18016(22-05-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 18016  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado   Acta   No.   71   (mayo  17  de  2001)   

         Bogotá,  D.C., veintidós (22) de mayo  de dos mil uno (2001).   

          Examina  la  Sala  la  colisión negativa de competencias planteada  entre  el  Tribunal  Superior  Militar y la Fiscalía Primera Penal Militar ante  esa  misma  Corporación,  en  el proceso seguido contra el Sargento Viceprimero  Miguel    Angel    Martínez    Sabogal, sindicado del delito de peculado culposo.   

ANTECEDENTES   

          Hechos.   

            1.     Los    acontecimientos  investigados  en las presentes diligencias fueron reseñados en la decisión que  resolvió   la   situación   jurídica   del   procesado   en   los  siguientes  términos:   

“La  exégesis  (sic)  de  las  presentes  sumarias  se  halla  en  denuncia  que  instaurara el bajo banderas Jhon  Albert Obando, en contra del señor  suboficial   Sargento   Segundo  JOSE  DARIO  DURANGO  VILLA,  por  faltante  que  se presentara en el Bar o  Kiosko  de  soldados  del  Comando  Aéreo  de  Mantenimiento  en  cuantía de $  4.547.250.oo  (Cuatro  millones  cuatrocientos  cincuenta y siete mil doscientos  cincuenta mil pesos mcte.), hechos ocurridos en el año de 1998.   

Posteriormente al adelantarse la indagación  preliminar  conforme  dispone  el  artículo  546  del  Código  Penal Militar y  escuchado     en     testimonio    el    Sargento    Viceprimero    MARTINEZ  SABOGAL  MIGUEL  ANGEL, se tuvo  conocimiento  que  recibió  la  orden  verbal  del  Teniente Coronel D´Luiz de  recibir  la administración del bar de soldados, en el mes de junio de 1998 y al  salir  a  vacaciones  el  7  de  septiembre de1998 hizo entrega de la mencionada  administración  del  bar  o kiosko al Sargento Segundo JOSE DARIO DURANGO VILLA  sin  que  mediara  autorización  escrita  o verbal del Comando del GIAVA-8, por  considerar  que  no  era una entrega definitiva sino temporal, situación que es  corroborada  por DURANGO VILLA en su versión libre cuando admite haber recibido  la  tienda  del  soldado  en  el  mes de septiembre hasta noviembre de 1998, por  encargo    que   le   hiciera   su   compañero   MARTINEZ   SABOGAL,   mientras  regresaba.    Lapso   éste   en  el  que  se  presenta  el  ya  mencionado  faltante”.   

          Actuación  procesal.   

          1.   El  Juzgado  44  de  Instrucción Penal Militar encontró  mérito  para  ordenar  la  apertura  del  sumario  a  través de auto en el que  ordenó   la   vinculación   mediante   indagatoria   del   S.V.   Miguel   Angel   Martínez   Sabogal;  y  tratándose  del suboficial Durango Villa, al encontrar que la conducta imputada  no  estaba  relacionada  con  el  servicio, por competencia y de acuerdo con los  lineamientos  señalados  en  la sentencia C-358 de 1997, ordenó expedir copias  con destino a la justicia penal ordinaria.   

          2.    Recibida   la   indagatoria,  el  instructor  afectó  a  Martínez   Sabogal   en  providencia   de  fecha  enero  11  de  2000  con  medida  de  aseguramiento  de  conminación  por el delito de peculado culposo previsto en el artículo 195 del  Código  Penal  Militar,  decisión  que  fue confirmada el 31 de mayo del mismo  año  por  el  Tribunal Superior de Militar, al dirimir el recurso de apelación  interpuesto por el apoderado del sindicado.   

          3.   El  expediente  fue  remitido  por competencia al Comando  Aéreo  de  Mantenimiento  con  sede  en Madrid en su calidad de juez de primera  instancia,  que cerró la investigación y en proveído del 28 de junio de 2000,  de  conformidad  con  el  artículo  655  del  Decreto  2550 de 1988, cesó todo  procedimiento   en   favor  del  procesado  Martínez  Sabogal “por inexistencia  de  la  prueba  requerida  para  dictar resolución de convocatoria a Consejo de  Guerra”,  en  consecuencia,  revocó  la  medida de  aseguramiento  de  conminación  impuesta  en  el  curso  de la investigación y  ordenó  la consulta de la decisión ante el Tribunal Superior Militar (fls. 636  y 639).   

          Criterio de los colisionantes.   

         

          1.    El   Tribunal  Superior  Militar  afirmó  la  falta  de  competencia para desatar la consulta.    

         Argumentó  en  sustento,  que el 12 de  agosto  de  2000  entró  en vigencia la Ley 522 de 1999 por medio de la cual se  adoptó  el nuevo Código de Justicia Penal Militar, que en sus artículos 553 y  554  fijó la competencia para el cierre de la investigación y la calificación  del  mérito  del  sumario, en los procesos sujetos al procedimiento de la corte  marcial,  en  el Fiscal respectivo, por ende, que sustrajo tales determinaciones  de la órbita funcional del juez de conocimiento.   

          A   partir   de  estas  premisas  y  considerando  además  que  la  actuación  se  adelanta  en el presente caso por el delito de peculado culposo,  que  al  tenor del artículo 559 ibídem debe tramitarse por el mencionado rito,  aseguró  entonces  que la competencia para pronunciarse sobre la consulta de la  providencia   por  medio  de  la  cual  se  calificó  el  mérito  del  sumario  corresponde   a  los  Fiscales  Penales  Militares  ante  el  Tribunal  Superior  Militar.   

2.   A  su  vez,  la Fiscalía Primera  Penal  Militar  ante  la  Corporación  citada  rechazó  las  conclusiones  del  Tribunal con fundamento en las siguientes razones:   

          2.1    En primer término, porque el artículo 261-2º de  la  precitada  Ley  522 de 1999 le asignó a los Fiscales Penales Militares ante  el  Tribunal  Superior  Militar  la competencia para resolver la apelación o la  consulta  de las cesaciones de procedimiento, es cierto, pero únicamente de las  proferidas  por  los  fiscales  penales  militares  ante los juzgados de primera  instancia;  competencia que no admite un criterio analógico para extender dicho  factor  funcional  respecto de las decisiones proferidas por los Comandantes que  oficiaron  como  jueces  de  primera  instancia en la vigencia del código penal  militar derogado.   

          En  contraste, afirma, al Tribunal Superior Militar se le atribuyó  en  el  artículo  238-3º  ibídem  la  competencia  para  conocer “De  la  consulta  y de los recursos de apelación y de hecho, en  los   procesos  militares”,  sin  que  “con   ello   esté   afirmando   la   competencia”  de  tal  Corporación “en el caso que  se ventila”.   

          2.2   Conceptúa  sobre  la  vigencia de la ley procesal en el  tiempo  y  los  efectos  del  tránsito  de  legislación,  para concluir que el  legislador  en  el  artículo  607  del nuevo Código Penal Militar prolongó la  aplicación  del  estatuto  derogado, exclusivamente, a los procesos en curso en  los  cuales  se  hubiere iniciado el juicio, que continúan rigiéndose entonces  hasta  su  culminación  por  las  normas  de  competencia  y  de  procedimiento  establecidas en el Decreto 2550 de 1988.   

          2.3   Con  apego  a  la  doctrina  y jurisprudencia nacionales  discierne  también  sobre  el  principio  de  favorabilidad  y  su  aplicación  tratándose  de  las  leyes  procesales; confronta la disímil regulación de la  etapa  de calificación en el estatuto derogado y en el actualmente en vigencia,  para  colegir, por una parte, que éste último instituye garantías que echa de  menos  en  el  Decreto  2550  de  1988,  por  la otra, que con sujeción a dicho  postulado  “igualmente,  se impone que no es viable  jurídicamente  para  la  fiscalía  penal  militar  ante  el  Tribunal Superior  Militar,  conocer  de  la  consulta  de la cesación de procedimiento materia de  este proceso”.   

         2.4   Advierte  además  que  la  consulta de la cesación de  procedimiento  puede  concluir  en  el llamamiento a juicio y, en tal evento, el  Fiscal  ad  quem  incurriría  en violación del debido proceso y del derecho de  defensa  pues  estaría  “pretermitiendo  la etapa  calificatoria  asignada  por  competencia  al  fiscal  penal  militar  ante  los  juzgados    de    primera    instancia”,    pero  primordialmente,  porque  “se omitiría el mandato  legal  inexorable  de  pronunciarse  respecto de la exposición de las razones o  motivos  por  los cuales comparte o rechaza los alegatos de las partes en cuanto  a        sus        pretensiones        sobre       calificación”.   

         2.5   Admite  la  consagración del principio de integración  en  el  artículo  18 de la Ley 522 de 1999, pero no que tal precepto habilite a  acudir  al  artículo  9º  transitorio  del estatuto penal adjetivo, porque las  Fiscalías  ante  el  Tribunal  Militar  tienen  notorias  diferencias  con  las  Delegadas ante los Tribunales Superiores de Distrito Judicial.   

         2.6    En  fin,  de  los  razonamientos  sintetizados  atrás  concluye  que la actuación en el presente asunto debe ser adecuada a las normas  “que  corresponden  a  la  etapa  de calificación  dentro  de  los cánones impuestos por la Ley 522 de 1999, esto es, a partir del  auto  de  cierre  de  investigación”  y, para tal  efecto,     ordenó     remitir     el     expediente    a    la    “Fiscalía          Penal          Militar          –      reparto      –   ante   el  Juzgado  de  Primera  Instancia  de  Comando  Aéreo,  con  sede  en  el  Comando Aéreo de Transporte  Militar                –CATAM-“.   

         3.   La  Fiscalía  ante  el  Comando Aéreo encontró que no  resultaba  procedente  la  adecuación del trámite a las previsiones contenidas  en  la citada Ley 522 de 1999, pues existiendo ya una cesación de procedimiento  mal   puede   procederse  al  cierre  de  la  investigación  y  a  emitirse  la  calificación  del mérito del sumario, conforme fue pretendido por la homóloga  delegada ante el Tribunal Superior Militar.   

         Encuentra  por  consiguiente  que  la  consulta de esa providencia  debe   ser   agotada,   y  que  la  competencia  para  decidir  dicho  grado  de  jurisdicción  le  corresponde  al  Tribunal Superior Militar de acuerdo con los  artículos  11º,  238-3º y 607 de la precitada Ley 522 de 1999, que establecen  la  competencia  de  esa  Corporación,  consagran el principio de favorabilidad  y   regulan  el  tránsito  de  legislación,  respectivamente; en armonía  además,  con  los  artículos  29  de  la Carta Política y 40 de la Ley 153 de  1887.     

                                Así  las  cosas,  ordenó  la devolución del  expediente al Tribunal Superior Militar.   

        4.  El Tribunal  Superior  Militar  reafirmó  su  falta  de competencia para dirimir la consulta  pendiente,   y   en   la   sustentación  de  dicho  criterio,  además  de  las  argumentaciones ya expuestas, planteó las siguientes:   

         4.1   La  Ley  522  de 1999 estableció un sistema acusatorio  mixto  con tendencia inquisitiva en el que se asignó al Fiscal Penal Militar la  facultad  para  cerrar  la  investigación una vez perfeccionada, así como para  calificar su mérito probatorio.   

         4.2   De  conformidad  con  el artículo 607 de la mencionada  ley,  los  procesos que a su vigencia no hubiese quedado en firme la resolución  de  convocatoria  a  consejo  verbal  de guerra deben tramitarse por los ritos y  competencias  fijados  en  ella,  normas  de  orden  público  y  de aplicación  inmediata.   

         4.3   La  excepción contemplada en el artículo 40 de la Ley  153  de  1887  no  tiene  cabida  tratándose de las normas de competencia, como  precisó  también  esta  Sala  en providencia del 13 de julio de 1995, M.P. Dr.  Mejía  Escobar;  precepto  del  que tampoco puede inferirse que las actuaciones  cumplidas  conforme  a  la  preceptiva anterior pierdan su valor jurídico o que  deban adecuarse a las nuevas regulaciones procesales.   

         4.4    El   Tribunal  Superior  Militar  de  acuerdo  con  la  estructura  contemplada en la Ley 522 de 1999 perdió competencia para surtir la  apelación  o  la  consulta  de  las  calificaciones del mérito del sumario que  quedaron  pendientes  de  ejecutoria  al  momento  de entrar en vigencia, que le  corresponde   a  la  Fiscalía,  afirma,  pues  de  revocarse  la  cesación  de  procedimiento  debe  proferirse  en  su  lugar  la  resolución de llamamiento a  juicio.   

         4.5   Indica  finalmente,  que  atendiendo  al  principio  de  integración  contemplado en el artículo 18 del Código Penal Militar y ante la  ausencia  de normas que regulen el tránsito de legislación, resulta pertinente  acudir  a  los  artículos  9  y 12 transitorios del estatuto penal adjetivo, de  acuerdo  con  los  cuales  el  conocimiento  en segunda instancia en el presente  proceso  estaría  radicado  en  la Fiscalía.            

         Con  fundamento  en  las razones anteriores remitió el expediente  por  competencia  a la Fiscalía Primera Penal Militar ante el Tribunal Superior  Militar,  provocando  colisión  negativa  en  el evento de no ser aceptados sus  planteamientos.   

         5.   La  Fiscalía Primera Penal Militar ante la Corporación  citada  se  mantuvo  en  la  posición  atrás  reseñada  e invocó en apoyo el  criterio  de  otra de las Salas de decisión de la misma, por lo tanto, provocó  el  conflicto  y  ordenó  el  envío  del  proceso a la Sala Plena de la Corte,  competente  para  dirimirlo,  según afirma, al tenor del artículo 17-3º de la  Ley 270 de 1996.   

         La  Presidencia  de  la  Corte, sin embargo, teniendo en cuenta la  naturaleza  de  los  funcionarios trabados en la colisión, ordenó el envío de  las diligencias a la Sala de Casación Penal.   

CONSIDERACIONES  DE LA  SALA   

         Sea  lo  primero  anunciar, que la Corte Suprema de Justicia, bien  en  Sala  Plena o a través de la Sala de Casación Penal, carece de competencia  para  dirimir  el  conflicto  trabado  en  el  presente  proceso que adelanta la  justicia   penal   militar   contra   el   Sargento   Viceprimero   MIGUEL  ANGEL  MARTINEZ  SABOGAL por el  delito  de  peculado  culposo,  y  surgido  específicamente en relación con el  conocimiento  de  la  consulta  del  cese  de  procedimiento  con  el  cual  fue  favorecido  el  citado, que se niegan a asumir el Tribunal Superior Militar y la  Fiscalía Primera Penal Militar ante esa misma Corporación.   

         1.   En  efecto,  de  conformidad  con el artículo 234 de la  Constitución  Política, con desarrollo normativo además en el artículo 15 de  la   Ley   270   de   1996,   la   Corte   Suprema   de   Justicia  “es     el     máximo     tribunal    de    la    jurisdicción  ordinaria”,  y en esta comprensión, el legislador  le  asignó  la  facultad  para  resolver  las  colisiones de competencia que se  susciten  entre  los  funcionarios  que  pertenecen  a  ella en los específicos  eventos  señalados en el respectivo procedimiento o en la Ley Estatutaria de la  Administración  de  Justicia,  partiendo  además  del  presupuesto  de que tal  atribución  le  corresponde a la autoridad judicial que ostenta el carácter de  superior  funcional  común  de  quienes  se  disputan  el  conocimiento  de  un  determinado proceso o que se niegan a conocer de él.   

         2.   Por  tal razón, el artículo 17-3º de la precitada Ley  270  de  1996  le  asignó  a  la  Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia la  función   de   “Resolver   los   conflictos   de  competencia       en       la      Jurisdicción  Ordinaria,  que no corresponda a alguna de sus Salas  o  a  otra  autoridad  judicial”; norma cabalmente  armonizada  con  el  artículo 18 ibídem, que en lo particular estatuye que los  “conflictos  de  competencia que se susciten entre  autoridades    de   la  jurisdicción       ordinaria      que  tengan distinta especialidad jurisdiccional y que pertenezcan  a  distintos  distritos, serán resueltos por la Corte Suprema de Justicia en la  respectiva  Sala  de  Casación  que de acuerdo con la ley tenga el carácter de  superior  funcional  de las autoridades en conflicto, y en cualquier otro evento  por   la   Sala  Plena  de  la  Corporación”  (se  destaca).   

         Con   no  menor  armonía  el  artículo  68-5º  del  Código  de  Procedimiento  Penal,   subrogado  por la Ley 504 de 1999, establece por su  parte,  que  a  la Sala de Casación Penal de la Corte le corresponde conocer de  “los  conflictos de competencia que se susciten en  asuntos     de     la     jurisdicción     penal  ordinaria  entre tribunales o juzgados de dos o más  distritos   judiciales”  (se  destaca);  entre  un  tribunal  y  un  juzgado de otro distrito judicial; entre tribunales, o entre un  juez   penal   del   circuito   especializado  y  cualquier  juez  penal  de  la  República.   

         2.   Ahora  bien,  de  este  entendimiento  recogido  en  las  disposiciones  atrás citadas una conclusión surge irrebatible, no otra, que la  Corte  Suprema de Justicia carece de competencia para dirimir los conflictos que  se  suscitan entre autoridades que no pertenecen a la  jurisdicción  ordinaria, que al tenor del artículo  11  de  la  Ley  270 de 1996 sólo la integran la Corte Suprema de Justicia, los  Tribunales    Superiores    de    Distrito    Judicial    y   los   “Juzgados  civiles, laborales, penales, agrarios, de familia, de  ejecución  de  penas  y  los  demás  especializados  y promiscuos que se creen  conforme a la ley”.   

         En  este  orden  de  ideas, si la justicia penal militar en manera  alguna  concurre  a  integrar la justicia ordinaria, mal puede predicarse que le  corresponda  a  la  Corte  Suprema  de  Justicia, en Pleno o mediante su Sala de  Casación  Penal,  la  función de resolver los conflictos de competencia que se  susciten  entre  los  funcionarios  adscritos  a  ella,  como el planteado en el  presente  caso,  donde la disputa se centra entre el Tribunal Superior Militar y  la  Fiscalía  Primera  delegada  ante  esa  misma  Corporación;  máxime en el  entendimiento  que  la justicia penal militar en los términos de los artículos  116  y 221 de la Carta Política, si bien administra justicia, restringida desde  luego  por  los  sujetos  sometidos a su ámbito y por los asuntos de los cuales  conoce,  hace  parte  de  la  Fuerza  Pública,  no de la Rama Judicial de Poder  Público,  como  precisó la Corte Constitucional al declarar la inexequibilidad  del  literal  f).  del  mencionado  articulo  11  de  la  Ley  Estatutaria de la  Administración de Justicia en los siguientes términos:   

“El   literal   f)  establece  que  la  jurisdicción  penal  militar hace parte de la rama judicial. Al respecto, baste  manifestar  que  este  es  uno  de los casos en que a pesar de que se administra  justicia  (Arts.  116 y 221 C.P.), los jueces penales militares no integran esta  rama  del poder público, pues – conviene repetirlo – no se encuentran incluidos  dentro  de los órganos previstos en el Título VIII superior. Por lo demás, no  sobra  advertir  que  en providencia de esta Corporación ya se han definido los  alcances  del  artículo  221  superior  – que se encuentra dentro del Capítulo  sobre   la  fuerza  pública-  al  establecer  que  la  justicia  penal  militar  únicamente  juzga a “los miembros de la fuerza pública en servicio activo, y  sólo  por  delitos  cometidos en relación con el mismo servicio”1.  En  esa  misma  providencia  se  concluyó:  “Es  verdad que la Justicia Penal Militar,  según  lo  dice el artículo 116 de la Constitución, administra justicia. Pero  lo  hace  de manera restringida, no sólo por los sujetos llamada a juzgar, sino  por   los   asuntos  de  los  cuales  conoce”.  Por  lo  demás,  estima  esta  Corporación  que el hecho de que la ley le haya atribuido a la Sala Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia  el  conocimiento  en  casación  de las sentencias  proferidas  por  la justicia penal militar, no significa por ese sólo hecho que  ella  haga  parte  de la rama judicial, pues se trata de una relación funcional  que  en  nada  compromete  la  estructura  orgánica  de  esta  rama  del  poder  público.   

“Al  ser indiscutible, entonces, que los  jueces  penales  militares  no  tienen por qué hacer parte de la rama judicial,  esta  Corporación  deberá  declarar  la  inexequibilidad  del  literal  f) del  artículo  11  bajo  revisión…”  (sentencia C-037 del 5 de febrero de 1996,  M.P. Dr. Vladimiro Naranjo Mesa).   

         3.   La  ubicación discernida para la justicia penal militar  dentro  de  la  estructura del Estado, a partir de la cual se colige que no hace  parte  de la justicia ordinaria, ni aún de la Rama Judicial del poder público,  se  insiste,  en  manera alguna se diluye porque a la Sala de Casación Penal de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  se  le  haya  asignado  el  conocimiento de la  casación  y de la acción de revisión cuando se trate de sentencias de segunda  instancia  proferidas por el Tribunal Superior Militar (artículos 234 numerales  1º  y 2º de la Ley 522 de 1999; 1º de la Ley 553 de 2000),  así como de  la  consulta,  de  los  recursos de apelación y de hecho en los procesos de que  conoce  en  primera  instancia dicho Tribunal (artículo 234-5º ib.), pues esta  competencia  de  la  Corte  simplemente  está  determinada  por  la función de  administrar  justicia  que  en últimas cumple la justicia penal militar con las  restricciones  atrás  señaladas,  y  que  no  puede ser ajena a las garantías  previstas en el proceso penal ordinario.   

         4.    Resta  añadir  que  la  conclusión  anunciada  en  el  presente  asunto  se  afianza  al  observar  que  la  Ley  522 de 1999, reiteró  implícitamente  que  el  ámbito  funcional de la Sala de Casación Penal en la  justicia  penal militar escapa a la resolución de los conflictos de competencia  trabados  entre  los  funcionarios adscritos a ella, pues en el artículo 274 le  asignó  su conocimiento a otra categoría de funcionarios.  El precepto es  pues del siguiente tenor:   

“La  colisión  puede  ser  provocada de  oficio  o a solicitud de parte.  Quien la suscite se dirigirá al otro juez  o  fiscal,  exponiendo  los  motivos que tiene para conocer o no.  Si éste  acepta,  asumirá  el  conocimiento;  en  caso contrario, enviará el proceso al  Tribunal  Superior  Militar,  o  al  fiscal  ante  esta Corporación o a la Sala  Disciplinaria  del  Consejo  Superior de la Judicatura, para que allí se decida  de plano, según el caso”.   

         5.   Ahora  bien,  al  tenor  de  esta  norma  y dentro de la  estructura  que  contempló  la  Ley  522 de 1999 para el proceso en la justicia  penal  militar,  con  dos  fases  claramente  definidas  y bajo la dirección de  funcionarios  diversos:  por una parte, de calificación y acusación a cargo de  los  fiscales  penales  militares;  por  la  otra, de juzgamiento asignada a los  jueces  de  primera  instancia  y  al  Tribunal  Superior Militar, resulta obvio  colegir lo siguiente:   

5.1   Cuando  el conflicto se plantea  entre  Fiscales  Penales  Militares  ante  los juzgados de primera instancia, le  corresponde  dirimirlo  a  los  Fiscales  Penales  Militares  ante  el  Tribunal  Superior  Militar,  conforme  dispone  expresamente además el artículo 261-3º  ibídem.   

         

         5.2   Si  la colisión de competencia se plantea entre jueces  penales  militares  de primera instancia, es al Tribunal Superior Militar al que  le  compete  resolverlo  en  su condición de superior común de las autoridades  trabadas en él (art. 238-4º ejusdem); y   

         5.3   Finalmente,  cuando  la  controversia  se plantea entre  jueces  penales  militares de primera instancia o el Tribunal Superior Militar y  los  Fiscales  Penales  Militares,  al  no  existir superior común, es en tales  hipótesis  que  el  artículo 274 de la Ley 522 atrás transcrito le asignó la  competencia  para  dirimirla a la Sala Jurisdiccional del Consejo Superior de la  Judicatura.   

         No  sobra  advertir en este punto, que en los eventos de tránsito  de  legislación, cuando la cesación de procedimiento fue proferida por el juez  de  primera instancia como resultado de un acto de calificación del mérito del  sumario,  la  competencia para conocer de él a través del grado jurisdiccional  de  consulta o como consecuencia de los recursos ordinarios está radicada en el  Fiscal  Penal Militar de segundo grado, toda vez que revocada la decisión sólo  procedería  la  calificación  del  proceso,  tal  como  afirmó la Sala en las  providencias  de  abril  24 de 2001, M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll, radicado  18.253,  y   del  17  de  mayo  de 2001, M.P. Dr. Carlos A. Gálvez Argote,  radicado 18.251.   

         Así  las  cosas,  como  en  el  caso  examinado,  se  plantea  la  colisión  entre  el  Tribunal  Superior  Militar  y  la Fiscalía Primera Penal  Militar  ante esa misma Corporación, la Sala se abstendrá de conocer del mismo  y  ordenará  remitir las diligencias a la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del  Consejo Superior de la Judicatura para los fines pertinentes.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala  de Casación Penal,   

RESUELVE   

         1.  Abstenerse  de  decidir  la  presente  colisión  negativa  de  competencia,  y ordenar la remisión del expediente a  la  Sala Jurisdiccional del Consejo Superior de la Judicatura para los fines que  estime pertinentes.   

             2. Por la Secretaría de la Sala  infórmese  a  las autoridades trabadas en el conflicto de la decisión adoptada  en esta providencia mediante el envío de copia de la misma.   

        Cópiese y cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJIA ESCOBAR  

                                                             No hay firma   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL               JORGE  E.  CORDOBA  POVEDA                 

HERMAN  GALAN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GALVEZ ARGOTE   

JORGE A. GOMEZ  GALLEGO                         EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

ALVARO   O.   PEREZ   PINZON                       NILSON  PINILLA  PINILLA              

TERESA RUIZ NUÑEZ  

     

Secretaria  

    

1  Corte  Constitucional.  Sala de Revisión No. 1. Auto No. 12 del 1o de agosto de  1994. Magistrado Ponente: Jorge Arango Mejía.     

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