver  interrogatorio  de parte ante el Juzgado tercero civil del  circuito  de  Manizales, en relación con la negociación de los predios rurales  materia  del  proceso,  en diligencia que se llevó a cabo el 24 de noviembre de  1994.   

No  obstante,  dicho  interrogatorio  no  fue  fundamento  o medio probatorio de acción civil alguna, la que además resultaba  improcedente  por  razón  del  desistimiento  presentado por la señora Mélida  Echeverri.  Lo  que califica de grave, es que esa prueba hubiere sido practicada  y  luego  incorporada  al  proceso  penal  para  acreditar  el  delito  de falso  testimonio  sin  que  se  hubieren hecho las advertencias sobre el derecho de no  autoincriminación,  pues  las  preguntas  formuladas  implicaban  un  verdadero  compromiso  penal  ya que con su respuesta afirmativa tácitamente se aceptaría  haber  incurrido  en  una conducta ilícita en relación con la negociación del  predio y el desistimiento.   

Lo  que  en  últimas  se  pretendía  con el  interrogatorio,   “era  la  confesión      anticipada      de      los      hoy      procesados”  pues  de  la declaración del abogado  Cuadros   Osorio   colige  el  impugnante  que  no  tenían  como  finalidad  la  preconstitución  de prueba para iniciar acción civil alguna, ya que dicha vía  se  había  agotado  en  forma  absoluta al haberse archivado el proceso cursado  ante  el  Juzgado tercero civil del circuito, sino el inicio de la acción penal  que    se    funda    en    el    juramento,   proscrito   en   este   tipo   de  actuaciones.   

Al tratarse entonces, del ataque al fallo del  Tribunal  “en esta causal,  de  violación  directa  de la ley sustancial, no se hace referencia alguna a la  ocurrencia  probatoria,  se  cuestiona es el argumento de fondo de este tema, la  selección   normativa  sustancial,  en  este  caso  concretamente,  se  aplicó  indebidamente  el  artículo  207 del Código de procedimiento civil, al tomarse  juramento  frente  a  un  evento  que  podría significar compromiso criminal, e  igualmente   no   advertir,   que   no   se   estaba   en   la   obligación  de  responderlas”.   

Por lo anterior solicita de la Corte casar la  sentencia  impugnada  y  absolver  a  los  procesados  por  el  delito  de falso  testimonio.   

1.3.-   El   tercer   cargo   es  formulado  “con  fundamento  en  el  inciso   primero   del  numeral  primero,  del  artículo  220  del  Código  de  procedimiento       penal,       por      error      de      derecho”.   

El  casacionista  considera  equivocada  la  calificación  jurídica  de  la  conducta  imputada  a  los procesados, pues la  prueba  recaudada cuyo mérito dice no cuestionar, indica que no se trataría de  un  delito  de  estafa  como  fue  erradamente  entendido  por el juzgador, sino  “de  un  típico  abuso de  circunstancias     de    inferioridad”,  pues  lo  fundamental  del  caso en lo relativo a la negociación  materia  del  proceso,  fue  la  inexperiencia  de Mélida referida al estado de  inferioridad  a  que  hace  referencia el dictamen psiquiátrico, lo que permite  concluir  que  ella  fue  confundida  por  los  procesados  sino  que  éstos se  aprovecharon          de          las          condiciones         de         su  carácter.             

Por lo anterior solicita de la Corte casar la  sentencia      impugnada      y     “revocar  la  sentencia proferida por el delito de estafa”.   

2.-  A  nombre  de los procesados CHRISTIAN y  STELLA ECHEVERRI GOMEZ.   

El  profesional  del derecho que representa a  estos  procesados,  reproduce  íntegramente  la demanda de casación presentada  por  su  colega  de  defensa  en  relación  con el señor ARIEL CESAR ECHEVERRI  GOMEZ,  al punto de formular iguales cargos, presentar idéntica argumentación,  y exponer las mismas pretensiones.     

SE CONSIDERA:  

Dado  que,  como  ya  se  anotó,  la demanda  presentada  a  nombre  de  los  procesados  Christian y Stella Echeverri Gómez,  guarda  identidad  con  la  formulada  por  el defensor de Ariel Cesar Echeverri  Gómez,   y  por  tanto,  ambas  acusan  los  mismos  defectos  técnicos  y  de  fundamentación,  tomando  en  cuenta, además, que todos los impugnantes fueron  condenados  en  la misma calidad y por los mismos delitos, la Corte abordará de  manera  conjunta el análisis de los presupuestos de admisibilidad, en términos  que pasa a precisarse.   

Reiteradamente ha sido dicho por la Corte, que  la  casación  no  es  instancia  adicional  en  la  que  puedan ser presentados  informalmente   argumentos   de  disentimiento  contra  los  fallos  de  segunda  instancia,  ni  constituye  una  prolongación  del juicio donde resulte posible  continuar  el  debate  fáctico  y  jurídico  propio  del  trámite regular del  proceso.   

Su postulación ha de obedecer a la denuncia y  demostración  de  haber  sido  transgredida la ley con el fallo, y el escrito a  través  del  cual  se  ejerce  debe  cumplir  rigurosos  requisitos  de forma y  contenido,  establecidos por el artículo 212 del Código de procedimiento penal  a  fin  de  que  pueda  ser admitido por la Corte, entre los que se encuentra la  obligación  de  presentar  precisa  y  claramente  los  fundamentos fácticos y  jurídicos del motivo de casación que se aduce.   

Cuando  en  sede  extraordinaria  se denuncia  violación   directa   por   falta   de   aplicación,  aplicación  indebida  o  interpretación   errónea  de  normas  de  derecho  sustancial,  es  deber  del  demandante  aceptar los hechos y las pruebas de ellos tal como fueron declarados  unos  y  apreciadas las otras por el juzgador de segunda instancia, y exponer su  discrepancia  en  el  ámbito  del raciocinio estrictamente jurídico, es decir,  sólo  con  las consecuencias jurídicas atribuidas a los hechos declarados, sin  que  resulte viable alegar al tiempo errores de apreciación probatoria dado que  para ello la ley ha previsto la vía indirecta.   

      

Por  su parte, los errores en la apreciación  probatoria  que  dan lugar a configurar la causal primera de casación, apartado  segundo,   por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial;  la  consecuente  invalidación   del   fallo   de  mérito,  y  el  proferimiento  del  que  deba  reemplazarlo, pueden ser de hecho o de derecho.   

Los  primeros se presentan cuando el juzgador  se  equivoca  al  contemplar  materialmente  el medio; porque omite apreciar una  prueba  que  obra  en  el proceso; porque la supone existente sin estarlo (falso  juicio  de  existencia); o cuando no obstante considerarla legal y oportunamente  recaudada,  al  fijar  su  contenido  la  distorsiona,  cercena o adiciona en su  expresión  fáctica,  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente  no se  establecen  de  ella  (falso juicio de identidad); o, porque sin cometer ninguno  de  los  anteriores  desaciertos, existiendo la prueba es apreciada en su exacta  dimensión  fáctica,  y  al  asignarle  su  mérito  persuasivo  transgrede los  postulados  de  la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de experiencia,  es  decir,  los  principios  de  la  sana  crítica  como método de valoración  probatoria (falso raciocinio).   

Cuando  la  censura  se  orienta por el falso  juicio  de  existencia  por  suposición  de  prueba,  compete  al  casacionista  demostrar  el  yerro  mediante la indicación correspondiente del fallo donde se  aluda  a  dicho  medio  que  materialmente no obra en el proceso; y si lo es por  omisión  de  ponderar prueba que material y válidamente obra en la actuación,  es  su  deber  concretar  en  qué  parte  del  expediente  se ubica ésta, qué  objetivamente  se  establece  de  ella,  cuál  el  mérito  que  le corresponde  siguiendo  los  postulados  de la sana crítica, y cómo su estimación conjunta  con  el  arsenal  probatorio  que  integra  la actuación, da lugar a variar las  conclusiones  del  fallo,  y,  por  tanto  modificar  la  parte resolutiva de la  sentencia   objeto   de   impugnación   extraordinaria.       

Si   lo   pretendido   es   denunciar   la  configuración  de  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de identidad en la  apreciación  probatoria,  el  casacionista  debe  indicar expresamente, qué en  concreto  dice  el  medio  probatorio, qué exactamente dijo de él el juzgador,  cómo  se  le tergiversó, cercenó o adicionó haciéndole producir efectos que  objetivamente  no  se  establecen  de él, y lo más importante, la repercusión  definitiva  del  desacierto en la declaración de justicia contenida en la parte  resolutiva del fallo.   

Si   se   denuncia   falso  raciocinio  por  desconocimiento  de  los  postulados  de  la sana crítica, se debe indicar qué  dice  de  manera  objetiva  el  medio,  qué  infirió de él el juzgador, cuál  mérito  persuasivo le fue otorgado, señalar cuál postulado de la lógica, ley  de  la  ciencia  o  máxima  de  experiencia  fue desconocida, y cuál el aporte  científico  correcto,  la  regla  de  la  lógica  apropiada,  la máxima de la  experiencia  que debió tomarse en consideración y cómo; finalmente, demostrar  la  trascendencia del error indicando cuál debe ser la apreciación correcta de  la  prueba o pruebas que cuestiona, y que habría dado lugar a proferir un fallo  sustancialmente distinto y opuesto al ameritado.    

Los  errores  de  derecho,  entrañan, por su  parte,   la  apreciación  material  de la prueba por el juzgador, quien la  acepta  no  obstante  haber  sido  aportada  al  proceso  con  violación de las  formalidades  legales  para  su  aducción, o la rechaza porque a pesar de estar  reunidas  considera  que  no  las  cumple (falso juicio de legalidad); también,  aunque  de  restringida  aplicación por haber desaparecido del sistema procesal  la  tarifa  legal,  se  incurre  en  esta  especie  de  error cuando el juzgador  desconoce  el  valor prefijado a la prueba en la ley, o la eficacia que ésta le  asigna  (falso  juicio  de convicción), correspondiendo al actor, en todo caso,  señalar   las  normas procesales que reglan los medios de prueba sobre los  que    predica    el    yerro,    y    acreditar    cómo    se    produjo    su  transgresión.   

Cada una de estas especies de error, obedecen  a  momentos  lógicamente distintos en la apreciación probatoria y corresponden  a  una secuencia de carácter progresivo, así encuentren concreción en un acto  históricamente  unitario:  el  fallo judicial de segunda instancia. Por esto no  resulta  avenido  a  la  lógica que frente a la misma prueba y dentro del mismo  cargo,   o  en  otro postulado en el mismo plano, sin indicar la prelación  con  que  la Corte ha de abordar su análisis, se mezclen argumentos referidos a  desaciertos probatorios de naturaleza distinta.   

Debido  a  ello,  en  aras  de  la claridad y  precisión  que  debe regir la fundamentación del instrumento extraordinario de  la  casación,  compete  al actor identificar nítidamente el tipo de desacierto  en  que  se  funda,  individualizar  el  medio  o medios de prueba sobre los que  predica  el  yerro,  e  indicar  de  manera  objetiva  su  contenido, el mérito  atribuido  por  el  juzgador,  la  incidencia  de  éste en las conclusiones del  fallo,  y  en  relación  de  determinación  la norma de derecho sustancial que  mediatamente  resultó  excluida  o indebidamente aplicada y acreditar cómo, de  no   haber   ocurrido   el   desacierto,  el  sentido  del  fallo  habría  sido  sustancialmente  distinto  y  opuesto al impugnado, integrando de esta manera la  proposición del cargo y su formulación completa.   

Además,  la  misma  naturaleza rogada que la  casación  ostenta, impone al demandante el deber de abordar la demostración de  cómo  habría de corregirse el yerro probatorio que denuncia, modificando tanto  el  supuesto  fáctico  como  la  parte  dispositiva  de la sentencia, tarea que  comprende  un  nuevo  análisis  del  acervo  probatorio,  valorando las pruebas  omitidas,  cercenadas  o tergiversadas, o apreciando acorde con las reglas de la  sana  crítica aquellas en cuya ponderación fueron transgredidos los postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  los dictados de experiencia; y  excluyendo  las supuestas o ilegalmente allegadas o valoradas; pero no de manera  insular   sino  en  confrontación  con  lo  acreditado  por  las  acertadamente  apreciadas,  tal  como  lo  ordenan las normas procesales establecidas para cada  medio  probatorio  en  particular  y  las  que  refieren  el  modo  integral  de  valoración,  y  en  orden  a  hacer  evidente  la  falta  de  aplicación  o la  aplicación  indebida  de un concreto precepto de derecho sustancial, pues es la  demostración  de  la  transgresión  de  la  norma de derecho sustancial por el  fallo,   la   finalidad   de   la   causal   primera   en  el  ejercicio  de  la  casación.     

Y  cuando  de  ataque a la apreciación de la  prueba  indiciaria  se  trata,  el  censor  debe informar si la equivocación se  cometió  respecto  de  los  medios  demostrativos de los hechos indicadores, la  inferencia  lógica,  o  en  el  proceso  de valoración conjunta al apreciar su  articulación,  convergencia  y concordancia de los varios indicios entre sí, y  entre  éstos  y  las  restantes pruebas, para llegar a una conclusión fáctica  desacertada.   

De  manera  que  si  el  error  radica  en la  apreciación   del   hecho  indicador,  dado  que  necesariamente  éste  ha  de  acreditarse  con  otro medio de prueba de los legalmente establecidos, necesario  resulta  postular  si el yerro fue de hecho o de derecho, a qué expresión  corresponde, y cómo alcanza demostración para el caso.   

Y  si  el  error  se  ubica  en el proceso de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del medio con el  que  se  acredita  el  hecho indicador, y demostrar al tiempo que el juzgador en  la   labor  de  asignación del mérito suasorio se apartó de las leyes de  la  ciencia,  los principios de la lógica o las reglas de experiencia, haciendo  evidente  en qué consiste y cual es la operancia correcta de cada uno de ellos,  y cómo en concreto ésto es desconocido.   

Si  lo pretendido es denunciar error de hecho  por  falso juicio de existencia de un indicio o un conjunto de ellos, lo primero  que  debe  acreditar el censor es la existencia material en el proceso del medio  con  el  cual  se evidencia el hecho indicador, la validez de su aducción, qué  se  establece  de  él,  cuál  mérito  le  corresponde, y luego de realizar el  proceso  de  inferencia  lógica  a  partir  de  tener acreditado el hecho base,  exponer  el  indicio  que  se  estructura  sobre  él,  el valor correspondiente  siguiendo  las  reglas de experiencia, y su articulación y convergencia con los  otros indicios o medios de prueba directos.   

Además,  dada la naturaleza de este medio de  prueba,  si  el  yerro  se  presenta   en  la  labor  de  análisis  de  la  convergencia  y  congruencia  entre  los  distintos indicios y de éstos con los  demás  medios,  o al asignar la fuerza demostrativa en su valoración conjunta,  es  aspecto  que no puede dejarse de precisar en la demanda, concretando el tipo  de  error  cometido,  demostrando  que  la  inferencia realizada por el juzgador  transgrede   los   postulados   de  la  sana  crítica,  y  acreditando  que  la  apreciación  probatoria  que  se  propone  en  su  reemplazo,  permite llegar a  conclusión  diversa de aquella a la que arribara el sentenciador, pues no   trata  la  casación  de  dar lugar a anteponer el particular punto de vista del  actor  al  del fallador, ya que en dicha eventualidad primará siempre éste, en  cuanto  la  sentencia  se  halla  amparada por la doble presunción de acierto y  legalidad,  siendo  carga  del  demandante  desvirtuarla  con  la  demostración  concreta  de  haberse  incurrido  en errores determinantes de violación en  la declaración del derecho.     

       

Es  en  este  sentido  que el demandante debe  indicar  en  qué  momento  de  la construcción indiciaria se produce, si en el  hecho  indicador,  o  en  la  inferencia  por  violar  las  reglas  de  la  sana  crítica,   para  lo  cual  ha  de  señalar qué en concreto dice el medio  demostrativo  del hecho indicador, cómo hizo la inferencia el juzgador, en qué  consistió   el  yerro,  y  qué  grado  de  trascendencia  tuvo  éste  por  su  repercusión  en  la  parte  resolutiva del fallo (Cfr. Sent. Casación de abril  27/2000. M.P. Arboleda Ripoll. Rad. 13116).   

Estos  derroteros  no  son  acatados  por los  casacionistas,  pues  resulta evidente, que no obstante enunciar el primer cargo  como  violación  indirecta  de  la ley a consecuencia de errores de hecho en la  apreciación  probatoria,  dejan  de concretar la especie a que corresponderían  éstos,  omiten  demostrar su configuración y la trascendencia que tienen en la  parte dispositiva de la decisión que impugnan.   

Aun  cuando  pareciera  que  lo pretendido es  denunciar     falso     raciocinio     al     afirmarse     que     “el  error  del  ad- quem recae sobre el  valor  asignado a las pruebas y el concurso de indicios a que se hace referencia  en  la  sentencia  materia  del  recurso”  (fl.  1396),  más  adelante  se  da  a entender que la censura se  orienta  por  falso juicio de identidad “cuando  el  sentenciador  tergiversa  o distorsiona el sentido de la  prueba”   (fl.   1404),  posteriormente  se  vuelve sobre el falso raciocinio al afirmar que “la  verdad  llama  la  atención,  como  estas  flagrantes  contradicciones e incoherencias, fueron dejadas de lado, como  si  nada  significaran  probatoriamente”  (fl.  1406),  se  remata  sugiriendo la configuración de error de  derecho  por  falso juicio de legalidad “por    abierta   infracción   a   las   normas   que   ‘disciplinan la ritualidad y eficacia de  los     medios     de     convicción     aducidos     al    proceso’              ”  (fl.  1410), y se acude al expediente  de  mencionar  sólo  algunos  medios  de  convicción pero sin explicar qué se  establece  de  ellos,  cuál  el  mérito  conferido por el juzgador, ni en qué  consistió  el  error  de  apreciación  probatoria  en  que  se incurrió en el  fallo:   

“También se llamó  a  indagatoria,  al  doctor  EDGAR  ECHEVERRI  GOMEZ  (Fl.  112), y en términos  generales  manifestó, que sí tuvo conocimiento del negocio con su tía MELIDA,  pero  que  no  intervino  en  el  mismo, ni directa o indirectamente. A favor de  EDGAR se profirió preclusión de la investigación.   

“Aparecen  los  testimonios  de  ASTRID  ECHEVERRI DE RAMIREZ (Fl. 336), BEATRIZ ECHEVERRI GOMEZ  (Fl.  337),  OFELIA ECHEVERRI DE GOMEZ (Fl. ), y DIANA ECHEVERRI DE PATIÑO (FL.  ),  quienes aceptan tener conocimiento de la compraventa de los lotes de MELIDA,  pero  afirman  que  de todo se encargó ARIEL CESAR, como representante legal de  la  sociedad,  quien  además  tenía  plenas  facultades  para ello”  (fl.  1412).       

Y   cuando  se  menciona  que  “sí    existió    una    compraventa  real”, no se desentraña si  lo  que  se  pretende  cuestionar es la apreciación del documento que según se  afirma  fue  aportado  por  Ariel Cesar Echeverri (fl. 1413), la declaración de  José  Rogelio  Echeverri  (fl. 1415),  la escritura pública (fl. 1420), o  la  declaración  de  Mélida  Echeverri (fl. 1421), no se precisa la especie de  error  de  hecho  cometido  por  el  juzgador,  ni logra demostrarse por qué al  acreditarse    el    pago    de    la   suma   de   $6.150.000.00   “por sustracción de materia, desaparece  toda   responsabilidad   penal,   toda   estafa,   fraude   procesal   y   falso  testimonio”     (fl.  1419).   

Asimismo,  estos  defectos  técnicos  y  de  fundamentación   se  patentizan  en  el  apartado  del  cargo  relativo  a  que  “se pagó por el inmueble y  también  por  el  ganado”,  pues  se comienza por sugerir que se incurrió en falso juicio de existencia por  omisión  ya que “a pesar de  la  existencia  de documentos, que son una prueba irrefutables (sic), a favor de  los  intereses  de  todos  los procesados, y tal como lo expresé anteriormente,  sencillamente     se    consideren    inexistentes    jurídicamente”  (fl.  1421), seguidamente se abandona  esta  premisa  y se dedican los casacionistas a cuestionar el mérito persuasivo  conferido  por  el  juzgador  al  dictamen  técnico  rendido por el C.T.I de la  Fiscalía,  las  diligencias  de indagatoria de los hermanos ECHEVERRI GOMEZ, la  intervención  de  Ariel César Echeverri en la vista pública, y finalmente, se  aduce    que    la   incriminación   “se    fundamenta    en    un    concurso   de   indicios”,  los  que  dejan de ser precisados en  las  demandas, al extremo de no saberse a cuáles indicios se refiere el ataque,  cómo  fueron  estructurados  por  el juzgador, cuál es la prueba de los hechos  indicadores,   ni   en   qué  parte  del  indicio  se  incurrió  en  error  de  apreciación,   todo  lo  cual  hace  que este acápite del cargo se vuelva  ininteligible,  pues  no  se  desentraña el tipo de error cometido, la prueba o  pruebas   sobre   las  que  recae,  ni  cómo  habría  de  corregirse  en  sede  extraordinaria.   

Del  mismo modo, en los acápites relativos a  que   “la  compraventa  se  efectuó   por   un   precio  razonable”,  “luego de la  escritura  339,  se efectuó otra aclaratoria entre todas las partes”,              “existió    entrega    material   del  bien”,    “la    renuncia    de   Rogelio   como  administrador  de  Mélida”,  “la carta del doctor Rafael  Aurelio    Calderón    Marulanda    a   doña   Mélida   Echeverri”,              “nunca     existió    contrato    de  arrendamiento  en  relación  a  los  predios  materia  de  la litis”,              “las   partes  llegaron  a  un  acuerdo  formal,    para    la    presentación    del    desistimiento,   a   nadie   se  engañó”,  “Mélida  mintió  al  negar  que había  firmado  el  desistimiento”,  “Stella  Echeverri Gómez,  no   estuvo   en   Salamina   para  la  suscripción  del  documento”,         y         “el  Juzgado  tercero civil del circuito  de     Manizales,     no     fue     blanco    de    ardid    alguno”,        constituyen       apenas  apreciaciones   generales  y  críticas  particulares de los demandantes al  contenido  de  algunos  medios de convicción allegados al informativo, pero sin  relación  ninguna  con  un  tipo  concreto  de  error  probatorio,  ni  con las  consideraciones  expuestas  por  el  juzgador,  pues  por  parte  alguna  se las  confronta con lo declarado en el fallo.   

En  cuanto  tiene  que  ver  con  el acápite  destinado   en   las   demandas   al   “concepto          de         siquiatría         forense”,  donde  se  denuncia que “en  la sentencia atacada se hace eco de  este  experticio”,  merece  resaltarse  que  los  casacionistas  no precisan si el tipo de error que afirman  cometido  por  el juzgador fue de hecho o de derecho, pues así como se comienza  por  aducir  que el perito rebasó el tema que le correspondía tratar ya que se  pasa   “de  un  concepto  siquiátrico,  a  pronunciamientos  que  deben  reservarse  al  juez”,   seguidamente   se   traslada   el  cuestionamiento  al  mérito persuasivo conferido en el fallo (falso raciocinio)  en  el  que  además  se sugiere la configuración de falso juicio de identidad:  “sin  embargo  se  deja de  lado  y de un todo, lo fundamental y científico (y que es en realidad lo que le  compete,  y  sobre  lo  que es experto el perito), esto es, la total ausencia de  alteración   mental   por  parte  de  la  señora  ECHEVERRI  MEJIA”,  denotando  así lo contradictorio de  la  censura, pues en tales condiciones no logra saberse si el cuestionamiento se  dirige  a  la  validez  de  la  prueba  (error  de  derecho  por falso juicio de  legalidad),   caso  en  el  cual  se  amerita  su  exclusión  en  la  labor  de  ponderación  por  el  juzgador,  o  si  esta  es  válida pero fue cercenada al  trasladarla  al  fallo (falso juicio de identidad), o sin haber ocurrido ninguno  de  los  anteriores desaciertos, se le confirió mérito persuasivo contrariando  las         reglas        de        la        sana        crítica        (falso  raciocinio).              

Cuando   los   demandantes   afirman   que  “la  compra  de  los otros  lotes   de  los  predios  materia  del litigio, era algo totalmente legal y  legítimo”,  no explican a  cuáles  medios de convicción se refieren, qué se establece de ellos, cuál el  mérito  que  les  corresponde,  en qué consistió el error de apreciación, ni  qué  trascendencia  tuvo  en  la declaración de justicia contenida en la parte  dispositiva del fallo objeto de impugnación.   

Con  aducir  los demandantes que “es lícito y procedente para cualquiera  de  las  partes  desistir  en  cualquier  momento  de sus pretensiones, aún sin  conocimiento    de    su    apoderado”  no  logra  saberse  cuál es el sentido del reproche, toda vez que  por  lo  enunciado  pareciera  sostenerse  que el Tribunal erró al calificar de  contrario  a  la  ley  el desistimiento de un proceso civil realizado por una de  las  partes en conflicto, lo que en principio sugeriría  la configuración  de  un  error  de  derecho,  pero  a  renglón seguido se aduce que “el  hecho  que  doña MELIDA firmara el  desistimiento  de  marras,  sin  conocimiento  y  anuencia  de su abogado, se ha  interpretado    entonces,    como    la   prueba   de   la   manipulación   que  sufriera”, dando asimismo a  entender  que  el  reproche  se  orienta  no  a  calificación  de  legalidad  o  ilegalidad  del  desistimiento, sino a la ponderación de las circunstancias que  rodearon    dicho    acto    de    disposición    del    proceso    (error   de  hecho).      

Finalmente, con preguntarse los demandantes si  “será  lógico  lo  del  supuesto  nuevo  engaño,  que  la  presionaron  para  la firma del documento en  cuestión”,  y  formular  seguidamente   varios  interrogantes  sobre  el  particular,  no  se  denota  la  configuración   de   error   probatorio  alguno,  pues  no  se  precisa  si  el  cuestionamiento  se  dirige hacia la ponderación del desistimiento, el dictamen  de  medicina  legal  o  la  declaración  de la señora Mélida Echeverri.    

      

En cuanto tiene que ver con el segundo cargo,  desde  el  enunciado  del  mismo  se  advierte  absoluto  desapego  a las reglas  técnicas  y  lógicas  que  rigen  la  casación,  pues  se  comienza aduciendo  violación  directa  de la ley, pero seguidamente se traslada el cuestionamiento  al   ámbito  de  la  vía  indirecta  “por   error   de   derecho”,    entremezclando    así    dos    formas    inconciliables    de  ataque.   

Este  desacierto  que  en  principio  pudiera  sugerir  la  incursión por los demandantes en un lapsus intrascendente, resulta  patentizado  con  el  desarrollo  de  la  censura en el que a más de referir el  contenido  del  interrogatorio  anticipado  de  parte,  se  cuestiona el mérito  conferido  por  el  juzgador a dicho medio de persuasión, como en igual sentido  se  plantea  respecto  de  la  declaración  del doctor CUADROS OSORIO (error de  hecho),  y  contradictoriamente  se  insiste  en  que  la  vía  de impugnación  escogida  es  la  directa,  generando  aún  mayor confusión sobre el verdadero  alcance     que     se    persigue    dar    a    la    censura:    “Al   tratarse   el  ataque  contra  la  sentencia  del  H.  Tribunal,  en  esta  causal, de violación directa de la ley  sustancial,  no  se  hace  referencia  alguna  a  la  ocurrencia  probatoria, se  cuestiona  y  es  el  argumento  de  fondo de este tema, la selección normativa  sustancial…”   

Finalmente,  cuando  en  el  tercer cargo los  demandantes  denuncian  violación directa de la ley por aplicación indebida de  la  norma  de  derecho  sustancial  que  define  el  delito de estafa y falta de  aplicación  del  artículo  360 del decreto 100 de 1980  referida al abuso  de  circunstancias de inferioridad, olvidan que en tales condiciones la Corte no  podría  dictar  fallo  de  sustitución  sin  incurrir  en  motivo adicional de  casación  denunciable  al  amparo de la causal segunda por falta de congruencia  entre  el  pliego  de  cargos  y  la  sentencia de mérito, pues de aceptarse la  propuesta  impugnatoria implicaría entrar a condenar por un delito distinto del  imputado  en la resolución acusatoria, lo que patentiza que los demandantes han  debido  presentar  el  cargo  con  apoyo  en la causal tercera y, por esta vía,  demandar  la nulidad de lo actuado, no acudir a la causal primera, la cual, como  ha sido visto, supone la validez del juicio.   

Sobre  la  forma  como  su demostración debe  asumirse,  la jurisprudencia tiene establecido que la demanda por este motivo de  casación  es de fundamentación mixta, puesto que la censura debe formularse al  amparo  de  la  causal  tercera  pero  desarrollarse  siguiendo los lineamientos  técnicos  de  la  primera,  con indicación de las normas de derecho sustancial  que  el  juzgador  aplicó  indebidamente y de las que correlativamente dejó de  aplicar,   y   las  razones  jurídicas  de  este  desacierto.  Si  la  indebida  calificación  se  originó  en  errores  de  apreciación  probatoria, es deber  concretar   cada  uno  de  ellos,  si  de  existencia,  identidad,  legalidad  o  convicción,  y  demostrar su trascendencia o incidencia en la parte dispositiva  del fallo, nada de lo cual es atendido en las demandas.   

Lo observado en últimas por la Corte, es que  los  demandantes  acuden  a  la  casación  como  forma  de  continuar el debate  probatorio  ya  concluido  en  las  instancias,  alegando  en  unos  eventos  la  incursión  por el juzgador en presuntos errores de apreciación probatoria y en  otros,  simultáneamente  y de manera contradictoria la transgresión directa de  la  ley,  pero cuya demostración omiten realizar de manera técnica, objetiva y  completa,    como    corresponde    proceder    cuando    se   acude   en   sede  extraordinaria.   

La generalidad y ambigüedad de los términos  en  que  los  cargos se presentan, evidencian que la discrepancia se funda en el  hecho  de no compartir los casacionistas la decisión del Tribunal, sólo porque  no  les  dio  la razón al resolver la apelación interpuesta contra el fallo de  primera  instancia,  lo cual constituye postura en extremo distante de la razón  de ser, técnica y fines del instituto al que se acude.   

Entonces,  siendo  tantos  y tan variados los  defectos  que  las  demandas presentan, pues, como se deja expuesto, de ellas no  se  desentraña  precisa  y  claramente  los  fundamentos de las causales que se  invocan,   y  la  Corte  no  puede  corregirlas  por  virtud  del  principio  de  limitación  que  rige  la casación, lo procedente será inadmitirlas, declarar  desiertos  los  recursos  y ordenar la devolución del expediente al despacho de  origen,  conforme  así  se  establece de los artículos 197 del decreto 2700 de  1991  y  213  de  la  ley  600  de  2000,  en  razón a que esta decisión causa  ejecutoria con su suscripción.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

          RESUELVE:   

INADMITIR   las  demandas  de  casación  presentadas  a  nombre  de  los procesados ARIEL  CESAR ECHEVERRI GOMEZ, CHRISTIAN ECHEVERRI GOMEZ y   STELLA   ECHEVERRI  GOMEZ,   por   lo  anotado  en  la  motivación  de  este  proveído.  En  consecuencia   se   DECLARAN  DESIERTOS  los recursos.     

Contra   este   auto   no  procede  recurso  alguno.   

Comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de  origen. Cúmplase.   

ALVARO O. PEREZ PINZON  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL      JORGE E. CORDOBA POVEDA   

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS           CARLOS  A.  GALVEZ  ARGOTE                

JORGE         A.        GOMEZ  GALLEGO                  EDGAR LOMBANA  TRUJILLO                 

CARLOS        E.        MEJIA  ESCOBAR                   NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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