18293(11-03-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 18293  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 30  

          Bogotá,    D.C.,    once   (11)   de   marzo   de   dos   mil   dos  (2002).   

          La   Sala   se   pronuncia   sobre  la  admisión  de  la  casación  discrecional  presentada  contra  la sentencia del 23 de enero de 2001, mediante  la  cual  el  Juzgado  4º  Penal  del  Circuito  de  Armenia confirmó el fallo  proferido  por  el  Juzgado  4º  Penal  Municipal de esa misma ciudad contra el  procesado  SILVANO SALVADOR PINILLA PINILLA, condenado a las  penas  principales  de  doce  (12)  meses  de prisión y multa de un (1) día de  salario   mínimo   legal   vigente,  como  autor  del  delito  de  inasistencia  alimentaria.   

ANTECEDENTES  

          1.   La  señora  Martha  Cecilia Gutiérrez Contreras informó  que  el  Juzgado Primero Promiscuo de Familia de Armenia, mediante sentencia del  24  de  diciembre  de  1993,  reajustó  a  la  suma  de cien mil pesos la cuota  alimentaria   impuesta   al  doctor  SILVANO  SALVADOR  PINILLA  PINILLA  a  favor de la menor Natalia Pinilla  Gutiérrez,  a  la  vez  que  dispuso  el  incremento  anual  de la misma en una  proporción  idéntica  al  aumento  fijado  por  el  Gobierno  Nacional para el  salario mínimo legal.    

          No obstante lo anterior, el progenitor de  la  joven  sin  justa  causa  se  sustrajo  a  la  prestación  de los alimentos  legalmente  debidos  a  su  descendiente, al punto que la fecha de la respectiva  querella,  presentada el 22 de noviembre de 1999, adeudaba por dicho concepto la  cantidad de dos millones cien mil pesos.   

2.   La  Fiscalía  8ª Local de Armenia  abrió  la  correspondiente  investigación,  vinculó  mediante  indagatoria al  sindicado  PINILLA  PINILLA y  resolvió  su  situación  jurídica  el  23 de febrero de 2000 afectándolo con  caución  juratoria  por el delito de inasistencia alimentaria.  Clausurada  la  investigación  y  surtido el traslado de rigor, el 13 de junio siguiente el  instructor  calificó  su  mérito  probatorio con resolución acusatoria por el  delito imputado en la medida de aseguramiento.   

          3.   Celebrada  la  audiencia  pública,  el  Juzgado 4º Penal  Municipal  de Armenia dictó el fallo de fecha octubre 2 de 2000,  mediante  el    cual    condenó    al    incriminado   PINILLA  PINILLA  a  las  penas  principales  reseñadas  en el  acápite  inicial de ésta providencia, confirmado el 23 de enero de 2001 por el  Juzgado  4º  Penal  del  Circuito  de  esa misma ciudad, a través de sentencia  contra  la  cual  el  sindicado presentó la casación excepcional que centra la  actual atención de la Sala.   

LA DEMANDA  

          El  demandante  actuando en nombre propio, en su calidad de abogado,  en       el       capítulo       “Procedencia  del  recurso”  advierte  sobre  la  supremacía de la Constitución Política, de  manera   que   los  derechos  fundamentales  priman  sobre  cualquier  exigencia  formal.   De  ahí, afirma, que el inciso 3º del artículo 218 del Código  de  Procedimiento  Penal  establezca la posibilidad de asumir el conocimiento de  una  “demanda interpuesta  contra  la  sentencia  violatoria  de las garantías fundamentales con el fin de  desarrollar   la   jurisprudencia  o  garantía  de  tales  derechos”.   

          Señala  después,  en  forma  escueta  y  en relación con el fallo  proferido  en  su  contra, que la casación excepcional propuesta resulta viable  por  el monto máximo de la pena prevista para el delito por el cual se procede,  y   “puesto  que  se  ha  violado  la  garantía  consagrada  en  el  artículo  29  de  la  Constitución  Nacional”.    Nada más aduce en este punto.   

          Seguidamente,  al  amparo de la causal primera del artículo 220 del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Decreto  2700  de  1991), el censor acusa la  violación  de  “una norma  de  derecho  sustancial”,  concretamente,  del  citado  precepto de la Carta Política, en cuanto ordena el  juzgamiento conforme a la ley preexistente al acto imputado.   

          A  partir  de  tal  concepto  indica  que el fallador tiene el deber  constitucional  de investigar la finalidad de la conducta, como ha reconocido la  misma  Corte en las providencias que cita en demostración de dicho aserto, para  afirmar   luego  que  fue  condenado  “por   el   simple   acto”,  prescindiéndose  del  “elemento      cognoscitivo      en      la     conducta”  y sin análisis en torno a la causal  de justificación invocada.   

         

          Con  la  actitud  de  los  juzgadores,  reitera  el  demandante,  se  violaron  los  artículos  29  de  la  Carta  Política,  2º a 5º, 21 y 35 del  Código   Penal  (Decreto  100  de  1980)  y  agrega  a  renglón  seguido,  que  “no  se  decretaron  ni  practicaron    las    pruebas    solicitadas    por    el    sindicado   en   su  indagatoria”,    para  plantear,  finalmente,  que  ante  el  “reconocimiento  de  este  cargo,  se debe resolver la nulidad de lo  actuado  por  violación  del  debido  proceso  (art.  304  Nral. 2)”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          1.   Sea  lo  primero  advertir,  que en el presente asunto las  sentencias  de  primera  y segunda instancia fueron dictadas durante la vigencia  de  la  Ley  553  de  2000; más aún, idéntica circunstancia se predica de las  notificaciones  del  fallo  emitido  por el ad quem, así como del término para  acudir  a  la  casación  excepcional,  dentro  del cual se presentó la demanda  respectiva,  y  cuyo  vencimiento  se  produjo  luego  de  proferido el fallo de  inexequibilidad  de  algunas  de  sus  disposiciones, pero cuando aún tal norma  regulaba  su  trámite,  pues como precisó la Sala en anterior pronunciamiento,  “notificado  como fue el  fallo  C-252/01  por  edicto  que  permaneció  fijado hasta el 16 de marzo, las  normas  que  por medio de él se declararon inexequibles, salieron efectivamente  de  nuestro  ordenamiento  jurídico  a  partir  del  día siguiente”.   

          En  este  orden  de  ideas,  fuerza  colegir  que  el trámite de la  casación  excepcional  presentada  debió  ajustarse  y concluir con apego a la  normatividad  citada,  que por lo atrás anotado concurrió a regularla, máxime  cuando   la   decisión  de  control  constitucional  referida  no  afectó  las  situaciones  consolidadas  antes  de  surtir  sus  efectos, y como en el caso de  autos  se  observaron  tales  preceptivas,  ningún  reparo  suscita entonces la  legalidad de lo actuado.   

          2.   Ahora  bien, de conformidad con el artículo 1º de la Ley  553  de  2000,  en los asuntos cobijados por ella, como se afirmó cabalmente en  el  presente  asunto,  la casación discrecional es viable contra las sentencias  ejecutoriadas  de  segunda instancia proferidas por los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial,  el  Tribunal  Nacional  y  el  Tribunal  Penal  Militar, en  procesos  adelantados  por delitos sancionados con pena privativa de la libertad  cuyo  máximo  no  exceda  de  ocho  años;  como también, contra los fallos de  segundo  grado dictados por los Juzgados Penales del Circuito, con prescindencia  del   quantum   punitivo  señalado  para  el  hecho  punible  por  el  cual  se  procedió.   

          En  estas diligencias tal condición se muestra exenta de objeciones  atendida  la  naturaleza de la decisión atacada, de segunda instancia proferida  por  el  Juzgado  4º Penal del Circuito de Armenia.  Otro tanto se pregona  del  requisito  de  la  oportunidad, pues el sindicado acreditando la calidad de  abogado  titulado,  conforme  a  la  constancia  secretarial respectiva (f. 123,  cdno.  1),  en ejercicio de la facultad por entonces establecida en el artículo  5º  de  la  Ley  553  de  2000, presentó la demanda dentro del término otrora  señalado  en  el  artículo  6º  ibídem, esto es, dentro de los treinta días  siguientes  a  la  ejecutoria  del  fallo;  sin  embargo,  situación  del  todo  diferente  se  configura  en  punto  de  los  requisitos  formales  que debieron  observarse en dicho libelo.   

          3.   En  efecto,  conforme  al  reiterado  criterio de la Sala,  esbozado  bajo  el  imperio  de  la citada preceptiva pero que conserva vigencia  incluso  frente  a  las  actuales  regulaciones en la materia, tratándose de la  casación  excepcional,  al demandante le corresponde precisar en forma antelada  y  de  manera  breve o sucinta, por lo menos, el motivo que debe determinar a la  Corte  en  el  ejercicio de la discrecionalidad que le es conferida en virtud de  la  ley  para  extender  dicho  instituto  extraordinario  de  impugnación,  en  concreto,  al  fallo sustraído de la casación ordinaria, y que con sujeción a  la  norma  aplicable  en  el  caso  examinado  no  podía ser uno diverso de los  contemplados  en  el  inciso  3º,  artículo  218  del  Decreto  2700  de 1991,  modificado por el 1º de la Ley 553 de 2000.   

           En  otros  términos,  el  censor  debe  acreditar  la  necesidad de su admisión para el desarrollo de la jurisprudencia  o  la  garantía  de los derechos fundamentales que hubiesen sido conculcados en  el  trámite del respectivo proceso, requisito de forma y contenido que si no es  cumplido  o  es  satisfecho  de manera insuficiente, esto es, sin convencer a la  Sala  acerca  de  la procedencia de la casación presentada para la consecución  de  uno  o  ambos  de  los fines indicados, impone la inadmisión de la demanda,  como acontece aquí precisamente.   

          4.  Ciertamente, el sindicado en el  capítulo  inicial  de  la  demanda  reseñó  la norma que para la época de su  presentación  consagraba  la comentada exigencia, esto es, el artículo 218 del  Decreto 2700 de 1991, subrogado por el 1º de la Ley 553 de 2000.   

          Seguidamente  aludió  al  monto  de  la  pena y advirtió de manera  lacónica  que  la  casación  discrecional  propuesta  se  orienta  a preservar  “la garantía contemplada  en    el    artículo    29    de    la    Constitución    Nacional”,  pero nada  especificó  sobre  el  derecho  fundamental  que  en  últimas  estima resultó  conculcado  en  las  presentes  diligencias,  y  sin  que  pueda discernirse con  certeza  de  la simple remisión a esa norma superior, pues el referido precepto  de  la  Carta Política consagra varios de impelida observancia en la actuación  penal.   

          Tampoco  indicó  en  qué consistió la irregularidad o el vicio de  actividad  traducido  en su violación, menos aún, la incidencia negativa de la  misma  frente  a  algún  derecho fundamental; en fin, la solicitud de casación  excepcional  se muestra por completo ajena a toda sustentación, deficiencia que  en  gracia  de discusión tampoco se subsana en el contexto de la demanda, donde  de  manera  genérica  controvierte  la  legalidad  y acierto de la sentencia de  segundo  grado.   Así  las  cosas,  se impone la inadmisión de la demanda  presentada.   

          En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia en Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  excepcional     presentada     en    defensa    del    procesado    SILVANO         SALVADOR         PINILLA         PINILLA.   

         

          Contra     esta     providencia     procede     el     recurso    de  reposición.   

          Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                                CARLOS    A.    GALVEZ  ARGOTE           

JORGE   A.   GOMEZ   GALLEGO                                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS   E.   MEJÍA   ESCOBAR                                          NILSON    E.    PINILLA   PINILLA                                             

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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