18222(26-11-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    República    de  Colombia   

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 18222  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADOS PONENTES:  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

NILSON PINILLA PINILLA  

       Aprobado:  Actas Nos. 174 (Nov. 14/01)   

                                            180 (Nov. 22/01)   

         Bogotá,  D.  C.,  veintiséis  (26)  de  noviembre  de dos mil uno  (2001).   

VISTOS  

         Se  ocupa  la  Sala  del  recurso  de apelación interpuesto por el  doctor   Antonio   Augusto  Conti  Parra  contra  la  providencia por medio de la cual el Tribunal Superior  de  esta  capital dispuso se le devolviera la caución prestada para gozar de la  detención  domiciliaria  y de la libertad provisional, pero sin reconocer en su  favor  rendimiento  alguno  sobre  lo  depositado,  así como de la petición de  libertad  hecha  por  el  defensor del doctor Hernando  Pinilla   Cuervo,  de  la  fijación  de  fecha  para  sustentación  oral  de  la  apelación  interpuesta  respecto  de  la sentencia  condenatoria  proferida  en  contra  del  segundo de los nombrados, a la vez que  toma otra determinaciones.   

ANTECEDENTES  

         1.  En  providencia  del  29  de  mayo  de  1996,  tras  revocar la  preclusión  dispuesta  en  primera  instancia, un Fiscal Delegado ante la Corte  Suprema  de  Justicia  acusó  a  los  doctores  José  Hernando  Pinilla Cuervo, como autor de un concurso de  prevaricatos  por  acción,  concurrentes  con  otro  de  peculados agravados, y  Antonio     Augusto     Conti    Parra, en calidad de cómplice de los últimos.   

         Así   mismo,  decretó  su  detención  preventiva,  que  les  fue  sustituida  por  domiciliaria,  fijándose  como caución al doctor Conti  Parra  la  suma  de  30  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, en cumplimiento de lo cual, el 11 de junio  de  ese  año,  se  anexó copia del título de depósito judicial K63549191 del  Banco    Popular,    en    el   que   consta   se   consignaron   $4’263.765,90.  El 19 de agosto de 1998,  el   Tribunal  Superior  concedió  al  doctor  Conti  Parra  la  libertad provisional y para garantizar sus  compromisos dejó como caución la prestada con antelación.   

         Mediante  sentencia  del  pasado 24 de enero se absolvió al doctor  Antonio Augusto Conti Parra  y  se  dispuso  que  “En  su  oportunidad,  hágase entrega de la caución que  prestara   el   procesado”,   decisión   que  generó  petición  del  doctor  Conti  Parra en el sentido  de  que  se  ordenara  a la entidad bancaria “que usufructuó durante cerca de  cinco   años”   el   dinero,   lo  reintegrara  “haciendo  devolución  del  equivalente   de   30   salarios   mínimos  legales  mensuales  y  vigentes”,  pretensión  respondida de  manera  adversa, en el entendido de que la garantía se soportó en la medida de  aseguramiento  que  lo  afectó,  “dinero que de ninguna manera usufructuó el  Estado y muchos menos la Administración de Justicia”.   

         El   doctor   Antonio   Augusto   Conti  Parra  pretende  la  revocatoria  de la decisión del  Tribunal  por  cuanto  la  entidad  bancaria se lucró con su dinero, luego debe  serle  devuelto  con  sus  rendimientos  y debida actualización. En apoyo de su  tesis  reseña  diversas  jurisprudencias  que  concluyen  que  “el pago de lo  debido  sólo estará bien hecho cuando comprenda los correspondientes intereses  e  indemnizaciones”, lo cual no hace que la obligación sea más grande que en  su   origen,   sino   que  no  disminuya  el  patrimonio  del  acreedor  por  la  depreciación monetaria.   

         2.  En la misma sentencia, el Tribunal Superior de Bogotá condenó  al  doctor  Pinilla Cuervo a  la  pena  principal  de  ocho  años  de  prisión, como autor de los delitos de  prevaricato     por     acción     –en  concurso  homogéneo-  y  peculado  por  apropiación  agravado  –también  en concurso-,  fallo  que  fue  objeto  de  apelación por parte de su apoderado, razón por la  cual el asunto se halla en la Corte.   

         En  escrito  del  pasado  26,  aclarado el día 29, el defensor del  doctor   Pinilla   Cuervo  solicitó  se  le  concediera  la  libertad  condicional  de  conformidad con el  artículo  64 del Código Penal, con fundamento en la aplicación retroactiva de  la ley penal favorable.   

         3.   Apelada   la   sentencia,  impugnación  que  se  dijo  sería  sustentada    oralmente,    debe   la   Sala   proceder   a   fijar   la   fecha  correspondiente.    

CONSIDERACIONES  

         Sobre    la    apelación   interpuesta   por   el   doctor   Conti  Parra.   

         1.  La  caución  que  se  fijó  y  prestó  tenía como finalidad  garantizar  el  cumplimiento  de las obligaciones impuestas como consecuencia de  la  sustitución  de  la  medida  de  detención  preventiva por la domiciliaria  prevista  en  el  artículo  396  del  Código  de  Procedimiento Penal entonces  vigente  (357-Parágrafo  del actual). Posteriormente, al concederse la libertad  provisional,  la  prenda  se  dejó  como  soporte de que el doctor Conti  Parra  cumpliría los compromisos  derivados  del  reconocimiento  de  su derecho a la libertad provisional, según  ordenan  los  artículos  415,  416 y 419 del mismo Estatuto (365, 366 y 368 del  vigente).   

         2.  La  imposición  de  la garantía obedeció, entonces, única y  exclusivamente  a  los lineamientos de la ley que regula el trámite del proceso  penal,  lo  cual  no  podía  ser  de  manera diversa por cuanto se investigó y  juzgó  una  infracción  a  la  ley  penal,  evento en el cual es el Código de  Procedimiento  Penal  el  que,  soportado en el principio de legalidad, fija las  reglas  que  deben  ser  seguidas  para  solucionar el conflicto y hacer que las  cosas,  dentro de lo posible, vuelvan al estado inmediatamente anterior a cuando  con   la   comisión   de  la  conducta  punible  se  rompió  el  orden  social  establecido.   

         3.  Si  en  razón  del  desarrollo  del  trámite  procesal  penal  sobrevienen  situaciones  que  comportan  reconsiderar una decisión precedente,  por  ejemplo  revocar  una  providencia,  devolver  un  bien o una garantía, el  procedimiento  y  resolución  del  asunto  también debe sujetarse a las reglas  propias  del  debido  proceso,  esto  es,  a  las  directrices que el legislador  previó  sobre  el  particular, o lo que es lo mismo para el caso, a aquello que  el Código de Procedimiento Penal regule sobre la materia.   

         4.  Respecto  del tópico motivo de decisión, el artículo 420 del  decreto  2.700  de  1991  dispone que “La caución se cancelará al cumplir el  sindicado  las  obligaciones  impuestas,  o  cuando  se revoque la medida que la  originó,  o  cuando  termine la actuación procesal por causa legal”. Similar  es  la redacción del actual artículo 370, salvo que expresa que la “Caución  se devolverá …”.   

         De  lo anterior se concluye que la Sala debe confirmar la decisión  recurrida,  por  cuanto  el  reconocimiento  dinerario  que  pretende  el doctor  Conti  Parra  -intereses,  indemnizaciones,  indexaciones-  es  extraño  a  la  razón  de ser del proceso  penal,   que   deriva   del   artículo   331   del  actual  estatuto  (334  del  derogado).   

         Si  la ley dispone que en el trámite del proceso penal y cumplidas  las  hipótesis que regula, se debe disponer la cancelación o devolución de la  caución   prestada,   sin  hacer  mención  siquiera  tácita   a   reconocimiento   alguno   de   beneficios  económicos, a ello debe supeditarse el funcionario judicial.   

         5.  El  reconocimiento  de “intereses, indemnizaciones y adehalas  resarcitorias”  que  reclama  el  recurrente,  parte  del  supuesto  de que la  entidad  en  donde  fue depositada la prenda se lucró de la garantía porque la  utilizó  “en  sus operaciones financieras y comerciales durante más de cinco  (5)  años,  vale decir, enriqueciéndose con los rendimientos producidos por el  dinero  ajeno”. De ello resulta que, si accediera a sus pretensiones, la Corte  estaría  dando por cierto, en decisión que comprometería el decurso procesal,  que  en  verdad  hubo  un  incremento  del patrimonio del banco en los términos  señalados por el impugnante.   

         Mal   podría   la  Sala  tener  por  probada  la  situación  así  planteada,  sin  que  previamente  se permitiera a la institución receptora del  dinero  el  ejercicio  de  sus  derechos  y se pronunciara con la posibilidad de  contestar  y  de  contra  probar,  respecto de las afirmaciones blandidas por el  doctor         Conti         Parra.   

         6.  Se  desprende  igualmente  de  lo  anterior  que  la  orden  de  restituir  la  suma  depositada con todos los eventuales beneficios tendría que  ser   la  consecuencia  del  trámite  de  todo  un  proceso  que  condujera  al  funcionario  a la conclusión sobre la justicia o no de las pretensiones, debate  de  tales proporciones que escapa a la razón de ser del proceso penal. De aquí  surge  incuestionable que la jurisdicción penal no es la llamada a dilucidar el  tema  propuesto  por el doctor Conti Parra.   

         7.  En  otro orden de ideas, pero razonando en el mismo sentido del  apelante,  se encuentra un argumento adicional para rechazar la propuesta: si la  constitución  de  la prenda se soportó en la necesidad de garantizar una serie  de  compromisos  para  con  la  administración  de  justicia,  para  lograr los  beneficios  propios  de la detención domiciliaria y de la libertad provisional,  es  evidente que, como ellos deben cumplirse a lo largo del proceso, la caución  es  el  soporte  durante  el  lapso  que  dure  el trámite que, como se percibe  fácilmente, no ha concluido.   

         De  otra  parte,  como el monto de la caución prendaria se fija en  un  momento determinado en consideración a la gravedad de la conducta punible y  las  condiciones económicas de la persona, en los términos del recurrente ella  tendría  que  “actualizarse”  cada  año,  porque la depreciación y demás  factores    señalados    por    el   doctor   Conti  Parra  la  tornarían  insuficiente  con  el paso del  tiempo.  No obstante, tal conducta no es realizable por la justicia, como quiera  que  no  la  prevé  la  legislación  penal,  contexto  dentro  del  cual  debe  movilizarse  también  quien  ha  prestado  la  caución,  siempre en aras de la  equidad.   

         Con  base  en  lo  anterior,  la decisión del Tribunal Superior de  Bogotá será confirmada.   

         Sobre        la       solicitud       de       libertad.   

         La  Sala  se  pronunciará  sobre  la  solicitud,  no  de  libertad  condicional  sino de libertad provisional, en los términos del numeral 2°. del  artículo  365  del Código de Procedimiento Penal, en la medida que aquélla, a  voces  del  artículo  64  del  Penal,  exige el presupuesto de una sentencia de  condena  ejecutoriada,  en  virtud  de  la  cual  se  hayan “cumplido las tres  quintas  partes  de  la  condena”,  requisito  que no se cumple, por cuanto el  fallo  de  primera  instancia  fue  objeto de apelación, cuyo trámite se está  surtiendo.   

         1.  El  numeral  2°.  del  artículo 365 procesal determina que el  sindicado  tendrá  derecho  a libertad provisional cuando hubiere sufrido “en  detención  preventiva  un  tiempo igual al que mereciere como pena privativa de  la  libertad”,  y  su  inciso  segundo  aclara  que  “Se considerará que ha  cumplido  la  pena,  el  que  lleve en detención preventiva el tiempo necesario  para  obtener  la  libertad  condicional,  siempre  que  se  reúnan  los demás  requisitos para otorgarla”.   

         La  disposición  procesal, en consecuencia, remite al análisis de  los  requisitos  del artículo 64 del Código Penal, esto es, que el funcionario  debe    efectuar    un   diagnóstico—pronóstico  a  partir  del  cual  concluya  que,  en  el evento de  sentencia  condenatoria en firme, habría lugar a conceder el subrogado penal de  la libertad condicional.   

         2.  La  norma  penal condiciona el mecanismo sustitutivo de la pena  privativa  de  la  libertad al cumplimiento de tres requisitos: 1°) que se haya  impuesto  una  sanción de esa índole que exceda de tres (3) años; 2°) que el  penado  haya  cumplido  las  tres  quintas (3/5) partes de ella; y 3°), que por  “su  buena  conducta  en  el establecimiento carcelario pueda el juez deducir,  motivadamente,  que  no  existe necesidad para continuar con la ejecución de la  pena”.   

         3.  En providencia del 29 de mayo de 1996, al desatar la apelación  interpuesta  contra  la  preclusión que el 22 de febrero anterior se dispusiera  en  primera instancia, un fiscal delegado ante esta Corporación la revocó y en  su  lugar  acusó  al  doctor  José Hernando Pinilla  Cuervo  como autor de un concurso de prevaricatos por  acción  concurrentes  con  otro  de  peculados  por apropiación, y decretó su  detención  preventiva,  que  sustituyó  por  domiciliaria,  medida que se hizo  efectiva el 20 de junio de 1996.   

         Desde  ese  entonces  y  hasta  el veinte de noviembre del año que  avanza,   el   doctor   Pinilla   Cuervo,  a  primera  vista,  parecería  pretender  que  ha  cumplido  en  detención domiciliaria cinco años, cinco meses y un día.   

         No  obstante,  si  permaneció  en su residencia después del 29 de  enero  de  2001, cuando se manifestó enterado del fallo de primera instancia y,  por  ende,  de  la revocatoria de la detención domiciliaria (numeral tercero de  la  parte  resolutiva),  que a todas luces había dejado de tener efectos, desde  tal  fecha  no  puede  tomarse  como descontado período alguno, por el supuesto  cumplimiento   de   una   detención   domiciliaria  inexistente,  que  además,  José    Hernando    Pinilla    Cuervo sabía que había sido revocada.   

         La  ley  establece  que,  en  caso  de condena, se abone como parte  cumplida  de  la pena privativa de la libertad, el tiempo que se haya descontado  en  detención  preventiva,  dentro  de  la  cual  ha  de entenderse también la  domiciliaria,  según  se  haya  dispuesto  y  rija  por  decisión del servidor  judicial  competente,  pero  no puede admitirse que una auto reclusión conlleve  descuento punitivo.   

         Tampoco  es  posible  aceptar  que  la  omisión  se  haya debido a  incuria  estatal,  exclusivamente  por negligencia del Inpec, al no ser cumplida  la  determinación  judicial  del  traslado  a un centro carcelario, pues eso es  otro  asunto, que de ninguna manera puede revivir la reclusión domiciliaria, la  cual  ya  no  subsistía,  por  orden  expresa  de  la  autoridad  judicial  del  conocimiento  y  ningún  efecto  estaba  llamada  a  producir, inexistente como  era.   

         De  esta  manera,  sólo  se  contabilizará  el  tiempo  en que el  sindicado  José Hernando Pinilla Cuervo estuvo  en  real  detención  domiciliaria, esto es, entre el 20 de  junio  de  1996  y  el  29  de  enero  de  2001, es decir, 4 años, 7 meses y 10  días.   

         La  sentencia  de  primer  grado impuso una sanción de ocho años,  cuyas  3/5  partes  equivalen a 4 años, 9 meses y 18 días, cifra superior a la  que    el    doctor    Pinilla   Cuervo cumplió en detención domiciliaria.   

         Ha  de  observarse,  de  otra  parte,  que  el pasado 21 de mayo la  Dirección  de  la Cárcel “Modelo” de esta ciudad, luego de una evaluación  por  parte  de  los miembros encargados de la vigilancia al domicilio del doctor  Pinilla  Cuervo, certificó  que  éste había observado buena conducta, pero la norma penal establece que es  al  funcionario  judicial  a  quien  compete  “deducir motivadamente” si hay  lugar  o  no  a  continuar  con la ejecución de la pena y para llegar a una tal  conclusión  debe  acudir,  además  de  lo  plasmado en aquél documento, a los  elementos de juicio que surjan de la actuación.   

         A  pesar  de  la  constancia sobre buena conducta, si se compara el  contenido  del  artículo  64  del  Código  Penal  con  el expediente, la Corte  concluye  fundadamente  que  tampoco  resulta  viable  la liberación del doctor  Pinilla  Cuervo, por cuanto  su  conducta  no  fue  correcta en detención domiciliaria, lo que hace que deba  cumplir físicamente la sanción. En efecto:   

        a)  En  providencias  de 28 de marzo y 8 de mayo del año en curso,  la  Sala  dejó  en  claro  que  el  Tribunal  concedió en 1999 un permiso para  laborar   al   doctor   Pinilla   Cuervo,  del cual disfrutó sin la previa autorización de las directivas  carcelarias,   que   obtuvo   con  posterioridad,  presuntamente  con  carácter  retroactivo.  Entonces,  sin el lleno de los requisitos legales oportunos, dejó  la detención domiciliaria.   

        b)  También  es claro que expirado el permiso correspondiente el 8  de    diciembre   de   1999,   el   doctor   Pinilla  Cuervo   siguió  realizando  labores  docentes,  como  si  gozara  de  la  anuencia  judicial  y de la aquiescencia y regulación  penitenciaria,  hasta el 8 de junio de 2000, es decir, que por más de cinco (5)  meses  abandonó el domicilio, o sea, el sitio donde cumplía su reclusión, con  lo  cual  se sustrajo a sus obligaciones, hecho que no puede ser convalidado por  medio de permisos ulteriores.   

        c)  En  la  sentencia  del  24  de  enero  de 2001, el Tribunal, al  revocar  la detención domiciliaria, ordenó oficiar al Inpec para que fijara el  lugar  de  la detención carcelaria, lo que se cumplió mediante oficio del día  siguiente,  señalándole  al  Instituto que adelantara los trámites necesarios  para  realizar  el traslado del procesado; conforme con la resolución del 16 de  febrero  de  2001,  emanada  de  la Dirección del Inpec, se fijó la cárcel de  Chiquinquirá  como  sitio de reclusión. Sin embargo, si se mira el escrito que  el     doctor     Pinilla    Cuervo    dirigió  al  Tribunal  Superior de Bogotá el 27 de junio del año  en  curso,  fácilmente  se  concluye  que  no está detenido, ni ha cumplido la  obligación  adquirida al suscribir la diligencia de compromiso, pues lo data en  Bogotá  y  al  final  del  mismo  afirma  que  lo  hace llegar a la secretaría  “desde el sitio donde cumplo detención domiciliaria” (sic).   

        Lo  expuesto  es  suficiente  para  que  la  Sala  concluya  que la  conducta   del   doctor   Pinilla  Cuervo  no  fue  buena  mientras estuvo detenido domiciliariamente y que,  por  lo  tanto,  no  es procedente la libertad provisional, pues no se presupone  otorgable la libertad condicional.   

         

        Sobre     la     apelación     de     la     sentencia.   

        Como   la  defensa  del  doctor  Pinilla  Cuervo   impugnó  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  y expresó que sustentaría la alzada de manera  verbal,  para  la  práctica  de  esta  diligencia  se fija el día diez (10) de  diciembre  del  año  en  curso,  a  partir  de las nueve de la mañana (9:00 A.  M.).   

        Sobre la prescripción.   

        El   doctor   José   Hernando  Pinilla  Cuervo fue condenado en primera instancia, de acuerdo  con  la  resolución  acusatoria,  por varios delitos de peculado agravado y por  varios  de  prevaricato  por  acción,  hechos  cometidos  en  vigencia  de  los  artículos  133 y 149 del Código Penal de 1980, que preveían, respectivamente,  prisión  de  2  a 10 años (máximo elevado a 15 por el incremento en razón de  la  cuantía) y de 1 a 5 años. La resolución acusatoria fue proferida el 29 de  mayo  de  1996  y  notificada  por  estado  el  12  de  junio siguiente, lo cual  significa  que  a  la fecha han transcurrido más de cinco (5) años, contados a  partir  de  la  firmeza  de  la  acusación,  circunstancia  que  conduce  a  la  declaración  de prescripción por los delitos de prevaricato, que deriva de las  siguientes apreciaciones:   

        a)  En  virtud del artículo 83 del Código Penal, la acción penal  prescribe  en un tiempo igual al máximo previsto en la respectiva disposición,  para  el caso cinco (5) años, toda vez que los prevaricatos fueron cometidos en  vigencia del artículo 149 original de aquel estatuto punitivo.   

        b)  Según  el  artículo 86-2 ibídem, interrumpidos los términos  de  prescripción  por  la ejecutoria de la acusación, comienzan a ser contados  de  nuevo pero el lapso se reduce a la mitad, aun cuando la acción jamás puede  prescribir en menos de cinco (5) años.   

        c)  De  acuerdo  con  el  artículo  83-5 del mismo estatuto, “Al  servidor  público  que  en  ejercicio  de  sus  funciones,  de  su cargo, o con  ocasión  de ellos realice una conducta punible o participe de ella, el término  de prescripción se aumentará en una tercera parte”.   

         

        Como  de  la  redacción  y  organización  estructural  del  nuevo  Código  Penal  se  desprende  que  -a  diferencia  de  lo  que  sucedía con la  legislación  penal anterior- para computar los términos de prescripción de la  acción  respecto de servidores públicos se toma el máximo previsto en el tipo  y  se  le  aumenta  de  una  vez  la  tercera  parte,  tanto  para efectos de la  instrucción   como  del  juicio,  el  lapso  prescriptivo  para  el  delito  de  prevaricato  sería  de 6 años y 6 meses, cantidad que dividida por dos culmina  en  3  años  y  3 meses. Se concluye de lo anterior que en el asunto analizado,  con  posterioridad  a  la  ejecutoria  de la acusación, tal delito prescribe en  cinco (5) años, tiempo ya superado.   

        Se  impone,  entonces,  cesar  el  procedimiento por los delitos de  prevaricato    imputados    al    doctor    Pinilla  Cuervo,  exceptuado  lo  relacionado  con  el proceso  ejecutivo  laboral  que  corresponde al número 8318, toda vez que ya fue objeto  de la misma medida extintiva por parte del Tribunal de Bogotá.   

        Consecuencia  de  lo  dicho, habría que afirmar que la pena fijada  en  primera  instancia  en  8 años de prisión sufriría una disminución de un  año,  si  se  tiene  en  cuenta  que  el  A-quo,  al dosificarla, partió de un  peculado  que  castigó  con 5 años de prisión e incrementó esa cuantía en 3  años  más  por los otros delitos cometidos, es decir, todos los prevaricatos y  los  demás  peculados,  amén  de la indudable mayor gravedad de estos últimos  que,  por lo demás, han sido deducidos como agravados en razón de la cuantía,  que  excede  de  $500.000,  conforme con el artículo 2º. de la Ley 43 de 1982.  Diríase  entonces  que  a  los  cinco años básicos agregó dos por los demás  peculados y uno por los prevaricatos.   

        Si  bien  esa  redosificación  provisional  de la pena, influiría  para  inferir  que las 3/5 partes de 7 años de prisión, equivalen a 4 años, 2  meses   y   12   días,   ciclo   inferior   al   que  permaneció  José  Hernando  Pinilla  en  detención  domiciliaria,  no  hace  variar  la  negativa  a  la  concesión  de la libertad  provisional,  como  se  analizó  en  la  página 11 de esta providencia, por el  factor subjetivo.   

         

        Sobre       la       orden       de      encarcelación.   

        Como  ya  se  dijo,  proferida  la  sentencia,  el Tribunal dispuso  revocar  la  detención  domiciliaria  y pedir al Inpec la detención carcelaria  del    doctor    Pinilla    Cuervo,    que     no    se    ha    cumplido,  a pesar de proferirse la resolución correspondiente. Se  dispone  entonces  la  captura  del  procesado,  para  que el Cuerpo Técnico de  Investigación  de la Fiscalía General de la Nación lo aprehenda y conduzca al  establecimiento  carcelario  determinado.  Además, se compulsarán copias de la  actuación,  para  que  las  respectivas  autoridades  competentes adelanten las  pertinentes  acciones,  en  lo  disciplinario  y  en  lo  penal, contra el o los  responsables  de  la  grave  inacción  en  que  viene  incurriendo el Instituto  Nacional Penitenciario y Carcelario.   

        En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

        1.  Confirmar  la  decisión  tomada  por  el  Tribunal Superior de  Bogotá  y  que  fuera  apelada  por el doctor Antonio  Augusto  Conti  Parra, relacionada con la devolución  de la caución.   

        2.   Negar   al  doctor  José  Hernando  Pinilla  Cuervo la libertad provisional prevista en el  artículo 365-2 del Código de Procedimiento Penal.   

        3.  Declarar la prescripción de la acción penal seguida dentro de  este   proceso   por  los  delitos  de  prevaricato  y,  por  ende,  cesar  todo  procedimiento por los mismos.   

        4.   Librar   orden   de  captura  contra  el  doctor  José   Hernando   Pinilla   Cuervo  con  destino  al  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  de la Fiscalía General de la  Nación,  para que lo aprehenda y conduzca a la Cárcel del Circuito Judicial de  Chiquinquirá.   

        5.  Compulsar  copias  de  lo  pertinente  para que disciplinaria y  penalmente  sea  analizada la procedencia de investigar, en la forma indicada en  la parte motiva de este proveído.   

        6.  Para  la  práctica  de la diligencia de sustentación oral del  recurso  de  apelación interpuesto contra la sentencia condenatoria emitida por  el    Tribunal    Superior    de   Bogotá   contra   el   doctor   Pinilla  Cuervo, fijar el día diez (10)  de diciembre del año en curso, a partir de las nueve (9) horas.   

         

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

Salvamento parcial de voto  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                          JORGE   E.  CÓRDOBA  POVEDA             

Salvamento parcial de voto  

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

Salvamento parcial de voto  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO                                ÉDGAR      LOMBANA  TRUJILLO           

Salvamento parcial de voto  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN            NILSON E.  PINILLA     PINILLA                      

Salvamento parcial de voto  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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