18350(16-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18350  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta Nro.  78  

         Bogotá, D.C., dieciséis (16) de julio  de dos mil dos (2002).   

          Decide   la   Corte  sobre  la  demanda  de  casación  excepcional  presentada  por  el  apoderado  de  Transportes  Rápido  Ochoa  S.A.,  sociedad  vinculada  en  calidad  de  tercero  civilmente responsable, contra la sentencia  proferida  el 18 de diciembre de 2000, por medio de la cual el Tribunal Superior  de  Antioquia,  Sala de Descongestión Penal, confirmó con modificaciones en el  monto  de  los  perjuicios  la  dictada  por  el  Juzgado  Penal del Circuito de  Caucasia,  que  condenó  al procesado ARBEY DE JESÚS  GÓMEZ  GIL  a las penas principales de dos (2) años  de  prisión,  multa  de  mil  pesos  ($1.000)  y  suspensión de la licencia de  conducción  de  automotores  por el lapso de un (1) año, como autor del delito  de homicidio culposo.   

ANTECEDENTES   

          1.   Del  fallo  de  segunda  instancia  se  sabe  que  en  la  madrugada  del  17 de septiembre de 1996, en el paraje llamado “La Pradera”,  en  jurisdicción del corregimiento de Puerto Bélgica del municipio de Cáceres  (Antioquia),  el  vehículo Sprint de placa MLX- 963 fue embestido por el bus de  placa  TDK 558, afiliado a la empresa Transportes Rápido Ochoa S.A. y conducido  por   ARBEY   DE   JESÚS   GÓMEZ   GIL.   

          En  el  interior  del  automotor  colisionado  se encontraban Oscar  Rafael  Romero  Arroyo  y  Hederman  Alberto Urbino, quienes por petición de su  propietario  lo  custodiaban  luego de haberse averiado.  El primero de los  mencionados  falleció  en  el  lugar,  en  tanto que el segundo sufrió heridas  leves.   

          2.     La  Fiscalía  Seccional  de  Tarazá  (Antioquia)  abrió   la   investigación,   vinculó   mediante   indagatoria  al  conductor  ARBEY  DE JESÚS GÓMEZ GIL  y  resolvió  su  situación jurídica con detención preventiva por los delitos  de homicidio  y lesiones personales culposas.   

          Posteriormente,  en  providencia  del  25  de  julio  de  1998,  la  Fiscalía  acusó  al  sindicado como autor del homicidio culposo imputado en la  medida   de   aseguramiento,   a   quien   favoreció   con  preclusión  de  la  investigación  respecto  de  las  lesiones personales, al constatar que habían  sido  objeto  de pronunciamiento del Juzgado Promiscuo Municipal de Cáceres por  configurar una contravención especial.   

          3.   El  Juzgado  Penal  del  Circuito de Caucasia celebró la  audiencia  pública  y  el 12 de mayo de 2000 condenó al encausado GÓMEZ   GIL  a  las  penas  principales  atrás  reseñadas.   Así  mismo,  le impuso al procesado y a los terceros  civilmente  responsables, es decir,  a la empresa Transportes Rápido Ochoa  S.A.  y  a  Pablo  Antonio Garzón, este último propietario del bus, el pago en  forma  solidaria  de  los  perjuicios  materiales  y  morales causados a William  Emigdio  Romero González, Jaime David, Jorge Luis, Rosiris Ruth, Rita Meraris y  Oscar  Luis  Romero  Mestra, sucesores de la víctima.   

          El  Tribunal  Superior  de Antioquia, Sala de Descongestión Penal,  al   definir   la   apelación  presentada  por  el  apoderado  de  la  sociedad  transportadora  civilmente  responsable, confirmó la decisión del a quo con la  modificación  en el sentido de fijar los daños materiales y morales en la suma  equivalente  a  trescientos  cincuenta  (350) gramos oro, a favor de cada uno de  los  perjudicados  atrás relacionados, subsanando la incongruencia advertida en  este   punto   entre  las  partes  motiva  y  resolutiva  del  fallo  de  primer  grado.   

         

LA  DEMANDA   

          En        el       “Planteamiento  introductorio”  del  libelo,  el  censor  aduce  la  necesidad  de que la Corte fije el sentido y alcance de los artículos 106 y 107  del Código Penal (Decreto 100 de 1980).    

         Advierte después, con tal orientación,  que  esta  Sala  en la decisión evocada por el Tribunal, de fecha febrero 28 de  1999  y ponencia del M. Dr. Carlos A. Gálvez Argote, señaló que si el juez al  momento  de  fallar  encuentra  que  no puede tasar los perjuicios con los datos  aportados  debe  hacerlo en forma prudencial, pues sólo así cumple su cometido  frente   a   la   sociedad   y  con  la  víctima  en  particular,  “al  ordenar  que el responsable repare, así sea económicamente  el  daño  sufrido  como consecuencia de su conducta cuando se dan perjuicios de  naturaleza  y  modalidades cuya tasación constituye determinación imposible en  un momento procesal dado…”.    

          Pero  en  otras  providencias, concretamente y por vía de ejemplo,  en  la  de fecha 29 de septiembre de 1982, sostuvo que existiendo parte civil en  las  diligencias,  a la que compete demostrar la posibilidad de los perjuicios y  su  monto,  “no  es  dable  hacer  uso  del  citado  artículo  107  máxime  cuando  la  parte  civil  puede  lograr  su concreción  conforme  a  lo  establecido  en  el  art.  26  del  C.  de  P.P.”.   

          Plantea  que  en  vigencia  de  la  Constitución  Política  surge  especial  la  necesidad  de  garantizar  al  tercero  civilmente responsable los  derechos  fundamentales  al  debido  proceso y a la defensa, de manera que surge  como     conclusión     “lógica,    clara    e  inobjetable”,    respecto    del    mismo,    la  inaplicabilidad  de  los  artículos 106 y 107 del Código Penal (Decreto 100 de  1980),  que le concedieron al juzgador una “facultad  discrecional”  en  relación con el autor del hecho  punible,  excluida  tratándose  del  tercero  civilmente  responsable, donde la  acumulación  de  la acción civil “solo puede tener  un  sentido  de  economía  procesal  pero  jamás  la aplicación de una pena o  sanción penal”.   

          Alude  a  la  sentencia de inexequibilidad de los artículos que en  el  Decreto  050  de  1987  regulaban  la  comparecencia  del tercero civilmente  responsable;  asimismo, a la futura vigencia, para la época de presentación de  la  demanda,  de  las  Leyes 599 y 600 de 2000, de conformidad con las cuales se  exige  que  el  daño  material  para  su  reconocimiento  a  cargo  del tercero  civilmente  responsable se encuentre probado, a la vez que consagran las figuras  de la denuncia del pleito y el llamamiento en garantía.   

         Acota finalmente, que aspira de la Corte  la  fijación  del  sentido  y  alcance  de los citados artículos 106 y 107 del  Código  Penal  (Decreto  100 de 1980), “que no debe  ser  otro  que  el  de  la  exigencia  de la existencia de la plena prueba en el  proceso  penal,  en  relación  con  los  perjuicios a indemnizar por el tercero  civilmente    responsable   vinculado   como   tal   al   proceso”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

          1.   De  conformidad  con  la reseña anterior se tiene que el  fallo  de  segunda instancia fue proferido el 18 de diciembre de 2000, de manera  que  alcanzada  su  ejecutoria  y corrido el término entonces establecido en el  artículo  6º de la Ley 553 de 2000, dentro del mismo y aún bajo la existencia  jurídica  de  tales disposiciones, esto es, antes que se produjeran los efectos  derivados   de  las  sentencias  C-252,  C-260  y  C-261  de  2001,  de  control  constitucional  y  mediante las cuales se declaró la inexequibilidad de algunos  de  los  preceptos  de  la  normatividad  citada,  el  apoderado  de  la empresa  transportadora  vinculada  al presente trámite en calidad de tercero civilmente  responsable   presentó  la  demanda  de  casación  excepcional  que  ocupa  la  atención de la Corte.   

          Por  lo  tanto,  como  las  referidas  decisiones  de la Corte Constitucional no afectaron las situaciones consolidadas  durante  el  lapso  que  los  preceptos  retirados del ordenamiento jurídico se  hallaban  amparados por la presunción de su conformidad con la Carta Política,  fuerza  colegir  que  en  el  caso  de  autos el control sobre el trámite de la  casación  presentada  y  el  examen  de los requisitos formales del libelo debe  efectuarse  con  apego  a  las  previsiones  contenidas en la aludida Ley 553 de  2000.   

         En  este punto, la Sala reitera el criterio esbozado de antaño en  el  sentido  que  “la  normatividad aplicable a la  casación  es  la  vigente  para el momento en que, por razón del proferimiento  del  fallo de segunda instancia, se ejercita el derecho de impugnación, el cual  se  vincula  inescindiblemente  a  la  naturaleza rogada del instrumento, y, por  ende,  a  la  facultad  dispositiva  atribuida  a  las  partes  de  perseguir el  desquiciamiento  del  fallo  de  segunda  instancia  con  ocasión  del  agravio  inferido, pero siempre dentro de un marco de oportunidad   

         “Ello  si  se  toma  en  cuenta que el objeto de la impugnación  extraordinaria  no  es  otro  distinto  de  la  sentencia  de segunda instancia,  calificada   por   la   parte   como   lesiva   del  ordenamiento  jurídico  y,  consecuentemente,  de  sus  intereses  particulares, siendo, por tanto, el fallo  proferido   por   el  ad  quem,  el  ‘hecho’  que  da  origen a la decisión del juez de casación, en orden a que se restaure  la  vigencia  del  ordenamiento jurídico, y se corrija el agravio inferido a la  parte   que   a   dicho   mecanismo   acude…”1.   

         2.   En este orden de ideas, al tenor del artículo 1º de la  Ley  553  de 2000, que por lo esbozado en precedencia constituye la normatividad  aplicable,  la casación excepcional procede, “a la  solicitud    de    cualquiera    de    los   sujetos   procesales”,  de  manera  discrecional cuando la Corte lo considere necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los derechos  fundamentales,   contra   las   sentencias  de  segundo  grado  ejecutoriadas  y  proferidas  por  los Tribunales Superiores, el extinguido Tribunal Nacional y el  Tribunal  Penal  Militar,  en  actuaciones  adelantadas  por  delitos que tengan  señalada  pena  privativa de la libertad cuyo máximo no exceda de los ocho (8)  años,  como  también,  respecto  de  las  dictadas  por  los Jueces Penales de  Circuito,  con  prescindencia  del  monto  punitivo  previsto  en la ley para el  delito objeto de la misma.   

          Así  las  cosas,  en  punto  de  la  legitimidad  del  demandante,  se  debe partir de la regulación contenida en el  artículo  5º  de  la  citada Ley 553 de 2000, recogida en el artículo 205 del  actual  estatuto  procesal  penal,  que  a  diferencia de la preceptiva anterior  -artículo 218 del Decreto 2700 de 1991-,   extendió   la  casación  excepcional  a  todos  los  sujetos  procesales,  incluido,  en  cuanto  interesa para los actuales fines, el tercero  civilmente  responsable.    Por  lo  tanto, con miras a discernirla en  concreto,  debe  examinarse  lo  que  es pretendido por este último, pues si la  impugnación    extraordinaria    presentada    atañe   exclusivamente   a   la  indemnización  de  perjuicios decretados en la sentencia, de conformidad con el  artículo  4º  de  la  Ley  553  de 2000, coincidente en sus previsiones con el  artículo  208 de la codificación instrumental penal en vigencia, deberá tener  como  fundamento  las  causales  y  la  cuantía  establecidas en las normas que  regulan  la  casación  civil,  sin  consideración  a la pena señalada para el  delito o delitos.   

         En  cambio,  si como acontece en el presente asunto, el demandante  propende  por uno o ambos de los motivos que habilitan la casación excepcional,  es  decir,  el  desarrollo  de  la jurisprudencia o la garantía de los derechos  fundamentales,  reitera la Sala, los requisitos formales y de procedibilidad que  deben   satisfacerse  son  los  inherentes  a  dicho  instituto,  así  una  tal  pretensión  involucre  consecuentemente la aspiración de obtener la exclusión  del pago de los perjuicios.   

         Desde  este  punto  de  vista  entonces, ningún reparo suscita la  casación  excepcional  presentada  en  el  evento  examinado,  pues se promueve  contra  el  fallo  emitido  en  segunda  instancia  por  el Tribunal Superior de  Antioquia  en  la  actuación cursada contra ARBEY DE  JESÚS   GÓMEZ  GIL  por  el  delito  de  homicidio  culposo,  ilícito  que  tiene  fijada  pena  de  prisión  cuyo máximo resulta  inferior a los ocho (8) años de prisión.   

         3.  De otra parte, la demanda fue  allegada  dentro  del  término  que  preveía el artículo 6º de la Ley 553 de  2000  entonces  vigente,  esto  es,  dentro de los treinta días siguientes a la  ejecutoria  del  fallo  de  segundo  grado,  mediante  escrito  en  el cual, con  sujeción  a  dicha  preceptiva,  el  casacionista  dedicó un acápite en forma  antelada  a  sustentar  la  impugnación  interpuesta, carga procesal cumplida a  través  de  deshilvanados  y  deficientes  argumentos  que  lejos estuvieron de  satisfacer dicho cometido.   

          4.   En  efecto,  el  libelista  sugirió  la necesidad de un desarrollo jurisprudencial con miras a unificar los  supuestos   pronunciamientos   contradictorios   de   la   Corte   frente  a  la  interpretación  de  los  artículos  106  y  107  del  Código  Penal anterior,  concretamente,  tratándose  de  la  discrecionalidad  otorgada al juzgador para  fijar  la  indemnización  por  los  daños  moral y material cuando no pudieren  avaluarse pecuniariamente.   

         Sin  embargo, a renglón seguido con equivocaciones ostensibles en  las  fechas  de  las dos providencias de la Sala que cita en la demostración de  dicho  aserto,  confrontó  en forma parcial sus contenidos para tratar de poner  en  evidencia  una desarmonía sólo existente en la intelección del libelista,  pues  en  la  sentencia  de  casación  del  25 de febrero de 1999 -que  se  indica  de  manera  errada  es del 28 de los mismos mes y  año-,  M.P.  Dr.  Carlos  A.  Gálvez  Argote,  la  Corporación  no  contrarió  las  orientaciones  que  sobre el entendimiento de  tales  disposiciones  se  habían  fijado desde el fallo del 20 de septiembre de  1982  -tampoco  del  29  de  septiembre  de la misma  anualidad,  conforme  se  señala-, M.P. Dr. Gustavo  Gómez  Velásquez; adversamente, reiteró en esa providencia de reciente data y  manera  expresa, los lineamientos acuñados de tiempo atrás sobre el alcance de  la   atribución   conferida   al   juzgador   para   la   concreción   de  los  perjuicios.   Específicamente,  diluyendo la incongruencia argüida por el  demandante  para  explicar  la  necesidad  de  la  casación presentada, la Sala  precisó:   

“Siendo ello así, el Juez debió acudir a  las  facultades  discrecionales  que  le  confiere  el  artículo  107 del C.P.,  pudiendo  tener  en  cuenta  para fijar la cuantía de los perjuicios materiales  ocasionados  con  el  delito  solamente  aspectos como la edad probable, salario  mínimo  promedio  y  posible capacidad económica, pues como lo ha sostenido la  jurisprudencia  de esta Sala “las circunstancias que el Juez debe atender para  ejercer  la  atribución del art. 107 y que aparecen en su inciso segundo, deben  consultarse  en  lo  pertinente,  según  la naturaleza del delito y la clase de  daño  producido. Debe destacarse sobre las mismas, que no es necesario su total  ocurrencia  y  que  la  mención  no  tiene  carácter  taxativo  sino meramente  indicativo   o   de  enunciación”  (Sentencia  de  septiembre   20   de  1982,  M.P.  Dr.  Gustavo  Gómez  Velásquez).   

         Más  adelante,  con remisión también al fallo respecto del cual  se  predica  en el libelo la incongruencia para justificar de manera infructuosa  la  admisibilidad  de  la casación excepcional presentada, en la providencia en  comento la Corte señaló:   

“Por ello, es que no tienen la razón ni  el  casacionista  ni  el  Ministerio  Público,  porque  a pesar de las diversas  partes  civiles constituidas en el proceso, que en su mayoría solo se limitaron  a  hacerse  presentes,  las  pruebas  recaudadas  no resultaron suficientes para  proceder  de  modo  diverso, y no por ello podía el Juez abstenerse de condenar  civilmente  al  autor del delito, ya que, siendo requisito de la sentencia “la  condena  en  concreto al pago de los perjuicios si a ello hubiere lugar” (art.  180.8  C.P.P.),   si  al  momento de fallar encuentra que no puede tasarlos  con  los  datos  que  le  aporta la actuación debe hacerlo en forma prudencial,  pues  solo así cumple su cometido frente a la sociedad al sancionar la conducta  que  la  ha  lesionado,  y  con  la  víctima  en  particular, al ordenar que el  responsable  repare, así sea económicamente el daño sufrido como consecuencia  de su conducta .   

“En  este  preciso  sentido se pronunció la Corte en el fallo que paradójicamente cita el  demandante como sustento del reproche:   

“Cuando   se   dan   perjuicios   de  naturaleza    o   modalidades   cuya  tasación  constituye  determinación  imposible,  en  un  momento procesal dado, la tendencia legislativa universal se  orienta  no  a  prescindirse  de ellos en el fallo, sino a reconocerlos mediante  atribución   discrecional,   otorgada   al   Juez,   verbi   gracia,  cuantía,  beneficiarios etc.” (ejusdem.)…”   

         En  lo  que  parece  ser  un argumento  orientado,  en  todo  caso,  a  sustentar la sugerida necesidad de un desarrollo  jurisprudencial  en  materia  de  la  indemnización de perjuicios, el libelista  vuelve   después   sobre   esta  temática,  pero  no  para  demostrar  que  se  requiere la intervención interpretativa de la Corte  ante  la  falta  de  claridad  de las normas aplicadas en el caso definido en la  sentencia,  o  como  consecuencia  de  criterios  jurisprudenciales  carentes de  actualidad  o  divergentes,  sino  con  miras  a  plantear  de manera escueta su  particular  e  interesada tesis sobre el alcance de los artículos 106 y 107 del  derogado  estatuto  punitivo,  que  afirma resultan inaplicables tratándose del  tercero  civilmente responsable, por cuanto no se pretende de él la aplicación  de una pena o sanción penal.   

          Reseña   por  último  los  cambios  normativos  introducidos  en  el  ámbito comentado a través de las Leyes 599 y  600  de  2000,  posteriores  a  la ejecutoria del fallo atacado, incluso, que no  habían  adquirido  vigencia  para  la  fecha  de  presentación  de la demanda,  planteamiento  a  través  del  cual  reclama  de  la  Corte una interpretación  anticipada  y  con  criterio de autoridad en relación con las normas contenidas  en  los  estatutos  expedidos  a  través  de  ellas,  no  porque  los considere  aplicables  al  caso  concreto,  sino  en  la  comprensión  que  contrario a lo  sosteniendo  por  la  Sala en la interpretación de los artículos 106 y 107 del  derogado  Código  Penal,  el actualmente en vigencia exige la demostración del  daño  material, además que contempla, expresamente, las figuras de la denuncia  de   pleito  y  el  llamamiento  en  garantía.   En  fin,  aspira  que  la  Corporación  al  margen  de  la actividad jurisdiccional que le es propia, esto  es,  de  la  aplicación del derecho al caso concreto, fije el alcance y sentido  de las nuevas disposiciones penales en los tópicos referidos.   

         5.   Desde  otra  perspectiva,  el  casacionista  alude  a la  necesidad  de  garantizar  en  forma plena al tercero civilmente responsable sus  derechos   fundamentales  a  un  debido  proceso  y  a  la  defensa;  alegación  complementada  en  posterior  acápite,  de  una parte, con la evocación de las  decisiones  de inexequibilidad de la Corte Constitucional en relación con dicha  figura,  no  frente  al estatuto procesal bajo el cual se rituaron las presentes  diligencias,  sino  respecto de las normas contenidas en el Decreto 050 de 1987,  de   la   otra,   con   remembranza  de  la  reciente  decisión  de  esta  Sala  que    “niega   la  posibilidad  de  los  llamamientos en garantía por parte del tercero civilmente  responsable”,  pero sin  vincular  estas  apreciaciones  al  presente  trámite,  para  dejarlas  sumidas  entonces en un plano puramente abstracto o genérico.   

         Así  las  cosas,  el  libelista  perdió  de  vista que si con la  casación  discrecional pretendía la protección de los derechos fundamentales,  debió  indicar en concreto cuál fue el que resultó conculcado, pero además y  primordialmente,  en  qué  consistió  la  violación  y su incidencia negativa  frente  a  los  intereses del sujeto procesal que representa, pues sólo así la  Corte  puede  determinar,  en  ejercicio  de  la  discrecionalidad que la ley le  otorga,  si  resulta  necesaria  su  intervención  con  miras a restablecer las  garantías quebrantadas.   

         Por lo anterior, como el demandante no  acreditó  que  una  decisión  de  la  Sala  contribuiría  al desarrollo de la  jurisprudencia,  ni  resultaba  indispensable  para la garantía de los derechos  fundamentales, la demanda presentada será inadmitida.   

         Contra     esta     providencia     procede    el    recurso    de  reposición.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la  demanda  de  casación  excepcional  presentada  por  el  apoderado  de  la sociedad Transportes Rápido  Ochoa en su condición de tercero civilmente responsable   

         

         Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                            JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                               EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

CARLOS   E.   MEJÍA  ESCOBAR                                        NILSON    E.   PINILLA   PINILLA                                           

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  auto  de  noviembre  11  de  2001, M.P. Dr. Fernando  Arboleda Ripoll, radicado 17.946     

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