18343(25-06-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    República de Colombia  

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 18343  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 66  

         Bogotá,   D.  C.,  veinticinco  (25)  de  junio  de  dos  mil  dos  (2002).   

VISTOS  

         Mediante  sentencia  del  primero  de diciembre de 1999, el Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Caucasia  (Antioquia)  declaró al señor Hernán    Darío   Muñetón   Cadavid  penalmente  responsable,  como  autor,  del  concurso  de delitos de homicidio y  lesiones  personales  culposos,  le  impuso las penas principales de 36 meses de  prisión,  multa  de $1.500 y suspensión de la licencia de conducción por año  y  medio, la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por un  lapso  igual  a  la  de  prisión,  y  le  concedió  la  condena  de ejecución  condicional.   

         También  le impuso la obligación de pagar los daños y perjuicios  causados  a  los  herederos  de  quienes  fallecieron, pero respecto de JHÉSICA  MARCELA  HENAO  CARVAJAL,  hija  de  RODRIGO  HENAO  GRISALES, determinó que la  cancelación  debería  hacerla  en  forma  solidaria con la empresa TRANSPORTES  RÁPIDO  OCHOA,  S.  A.,  en  tanto  que  los  absolvió  en  relación  con los  perjuicios originados en el deceso de CLEMENCIA ESTHER GUTIÉRREZ.   

         Finalmente,  declaró  la  nulidad  parcial  de  lo  actuado  en lo  atinente  a  las lesiones de que fueron víctimas TANCREDO DANIEL OTERO y CARLOS  ZAPATA   DAVID   y   dispuso  la  compulsa  de  copias  para  su  investigación  separada.   

         El  fallo  fue  recurrido  por el defensor y el representante de la  parte  civil  y,  en decisión del 29 de diciembre de 2000, el Tribunal Superior  de  Antioquia lo adicionó en el sentido de condenar al sindicado y a la empresa  RÁPIDO  OCHOA,  S.  A.,  a pagar en forma solidaria a AMPARO CARVAJAL HENAO los  perjuicios  causados; revocó la absolución que se dispuso en favor de aquellos  y  les  ordenó  indemnizar  a  JUAN MANUEL CARRASCAL GUTIÉRREZ y MARÍA ISABEL  DORIA;   y   revocó   la  nulidad  decretada  para  disponer  que  Hernán  Darío  Muñetón  Cadavid y la  transportadora  debían  pagar  los daños que sufrieron los lesionados TANCREDO  DANIEL OTERO y CARLOS ZAPATA DAVID.   

         El  apoderado  de  la  firma  TRANSPORTES  RÁPIDO  OCHOA,  S.  A.,  presentó demanda de casación el cinco de marzo de 2001.   

            

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         Aproximadamente  a las 00:15 horas del 26 de octubre de 1994, en la  carretera  troncal  que  de Caucasia conduce a Medellín  (Antioquia), a la  altura  del  kilómetro  231,  corregimiento  de  Cáceres,  el  bus de servicio  público  afiliado  a  TRANSPORTES  RÁPIDO OCHOA, S.A., de placas WTF-192, cuyo  conductor     era    Hernán    Darío    Muñetón  Cadavid, al invadir el carril central, colisionó con  el  camión  de  placas  LKD-090, que llevaba a JUAN FERNANDO DAVID MONTOYA como  conductor.  Como  consecuencia  del  hecho,  fallecieron  BEATRIZ ELENA RESTREPO  BUSTAMANTE,   CLEMENCIA   ESTHER   GUTIÉRREZ   DORIA,   HÉCTOR  JOSÉ  ESTRADA  RODRÍGUEZ,  RODRIGO HENAO GRISALES, ESTHER CANDELARIA VÁSQUEZ MERCADO y CARLOS  JOSÉ  ZAPATA  DÍEZ.,  y resultaron lesionados JOSÉ LUIS OTERO DORIA, TANCREDO  DANIEL OTERO y CARLOS ZAPATA DAVID.   

         Se  inició  la  respectiva  investigación,  en cuyo desarrollo se  escuchó  en  indagatoria  a  los dos conductores, a quienes se les resolvió la  situación   jurídica   (fl.   163)  y  se  vinculó  como  tercero  civilmente  responsable a la empresa TRANSPORTES RÁPIDO OCHOA, S. A..   

         Clausurada  la  investigación, el 22 de abril de 1997 se profirió  resolución   de  acusación  contra  Hernán  Darío  Muñetón  Cadavid  como  autor  de  un  concurso  de  homicidios,   concurrente  con  otro  de  lesiones  personales  culposos,  y  se  favoreció con preclusión a JUAN FERNANDO DAVID MONTOYA.   

         El  primero  de diciembre de 1999, el Juzgado Penal del Circuito de  Caucasia  profirió  la sentencia de condena ya reseñada, la que, apelada y con  las  modificaciones  descritas, fue confirmada por el Tribunal Superior el 29 de  diciembre de 2000.   

         El  cinco  de  marzo  de  2001, el apoderado de TRANSPORTES RÁPIDO  OCHOA, S. A., presentó demanda de casación.   

LA DEMANDA  

         El  apoderado  del  tercero civilmente responsable invoca el inciso  tercero  del  artículo  1°  de  la  ley  553  de 2000 que alude a la casación  excepcional,  pretendiendo  que  la  Corte fije de manera unívoca el alcance de  los  artículos 106 y 107 del Código Penal de 1980, porque al tercero no pueden  aplicarse  esas  disposiciones  en virtud de que no delinquió. Dice que a pesar  de  que  la  Sala  se ha pronunciado, ha sido ambivalente y poco clara cuando en  reciente  providencia  negó la posibilidad de los llamamientos en garantía por  parte  de  ese  sujeto  procesal, lo cual se opone a las disposiciones del nuevo  Código  de  Procedimiento  Penal,  próximo a entrar en vigencia (ya lo está).  Con  tales  premisas  y  apoyado  en  la legislación procesal civil plantea dos  cargos, que desarrolla así:   

         1°)  El  principal, por violación indirecta de los artículos 106  y  107  del Código Penal de 1980, a través de un error de hecho, al suponer el  Tribunal  medios  de  prueba inexistentes; además, en el caso de los perjuicios  morales,  con  acreditar  el  vínculo  familiar  se  presumieron  el daño y su  cuantía.   El   juzgador,   dice,   “supone  como  medios probatorios del daño material y moral la mera  aducción  de  unos  registros  de  estado  civil  y  dos declaraciones en donde  realmente  no  se alude” a  esos  aspectos, máxime que los demandantes reconocieron haber sido indemnizados  por  el  seguro  obligatorio. Se impone, en consecuencia, dictar la sentencia de  reemplazo.   

         2°)  El  subsidiario, como violación directa, por interpretación  errónea,  de  los  artículos  106  y  107  del Decreto 100 de 1980, que no son  aplicables  al  tercero  civilmente  responsable. Solicita se case la sentencia,  dictándose la sustitutiva.   

CONSIDERACIONES  

1°)  El delito de homicidio culposo porque  se  procede  tiene  señalada  una  pena  de prisión, cuyo máximo, a voces del  artículo   329   del   Decreto   100   de   1980,  es  de  seis  (6)  años  de  prisión.   

La sentencia del Ad quem se profirió el 29  de  diciembre  de  2000,  fecha  que delimita la norma aplicable tratándose del  recurso  extraordinario  de casación, momento para el cual regía la ley 553 de  ese  año,  cuyo artículo 1°, que subrogó el 218 del Código de Procedimiento  Penal  de 1991, determinó que procedía contra sentencias proferidas en segunda  instancia  por  tribunales  superiores  de distrito judicial, presupuesto que se  satisface  en  este  evento,  no  así el alusivo a que se trate de “procesos  que  se hubieren adelantado  por  delitos  que  tengan  señalada  pena privativa de la libertad cuyo máximo  exceda      de      ocho      años”.   

2°) Como no procedía la casación por vía  ordinaria,  el demandante acudió a invocar la excepcional o discrecional de que  trata  el  inciso  tercero  de  la  norma citada, para lo cual, en principio, se  encuentra  habilitado,  como  que  el  legislador  dispone que puede solicitarla  “cualquiera   de   los  sujetos   procesales”,  condición  que  tiene  el  tercero civilmente responsable, según lo dispone el  artículo 153 del Decreto 2.700 de 1991.   

Dado que el apoderado de esa parte, a la que  se  impuso  la  carga  de  responder por los daños y perjuicios causados con el  delito,  fue quien se acogió a esa regulación, le asistiría legitimidad en la  causa  por  la  que  aboga,  máxime  que  argumenta  la  necesidad  de  que  la  jurisprudencia  de  la  Sala  desarrolle  y fije de manera unívoca el sentido y  alcance  de los artículos 106 y 107 del Código Penal de 1980 respecto de su no  aplicación al tercero civilmente responsable.   

3°)  No  obstante, como la pretensión del  demandante  apunta  exclusivamente  a cuestionar la condena a pagar los daños y  perjuicios,   tanto   que   acudió  a  invocar  las  causales  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  no  procede  la invocación de la casación discrecional,  menos el análisis de la Sala respecto de su viabilidad.   

Lo  anterior, porque el artículo 4° de la  ley  553  de  2000, que subrogó el 221 del Decreto 2.700 de 1991, determina que  “Cuando  la  casación  tenga  por  objeto  únicamente  lo  referente a la indemnización de perjuicios  decretados  en  la  sentencia  condenatoria  deberá  tener  como fundamento las  causales  y  la  cuantía  establecidas  en  las normas que regulan la casación  civil,   sin   consideración   a   la   pena   señalada   para   el  delito  o  delitos”.  Como  en  el  evento  en  estudio,  el  tercero  civilmente  responsable  sólo  cuestiona  lo  relativo  a  los  daños,  es claro que no hay lugar a la casación discrecional  como  que  los  lineamientos  a seguir están dados por la legislación procesal  civil, a la que, en efecto, acudió el censor.   

4°) En virtud de la integración que ordena  la  disposición  penal,  se acude al artículo 366 del Código de Procedimiento  Civil,  modificado  por  el  1° de la ley 592 de julio 14 de 2000, vigente para  cuando  se  profirió  el  fallo  y  se  interpuso la casación, que supedita su  procedencia  a  que  “el  valor  actual  de  la resolución desfavorable al recurrente sea o exceda de 425  salarios       mínimos       legales       mensuales       vigentes”,  los  que,  a  razón  de $260.100,  arrojan    un    total    de    $110’542.500.  Debe  precisarse  que  el  monto sólo puede establecerse  para  la  fecha  del  fallo  de  segunda instancia, que es cuando se concreta el  perjuicio,  y  se  establece  por la diferencia que resulte entre lo pedido y lo  concedido por el Tribunal.   

4.1°) En la sentencia de primera instancia,  el  tercero  fue  condenado  a pagar a favor de JHÉSICA MARCELA HENAO GRISALES,  316  gramos  oro por daños materiales y 180 por morales. El sujeto procesal que  acude  a  la  casación no recurrió esta determinación, sin que la misma fuera  objeto  de  modificación  por  el  Tribunal, de donde se concluye que carece de  interés  jurídico  para  impugnar  al  respecto,  en  la  medida que mal puede  sentirse  perjudicado  en  sede de casación, cuando no se sintió afectado ante  la decisión del a quo.   

Para que exista legitimidad en la causa que  se  defiende  es  requisito de necesidad que el aspecto que genera inconformidad  haya  sido  objeto  de apelación, por cuanto en sede del recurso extraordinario  se  acusan  errores  del  Tribunal  y mal puede censurarse yerro alguno de éste  respecto  de  aquello  en lo que no se pronunció, por la sencilla razón de que  nada  se  le  pidió  al respecto. No debe olvidarse que según el artículo 217  procesal   de  1991  (204  actual),  el  superior  funcional  está  limitado  a  pronunciarse  en  relación con los tópicos que le plantee el impugnante, luego  mal  puede  decidir,  menos  equivocarse,  sobre  algo  que  no  causó queja al  recurrente.   

4.2°)  El  fallo  del  Ad  quem  impuso  a  TRANSPORTES  RÁPIDO OCHOA el deber de indemnizar daños y perjuicios materiales  y  morales, así: a JUAN MANUEL CARRASCAL, 316 y 180 gramos oro; a MARÍA ISABEL  DORIA,  280 y 180 gramos; a TANCREDO DANIEL OTERO y CARLOS ZAPATA DAVID, 30 y 15  gramos  a  cada uno; y a AMPARO CARVAJAL HENAO, 180 por concepto de los morales.  Respecto  de  estos  aspectos  sí  hay  legitimidad  en  razón de que la carga  surgió en el fallo de segunda instancia.   

En  la  demanda  de  constitución de parte  civil,  respecto  de  JUAN  MANUEL  CARRASCAL  GUTIÉRREZ, se tasaron los daños  materiales  en $37’000.000  y  los  morales  en  mil  gramos  oro,  en  tanto  que  para MARÍA ISABEL DORIA  MARTÍNEZ  se  reclamaron  500 gramos por perjuicios morales (fl. 372, C. 1); en  favor    de    AMPARO    CARVAJAL    HENAO    se   solicitaron   $25’000.000 y mil gramos oro por cada uno  de  esos  conceptos (fl. 511, C. 2). Los señores TANCREDO DANIEL OTERO y CARLOS  ZAPATA    DAVID    no    acudieron    a   reclamar   indemnización   por   esos  conceptos.   

Para  la  época  del  fallo  de  segunda  instancia,  a  un  precio  de  $19.000  cada gramo oro, haciendo las operaciones  respectivas,  surge  que  la  diferencia entre lo solicitado por cada uno de los  afectados  y  lo concedido por los juzgadores es inferior a los $110’542.500  que  como  límite fijaba el  artículo  366  del  Código  de Procedimiento Civil vigente en ese entonces; de  manera  que  la causa del tercero civilmente responsable no está legitimada por  el legislador.   

En  consecuencia,  el  demandante carece de  interés  jurídico  para  recurrir en casación, lo cual lleva a la inadmisión  de  la  demanda, de acuerdo con lo establecido en el artículo 9° de la ley 553  de  2000,  bajo  cuya  vigencia  se  surtió  su  trámite,  norma  que dice que  “Si el demandante carece  de  interés  o  la  demanda  no  reúne  los  requisitos,  se  inadmitirá y se  devolverá     el     expediente     al     despacho    de    origen”.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

Inadmitir la demanda de casación presentada  por el apoderado del tercero civilmente responsable.   

Esta   decisión  admite  el  recurso  de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ     ARGOTE                                                           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA                          No  hay  firma   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *