18474(12-11-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  18474   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 118  

Bogotá  D.C., doce (12) de noviembre de dos  mil tres (2003).   

VISTOS  

La  Corte  se  pronuncia  de  fondo sobre la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el defensor del procesado JORGE  WILSON  JARAMILLO  MURIEL, contra la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Medellín  el  19  de  febrero  de  2001,  por cuyo medio confirmó el fallo dictado por el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado  de la misma ciudad que lo  condenó  a  la  pena  principal  de  veintiséis  (26)  años de prisión, a la  accesoria  de  interdicción  de  derechos y funciones públicas por un lapso de  diez  (10) años, y al pago de los perjuicios ocasionados a los sucesores de las  víctimas,  al  hallarlo  penalmente  responsable  en  calidad  de  autor de los  delitos  de  homicidio  en  Argemiro  Garcés,  Wilson  Andrés   Puerta   Montoya   y   Nicolás  Alberto  Vásquez  Osorio,  en  concurso  con  el  delito  definido  en  el artículo 2º del  Decreto  1194  de  1989  (conformación  de  grupos  armados  al  margen  de  la  ley).   

La  Procuradora  Primera  Delegada  para  la  Casación  Penal  sugiere  en  su  concepto  no casar la sentencia impugnada, al  encontrar  que  los  cargos  propuestos  por  el  censor  carecen  de  razón  y  fundamento.   

HECHOS  

Aproximadamente  a  las  nueve y media de la  noche   del   11   de   enero  de  1997,  al  Salón  de  Billares  “El  Amigo”,  ubicado en la carrera 59  #57-04  de  Itaguí,  ingresaron  varios individuos que cubrían sus rostros con  pasamontañas,  que  de  inmediato procedieron a disparar las armas de fuego que  llevaban  consigo  en  forma  indiscriminada  contra  las  personas que allí se  encontraban,  ocasionando la muerte a Argemiro Garcés,  Wilson  Andrés  Puerta  Montoya  y Nicolás Alberto Vásquez Osorio.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

Con  base  en  el  informe  de  la  Policía  Metropolitana  del  Valle de Aburrá, por medio del cual dejó a disposición de  la  Dirección  Regional  a  varias  personas aprehendidas por los sucesos aquí  investigados,  la  Fiscalía  Regional  de  Medellín  dispuso la apertura de la  instrucción   el  12  de  enero  de  1997,  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria  a  JHON NELSON ECHEVERRY RAMIREZ, GABRIEL  JAIME  HENAO  MARIN,  NELSON  ANTONIO CASTRO SANTAMARIA, GILBERT DE JESUS ZAPATA  TORO,    ELEUTERIO    GUERRERO,   CARLOS   ARTURO   VERGARA   AREIZA,  a  quienes les definió su situación jurídica el 21 de enero de  1997  con  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva, sin beneficio de  excarcelación.   

Posteriormente, con fundamento en el informe  del  Cuerpo  Técnico  de Investigación de la Fiscalía, el 22 de abril de 1997  se   dispuso   la   individualización  e  identificación  de  quien  aparecía  mencionado     como     “JORGE    WILSON    alias  PICHÓN”,  logrado lo cual y al tenerse conocimiento  de  que  para  entonces  se encontraba privado de su libertad por cuenta de otra  autoridad,  se dispuso solicitar que fuera puesto a disposición de este proceso  una  vez cesaran los motivos de su detención. Fue así como el 12 de agosto del  mismo  año, se ordenó la vinculación de JORGE WILSON  JARAMILLO  MURIEL mediante indagatoria, que se llevó a  cabo el 22 de los mismos mes y año.   

La situación jurídica de este procesado fue  resuelta  el  10 de septiembre de 1997 con medida de aseguramiento de detención  preventiva,  sin derecho a libertad provisional,  como posible autor de los  delitos  de  homicidio  agravado  (numerales  6º  y  8º  del artículo 324 del  derogado  estatuto  penal)  en  concurso con la infracción al artículo 2º del  Decreto  1194  de  1989.   El mismo día se dispuso el cierre parcial de la  instrucción  en  relación con los otros procesados, lo que originó la ruptura  de   la   unidad   procesal  en  cuanto  al  antes  mencionado,  esto  es,   JARAMILLO     MURIEL.   

Esta última investigación fue clausurada el  23  de  octubre  siguiente  y  calificada  el  17  de  noviembre  siguiente, con  resolución  de  acusación para el procesado JARAMILLO  MURIEL,  por su presunta responsabilidad en calidad de  autor   de  los  delitos  de  homicidio  agravado  por  la  concurrencia  de  la  circunstancia  prevista  en  el  numeral  4º  del  artículo  324  del anterior  estatuto  penal),  y  conformación  de  grupos armados ilegales, previsto en el  artículo  2º  del  Decreto 1194 de 1989, adoptado como legislación permanente  por el artículo 6º del Decreto 2266 de 1991.   

Contra  la acusación el procesado interpuso  recurso  de  apelación,  que  la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Nacional  desató   el   9   de  abril  de  1999,  confirmando  la  decisión  de  primera  instancia.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  inicialmente  a  un  Juzgado  Regional  de Medellín, y luego al Juzgado Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad, despacho que una vez  surtido  el  trámite  pertinente  y  celebrada la audiencia pública, profirió  fallo  el  11  de  octubre  de  2000,  por  cuyo  medio  condenó  al  procesado  JARAMILLO  MURIEL a las penas  principal   y  accesoria  señaladas  en  el  introito  de  esta  decisión  y  al  pago  de  los  perjuicios  ocasionados   a   los   sucesores  de  las  víctimas,  al  hallarlo  penalmente  responsable    en    calidad    de    autor    de    los   delitos   objeto   de  acusación.   

Impugnada  el  anterior fallo adverso por la  defensa,  el Tribunal Superior de Medellín le impartió integral confirmación,  mediante  el  suyo  de fecha febrero 19 de 2001, decisión judicial esta última  que ahora es objeto de impugnación extraordinaria.   

          Imperioso  se  impone  precisar  que el juicio adelantado contra los  restantes   procesados   que   inicialmente   fueron   vinculados   al  presente  informativo,  culminó con fallo absolutorio proferido el 30 de mayo de 2000 por  el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Medellín.   

LA DEMANDA  

Seis cargos contra el fallo de segundo grado  plantea   el   defensor  del  sindicado  JORGE  WILSON  JARAMILLO,  que fundamenta y desarrolla de la siguiente  manera:   

1.-  Primer  cargo:  Nulidad por ausencia de  defensa técnica.   

          Inicialmente   el  demandante  destaca  que  su  procurado  careció  absolutamente  de  defensa en la etapa instructiva, pues su abogado de confianza  lo  asistió  en  la  injurada  y  al  día  siguiente  solicitó  copias  de la  actuación,  pero  luego no realizó actividad alguna, al punto que el procesado  le  revocó  el  poder y solicitó a la Fiscalía la designación de un defensor  público,  el cual se posesionó el 8 de octubre de 1998, esto es, un año y dos  meses  después  de la indagatoria, y se limitó a notificarse de la resolución  de   cierre  de  la  investigación,  sin  que  se  ocupara  de  “muchas    pruebas    que    debían    ser   desvirtuadas   por   la  defensa”   ni   de  solicitar  la  declaratoria  de  “nulidades  que  saltaban  a  la  vista en cualquier  etapa  procesal”, de conseguir algún beneficio para  el    incriminado,    o    de   sugerirle   que   se   sometiera   a   sentencia  anticipada.   

          Agrega   que   también   hubo  falta  de  defensa  técnica  de  su  representado  en  la  fase del juicio, pues el defensor ni siquiera se notificó  personalmente   de   las  decisiones  adoptadas,  no  coadyuvó  las  peticiones  formuladas   por  JORGE  WILSON  JARAMILLO,  se  abstuvo  de  solicitar pruebas o declaratoria de nulidades, y  por   ello,  el  21  de  mayo  de  1999  el  procesado  designó  otro  abogado,  “el  cual en forma acuciosa toma el poder y luego lo  presenta     en     forma     equivocada     a    otro    expediente”.   

          El  impugnante aduce que las omisiones de los defensores de turno no  pueden  ser  tenidas  como  estrategia defensiva, ya que según lo ha dicho esta  Corporación,  la  carencia  absoluta  de  defensa  conduce a la declaratoria de  invalidación  de  lo  actuado,  circunstancia que se presenta cuando el encargo  profesional  se  ejerce  únicamente  de  manera  nominal,  pero  sin  adelantar  actividades  en  beneficio  de los intereses del procesado, como aquí ocurrió,  al  punto  que los compañeros de causa respecto de quienes se rompió la unidad  procesal,  contrario  a lo que ocurrió con su procurado,  fueron absueltos  por los mismos delitos por haber contado con una adecuada defensa.   

          Resalta  el  defensor  la carencia de una asesoría técnica, que le  hubiera  recomendado  mostrarse  o  no  ajeno  a  los  delitos imputados, que le  hubiera  ayudado  a  acreditar  que  para  el día de los hechos investigados se  encontraba  en  la  ciudad  de  Barranquilla  con  unos  familiares, que hubiera  solicitado  la práctica oportuna de pruebas, que hubiera buscado los testigos e  insistiera  en  que fueran escuchados en declaración y, finalmente, que hubiera  solicitado   su  libertad  provisional  una  vez  transcurrieron  los  términos  establecidos  en la ley para tal fin, luego de que se le concedió tal beneficio  en  la  otra actuación judicial todo lo cual, en su sentir, violó el artículo  29  de  la  Carta  Política  y conduce a la declaratoria de nulidad del proceso  “desde  el  momento  mismo  de  su iniciación, y se  envíe  el  expediente  al  señor  fiscal  competente,  para que de inicio a la  investigación  y aporte las pruebas dentro de su debida oportunidad”,  de  conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 304 del  estatuto procesal penal derogado.   

2.-  Segundo cargo:  Nulidad  por  violación del derecho de contradicción  probatoria.   

          El  censor  alega que en la fase investigativa la Fiscalía recaudó  las  pruebas  “a  espaldas del sindicado”  y  luego  no le permitió contradecirlas, con lo cual se violó  su derecho al debido proceso.   

          Para   demostrarlo   expone   que   a   pesar  de  que  JARAMILLO  MURIEL permaneció detenido por  cuenta  del  mismo  despacho  que  lo  acusó pero con ocasión de otro proceso,  “se  le  dejó  en el olvido mientras se practicaban  todas  y  cada  una de las pruebas en su contra, sin darle el debido proceso, de  publicidad   y  de  contradicción”,  pues  como  lo  señalaba  la  anterior Carta Política, “Nadie puede  ser  condenado, sin haber sido oído y vencido en juicio, con la plenitud de las  formas de cada juicio”.   

          Agrega  que  “fue capturado el día 11 de  febrero  de  1997  y  puesto a disposición de la fiscalía regional código 12,  por  el  delito de concierto para delinquir. Dicho sea de paso uno de los mismos  delitos  por  lo  que  hoy  se  le  condena.  Dicha detención se produce un mes  después  de  ocurridos los hechos materia de la presente casación y solo se le  vincula  a  la  misma el día 22 de agosto del mismo año, justo después de que  la  fiscalía  de  conocimiento  agota  toda la probanza y prácticamente decide  cerrar  la  investigación en contra de los otros procesados y abrirla en contra  de  mi  hoy  defendido.  De  tal modo encontramos dentro de las sumarias, que el  deceso  se  produce  el  día  11  de  enero  de  1997 y la última declaración  recibida  por  la  fiscalía  de  testigos  sobre los hechos se produjo el 31 de  julio  de  1997, para luego un mes después, exactamente el día 22 de agosto la  fiscalía  decide vincularlo en forma plena por medio de indagatoria”.   

También   precisa   que   “no  puede  sacar  la fiscalía ni despacho judicial alguno que antes  de  la  indagatoria  y  la  recepción  de los testigos , no se sabía el nombre  completo  del  sindicado, en primer lugar, era la misma fiscalía con código 12  regional,  la  encargada  de adelantar la instrucción en contra del mismo JORGE  WILSON  JARAMILLO  MURIEL ALIAS PICHON, por el delito de conformación de grupos  armados  y  aparte  de  ello,  desde  el  día 9 de mayo de 1997 la joven YAMILE  ALEXANDRA,  como  obra  a  folios  469  ss,  hizo  unos  retratos hablados donde  reconoce  plenamente  al  PICHON.  Como  si fuera poco, junto con los folios del  reconocimiento  y  exactamente  a  folios  554, 555, 556, aparece la reseña con  nombre      completo      e      identificación      del     PICHON”.   

          A  su  vez,  el casacionista señala que no podría argumentarse que  por  estar  cerrada  la investigación para los otros procesados, no podían ser  interrogados  los  testigos  que señalaban a su defendido como posible autor de  las  conductas objeto de investigación, pues entre la fecha de su indagatoria y  la  resolución  de  acusación,  transcurrió un lapso de un año y tres meses;  además,  tales pruebas no le fueron puestas de presente en la indagatoria, pues  “solo  se  hacen manifestaciones de las acusaciones,  sin   detallar  quien  o  quienes  (sic)  declaraban  en  su  contra  y  se  le pusiesen  de presente los  folios     que    contenía    (sic)    dichas afirmaciones”.   

          Considera,   entonces.  que  la  garantía  del  procesado para  contradecir  las  pruebas  o  para  solicitar el allegamiento de otros medios de  convicción  fue  afectada,  máxime  cuando  solicitadas  en  forma tardía los  testigos  delos  sucesos  ya  no  fueron hallados. Adicionalmente señala que la  Fiscalía  debió  citar  a  declarar  a los familiares del incriminado sobre su  estadía  en  Barranquilla  para la época en que ocurrieron los delitos por los  que  se  le acusó, con lo cual se evidencia que no se adelantó “una   investigación   de   lo  favorable  y  desfavorable  para  el  reo”, al punto que no se le preguntó en la injurada  por  el  lugar  donde  tales  personas  pudieran  ser  citadas  para  obtener su  testimonio,   

          Igualmente  el  censor  expone  que  no se tuvo en cuenta que varios  declarantes   expusieron   con  posterioridad  que  fueron  obligados  a  rendir  testimonio  contra  el  incriminado y precisa que “de  acuerdo  a  lo anterior se presentan dos causales de nulidad en el cargo que nos  ocupa  y  generadas  por  la  misma  causa:  la  primera:  a  mi defendido se le  practicaron  todas  las  pruebas a sus espaldas, mucho antes de ser vinculado al  proceso  por  medio  de  la  indagatoria.  Y la segunda, se trata no obstante en  medio  de  su  ignorancia  y  acompañado  de  una  absoluta falencia de defensa  técnica,  el  encartado  desde  el  mismo momento de la indagatoria objetó las  pruebas  producidas  en  su  contra  y pidió controvertirlas. De aquí nace una  tercera  causal de nulidad, que trata de la negativa y renuencia del despacho en  acceder  a las peticiones del procesado. Ante lo anterior nos encontramos en una  flagrante  violación de los derechos fundamentales del sindicado, al cual no se  le  concedió  el  debido proceso, sin dilaciones, observando las formas propias  para  el  caso,  no pudo presentar ni controvertir pruebas y las aportadas en su  contra       fueron       recolectadas      a      sus      espaldas”.   

          Con  base  en  lo  expuesto,  el censor solicita a la Corte casar el  fallo  impugnado  y  devolver  la  actuación  a  la  fiscalía  “para     dar     nuevamente     inicio     al    proceso”.   

3.-  Tercer  cargo:  Nulidad  por  dilaciones indebidas e injustificadas en  el trámite procesal.   

          Reprocha  el  censor  que  si  JORGE WILSON  JARAMILLO  fue aprehendido el 11 de febrero de 1997 con  ocasión  de  otra  actuación  adelantada por la Fiscalía con código 012, tal  despacho  no hubiera tenido en cuenta el informe de miembros del Cuerpo Técnico  de  Investigación,  donde  se  daba cuenta que Adriana  María,  Paula  Vélez  y  Yamile  Gómez señalaban a  alias  “Pichón”, como la  persona  que ingresó el día de los hechos a sus residencias, quienes no fueron  oportunamente  oídas  en declaración jurada, no obstante haber suministrado el  lugar  de residencia y el número telefónico donde podrían ser localizadas, lo  cual  sólo  ocurrió  cuando  el 26 de marzo de 1997 comparecieron con ese fin,  pese  a  lo  cual  no  se  dispuso  verificar  sus  afirmaciones,  en particular  aquéllas  a  que  señalaban  al  procesado  cono  posible  autor del deceso de  Arley  Jiménez  ocurrido en  febrero  13  de  1996.  Y  agrega que apenas el 9 de mayo del mismo año que con  base      en     el     retrato     hablado     que     hiciera     Yamile  del autor de tal conducta, es  cuando  aparece  la reseña del procesado, lo que indica que con anterioridad se  conocía  su  identidad y no se había dispuesto su vinculación, no obstante lo  cual  sólo  hasta el 22 de agosto de la referida anualidad  se lo escuchó  en indagatoria.   

          También  se  extraña  el  casacionista   que  “luego  de  conocer  el  nombre  del  citado,  no se le notificara al  detenido  el  retrato  hablado  que  lo identificaba como partícipe de un nuevo  delito  y  solo  hasta  el  22  de agosto/97 esa anualidad se le vino a vincular  procesalmente por medio de indagatoria”.   

          Y  agrega  que  la Fiscalía asumió una actitud de pasividad que se  prolongó   hasta  el  31  de  marzo  de  1998,  cuando  concedió  la  libertad  provisional     al     procesado     JOSE    WILSON  JARAMILLO  en  la  actuación  adelantaba en ese mismo  despacho  por la cual se encontraba detenido y,  a su vez, hizo efectiva la  medida  de  aseguramiento  dispuesta  en  estas  diligencias;  luego  de lo cual  “vuelve  y entra en letargo el proceso hasta el  27  de  agosto  de 1998; fecha en la cual, el sindicado solicita la práctica de  pruebas  y  revoca  el poder a su defensor, solicitando se le nombre un defensor  de  oficio;  y  esto solo se logra el 8 de octubre de 1998, dejando al encartado  sin  ningún  tipo  de defensa en la etapa sumarial y tramitando las pruebas que  éste    había    solicitado    al   libre   albedrío   y   criterio   de   la  fiscalía”.   

También anota el demandante que el defensor  que  por  entonces  representaba  al procesado, “como  era  de  esperarse  no  solicita ninguna prueba y no ejerce ninguna actuación a  favor  de  su  defendido.  Acto  seguido  el  23  de  octubre del mismo año, es  decretado  el cierre de investigación y en noviembre 17 se profiere resolución  acusatoria”.   

Y   deplora   que   lo  expuesto  ocurrió  “después  de haber sido escuchado en indagatoria, y  22  meses  después  de  iniciado el proceso, lo que implica en primer lugar que  los  términos  de  instrucción  estaban  completamente  vencidos y por ende el  procesado  tenía  derecho  desde  los  18  meses  de  instrucción  a que se le  resolviera  la  acusación o se le diera la libertad por preclusión. En segundo  lugar,  mi  defendido  estuvo por cuenta de la fiscalía regional y bajo auto de  detención  desde el 31 de marzo de 1998 y como la resolución acusatoria le fue  proferida  el  día 17 de noviembre del mismo año, quiere decir que permaneció  detenido  por  cuenta  del  delito  que hoy nos ocupa y sin que se le profiriera  resolución  acusatoria  un  total de 7 meses y 17 días y sólo hasta el día 9  de  abril  de  1999,  la  fiscalía  delegada  ante el tribunal nacional, vino a  pronunciarse       en       segunda       instancia.      Echo      (sic) que por demás da lugar a conceder a  favor  del  encartado  el  beneficio  de libertad provisional por vencimiento de  términos”.   

Por   ello  concluye  que  “es  evidente  que  la  falta  de  defensa  técnica y las dilaciones  indebidas  del  proceso,  han causado graves perjuicios al procesado en la etapa  sumarial”.   

          También   señala  que  en  la  etapa  del  juicio  “el  señor  juez  tercero  especializado,  tardó 9 meses en fijar y  realizar  audiencia  pública,  sin  tener  en  cuenta  que no practicó ninguna  prueba,  no  ofició  a  ningún  funcionario  y  solo en su camino resolvió un  memorial  donde  se pedían pruebas y una reposición del mismo. Como si esto no  bastara,  el  citado  funcionario  tardó  hasta el 11 de octubre del mismo año  para  proferir  sentencia  condenatoria, lo que equivale a decir ocho meses para  un  pronunciamiento.  Téngase  en  cuenta  que  la ley otorga al funcionario un  periodo  de  10  días para tomar la decisión citada. Por último hay que tener  en  cuenta que la segunda instancia se resolvió el 19 de febrero de 2001, o sea  cuatro  años  después  de  comenzar  el litigio” en  contra    de   JORGE   WILSON   JARAMILLO.   

          Finalmente  aduce  el  censor que las dilaciones injustificadas y la  falta  de  defensa técnica ocasionaron graves perjuicios a su asistido, pues no  fueron  alegadas  oportunamente  las  causales de nulidad que se presentaron, no  fue  solicitada  la  libertad provisional a la que tenía derecho su procurado y  los  “testigos favorables”  al  procesado  por  cambio  de domicilio no pudieron ser oídos en declaración,  debido  a  que  no  pudieron  ser  citados  ni  conducidos para tal efecto a los  despachos judiciales.   

          Con  base  en  lo  expuesto  solicita  a  la  Corte  casar  el fallo  impugnado   para  decretar  la  nulidad  solicitada  y  ordenar  “el  archivo  definitivo  del  expediente, por violación indebida de  los        derechos        fundamentales        del        sindicado”.   

4.-  Cuarto  cargo:  Nulidad  por falta de notificación de las actuaciones  a los sujetos procesales.   

          El  demandante señala que las diversas actuaciones judiciales, así  como  el recaudo de pruebas “no fueron notificadas al  encartado,  ya  que  éste  no  pudo estar presente, ya que se practicaron a sus  espaldas  y  una  vez  fue  vinculado el despecho (sic)  investigativo,  no  se  las  puso de presente para que  pudieran       ser      contradichas      por      el      sindicado”   

          En  este  contexto  indica  que  cuando  el incriminado solicitó la  práctica  de pruebas, a través del escrito donde revocó el poder a su abogado  de  confianza  y  pidió la designación de uno de oficio, la fiscalía decretó  algunas  de  ellas  y aceptó la revocatoria del poder, con lo cual JORGE  WILSON  JARAMILLO quedó sin abogado  que   hubiera   impugnado   la   negativa   del  decreto  de  los  otros  medios  probatorios.   

          Agrega  que tampoco se intentó notificar a los sucesivos defensores  del  procesado “los diferentes autos emitidos por los  funcionarios   judiciales”,  pues  si  bien  en  la  actuación  aparece  copia de los telegramas remitidos con tal fin, es lo cierto  que  no  figura  constancia  de  su  recibo,  sin  que  entonces se cumpliera lo  dispuesto  en  la  ley,  “ya que ésta en forma clara  manifiesta   que   las   notificaciones   al   defensor,  deben  hacerse  en  su  domicilio”.   

          A  continuación  el  censor  señala  que además de las destacadas  falencias  y  la  inactividad  de  los defensores, también debe resaltar que en  “en   la  mal  llamada  justicia  sin  rostro,  los  expedientes  nunca  permanecían en la secretaría del despacho, siempre estaban  en  el  c.t.i.,  o  en  poder  de  cualquier  órgano  investigativo  y  nunca a  disposición de los defensores”.   

          Con  sustento  en  lo expuesto, el casacionista reitera su solicitud  de  casación  del  fallo,  declaratoria  de  nulidad  y  orden  de  archivo del  expediente,  “por violación indebida de los derechos  del sindicado”.   

5.-  Quinto  cargo:  Violación   del  debido  proceso  por  error  en  la  apreciación de las pruebas.   

          Aduce  el  censor  que los medios de prueba allegados al informativo  fueron  erróneamente  evaluados  por  los  diferentes  funcionarios  judiciales  destacando, en el propósito de resaltar tal yerro, lo siguiente:   

          a.-  Se  dice  en  los  informes  policivos  que  todos  los  hechos  investigados  ocurrieron  en  el  Billar “El Amigo”  del   municipio   de   Itagüí,   no   obstante  que  Sigifredo  López  Sánchez  y   Raúl   Alejandro   Carmona   García,   dueño  y  trabajador  de  tal  establecimiento,  en  su  orden,  declararon   que   aproximadamente  a  las  8:30  de  la  noche  “escucharon  unos  disparos  fuera  del local, que solo unos pocos se  hicieron  dentro  del  establecimiento y son enfáticos al afirmar que dentro de  los  billares  no  hirieron a nadie y que los hechos ocurrieron más que todo en  un   paradero   cercano”.  Por  ello,  considera  el  casacionista  que  tales  afirmaciones  dejan sin fundamento lo expuesto por los  funcionarios investigadores.   

          Adicionalmente  indica  que  en la investigación se estableció que  en  los  barrios  El Rosario, Calatrava y Miranda de Itagüí, aproximadamente a  las  8:30  de  la  noche  del  mismo  día de los sucesos aquí investigados, se  sucedieron  varios  enfrentamientos  que  dejaron  como  resultado  lesionados y  muertos  en distintos lugares, lo cual permite descartar que haya sido una misma  persona la autora material de todos aquellos comportamientos.   

          b.-  Respecto  del  homicidio  de  Nicolás  Alfredo    Vásquez    Osorio,   alias   Chayan,  el  impugnante  expresa que en el  fallo  se  asumió  que su muerte fue causada por JORGE  WILSON   JARAMILLO   en   el  Billar  “El  Amigo”,  sin  tener  en  cuenta  que  “todos  los  testimonios  que  hablas  (sic)  de  alias  chayan,  manifiestan que  éste  el  día  de  los  hechos  se  encontraba  acompañado de ALIAS PICHON”  con    quien    se   enfrentó   a   la   banda   de  carpinteros.   

          Y     agrega     que     sobre    la    muerte    de    Chayan  sólo  existen  relatos  aislados,  como    los    de   Wilson  Hernán    Acosta,            Adolfo             Pérez             Gutierrez       y       Luis              Carlos             Atehortúa  que  no  señalan  ni el lugar  done  se  cometió  el delito ni sus autores, y tampoco exponen que el procesado  haya  realizado  tal  conducta,  por  lo  cual “no se  explica   la   defensa,   de  donde  sacó  la  fiscalía  que  ha  (sic)  este lo hubiese matado mi defendido  y  menos  aún  existiendo  pruebas  suficientes  que  el  pichón y chayan eran  grandes  amigos  y  que  el  día  de  los  hechos,  se  encontraban combatiendo  juntos”.   

          c.-   En   cuanto   se   refiere   al   homicidio   de  Gerardo  Garcés, manifiesta el censor que  el    testigo    Hernán   Acosta   Villa   declaró  que  le  informaron  que  aquel  estaba  herido  y  que  efectivamente  así  lo  encontró, sin que relate la forma en que se produjo la  agresión.   

Igualmente   expresa   que   el   testigo  León de Jesús Restrepo dijo  que   el   día  de  los  sucesos  ingresaron  a  su  residencia  dos  personas,  “Chayan”      y  “Butifarra”,  y  que  el  primero    disparó    hiriendo   a   Carmen   Astrid  Escobar   y   a   Argemiro  Garcés;  además,  que  esta  lesionada  declaró que  quien  la  había   herido  en  la  rodilla  y  lesionado de muerte  a  Garcés    había   sido  “Butifarra” y que si bien  tuvo  oportunidad  de ver a  “Chayan”, este no fue quien le disparó.   

Puntualiza el defensor, además,  que a  alias  “PICHON,  de  acuerdo a las declaraciones, lo  vieron  con  una  pistola y según la necropsia practicada a ARGEMIRO GARCES, le  dispararon  con un changón que le destrozó la cabeza. Como quiera que es claro  que  en  el  momento  en que le dieron muerte al señor ARGEMIRO GARCES, no hizo  presencia  en la casa del señor LEON RESTREPO, el señor JORGE WILSON JARAMILLO  MURIEL,  lo  cual  lo  descarta  de  toda acción delictiva en contra del señor  ARGEMIRO  GARCES  incluso  no  hay forma de demostrar que los autores materiales  estén  ligados  en  la  acción  por  conveniencia, necesidad, participación y  menos por coautoría”.   

          d.-    En    cuanto    atañe    al    homicidio   de   Wilson    Andrés   Puerta   Montoya   el  impugnante   indica   que   si   bien   obra  la  declaración  de  Nestor  Dario  Molina, quien relató que la  persona      que      disparó      contra      aquel      fue      Nacho,  quien se encontraba acompañado de  alias   “Pichón”  quien  tenía  en  su  poder  un  revólver  38,  lo cierto es que no dio cuenta de las  circunstancias  espacio  temporales  y  modales  que  rodearon  los sucesos y su  declaración  no  fue  corroborada  por  otros  testigos.  También cuestiona el  defensor   que   el   testigo  hubiera  podido  describir  el  rostro  de  alias  “Pichón”, si se tiene en  cuenta que el sitio estaba oscuro.   

          Agrega    que    resulta    bastante   extraño   que   Jhon  Alexander  Montoya, quien fue herido  en  el  mismo momento, no denunciara a los autores del delito luego de saber que  se encontraban privados de su libertad   

          E  indica  que  se advierten contradicciones entre las declaraciones  de  cargo  y  los  restantes testimonios, pues se ha probado que la noche de los  sucesos     JORGE    WILSON    JARAMILLO  se  encontraba  con “Chayan”      y     “Butifarra”,  que  no tenía en su poder un revólver sino una pistola y que  tenía  un saco gris de manga larga y no una camisa.  Además, que en autos  se   demostró   que   Wilson   Andrés  fue    agredido    en    Billares   “El  Amigo”  del  barrio  El  Rosario por parte de varios  encapuchados  que  irrumpieron  al  sitio  hacia  las 8:30 de la noche, del  día en que ocurrieron los sucesos investigados.   

De  conformidad con lo anotado el impugnante  plantea  que  se  trata  de  contradicciones que a la postre permiten tener como  sospechosos  los  testigos, dado que como se trata de un conflicto entre bandas,  puede  existir  interés  en perjudicar, máxime si se tiene en cuenta que en el  enfrentamiento     murió     “Chayan”,  quien  para  entonces  había  sido  visto  en  compañía  de  JORGE        WILSON        JARAMILLO.   

Adicionalmente  el  casacionista señala que  las  declaraciones  de  Alberto Adolfo Muñoz, Adriana  María  Velez  Correa,  Yamile  Alexandra  Jiménez  y  Wilson  Hernán  Acosta Villa  no  ofrecen  credibilidad  en  punto de la sindicación que hacen a JORGE  WILSON  JARAMILLO, dado que no sólo  posteriormente    se    retractaron,    sino   porque   sus   exposiciones   son  contradictorias,  “ubicando  al denunciado en sitios  diferentes  a  la  misma  hora,  portando  armas  diferentes y vistiendo prendas  diferentes  y como si fuera poco, acompañado de personas diferentes”.   

         

          Por  todo  ello  concluye  que respecto de la muerte de Wilson  Andrés Puerta existen serias dudas  que  impiden  tener  por  satisfechas  las exigencias legales para condenar a su  procurado,  más  aún  cuando  en  la  indagatoria  no  se  le preguntó por el  homicidio  del  mencionado  joven  “motivo  más que  suficiente   para   no   condenarlo   por   un   delito   al   cual   no  se  le  vinculó”.   

          e.-  Respecto  del  delito  de  conformación  de  grupos armados al  margen  de la ley,  el demandante anota que si bien se acreditó que en los  barrios  El  Rosario,  Calatrava y Miranda de Itagüí operaban varios de ellos,  es  lo  cierto  que  en  cuanto a las denominadas “La  banda   de   los   carpinteros”  o  “La  banda  de  la 15”  a las cuales,  según      dijeron      los      testigos,     pertenecían     “Chayan”  y  su  defendido,  no se logró  demostrar  su  existencia,  además  de  que  tampoco  el procesado JARAMILLO   MURIEL   figura  con  esa  calidad en las listas aportadas por los organismos de seguridad.   

          Acude  entonces  el  censor  a lo expuesto por el Juez Primero Penal  del   Circuito   Especializado  de  Medellín  cuando  absolvió  a  los  demás  incriminados  dentro de la actuación que se originó por razón del rompimiento  de  la  unidad  procesal,  funcionario  que  consideró   que  si  bien los  testigos  informaban  que  existía  un  grupo  de personas, entre las cuales se  encontraba  la familia Urrego,  que  desempeñaban  el  oficio  de  la  carpintería y al parecer se dedicaban a  cometer   delitos   de  homicidio,  incendio  y  extorsión,  no  se  encontraba  acreditada  suficientemente  la conformación de un grupo armado al margen de la  ley.   

También señala el actor que su asistido fue  procesado  en  otra  actuación  por la misma Fiscalía que conoció del sumario  por  el  delito  de  conformación  de grupos armados, diligencias en las cuales  “el   señor  fiscal  determinaría  liberarlo  del  proceso,   siendo  confirmado  por  el  señor  juez  primero  especializado  de  MEDELLÍN”,  afirmación  a partir de la cual agrega  que   “la  ley  y  la  constitución  nacional  prohíbe   (sic)  en  forma  expresa  que  a  un  mismo  individuo  se  le  juzgue  dos  veces  por  el mismo  delito”.   

          Concluye  entonces  el  demandante  señalando  que  “tanto  el  señor  juez  de  primera  instancia, como los honorables  magistrados  que  desataron  la  segunda instancia, tuvieron una interpretación  errónea   de  las  pruebas  aportadas  al  proceso,  no  le  dieron  la  debida  aplicación  a  la ley penal en sus exigencias de la plena prueba para condenar,  le  negaron  al procesado los beneficios de la duda razonable y del in dubio pro  reo,  ni  analizaron  las pruebas en forma integrada, mirando tanto lo favorable  como  lo  desfavorable  para  el  encartado;  y,  solo  se limitaron a verter un  concepto  proferido  por  el  señor  fiscal  y  por  el  agente  del ministerio  público,  los  cuales también pecaron de penalizadores y miraron las probanzas  más  con  el  ánimo de encontrar un culpable que de hacer justicia”.   

          Con  soporte  en  lo  expuesto  el  defensor solicita da la Corte la  casación  del  fallo  impugnado  para que, en su lugar, se conceda al procesado  “el beneficio del IN DUBIO PRO REO y se resuelvan en  su favor todas las dudas existentes”.   

6.-  Sexto  cargo:  Nulidad  por  falta de concreción de los cargos en la  indagatoria.   

          Aduce  el  actor en esta censura que se incurrió en irregularidades  que  afectaron  el  derecho al debido proceso del incriminado, habida cuenta que  el  Fiscal  en la indagatoria interrogó a JORGE WILSON  JARAMILLO  MURIEL , en forma tal que parecía que todas  las   víctimas   de   que   se   da,  hubieran  sido  agredidas  en  el  billar  “El  Amigo”,  cuando  en  verdad   se   demostró   que   ninguno   de   ellos   fue   atacado   en  dicho  lugar.   

          Además,  agrega, no se le preguntó al indagado por el homicidio de  Wilson  Andrés  Puerta, sino  sólo  por  las muertes de Argemiro Garcés  y  Pedro Loaiza,  sin  que  se  hiciera  referencia  alguna a las circunstancias de tiempo, modo y  lugar  dentro  de  las  cuales ocurrieron los sucesos, sin que pueda pretextarse  que  como  el  procesado adujo que para tal época se encontraba en Barranquilla  no  era  necesario  ahondar  sobre  tales  aspectos  pues, por el contrario, era  preciso    ponerle    de    presente    las   pruebas   que   comprometían   su  responsabilidad.   

          También  deplora  el  demandante  que  a  su asistido se le hubiera  condenado  por el delito de conformación de grupos armados, sobre el cual no se  le   interrogó  en  la  injurada,  pues  únicamente  se  hizo  mención  a  la  “Banda     de     los     carpinteros”,  pero  no se lo cuestionó acerca de su pertenencia a la misma,  ni  sobre  el  cargo  o  las funciones que desempeñaba o cumplía dentro de tal  organización.   

          Finalmente   señala  que  en  la  diligencia  de  vinculación  del  procesado  se  le interrogó si sabía quienes eran los autores o partícipes de  los  delitos investigados, sin que se le precisara de presente el nombre de cada  una  de  las víctimas, razón por la cual advierte que en tal oportunidad no le  fueron  concretados  los  cargos  al  incriminado JORGE  WILSON JARAMILLO.   

          De  acuerdo con lo expresado en precedencia, el actor solicita de la  Corte  casar “la sentencia impugnada y en su lugar se  decrete  la  nulidad  de  todo  lo  actuado,  a  partir  del momento mismo de la  indagatoria    y    se    ordene    el    archivo   del   expediente”   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

La  Procuradora  Primera  Delegada  para  la  Casación  Penal sugiere en su concepto no casar la sentencia impugnada, como ya  se  anunció,  en  razón  a  que  los  cargos  propuestos  crecen  de  razón y  fundamento,   conclusión   a   la   cual  llega  a  partir  de  los  siguientes  argumentos.   

          Inicialmente  señala  algunos  de  los desaciertos técnicos en los  que   incurrió   el   demandante,   comenzando  por  destacar  que  entremezcla  indebidamente  las  violaciones  al debido proceso y al derecho de defensa en la  formulación  de  los  cargos  segundo,  tercero, cuarto y sexto, sin distinguir  entre  principales  y  subsidiarios,  esto  es,  sin  sujetarse  la principio de  prioridad  que  impide  la  presentación  simultánea  de  censuras dirigidas a  conseguir la invalidación de lo actuado.   

          También  expone  que  el  censor  equivocadamente  argumenta que el  “proceso  es  nulo  de  principio  a fin”  sin  notar  que el recaudo probatorio obrante con antelación a  su   vinculación  mediante  indagatoria  de  su  procurado  no  fue  objeto  de  cuestionamiento  en punto de su aducción o producción, y por tanto al mantener  su  validez,  ello impide anular el proceso en su integridad como lo pretende el  defensor impugnante.   

          Igualmente  señala que en el cargo quinto, el casacionista se apoya  en  la  causal  tercera  de  casación,  pero  en  su desarrollo se refiere a la  “apreciación  errónea  de las pruebas aportadas al  proceso”  que correspondía demostrar de conformidad  con  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  esto  es,   por  violación indirecta de la ley sustancial.   

Y agrega que al plantear el impugnante varios  cargos  por  violación al debido proceso y al derecho defensa estaba obligado a  presentar  los  reproches  en capítulos separados, dado que no es viable dentro  de  la  misma  causal tercera plantear censuras referidas a la afectación de la  estructura  básica del proceso y también yerros que quebranten el derecho a la  defensa.   

          Adicional  a  lo  anotado,  la  Procuradora  Delegada  encuentra que  carece  de razón el demandante en los argumentos que presenta para conseguir la  casación  del  fallo,  pues  las  irregularidades  acusadas,  en realidad, o no  tuvieron real ocurrencia o carecen de trascendencia.   

          A  continuación, la Delegada se refiere en particular a cada uno de  los cargos propuestos por el impugnante, así:   

1.-  Primer  cargo:  Nulidad por ausencia de  defensa técnica.   

          Expresa  la  Delegada  que  el  procesado,  durante la diligencia de  indagatoria  cumplida  el  22 de agosto de 1997, fue asistido por un abogado que  tenía  el  deber  legal  de  representarlo  hasta la culminación del proceso o  hasta  cuando  fuera  reemplazado,  como  ocurrió en este asunto, donde el 8 de  octubre  de  1998  le  fue designado otro defensor de oficio, quien se notificó  del    cierre   de   investigación,   y   si   bien   no   presentó   alegatos  precalificatorios,  tal  omisión  no entraña afectación de ninguna garantía,  por   tratarse   de  una  oportunidad  que  discrecionalmente  le  correspondía  ejercitar,  dado  que  diversas  razones  podrían  hacer aconsejable esperar en  silencio la decisión calificatoria.   

          Y  resalta  que  entre la indagatoria y la calificación del sumario  no  hubo  actividad probatoria por parte del instructor que ameritara ejercer el  derecho  de  contradicción;  además,  que  si el defensor inicial no solicitó  prueba  ni  el  posterior impugnó la resolución de acusación, ello tampoco es  indicativo  de una absoluta falta de defensa como lo pretende el censor, como en  efecto ha sido reconocido por la jurisprudencia de esta Sala.   

          En  punto  del derecho de defensa puntualiza la Delegada que si bien  no  puede  faltar  en  ninguno  de  los  dos  estadios  del proceso, resultaría  exageradamente  formal exigir que en cada momento de ellos la participación del  defensor   fuera   inexorable,  pues  si  bien  existen  actuaciones  que  hacen  imprescindible  la  asistencia  del defensor como condición de validez, una vez  cumplidas  aquellas  el  examen  de  la  garantía  debe  verificarse  de manera  integral,  esto  es,  de  acuerdo a la realidad global que cada una de las fases  procesales evidencie.   

          Y  destaca  que  esta  Sala  ha señalado que si se establece que la  irregularidad  pudo  ser  subsanada  por el defensor al contar con oportunidades  para  ello,  debe  entenderse  que  el  referido  derecho  no  fue violado, pues  carecería   de   sentido  invalidar  la  acción  para  brindar  a  la  defensa  posibilidades de intervención que ya tuvo.   

          Por  lo anotado, estima la representante del Ministerio Público que  este primer cargo no debe prosperar.   

2.-  Segundo cargo:  Nulidad  por  violación del derecho de contradicción  probatoria.   

          Comienza  la  Delegada por señalar que si en este caso se presentó  un  prolijo  recaudo  probatorio  en  la  fase  inicial  del  proceso,  ello  no  constituye  causal  de invalidez como lo plantea el casacionista, cuando señala  que  desde  el  momento  de  la  captura  de su defendido por cuenta del proceso  22582   adelantado  por  la misma Fiscalía que tramitó la instrucción en  este  asunto,  existían  elementos  de  juicio para disponer su vinculación al  proceso,  pues  en  verdad  para  entonces  no  se  contaba  con  la  suficiente  identificación  que  así  lo hubiera permitido, dado que a partir de la prueba  testimonial   sólo   se   le   conocía   con   el   alias  de  “Pichón”.   

Señala a continuación que, por lo anterior,  fue  necesario  comisionar  al  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  para hacer  claridad   sobre   tal   aspecto,   hasta   cuando   el   testigo   Wilson  Hernán  Acosta Villa, expuso el 19  de    marzo    de   1997   que   había   sido   víctima   de   “Pichón”   y  que  este  se  encontraba  privado  de su libertad en el patio octavo de la Cárcel de Bellavista, dato que  permitió   su  completa  identificación  por  parte  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación,  según quedó plasmado en el informe del 15 de julio de 1997, y  el  allegamiento de su tarjeta decadactilar el 22 de los  mismos mes y año  lo   que,   en   consecuencia,   permitió  disponer  su  vinculación  mediante  providencia  del  2  de  agosto  de  la referida anualidad, sin que se evidencie  entonces  que  la Fiscalía hubiera ocultado la investigación al procesado como  lo señala el defensor.    

          También  destaca  que  la  prueba  recaudada  con anterioridad a la  diligencia  de indagatoria pudo ser controvertida por el procesado y su defensor  desde  el  momento  mismo  de  la  indagatoria, y ello es así porque incluso se  solicitó  diligencia  de  reconocimiento  en  fila de personas con la deponente  Yamile  Alexandra  Jiménez,  que  si bien no fue decretada por la Fiscalía, dentro del ejercicio del derecho  de  contradicción bien pudo haberse impugnado la decisión que no accedió a su  práctica.  Y  que  si  además  se tiene en cuenta que dicha prueba carecía de  poder  para  desvirtuar  las que comprometían la responsabilidad del procesado,  ello     es    motivo    para    concluir    que    el    reclamo    se    torna  intrascendente.   

          Igualmente   advierte   la  Delegada  que  el  procesado  estuvo  en  condiciones   de   defenderse,   como   que  desde  su  indagatoria  se  mostró  completamente  ajeno a las conductas imputadas aduciendo que por la época de su  ocurrencia  se  encontraba  en  la  ciudad de Barranquilla, circunstancia que la  Fiscalía  intentó  verificar  a  través  de  la empresa de transporte Rápido  Ochoa  con  resultados  negativos,  pues  en  la lista de pasajeros no apareció  registrado  el  nombre del incriminado, ni el de los familiares con quienes dijo  haber viajado a dicha ciudad el 3 o el 4 de enero de 1997.   

          Y  encuentra  que la imposibilidad de obtener los testimonios de los  citados  familiares  del  procesado,  obedeció  a que éste no suministró dato  alguno  sobre  su lugar de residencia o número telefónico, amén de que lo que  se  logró  establecer  fue  que  algunos  de  ellos  se  encontraban en Estados  Unidos.   

          Finalmente  estima  la  Delegada  que  si  el  recurrente  alega  la  violación  del principio de investigación integral, era preciso que demostrara  la  pertinencia  y  trascendencia  de las pruebas echadas de menos, a lo cual no  procedió,  y  que además, no tuvo en cuenta que otros elementos de convicción  sustentaban  el fallo adverso para su procurado, circunstancia que deja sin piso  la   censura,   dado   que  los  falladores  concluyeron  que  era  evidente  la  intervención      del      procesado     JARAMILLO  MURIEL     en     los     delitos     objeto     de  acusación..   

          Por tanto, considera que el cargo resulta inadmisible.   

3.-  Tercer  cargo:  Nulidad  por  dilaciones indebidas e injustificadas en  el trámite procesal.   

La  Delegada  encuentra, en primer término,  que  en  la  formulación  de  este cargo el censor vuelve a mencionar similares  irregularidades  a  las  señaladas  en  precedencia,  entre  ellas  la  tardía  individualización  del  procesado,  a  las  cuales  como ya tuvo oportunidad de  referirse   al   contestar   los  anteriores  cargos,  se  remite  el  análisis  allí   consignado.  En  segundo  lugar,  expone  que  si  bien se advierte  tardanza  en  el  trámite   del  proceso,  especialmente  en  la etapa del  juicio,  ello no constituye causa invalidante de la actuación procesal, como en  efecto  ha  sido  señalado  por  esta  corporación en repetidas oportunidades.   

Por lo anterior, concluye que la censura debe  ser desestimada, y así lo solicita a la Sala.   

4.-  Cuarto  cargo:  Nulidad  por falta de notificación de las actuaciones  a los sujetos procesales.   

Comienza  la  Delegada por señalar que, tal  como  ya  tuvo  oportunidad  de  precisarlo,  en  razón a que no fue posible la  vinculación   del   procesado  desde  el  inicio  de  la  investigación,  ello  lógicamente  condujo  a  que  no  se  le  notificó  la  actividad  procesal de  entonces,  la  cual  vino a conocer desde el momento de su injurada, luego de la  cual  solicitó  con  éxito copia de toda la actuación, así como la práctica  de  reconocimiento  en  fila de personas con una de las deponentes que según ya  se señaló le fue negada por el instructor.   

          Además,  agrega,  el  defensor  fue  notificado, entre otras, de la  ruptura  de  la  unidad  procesal,  la  resolución  de situación jurídica, el  cierre  de  la  instrucción, la resolución de acusación contra cual interpuso  recurso  de apelación, la apertura del juicio a pruebas, el auto que fijo fecha  para  la  celebración  de  audiencia pública y los fallos de primera y segunda  instancia.   

          También  expone  que  a  los  defensores  de  turno  se  les envió  comunicación  para que comparecieran a notificarse de las decisiones, pese a lo  cual  hicieron  caso omiso de ello, habida cuenta que no hay prueba que acredite  que  los  telegramas  hubieran sido devueltos, circunstancia que en todo caso no  tiene  efectos  invalidantes  sobre  la  actuación  cumplida,  dado  que  tales  profesionales  debían  estar  pendientes  del curso del proceso, porque ello se  enmarca  dentro  del  cabal  cumplimiento  de cargo de defensores y, finalmente,  resalta  que en todo caso fueron notificados por la vía supletoria del estado o  el edicto, según la decisión de que se trataba.   

Agrega  la  Delegada que la defensa técnica  representó  al  procesado  en  indagatoria,  se  notificó  personalmente y por  estado  de  las  decisiones adoptadas, participó activamente en el debate oral,  durante  el  cual se analizó individualmente y en conjunto la prueba recaudada,  solicitando    la   absolución   del   procesado   como   tesis   principal   y  subisdiariamente  la  nulidad  del trámite, e impugnando finalmente el el fallo  de  segundo  grado  a través del recurso de casación que ocupa la atención de  la Sala.   

          Con   sustento   en  tales  consideraciones,  la  Delegada  solicita  desestimar esta censura.   

5.-  Quinto  cargo:  Violación   del  debido  proceso  por  error  en  la  apreciación de las pruebas.   

          En  torno a esta nueva censura, la Procuradora expresa que el censor  se  limitó  a  exponer su propia valoración de la prueba, sin que tal proceder  sea  admisible  en  casación,  pues  la  simple  discrepancia  entre fallador y  demandante  sobre  el mérito de los elementos de convicción no configura error  alguno demandable a través de este trámite extraordinario.   

Aduce que si bien del censor se refiere a un  error  de  hecho, no precisó cuál de los que la ley considera como posibles se  dio  en  el evento que pone en consideración de la Corte, y tampoco precisó si  ese  error  condujo a falta de aplicación o aplicación indebida de un precepto  sustancial, estando obligado a hacerlo.   

También señala la Delegada que dentro de la  ponderación   de   los   medios   de  prueba,  los  funcionarios  de  instancia  consideraron   que  los  testimonios  incriminatorios  señalaban  al  procesado  JORGE  WILSON  JARAMILLO como  la  persona  que  en asocio de otras penetró arbitrariamente a la residencia de  Paula  Velez  Correa, no sin  antes  haber  disparado  en su huída por un callejón a otros ciudadanos y que,  adicionalmente,         las         declaraciones         de        Adriana            María        y        Yamile             Jimenez  destacaban  que los agresores las  amenazaron  si  informaban  los  sucesos  por  ellas  percibidos,  todo  lo cual  encontraron  suficiente  para  sustentar  la  atribución de responsabilidad del  incriminado  en los delitos objeto de acusación, sin que se advierta equívoco,  parcialidad  o  violación  del  derecho  a  la  igualdad  como  lo  pretende el  demandante.   

Y  agrega  que en esta censura el recurrente  reitera  la  crítica probatoria que formuló en la primera instancia, a la cual  el  a  quo brindó suficiente  respuesta.   

De lo anterior concluye la Delegada que como  no  se  advierte  que  los  falladores  hubieran  abrigado  duda alguna sobre la  responsabilidad  del  procesado,  por ello no resulta procedente dar aplicación  al   principio   del   in  dubio  pro  reo que solicita el actor.   

Este  cargo,  por  tanto,  también debe ser  desestimado.   

6.-  Sexto  cargo:  Nulidad  por  falta de concreción de los cargos en la  indagatoria.   

          Resalta  la  Delegada  que  para  la  fecha  en  que  se realizó la  indagatoria  (22 de agosto de 1997), regía el artículo 360 del Decreto 2700 de  1991,   que   disponía   que  el  imputado  fuera  interrogado  “en     relación     con    los    hechos    que    originaron    su  vinculación”,  sin  que  tal  diligencia tuviera el  carácter  de  acto  de formulación de cargos, ni que por disposición legal se  hiciera  necesario  precisar  la  correspondencia de la conducta investigada con  alguna  valoración  jurídica concreta, bastando para ello exhortarlo para que,  libre  de  juramento,  respondiera  de  manera clara las preguntas que le fueran  formuladas,  sin  que  existieran  reglas  o  fórmulas  sacramentales  para  su  recepción  o  se  tuviera señalado un orden específico en la formulación del  interrogatorio,   como  reiteradamente  lo  expuso  la  jurisprudencia  de  esta  Sala.   

          Como  en este asunto, dice la Delegada, los sucesos que determinaron  la  vinculación del incriminado Jorge Wilson Jaramillo  al   proceso,   fueron   la  muerte  de  Argemiro   Garcés,   Wilson   Andrés   Puerta  Montoya    y    Nicolás    Alberto    Vásquez  Osorio  con  ocasión  de  las  vindictas entre grupos  armados  que  en  forma  ilegal  operaban  en  el  municipio de Itagüí y otros  lugares   del   Valle  de  Aburrá,  no  hay  duda  que  sobre  ello  versó  el  interrogatorio  que  se  le  formuló  al procesado, quien se mostró ajeno a la  existencia  de  tales  bandas, y como se limitó a señalar que para la fecha de  los  hechos  que  se  le  imputaban  se encontraba en Barranquilla, ello tornaba  improcedente  interrogarlo acerca de su aporte o intencionalidad en la comisión  de tales delitos.   

          Pese  a  lo  anotado,  agrega  la  Procuradora  que en autos se hizo  referencia  a  una  motocicleta  como  perteneciente a uno de los autores de los  hechos,  la  cual  fue descrita suficientemente en cuanto a sus características  distintivas,   la   que   a  la  postre  fue  señalada  como  de  propiedad  de  “Pichón”,     en  circunstancia  probatoria  que  vino  a  confirmar  su compromiso penal d en los  comportamientos delictuales por los que se lo condenó.   

          Igualmente  la  Delegada  resalta  que  el  instructor interrogó al  procesado  sobre los miembros de los referidos grupos armados, a quienes algunos  de   los   deponente   se   referían  para  identificarlos  con  los  alias  de  “Chayan”, “Caliche”,       y      Nelson,  entre  otros, frente a lo cual se  mostró completamente ajeno a los grupos y a sus integrantes.   

          Con  base  en  lo  expuesto,  la  Delegada  concluye  que  mal puede  afirmarse  que  la  defensa  hubiera  sido  sorprendida  en  la  resolución  de  acusación  o  en  el  fallo  con  hechos  o  situaciones  sobre  los que no fue  interrogado  el  procesado,  pues  lo  cierto  es que son varias las referencias  fáctico  procesales  que  evidencian  lo contrario, razón por la cual advierte  que  los  falladores  actuaron conforme a derecho y, por ello, el reparo no debe  prosperar.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

En  atención  a  que el demandante sustenta  cinco  de  los  seis cargos que formula contra el fallo de segunda instancia, en  la  causal  tercera de casación (nulidad), obligado se impone precisar a manera  de  exordio,  que si bien la  Sala   ha   señalado   en   forma   reiterada   que  la  demostración  de  las  irregularidades  sustentadas  en  dicha  causal  es más flexible que la exigida  para  acreditar las otras causales, ello no significa en modo alguno que para el  demandante  no  se torne imperioso proceder con precisión, claridad y nitidez a  identificar   la   clase   de   irregularidad   sustancial   que   determina  la  invalidación,   plantear  sus  fundamentos  fácticos,  indicar  los  preceptos  sustanciales  que se consideran conculcados, expresar la razón de su quebranto,  señalar   el  momento  procesal  donde  se  consolidó  el  vicio,  indicar  la  actuación   o   actuaciones   judiciales  que  al  resultar  afectadas  por  la  irregularidad  sustancial  deban  corregirse,  demostrar  que  procesalmente  no  existe  manera diversa de restablecer el derecho afectado y, lo más importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo injerencia perjudicial y decisiva en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo impugnado (principio de  trascendencia),   dado   que   este   recurso  especial  no  puede  fundarse  en  especulaciones,  conjeturas  o  afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  circunstancias  que  carecen  de  relevancia  en  el  ámbito  de la validez del  trámite.   

En el asunto objeto de estudio advierte la  Sala  que el actor incurre en plurales  faltas de técnica casacional, pues  no  obstante  señalar  que  el  fallo impugnado vulneró los derechos al debido  proceso  y  a la defensa técnica de su asistido, es lo cierto que olvida que se  trata  de  vulneraciones  que afectan dos ámbitos suficientemente delimitados y  delimitables.  Es  así  como  el  primero,  esto es, la vulneración del debido  proceso,  constituye un vicio de estructura (falta de competencia, pretermisión  de  las formas propias del juicio, etc.) y, el segundo, vale decir, el quebranto  del  derecho  a  la  defensa  técnica,  comporta  un  vicio de garantía,   características  distintivas  que  imposibilitan  su  invocación conjunta, con  fundamento  en  los  mismos  supuestos  de  hecho  procesales y con apoyo en las  mismas razones críticas.   

Además,   también   se  observa  que  el  casacionista  tampoco  tiene  en  cuenta el principio de prioridad que rige este  extraordinario  trámite,  según  el  cual,  primero  deben  ser propuestas las  irregularidades  sustanciales  con  virtud  para afectar la validez del trámite  cumplido  y  luego  sí  proceder  a  la formulación de las que se sustentan en  otras  causales de casación. Y, además, que cuando la censura incluye plurales  circunstancias  posiblemente  generadoras de nulidad, como es el caso del libelo  que  concita  la  atención de la Sala, se impone para el demandante el deber de  presentarlas  en  riguroso  orden,  es preciso que el demandante las proponga en  estricto  orden,   postulando  como  principal  aquella  que entraña mayor  cobertura  de afectación del trámite cumplido, en el evento de su prosperidad,  para   luego  continuar  con  las  restantes  en  forma  subsidiaria,  pero  sin  desatender    el    referido    ámbito    de   invasión   de   la   actuación  cumplida.   

En el presente caso, lo que sin dificultad se  observa  es  que  si  bien  el  actor  solicita la declaratoria de nulidad de la  actuación,    en    el    desideratum   de  señalarle  a  la Sala las razones que sustentan dicha petición  aduce  toda  clase de situaciones que estima irregulares, sin orden ni prioridad  alguna,  haciendo  referencia  desde  la  ausencia de defensa técnica, hasta la  dilación  indebida  e  injustificada  del trámite, pasando por la vulneración  del  derecho  de  contradicción, la falta de notificación de las actuaciones a  los  sujetos  procesales,  el  error  en  la  apreciación  de  las prueba y, en  fin,    la   ausencia   de  concreción  de  los  cargos  en  la  injurada,  circunstancias  que  impiden  a  la  Corte  reordenar los reproches, como que ni  siquiera  fue  señalada  la  cobertura de invalidación derivada de cada una de  las censuras formuladas.   

         También   se   establece   que  en  manifiesta  inobservancia  del  principio  de  autonomía  de  los cargos, según el cual, los argumentos que se  esgrimen   para  pretender  el  reconocimiento  de  una  causal  no  pueden  ser  presentados  para  conseguir  el  reconocimiento  del  mismo objetivo por razón  diversa,  el  defensor  intenta  en  el mismo capítulo, sin distinción alguna,  demostrar  la  vulneración  del  debido  proceso  con  los  mismos  elementos y  razonamientos  con  los que ensaya acreditar la lesión del derecho de defensa y  la violación del derecho de contradicción.   

          No  obstante  lo  anterior,  esto  es,  al  margen de las anteriores  deficiencias  técnicas,  en  tanto  que  a  la  Sala  corresponde  verificar la  posibilidad  de  una  eventual  intervención  oficiosa  que  se materializaría  frente  a  la constatación de que el fallo de segundo grado fue proferido en un  juicio  viciado  de  nulidad, según la previsión contenida en el artículo 216  del  estatuto  procesal penal, dando prevalencia a lo sustancial sobre lo formal  según  lo  ordena  el  canon constitucional contenido en el artículo 218 de la  Carta  Política, a continuación se procede al estudio de los referidos cargos,  en  el  mismo  orden  en  que fueron presentados y estudiados por la Procuradora  Delegada  para  concluir en su solicitud de desestimación total de la propuesta  casacional.   

1.-  Primer  cargo:  Nulidad por ausencia de  defensa técnica.   

En  relación  con este primer cargo, pronto  advierte  la  Sala  que las afirmaciones del censor referidas a que el procesado  careció  absolutamente  de  defensa  técnica  durante  la etapa instructiva no  encuentran  sustento  en  el  informativo,  pues  es lo cierto que su abogado de  confianza  lo  asistió  el  22  de  agosto  de  1997  durante  la diligencia de  indagatoria  y,  al  día siguiente, solicitó copias de la actuación. Además,  es  claro,  que tal designación en la forma como fue otorgada por el procesado,  comportaba  para  el  profesional escogido la obligación  legal de asistir  al  procesado  hasta cuando cesara el mandato por culminación del trámite, por  renuncia,  o  por  revocatoria del poder otorgado, bien fuera esta tácita, como  cuando  se  designa  otro  defensor,  o  expresa, cuando se indica por parte del  procesado   al   funcionario   judicial  su  interés  en  no  continuar  siendo  representado por el profesional del derecho que designó.   

Y  ello  ocurrió  cuando  mediante  escrito  presentado  27  de  agosto  de 1998, el procesado JORGE  WILSON  JARAMILLO  revocó  el  poder  otorgado  a  su  abogado  de confianza y solicitó la designación de otro profesional, a lo cual  accedió  la  Fiscalía  nombrándole  el 29 de septiembre siguiente defensor de  oficio,  que  al  no tomar posesión del cargo en forma oportuna, determinó que  el  8  de  octubre  de la misma anualidad fuera designado y posesionado un nuevo  profesional del derecho.   

Si lo anterior es así, es claro como bien lo  señala  la  Procuradora Delegada, que carece de razón el demandante pues no es  cierto  que el incriminado haya carecido de asistencia técnica durante la etapa  de   instrucción,   pues   si   bien   entre  el  momento  en  que  revocó  el  poder1  y  aquél en que tomó posesión el defensor de oficio2 transcurrieron  cerca  de  cuarenta  (40)  días,  lo  cierto  es  que  en dicho lapso no varió  sustancialmente  el acervo probatorio, pues sólo se recepcionó la declaración  de  Alberto  Adolfo  Muñoz,  quien   vagamente   refiere  comentarios  de  otras  personas  en  punto  de  la  responsabilidad  de  JORGE WILSON JARAMILLO   en  los  hechos  investigados,  circunstancia  que  evidencia  la  ausencia  de  lesión  material  efectiva  al  derecho  de  defensa técnica del  incriminado,  máxime   si  se  tiene en cuenta que él mismo o su defensor  durante  el  resto  de  la investigación tuvieron oportunidades  reales de  solicitar   ampliación   de   dicha   declaración   si  así  lo  consideraban  necesario.   

Ahora  bien,  si  el  defensor  de oficio se  notificó  de  la  resolución  de  cierre  de  la investigación y no presentó  alegatos  precalificatorios,  ni  impugnó  la  resolución  acusatoria, ello no  constituye  razón suficiente para concluir que el derecho a la defensa técnica  ha  sido  vulnerado,  en  tanto  que  como lo tiene señalado la jurisprudencia,  tales  actos  defensivos  no  son obligatorios, ni presupuestos de validez de la  actuación.  Por  ello,  tal  proceder  de los abogados de confianza o de oficio  carece  de  aptitud suficiente para concluir que se violó el derecho de defensa  técnica  del incriminado, en tanto ha sido señalado de manera reiterada por la  Sala  que  en  no  pocas ocasiones el silencio o la actitud pasiva de la defensa  puede constituir una verdadera estrategia defensiva.   

En  cuanto  se  refiere  a  la  queja  del  demandante,  referida  a que su asistido no contó con asistencia profesional en  el  juicio,  como  bien lo señala la Procuradora Delegada lo que se advierte es  que  tal afirmación no corresponde a la verdad, pues en dicha fase el procesado  contó  con  la  asistencia  de  un  abogado  de  confianza  quien  solicitó la  práctica  de  pruebas,  se  notificó personalmente del auto por cuyo medio fue  denegada  su  petición,  interpuso  recurso  de  reposición contra la referida  providencia3  y,  posteriormente presentó renuncia de su encargo el 12 de enero  de 2000, que fue aceptada el 14 de los mismos mes y año.   

El  2  de  febrero  siguiente  el  procesado  JARAMILLO  MURIEL  designó  otro  profesional  del  derecho,  que  lo  asistió  a  través  de  una  activa  intervención  durante  la  audiencia pública, con intervención oral y escrita  solicitando  de  manera  principal la absolución de su representado con base en  el   principio   del   in  dubio  pro  reo  por  falta  de  pruebas  en  su  contra,  y  en  forma subsidiaria  plantando  la  declaratoria nulidad de la actuación. Luego el mismo profesional  impugnó  el  fallo  condenatorio,  y  al  ser  confirmada  la  sentencia por el  ad  quem interpuso el recurso  de casación que ahora ocupa la atención de la Sala.   

         

          La  anterior  reseña  procesal  permite concluir, sin lugar a duda,  que    el    procesado    JORGE   WILSON   JARAMILLO  MURIEL   sí   estuvo   asistido   técnicamente  por  profesionales  del  derecho  durante  las  etapas de instrucción y juzgamiento,  quienes  ejercieron  su  labor  contando  para  ello con oportunidades reales de  intervención  y  de acuerdo a la estrategia de defensa que se trazaron, la cual  no  puede  a la hora de nona aducirse como motivo para deprecar la nulidad de la  actuación procesal así cumplida.   

En  atención  a  que  el  censor  también  cuestiona  que  los  defensores  técnicos  que  asistieron  al  incriminado  no  solicitaron  la  declaratoria  de nulidad de la actuación, advierte la Sala que  en  esta  propuesta  no  se  detiene  a precisar a qué posibles irregularidades  constitutivas  de  invalidez  de  lo actuado hace alusión, lo que deja el cargo  ayuno  de demostración que no puede asumir la Sala, por virtud de la naturaleza  rogada  del  recurso  y  porque  tampoco  encuentra que en ello le asista razón  alguna que ameritara una intervención oficiosa de la Corte.   

          En  este  contexto,  oportuno  se impone recordar que, como lo tiene  precisado  la  jurisprudencia,  no  puede  tenerse  por  acreditada la causal de  nulidad   por   violación   del   derecho   a  la  defensa  técnica  a  partir  exclusivamente  de  la crítica que eleva el profesional del derecho que ingresa  al  proceso  ya  avanzada la instrucción o el juzgamiento, pues ello no pasa de  constituir  una  postura  procesal asumida desde una óptica muy particular y en  todo  caso  elaborada  mediante  un  examen  ex  post,  que   lejos   está  de  configurar  la  vulneración  señalada,  si  se  tiene  en  cuenta que en atención a las particularidades de  cada  proceso  y la forma en que cada defensor enfrenta su cometido profesional,  no  es  posible  aceptar  una  sola  y  precisa estrategia defensiva en punto de  analizar la labor asistencial que se cuestiona.   

          Ahora  bien,  el demandante no señala, ni la Sala advierte, de qué  manera  la absolución de los procesados por los mismos hechos respecto de   quienes  se  rompió  la  unidad  procesal,  comporte  una  particular  forma de  vulneración  del  derecho de defensa del incriminado, dado que para llegar a la  atribución  de  responsabilidad,  los  juzgadores  de  instancia  realizaron la  ponderación  de  los  elementos de juicio que en relación con su intervención  se   allegaron,  lo  que  torna  diferentes  las  circunstancias  fácticas  que  permitieron  llegar  a  las  diversas  declaraciones  de  justicia  en  torno al  comportamiento de unos y otro.   

          Finalmente,  oportuno  resulta  señalar  que  el censor solicita la  nulidad  del  proceso  “desde el momento mismo de su  iniciación,  y se envíe el expediente al señor fiscal competente, para que de  inicio   a   la  investigación  y  aporte  las  pruebas  dentro  de  su  debida  oportunidad”, sin asumir que las pruebas practicadas  con  anterioridad  a  la  vinculación  de su representado no han sido objeto de  censura  alguna, ni ellas adolecen de defecto alguno capaz de invalidarlas, y en  esa  medida  la cobertura de nulidad cuya declaratoria solicitada no tendría en  caso de prosperar la cobertura que pretende.   

          De   conformidad   con   las   razones   anotadas,   el   cargo   no  prospera.   

2.- Segundo cargo:  Nulidad  por  violación del derecho de contradicción  probatoria.   

         Sin  dificultad  alguna  encuentra  la  Sala  que  este reproche del  censor,  orientado  a  cuestionar  que  en  la  fase  investigativa la Fiscalía  recaudó    las    pruebas    “a    espaldas   del  sindicado”  y  luego  violó  su  derecho  al debido  proceso  al  no  permitir  su  contradicción,  en  verdad,  como  lo señala la  Procuradora  Delegada,  no  se aviene con la realidad procesal, conclusión a la  cual  se  llega  luego de observar el desarrollo de la mencionada etapa, durante  la  cual  se  tuvo conocimiento de la aprehensión del incriminado por cuenta de  otro proceso.   

          En  efecto,  el  informe  de  la Policía Metropolitana del Valle de  Aburrá,  por  cuyo  medio se puso a disposición de la Fiscalía Regional a los  aprehendidos  el  12  de enero de 1997, quienes acto seguido fueron vinculados a  través   de   indagatoria,   no   menciona  de  manera  alguna  a  JORGE  WILSON  JARAMILLO MURIEL; tampoco en  las  declaraciones  inicialmente  recepcionadas  ni  en  los  testimonios de los  miembros  de  la  fuerza  pública  que conocieron del procedimiento se alude al  referido ciudadano.   

          El  30  de  enero de 1997 la Fiscalía dispuso solicitar a la Cuarta  Brigada,   al   DAS,  a  la  SIJIN y al Cuerpo Técnico de  Investigación   (CTI)  que  adelantaran  averiguaciones  tanto  en cuanto a  conformación y existencia  de  grupos  armados  ilegales  en  Itagüí,  como  en relación a la forma como  ocurrieron los hechos objeto de investigación.   

En  cumplimiento de dicha misión, el 19 de  febrero       siguiente       los      Investigadores      del      CTI  rinden  su  informe,  en  el  cual se  expresa  que  Yamile  Gómez,  Adriana  María, Paula       Velez,       Victoria        y       Nelson   Darío  Molina    señalaron    a    alias   “Pichón”,  como  una de las personas que  intervinieron     en     tales    acontecimientos4,   razón   por  la  cual  la  Fiscalía  comisionó  nuevamente  al  mencionado  cuerpo investigativo para que  estableciera  la  identidad  de  “Pichón”  y  demás  personas  que  por  sus  apodos se registraban en el  informe.   

          Posteriormente,   el   19   de   marzo   de   1997  el  CTI  recibió  declaración a Wilson   Hernán   Acosta   Villa,  quien  también     señaló    a    “Pichón”  como  una  de  las  personas que le disparó, e informó que su  agresor   se   encontraba   detenido  en  el  patio  octavo  de  la  Cárcel  de  Bellavista5.   

          A    su   vez,   Adriana   María   Velez  Correa     declaró     ante     el    CTI  que  el  nombre  de  “Pichón”      era      JORGE               WILSON6;  el  10  de  abril de 1997 se  rindió  un  nuevo  informe  en  el  que se relacionó el apodo y los nombre del  incriminado,  pero  aún  se  desconocían  sus apellidos, y por ello se dispuso  comisionar  al  CTI para que  adelantara  averiguaciones  acerca  de  la  persona  que el testigo Acosta  Villa mencionó como privada de su  libertad.   

          El   15   de   julio   de   1997,  investigadores  del  CTI  presentaron el informe solicitado, en  el   cual  identificaron  plenamente  a  JORGE  WILSON  JARAMILLO  MURIEL,  señalaron  que este se encontraba  privado   de   su   libertad   por   el   delito   de  conformación  de  grupos  armados7,  y  luego  allegaron su tarjeta decadactilar, actividad probatoria  que   permitió   que  la  Fiscalía  ordenara  el  12  de  agosto  de  1997  su  vinculación   mediante  indagatoria,  diligencia  que se realizó el 22 de  los mismos mes y año.   

          Como  razonablemente  puede  concluirse  del anterior recuento de la  actuación  procesal,  la  tardía  vinculación  del  incriminado  JARAMILLO   MURIEL   al  proceso  no  fue  producto  del  capricho  o  de  la  negligencia  de la Fiscalía, ni de interés  alguno  orientado  a  coartarle el ejercicio de su derecho de contradicción, en  tanto  que  ello simple y llanamente obedeció a la necesidad de lograr su plena  identificación,  como  requisito  legal  previo  a  la  orden  de  vinculación  mediante indagatoria.   

          Adicionalmente  se  tiene  que  si  bien  es  cierto el procesado se  encontraba  privado  de  su libertad por cuenta de otras diligencias adelantadas  por  la  misma  Fiscalía,  lo  cierto es que sólo hasta el 15 de julio de 1997  consiguió  establecerse  su  plena identificación, pues con anterioridad sólo  se  tenía  referencia  sobre  el apodo o alias con el que era conocido y uno de  sus  nombres,  lo  cual resultaba insuficiente como para concluir que se trataba  de  la  misma  persona  contra  la  que cursaba el otro proceso por el delito de  conformación   de   grupos  armados  ilegales  y,  por  ende  para  ordenar  su  vinculación  en  calidad  de  procesado,  o  para  paralizar  el  curso  de  la  investigación  a  la  cual se encontraban vinculadas y afectadas en su libertad  otras  personas, sin que una tal situación irrumpa como vulneradora del derecho  al   debido  proceso  o  a  la  contradicción  de  las  pruebas  que  aduce  el  defensor.   

Ahora,  si  el  incriminado  o  su defensor  consideraban  que  resultaba pertinente ampliar la declaración de alguno de los  testigos,   así  debieron  exponerlo,  pues  si  tanto  el  uno  como  el  otro  solicitaron  copias  de  toda  la actuación y tuvieron acceso al expediente, es  claro  que  contaron  con  oportunidades  reales no sólo para ello sino para el  ejercicio  de  todos los actos defensivos durante todo el curso del proceso, sin  que  una  tal  omisión  pueda ser ahora alegada en este trámite extraordinario  como violación del referido derecho.   

Impera igualmente precisar que en punto del  ejercicio  del  derecho  de  contradicción  la  Sala ha expuesto que este no se  agota  únicamente a través del interrogatorio formulado al declarante, como lo  estima  el  defensor,  pues  “también se conserva en  altísimo   grado  la  controversia  si  los  sujetos  procesales  gozan  de  la  probabilidad  llana  de  problematizar  la  declaración  con base en el acta de  testimonio  levantada  con  toda la legalidad, de analizarla como integrante y a  la  luz  de  todo  el  haz  probatorio,  de hacer ver al funcionario judicial el  criterio       de       la       ‘parte’  sin  cortapisa  alguna  y  de  acudir  a  las  impugnaciones en pos de insistir en la  propia    opinión”8.   

Por  tanto, si en la actuación se advierte  que  la  defensa solicitó en el sumario y en el juicio la práctica de pruebas,  y  que  impugnó la resolución de acusación así como el fallo de primer grado  con  base en la crítica de las pruebas de cargo, no se evidencia de qué manera  pudo  haber  resultado  conculcado  el derecho de contradicción del incriminado  JARAMILLO MURIEL.   

También  se  advierte  que el procesado se  defendió  de  las  imputaciones formuladas manifestando que para el día en que  ocurrieron  los  sucesos  se encontraba en la ciudad de Barranquilla, motivo por  el  cual  la  Fiscalía  dispuso  verificar  su  cita  a  través de la lista de  pasajeros  de  la  Flota Rápido Ochoa, con resultados negativos. Y en cuanto se  afirma  que  no  fueron  escuchados en declaración los familiares del procesado  que  de  ese viaje podían dar cuenta, baste señalar que la información que de  ellos  suministró  en  la  injurada  y  fundamentalmente  sobre  el lugar donde  podían  ser  localizados  fue  bastante  vaga, genérica e imprecisa, y que los  intentos   por  escucharlos  en  declaración  resultaron  infructuosos  por  no  hallarse en el país y desconocerse su paradero.   

         De  acuerdo  con  lo  expuesto,  estima  la Sala que tampoco ha sido  menguado  el  derecho  defensa  del  procesado,  quien  tuvo  la  posibilidad de  ejercerlo  desde  el  momento  mismo  de  su  vinculación,  sin  que  le  fuera  restringido  en  momento  alguno  el  acopio  de pruebas que desvirtuaran las de  cargo,  y  en tal medida tuvo la posibilidad de ejercer a plenitud el derecho de  contradicción.   

Finalmente  debe  indicar la Sala que si lo  invocado  por  el  censor  es  la  violación  del  principio  de investigación  integral,  le  correspondía  precisar  claramente  cuáles  fueron  las pruebas  favorables  a  su  asistido que los funcionarios judiciales dejaron de practicar  y,  lo  más  importante,  de  qué  manera con la información suministrada por  ellas,  la  decisión atacada hubiera sido sustancialmente diversa y beneficiosa  al  procesado,  habida  cuenta  que  no  hay  duda  alguna  de  la existencia de  elementos   probatorios   que   señalan   la  responsabilidad  de  JORGE  WILSON MURIEL en los delitos por los  cuales se le condenó.   

Como   acertadamente   lo   señalara  la  Procuradora Delegada, el cargo no prospera.   

3.-  Tercer cargo:  Nulidad  por  dilaciones indebidas e injustificadas en  el trámite procesal.   

          Para   comenzar   es   imprescindible  señalar  que  en  manifiesto  quebranto  del  principio  de autonomía de los cargos, el demandante fundamenta  este  reproche  en  las mismas razones que le sirvieron para plantear la censura  anterior,   esto  es,  la  tardía  vinculación  del  incriminado  JARAMILLO  MURIEL  al proceso, tópico que  ya  fue  abordado  con  suficiencia  por  la Sala al pronunciarse sobre el cargo  segundo del libelo.   

          Ahora  bien,  en cuanto se refiere a la queja del censor orientada a  señalar  que  por  la  dilación  en  el  curso  del  sumario  se vencieron los  términos  para  impartir  la correspondiente calificación, y que ello imponía  otorgar  la  libertad  a su asistido, suficiente resulta expresar que sobre ello  ha señalado esta Sala:   

“El vicio alegado  carece  de  la  capacidad  para  romper  la estructura formal del proceso o para  desquiciar  sus  bases,  puesto  que  en  el supuesto de que el yerro se hubiese  configurado  a  través  de  los  autos  censurados, ello apunta a una garantía  fundamental  del procesado no cumplida -su libertad- que como infracción podrá  generar  responsabilidades  al funcionario, pero superada la fase del proceso en  que  el derecho debió ser satisfecho, su no otorgamiento mal puede remediarse a  través    del    ataque    de    la    sentencia    en    casación”9.   

          Respecto  de  la  demora  en el curso del juicio, tanto para citar a  audiencia,  como  para  proferir  el  fallo,  encuentra la Sala que si bien ello  ocurrió  como  lo  señala  el demandante, no se advierte que tal circunstancia  hubiese  privado  a la defensa de posibilidades de control del proceso, aporte o  controversia  de  las  pruebas,  interposición  de recursos o prerrogativas que  comprometan  las  garantías  y  derechos  del procesado, y en tal medida no hay  lugar  a  la declaratoria de nulidad solicitada, como en varias oportunidades lo  ha        puntualizado        esta        Sala10.   

          Por tanto, el cargo no prospera.   

4.            Cuarto  cargo:  Nulidad  por falta de notificación de las actuaciones  a los sujetos procesales.   

Una  vez  más el impugnante señala que el  ser  vinculado  tardíamente  su representado no fue notificado de la actuación  procesal  adelantada con anterioridad a su indagatoria, y que luego no le fueron  puestas   de   presente   las   pruebas   para   que  ejerciera  su  derecho  de  contradicción.   

Al  respecto  estima  la  Sala que si ya se  estableció   claramente   que   la   vinculación  del  procesado  JARAMILLO  MURIEL  tuvo  lugar  cuando  se  consiguió  su  identificación, sin que se evidencie vicio alguno de ilegalidad  o  de  capricho en la Fiscalía al proceder de tal manera, la denuncia que ahora  formula  carece  de  sustento  lógico, como que obvio resulta afirmar que si se  desconocía  su  identidad en el trámite y por ello no había sido escuchado en  indagatoria,  razonablemente era imposible notificarle de las decisiones que con  antelación   a   su   vinculación   se   produjeran,   exigencia  que  resulta  inconsistente.   

Adicionalmente debe expresarse que si tanto  el  defensor como el procesado solicitaron copia de toda la actuación, no puede  ahora  argumentarse que no le fueron puestas de presente las pruebas obrantes en  su   contra,  pues  por  el  contrario,  JORGE  WILSON  JARAMILLO   tuvo  conocimiento  de  aquellas  que  lo  comprometían,  al  punto que solicitó pruebas tendientes a desvirtuarlas, y en  tal  medida  se  evidencia  que  tuvo oportunidad suficiente durante el trámite  para ejercer sus derechos de defensa y de contradicción.   

          En  cuanto  se  refiere  a  que  no  se  intentó  notificar  a  los  defensores   del  procesado  “los  diferentes  autos  emitidos  por  los funcionarios judiciales”, oportuno  se  ofrece expresar que no aparece en la actuación constancia de devolución de  los  telegramas  remitidos,  lo cual permite suponer fundadamente que sí fueron  recibidos  por  sus destinatarios, y que si estos no comparecieron a notificarse  personalmente,  se  acudió  a  los  mecanismos  de  notificación  subsidiarios  (estado  y  edicto)  especialmente dispuestos por la ley para tales situaciones,  sin  que  ello  constituya irregularidad alguna, ni se exija en parte alguna que  “las notificaciones al defensor, deben hacerse en su  domicilio”,  como  equivocadamente  lo  asevera  el  casacionista.   

          Finalmente  es importante precisar que si prosperara la declaratoria  de  nulidad  solicitada,  no  resultaría procedente archivar el proceso como lo  solicita  el  censor,  pues  en  todo  caso  habría de rehacerse únicamente la  actuación    viciada,    sin    que   las   pruebas   obrantes   perdieran   su  validez.   

Por  las consideraciones anotadas, el cargo  no prospera.   

5.-  Quinto cargo:  Violación   del  debido  proceso  por  error  en  la  apreciación de las pruebas.   

         Para  comenzar  estima  la  Sala que el censor erró en la vía para  presentar  la censura que formula por errónea apreciación de las pruebas, pues  de  tiempo  atrás  se  ha  dicho  que  tal  clase de incorrecciones corresponde  plantearlas  al  amparo  de la causal primera de casación, cuerpo segundo, esto  es,  por  violación  indirecta  de  la  ley sustancial derivada de una indebida  aprobación de los medios de prueba.   

Además de lo expuesto, una vez identificada  la  causal,  correspondía  al  censor  señalar si el equívoco del Tribunal al  apreciar  el  acervo  probatorio  se  produjo al omitir la valoración de alguna  prueba  obrante  en  el  proceso  (falso  juicio de existencia por omisión); ya  porque  sin  figurar  en  la  actuación supuso que allí aparecía y la tuvo en  cuenta  en su decisión (falso juicio de existencia por suposición); ora porque  al  considerarla la distorsionó en su contenido cercenándola, adicionándola o  tergiversándola  (falso  juicio de identidad); también, cuando sin incurrir en  alguno  de  los  yerros  referidos  derivó del medio probatorio deducciones que  contravienen  los  principios de la sana crítica, esto es, los postulados de la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas  de  la experiencia (falso  raciocinio).   

          Luego,  correspondía  al  casacionista  proceder  en  consecuencia,  orientando   su   demostración  hacia  la  especie  de  error  que  postula,  y  acreditando  en  todo  caso,  que  sin  el yerro señalado, el sentido del fallo  sería sustancialmente diverso.   

No  obstante,  ninguno  de  los  cometidos  anotados  en  precedencia  fue  acometido  por  el  defensor,  quien dirigió su  actividad  a  reiterar  planteamientos  que formuló al impugnar la sentencia de  primer  grado,  cuando  no,  a  recabar los argumentos expuestos en la audiencia  pública.  En suma, claramente se observa que el censor  intenta  la  casación del fallo atacado con la simple oposición de su criterio  al  de  los  falladores,  olvidando  que la sentencia está revestida de la dual  presunción  de  acierto  y  legalidad,  que  sólo puede ser desvirtuada con la  demostración  fehaciente  y  precisa de errores trascendentes cometidos por los  funcionarios  judiciales  que se reflejen en el sentido de la decisión, pues la  disparidad  de  criterios o el simple y llano cotejo sobre la valoración de las  pruebas carece de aptitud para derruir la providencia impugnada.   

          Adicional  a las mencionadas falencias técnicas, estima la Sala que  tampoco  el  casacionista se sujeta a la realidad procesal, pues no se detiene a  demostrar   que   los   sentenciadores   incurrieron   en   errores  al  valorar  especialmente  los  testimonios  que señalan a su defendido como la persona que  la  noche  de  los  sucesos  investigados  ingresó  a  la  casa de las hermanas  Vélez  Correa, armado con un  revólver  y  disparando,  comportamiento  que  también  asumió  en las calles  aledañas,  es decir, el actor no refiere errores de los funcionarios judiciales  en  la  valoración  de  las  declaraciones  de Giovany  Adolfo  Pérez  Gutiérrez,  Luis  Carlos  Sánchez  Atehortúa,  Alberto Adolfo  Muñoz,  Adriana  María  Vélez  Correa,  Paula  Andrés  Vélez  Correa,  Jhon  Alexander  Montoya  y  Yamile  Alexandra  Jiménez,  entre  otras,  con  base  en las  cuales   se  profirió  el  fallo  de  condena,  sino  que  plasma  su  peculiar  apreciación fragmentaria de algunos medios probatorios.   

Ahora  bien, tampoco el actor demuestra que  de   las   pruebas   valoradas  en  conjunto  emergiera  duda  alguna  sobre  la  responsabilidad     del     procesado     JARAMILLO  MURIEL,  y sin tal acreditación no resulta procedente  dar   aplicación   al   principio   in   dubio   pro  reo  que solicita el actor, razón de más para que el  reproche no prospere.   

          Por las razones expuestas, el cargo no prospera.   

6.-  Sexto  cargo:  Nulidad  por  falta  de  concreción  de los cargos en  indagatoria.   

          Considera   la   Sala   que   una  vez  más  el  censor  se  aparta  ostensiblemente  de  la  actuación  procesal,  pues  sobre  los miembros de los  grupos  armados  ilegales  se  le  preguntó: “Conoce  usted  a  los  señores  NELSON CASTRO SANTAMARIA, CARLOS VERGARA AREIZA, NELSON  ECHEVERRY  RAMIREZ,  GABRIEL  HENAO MARÍN, ELEUTERIO GUERRERO REMIREZ, GILBERTO  DE  JESUS  ZAPATA,  de  ser  así  donde,  desde  cuando  y qué tipo de amistad  sostiene   con   ellos”,   a  lo  cual  respondió:  “No          los         conozco”.   

Resulta  evidente  que  si  el procesado se  mostró  totalmente  extraño a los demás individuos que según la información  obrante  conformaban las bandas en Itagüí, mal podría exigirse al funcionario  judicial  que  siguiera  interrogando  acerca  de  un  tema respecto del cual el  indagado decidió no tener conocimiento alguno.   

          También  se le preguntó por “BUTIFARRA,  CHAYAN,  CALICHE,  NELSON y PICHÓN”, contestando que  al  primero  lo  conocía  por  ser  hermano  de una amiga y que “Pichón”  era  el  apodo  que  aquel  le  tenía.   

          Como  acertadamente lo destaca la Procuradora Delegada, es necesario  recordar  que  para el 22 de agosto de 1997, día en el cual fue recepcionada la  indagatoria   de  JORGE  WILSON  JARAMILLO,  se  encontraba vigente el artículo 360 del Decreto 2700 de 1991,  el  cual  disponía  que  el  imputado  debía  ser  interrogado “en     relación     con    los    hechos    que    originaron    su  vinculación”;  en  consecuencia, como fue la muerte  de    Argemiro   Garcés,   Wilson   Andrés   Puerta  Montoya  y  Nicolás Alberto  Vásquez  Osorio con ocasión de enfrentamientos entre  grupos  armados del Valle de Aburrá, pronto se advierte que sobre tales sucesos  trató el interrogatorio.   

Así,   por  ejemplo,  se  le  preguntó:  “…se   sabe  de  la  ocurrencia  de  un  atentado  perpetrado  en  contra de la vida de varias personas como ARGEMIRO GARCES, PEDRO  LOAIZA,  NICOLAS  ALBERTO  VASQUEZ OSORIO CHAYAN, el día 11 de enero este año,  podría  usted  decirnos  qué  sabe  sobre los mismos y sus actores”,  a  lo  cual  respondió:  “No tengo  conocimiento de esos hechos”.   

Igualmente de manera puntual fue interrogado  así:  “Siendo  las 20:30 horas del día 11 de enero  del  año  que avanza individuos fuertemente armados portando una pistola dentro  de  los  cuales  se  dice estaba usted, se corrige, dentro de los que participó  usted  portando  una pistola arribaron hasta…quienes dispararon repentinamente  en  contra  de  las  personas  que  allí se encontraban; algunos de los autores  cubrían  sus  rostros  con  llamados pasamontañas y otros no por lo que varios  vecinos  del sector lograron su identificación al parecer como protagonista del  violento    atentado,   qué   tiene   para   decir   al   respecto?”,  respondiendo: “Que como dije en esa  fecha yo me encontraba en Barranquilla”.   

De  las  transcripciones  anteriores  puede  concluirse   que el interrogatorio formulado al procesado en su injurada se  ajusto  a  las exigencias legales vigentes para la época, pues bastaba formular  las  preguntas  en  torno a los motivos de vinculación, como en efecto ocurrió  en este asunto.   

Se  reitera,  si  el  indagado  se  mostró  completamente  ajeno  a  los  hechos  que  expresamente  le  fueron  puestos  de  presente,  impertinente  resultaba  que  el Fiscal continuara interrogando sobre  aspectos     de     los    cuales    JORGE    WILSON  JARAMILLO   dijo   no   tener   conocimiento  alguno,  circunstancia  que  no  entraña  violación  alguna  de  su  derecho  al debido  proceso, como infundadamente lo pretende el defensor.   

Finalmente es preciso iterar que en caso de  tener  éxito  la petición de declaratoria de nulidad formulada por la defensa,  no   resultaría   procedente  el  archivo  del  proceso  como  lo  pretende  el  casacionista,  pues  los  medios de prueba conservarían su validez, y porque la  declaración  de  invalidación  de lo actuado no conduce a la preclusión de la  investigación  o a la absolución del imputado como equivocadamente lo asume el  demandante.   

Por  las  razones  expuestas,  el  cargo no  prospera.   

CUESTIÓN FINAL  

La  aplicación  favorable de leyes que en  punto  de  la  pena  resulten  menos  gravosas  para  el  procesado,  como lo ha  dispuesto  el  legislador, corresponde al Juez de Ejecución de Penas por ser un  tema  propio  y  exclusivo  de la fase ejecutiva de la sentencia, según así lo  establece el numeral 7º del artículo 79 de la Ley 600 de 2000.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         

NO   CASAR  la  sentencia  impugnada  de  conformidad  con  las razones expuestas en la anterior  motivación.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN              MARINA  PULIDO    DE    BARÓN                    

Salvamento de voto  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Folio  46. C. original 3.   

2 Folio  75. C. original 3.   

3 Folio  150. C. original 3.   

4  Folios 327 y 238. C. original 1.   

5 Folio  401. C. original 2.   

6 Folio  408. C. original 2.   

7  Folios 561 a 564. C. original 2.   

8 Cfr.  Sentencia  del  27  de febrero de 2003. M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll, entre  otras.   

9  Sentencia  del  23  de  septiembre  de  2003.  M.P.  Dr.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego.   

10  Sentencia del 14 de marzo de 2002. M.P. Dr. Edgar Lombana Trujillo.     

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