14465(22-11-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 14465  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 180  

           Bogotá,   D.C.,  veintidós  (22)  de  noviembre de dos mil uno (2001).   

          Decide  la  Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  en    defensa    de    FLORINDO    ALFREDO    BERNAL  BALLEN  contra  la  sentencia  de diciembre 4 de 1997,  mediante  la  cual  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  confirmó el fallo  proferido  por el Juzgado Penal del Circuito de Chocontá, en el que condenó al  citado  procesado a la pena principal de veintiséis (26) años de prisión como  autor  del  delito  de  homicidio y le absolvió del cargo imputado por el porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

HECHOS  

          En  la  noche  del  5  de agosto de 1996, cuando Oscar Gómez Bernal  estacionó  su  vehículo  y  se  disponía a abandonar el garaje de la finca La  Playa,   ubicada   en   la  vereda  Quincha  de  la  comprensión  municipal  de  Villapinzón,  sorpresivamente  fue agredido con arma de fuego por un sujeto que  se  cubría  el  rostro con un pasamontañas, quien le ocasionó las heridas que  determinaron su inmediato deceso.    

          El atacante abandonó la referida prenda  en  el  lugar de los hechos y fue encontrada por la esposa de la víctima.   Después,  emprendió la fuga en dirección al río Bogotá seguido por aquella,  quien   logró  identificarlo  como  FLORINDO  ALFREDO  BERNAL BALLÉN, familiar del occiso.   

             

         

ACTUACION  PROCESAL   

          1.    La   Fiscalía   Seccional   de   Chocontá   abrió   la  investigación,    vinculó    en    indagatoria    al   imputado   FLORINDO   ALFREDO  BERNAL  BALLÉN  y  en  resolución  del  18  de  agosto  de  1996  resolvió  su  situación jurídica,  afectándolo  con  detención  preventiva  por  los delitos de homicidio y porte  ilegal   de   armas  de  fuego  de  defensa  personal  (fs.  99  y  s.s.,  cdno.  1).   

          El  instructor  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  en  providencia  del 14 de noviembre de 1996 con resolución de acusación en contra  del     mencionado     BERNAL    BALLÉN,  a  quien le derivó la autoría del delito de homicidio, agravado  por  la indefensión de la víctima, en concurso con el porte ilegal de armas de  fuego de defensa personal (f. 172 y s.s., cdno. 1).   

          2.   El  Juzgado  Penal  del  Circuito de Chocontá celebró la  audiencia  pública  y  el  2  de octubre de 1997 dictó el fallo en el cual, al  prescindir  de  la  circunstancia agravante del homicidio, condenó al procesado  BERNAL  BALLÉN  a  la  pena  principal  de  veintiséis  (26)  años  de  prisión en calidad de autor de tal  delito,  en  tanto  que  lo  absolvió del cargo imputado por el porte ilegal de  armas de fuego de defensa personal (fs. 477 y s.s., cdno. 1).   

           En  providencia  del  4  de  diciembre  siguiente,  el  Tribunal  Superior  de Cundinamarca confirmó la sentencia del a  quo  al  pronunciarse  sobre  las apelaciones interpuestas por el sindicado y su  defensor.   El  apoderado del encausado inconforme con tal pronunciamiento,  interpuso  y  sustentó  el recurso extraordinario de casación que decide ahora  la Corte.   

         

LA DEMANDA  

          Con  apoyo  en  la  causal primera de casación, cuerpo segundo, del  artículo  220 del Código de Procedimiento Penal entonces vigente (Decreto 2700  de  1991),  el  censor presenta tres cargos contra la sentencia de segundo grado  impugnada.   

          Primer cargo.   

          En  el  reparo  inicial  acusa  el fallo del Tribunal de incurrir en  error  de  hecho  al  otorgarle  al  testimonio  de  Berta  Gómez  “un  alcance  objetivo  que no tiene”,  pues  predicó  credibilidad del señalamiento erigido por tal declarante contra  el    procesado    BERNAL    BALLÉN    como  autor  del  delito,  no  obstante  que  en  la  diligencia  de  levantamiento  había  afirmado la imposibilidad para reconocer al agresor de su  esposo,  de  quien  dijo  huyó  del  lugar  cubriéndose el rostro.     

          Asegura  la  existencia de protuberantes  contradicciones  en  las  versiones  de la citada declarante, que se esfuerza en  demostrar  a  través  del  cotejo  del  testimonio  rendido por aquella y de su  posterior  ampliación;  sugiere  que  la  acusación  directa  que la deponente  Gómez  elevó  contra  el sindicado obedece a la influencia de rumores; plantea  que  esta  prueba de cargo en manera alguna encontró apoyo en las declaraciones  de  los hermanos Álvaro y Rigoberto Naranjo, quienes no identificaron al sujeto  que  vieron  transitar  por  el  sector  luego  de la comisión del homicidio; y  descalifica  las  explicaciones  que rindió la testigo para su silencio durante  el  levantamiento  del  cadáver  respecto  de  la identidad del homicida, en el  sentido de pretender evitar alguna venganza.   

          En  contraste,  atesta  el  libelista,  el  recuento de BERNAL    BALLEN   sobre   el   accidente  automovilístico  padecido en la fecha de los hechos cobró particular veracidad  ante  el  testimonio obtenido de Jaime Nicolás Chavarrio, cuando atestiguó que  observó   una   motocicleta   en   el   lugar  donde  aquél  aseguró  haberla  dejado.   

          Segundo cargo.   

          Lo  hace  consistir  también  en  el  error  de  hecho  cometido al  distorsionarse    el   alcance   objetivo   del   dictamen   de   bacteriología  forense.           

          En  la  sustentación del reparo destaca  que  en  tal  experticia  se  dictaminó  con  carácter  puramente  probable la  uniprocedencia  de los cabellos encontrados en el pasamontañas abandonado en el  lugar  de  los  hechos  por  el homicida y de las muestras obtenidas del acusado  BERNAL BALLÉN.  Plantea  asimismo,  que  de  conformidad con el artículo 302 del Decreto 2700 de 1991 el  hecho  indicador  debe  estar  probado;  sin  embargo, el Tribunal derivó de la  referida  prueba  a pesar de su contenido un indicio grave de responsabilidad en  su contra.   

          Tercer   cargo.                 

El  casacionista  deriva  este otro reproche  formulado  al  amparo  de  la causal primera de casación, cuerpo segundo, de la  tergiversación  del testimonio de Jaime Nicolás Chavarrio, confirmatorio de la  versión   del  sindicado  BERNAL  BALLÉN,  tratándose  del  accidente que relató haber sufrido en la noche  de los sucesos cuando conducía una motocicleta.   

En  el  desarrollo  del  reparo  critica  al  Tribunal,  concretamente,  por  descartar  la  realidad  de  este episodio al no  encontrarse   abolladura  alguna  en  dicho  vehículo  durante  la  inspección  judicial  de  la  cual fue objeto, pues esta circunstancia se explica al tenerse  presente  que  el automotor cayó precisamente sobre el pie del sindicado.   Además,  porque  la  conclusión  del ad quem en el sentido que el acusado pudo  dejar  la  motocicleta en el lugar donde fue vista por el testigo Chavarrio para  facilitar   su  desplazamiento  luego  del  crimen,  no  se  compagina  con  las  condiciones de su estacionamiento en plena vía pública.   

          Agrega  que  por  los  desatinos  acusados el Tribunal concluyó la responsabilidad del procesado en el  homicidio;  cita como normas infringidas los artículos 323, 103, 105, 106 a 107  y  55  el  Código  Penal  (Decreto  100  de  1980); y en el capítulo final del  libelo,  solicita a la Corte que case la sentencia  recurrida y profiera en  su     lugar     una    de    carácter    absolutorio    a    favor    de    su  defendido.   

CONCEPTO    DE   LA  PROCURADURIA   

          La  Procuradora  Cuarta Delegada sugiere a la Sala la desestimación  de  los  cargos, por consiguiente, no casar el fallo impugnado con fundamento en  las siguientes razones.   

          Primer cargo.   

          La  recurrente  acusa que a la versión de Berta Gómez se le dio un  alcance  objetivo  del  cual carece; sin embargo, en su desarrollo argumentativo  se  dedicó  a  demostrar  las supuestas contradicciones de la citada testigo en  sus  plurales  intervenciones  en autos, orientándose al parecer hacia un error  de  hecho  por  falso  raciocinio  que  de  todas  maneras  tampoco acredita, al  limitarse  a  plasmar  su personal apreciación sobre dicha prueba, contrapuesta  después  al  criterio de los falladores no obstante estar amparado por la doble  presunción de acierto y legalidad.   

        También  incursionó  en  la  crítica  de otras  evidencias,  concretamente,  de  las  declaraciones de Jaime Nicolás Chavarrio,  Álvaro  y  Rigoberto  Naranjo,  para concluir que ningún apoyo le brindaron al  referido  testimonio  de  cargo,  lo  que confirma la falta de sustentación del  reproche enunciado.   

          Además   de   las  impropiedades  anteriores, el demandante no precisó el sentido de la violación  ni  demostró  la  real  transgresión  de la ley sustancial, pues la censura no  comprendió  la  totalidad  de  los  medios  de  persuasión sobre los cuales se  edificó la condena.   

          En todo caso, afirma la  Delegada,  las incoherencias en que incurrió la deponente en sus intervenciones  procesales,  resaltadas en el libelo para plantear el ataque, fueron debidamente  analizadas  por el Tribunal para colegir que por razón de ellas tal elemento de  juicio  por  si sólo no revelaba a plenitud la responsabilidad del sindicado en  el  homicidio,  que  estructuró  entonces  a  partir del análisis conjunto del  acervo probatorio.   

Así  las cosas, ante la  imprecisa  fundamentación  y  debido  a  las  falencias  técnicas, la Delegada  estima que este cargo no debe prosperar.   

          Segundo cargo.   

          En  lo que atañe al dictamen pericial, el demandante incurre en los  mismos  desaciertos técnicos atrás advertidos, pues no precisó el concepto de  la  violación  denunciada,  la  modalidad del yerro atribuido al Tribunal ni la  trascendencia   del   error   frente   a   las   proyecciones  de  la  sentencia  recurrida.    

           Adicionalmente,  la  presentación  del  reparo  surge  ininteligible  por cuanto adujo que al indicio se le concedió un  alcance  objetivo del cual carece y en forma paralela, que el hecho indicador no  se  encuentra  demostrado,  soslayando entonces las exigencias técnicas propias  del  ataque  de  la  prueba  indiciaria  y  aquí  también,  que  la condena se  sustentó  en  el  análisis  conjunto de los elementos de juicio incorporados a  los  autos, que el Tribunal valoró acertadamente con sujeción a los postulados  de la sana crítica.   

          Plantea  además  que  si  en  gracia de discusión se acepta que la  prueba  pericial  no podía conducir a la identificación del homicida, de todas  maneras    la    responsabilidad    predicada    del    sindicado   BERNAL  BALLÉN se soporta en los restantes  medios de persuasión allegados al proceso.   

          Con  fundamento  en  las argumentaciones  expuestas,   el  Ministerio  Público  opina  que  este  otro  reparo  debe  ser  desestimado.   

         Tercer cargo.   

          La  Procuradora  opina  que  las  deficiencias  en  la  formulación  de  este  cargo  son  de  la misma  naturaleza  y contenido de las que adolecen los anteriores reproches, en el cual  se  le  atribuyen  a  los  juzgadores conclusiones cómo surgidas del testimonio  rendido  por  Jaime Nicolás Chavarrio, cuando en realidad no se constatan de la  revisión de los fallos de instancia.    

        Más  aún,  contrario  a  lo  argüido  por  el  demandante,  en  el  fallo  impugnado  se  alude  al  mencionado  deponente para  precisar  la  credibilidad que se le otorga en cuanto al abandono de la moto del  sindicado  para  la época de los sucesos en una vía pública, pero sin que tal  circunstancia  le  reste  firmeza  a  la  responsabilidad  predicada respecto de  BERNAL  BALLÉN y, así las cosas, el  ataque  no  tiene ninguna relación con las equivocadas deducciones que a partir  de ella se endilgan a los juzgadores.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          1.   Con  fundamento  en la causal primera de casación, cuerpo  segundo,  el  demandante  presenta  tres cargos contra la sentencia impugnada al  estimar  que  se quebrantó la ley sustancial, en forma mediata, por incurrir el  Tribunal  en  errores  de  apreciación  probatoria respecto de igual número de  medios  de  persuasión;  reparos que si bien fueron formulados por el libelista  de  manera separada, permiten su respuesta conjunta porque han debido plantearse  en  una  sola  censura al estar orientados a derruir los fundamentos probatorios  de  la  condena,  que  se  aspira sea sustituida por una decisión absolutoria a  favor   del   sindicado   BERNAL  BALLÉN.   

          Lo  anterior  además,  en el entendido que así como la prueba debe  ser  valorada  por  el  juzgador  globalmente,  con  idéntica característica e  irrestricta  observancia  del  principio  de  no contradicción debe erigirse su  ataque  en  la  sede  extraordinaria, máxime que de procederse en forma diversa  mal  podría  demostrarse  la  trascendencia de los yerros acusados frente a las  conclusiones  del fallo, que por virtud de una presentación segregada surgiría  diseminada,  por  lo  tanto,  sin entidad para acreditar que otro y favorable al  sindicado habría sido su sentido.   

         Resta  añadir  en este punto, que tal comprensión no fue ajena en  su  integridad  al  recurrente, quien si bien enunció y sustentó los reparos a  la  valoración  probatoria del ad quem autónomamente, en los acápites finales  del  libelo  los  unificó al precisar las normas que estimó transgredidas, las  mismas  en  relación  con  todos  ellos,  en  el pretendido planteamiento de su  incidencia  conjunta,  en  cuanto  aseguró que debido a los yerros acusados los  juzgadores  coligieron  en  forma equivocada la responsabilidad del procesado en  el  homicidio  investigado, como también al condensarlos bajo un único pedido,  concretamente,  el  de casar la providencia impugnada para ser reemplazada en su  lugar por una sentencia absolutoria.   

         2.   Partiendo  de  la  anterior  permisa, la Sala reitera que  cuando  se  invoca la violación indirecta de la ley sustancial, al casacionista  le  corresponde  citar las normas de esta naturaleza infringidas, pero además y  con  el  propósito  de  deslindar  con  entera claridad la censura, señalar el  concepto  de  su  menoscabo,  es  decir,  si  este desatino al cual se arribó a  través  de  la  apreciación  de  las  pruebas  se  concretó  en  la  falta de  aplicación de las mismas o en su aplicación indebida.   

         En  el  caso  examinado,  tratándose  de  la exigencia aludida, el  impugnante  omitió  especificar  este  último  aspecto,  y  en una deficiencia  técnica   adicional,  al  indicar  las  disposiciones  sustanciales   adujo   la   inobservancia   de  preceptos  despojados  de  dicho  carácter y que además ninguna relación tenían con  el  cargo  formulado,  como  aconteció con la denunciada infracción mediata de  las  disposiciones  que  en los estatutos penal y de procedimiento penal prevén  la   obligación   de   reparar   el   daño   causado   con  la  comisión  del  delito.   

         Las  normas  sustanciales, no sobra recordar, independientemente de  la  codificación en la cual se encuentran recogidas, son aquellas que describen  las  conductas  punibles y señalan sus consecuencias, así como las referidas a  la  punibilidad,  condición  echada  de menos en las mencionadas disposiciones.   

          Tampoco  especificó  el  demandante  la  disposición  sustancial  que en lugar de la indebidamente aplicada fue excluida  con  evidencia  a  pesar  de  ser la llamada a regular el caso concreto; en fin,  omitió  deslindar  el sendero normativo a recorrer por la Corte en el evento de  encontrar prosperidad los reproches formulados.   

           4.   En  otra  inconsistencia  ampliamente  referida  por  la  Delegada,  se  tiene  que  la  censura erigida con apoyo en la causal primera de  casación,  cuerpo  segundo  surge incompleta e insuficiente, pues el demandante  no  intentó  siquiera,  como  era  su  deber,  el  nuevo  análisis  del acervo  probatorio  incluyendo la adecuada valoración de las pruebas que asegura fueron  apreciadas  con  desatino, como le resultaba ineludible para acreditar que de no  mediar  tales yerros la sentencia censurada habría sido de diversa naturaleza y  favorable para la situación jurídica de su asistido.   

          Por  el  contrario, frente a cada uno de  los  ataques y después de manera conjunta, el libelista insiste en descalificar  la  condena  a  través  de  una  crítica  genérica  y  abstracta  en  la cual  simplemente  afirma  el desacierto de los juzgadores, porque desde su personal e  interesada  perspectiva  se  cimentó  en  el  análisis  equivocado de los tres  medios  probatorios  que  en  forma  selectiva  fueron  objeto de sus reproches.   

          3.    Además  de  las  impropiedades  atrás  advertidas,  comunes  a  los  tres cargos, la  Corte  puede  particularizar  otras deficiencias técnicas en relación con cada  uno    de    ellos,    que    unidas    a    las    anteriores   determinan   su  improsperidad.   

          3.1   En  el  primer  reparo  le imputó al Tribunal el haberle  concedido    al    testimonio   de   Berta   Gómez   de   Gómez   “un  alcance  objetivo” del  cual  carece,  sugiriendo  entonces el error de hecho por falso  juicio  de  identidad,  que se configura cuando el juzgador altera la expresión  fáctica  de la prueba, por adición o cercenamiento, confiriéndole entonces un  sentido  que no le corresponde.  Sin embargo, el desarrollo del reproche en  manera  alguna   se  armoniza  con  tal  enunciado,  pues  el recurrente no  acreditó  respecto  de  este elemento de juicio su distorsión material, lo que  no  era  posible sino confrontando el contenido de la prueba como fue asumido en  el  fallo  impugnado  con  el  de  las  actas o los textos que la recogen.    

          Plantea en cambio la simple controversia  sobre  el grado de credibilidad conferido por los juzgadores a la testigo Gómez  de  Gómez,  no  obstante  haber afirmado durante la diligencia de levantamiento  del  cadáver,  en  desarmonía  con  sus  versiones  procesales  ulteriores, la  imposibilidad  que  tuvo  para identificar al agresor; como también, a pesar de  las  contradicciones  en  las que incurre sobre dicho punto, surgidas del cotejo  de   su   declaración   y   de   la   ampliación  postrera,  que  no  explicó  satisfactoriamente  a  juicio  del  casacionista,  y aunque su señalamiento del  procesado   como   autor   del   homicidio  lejos  estuvo  de  encontrar  exacta  confirmación  en  los  relatos  de  los  hermanos  Álvaro  y Rigoberto Naranjo  Bolívar.   

          En  síntesis, la argumentación a la manera de un alegato propio de  las  instancias  y  sin  verificar  la  existencia  de  algún  desatino  en  la  providencia  censurada, bien en la contemplación material de tal prueba o en su  valoración  por  surgir  contraria  a  los  postulados  de la sana crítica, se  tradujo  tan  sólo en la inconformidad del impugnante con el mérito otorgado a  la   deponente   mencionada   al   deducir   la  responsabilidad  del  sindicado  BERNAL BALLÉN, que no admite  la  existencia  de  un  error  acusable  en casación, pues nuestro ordenamiento  procesal penal consagra el sistema de la persuasión racional.   

          No  sobra  advertir,  en  todo caso, que los aspectos con asidero en  los  cuales  el  demandante  cuestiona la credibilidad de la comentada prueba de  cargo  en  manera  alguna  se  relegaron del análisis de las instancias; por el  contrario,  esas  inconsistencias alegadas en el libelo fueron objeto de profusa  consideración   en   las   sentencias   de  primero  y  segundo  grado,  empero  restándoles  significación  para  demeritar el dicho de la deponente Gómez de  Gómez  al  encontrar  plausibles  sus  explicaciones  en  torno  a las mismas y  respaldada  su  acusación  en  otras evidencias, confirmándose también, desde  esta  otra  perspectiva,  que  la  fundamentación  del  reparo revela una huera  discrepancia con las conclusiones de los falladores.   

            El   libelista   complementa   estas  apreciaciones  sobre el exiguo valor incriminativo del aludido testimonio con la  prevalencia  que  reclama,  en  contraste,  para  la  versión  explicativa  del  procesado,     respecto     de     la     cual    predica    una    “excelente  fuerza  de veracidad” ante  el  apoyo  que  le brindó el testigo Jaime Nicolás Chavarrio en lo atinente al  accidente  automovilístico sufrido; y así las cosas, con estas argumentaciones  enfrenta   su   personal,   interesada  y  parcial  valoración  de  la  prueba,  restringida  a  los  elementos  de  juicio  mencionados,  con la efectuada en la  decisión  recurrida, sin tener en cuenta que arriba a esta sede amparada por la  doble  presunción  de acierto y legalidad, derruible tan sólo, tratándose del  quebranto  mediato  de  la  ley sustancial, mediante la demostración de errores  trascendentes  de  hecho  o  de  derecho, postulados además mediante argumentos  claros, precisos y lógicos.   

          2.2   La  segunda  censura  se  ofrece  igualmente deficiente y  antitécnica.   En  efecto, el defensor acusó la distorsión de la pericia  rendida  sobre  la  uniprocedencia  de los cabellos hallados en el pasamontañas  que  el  autor  del  homicidio  abandonó  en  el  lugar  de los hechos y de las  muestras     tomadas     del     procesado    BERNAL  BALLÉN,  pero  tampoco  aquí  intentó  demostrar la  realidad  del  dislate  denunciado  con apego a los requerimientos propios de la  impugnación extraordinaria.   

         

          Ciertamente,  reseñó  algunos  apartes  de  los  fundamentos de la  experticia  y  del  dictamen  finalmente emitido sin carácter concluyente, esto  es,  en  el  sentido  de existir una importante probabilidad de corresponder los  cabellos  examinados  a  un  mismo  sujeto;  después,  sin ponderar siquiera el  contenido  que  a  dicha peritación le asignaron los juzgadores e introduciendo  mayor  confusión  al  reproche,  lo sustentó a través de la genérica critica  del  indicio  grave  que  a  partir  de  esta  prueba técnica se predicó en la  decisión del Tribunal.   

                Soslayó  con  este  desarrollo  argumentativo,  entonces,  que  cuando  se pretende erigir un ataque a la prueba  indirecta,  en  aras de la claridad exigida en la sede extraordinaria, al censor  le  corresponde  deslindar  en  primer  término la fase en la construcción del  indicio  donde se cometieron los dislates denunciados, esto es, si se configuró  respecto  de  los  medios  demostrativos  del hecho indicador o en la inferencia  lógica,  o  si  lo  fue  en  la  asignación  de  su  mérito  probatorio,  sin  entremezclarlos  como  aquí  se hizo en forma excluyente, para dejarlos sumidos  en últimas en el mero enunciado.   

          Ciertamente,   respecto  del  examen  técnico  sustento  del  hecho  indicador,  el  demandante  plantea  el  error  de  hecho  por  falso  juicio de  identidad,   no   por   su   nomenclatura   sino  al  hacerse  consistir  en  la  tergiversación         del        “contenido  fáctico”  de ese elemento de persuasión, yerro que  por  tener  un  carácter eminentemente contemplativo, no valorativo, le exigía  acreditar  la  distorsión  del  medio  de  prueba  en  su  expresión puramente  material que, sin embargo, por ninguna parte efectúa.   

           De   todas  maneras,  de  realizar  la  confrontación  echada  de  menos en ese aludido plano, el censor habría tenido  que  admitir  que  los  falladores  tomaron  el  contenido material del dictamen  pericial   con   absoluta   fidelidad,  descartando  entonces  la  realidad  del  desacierto  invocado  sin  fundamento.   Así,  en  la  sentencia del a quo  tratándose  de  la  experticia  se  precisó: “…es  notorio  que  existe mucha similitud entre estas muestras, a tal punto que se da  una   importante   posibilidad   de   uniprocedencia,  la  que,  aunque  no  sea  concluyente,  según el perito, se constituye en una prueba indiciaria altamente  importante” (f. 508, cdno. 1).   

          También  con  estricto apego al contenido fáctico de la prueba, el  ad   quem   luego   de   transcribir  las  conclusiones  del  dictamen  agregó:  “Esta  deducción,  aunque  no  es “concluyente”  constituye  un  indicio  grave  de responsabilidad en contra de FLORINDO BERNAL,  pues  para  llegar  a ella el perito tuvo en cuenta varios elementos, tales como  color,  cutícula, corteza, médula, diámetro, extremos, y la mayoría de ellos  son  coincidentes en las dos muestras examinadas” (f.  44, cdno. Tribunal).   

          Por  otra parte, cuando el casacionista ubicó el yerro en la fuerza  probatoria  concedida  al  indicio,  implícita y contradictoriamente aceptó la  plena  y  debida  demostración  del hecho indicador, esto es, repudió el yerro  alegado  en  un  comienzo;  pero  más  aún,  en  modo  alguno  podía entender  satisfecha  su  comprobación  mediante  la  huera  inconformidad aducida en tal  aspecto,  pues  un  desacierto  tal le imponía la carga de acreditar que en esa  labor   los   sentenciadores   se   apartaron  de  los  postulados  de  la  sana  crítica.   Lo  demás,  como  aconteció  en  ese  asunto,  es  una simple  oposición  de criterios valorativos, propia de los debates de instancia, empero  ajena al recurso extraordinario.   

         

          2.3   Con similares impropiedades en materia de técnica, en el  tercer  reproche  el  demandante  arguye  la distorsión del testimonio de Jaime  Nicolás   Chavarrio,   pero   al   formalizar  tal  desacierto,  el  recurrente  simplemente  reseña  su  relato  sobre el estacionamiento de la motocicleta del  acusado  en  la  vía  pública  para la fecha de los sucesos, discurre sobre la  credibilidad  que  en  su  opinión  concita tal deponente y en relación con el  respaldo  que  se  deriva  de  dicha  prueba  para  la  versión de BERNAL  BALLÉN cuando afirmó que para la  fecha  y  momento  de comisión del homicidio había sufrido un accidente en tal  vehículo,  que  lo  incapacitó  y  por razón del cual lo había dejado en ese  sitio.   

          A  partir  de  tales  argumentos el censor reclama preeminencia para  las   explicaciones  del  sindicado,  apoyadas  en  el  recuento  de  Chavarrio,  rechazando  la  conclusión de responsabilidad deducida para el sindicado en los  fallos  de  instancia,  para derivar el error de hecho argüido, en últimas, no  de  la  distorsión  del  contenido  material de la prueba, conforme adujo en el  enunciado  del  reparo, sino de su discrepancia frente a la falta de mérito que  los  falladores  dedujeron  para  este  testimonio  con  miras  a  desvirtuar la  acusación   contra   BERNAL   BALLÉN   como  autor  del homicidio, aunque se aceptara el estacionamiento de  la  moto  en  el sitio donde el deponente atestiguó haberla visto, perdiendo de  vista  que  tal  valoración  no era susceptible de un error acusable en la sede  extraordinaria,  salvo  que  se  hubiese  demostrado  que  en  su  análisis los  falladores se apartaron de los postulados de la sana crítica.   

          Así  las  cosas,  fuerza  concluir  que los reproches examinados no  prosperan.           

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

          NO CASAR el fallo impugnado.   

          Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  ARBOLEDA RIPOLL              JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS              CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE           

JORGE  A.   GÓMEZ  GALLEGO                                ÉDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

ALVARO        O.        PÉREZ  PINZON                                  NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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