18237(21-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18237  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

DR. HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

Aprobado acta No. 24  

Bogotá,  D.C., veintiuno (21) de febrero de  dos mil dos (2002)   

Se   pronuncia  la  Sala  en  torno  a  la  admisibilidad  de  la  demanda  con  que  se  sustenta  el  recurso de casación  interpuesto  por los defensores de MIGUEL ALFONSO GARRIDO FLÓREZ e INÉS MARÍA  ARROYO  ROMERO contra la sentencia dictada por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Cartagena  el  30  de  agosto de 2000, que modificó la de primera  instancia  proferida  por el Juzgado Penal del Circuito de Magangué de fecha 18  de  mayo  de  1998,  exclusivamente en cuanto a la condena de la procesada INÉS  MARÍA  ARROYO  ROMERO,  a  la  pena  principal de 2 años de prisión, multa de  $10.000.oo  e  interdicción de derechos y funciones públicas por un periodo de  un  año  como  cómplice del delito de peculado por apropiación y confirmó en  lo demás.   

HECHOS  

El  25  de  mayo  de 1994, ante la Unidad de  Fiscalías  de Monpox el doctor FABIO DÍAZ JIMÉNEZ en su calidad de Jefe de la  Unidad  de  Salud  No. 4 y Director del Hospital San Juan de Dios, denunció una  serie  de  irregularidades  que  se  venían  cometiendo  por  parte  de algunos  empleados  del  centro  asistencial, quienes aprovechando su condición laboral,  elaboraban    una    cantidad    de   libranzas   de   la   firma   “Creditítulos”   donde   aparecían   como  deudores  personas  que  no habían contraído tales obligaciones, con sumas superiores al  valor  de  los  artículos  negociados  con la entidad comercial. Así mismo, se  indicaban  como  empleados  del  hospital  San  Juan  de  Dios a personas que no  habían tenido relación laboral con la entidad.   

Señala  como  personas  que participaron en  estos  hechos  a  HORACIO  PUPO  REYES,  –  Pagador -, MARITZA REVOLLO PEINADO –  Oficial  de  Kárdex  -,  MIGUEL  GARRIDO  FLÓREZ – Analista de presupuesto – y  JAIME  LEMUS  –  vendedor  de  la firma “Creditítulos”  con sede principal en Barranquilla.   

Igualmente,  denuncia  que  se  presentaron  libranzas  falsas  de  la  firma  comercial  de  electrodomésticos “Coobarloqui”,   entre   las   cuales  se  destacan  créditos  a nombre de HORACIO PUPO REYES, MARITZA REVOLLO PEINADO, INÉS ARROYO  y  MIGUEL ALFONSO GARRIDO FLÓREZ, cuya amortización los hacía el hospital San  Juan   de   Dios   sin   que   a   aquellas   personas  se  les  efectuaran  los  descuentos.   

Así mismo, indica que los mismos denunciados  adquirieron  créditos  personales  con  el Banco Ganadero Sucursal Mompox, cuya  entidad  bancaria  descontaba  de las cuentas del centro asistencial sin que los  procesados hicieran el reembolso correspondiente.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

La  Fiscalía  25  de la Unidad Seccional de  Mompox  con  resolución  del  30  de  mayo  de  1994  decretó  la  apertura de  instrucción  ordenando  la  vinculación  mediante  diligencia de indagatoria a  HORACIO  PUPO  REYES  y MARITZA REVOLLO PEINADO. Posteriormente, se ordenó oír  en  indagatoria  MIGUEL  ALFONSO GARRIDO FLÓREZ, DIMAS ORLANDO ARIAS MARTÍNEZ,  INÉS  ARROYO  DE  CARRANZA  y  a  JAIME  DE  JESÚS LEMUS PÉREZ se le vinculó  mediante  el  trámite previsto en el artículo 356 del Código de Procedimiento  Penal  anterior,  a quienes el 13 de junio de 1995 se les definió la situación  jurídica  con medida de aseguramiento en la modalidad de detención preventiva,  a  los  cuatro primero, por los delitos de peculado por apropiación en concurso  con  falsedad  en  documento  privado  y  falsedad  por  ocultamiento  a los dos  primeros,  peculado por apropiación al tercero y con medida de aseguramiento de  caución  prendaria  por  los delitos de falsedad en documento privado y estafa,  al  quinto  de  los citados y prevaricato por omisión al señor ARIAS MARTÍNEZ  (fl. 52 cdno 2).   

Perfeccionada en lo posible la investigación  se  decretó su cierre (fl. 198 cdno 3) y por proveído del 24 de enero de 1996,  se  calificó  el  mérito del sumario profiriéndose acusación por los delitos  por  los  cuales  se  les  definió  la  situación  jurídica  (fl.  4 cdno 4),  decisión  que  al  ser  impugnada fue confirmada por la Unidad Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Cartagena  mediante  resolución de marzo 3 de 1997 (fl.  1069 cdno 4)   

En  firme el pliego de cargos, el expediente  fue  remitido  al  Juzgado  Único Penal del Circuito de Mompox cuyo funcionario  manifestó  su  impedimento para conocer de la actuación, pasando el proceso al  Juzgado  Penal del Circuito de Magangué, el que imprimió el trámite inherente  a  la causa. Celebrado el debate público, mediante fallo del 18 de mayo de 1998  culmina  la  instancia  con  sentencia  mediante la cual condenó a HORACIO PUPO  REYES  a  la  pena principal de 5 años de prisión, multa de $20.000.oo pesos e  interdicción  de derechos y funciones públicas por un periodo de 2 años, como  coautor  del  delito  de  peculado  por apropiación en concurso con falsedad en  documento  privado;  a MARITZA REVOLLO PEINADO a la pena de 4 años y 2 meses de  prisión,  multa de $20.000.oo e interdicción de derechos y funciones públicas  por   un  periodo  de  2  años,  como  coautora  del  delito  de  peculado  por  apropiación  en  concurso  con  falsedad en documento privado; a MIGUEL GARRIDO  FLÓREZ  e INÉS MARÍA ARROYO ROMERO a la pena de 4 años de prisión, multa de  $20.000.oo  pesos  e  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por un  periodo  de  2  años,  como coautores de peculado por apropiación; DIMAS ARIAS  MARTÍNEZ  a  1  año  de  prisión  e  interdicción  de  derechos  y funciones  públicas   por  el  mismo  término,  como  autor  responsable  del  delito  de  prevaricato  por omisión; JAIME DE JESÚS LEMUS PÉREZ a la pena principal de 3  años  9  meses  de  prisión,  como  autor responsable del punible de estafa en  concurso  con  falsedad  en  documento  privado.  Además, se dispuso absolver a  HORACIO  PUPO  REYES  y  MARITZA  REVOLLO PEINADO por el delito de destrucción,  supresión y ocultación de documentos.   

Impugnado el fallo fue modificado en la forma  aludida  y  confirmado  en  lo  demás  por  el  Tribunal  Superior del Distrito  Judicial  de  Cartagena, contra el que se interpuso el recurso extraordinario de  casación, que ocupa la atención de la Sala.   

LAS DEMANDAS  

1.-  Demanda  a  nombre  de  MIGUEL  ALFONSO  GARRIDO  FLÓREZ.  Con fundamento en las causales 1° y  2°  del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento Penal, el defensor del  procesado    postula    dos    cargos    contra    la   sentencia   de   segunda  instancia.   

1.1.- Primer cargo.  Principal.  Con  apoyo  en la causal primera de casación, el demandante formula  el  cargo  por  violación  indirecta.  “Error     de     hecho     y     error     de    derecho”. Los hace consistir en que el Tribunal  distorsiona  el  sentido  de la prueba produciendo efectos probatorios que no se  derivan  de su texto, para lo cual, previa transcripción señala el por qué no  fue   tenido   en   cuenta   lo  dicho  por  su  defendido,  presentándose  una  irregularidad  al  no  aceptarse  las  denuncias elevadas por su representado de  tiempo atrás.   

Aclara  que el procesado GARRIDO FLÓREZ era  el  Jefe  de  finanzas,  sin  embargo,            “el  pagador  hacía  lo  que  se  le  venía  en gana”,  por cuanto las cuentas nunca las entregaba a tiempo y por ello su  defendido  le  llamaba  continuamente la atención. Controvierte abiertamente lo  afirmado  por  el  ad-quem cuando señala que MIGUEL GARRIDO puede ser cómplice  según  cargos  que  hace  MARITZA  REVOLLO  pero no sabe de qué complicidad se  trata si éste no fue condenado por falsedad.   

Así  mismo,  invita  a  la  Corte  para que  examine  a  fondo  las  declaraciones  de MARITZA REVOLLO PEINADO y HORACIO PUPO  REYES  porque  existen  muchas  personas  con  descuentos,  por  cuanto  el  que  realizaba  las  nóminas acomodaba los descuentos y el pagador era el que giraba  los  cheques,  por  tanto,  no  ve  ninguna complicidad entre su defendido y los  precitados.   

Expresa   que   su   deseo   “…es  que  se  revoque  la sentencia  recurrida  en  el  sentido  de  la  no participación de mi defendido en punible  alguno   y   mucho   menos   en   la   comisión  del  delito  de  peculado  por  apropiación.”   

Considera,  así  mismo,  que  existe  una  violación  al  derecho de defensa y, por ende, del debido proceso, artículo 29  de  la  Carta Política, por cuanto los juzgadores de instancia no observaron el  debido  proceso. Finalmente, sostiene que su pretensión es la de que se case la  sentencia  absolviendo  a  GARRIDO  FLÓREZ,  por  las  dudas aparecidas en este  proceso,  que  surgen  al  cotejar  las  pruebas sobre autoría del punible y la  clara  violación  al  debido  proceso, incurriéndose en las violaciones de los  principios: In dubio pro reo y nom bis in idem respectivamente.   

1.2.- Segundo cargo.  Como   causal   alegada  señala  que  “Procede  en  el  presente caso, la causal de casación consagrada en  el   numeral   segundo   (2°)   del   artículo   220   del  C.P.P.”.   Fundamenta   la   inexistencia  de  consonancia  entre  la  sentencia  y  los  cargos descritos en la resolución de  acusación,  porque  en  esta se acusa a MIGUEL ALFONSO GARRIDO por el delito de  peculado  por  apropiación,  por coautoría de la cual fue víctima el Hospital  San  Juan  de  Dios  de Mompox, pero ello no es correcto porque desde hace mucho  tiempo  atrás  su  defendido  alertó  a  sus  jefes  sobre las irregularidades  existentes  en  las  cuentas  del  hospital  y  tanto  el  administrador como el  director  del  hospital  no  atendieron  la  queja,  por lo que considera que no  existe coautoría por parte de su defendido.   

Solicita,  en  consecuencia,  se  case  la  sentencia   y   en   su   lugar   se   disponga   la   absolución   de  GARRIDO  FLÓREZ.   

2.-  Demanda a nombre de INÉS MARÍA ARROYO  ROMERO.  Sostiene el censor que la norma que se estima  violada  procede  por “error  iudicando”,  lo que deriva  en  una  violación  directa  de la norma sustancial, por razón de que tanto el  a-quo  como  el  Tribunal,  no  seleccionaron la norma sustancial aplicable a un  caso  como  el  que  originó  este juzgamiento, porque a su poderdante no se le  debió  aplicar  la  norma  que tipifica el delito de peculado por apropiación,  sino  el  artículo  361  del  estatuto  penal  vigente  para  la  época de los  hechos.   

Asegura que fluye de la sentencia acusada, la  existencia  de  duda sobre la responsabilidad penal de su defendida en el delito  de  peculado  por  apropiación,  por  lo  tanto,  solicita  que  se  revoque la  sentencia  atacada  para  que  se  declare  la no participación de INÉS MARÍA  ARROYO  en  la  comisión  del delito de peculado por apropiación, precisamente  por  la  calidad  de  su cargo y funciones administrativas que se concretaban en  ser auxiliar de contabilidad.   

Señala  que  disiente  en  extremo  de  lo  aseverado  por  el  Tribunal,  cuando  afirma  que  MARITZA REVOLLO PEINADO hace  cargos  contra su procurada de ser su cómplice, pues INÉS ARROYO es totalmente  ajena  a  la  falsedad en que incurrió MARITZA REVOLLO, tanto desde el punto de  vista objetivo como subjetivo.   

Considera  igualmente, que las declaraciones  de  MARITZA  REVOLLO  y  HORACIO  PUPO REYES deben analizarse a fondo porque hay  demasiadas  personas  sin  descuentos  ya  que  la  encargada  de  hacerlos, los  acomodaba a su antojo y el pagador se limitaba a girar los cheques.   

Solicita,  en  consecuencia,  se  case  la  sentencia  proferida  y,  en  su  lugar,  se  absuelva a la señora INÉS MARÍA  ARROYO ROMERO.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Las  demandas  de  casación  presentadas  a  nombre  de  los  procesados MIGUEL ALFONSO GARRIDO FLÓREZ e INÉS MARÍA ARROYO  ROMERO  presentan  ostensibles  defectos  técnicos  y  de  fundamentación, que  llevan a la Sala a desestimar los cargos formulados.   

1.-  Demanda  a  nombre  de  MIGUEL  ALFONSO  GARRIDO  FLÓREZ.- Resulta evidente que el casacionista  en  su  libelo  desatiende  la  naturaleza  y  fines  del recurso extraordinario  intentado,  pues  mientras que el constituye una impugnación a la sentencia por  vicios  in  iudicando,  taxativamente  indicados  en  la  ley,  encaminando  los  reproches     a     la     identifica­ción  de  un  agravio  que  se  demanda  reparar, de forma libre se  distancia  tanto  de  los  fines  como de las formas atinentes a la impugnación  extraordinaria,  para  exponer  una  serie de reparos subjetivos y genéricos en  relación      con      el     contenido     y     la     interpreta­ción   de   los   medios   probatorios  allegados,   a   fin   de  proponer  con  base  en  ellos  la  presencia  de  la  duda.   

Dentro de esa exposición extraña al recurso  extraordinario  y, limitándose a invocar tan sólo el numeral 1° del artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  vigente para la época, propone la  violación  indirecta  por  error  de  hecho  y  de derecho y se ocupa luego con  exclusividad  de presentar reproches al contenido y credibilidad de las pruebas,  omitiendo  toda  precisión  sobre  los  errores que acusa, si son de hecho o de  derecho,  y  en  cada caso, si el plantea­miento    se    encamina    a    acreditar    falsos    juicios   de  existen­cia, de identidad o  de  raciocinio,  ora  de  legalidad  o convicción, caracterizando el libelo por  falta  de  claridad  y  precisión,  y  haciendo caso omiso de la diferencia que  existe  entre  los  medios  de  gravamen por los cuales se lleva a una revisión  amplia  y  general  de instancia, con los de impugnación y en particular con la  casación,  estrictamente  orientada  a  conseguir la anulación de la sentencia  por   los   vicios  que  logre  acreditar  el   recurrente,  con  exclusiva  iniciativa  dentro  del  debate, pero obligado a las taxativas causa­les  y  motivos  que  autoriza  la  ley.   

Para el caso que se controvierte, el censor,  no  sólo  se  queda  en  el  desconocimiento de los requisitos técnicos que se  enuncian,  sino  que  también  en  el  examen  de  las  pruebas  desatiende los  razonamientos  sobre  los cuales construyó el Tribunal ad-quem las premisas del  fallo  condenatorio,  y  al  hacerlo  deja  incólumes los fundamentos sobre los  cuales descansa la decisión adversa.   

De  otra  parte, en desarrollo de la censura  reprocha   la  violación  al  debido  proceso y al derecho de defensa, sin  lograr,  tampoco,  demostrar  de manera lógica y atendible el enunciado, porque  ni  siquiera  se  hace  referencia  a  la  eventual  violación  de  los mismos,  olvidando   que   reproches   de  tal  estirpe  para  su  formulación  ameritan  postulación   y   desarrollo   autónomo,  habida  consideración  que  por  su  naturaleza,  el  primero  es un vicio de estructura, en tanto que el segundo, es  de  garantía,  sin  desestimar  que existen irregularidades que al mismo tiempo  afectan  los  dos derechos, empero, este no es el caso, atendiendo que el censor  no   se   ocupa  de  demostrar  que  el  sometido  a  estudio  sea  uno  de  los  acontecimientos  excepcionales,  se destaca, eso sí, la violación al principio  de  autonomía  de los cargos y de la ausencia de una correcta demostración del  yerro anunciado.   

Ahora  bien,  remata  su  escrito  con  el  planteamiento  de  la  duda,  la  cual  no  tuvo  arraigo ante los juzgadores de  instancia,  por  lo tanto, era deber exclusivo del actor entrar a demostrarla en  su  demanda con toda claridad y contunden­cia,  acreditando  que su incidencia en la sentencia era tal, que de  haberse reconocido hubiera determinado un fallo opuesto.   

Obligación   semejante  no  se  suple  en  casación   recurriendo  a  las  simples  conjeturas,  a  apreciacio­nes   personales   sin   seriedad   ni  contundencia,   menos   con  formulaciones  imprecisas  y  desentendidas  de  su  sometimiento  exacto  a las causales taxativas del recurso extraordinario como a  su        inexcusable        clari­dad.   

De  suerte  que,  el  censor  no identificó  dentro   de   la   causal  la  clase  de  errores  advertidos,  ni  mucho  menos  demostrarlos,  como tampoco a señalar su incidencia en el sentido del fallo que  ataca, motivos suficientes para que el cargo planteado no prospere.   

1.2.-    Segundo   cargo.   Al  amparo  de  la  causal segunda de casación, el actor formula un  nuevo  cargo  a  la  sentencia de segundo grado, que no escapa a los ostensibles  yerros   de   técnica   y   razón   que   se   vienen   señalando   sobre  la  demanda.   

En  efecto,  si bien es cierto que la causal  segunda  de casación corresponde a aquellas situaciones en las que la sentencia  impugnada  no  está  en consonancia, con los cargos imputados en la resolución  de  acusación  y que éste vicio constituye un error in procedendo; también es  verdad  que  la técnica en el recurso no le permite al recurrente desconocer el  principio  de  autonomía de las causales, como ocurre en este caso, en que como  argumento  central  para  demostrar  la disonancia, con la decisión del ad-quem  señala  que  por  no  haberse  abierto  investigación  contra  el director del  hospital  San  Juan de Dios de Mompox, se violó el debido proceso circunstancia  ésta  que  sólo  es  viable  reclamarla  al  amparo  de  la  causal tercera de  casación.   

De  otra  parte, al solicitar la absolución  del  procesado  desconoce la naturaleza y alcance de la causal 2ª, como que, su  obligación  implica  la  admisión  de  la responsabilidad penal por los cargos  formulados en la resolución de acusación.   

Así  mismo,  es  deber  del demandante, por  razón  de  ser  el  recurso extraordinario de casación rogado y las facultades  limitadas,  poner  de presente a la Sala la existencia del error en la decisión  del  Tribunal,  es  decir,  la  imputación personal, fáctica y jurídica en el  fallo  de segundo grado distinto a lo atribuido en la resolución de acusación,  confrontando  todas  las  decisiones, deber que considera cumplido el recurrente  con    la   siguiente   afirmación   “creo   yo   que   aquí   no  existe  coautoría  por  parte  de  mi  defendido”, con lo cual se  hace  manifiesto  una  simple inconformidad y el propósito de revivir el debate  superado  en  las  instancias,  situación  que  resulta  ajena  al  recurso  de  casación.   

       

2.-  Demanda a nombre de INÉS MARÍA ARROYO  ROMERO.-  El  actor  al  invocar el único cargo , tan  sólo  se  limita  a  señalar,  que  la  impugnación  procede  por  la  causal  consagrada  en  el  numeral  1°  del artículo 220 del Código de Procedimiento  Penal,  sin  embargo,  al  desarrollar  el  cargo, el libelo se presenta como un  alegato  de  instancia,  ajeno  de toda formalidad y fundado en que “tanto  el  a-quo  como  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bolivar,  mediante  la  sentencia  que se  reprocha  con  esta impugnación, no seleccionaron la norma sustancial aplicable  a  un  caso  tan  específico  y  sui  generis  como  el  que  se  dio  en  este  enjuiciamiento.  A mi poderdante no se le debió aplicar la norma que desarrolla  el  peculado  por apropiación, sino, una diferente como es el artículo 361 del  estatuto              penal”,  desconociendo  que  la  casación como  sede  única  parte  del  supuesto  de  que  el debate jurídico y probatorio ha  culminado  con  el proferimiento de la sentencia de segundo grado, por lo tanto,  es  exigible  que  su  ejercicio  se  determine  a demostrar que la declaración  judicial   se   apartó   de   la   norma.  En  consecuencia,  la  demanda  debe  confeccionarse  con  la  más  rigurosa  técnica  y  observando a cabalidad las  exigencias  legales,  en  sus  dos  aspectos  de  forma  y  contenido,  pues  su  procedencia  se  enraíza  en  la  demostración  de  haberse  configurado una o  algunas de las causales establecidas.   

Son  de forzoso acatamiento, el cumplimiento  de  tales  requisitos  por la necesidad de determinar objetivamente el sentido y  alcance  de la impugnación, demostrando la presencia de los yerros judiciales y  su  incidencia  en la decisión objetada, pues de omitirse, la Corte, atendiendo  el  principio  de  limitación  que gobierna el extraordinario recurso, no puede  entrar  a  subsanar  los  yerros  que  presente  ni  los  vacíos que la demanda  ofrezca.   

La jurisprudencia de la Sala, reiteradamente  ha  señalado  que  tratándose  de  violación  directa  de  la ley sustancial,  resulta  de exigencia obvia aceptar en su integridad los hechos que declara como  demostrados  el  fallo  impugnado,  para  que  a  partir  de  esa conformidad se  construya  el  reproche. En consecuencia, existe plena conformidad del actor con  la  declaración de los hechos y la apreciación de las pruebas realizada por el  juzgador, siendo el cuestionamiento eminentemente jurídico.   

Sin  embargo,  de la revisión del libelo se  desprende  que  el  censor discurre en torno a diferentes causales pues mientras  sostiene  que  no se debió aplicar la norma que tipifica el punible de peculado  por    apropiación,   afirma   que   “fluye  igualmente  en  la  sentencia  acusada, la existencia de duda  sobre  la  responsabilidad  penal  de  peculado por apropiación de Inés Arroyo  Romero,   duda  que  se  patentiza  al  precisarse  su  grado  de  cargo  y  sus  funciones”, y más adelante  señala  que  “disiento en  extremo  sobre  lo  aseverado  por  el  a-quem  (sic)  cuando afirma que Maritza  Revollo   Peinado   hace   cargos   a   Inés   Arroyo   Romero,   de   ser   su  cómplice.”, para finalizar  con  un  cuestionamiento  sobre  la  valoración  probatoria  efectuada  por los  juzgadores de instancia.   

Como  se aprecia, el censor, no sólo inicia  denunciando  la  aplicación indebida de un precepto sustancial y de unos hechos  distintos  a  los  aceptados  por  el  Tribunal, sino que, a la vez, enfrenta su  personal  criterio  al expuesto por la Corporación sobre la credibilidad que le  otorgó  a  la  declaración de Maritza Revollo Peinado, además de sugerir a la  Corte  que  las declaraciones de ésta y de Horacio Pupo Reyes deben revisarse a  fondo.   

Tan confusa, indebida e imprecisa manera de  presentar  el  cargo,  deja  a la Corte sin saber si lo que quiso denunciar como  yerro a cargo del Tribunal, fue una violación directa o indirecta.   

De  admitir  un  error  de  escritura en la  presentación  del  cargo,  para  tener  la  violación indirecta a la que quiso  acudir,  tampoco lograría éxito su libelo ya que no señaló la clase de error  en  que  incurrió el sentenciador, si de hecho o de derecho, ni el falso juicio  que  lo  determinó,  si  de  existencia,  identidad  o  si se debió a un falso  raciocinio  al  desconocer  los  postulados  de  la sana crítica, al valorar el  mérito  persuasivo  de  los  medios de prueba y que este desacierto lo llevó a  efectuar  una declaración judicial distinta de la que revela el proceso, ora de  legalidad  por desconocimiento de las reglas que rigen la aducción de la prueba  o de convicción.   

De este modo, es evidente, que las demandas  presentadas  por los defensores de los procesados MIGUEL ALFONSO GARRIDO FLÓREZ  e  INÉS  MARÍA  ARROYO  ROMERO ni de lejos se aproximan al cumplimiento de las  exigencias  mínimas  exigidas por el artículo 225 del Código de Procedimiento  Penal,  por  cuanto  dicha forma de argumentar riñe con los postulados lógicos  que  gobierna  la casación y desconoce los principios de claridad y concreción  que  imponen  su  fundamentación,  errores  que irremediablemente conducen a su  inadmisión.    

Esta  decisión  es proferida de plano y no  admite recurso alguno.   

Atendidas  las  razones expuestas, la Corte  Suprema de Justicia en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

1.-  INADMITIR  la  casación interpuesta a  nombre  de los coprocesados MIGUEL ALFONSO GARRIDO FLÓREZ e INÉS MARÍA ARROYO  ROMERO por las razones anotadas precedentemente.   

En  consecuencia,  se  declara  desierto el  recurso de casación presentado a nombre de los procesados.   

2.-  DEVOLVER el expediente a la oficina de  origen.   

CÓPIESE Y CÚMPLASE  

ÁLVARO   ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN    

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                               JORGE     E.     CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                                                 CARLOS     A.     GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE   A.   GÓMEZ  GALLEGO                                                                                   ÉDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

CARLOS  E.  MEJÍA  ESCOBAR                                                                                     NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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