18034(03-09-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  18034   

          CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

          SALA  DE  CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

          Dr. JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

         Aprobado acta N° 101   

Bogotá D. C., tres (3) de septiembre de dos  mil dos (2002).   

         V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  del  procesado JOSEPH GRAJALES HENAO.   

         A N T E C E D E N T E S   

1.-   Los  hechos    que   motivaron   el   presente   proceso,   se   sintetizan   en   lo  siguiente:   

Ocurrieron en la madrugada del 21 de febrero  de  1999,  en la cafetería “Amiga” del municipio de Pácora (Caldas), donde  se  encontraban  varias  personas  ingiriendo licor desde tempranas horas, entre  ellas  Joseph Grajales Henao  y  los  hermanos  Arcila  Grajales. Estos le solicitaron al propietario, Aurelio  López  Rodríguez,  que  les  fiara  la  cuenta,  lo  que  disgustó  a Joseph,  iniciándose   una  discusión  que  llevó  a  que  éste  agrediera  con  arma  cortopunzante  a  Gerardo Arcila, ocasionándole una herida en un costado que le  produjo la muerte.   

2.-   El Juzgado Penal del Circuito de  Aguadas  (Caldas),  mediante  sentencia  del  25  de  abril de 2000, condenó al  procesado    JOSEPH    GRAJALES   HENAO  a  la  pena principal de 150 meses de prisión y a las accesorias  de rigor, como autor del delito de homicidio preterintencional.   

Inconforme  con  la  anterior decisión, el  defensor  la recurrió, siendo confirmada por el Tribunal de Manizales, el 14 de  agosto de 2000.   

         LA DEMANDA DE CASACIÓN   

Al  amparo  del cuerpo segundo de la causal  primera  de  casación,  el  defensor  acusa  la  violación indirecta de la ley  sustancial,  en  cuanto  considera  que en la sentencia el Tribunal incurrió en  manifiesto  error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad “al tergiversar,  desdibujar    y    desfigurar    prueba    trascendental   para   demostrar   la  irresponsabilidad  del  procesado”,  lo  que  llevó  a  que se vulneraran los  artículos  40  y  325  del  C.  Penal,  por  falta  de aplicación el primero y  aplicación indebida el segundo.   

En  el  capítulo  que  el  censor denomina  “DEMOSTRACIÓN  DEL CARGO”, sostiene que los medios sobre las cuales recayó  el  error  de  los  falladores,  fueron  aquellos  que  demostraban un estado de  anormalidad  síquica,  consistente  en  una  “personalidad  paranoide  en  el  procesado”  que  generó  en él “una valoración errada de la situación de  hecho  que  lo  llevó  a  suponer  la  existencia de una agresión injusta  contra  su  vida,  debiendo  hacer uso de un arma cortopunzante para repeler, lo  que él creía y estima era una agresión contra su vida”.   

De   dicha   situación   “de  supuesta  agresión”  hablan,  además del  procesado, los testigos Everardo Marín  Arboleda,  Asdrúbal  Obando,  Rubén D. Isaza R., Efraín Gómez G. y Carlos W.  Escudero,  quienes  aseveraron que Gerardo hizo el amague de sacar un arma de la  cintura,  antes de ser apuñalado, pero, especialmente, dice, el  reparo se  sustenta en el dictamen de siquiatría forense.   

Seguidamente,  en el capítulo que encabeza  “demostración  del  error”,  se refiere a que en el derecho penal se acepta  la  diferenciación  entre las figuras de la justificación y la inculpabilidad,  insistiendo  en  que  hay  casos  en  los  cuales  la  agresión no es real sino  putativa,  evento  en  el  cual el ciudadano cree que va a ser víctima  de  una agresión y, por ello, se cree autorizado para repelerla.   

Asevera que el ser humano es “motivable”  y  se  desenvuelve  dentro de situaciones que viviéndolas a diario, demarcan su  personalidad.  Y  si  a  esto  se agrega un estado de anormalidad síquica y una  constante  situación  de  zozobra derivada de un medio social violento, como es  el  caso  de  su  defendido,  estima razonable aceptar que éste pudo suponer la  existencia de una agresión ajena.   

Advierte que es preciso tener en cuenta que  en  la  noche  de  autos  el  procesado  se  encontraba  en  avanzado  estado de  alicoramiento  y en una cantina “atiborrada” de personas ebrias. Además que  su personalidad es paranoide.   

Afirma que dentro del proceso la defensa no  alegó  la  inimputabilidad  por  “trastorno mental transitorio”, pues en la  experticia  médica  se  concluyó  que  el  acusado  sabía  lo que hacía y se  predeterminó  para  lesionar  a  su  contrincante  y,  además, trató de huir,  motivo  por  el  cual  considera  que  el  fallo,  en  un esfuerzo vano y “sin  sentido”, dedica amplio espacio a mostrar que no es inimputable.   

Y  no  lo  alegó,  insiste  el censor, por  cuanto  el  procesado manifestó que el occiso se buscaba algo en sus bolsillos,  con  lo  que  esbozó  una  circunstancia del mundo fáctico que, en medio de la  discusión, lo llevó a pensar que era lícito defenderse.   

Agrega  que  estas situaciones no se pueden  aceptar  sin  limitaciones,  pero  en  un  paranoico  adquieren una connotación  especial,  ya que como lo dice el dictamen, las personas que poseen este tipo de  personalidad   “tienden   a  interpretar  las  acciones  de  los  demás  como  deliberadamente amenazantes o insultantes”.   

A continuación anota:  

“Cuando   la   sentencia  se  ocupa  de  profundizar  con  largueza  y hasta el cansancio que esta personalidad paranoide  –citando     este  extracto—(se  refiere al  del  médico  siquiatra)  no  alcanza para decir que quien está aquejado de tal  mal   es   inimputable,   tergiversa,   desdibuja  y  desfigura  el sentido, significado y dimensión de la  prueba  en  la  óptica  y  ruta esbozada por la defensa, a saber, configurar la  causal  de  inculpabilidad  denominada  error sobre la  justificación  o  defensa  putativa,  que  significa  claramente  que el imputado cree razonablemente que va a ser agredido y por ello  reacciona  contra injusta agresión que él ve concretarse.”      

Por  lo tanto, señala, la prueba recaudada  muestra  que  aunque  el  procesado no era inimputable si tiene una personalidad  paranoide.   

Luego  de citar doctrina  sobre lo que  debe  entenderse  por  personalidad  paranoide,  dedica  un  aparte   de la  demanda   a  señalar  la  manera  como,  a  su  juicio,  “debió  razonar  el  Tribunal”.   

Aquí  argumenta  que  la  inconsecuencia  lógica  del fallador se encuentra en haber afirmado la imputabilidad para negar  lo   solicitado  por  la  defensa,  es  decir,  que  valoró  erróneamente  una  situación  fáctica,  en la cual el acusado vió una agresión inminente contra  su  vida  que  lo  llevó  a lesionar a Gerardo Arcila Grajales, desatino que se  construyó  tergiversado  una  “prueba  efectiva,  eficaz, con enorme poder de  absolución, como es la pericia psiquiátrica”.   

Considera  que no hace falta mayor esfuerzo  para  demostrar  la  trascendencia  del  vicio,  como  quiera  que de no haberse  cometido,  la  sentencia  hubiera  sido  diferente,  pues  no hay duda de que el  procesado  obrando  en  la convicción de que estaba siendo agredido, máxime si  se   sabe   cuál  es  su  personalidad,  incurrió  en  “error  indirecto  de  prohibición”, motivo de absolución.   

En  consecuencia,  pide  que  se  case  la  sentencia  y se dicte la absolutoria de reemplazo, por ausencia de culpabilidad.   

LA     CORTE  CONSIDERA   

La  demanda  de  casación que a nombre del  procesado  presentó  su defensor, no reúne los requisitos formales que para su  admisión  estatuía  el numeral 3° del artículo 225 del Decreto 2700 de 1991,  subrogado  por  el  artículo  8°  de  la  ley  553  de  2000,  vigente para la  época.   

En  efecto,  aunque el reproche  está  correctamente  formulado,  pues  denuncia violación indirecta de los artículos  40  y  325  del  C. Penal de 1980, a la sazón vigente, por falta de aplicación  del  primero  y   aplicación  indebida del segundo, por error de hecho por  falso  juicio de identidad, y enumera los medios de convicción sobre los cuales  recayó  el  yerro,  a  saber, varios testimonios y la experticia psiquiátrica,  sin   embargo  no  lo  demuestra,  pues no evidencia que su texto haya sido  falseado,  en  forma  tal  que  no  hay identidad entre lo que rezan y lo que el  sentenciador  manifestó  que  decían,  haciéndolos producir efectos que no se  derivan  de  ellos,  sino que lo que pretende, so pretexto de la desfiguración,  especialmente  del  dictamen  siquiátrico,  es  que se le crea al procesado y a  quienes  aseveraron que la víctima, antes de ser apuñalada, hizo el ademán de  sacar  algo  de  su  cintura  y  que  ante  la  errada creencia de que iba a ser  agredido,  la  lesionó,  hecho  que  en la personalidad paranoide del procesado  adquirió  particular  connotación,  desconociendo  que  la simple discrepancia  entre  el  fallador y el censor sobre el mérito de los elementos de convicción  no  configura  desatino  demandable  en casación, prevaleciendo el criterio del  sentenciador,  por  llegar  la  sentencia  a  esta  sede  amparada  por la doble  presunción de acierto y legalidad.   

Ahora bien, si lo pretendido era mostrar que  al  valorar esos medios, particularmente la experticia médica, se desconocieron  los  postulados  de  la  sana  crítica,  como  parece  sugerirlo al final de la  disertación,  ha  debido  orientar  el reproche por la senda del error de hecho  por  falso  raciocinio  e  indicar  cuáles  fueron las leyes de la ciencia, los  postulados  de  la lógica o las reglas de la experiencia común conculcados, de  qué  manera  lo  fueron  y  cuál  su  incidencia  en  la parte dispositiva del  fallo.   

Frente  a  los  anotados  desatinos  de  la  demanda  y  dado  que la Corte, en virtud del principio de limitación, no puede  subsanarlos,  se impone su rechazo y, consecuencialmente, se declarará desierto  el recurso extraordinario de casación.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

        R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   JOSEPH     GRAJALES     HENAO.    En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno,  al  tenor de lo que disponían los artículos 226, subrogado por el 9°  de  la ley 553 de 2000, y 197 del C. de P. P. (Decreto 2700/91, aplicable a este  caso).   

Comuníquese y cúmplase.  

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                        JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                                        CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ  ARGOTE                        

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                       EDGAR LOMBANA  TRUJILLO              

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR                               NILSON     PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *